Esto no era siempre así, lógicamente. No se puede generalizar, puesto
que había excepciones a este planteamiento. Y un cierto número, eso sí
minoritario de PYMES, veían como los hijos continuaban el esfuerzo de
padres y abuelos. Y hasta, quizás, bisabuelos.
Hoy en día, las cosas son de otra forma. Corren vientos en otra
dirección. Y son ya muchas las empresas que albergan en sus nóminas a
los hijos o parientes de los socios propietarios del negocio. Por
diversas razones, se acepta ya de mejor grado esta continuidad en la
empresa. Y con frecuencia, con una preparación universitaria o
profesional que mejora el punto de partida de quienes les preceden en la
historia de la aquella.
Por este motivo, se detecta un creciente interés por el problema
sucesorio en las empresas familiares. Es frecuente hablar de esto en las
familias y plantearlo de puertas afuera. Y empleamos la palabra
"problema" deliberadamente, puesto que así lo es en efecto. Aclaremos
esta afirmación.
En nuestros años de experiencia en la consultoría de empresas, hemos
visto con mucha frecuencia empresarios y gestores, muy buenos o menos
buenos en su trabajo y en su gestión, que pensaban que detrás de ellos
no había nada. Con frecuencia, esta creencia no es plenamente consciente
ni manifestada. Pero existe. No se cree en que los hijos o parientes
vayan a ser capaces de mantener el nivel, de dar la talla. ¡¡Están muy
verdes!!, ¡¡no tienen carácter ni espíritu de sacrificio!!, ¡¡los
barrerán a las primeras de cambio!!...y otras muchas ideas similares.
Por tanto, lo primero es que realmente se acepte que hay que preparar,
mejor con tiempo suficiente que sin él, la continuidad y la sucesión.
Lógicamente, esto conllevará la preparación de quien haya de suceder en
el negocio en el mundo de la gestión y en la actividad de la empresa de
que se trate.
Superado este escollo inicial, el resto es ponerse en manos de
profesionales expertos en estos temas. Que conozcan la actual
legislación mercantil, fiscal y laboral. Que sepan y tengan experiencia
en la gestión de empresas PYMES. Y que sepan escuchar, conversar y
aconsejar al entramado familiar que rodea a la empresa. Harán falta, con
frecuencia, largas conversaciones con unos y otros... y una cierta dosis
de psicología para ahondar en los problemas y buscar soluciones
imaginativas.
Esto no es cuestión de un manual ni de un protocolo estándar, realizado
para otros casos. Es mucho más que esto. Cada caso, cada grupo familiar
es una historia diferente. Como cada empresa es un mundo distinto. Esto
lo saben bien los consultores con muchas empresas a sus espaldas a lo
largo de sus años de experiencia. De ahí, que haya de analizarse
detenidamente, conjuntamente con los afectados, la situación actual y
real de cada empresa familiar. Incluso ver su viabilidad futura o
estudiar los replanteamientos de negocio que sean convenientes y
aconsejables.
Por esto y otras muchas razones que el propio interesado podría aportar
a este asunto, entendemos que la actuación de consultores o asesores
especializados en el tema de la sucesión de la empresa familiar está más
que justificada. A continuación se exponen algunas cuestiones que ayuden
a conocer mejor este trabajo de consultoría.
1.- El consultor que tenga experiencia en esta actividad profesional,
ofrecerá sin duda, fruto de su paso por otras empresas del mismo sector
o de otros, la posibilidad de entender realmente las interioridades de
la empresa de que se trate. Sabrá moverse en ella con naturalidad.
2.- Tendrá reuniones lo suficientemente sosegadas, con el empresario o
empresarios y los gestores de aquella , como para poder tocar todos los
aspectos de la vida de la empresa y sus características. Conocerá el
pasado, presente y posibilidades futuras de la empresa.
3.- Conocerá y mantendrá reuniones con los hijos o parientes del
empresario o empresarios, analizará su preparación, sus motivaciones,
sus preferencias profesionales. En suma, todos los aspectos y puntos de
vista de las posibilidades de continuidad y sucesorias.
4.- Normalmente, deberá entrar contacto con el entorno familiar del
empresario o de los socios: cónyuge, hermanos, sobrinos...con todos
aquellos que formen dicho entorno.
5.- Tratará, de acuerdo siempre con el empresario o de los socios, de
consensuar todos los puntos en que haya de apoyarse el plan sucesorio.
Estos acuerdos pueden ser difíciles de alcanzar e incluso inviables.
Pero ese campo habrá que arar. Y si no se puede ir por un camino, el
consultor ayudará a buscar otros.
6.- El consultor, como experto en temas fiscales o auxiliado por su
equipo de trabajo, conoce la legislación vigente en España sobre la
sucesión de empresas familiares y sus vericuetos. Conoce que en los
Impuestos sobre Sociedades, de la Renta de las Personas Físicas, de
Sucesiones y Donaciones y del Patrimonio, existen particularidades que
permiten afrontar el tema sucesorio de que tratamos, en forma muy
favorable para los interesados. Y sabe cuales han de ser las condiciones
que han de darse para ello.
7.- Planteará otros aspectos, de naturaleza jurídica fundamentalmente,
tales como el llamado Protocolo Familiar y otros documentos o
escrituras, de manera coherente con la finalidad perseguida.
8.- Las soluciones buscadas, consensuadas con los interesados, tendrán
una proyección de futuro. Sin lagunas que la inviabilicen a corto o
medio plazo. Bien entendido, que pese a todo esto, las cosas pueden
cambiar más adelante. Se está tratando con personas y las reacciones,
intereses y psicología de estas es compleja y, en ocasiones, cambiante.
Pero las soluciones, han de incorporar cautelas suficientes para no
hacer inviable el plan previsto.
9.- Del trato durante un cierto tiempo, entre empresario y consultor
nacerá la suficiente confianza que posibilite un diálogo fluido y claro.
El consultor es un colaborador del empresario que trata de ayudarle a
resolver los problemas e interrogantes del futuro de su empresa.
10.- Es evidente que un trabajo de esta naturaleza, que requiere
consultores expertos y preparados, de buena cualificación profesional, y
que además suele ser de varios meses de desarrollo y ejecución, conlleva
unos honorarios de cierta importancia, acordes con todo lo anterior.
Pero, no cabe duda, que la solución del problema sucesorio de manera
planificada, consensuada y dejando las cosas claras para el futuro, es
una contraprestación rentable para el empresario. Se trata de un asunto,
por lo general, de gran trascendencia e importancia.
De las razones expuestas y otras más que se quedan en el tintero por
falta de espacio, se desprende la recomendación de no dejar para un
hipotético mañana la resolución del problema sucesorio en la empresa
familiar. Es preferible poner manos a la obra lo antes posible y, desde
luego, antes de que sea ya demasiado tarde para afrontarlo.
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