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Sin embargo, a pesar de los rumores sobre conectividad y una creciente homogeneidad cultural, la mayoría del mundo sigue siendo igual que era antes de la llegada de la víspera del Año Nuevo: local, disperso, dividido, y para muchos, aislados y aislándose.
El aumento de gente que está “on-line” es todavía sólo una
fracción de personas que viven sus vidas “dentro de las líneas”: de la
familia, vecindario, comunidades, trabajos, organizaciones, culturas y
economías. Estar al corriente de eventos, moda, música y tecnologías en
lugares del mundo distantes no implica un cambio automático en los
estilos de vida.
Voy a referirme a tres asuntos que creo que son muy importantes para
nuestra consideración del impacto de los procesos globales en las
ciudades: Primero, lo que yo llamaría el peligro del pensamiento
fundamentalista. Segundo, la creciente importancia de percibir
diferencias en la vida urbana. Y, tercero, la necesidad de una nueva
herramienta y valores que ayuden a entender estas diferencias en la
gestión de las ciudades.
Los nuevos fundamentalismos
Conforme he ido leyendo y observando el debate sobre globalización en
los últimos años, me he ido molestando e incomodando más con el
absolutismo y la dicotomía de pensamiento y la representación que se ha
aplicado para entender el mundo al empezar un nuevo siglo.
El uso de la palabra globalización por parte de los medios de
comunicación implica la presencia de fuerzas similares (productos,
experiencias y opresiones) en todas partes del mundo. Es más, esas
descripciones ocultan las diferencias entre historias, culturas,
lugares, así como las expectativas sociales y personales. Esos que creen
que han “ganado” en la batalla de la globalización, como si se tratara
del juego Monopoly, son triunfadores, como Thomas Friedman, el editor
extranjero del The New York Times celebrando la difusión de la
tecnología y de las nuevas fuentes de información. Otros, como aquellos
que lo han demostrado en Seattle, creen que la aldea global se ha
convertido en el sitio del pillaje global, la explotación e incluso una
forma de imperialismo encabezado por Bill Gates, mucho más fuerte de lo
que Lenin pudiese haber imaginado nunca.
Ha emergido un nuevo fundamentalismo a ambos lados de la división, desde
las protestas del señor Bove contra la “McDominacion” en Francia hasta
un conjunto de adjetivos para evocar globalizaciones, como “virtual”,
“real”, “imagen”, “crecimiento”, “explotación”, “liberación”,
“hegemónico”, “transformador”, etc. Tenemos una nueva inflación de
adjetivos. Las palabras “débil”, “dudoso”, “triste”, “ambivalente”,
o…”modesto” no se suelen usar en esos frecuentemente estridentes
debates.
El carácter fundamentalista a las críticas de la globalización es
notable, ya que muchas de las voces reflejan asuntos clave en la
identidad local y nacional. ¿Quiénes, aparte de los franceses, pueden
hablar de “soberanía culinaria” en lugar de “desposesión culinaria”,
como si nadie pudiera realmente imaginar la disponibilidad de la comida
rápida de los McDonald’s como amenaza a la “libertè” francesa,
escogiendo cualquier otra selección deliciosa en un bistró de Aix-en-Provence?
Incluso el alcalde de una ciudad que produce queso Roquefort ha impuesto
una tasa del 100% en las Coca-Colas vendidas en su ciudad, diciendo que
"el Roquefort es único, un símbolo de nuestra batalla contra la
globalización del gusto". Un tema fuerte, casi tan fuerte como el
Roquefort.
Pero, en realidad, el mundo no tiene tantas dicotomías. Nuevos modos de
comunicación y más información nos permite ver que, si mucha gente
visita los arcos dorados, traen consigo unas profundas diferencias en
historias y concepciones del mundo. Si algunos franceses miran estos
arcos como símbolo de una “opresión culinaria”, muchos otros no ven
ningún problema al consumir lo que es un producto global fácilmente
disponible. Hay muchas opciones en medio, incluyendo la de aquellos que
beben un vaso de vino tinto con sus hamburguesas.
