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Creo que este suceso también creó un espacio intelectual y político
para repensar algunos de los paradigmas sobre ciudades en el mundo. En
momentos de un aparente cambio de platos tectónicos, de alguna manera
resulta más fácil ver las cosas con claridad a pesar de que presente y
el futuro parecen más complicados y oscuros.
En este artículo me gustaría abordar algunas cuestiones cuyas respuestas
me interesan cuando intento comprender el significado de los
acontecimientos del 11S en Nueva York y cómo éstos afectan al resto del
mundo. Las preguntas en sí son un esfuerzo de dibujar algunas de las
dimensiones de la "huella global" de Nueva York. Los medioambientistas
utilizan la expresión "huella ecológica" para referirse al uso de
recursos naturales por parte de ciudades y el impacto medioambiental de
este patrón del uso de recursos. A la hora de formular estas preguntas
quiero decir, que este no es otro de los esfuerzos de un norteamericano
de demostrar lo grandes o lo ricos que son los EE.UU. Más bien me
gustaría utilizar una cita de la película "El Hombre Araña" que dice que
la "gran fuerza implica grandes responsabilidades". Y la parte de la
responsabilidad hoy en día significa tener claro donde encajamos en el
mundo.
Cuando hablo de la cuestión de "huella global", también me gustaría
volver a algunas hipótesis que mi buena amiga Saskia Sassen, expuso en
su libro "La ciudad global". En la segunda edición de este famoso libro,
publicado el año pasado, ella misma reexamina su trabajo de principios
de los años 80. Concretamente dice que "la ciudad global representa un
espacio estratégico donde los procesos globales se materializan en
teorías nacionales y las dinámicas locales pasan por los acuerdos
institucionales de cada país. El modelo supera la sensación de suma cero
sobre la economía global y la economía nacional como mutuamente
exclusivas. El objetivo principal del modelo es concebir la
globalización económica no sólo como flujos de capital, sino como el
trabajo de coordinar, gestionar y ofrecer servicio a estos flujos y el
trabajo de servicio a múltiples actividades de empresas y mercados que
operan en más de un país".
Y continúa insistiendo en que la ciudad global es un lugar, no tan solo
una red en un espacio de flujos, como por ejemplo teoriza Manuel
Castells. Parte de esta ubicación es su función dentro de varias redes.
El ataque del 11S ofrece una oportunidad fascinante para reexaminar esta
perspectiva teórica y para ver cómo se aguanta. Para hacerlo hace falta,
pienso, visitar de nuevo Nueva York con unos lentes comparativos y
globales. Esto me lleva a varias preguntas:
* ¿Cuán grande es la Gran Manzana? ¿Qué tipos de indicadores
comparativos pueden sugerir su tamaño e importancia en la economía
global?
* ¿Qué le pasó a Nueva York el 11S en cuanto a la economía y las
finanzas?
* ¿Cómo se refleja esto en la economía global? O, dicho de otra manera,
¿es Nueva York realmente una ciudad global en términos de Saskia Sassen?
* ¿Cuáles son algunas de las implicaciones políticas y sociales de la
posición de Nueva York, mientras observamos los esfuerzos de la ciudad
para la reconstrucción? ¿Cuáles son las señales que emite el proceso de
la reconstrucción al mundo global? Aquí volveré al Hombre Araña.
¿Cuán grande es la Gran Manzana?
En un Informe del año 2001, State of the World´s Cities, realizado por
Habitat, NN.UU., la ciudad de Nueva York es la quinta área metropolitana
más grande del mundo, que en el año 2010 retrocederá hasta el séptimo
lugar con 17,2 millones de habitantes. El área metropolitana de Nueva
York tiene hoy en día casi la mitad de la población de España, Portugal
y Suiza juntos, o toda Noruega. Su tamaño es el doble de París, o como
París y Londres juntos. Aunque más pequeña que Tokio, con sus 25
millones de habitantes, su influencia, crecimiento continuo y su rol
económico y cultural la hacen más importante que Tokio a escala global.
