Estos principios, que no es necesario enumerar íntegramente, son
esencialmente los siguientes: el respeto por las características,
especificidades y valores propios de cada uno de los participantes; el
diálogo, los intercambios y la cooperación; la paz, la estabilidad y la
prosperidad; la democracia y el respeto de los derechos humanos; un
desarrollo económico y social duradero y equilibrado; la lucha contra la
pobreza y la promoción de un mejor entendimiento entre las culturas; la
tolerancia, la lucha contra el racismo y la xenofobia; el respeto por la
integridad territorial y la unidad de cada uno de los demás socios; la
solución pacífica de sus discrepancias; el respeto por la igualdad
soberana y de todos los derechos inherentes a la soberanía y el
cumplimiento de buena fe de las obligaciones asumidas, de conformidad
con el derecho internacional...
Habiendo participado en la Conferencia de Barcelona y en la elaboración
de su Declaración final, Marruecos dispone en sus relaciones con los
países mediterráneos, en particular con los de la Unión Europea, de
ventajas, pero adolece también de ciertas desventajas. Los principios de
la Declaración de Barcelona deberían ayudar a superar estas desventajas
en caso de que aquellos se aplicasen de manera adecuada, lo cual no es
siempre o todavía el caso.
Las bazas de que dispone Marruecos, según la opinión de sus propios
socios, también reflejarían las esperanzas europeas. Las ventajas son,
en resumen, las siguientes:
Proximidad, estabilidad y cultura
La proximidad geográfica, que constituye también lo que el difunto rey
Hassan II llamaba "la perspectiva estratégica de Europa", es decir, una
profundidad o un espacio intermedio entre ésta y la África subsahariana,
capaz de amortiguar los choques que podrían resultar de las numerosas
crisis que atraviesa en estos últimos años esta parte del continente.
La estabilidad política, que está marcada por dos aperturas, la
política y la cultural. Marruecos es el país que, desde hace tiempo, ha
seguido la política internacional más moderada de los países árabes del
Mediterráneo; esta política se ha destacado notablemente por la negativa
del rey Mohamed V a entregar, bajo el Protectorado y durante la Segunda
Guerra Mundial, los súbditos marroquíes israelitas al régimen de Vichy
que pretendía transferirlos a los nazis.
También es bien conocido el papel de primer orden que Marruecos ha
representado en el acercamiento de los puntos de vista de las partes
implicadas en el conflicto árabe-israelí (egipcios y palestinos por un
lado, israelitas por el otro) desde los años setenta y que resultó en el
proceso de Camp David y de Oslo, así como su intervención en las
mediaciones discretas con vistas a resolver pacíficamente los conflictos
africanos y otros y, finalmente, su apoyo constante a la ONU en el
ámbito del mantenimiento de la paz y de la seguridad internacionales
(Congo, Somalia, Kosovo...).
Marruecos también es el país árabe-mediterráneo que ha practicado la
apertura cultural más notable.
Esta práctica se expresa mediante la calidad de su apoyo a la
política de la UNESCO y es por ello, por ejemplo, que ha sido uno de los
primeros iniciadores del diálogo entre las religiones y las
civilizaciones, cuyas formas más significativas y más apreciadas son el
Festival Anual de Música Sacra de Fez y los encuentros entre
responsables y pensadores de las tres religiones del Libro.
En una esfera más amplia, su capacidad para abrirse a otros países y sus
pueblos encuentra su manifestación más notoria en el multilingüismo tan
practicado por una gran parte de la población que, además del árabe y el
"almazigh" (lenguas maternas), no experimenta grandes dificultades ni
ningún complejo en hablar el español (a veces también el alemán) en el
Rif y las provincias saharianas del Sur, así como el francés (y un poco
el inglés) en el resto del país.
El liberalismo económico
Ciertamente, se trata de una herencia del Tratado de Algeciras de 1906
que imponía a Marruecos la política llamada de "puertas abiertas"; sin
embargo, podría haber sucedido de otra manera después de la
independencia, en un momento en que el contexto ideológico que
prevalecía en los países en vías de desarrollo tendía más pronto a una
economía del llamado "socialismo real". Pero, a pesar de su régimen
político "absolutista-ilustrado", Marruecos ha optado sin dudar por la
economía de mercado.
Esta opción también le ha llevado a continuar con el desarrollo de sus
relaciones económicas sobre todo con Europa y en particular con la CEE,
hoy en día UE, mediante acuerdos sucesivos de colaboración hasta la
vinculación actual que apunta a su integración en una zona de libre
cambio para el horizonte 2010.
