MIRANDO A TRAVÉS DE UN CALEIDOSCOPIO URBANO

Autor: Michael Cohen

OTROS CONCEPTOS DE ECONOMÍA

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05-2005

Texto

La celebración del nuevo milenio ha generado un creciente interés de atención pública en la globalización y ha provocado una inacabable corriente de observaciones acerca de la desaparición de la distancia, tiempo y espacio en un mundo de nuevas tecnologías. Sin embargo, a pesar de los rumores sobre conectividad y una creciente homogeneidad cultural, la mayoría del mundo sigue siendo igual que era antes de la llegada de la víspera del Año Nuevo: local, disperso, dividido, y para muchos, aislados y aislándose

Sin embargo, a pesar de los rumores sobre conectividad y una creciente homogeneidad cultural, la mayoría del mundo sigue siendo igual que era antes de la llegada de la víspera del Año Nuevo: local, disperso, dividido, y para muchos, aislados y aislándose.

 El aumento de gente que está “on-line” es todavía sólo una fracción de personas que viven sus vidas “dentro de las líneas”: de la familia, vecindario, comunidades, trabajos, organizaciones, culturas y economías. Estar al corriente de eventos, moda, música y tecnologías en lugares del mundo distantes no implica un cambio automático en los estilos de vida.

Voy a referirme a tres asuntos que creo que son muy importantes para nuestra consideración del impacto de los procesos globales en las ciudades: Primero, lo que yo llamaría el peligro del pensamiento fundamentalista. Segundo, la creciente importancia de percibir diferencias en la vida urbana. Y, tercero, la necesidad de una nueva herramienta y valores que ayuden a entender estas diferencias en la gestión de las ciudades.

Los nuevos fundamentalismos

Conforme he ido leyendo y observando el debate sobre globalización en los últimos años, me he ido molestando e incomodando más con el absolutismo y la dicotomía de pensamiento y la representación que se ha aplicado para entender el mundo al empezar un nuevo siglo.

El uso de la palabra globalización por parte de los medios de comunicación implica la presencia de fuerzas similares (productos, experiencias y opresiones) en todas partes del mundo. Es más, esas descripciones ocultan las diferencias entre historias, culturas, lugares, así como las expectativas sociales y personales. Esos que creen que han “ganado” en la batalla de la globalización, como si se tratara del juego Monopoly, son triunfadores, como Thomas Friedman, el editor extranjero del The New York Times celebrando la difusión de la tecnología y de las nuevas fuentes de información. Otros, como aquellos que lo han demostrado en Seattle, creen que la aldea global se ha convertido en el sitio del pillaje global, la explotación e incluso una forma de imperialismo encabezado por Bill Gates, mucho más fuerte de lo que Lenin pudiese haber imaginado nunca.

Ha emergido un nuevo fundamentalismo a ambos lados de la división, desde las protestas del señor Bove contra la “McDominacion” en Francia hasta un conjunto de adjetivos para evocar globalizaciones, como “virtual”, “real”, “imagen”, “crecimiento”, “explotación”, “liberación”, “hegemónico”, “transformador”, etc. Tenemos una nueva inflación de adjetivos. Las palabras “débil”, “dudoso”, “triste”, “ambivalente”, o…”modesto” no se suelen usar en esos frecuentemente estridentes debates.

El carácter fundamentalista a las críticas de la globalización es notable, ya que muchas de las voces reflejan asuntos clave en la identidad local y nacional. ¿Quiénes, aparte de los franceses, pueden hablar de “soberanía culinaria” en lugar de “desposesión culinaria”, como si nadie pudiera realmente imaginar la disponibilidad de la comida rápida de los McDonald’s como amenaza a la “libertè” francesa, escogiendo cualquier otra selección deliciosa en un bistró de Aix-en-Provence?

Incluso el alcalde de una ciudad que produce queso Roquefort ha impuesto una tasa del 100% en las Coca-Colas vendidas en su ciudad, diciendo que "el Roquefort es único, un símbolo de nuestra batalla contra la globalización del gusto". Un tema fuerte, casi tan fuerte como el Roquefort.

Pero, en realidad, el mundo no tiene tantas dicotomías. Nuevos modos de comunicación y más información nos permite ver que, si mucha gente visita los arcos dorados, traen consigo unas profundas diferencias en historias y concepciones del mundo. Si algunos franceses miran estos arcos como símbolo de una “opresión culinaria”, muchos otros no ven ningún problema al consumir lo que es un producto global fácilmente disponible. Hay muchas opciones en medio, incluyendo la de aquellos que beben un vaso de vino tinto con sus hamburguesas.