Las diferencias están creciendo. Incluso si no podemos imaginar todas
las diferencias emergentes, debemos mantener los ojos abiertos para
asegurarnos que nuestra percepción no está cegada por un lenguaje
reduccionista y por los conceptos. El numero de teléfonos móviles puede
crecer aun más que la gente en algunos países, pero este comportamiento
no es ubicuo. Por ejemplo, hay más teléfonos móviles en la ciudad de
Nueva York que en los 45 países de Africa. Las diferencias son grandes y
van en aumento.
Incluso el gran resultado de la globalización puede motivar una
apreciación más detallada de esas diferencias. Los límites del debate
local/global son más evidentes en lugares que no aparecen “ni en el
mapa”, lejos de los llamados centros de poder, como Nueva York, Londres
o Tokio.
El orgullo de los neozelandeses, “Kiwis” como se llaman a sí mismos,
es el bello paisaje natural que muestra a su país como escrupulosamente
preocupado y cuidadoso con sus alrededores. Similar también es la
modesta satisfacción de la gente en Uruguay que, en una región de gran
desigualdad, su país tiene lo mínimo. Ambos pueblos parecen estar muy
lejos, pero ¿de qué? No de sí mismos. En contraste con la
auto-importancia y la velocidad frenética de los conocidos “centros”,
ambos pueblos disfrutan de una calidad de vida basada en diferentes
valores que los supuestamente denominados “pensamiento global”.
Así, mi primer mensaje es una llamada de urgencia para que todos
nosotros pensemos más detenidamente acerca de esas diferencias que están
surgiendo en el llamado mundo conectado. No deberíamos hacer
investigaciones ni preguntas punzantes usando categorías de análisis
reduccionistas. Puede que necesitemos un nuevo lenguaje y formas de
representación, incluyendo imágenes visuales, para facilitarnos la
apreciación de las diferencias.
Debo añadir que en mis años en el Banco Mundial se usaba un numero
mucho más pequeño de adjetivos para describir un mundo cada vez más
diverso y complicado. Así que debemos mantener nuestros ojos abiertos a
los cambios reales que se producen a nuestro alrededor. Y quiero aplicar
esta visión al desafío de entender las ciudades.
Comprender las diferencias
Me gustaría provocar con la observación de que yo creo que la definición
característica de las ciudades y pueblos al inicio de este nuevo siglo
es el aumento de su diversidad interna. Las crecientes diferencias entre
la gente, los modos de asentamiento, las economías locales, culturas e
instituciones han hecho de la gestión y la mediación de la diversidad el
primer desafío de los gobiernos municipales.
Esta diferencia es evidente en ciudades aparentemente tan diversas como
Abidjan, Buenos Aires, Chicago, o Delhi. Esta situación continúa, muchas
veces, en cada lugar demostrando nuevas maneras de vivir, construir,
aprender, ganar dinero, consumir, asociándose con vecinos o clientes y
resolviendo conflictos en la ciudad. Lo que era raro la semana pasada se
convierte en moda la siguiente.
Este proceso se ha reflejado en otras formas nuevas de civismo, en
nuevos modos de participación, representación y ciudadanía, y la
autoridad y legitimación de las instituciones. Las viejas definiciones
de política, economía, sociedad y territorio pueden ser entendidas de un
modo diferente a como se entendían anteriormente. Los limites y
componentes deben ser examinados para ver como se ajustan las realidades
locales a los entendimientos previos. Este proceso de "deconstrucción"
es un prerrequisito necesario para construir lo que puede ser llamado
“una nueva o más dinámica arquitectura conceptual " para el
entendimiento de la "escala urbana".
Viejos conceptos en una ciudad cambiante
Para extender este desafío conceptual en el mundo real, voy a emplear
algunos ejemplos de Buenos Aires para sugerir nuevos tipos de
complejidad, que no encajan con los conceptos usados para analizar esos
procesos.