Marruecos siempre ha mantenido buenas relaciones políticas con otros
países mediterráneos. En estos últimos años, ha concluido con algunos de
éstos acuerdos de eliminación progresiva de barreras aduaneras, en
particular con Egipto y Túnez, antes de firmar, hace tan sólo unas
semanas, acuerdos de libre comercio con estos dos países y con Jordania.
También se ha establecido una discreta cooperación con Israel,
cooperación que experimenta altibajos en función de la actitud de los
gobiernos israelitas respecto a las negociaciones de paz con los
palestinos.
La sociedad civil
Comparando con otros países del sur del Mediterráneo, la sociedad civil
está relativamente bien desarrollada en Marruecos, y ello por tres
razones básicas:
Constituye, en primer lugar, un componente de la cultura bereber-árabe-musulmana
que estimulaba mucho el trabajo colectivo en los pueblos, así como las
obras de beneficencia o el mecenazgo. Así sucedió hasta los años
noventa, limitándose al financiamiento y la gestión de las mezquitas,
los orfanatos y las escuelas de enseñanza religiosa.
Desde entonces, su campo de acción se ha ido ampliando progresivamente a
otros sectores.
También es una herencia de luchas políticas que han visto como se
constituían asociaciones vinculadas a los partidos políticos de la
oposición que continuaban de grado o por fuerza de otra forma: defensa
de los derechos humanos, particularmente, pero también organización de
manifestaciones culturales tales que obras de teatro, música,
conferencias comprometidas...
En su evolución reciente, la sociedad civil marroquí empieza a captar el
verdadero sentido del trabajo asociativo y de su importancia para el
desarrollo del país, con una independencia a veces total de la esfera
política, o en todo caso, de los partidos políticos. El respaldo de las
ONG extranjeras, especialmente europeas, le aporta un apoyo notable.
Las dificultades que sufre Marruecos y que representan también las
preocupaciones de los países europeos son aquellas inherentes a su
estado de subdesarrollo. Pondremos de relieve los vínculos de este
estado con las tres preocupaciones que nos parecen importantes para
nuestros interlocutores europeos.
En efecto, en este estado caracterizado por un crecimiento demográfico
bastante importante (entre 2,6 y 3,5% por año) se encuentra
especialmente el origen del integrismo, de los flujos migratorios
preocupantes y del problema de la cultura del kif al norte del país
desde los años setenta.
El integrismo
Nos parece que este problema ha sido exagerado por algunos de nuestros
interlocutores europeos cuya visión a veces está absolutamente
enturbiada, hasta tal punto que confunden Islam e integrismo. Así pues,
¿cuál es la realidad del problema? ¿Y qué podemos hacer para no
agravarla?
El islamismo, o el Islam político, es básicamente de dos clases.
El moderado, que defiende la necesidad de que el Estado haga respetar
los principios del Islam con medios específicos y legales puesto que la
propia Constitución de Marruecos estipula que la religión del Estado es
el Islam.
Esta tendencia se ve básicamente representada por el Partido de la Justicia y del Desarrollo, e insiste especialmente en el hecho de que Marruecos no debiera haber solicitado su adhesión a la Unión Europea y que debe prohibir todo lo que es contrario a los preceptos religiosos tales como el consumo de alcohol, los juegos de azar, etc. que obstaculizan el desarrollo del país y que son sobre todo un privilegio de las categorías sociales acomodadas, producto de la injusticia social que aún prevalece.
El radical e integrista, que defiende una vuelta a los
comportamientos "idealistas" de la época del Profeta y de los cuatro
primeros Califas y reclama un cambio radical de régimen político al
mismo tiempo que el de la vida económica, social y cultural. Esta
tendencia, dispuesta a desafiar las leyes en vigor, esta representada
por Al Adl wal Ihssan (justicia y mecenazgo -o beneficiencia-).
El radical e integrista, que defiende una vuelta a los comportamientos
"idealistas" de la época del Profeta y de los cuatro primeros Califas y
reclama un cambio radical de régimen político al mismo tiempo que el de
la vida económica, social y cultural. Esta tendencia, dispuesta a
desafiar las leyes en vigor, esta representada por Al Adl wal Ihssan
(justicia y mecenazgo -o beneficiencia-).