En términos económicos, la Gran Manzana aporta un 4,5% del rendimiento
de los EE.UU. Los 365 millardos de US$ que producen sus 5 distritos
representa una pequeña parte de un total de más de 10 billones de US$
que produce la economía de los EE.UU. Pero a pesar del hecho de que
Nueva York ha ido detrás del resto de los EE.UU. en cuanto al
crecimiento económico durante los años 1990, la ciudad produce 1
millardo de US$ al día y el 75% del Producto de la ciudad se genera en
Manhattan. El ingreso per capita ha subido un 77% en términos reales del
1980 al 1996. El producto interior bruto de Nueva York es mayor que los
ingresos de 191 países, incluyendo países como Rusia, Bélgica, Holanda,
Suiza o Suecia.
Su producto es más grande que Argentina, tres veces superior al de
Portugal, o países ricos en petróleo como Noruega o Arabia Saudita. El
producto interior bruto de NYC es un 20% superior al de más de 40 países
africanos juntos. Hoy en día NY cuenta con un 62% del PIB de España.
¿Qué significa esto en términos absolutos y relativos? Vivimos en unos
tiempos en los que los intensos debates políticos se centran en unos
cuantos porcentajes en los déficits fiscales en Francia o Alemania o en
las equivocadas soluciones del FMI para Argentina o Indonesia en los
países en desarrollo. Creo que es importante conocer el tamaño absoluto
o relativo de los implicados. La economía de Nueva York es superior a la
de 191 países. La ciudad, con una población de 17 millones, ocupa el 49º
lugar entre los países demográficamente más densos y el 13º lugar entre
los países económicamente más desarrollados.
La importancia de Nueva York en la economía global
Algunos pueden considerar aburrido hablar sobre Nueva York ante esta
tabla de estadísticas y pensar "¿y qué?". En un momento histórico en el
que sopesamos las cualidades del cambio global -¿es justo?, ¿es bueno?,
¿nos hace a todos iguales?, ¿o muestran nuestras diferencias?- pienso
que es necesario también tener en cuenta el "impacto cualitativo de las
cantidades". En realidad, la mayor parte de los debates sobre la
globalización, e incluso muchas de las interpretaciones del 11S hablan
sobre diferencias relativas y no solamente sobre diferencias absolutas.
Aquí os he facilitado unos cuantos indicadores comparativos, que pueden
ayudar a ver lo que es Nueva York como fenómeno urbano en el mundo
global. Quiero hablar sobre demografía, finanzas, educación e
investigación y comercio, pues todos ellos indican formas y grados de
conectividad y dependencia entre Nueva York y el resto del mundo.
Que quede claro que mi objetivo no es demostrar la riqueza de Nueva York.
Aunque Nueva York es rica en su conjunto, la distribución de los
ingresos es mucho peor que en Barcelona. Y de la misma forma su calidad
de vida, mientras que es extraordinaria para algunos residentes
privilegiados de Manhattan, en su promedio no se puede comparar con la
calidad de vida habitual de muchas de las ciudades europeas.
Una de las dimensiones más sorprendentes de la conectividad es el cambio
demográfico de Nueva York. Se ha calculado que hasta el año 2000 un 35%
de la población de Nueva York sería inmigrante. El promedio de la
entrada de emigrantes es un tercio superior a la de los años 70 y 80. El
censo del año 2000 mostró que la comunidad hispana de Nueva York es la
que más crece y ya alcanza un 30% de toda la población de los cinco
distritos. En la Gran Manzana más de 2 millones de personas hablan
español.
Otra dimensión importante es el tamaño de los mercados financieros de
Nueva York. En 1999 el valor de la Bolsa de Nueva York era de 11,4
billones de US$. Su contrapartida, el NASDAQ (sistema de cotización
automatizado de la Asociación Nacional de Comercializadores de Valores),
ascendía a 5,2 billones de US$, cuando en Tokio ascendía a 4,5 billones
y en Londres a 3,0 billones.