Política: Muchas viviendas situadas en la periferia de Buenos Aires, una
ciudad de al menos 12 millones de habitantes, pagan el agua y la
electricidad a proveedores privados. Ellos son clientes y ciudadanos
económicos, aunque muchos no tengan voz política y derechos. Hay una
considerable falta de ciudadanía política en una ciudad donde el
gobierno municipal no tiene ni la autoridad ni la capacidad de afectar
materialmente sus vidas. Incluso si son requeridos legalmente para
votar, el ejercicio del voto no tiene relación con sus necesidades más
básicas. Ellos tienen una ciudadanía económica sin derechos políticos.
¿Qué significa esto para la definición de política y participación?
Economía: El puerto de Buenos Aires recibe un millón de contenedores al
año, más de 100 por hora, cada día. La presencia física de esta cantidad
de bienes, tráfico y transporte es un constante recordatorio en las
tiendas y las calles de la ciudad que la economía local esta muy ligada
a la economía externa. Los limites entre comercio local y global son
cada vez menos claros. La gente esta cómoda usando el peso y el dólar,
de un modo indiferente, incluso hasta el punto de que la moneda nacional
está fijada al dólar.
De este modo, propuestas por la dolarización de la economía trae consigo
inmediatamente el cuestionarse entre personas de todos los niveles de
ingresos acerca de la soberanía y la identidad local. Mientras que la
porosidad actual de la economía local no es más un asunto de debate, la
discusión ha variado desde un inicio teórico y aserciones de autarquía a
un debate sobre la fuerza y la calidad de esos enlaces. El objetivo de
este debate es, por supuesto, la ciudad donde la mayor parte de los
bienes importados y los servicios son consumidos y donde se ve más
claramente el impacto en la economía global. ¿Cuál es la economía local
bajo esas circunstancias?
Sociedad: Buenos Aires se ha convertido también en una ciudad dividida
por la competencia tecnológica. Mientras que un legado de las leyes
peronistas era la alta y relativamente igual inversión en educación
pública en los niveles primario y secundario, se ha desarrollado una
forma de apartheid educacional donde, en la ciudad central, hay un 58%
de niños que no acabaron la escuela secundaria en 1991 y este numero
alcanzo el 70% en los municipios adyacentes. Hacia 1998, el uso de
ordenadores en Argentina alcanzó el de Brasil, donde el uso de
ordenadores esta creciendo exponencialmente. Van a aparecer grandes
diferencias entre aquellos que pueden estar on-line y aquellos que no.
La población de Buenos Aires, una ciudad con uno de los niveles más
altos del mundo en conexión a la televisión por cable, por encima del
66%, se diferencia a sí misma en términos de sus habilidades
educacionales y su competencia tecnológica, reflejada en grandes
diferencias de nivel entre los que han recibido una formación académica
y los que no.
Territorio: Si el territorio del área metropolitana de Buenos Aires se
divide en 30 jurisdicciones, provincias, gobiernos ciudadanos y
municipios adyacentes, se entiende que el uso de territorio sea a la vez
integrado y separado. Integrado porque millones de personas buscan
satisfacer sus necesidades económicas y sociales y cruzan jurisdicciones
cada día como si no existieran, de hecho. Y separados, ya que esos
movimientos no cambian las pautas básicas de exclusión económica y
social. Se dan diferencias profundas en cuanto a ingresos y riqueza,
educación, infraestructura social y física. Incluso el color de la piel
ha hecho del área metropolitana de Buenos una de las áreas urbanas más
desiguales del mundo. Como Jordi Borja ha sugerido, en Buenos Aires, el
significado del territorio no puede ser tomado como se da. Es un
proyecto.
Elementos de una nueva arquitectura conceptual
Sugeriría que necesitamos revisar una serie de conceptos para entender
mejor las diferencias urbanas así como los gobiernos urbanos.
Hay poco debate en cuanto a que los centros de escala urbanos han
crecido tremendamente, en población y en espacio. El crecimiento de
nuevas regiones urbanas en el este de Asia es un ejemplo, con la
experiencia de China como más llamativo. El cambio de tamaño y expansión
de estos nuevos asentamientos ha demostrado que la gestión de algunas
partes de esas áreas no pueden tenerse en cuenta sin la referencia de la
escala del conjunto.