La proporción del conjunto de los movimientos islamistas se ha estimado
en un 25% aproximado del electorado marroquí. Lo que conviene observar
sobre el terreno es su debilitamiento en las universidades en los tres
últimos años.
Las violencias que algunos de ellos han perpetrado y la experiencia argelina han contribuido sin duda alguna a este relativo debilitamiento. Se trata de no agravar el problema, puesto que nada garantiza que su retorno no vaya a tener lugar de aquí a las elecciones de 2002 si las condiciones económicas y sociales no mejoran sensiblemente.
Para situarnos en el marco de los principios de la Declaración de
Barcelona relativos al respeto por las particularidades sociales y
culturales, primero hace falta evitar lo que se podría considerar como
provocaciones o atentados flagrantes a los claros preceptos del Islam
moderado, que Marruecos siempre ha declarado seguir, así como promover
un desarrollo real, equilibrado (equilibrios regionales y sociales) y
duradero (respetuoso ante el frágil entorno del país).
Las migraciones
La emigración de marroquíes, especialmente la emigración clandestina (la
siniestramente célebre de las pateras) parece ser una preocupación
importante en Europa. También debería serlo y sin duda lo es para el
gobierno marroquí, puesto que constituye una pérdida importante de
recursos humanos.
A pesar de que ello depende de las representaciones que cada uno tiene
de la vida que tiene intención de llevar en una época en la cual se
produce una rápida emergencia del individuo y del individualismo, en el
sentido que las causas de la emigración pueden ser verdaderas o
falsamente económicas, políticas, culturales, etc., nos parece que
básicamente existen tres clases de emigración: la de los pobres a la
búsqueda de medios de vida dignos, la de las personas acomodadas que se
sienten limitadas en un país que les ofrece un espectáculo y un entorno
que ya no les conviene y, finalmente, la que se conoce como "fuga de
cerebros".
Ésta última, por sí misma, arroja la pérdida anual de algunos miles de
millones de dólares si se tiene en cuenta el hecho de que Marruecos es
un país árabe importante en cuanto a población y número de ejecutivos
que se marchan cada año o que no vuelven después de haber acabado sus
estudios superiores en el extranjero, y que la pérdida anual de los
estados miembros de la Liga Árabe en este ámbito equivale a doscientos
mil millones de dólares.
El tránsito de súbditos de otros países africanos por Marruecos hacia la
Europa de los Quince, cada año más importante, le cuesta también dinero
en términos de medidas administrativas y judiciales que se ve obligado a
tomar para hacer frente a los problemas que tal tránsito ocasiona.
Los estupefacientes
Marruecos aparece como el país que casi siempre se designa como
culpable, ya que el cultivo del kif se practica en el Norte,
principalmente con destino a Europa. Si se examina con un cierto
detenimiento, se verá que hay que apuntar dos problemas importantes para
el propio país.
Según los especialistas, el kif es una droga blanda comparada con la
cocaína, la heroína, etc. Sin embargo, parece que las medidas que
tienden a la substitución de la cultura del kif después del acuerdo con
la UE, como contrapartida a una ayuda financiera, han favorecido la
conquista del mercado marroquí incluso por las drogas duras.
Estas medidas de saneamiento han favorecido, además, la emigración. Como
sea que la ayuda financiera europea y los proyectos de substitución
tardaban en llegar, se ha producido la huida de los capitales marroquíes
directamente o indirectamente vinculados a la red de tráfico del kif y
su blanqueo hacia el exterior, especialmente a Europa, lo cual, junto
con medidas fiscales y otras, ha provocado una crisis sin precedentes en
el sector inmobiliario y una disminución de la actividad económica
general.
Los principios de la Declaración de Barcelona y sus compromisos y
elementos adyacentes constituyen en principio una base sólida para el
tratamiento de todos estos problemas, una base que ofrece soluciones
adecuadas a las preocupaciones de Europa y Marruecos; así pues, ¿qué
está sucediendo realmente?
La cooperación con Europa
Sin negar ni minimizar la contribución tan importante de la cooperación
entre Marruecos y sus socios mediterráneos, sobre todo los de la Unión
Europea, resulta sin embargo útil recordar los problemas -completamente
ocultos en la práctica- de esta cooperación y el tratamiento no
equitativo del expediente de pesca que ha constituido la discordia más
evidente en las relaciones entre los dos socios en estos últimos años.