La tercera dimensión es la fuerza de la educación e investigación. Nueva
York cuenta con 100 universidades y escuelas superiores con casi 500.000
estudiantes matriculados. Estas instituciones representan el mayor
c?entro de investigación científica y tecnológica global, especialmente
en el campo de la biomedicina. El presupuesto de la Universidad de Nueva
York es de 3 millardos de US$ y es superior al presupuesto del Gobierno
de la Ciudad de Buenos Aires antes de la reciente crisis. Nueva York
cuenta con unos 30.000 estudiantes extranjeros en sus universidades.
La cuarta dimensión es el comercio. Desde el punto de vista histórico es
obvio que el nivel de crecimiento de la economía metropolitana de Nueva
York es paralelo a los cambios en el crecimiento económico mundial. Por
ejemplo, en 1999 la valoración de la economía metropolitana mostró
claramente que los cambios metropolitanos demuestran el nivel de
crecimiento en Europa, Asia y América Latina. En efecto, durante los
años 90 la parte del producto bruto de la ciudad que corresponde a los
más importantes sectores de la exportación aumentó considerablemente. En
el año 2000 el valor del comercio regional de Nueva York superó los 185
millardos de US$ (sin incluir el valor del oro). Ello equivale a
aproximadamente el 150% del total de las exportaciones de España durante
este año. Los planificadores de las infraestructuras de transporte
calibran con cuidado sus presupuestos en relación al crecimiento
económico mundial y la importancia del comercio global. En el 2000 cerca
de 95 millones de usuarios utilizaron los tres aeropuertos de la región
de Nueva York, un 30% de los cuales eran viajeros internacionales.
¿Qué le pasó a Nueva York el 11S?
El ataque del 11S ocurrió cuando la economía de los EE.UU. ya había
caído en la recesión. La economía empezó a frenarse en el segundo
trimestre del 2001 con la subida del desempleo y la ralentización de los
sectores tecnológico y financiero. Tres semanas después del 11S la
Oficina del Interventor del Ayuntamiento dio a conocer un informe que
estimaba que las pérdidas económicas de Nueva York oscilan entre 90 y
105 millardos de US$. (Esto equivale a borrar del mapa a Portugal u
Holanda durante un año). La principal pérdida que sufrió la ciudad en
cuanto a edificios e infraestructura asciende a unos 45 millardos de US$,
mientras que la pérdida económica en el 2002 y el 2003 será de entre 45
y 60 millardos de US$. En los meses siguientes el número de desempleados
estimado inicialmente resultó ser correcto. Unos 115.000 puestos de
trabajo se perdieron en los meses posteriores al ataque.
Mientras este informe constataba que los economistas no son muy buenos a
la hora de prever el impacto de grandes e inesperados cambios se hizo un
enorme esfuerzo para evaluar la importancia de lo ocurrido. Por ejemplo,
el informe preveía que la superficie de oficinas perdida o dañada en la
parte baja de Manhattan era de unos 30 millones de pies2 ó un 36% del
total en el centro de la ciudad. Esta área ocupa el tercer lugar en
cuanto a la concentración de las oficinas en los EE.UU. después del mid-town
Manhattan y Chicago. Este informe estimaba que las pérdidas estarían
sobre los 34 millardos de US$ - el producto interior bruto de Marruecos
o el 11% del producto interior bruto de todo África. Mientras que este
informe concluía que únicamente un 3% de todo el espacio de oficinas se
ha visto afectado, este número no reflejaba las pérdidas en cuanto a
ubicación y calidad. Las reparaciones supondrían reponer 33 millas de
cable telefónico, estaciones y muchos otros elementos de
infraestructura.
Este informe también calculaba la pérdida de capital humano, en vidas
perdidas a través de sueldos perdidos, que ascienden a 11 millardos de
US$. (El sueldo promedio de todos los trabajadores de Manhattan es de
aprox. 70.000 US$ al año.)