La preocupación con la escala metropolitana está presente desde hace
más de cincuenta años, en parte reflejando la expansión económica del
periodo de postguerra tras la II Guerra Mundial, ha centrado mucha
atención en la expansión. Hay ejemplos más recientes de Asia o lo que se
ha denominado “desmetropolización” en Brasil a inicios de los años 90,
donde el crecimiento urbano se ha desplazado desde el núcleo urbano
hasta los pasillos periféricos, demostrando el poder de las fuerzas
regionales urbanas. Cada parte del mundo tiene muchos ejemplos de este
proceso, con desarrollos institucionales particulares, como el creciente
rol de los estados en los Estados Unidos, Brasil o Méjico en cuanto a
políticas y gestión de las áreas urbanas.
La escala urbana se ha incrementado, pero también ha disminuido. El
proceso de descentralización del poder político y la administración
urbana significa que unidades más pequeñas han adquirido una
responsabilidad creciente en el marco institucional general. Este
proceso se ha hecho rápida y extensamente a lo largo de las dos ultimas
décadas y representa una creciente democratización en muchos lugares del
mundo. El ejemplo más impactante es la reciente elección de tres
millones de consejeros locales en los nuevos gobiernos locales de la
India, siguiendo la adopción de un ajuste constitucional.
La creciente legitimidad de las unidades pequeñas no implica, sin
embargo, una creciente capacidad efectiva de solucionar los problemas,
pero reconoce el principio de subsidiariedad. Esto refleja la voz
creciente de las asociaciones de vecinos y la participación política en
decisiones que afectan a las áreas residenciales. La contradicción a
esta escala radica en el reconocimiento de una autonomía local para
dirigir problemas locales, así como una creciente concienciación de las
asociaciones de vecinos para supervisar y responder a “situaciones
externas” desde la fábrica urbana.
Es necesaria una legitimidad descentralizada de las asociaciones de
vecinos, pero no es una condición suficiente para asegurar el gobierno
efectivo desde una perspectiva a escala más local.
El tema de una escala más pequeña no es, sin embargo, simplemente un
asunto de gobernación. También esta relacionado con el carácter físico
de lo urbano. John Frieciman nos recuerda "la ciudad de los pequeños
lugares", lugares de significado e identidad que permiten el sostener
ciertas conductas-placer, que no existen en los mayores movimientos de
tráfico urbano y comercio. Estos lugares físicos son críticos a la hora
de definir como se usan los espacios urbanos. Desde el camino hacia la
escuela, hasta el camino hacia el trabajo, pasando por los parques,
cementerios y otros lugares especiales, los mapas mentales de las
ciudades son determinantes en cuanto a definir pautas de significado y
orientación para la interacción social y los ciudadanos.
La importancia de los “lugares pequeños” se basa también en un
comportamiento económico, con el incremento de servicios y nuevas
maneras de interacción entre proveedores y consumidores. Las grandes
superficies comerciales pueden competir con esas interacciones más
íntimas aunque los nuevos modos de producción y servicios no excluyan la
interacción cara a cara que, después de todo, ocurre en lugares reales y
no simplemente a través del comercio electrónico. Además, en muchas
ciudades, la llegada de los supermercados Walmart y el comercio global
ha provocado una fuerte reacción para proteger “lo pequeño” frente a los
gigantes globales. 57 Pizza Huts se cerraron en Buenos Aires tras 6
meses de negocio fallido, pues los argentinos votaron por las numerosas
pizzerías tradicionales en detrimento del marketing y el gusto de la
“pizza global”.