Las diferencias están creciendo. Incluso si no podemos imaginar todas las diferencias emergentes, debemos mantener los ojos abiertos para asegurarnos que nuestra percepción no está cegada por un lenguaje reduccionista y por los conceptos. El numero de teléfonos móviles puede crecer aun más que la gente en algunos países, pero este comportamiento no es ubicuo. Por ejemplo, hay más teléfonos móviles en la ciudad de Nueva York que en los 45 países de Africa. Las diferencias son grandes y van en aumento.

Incluso el gran resultado de la globalización puede motivar una apreciación más detallada de esas diferencias. Los límites del debate local/global son más evidentes en lugares que no aparecen “ni en el mapa”, lejos de los llamados centros de poder, como Nueva York, Londres o Tokio.

El orgullo de los neozelandeses, “Kiwis” como se llaman a sí mismos, es el bello paisaje natural que muestra a su país como escrupulosamente preocupado y cuidadoso con sus alrededores. Similar también es la modesta satisfacción de la gente en Uruguay que, en una región de gran desigualdad, su país tiene lo mínimo. Ambos pueblos parecen estar muy lejos, pero ¿de qué? No de sí mismos. En contraste con la auto-importancia y la velocidad frenética de los conocidos “centros”, ambos pueblos disfrutan de una calidad de vida basada en diferentes valores que los supuestamente denominados “pensamiento global”.

Así, mi primer mensaje es una llamada de urgencia para que todos nosotros pensemos más detenidamente acerca de esas diferencias que están surgiendo en el llamado mundo conectado. No deberíamos hacer investigaciones ni preguntas punzantes usando categorías de análisis reduccionistas. Puede que necesitemos un nuevo lenguaje y formas de representación, incluyendo imágenes visuales, para facilitarnos la apreciación de las diferencias.

Debo añadir que en mis años en el Banco Mundial se usaba un numero mucho más pequeño de adjetivos para describir un mundo cada vez más diverso y complicado. Así que debemos mantener nuestros ojos abiertos a los cambios reales que se producen a nuestro alrededor. Y quiero aplicar esta visión al desafío de entender las ciudades.

Comprender las diferencias

Me gustaría provocar con la observación de que yo creo que la definición característica de las ciudades y pueblos al inicio de este nuevo siglo es el aumento de su diversidad interna. Las crecientes diferencias entre la gente, los modos de asentamiento, las economías locales, culturas e instituciones han hecho de la gestión y la mediación de la diversidad el primer desafío de los gobiernos municipales.

Esta diferencia es evidente en ciudades aparentemente tan diversas como Abidjan, Buenos Aires, Chicago, o Delhi. Esta situación continúa, muchas veces, en cada lugar demostrando nuevas maneras de vivir, construir, aprender, ganar dinero, consumir, asociándose con vecinos o clientes y resolviendo conflictos en la ciudad. Lo que era raro la semana pasada se convierte en moda la siguiente.

Este proceso se ha reflejado en otras formas nuevas de civismo, en nuevos modos de participación, representación y ciudadanía, y la autoridad y legitimación de las instituciones. Las viejas definiciones de política, economía, sociedad y territorio pueden ser entendidas de un modo diferente a como se entendían anteriormente. Los limites y componentes deben ser examinados para ver como se ajustan las realidades locales a los entendimientos previos. Este proceso de "deconstrucción" es un prerrequisito necesario para construir lo que puede ser llamado “una nueva o más dinámica arquitectura conceptual " para el entendimiento de la "escala urbana".

Viejos conceptos en una ciudad cambiante

Para extender este desafío conceptual en el mundo real, voy a emplear algunos ejemplos de Buenos Aires para sugerir nuevos tipos de complejidad, que no encajan con los conceptos usados para analizar esos procesos.

Política: Muchas viviendas situadas en la periferia de Buenos Aires, una ciudad de al menos 12 millones de habitantes, pagan el agua y la electricidad a proveedores privados. Ellos son clientes y ciudadanos económicos, aunque muchos no tengan voz política y derechos. Hay una considerable falta de ciudadanía política en una ciudad donde el gobierno municipal no tiene ni la autoridad ni la capacidad de afectar materialmente sus vidas. Incluso si son requeridos legalmente para votar, el ejercicio del voto no tiene relación con sus necesidades más básicas. Ellos tienen una ciudadanía económica sin derechos políticos. ¿Qué significa esto para la definición de política y participación?