Aplicando el informe las probables pérdidas para la economía de Nueva
York, que produce alrededor de un millardo de US$ al día, el conjunto de
las pérdidas previstas de capital y futuras de 90-105 millardos de US$,
es por sí solo mayor que en las economías de muchos países. Estos
impactos por supuesto que tenían que ver con otros impactos en los EE.UU.,
por ejemplo, 118.000 despidos de los empleados de las compañías aéreas
las 2 semanas posteriores al 11S y los 10 millardos de pérdidas de las
líneas aéreas durante la semana posterior al 11S. Estas pérdidas se
produjeron durante las primeras 5 semanas, en primer lugar en las
empresas de Wall Street, el sector turismo (hoteles, restaurantes,
compañías aéreas, transporte en automóvil en Nueva York), ocio,
especialmente en Broadway y pequeño comercio. Los restaurantes perdieron
el 80% de sus ingresos diarios, que suelen ser de unos 20 millones de
US$ al día, lo cual es un indicador del ambiente general de la tendencia
a quedarse en casa.
¿Cómo se refleja en la economía global?
Los hechos de las pérdidas en el WTC demuestran por sí mismos que este
lugar era el centro de muchas transacciones internacionales. Entre las
víctimas se incluyen gente de muchos países. Las compañías que tenían
negocios en las Torres incluían muchos negocios internacionales, como el
Fuji Bank, Euro Broklers, Cantor Fitzgerald, American Bureau of Shipping
y muchos más. Toda la parte baja de Manhattan, incluyendo Wall Street y
la Bolsa de Nueva York, es uno de los mayores lugares de las diarias
transacciones financieras globales. Las pérdidas inmediatas en los
mercados globales en los días y semanas siguientes reflejaron la
dependencia de otras bolsas y mercados al de Nueva York.
Es importante recordar que durante los años 90 aproximadamente la mitad
de los hogares en los EE.UU. invertía en los mercados financieros de
EE.UU. Tan sólo de 1994 a 1997 se ingresaron más de 12,5 billones de US$.
Cuando el valor de sus inversiones empezó a bajar, los americanos
inmediatamente notaron esta conexión con los mercados internacionales.
Mientras esto no resulta sorprendente a nivel de los mercados
financieros, es la confirmación de la posición de Nueva York como parte
de esta red global financiera y, en efecto, de su función central como
centro de comercio y gestión estratégica de los flujos financieros. La
fuerte reacción global confirma el concepto de Saskia Sassen de Nueva
York como una ciudad global. De alguna manera, la reacción del mundo al
ver cómo temblaba Nueva York fue la de temblar él también.
Con el fin de sobrevivir y minimizar las pérdidas, algunas de las
grandes empresas ubicadas cerca de las Torres Gemelas -Merrill Lynch,
American Express y Lehman Brothers, por nombrar unas cuantas-
trasladaron parte de sus operaciones fuera de la parte baja de Manhattan
a New Jersey, Westchester ó Connecticut. De hecho, el "New York Times"
informó que American Express había empezado a trasladar a sus empleados
a las nuevas ubicaciones el 17 de septiembre, a tan sólo 6 días del
desastre.
La importancia de estos traslados no se debería minimizar. Durante los
años 90 la predominancia de Wall Street y del sector financiero en la
economía de Nueva York aumentó substancialmente. Aunque en los años 90
Wall Street contaba con un 5% de los empleados de toda la ciudad generó
casi la mitad (45%) del crecimiento económico directo, medido por el
crecimiento de las ganancias reales durante este período. Este beneficio
es más que 3 veces superior al beneficio que le sigue. De 1995 a 1997,
los beneficios totales de Wall Street crecieron un 50%, de 50 millardos
de US$ a 75 millardos de US$. El empleo en toda la ciudad creció en
estos 2 años en 80.000 puestos de trabajo, de los cuales 55.000 de éstos
correspondían a Wall Street.
Muchos de estos puestos de trabajo desaparecieron con la explosión de la
burbuja tecnológica en Wall Street en el 2000 y el 2001 y durante el
inicio de la recesión en el 2001. Ambos factores difícilmente son de
aplicación interna; forman parte también de la economía global y de sus
tendencias. Si bien no se iniciaron fuera de los EE.UU., seguramente se
reforzaron en Japón y Europa.