La presencia contemporánea de la escala creciente y decreciente añade,
por lo tanto, otra dimensión para ser gobernada: su complejidad. El
creciente número de “legitimidades” como se refleja en un buen numero de
niveles e instituciones significa que el numero de intereses y
perspectivas aumenta considerablemente. No hay duda de que hay una
enorme diferencia entre gobernar ciudades de 30, 130, o 230 vecindarios,
cada uno de los cuales tiene su propia perspectiva e identidad
institucional. La escala por sí misma también genera complejidad,
también porque la coexistencia simultánea de unidades diferentes aunque
independientes, con distintos grados de poder político e institucional,
es en sí mismo un complicado desafío a la gestión. Las implicaciones de
la escala deben ser reconsideradas como una dimensión del gobierno: más
grande, más pequeño y más complejo.
La gestión de las externalizaciones
Una de las más importantes consecuencias de los cambios en escala y
complejidad es el creciente numero de externalizaciones: consecuencias
de interacciones que van más allá de los participantes inmediatos.
Mientras que la creciente polución causada por un numero creciente de
automóviles puede ser fácilmente entendible como una consecuencia
negativa que afecta a cada uno en una área urbana, cada una de esas
externalizaciones puede ser trazada en un conjunto mayor de efectos
secundarios y terciarios. Las externalizaciones son simplemente efectos
de primer orden, sino más bien imputs hacia caminos de causación
acumulativa que afecta a todo tipo de interacciones sociales, económicas
y físicas.
Si las externalizaciones individuales son complicadas y posiblemente
difíciles de alcanzar, deben ser colocadas en un marco de dinámica y
frecuentemente no entendible interacción dentro de la ciudad. El caso de
la riada en Buenos Aires es un ejemplo excelente: entre 1928 y 1985,
Buenos Aires experimentó una riada cada 7 años y desde 1985, la ciudad
tiene siete riadas al año. Esto no puede catalogarse como un “desastre
natural”, sino que es producto de la interacción de pautas de
asentamiento, reducida capacidad de absorción de las lluvias, fallo de
la infraestructura de drenaje, e incluso colisiones entre residentes
afectados que no desean tener conocimiento de las riadas en sus
vecindarios para así evitar una reducción del valor del suelo. La
“psicología de las riadas” ilustra la complejidad de interacción entre
los llamados fenómenos y reacciones humanas.
Mientras las externalizaciones, tanto positivas como negativas,
requieren excesivas discusiones, deben ser conocidos como factores
diferenciales centrales en el gobierno de las ciudades cambiando la
escala y la complejidad .
Causación acumulativa
Como he sugerido antes, un aspecto fundamental para entender el gobierno
urbano debe ser también la apreciación de pautas de causación
acumulativa. Este concepto no ha sido aun explícitamente aplicado con
mucha frecuencia a los fenómenos urbanos. Siempre ha habido un
reconocimiento implícito o incluso un mapa mental de interacciones
urbanas que asume los resultados, más que de una simple variable
independiente.
Dos recientes piezas de investigación ilustran la importancia de usar
explícitamente ese concepto. Samuel Morley de la UN Comisión Económica
para Latinoamérica ha estudiado el impacto del crecimiento de la
macroeconomía en la pobreza urbana en países latinoamericanos desde 1980
hasta 1998. Concluye que mientras la pobreza urbana aumenta con la
recesión económica, la extensión de la pobreza y la duración del tiempo
para lograr su reducción se hace más profunda que lo que pueden sugerir
las microvariables. Esto implica un contraste entre la acción de la
macroeconomía y sus consecuencias urbanas. Además, esta relación puede
ser cuantificada. Es aparente que trabajan los “multiplicadores
negativos”. Dicho de otro modo, las pautas de causación acumulativa
operan de un modo que no puede ser fácilmente modificado por políticas
individuales o fuerzas de mercado.
Esas pautas han sido estudiadas de un modo más implícito por George
Galster en su trabajo de econometría sobre cien ciudades de Norteamérica
donde ha observado que los cambios en el ratio de las hipotecas ha
tenido efectos en las cualidades físicas de los barrios, lo que ha
llevado a la construcción de escuelas y viviendas sociales, y como
resultado se ha incrementado el índice de criminalidad.