Economía: El puerto de Buenos Aires recibe un millón de contenedores al año, más de 100 por hora, cada día. La presencia física de esta cantidad de bienes, tráfico y transporte es un constante recordatorio en las tiendas y las calles de la ciudad que la economía local esta muy ligada a la economía externa. Los limites entre comercio local y global son cada vez menos claros. La gente esta cómoda usando el peso y el dólar, de un modo indiferente, incluso hasta el punto de que la moneda nacional está fijada al dólar.

De este modo, propuestas por la dolarización de la economía trae consigo inmediatamente el cuestionarse entre personas de todos los niveles de ingresos acerca de la soberanía y la identidad local. Mientras que la porosidad actual de la economía local no es más un asunto de debate, la discusión ha variado desde un inicio teórico y aserciones de autarquía a un debate sobre la fuerza y la calidad de esos enlaces. El objetivo de este debate es, por supuesto, la ciudad donde la mayor parte de los bienes importados y los servicios son consumidos y donde se ve más claramente el impacto en la economía global. ¿Cuál es la economía local bajo esas circunstancias?

Sociedad: Buenos Aires se ha convertido también en una ciudad dividida por la competencia tecnológica. Mientras que un legado de las leyes peronistas era la alta y relativamente igual inversión en educación pública en los niveles primario y secundario, se ha desarrollado una forma de apartheid educacional donde, en la ciudad central, hay un 58% de niños que no acabaron la escuela secundaria en 1991 y este numero alcanzo el 70% en los municipios adyacentes. Hacia 1998, el uso de ordenadores en Argentina alcanzó el de Brasil, donde el uso de ordenadores esta creciendo exponencialmente. Van a aparecer grandes diferencias entre aquellos que pueden estar on-line y aquellos que no.

La población de Buenos Aires, una ciudad con uno de los niveles más altos del mundo en conexión a la televisión por cable, por encima del 66%, se diferencia a sí misma en términos de sus habilidades educacionales y su competencia tecnológica, reflejada en grandes diferencias de nivel entre los que han recibido una formación académica y los que no.

Territorio: Si el territorio del área metropolitana de Buenos Aires se divide en 30 jurisdicciones, provincias, gobiernos ciudadanos y municipios adyacentes, se entiende que el uso de territorio sea a la vez integrado y separado. Integrado porque millones de personas buscan satisfacer sus necesidades económicas y sociales y cruzan jurisdicciones cada día como si no existieran, de hecho. Y separados, ya que esos movimientos no cambian las pautas básicas de exclusión económica y social. Se dan diferencias profundas en cuanto a ingresos y riqueza, educación, infraestructura social y física. Incluso el color de la piel ha hecho del área metropolitana de Buenos una de las áreas urbanas más desiguales del mundo. Como Jordi Borja ha sugerido, en Buenos Aires, el significado del territorio no puede ser tomado como se da. Es un proyecto.

Elementos de una nueva arquitectura conceptual

Sugeriría que necesitamos revisar una serie de conceptos para entender mejor las diferencias urbanas así como los gobiernos urbanos.

Hay poco debate en cuanto a que los centros de escala urbanos han crecido tremendamente, en población y en espacio. El crecimiento de nuevas regiones urbanas en el este de Asia es un ejemplo, con la experiencia de China como más llamativo. El cambio de tamaño y expansión de estos nuevos asentamientos ha demostrado que la gestión de algunas partes de esas áreas no pueden tenerse en cuenta sin la referencia de la escala del conjunto.

La preocupación con la escala metropolitana está presente desde hace más de cincuenta años, en parte reflejando la expansión económica del periodo de postguerra tras la II Guerra Mundial, ha centrado mucha atención en la expansión. Hay ejemplos más recientes de Asia o lo que se ha denominado “desmetropolización” en Brasil a inicios de los años 90, donde el crecimiento urbano se ha desplazado desde el núcleo urbano hasta los pasillos periféricos, demostrando el poder de las fuerzas regionales urbanas. Cada parte del mundo tiene muchos ejemplos de este proceso, con desarrollos institucionales particulares, como el creciente rol de los estados en los Estados Unidos, Brasil o Méjico en cuanto a políticas y gestión de las áreas urbanas.

La escala urbana se ha incrementado, pero también ha disminuido. El proceso de descentralización del poder político y la administración urbana significa que unidades más pequeñas han adquirido una responsabilidad creciente en el marco institucional general. Este proceso se ha hecho rápida y extensamente a lo largo de las dos ultimas décadas y representa una creciente democratización en muchos lugares del mundo. El ejemplo más impactante es la reciente elección de tres millones de consejeros locales en los nuevos gobiernos locales de la India, siguiendo la adopción de un ajuste constitucional.