Las pérdidas provocadas por el 11S no se deberían contemplar únicamente
en el sector financiero. La pérdida de 115.000 puestos de trabajo
representó al mismo tiempo la mayor crisis de la economía de Nueva York.
Además este hecho hay que enmarcarlo en el contexto de otras tendencias
más preocupantes anteriores al 11S. Como es el caso de que en la mayoría
de las ciudades de todo el mundo, los beneficios de inversiones de
capital y de sectores como el tecnológico han contribuido a una peor
distribución de los ingresos. Si Nueva York es una ciudad global en los
términos de Saskia Sassen, teniendo mayores papeles que desempeñar
dentro de la red global, también es una ciudad global a la hora de
repartir según los patrones de polarización.
Un informe del 2000 de The City Project, una ONG que publica cada año
una "Agenda Alterbudget" llegó a las siguientes conclusiones sobre Nueva
York en los años noventa:
* La clase media disminuyó.
* El número de las familias trabajadoras pobres aumentó.
* Los ingresos de los trabajadores de sueldos bajos estancaron el país.
* A lo largo de toda la década los ingresos reales de las familias
pobres descendieron.
* El estado de Nueva York cuenta con el mayor abismo entre los ricos y
los pobres en los EE.UU.
* La desigualdad en las ganancias creció de manera más rápida en la
región metropolitana que a escala de la nación.
* La tasa de pobreza de la ciudad de Nueva York seguía siendo alta
(25%), especialmente entre los niños (38%).
* La tasa de desempleo de la ciudad es muy alta entre la comunidad negra
(12,7%) y la hispana (10,1%).
* Más de cuatro de cada 10 familias tienen ganancias cero o incluso
están en negativo.
Todo ello nos hace ver que realmente hasta el 11S "era la mejor época,
era la peor de las épocas". Sólo dependía de quién eras tú entonces.
Reconstrucción y polarización
Intentaré responder a esta cuestión volviendo al libro de Saskia Sassen.
En su segunda edición reitera su hipótesis de que "el creciente número
de profesionales de alto nivel y empresas de servicios especializadas de
un nivel alto de ganancias tiene el efecto de subir el nivel de
desigualdad espacial y socioeconómica evidente en estas ciudades "
Este es sin duda alguna el caso de Nueva York. Los patrones del empleo y
los sueldos dentro de los sectores financiero y tecnológico parecen
tener un gran impacto en la distribución de la inversión industrial y,
por lo tanto, en el empleo. Los trabajadores que no cumplen con las
cualificaciones requeridas para los sectores de sueldos altos,
normalmente se ven obligados a buscar trabajo menos remunerado y acaban
en los sectores de servicios de sueldos bajos. Estos trabajadores y sus
familias se vuelven vulnerables a una serie de circunstancias
socioeconómicas, que se dan con sueldos bajos en una sociedad que
deliberadamente hizo trizas durante los años noventa su red de seguridad
-el bienestar social- durante la administración demócrata de Bill
Clinton. Este patrón fue evidente en Nueva York, donde una quinta parte
de la distribución de los ingresos aumentó un 10% de los ingresos
totales, mientras que las otras quintas partes vieron reducidos sus
beneficios.
Esto también se refleja en los patrones residenciales y en el hecho de
que la riqueza se concentra en Manhattan y supera de lejos al resto de
la ciudad. Un escritor americano dijo que el "camino más largo va de
Brooklyn a Nueva York". Todos los que han ido de Manhattan a Brooklyn
saben que no se refiere tan sólo al tráfico en el Brooklyn Bridge.
La vulnerabilidad de la parte más baja de la escala de ingresos de Nueva
York se vio agravada por la vulnerabilidad de la parte más alta de esta
escala, primero por la global inseguridad económica y recesión antes del
11S y en segundo lugar por el desastre humano y económico de la ciudad
aquel día. Las Torres Gemelas se convirtieron en las Vulnerabilidades
Gemelas. Los ciudadanos de Nueva York se unieron al resto del mundo, no
como todopoderosos, como al principio de "La hoguera de las vanidades"
de Tom Wolfe, sino después de haber bajado la rampa hacia la ciudad de
la oscuridad, "slums", violencia y esperanzas no cumplidas. Y es que ser
más grande que Portugal u Holanda no necesariamente implica ser más
seguro o estar mejor protegido frente a cualquier vulnerabilidad en el
contexto de la inseguridad global.