Este trabajo cuantitativo puede ser visto como una confirmación por
un especialista en econometría sobre las conclusiones cualitativas de la
cultura cívica de Aristóteles, de las de Jane Jacobs en cuanto a
conexión entre lugar y urbano, las descripciones de Calvino sobre el
significado de lo urbano, o el amplio punto de vista de Kevin Lynch
sobre el significado de las dimensiones físicas y espaciales en las
ciudades.
Esta confirmación puede no ser necesitada por mucha gente que
intuitivamente entiende la interconectividad de causa y efecto en la
ciudad. Es quizá importante para esos reduccionistas intransigentes
economistas que han rechazado entender porque la ciudad se ha
convertido, con el paso del tiempo, en el lugar de la economía.
Productividad y movilidad social. Esto también funciona poderosamente
demostrando que las fuentes de diferenciación son múltiples y no pueden
ser fácilmente trazadas en términos de políticas o programas de
intervención. Esto iría en paralelo a los estudios acerca de los niños
urbanos en riesgo, tal como son descritos en el trabajo de Lisbeth Schor
en Harvard quien abogó por la necesidad de intervenciones múltiples.
Sin embargo, el argumento va más allá. Esos efectos acumulativos operan
en al menos dos direcciones. Por un lado pueden ser vistos como
definidos límites de comportamiento, creando “trampas de pobreza” o
“ciclos intergeneracionales”. Pero ellos también crean espacio para la
creatividad, como el ascenso de nuevos cantantes de rap multimillonarios
procedentes de un ghetto urbano o los recicladores de basura de
Zabbeleen en el Cairo, para citar muy distintos modos de supervivencia
económica y canales potenciales de movilidad económica y social que han
nacido en las ciudades.
Esos efectos acumulativos pueden ser vistos asimismo como la
confirmación del dicho medieval “el aire de la ciudad hace a los hombres
libres”. Este es el caso de Amartya Sen, quien ha escrito recientemente
sobre el "desarrollo como libertad”, la amplitud de elecciones posibles
y la agencia humana. En esta vista, el "locus" del desarrollo esta
ligado indefectiblemente al espacio urbano, cuyas dimensiones son
políticas, económicas, sociales y territoriales. Y debo añadir,
¡culturales!
El proceso de causación acumulativa es en sí mismo diferenciador,
creando e incluso incrementando nuevas formas de interacción política,
económica, social y especial. Si este proceso es liberador, en el
sentido que lo explica Sen que refleja la gran agencia humana como una
elección, puede también reconocerse que esas diferencias pueden ser
barreras de la libertad.
Las pautas de exclusión social y económica resultan de las
diferencias. Por ejemplo, el loable proceso de inversión en el interior
de las ciudades puede traer como resultado el envejecimiento de la
población y la exclusión de áreas previamente habitadas por diversos
grupos que coexistían. La búsqueda de espacios verdes “para los niños”
conduce a la suburbanización, marcadas diferencias en gasto para
educación por capita, y no menos seriamente, pero sí de un modo curioso,
a un nuevo estatus para las mujeres. Esas consecuencias se convierten
rápidamente en altamente diferenciadoras en ciudades y regiones que
pueden alcanzar 50 millas en diámetro, como Chicago o Sao Paulo.
Dimensiones públicas y privadas
Otro factor diferenciador es también el paso de funciones previamente
públicas a instituciones privadas. Si la construcción del “interés
público”, espacio público y responsabilidad pública, ha alcanzado a
varias generaciones, su muerte ha sido escandalosamente rápida. La pura
definición de gobierno, con implicaciones en el significado de
legitimidad, derechos, obligaciones y ciudadanía, ha cambiado en una
década.
Previamente, los servicios públicos como el suministro de agua,
transporte, recogida de basuras e incluso prisiones o provisión de
carnets de identidad o de permisos de conducir, han sido privatizados en
complicadas pautas donde las distinciones se hallan entre dirección y
propiedad, bienes e ingresos, y operaciones y regulaciones. Fallos en
esos sistemas, como, por ejemplo, los cortes de electricidad en Buenos
Aires a principios de 1999, demuestran la confusión pública y oficial
sobre esas distinciones legales y lo que significan realmente en
términos de responsabilidad.