Los problemas ocultos y que aplazan de hecho la aplicación de algunos
principios de la Declaración de Barcelona (respeto por la integridad
territorial de los socios, equilibrio de fuerzas, resolución pacífica de
las discrepancias, desarrollo duradero y equilibrado, etc.) "al día del
juicio final" en las relaciones de la UE, y en particular de España con
Marruecos, se refieren básicamente a la cuestión de los enclaves
coloniales y a la naturaleza de la asistencia técnica y financiera.
Los enclaves coloniales
La cuestión de los enclaves coloniales de Melilla, Ceuta y las islas
Chafarinas reviste aspectos políticos y económicos.
Entre Marruecos y España existe una discrepancia seria y antigua
respecto a la soberanía en lo que se refiere a los enclaves coloniales,
es decir, a la cuestión de la integridad territorial de una de las dos
partes implicadas en la discrepancia.
Los principios de la Declaración de Barcelona relativos a la integridad territorial, el equilibrio de fuerzas, la resolución pacífica de las discrepancias, etc., deberían llevar a los dos países amigos, vecinos y socios a solucionar este litigio lo más rápidamente posible. Marruecos ha pedido varias veces a España que apruebe la creación de una comisión mixta especialmente dedicada a encontrar soluciones pacíficas y adecuadas a este litigio.
Esta reivindicación es tanto más legítima porque se inscribe en
el marco de la Declaración de Barcelona y porque existe una identidad
entre la situación de los enclaves coloniales y el peñón de Gibraltar,
este último desde hace tiempo bajo la autoridad inglesa y reivindicado
por España.
De hecho, si España reafirma sin ambages su soberanía respecto a los
enclaves coloniales, ignorando absolutamente las reivindicaciones
marroquíes, es precisamente porque el principio del equilibrio de
fuerzas afirmado en la Declaración de Barcelona, en el sentido más
amplio, no tiene ninguna significación, ningún contacto con la realidad,
y que aquel de la resolución pacífica de los conflictos no encuentra a
menudo la posibilidad de ser aplicado a menos que este equilibrio exista
realmente.
La persistencia del régimen de los enclaves coloniales constituye
también una dificultad seria para el desarrollo de muchas actividades
industriales, agroalimentarias e incluso turísticas, en Marruecos puesto
que el contrabando de los productos que transitan por estos enclaves
coloniales, en donde se benefician de toda una panoplia de ventajas,
hace que los productos similares que se podrían fabricar en Marruecos
sean más caros y desalienta de este modo cualquier inversión en este
campo.
En este caso, el principio de un desarrollo equilibrado incorporado a la
Declaración de Barcelona queda, pues, como papel mojado.
En espera de que la cuestión de la soberanía se solucione de forma
pacífica tal como lo sugiere Marruecos, una alternativa intermedia sería
que en las provincias del Norte marroquí y en los enclaves coloniales,
aprovechando el hecho de que los productos españoles que pasan por
Marruecos de contrabando son conocidos, se establezcan colaboraciones
industriales entre marroquíes, españoles y franceses, etc. en el marco
de triángulos de crecimiento parecidos a los ya experimentados con éxito
en Asia del Sudeste.
La cooperación financiera y técnica
¿Dónde van los recursos? La cooperación en materia financiera y técnica
es conocida desde hace tiempo por sus mecanismos pesados, lentos y que
sobre todo aprovechan a los países llamados "donadores", en particular
por el hecho de que la componente asistencia técnica es muy importante y
los expertos de estos países, omnipresentes. A veces, los recursos se
pierden por el camino y no llegan a los verdaderos destinatarios en los
países "beneficiarios".
¿Qué se tendría que hacer? Lo más importante en una cooperación (co-operación,
en el sentido de operar conjuntamente) es asegurar que estos recursos
sirvan a su verdadero objetivo de desarrollo, es decir, que estén bien
empleados, allí donde sean necesarios, y que ofrezcan resultados
satisfactorios, tangibles y relativamente rápidos aún cuando las
acciones llevadas a cabo no lo sean por expertos de los países llamados
"donadores".
El elevado grado de competencia a veces no es adecuado y puede
resultar totalmente improductivo puesto que no está al alcance de los
"destinatarios" y "beneficiarios", impidiendo, por lo menos, la
perpetuación de los resultados positivos sin la perpetuación de la
propia asistencia técnica.
También hace falta que la cooperación se aplique a fondo de forma real y
sin tardanza, es decir, a un ritmo mucho más rápido que el que se
verifica actualmente en las regiones prioritarias, a saber, el medio
rural en general y las provincias del Norte en particular.