Un análisis riguroso realizado por Saskia Sassen en los años 80, junto
con la dramática evidencia empírica de las conexiones globales y la
vulnerabilidad, nos hace pensar que necesitamos al Hombre Araña.
Primero de todo necesitamos al Hombre Araña para ascender estas
peligrosas y altas cimas de privilegios y vulnerabilidad con el fin de
rescatar y bajar a los inocentes a tierra firme, donde estarán a salvo,
mientras advertimos a los complacientes de los peligros de la
concentración de la riqueza y el consumo desaforado. Los que se
resistieron a darse cuenta de su propia vulnerabilidad en las Torres
Gemelas el 11S desaparecieron tristemente. Quizá el Hombre Araña pueda
sugerir un descenso más ordenado con los ascensores antes de que la
vulnerabilidad sea demasiado extrema.
En segundo lugar necesitamos al Hombre Araña para proteger a los débiles
y a los vulnerables a la vista de las imparables consecuencias de los
cambios en las finanzas y poder globales. El Hombre Araña podría haber
sido de ayuda a la hora de proteger a Argentina de la crisis del
tequila, durante la crisis asiática, la crisis de la samba y la crisis
del vodka.
Al ver claramente los desequilibrios en el poder, seguramente existen
más personas aparte de aquéllas en las cuevas de Afganistán que pueden
pensar en soluciones. Más que nunca tenemos que aprender unos de los
otros para identificar los elementos de la visión inspiradora, una
estrategia razonable y la puesta en práctica de soluciones a nuestros
problemas comunes. Cuando no disponemos de respuestas hay que tener
humildad para aceptar nuestra ignorancia y la voluntad de trabajar
juntos para buscar respuestas.
El proceso de la reconstrucción de Nueva York, tal como antes he dicho,
ofrece muchas oportunidades: identificar necesidades, prioridades y
construir coaliciones políticas es esencial para el apoyo político a la
hora de tomar decisiones estratégicas. Los newyorkinos, que disponen de
un gran poder, necesitan descubrir dónde se encuentran y a dónde quieren
ir.
Ahora se ha identificado el camino a las Vulnerabilidades Gemelas y se
ha notado su impacto personal. Pero otras rutas son también posibles si
los newyorkinos desean procesos que realmente ayuden a encontrar
alternativas. Hacen falta dos cosas: una mente abierta y un sentido
renovado por el interés público. Ninguno de los dos se dan por
supuestos, pues la política americana, y sobre todo la política
americana que se desempeña según las reglas de Nueva York, en muy pocas
ocasiones ha estado enfocada en los intereses públicos. En los EE.UU.
prevalece el interés privado, véase el caso Enron, con raras excepciones
de un genuino interés público.
La definición del interés público -en este caso intereses de públicos
diversos y también sus intereses en común- supone un desafío para la
responsabilidad de los expertos en temas urbanos. En el pasado éstos
frecuentemente contribuyeron a políticas y estrategias, que a menudo
aumentaron la vulnerabilidad urbana en lugar de reducirla.
En su conferencia sobre Argentina, que impartió este mes de abril en la
New School de Nueva York, Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía,
observó que la política económica se debería basar en evidencia, teoría
y el reconocimiento de los límites de nuestro conocimiento. Así, según
él, seríamos más conscientes de los riesgos asociados a tantas de las
políticas económicas que inevitablemente debemos aceptar en este mundo
imperfecto.
El 11S mostró a Nueva York que no era ni el "Dueño del Universo" ni el
"Dueño de su propio Destino". Sólo cuando aceptemos nuestros propios
límites y los límites de nuestra comprensión dispondremos de la humildad
para escuchar y aprender y tal vez entonces no tendremos que contar con
el Hombre Araña.
Michael Cohen - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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