Cuando se impone la “fábrica urbana”, lo que era previamente público se
convierte en privado con, por ejemplo, la creación de 300 comunidades
privadas y cerradas en el área metropolitana de Buenos Aires a lo largo
de la generación pasada, islas privadas en el ya complicado universo de
diferencias sociales y económicas, instituciones locales y
comportamientos individuales.
Para los que viven en las zonas más degradadas que rodean esas
comunidades cerradas, las puertas de esas comunidades quedan bloqueadas
para impedir el acceso a esas privadas zonas de privilegio. Cobrar por
la admisión es otra transformación de lo público a lo privado. La
creciente gestión privada y el control sobre nichos de comportamiento
es, obviamente, otro factor diferencial a añadir en el paisaje urbano.
Otra dimensión conceptual que es critica para el entendimiento de la
gestión y la mediación en las diferencias urbanas es el tiempo o la
historia, que pueden ser capturados por un economista en la distinción
entre "stock" y "flujo". Stock significa en este contexto el corpus
acumulado del comportamiento pasado, sea capital físico en forma de
edificios, capital humano en forma de inversión en educación o salud de
la población, o capital social en forma de capacidad institucional y de
comportamiento disponible para ser aplicada a las nuevas circunstancias.
"Flujo" se entiende como el cambio periódico, positivo o negativo.
La relación entre la gran cantidad de infraestructura "stock" en
ciudades y el mucho más pequeño "flujo" o adiciones a esta
infraestructura implica la necesidad de un conocimiento mucho más
profundo de las características del stock, es decir, la condición de las
calles urbanas- antes de centrarnos en crear un nuevo “flujo” para
captar las necesidades percibidas por muchos. Esto no es sólo un asunto
de economía, sino también de responsabilidad sobre el medio ambiente.
Sin embargo, mejorar el uso de stock es cada vez más complicado porque,
como he sugerido anteriormente, las instituciones “responsables” del
stock están cambiando con nuevas formas de legitimación y nuevos roles.
La discontinuidad institucional entre la gestión del “stock” y la
identificación de necesidades para nueva inversión y movilización de
recursos para el “flujo” anticipado crea un amplio conjunto de
diferencias en la ciudad, arraigadas en el tiempo. Pasado y futuro no
son sólo distinciones temporales sino que vuelven rectificadas en nuevos
roles institucionales y responsabilidades. Los gestores de la
infraestructura privada son los gestores del futuro del pasado.
¿Necesidad de un caleidoscopio urbano?
Las dimensiones de la diversidad que he descrito son tanto simultaneas
como secuenciales. Las pautas de cada dimensión son complejas por si
mismas, en muchos casos finamente articuladas en capas, tiempo y
participantes, pero al mismo tiempo articuladas. Sugeriría que
necesitamos nuevas herramientas que nos ayuden a identificar esas
pautas. En algunos casos esas uniones son en secuencia, similar a las
vistas en un caleidoscopio. Un cambio de óptica cambia las pautas
visibles, y así la pauta de alguien emerge por encima de una previa. El
rojo, cuando se mezcla con el azul, se convierte en púrpura, que se
convierte en marrón cuando se le superpone el verde. Las espectaculares
nuevas formas de los diamantes surgen una de la anterior, sorprendiendo
incluso al más astuto observador de colores y formas.
La primera tarea de entendimiento es de percepción: ¿qué puede ser
visto? Si somos incapaces de ver estas diferencias, ¿cómo sabemos que
existen? ¿Cómo podemos ver nuevos modelos y redes de trabajo? ¿Van a ser
lentes diferentes capaces de percibir fenómenos diferentes? ¿Cuánto
puede ser visto a la vez? ¿Cuánto puede ser entendido a la vez?