La creciente legitimidad de las unidades pequeñas no implica, sin embargo, una creciente capacidad efectiva de solucionar los problemas, pero reconoce el principio de subsidiariedad. Esto refleja la voz creciente de las asociaciones de vecinos y la participación política en decisiones que afectan a las áreas residenciales. La contradicción a esta escala radica en el reconocimiento de una autonomía local para dirigir problemas locales, así como una creciente concienciación de las asociaciones de vecinos para supervisar y responder a “situaciones externas” desde la fábrica urbana.

Es necesaria una legitimidad descentralizada de las asociaciones de vecinos, pero no es una condición suficiente para asegurar el gobierno efectivo desde una perspectiva a escala más local.

El tema de una escala más pequeña no es, sin embargo, simplemente un asunto de gobernación. También esta relacionado con el carácter físico de lo urbano. John Frieciman nos recuerda "la ciudad de los pequeños lugares", lugares de significado e identidad que permiten el sostener ciertas conductas-placer, que no existen en los mayores movimientos de tráfico urbano y comercio. Estos lugares físicos son críticos a la hora de definir como se usan los espacios urbanos. Desde el camino hacia la escuela, hasta el camino hacia el trabajo, pasando por los parques, cementerios y otros lugares especiales, los mapas mentales de las ciudades son determinantes en cuanto a definir pautas de significado y orientación para la interacción social y los ciudadanos.

La importancia de los “lugares pequeños” se basa también en un comportamiento económico, con el incremento de servicios y nuevas maneras de interacción entre proveedores y consumidores. Las grandes superficies comerciales pueden competir con esas interacciones más íntimas aunque los nuevos modos de producción y servicios no excluyan la interacción cara a cara que, después de todo, ocurre en lugares reales y no simplemente a través del comercio electrónico. Además, en muchas ciudades, la llegada de los supermercados Walmart y el comercio global ha provocado una fuerte reacción para proteger “lo pequeño” frente a los gigantes globales. 57 Pizza Huts se cerraron en Buenos Aires tras 6 meses de negocio fallido, pues los argentinos votaron por las numerosas pizzerías tradicionales en detrimento del marketing y el gusto de la “pizza global”.

La presencia contemporánea de la escala creciente y decreciente añade, por lo tanto, otra dimensión para ser gobernada: su complejidad. El creciente número de “legitimidades” como se refleja en un buen numero de niveles e instituciones significa que el numero de intereses y perspectivas aumenta considerablemente. No hay duda de que hay una enorme diferencia entre gobernar ciudades de 30, 130, o 230 vecindarios, cada uno de los cuales tiene su propia perspectiva e identidad institucional. La escala por sí misma también genera complejidad, también porque la coexistencia simultánea de unidades diferentes aunque independientes, con distintos grados de poder político e institucional, es en sí mismo un complicado desafío a la gestión. Las implicaciones de la escala deben ser reconsideradas como una dimensión del gobierno: más grande, más pequeño y más complejo.

La gestión de las externalizaciones

Una de las más importantes consecuencias de los cambios en escala y complejidad es el creciente numero de externalizaciones: consecuencias de interacciones que van más allá de los participantes inmediatos. Mientras que la creciente polución causada por un numero creciente de automóviles puede ser fácilmente entendible como una consecuencia negativa que afecta a cada uno en una área urbana, cada una de esas externalizaciones puede ser trazada en un conjunto mayor de efectos secundarios y terciarios. Las externalizaciones son simplemente efectos de primer orden, sino más bien imputs hacia caminos de causación acumulativa que afecta a todo tipo de interacciones sociales, económicas y físicas.

Si las externalizaciones individuales son complicadas y posiblemente difíciles de alcanzar, deben ser colocadas en un marco de dinámica y frecuentemente no entendible interacción dentro de la ciudad. El caso de la riada en Buenos Aires es un ejemplo excelente: entre 1928 y 1985, Buenos Aires experimentó una riada cada 7 años y desde 1985, la ciudad tiene siete riadas al año. Esto no puede catalogarse como un “desastre natural”, sino que es producto de la interacción de pautas de asentamiento, reducida capacidad de absorción de las lluvias, fallo de la infraestructura de drenaje, e incluso colisiones entre residentes afectados que no desean tener conocimiento de las riadas en sus vecindarios para así evitar una reducción del valor del suelo. La “psicología de las riadas” ilustra la complejidad de interacción entre los llamados fenómenos y reacciones humanas.

Mientras las externalizaciones, tanto positivas como negativas, requieren excesivas discusiones, deben ser conocidos como factores diferenciales centrales en el gobierno de las ciudades cambiando la escala y la complejidad .

