Pero dirigir, sobre todo dirigir bien y con eficacia, no es tan
sencillo. Aunque a más de uno pueda parecer todo lo contrario. Tiene sus
exigencias. En las líneas que siguen, pretendemos esbozar unas pautas de
varios aspectos que tienen relevancia con ese buen dirigir o, más bien,
dirigir con efectividad.
Podríamos centrar el tema en tres aspectos básicos, que no son los
únicos, pero que son como tres teclas que hay que tocar bien:
· La motivación
· La comunicación
· El liderazgo
No es casualidad que en la actualidad haya en el mercado editorial de
materias empresariales, diversos libros y publicaciones sobre todos
estos temas. Tampoco lo es el que las Escuelas de Negocios se afanen en
organizar jornadas y seminarios sobre estos aspectos clave citados.
Parece como si el siglo XXI hubiese venido a descubrirla importancia de
estos factores por parte de quien debe dirigir a grupos de personas.
Quienes vivimos y conocemos el mundo de la empresa desde hace bastantes
años ya hemos pasado hace tiempo por esos puertos. Los empleados son
personas y no máquinas o robots. Y que una cosa son los estímulos
económicos o de promoción interna y otra la psicología de cada
personaje.
Es evidente que a quien esté acostumbrado o adaptado a dirigir sin tener
en cuenta, más o menos en forma absoluta, lo que requieren sus
empleados, sus aspectos personales y psicológicos lo que sigue les
parecerá superfluo, cuando no inútil. Al fin y al cabo el estilo
autoritario sin contemplaciones está bastante extendido. Y, además, todo
aquel que dirige pasa, más o menos, pronto por la tentación de dirigir
sin contar con nada ni con nadie, cansado cuando no harto de “cuestiones
personales”. Pero esto no justifica embarcarse en ese estilo que, en la
mayoría de los casos, no es el mejor.
¿Por qué hablar de motivación de los empleados? ¿No basta con la
motivación de tener un puesto de trabajo y ganar un sueldo todos los
meses?
En nuestra opinión, compartida por muchos directivos y conocedores del
tema, hoy día no. Y esto, pese a que tener un puesto de trabajo es
actualmente un bien preciado. Pero tener un puesto de trabajo y ganar un
sueldo no garantiza en absoluto un esfuerzo personal de justa
contraprestación. Es decir, no garantiza que el trabajador realice sus
tareas con toda la eficacia y rendimiento adecuado, que sea consciente
de que va en el mismo barco que sus jefes y compañeros y que ha de remar
a tope. Que le empresa tiene que ser rentable, muy rentable y
competitiva, muy competitiva.
La motivación ha de tener dos ramas de acción diferenciadas, pero que
confluyen sobre cada empleado:
· Motivación económica que, apoyándose en sueldos e incentivos, anime al
trabajador a volcarse en su tarea y en su rendimiento personal.
· Motivaciones psicológicas y personales que, apoyándose en la ilusión
del proyecto común, en la necesidad de mejorar en la calidad del
trabajo, en la confianza que se deposita en él y en sus aportaciones, en
las posibilidades de promoción personal (cuando esto sea factible) y
motivación hacia la necesidad de ser competitivos frente a la
competencia.
La comunicación, en sus diversas vertientes verticales y horizontales,
es otra cuestión nada baladí. Podríamos decir que es básica y
fundamental. Empresa sin comunicación es empresa, por lo general, sin
futuro. En un mundo cada día más competitivo y duro en los mercados,
aquel que no funcione como un reloj, acabará por irse a pique más o
menos pronto.
La comunicación requiere canales abiertos en la relación profesional,
laboral y personal entre jefes y mandos intermedios, entre estos y sus
subordinados. Canales que no estén obturados en ningún punto. Requiere
que esa comunicación sea de doble dirección, de arriba a abajo para
transmitir órdenes, criterios, obligaciones, apoyos, consejos,
información. Pero, también, de abajo a arriba para informar, preguntar,
aportar ideas y soluciones.
Una empresa moderna ha de apoyarse en una circulación muy fluida de
información real y veraz, creíble y asumible. El trabajador no debe ir
en la oscuridad total sobre la marcha de la empresa, su lucha en el
sector y en los mercados, sobre los objetivos que ha de conseguir. Y la
dirección, por su parte, no puede caminar de espaldas a las realidades
de su empresa, desinformada o con información incompleta o poco precisa.
Y finalmente, el liderazgo. Este es quizás el tema de moda, el que se
está llevando más a los foros de formación empresarial actualmente.
¿Cómo ser líderes en la propia empresa? Todo el mundo asume que un líder
arrastra y, por tanto, un director líder se llevará detrás a su gente en
pos de los objetivos que persiga.
Pero ¿cómo alcanzar el liderazgo? Y esto, así, en términos absolutos es
muy difícil. Otra cosa, es aproximarse más o menos a ese liderazgo y
conseguir, de ese modo, parte de los beneficios de esa situación.
El liderazgo tendrá como consecuencia el atraer o arrastrar a los
empleados a cumplir mejor, con responsabilidad y confianza, sus tareas y
trabajos. Pondrán encima de la mesa intensidad en la ejecución del
trabajo, toda su experiencia y sus habilidades. El líder, no predica
desde la sombra. Se pone al frente, de forma que se le vea, anima,
motiva, empuja, apoya y así tira del grupo en pos de las metas de la
organización.
Pero el líder, para serlo, ha de ser creíble, auténtico. No postizo. Lo
ficticio se nota y al percibirlo los empleados así, impide los efectos
positivos.
El liderazgo tiene mucho que ver con las habilidades para motivar y para
inspirar confianza. El líder predica con el ejemplo y cree en lo que
dice. Y por eso, actúa en consecuencia. Es consecuente en sus actos y en
sus palabras. El líder es, a la vez, exigente y comprensivo. Exige a sus
empleados que cumplan con su deberes y obligaciones, pero comprende sus
circunstancias personales y sus características psicológicas.
El líder marca líneas claras y coherentes de acción, no zigzaguea
continuamente. Confía en sus empleados, pero vigila que cumplan. El
líder de primera, el auténtico, va siempre por delante y no se aparta ni
se esconde.
Si los tiempos son duros, está ahí para animar y para trabajar. Si los
tiempos son buenos, sigue para que no decaiga el esfuerzo.
El líder no cae en los favoritismos ni en las componendas del personal.
No se rodea de aduladores emboscados ni de torpes sin futuro. A estos
los aparta y busca a los mejores de entre su gente. Pero para eso ha de
conocerlos bien y tener buena información, nada desvirtuada. Casi nada
la tarea a emprender.
Pero solo aquellos que sepan conjugar bien la motivación del personal,
la comunicación con y de su personal y vayan en pos de cotas de
liderazgo triunfarán, sacarán la nave de su empresa de todas las
tormentas, crecerán y serán competitivos. No creo en el éxito en la
batalla de la competitividad sin la lucha en esos frentes que hemos
esbozado. “El palo y tentetieso” sin más contemplaciones hace tiempo que
demostró su ineficacia para el triunfo y el crecimiento de la empresa
moderna. Y hace tiempo que los directores y directivos de ese estilo
están en retirada y con poca demanda.
En sucesivos trabajos iremos ahondando más en estos conceptos
fundamentales para un Gerente o Director moderno.
El Rincón del Gerente. www.gerenteweb.com.
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