LA PROTECCIÓN SOCIAL EN EUROPA Y EN ESPAÑA

Autor: Ignasi Farreres

OTROS CONCEPTOS DE ECONOMÍA

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05-2005

Texto

El porcentaje del PIB destinado a protección social en los países de la UE. que tradicionalmente han venido dedicando a tal fin mayores proporciones de su producción, ha disminuido en los últimos años, en los que han ido reduciendo distancias con la media europea (que en el 2001 era del 27,5% de su producto interno).

 En los próximos años es posible que esta tendencia continúe, pues algunos de estos países han emprendido o anunciado importantes reformas en sus particulares Estados de bienestar.

Ahora bien, de entre los hasta el presente 15 estados miembros de la UE., España forma parte de los que tradicionalmente venían ocupando el furgón de cola de la protección social pública, situación que en nuestro país, en los últimos años, todavía ha empeorado relativamente, pues nuestros esfuerzos han sido casi nulos (en España estamos sólo en el 20,1% del PIB), mientras nuestros tradicionales "compañeros de viaje": Portugal, Grecia e Irlanda, partiendo de posiciones peores, han realizado evidentes esfuerzos de mejora.

De ello se deduce que el Estado español debería hacer en los próximos años, un gran esfuerzo para aumentar sus gastos en protección social a fin de acercarse a la media europea, -de la que nos separa una distancia a todas luces excesiva-, intentando salir del vergonzante penúltimo lugar que ocupa en el ranking, pero que moralmente equivale al último, si ponderamos otros parámetros clasificatorios que citaremos.

Los grandes déficits del sistema de protección español lo constituyen la falta de ayudas a las familias y la de atención a las personas dependientes, en las que estamos sólo en los balbuceos; ello, junto con la actualización de pensiones mínimas, en especial las de viudedad y el acceso a la vivienda, deberían constituir las prioridades de las políticas sociales.

Podría argumentarse la aparente contradicción entre ampliar y aumentar las coberturas en España, mientras en los países más socialmente avanzados las van reduciendo a causa de las dificultades que registran en sus economías y en sus sistemas de previsión social.

Pero este razonamiento olvidaría que estos países han alcanzado ya unos niveles de protección muy elevados, lo que además los convierte en sociedades muy cohesionadas; ello no es óbice para reconocer que en algunos de sus capítulos protectores, hay coberturas o diseños que se han manifestado poco eficientes, propiciadores del gasto improcedente o del fraude, o por imprimirle un cariz de política puramente pasiva más que incentivadora del esfuerzo y de la no-dependencia.

Por tanto, es lógico que ellos hagan sus modificaciones y correcciones de rumbo para continuar haciendo viables simultáneamente sus sistemas económico y previsional.

 Pero lo hacen partiendo de su posición por encima de la media europea, y aunque reduzcan distancias, continúan manteniendo, en su obligada puesta al día, notables índices de cobertura, que han de hacer compatibles con los retos de la globalización y de los nuevos competidores que ella acarrea.

Pero nosotros, en España, cómo partimos de muy debajo de la media, deberíamos aumentar nuestra cuota protectora, tendiendo a corto y a medio plazo, no ya al nivel de los más altos, pero si al nivel de unos estándares medios de los que estamos muy alejados.

Todo ello, si lo hacemos con el concurso de las máximas fuerzas sociales y políticas, no ha de poner en peligro nuestra aspiración a un Sistema de Previsión moderno, que haga a la vez de la nuestra, una sociedad más justa y equilibrada.

 La adecuada conjunción de medidas de mejora y racionalizadoras de nuestro particular Sistema del Bienestar, junto con una imprescindible y urgente mejora de nuestro bagaje tecnológico, de nuestra productividad, de nuestra competitividad, en resumen, de todo nuestro sistema productivo, han de hacer posible el objetivo.

El Informe Eurostat

Las anteriores consideraciones las he basado en el Informe publicado por Eurostat, sobre la evolución de la protección social en Europa entre 1.992 y 2001, del que quisiéramos destacar algunos datos significativos.