Mientras, alguien puede contestar que nosotros ya tenemos sistemas de
información geográfica (GIS) y la capacidad de superponer modelos. Estoy
de acuerdo, pero en algún sentido es predecible, porque programamos los
datos y su presentación. Aún estamos tratando de lidiar con el problema
de como descubrir nuevas pautas.
Volviendo al caleidoscopio, ¿por más de sólo una experiencia artística y
alucinógena, se puede preguntar que lente debe usarse y en que secuencia
concreta para entender mejor lo que esta ocurriendo? ¿Hay alguna
relación entre lo descriptivo y lo analítico? ¿Hay alguna relación entre
un "mejor" entendimiento de la normativa y/o implicaciones operacionales
de ese entendimiento?
Como es el caso frecuentemente, los procesos que examinan la
diferenciación pueden volverse problemáticos porque, casi por
definición, no tienen límites. He intentado sugerir que nuestro modo de
entender la ciudad ha sido demasiado simplista e insuficiente al no
tener en cuenta las nuevas formas de diversidad que están naciendo en
las ciudades.
Comprendiendo la diversidad como relatividades
Déjenme concluir con una petición para prestar más atención a las
relatividades de la vida urbana. Las ciudades no son blanco y negro.
Tienen un maravilloso espectro de colores tan vibrante que pueden cegar
la realidad que nos rodea. La dicotomía de debates alrededor de la
globalización no ayudan a mejorar nuestro conocimiento de la ciudad. La
imagen del caleidoscopio intenta sugerir que existen muchos modelos de
experiencia urbana y que no tenemos razón al creer que hemos agotado el
proceso de descubrimiento. Debemos adoptar una postura de humildad y
curiosidad para proveer las bases que sustentan la responsabilidad y el
activismo social.
Sugeriría que la adopción de valores en nuestro trabajo también
influencia el resultado. Si tenemos la mente abierta y no buscamos la
política de la verdad absoluta sino más bien un mejor llevado
relativismo operacional, estaremos más preparados para ver lo que está
alrededor nuestro.
Necesitamos entender como algunos países, regiones y ciudades han
viajado sobre sus propios caminos. Barcelona es ciertamente un ejemplo,
pero también lo son Suiza, Uruguay, Nueva Zelanda, Curitiva, Minnesota,
el estado de Kerala en India, Botswana, Charleston, Carolina del Sur,
Israel, Singapur o Costa Rica. No sólo hay un tercer camino, sino que
hay muchos más. No debemos repetir el reduccionismo de la Guerra Fría y
ver primero la bipolaridad, con algo llamado el Tercer Mundo como lo
residual.
Sugeriría que la diversidad de las ciudades es su contribución a la
cultura global, y que al mismo tiempo su división interna puede también
ser su mayor desafío.
Los lugares que menciono existen en el margen o periferia del poder
nacional o global, son distintivos en sus diferencias y fieramente
protectores de su propia versión de lo que es el bienestar y la
identidad nacional o local. Cada uno ha sido gestionado a través de
distintos periodos históricos y políticos, procesos culturales y
sociales para desarrollar un conjunto de políticas de integración del
estado y la sociedad que les han permitido hacer frente a algunas de las
fuerzas de globalización de un modo satisfactorio.
Me acordé mucho de mi visita a un reciente estado en Uruguay. Un
periodista de El País, el diario líder en ese país, me preguntó en
diciembre de 1999 que cual era el país más rico y más preocupado por la
vulnerabilidad en la víspera del año nuevo. ¿Eran realmente necesarios
17.000 policías para enfrentar esas amenazas en Nueva York? En Uruguay,
ni había tal miedo ni necesidad para tal despliegue de fuerzas.
Esta observación dialéctica es intrigante porque de nuevo sugiere que
el pensamiento bipolar puede no ser suficiente para entender el fenómeno
actual. Además, esas oposiciones dialécticas y giros pueden limitar
nuestra complacencia y la creencia de que sabemos qué está ocurriendo.
Finalmente, déjenme recordarles el viejo proverbio Swahili del Este de
África: “Aquellos que han llegado tienen un largo camino por recorrer”.
Michael Cohen - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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