Un estudio reciente ha concluido que si únicamente el sector del
turismo, y del turismo ecológico en particular, se desarrollase como es
debido en Marruecos, el país pasaría a ser importador de mano de obra.
Esto recuerda en particular la experiencia española, en donde este
sector ha sido un verdadero motor de desarrollo. Las otras prioridades
parecen ser actualmente el desarrollo rural y la creación de pequeñas y
medianas empresas en prácticamente todos los sectores.
La pesca
Si existe un sector que ha planteado más problemas y ha encendido más
pasiones en las relaciones entre la Unión Europea y Marruecos, y sobre
todo entre España y Marruecos en estos últimos años, se trata sin duda
de la pesca en aguas marroquíes.
Hay que comprender que este problema no se puede abordar sin
que los socios europeos de Marruecos tengan en cuenta dos cosas
importantes incluidas en la Declaración de Barcelona.
Los principios de equidad y desarrollo solidario son principios de la
Declaración de Barcelona y han sido una constante en las
reivindicaciones de Marruecos en el momento de las negociaciones con la
Comisión Europea.
Se basan en dos hechos relativamente fáciles de comprender, pero
aparentemente suficientemente ignorados por los negociadores europeos,
lo cual lleva a plantear cuestiones sobre la aplicación de los
principios antes mencionados.
El desarrollo del consumo interior es el primero de estos dos hechos.
Este desarrollo es, paradójicamente, una consecuencia de la mejora del
nivel de vida y de la transformación de las costumbres de consumo de una
parte de la población, que consume menos carne por razones dietéticas y
de diversificación, y del empobrecimiento de una parte de la población
para la cual ciertos pescados son relativamente baratos y substituyen
así a la carne, que es más cara.
La protección del empleo en el sector pesquero es el segundo hecho
importante a destacar en este tema.
En efecto, la pesca da trabajo a cerca de trescientas mil personas,
en su gran mayoría en embarcaciones tradicionales, y el retroceso
substancial de las presas amenazaba con poner a una buena parte de estos
pescadores y de aquellos cuyo oficio está vinculado a la pesca en
situación de paro laboral.
La protección del medio ambiente y de los recursos naturales también se
halla incluida en la Declaración de Barcelona. Sin embargo, en el caso
de Marruecos, los estudios llevados a cabo han demostrado
suficientemente que ha existido una sobrexplotación y, consecuentemente,
un agotamiento relativamente importante de los recursos haliéuticos.
De ahí la urgencia de medidas de protección que van desde un reposo biológico bastante prolongado hasta la eventualidad de la no renovación del acuerdo de pesca. Sin embargo, hemos percibido claramente que, por parte europea, y sobre todo por parte de los profesionales y de ciertos responsable españoles, los argumentos de los intereses económicos y financieros inmediatos, de un lado, y de la relación de fuerzas aparentemente desfavorable a Marruecos, del otro, son los que se ponían de relieve en el momento de las negociaciones
. Porque si no, ¿a qué vienen las amenazas proferidas contra
Marruecos y las acciones llevadas a cabo contra los camiones que
transportan frutas y verduras marroquíes a Europa vía España o contra
los trabajadores marroquíes? Sólo más tarde se mostró una cierta
moderación al respecto.
A pesar de que el proceso de Barcelona para una colaboración
euromediterránea ya está bien encarrilado, queda mucho por hacer para el
arraigamiento de una verdadera cultura de la colaboración basada en los
valores y principios de la justicia, la equidad y la solidaridad entre
los países de las dos riberas.
La sociedad civil tendrá en particular un papel precursor en el
llamamiento y la promoción de estos valores humanos, tanto ante los
gobiernos como ante los actores económicos, en nuestra opinión hasta
ahora aún demasiado impregnados de los principios tradicionales de las
relaciones internacionales, tales como la correlación de fuerzas, el
poder, etc.
Las asociaciones europeas, con medios mucho más importantes que los que
están a disposición de sus homólogos del sur del Mediterráneo, en
particular de Marruecos, y que funcionan sobre la base de principios y
valores sanos que promueven un desarrollo equilibrado y duradero
poniendo al hombre en el punto de mira de sus preocupaciones, están
destinadas a tener éxito en este papel en interés de la paz y el
bienestar de los pueblos.
El Arbi Mrabet - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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