Los 4 países con mayor nivel de protección social, en el quinquenio 1999-2001 han disminuido su cuota sobre el PIB: Suecia (-2,6 puntos), Dinamarca (-1,9), Francia (-1), Alemania (-0,1). Si contemplamos el conjunto del decenio 1992-2001, disminuyeron Suecia en 5,8 puntos y Dinamarca en 0,8; en cambio Francia aumentó en 0,7 y Alemania en 2,2 puntos, aunque a este último aumento no le es ajena la reunificación con Alemania del Este el año 1989 y la consiguiente entrada en el sistema de previsión de millones de nuevos ciudadanos.

En el grupo de los más rezagados en 1992, constituido por Portugal, Irlanda, Grecia y España por este orden, ha habido modificaciones significativas.

 España ha retrocedido en el decenio del 12 al 14 lugar, seguido por Irlanda que pasó del 14 al 15, mientras que Grecia ha abandonado el grupo situándose ya en la media europea. Grecia y Portugal han hecho un notable esfuerzo al aumentar su porcentaje de participación en 6 y 5,5 puntos. En cambio Irlanda y España lo han disminuido en 5,7 y 2,3 puntos respectivamente.

Esta pérdida de posición de Irlanda la debemos relativizar, si tenemos en cuenta que ha registrado un extraordinario desarrollo económico, que en pocos años la ha llevado del último lugar en ingreso per cápita a la quinta posición, con una renta del 110% sobre la media europea, fenómeno que en este caso se atribuye a haber conseguido un crecimiento muy acelerado y sostenido de su PIB.

Añádase a ello la circunstancia favorable de que la población de Irlanda todavía no está envejecida, pues sólo un 15 % de la misma tenía en 2001 más de 60 años, contra el 22% de media de la UE. el mismo año o del 17,5% de los españoles que tienen más de 65 años en el 2004.

Finalmente, mientras que la tasa media de crecimiento de los gastos de protección social en España en el decenio, ha sido sólo del 1,7% (por debajo de la media europea del 1,9%), la de nuestros compañeros en la cola nos la ha triplicado o más: Portugal (6,3%), Grecia (5,6%), Irlanda (4,7%).

O sea, han incrementado su dotación presupuestaria a un ritmo muy superior al nuestro durante todo el decenio.

Hay otro parámetro significativo, la protección social por habitante, expresada en moneda estándar de poder de compra. En este ranking España ocupa el penúltimo puesto, -exaequo con Irlanda-, con un gasto del 60% de la media comunitaria, sólo por delante de Portugal que casi nos alcanza con un 57%, mientras Grecia nos ha pasado ya con su 62%.

Otro capítulo de reflexión lo constituye el diferente reparto porcentual del total de los recursos destinados a previsión social, entre los distintos grupos de aplicaciones.

 Somos los últimos en ayudas a la familia (2,6%) sobre una media europea del 8%, y en cambio somos los primeros en subsidios de paro (12,9%), doblando el 6,2% europeo. Asimismo estamos en el pelotón de los torpes en vivienda y exclusión social, aunque deberíamos matizar que en España el acento de la protección a la vivienda se ha puesto en las desgravaciones fiscales por la compra de la vivienda habitual, más que en promover la construcción de viviendas sociales o las ayudas al alquiler para facilitar su acceso, a precios asequibles, a los menos pudientes, especialmente los jóvenes.

 Todo ello no refleja más que una dolorosa realidad cada vez más conocida: nuestro déficit en políticas familiares y de vivienda y la excesiva carga en subsidios de paro.

Para concluir: creo que en aquel objetivo de avanzar hacia los estándares medios europeos, -a fin de proporcionar hoy, a todos nuestros ciudadanos, una adecuada protección económica y la provisión de los servicios sociales y personales que se requieren en ciertas circunstancias de la vida-, deberían coincidir y trabajar juntos, en diálogo constructivo, tanto las organizaciones y las personas que se mueven bajo una inspiración socialdemócrata, cómo las de inspiración socialcristiana, ideologías que tan eficazmente colaboraron en la creación y dinamización de los Sistemas de Protección Social o Estados de bienestar característicos de la Europa del pasado siglo y que aportaron una cohesión social que ha sido ejemplar durante su segunda mitad.
 

Ignasi Farreres - http://www.lafactoriaweb.com 

Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*

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