Causación acumulativa

Como he sugerido antes, un aspecto fundamental para entender el gobierno urbano debe ser también la apreciación de pautas de causación acumulativa. Este concepto no ha sido aun explícitamente aplicado con mucha frecuencia a los fenómenos urbanos. Siempre ha habido un reconocimiento implícito o incluso un mapa mental de interacciones urbanas que asume los resultados, más que de una simple variable independiente.

Dos recientes piezas de investigación ilustran la importancia de usar explícitamente ese concepto. Samuel Morley de la UN Comisión Económica para Latinoamérica ha estudiado el impacto del crecimiento de la macroeconomía en la pobreza urbana en países latinoamericanos desde 1980 hasta 1998. Concluye que mientras la pobreza urbana aumenta con la recesión económica, la extensión de la pobreza y la duración del tiempo para lograr su reducción se hace más profunda que lo que pueden sugerir las microvariables. Esto implica un contraste entre la acción de la macroeconomía y sus consecuencias urbanas. Además, esta relación puede ser cuantificada. Es aparente que trabajan los “multiplicadores negativos”. Dicho de otro modo, las pautas de causación acumulativa operan de un modo que no puede ser fácilmente modificado por políticas individuales o fuerzas de mercado.

Esas pautas han sido estudiadas de un modo más implícito por George Galster en su trabajo de econometría sobre cien ciudades de Norteamérica donde ha observado que los cambios en el ratio de las hipotecas ha tenido efectos en las cualidades físicas de los barrios, lo que ha llevado a la construcción de escuelas y viviendas sociales, y como resultado se ha incrementado el índice de criminalidad.

Este trabajo cuantitativo puede ser visto como una confirmación por un especialista en econometría sobre las conclusiones cualitativas de la cultura cívica de Aristóteles, de las de Jane Jacobs en cuanto a conexión entre lugar y urbano, las descripciones de Calvino sobre el significado de lo urbano, o el amplio punto de vista de Kevin Lynch sobre el significado de las dimensiones físicas y espaciales en las ciudades.

Esta confirmación puede no ser necesitada por mucha gente que intuitivamente entiende la interconectividad de causa y efecto en la ciudad. Es quizá importante para esos reduccionistas intransigentes economistas que han rechazado entender porque la ciudad se ha convertido, con el paso del tiempo, en el lugar de la economía.

Productividad y movilidad social. Esto también funciona poderosamente demostrando que las fuentes de diferenciación son múltiples y no pueden ser fácilmente trazadas en términos de políticas o programas de intervención. Esto iría en paralelo a los estudios acerca de los niños urbanos en riesgo, tal como son descritos en el trabajo de Lisbeth Schor en Harvard quien abogó por la necesidad de intervenciones múltiples.
Sin embargo, el argumento va más allá. Esos efectos acumulativos operan en al menos dos direcciones. Por un lado pueden ser vistos como definidos límites de comportamiento, creando “trampas de pobreza” o “ciclos intergeneracionales”. Pero ellos también crean espacio para la creatividad, como el ascenso de nuevos cantantes de rap multimillonarios procedentes de un ghetto urbano o los recicladores de basura de Zabbeleen en el Cairo, para citar muy distintos modos de supervivencia económica y canales potenciales de movilidad económica y social que han nacido en las ciudades.

Esos efectos acumulativos pueden ser vistos asimismo como la confirmación del dicho medieval “el aire de la ciudad hace a los hombres libres”. Este es el caso de Amartya Sen, quien ha escrito recientemente sobre el "desarrollo como libertad”, la amplitud de elecciones posibles y la agencia humana. En esta vista, el "locus" del desarrollo esta ligado indefectiblemente al espacio urbano, cuyas dimensiones son políticas, económicas, sociales y territoriales. Y debo añadir, ¡culturales!

El proceso de causación acumulativa es en sí mismo diferenciador, creando e incluso incrementando nuevas formas de interacción política, económica, social y especial. Si este proceso es liberador, en el sentido que lo explica Sen que refleja la gran agencia humana como una elección, puede también reconocerse que esas diferencias pueden ser barreras de la libertad.

Las pautas de exclusión social y económica resultan de las diferencias. Por ejemplo, el loable proceso de inversión en el interior de las ciudades puede traer como resultado el envejecimiento de la población y la exclusión de áreas previamente habitadas por diversos grupos que coexistían. La búsqueda de espacios verdes “para los niños” conduce a la suburbanización, marcadas diferencias en gasto para educación por capita, y no menos seriamente, pero sí de un modo curioso, a un nuevo estatus para las mujeres. Esas consecuencias se convierten rápidamente en altamente diferenciadoras en ciudades y regiones que pueden alcanzar 50 millas en diámetro, como Chicago o Sao Paulo.

Dimensiones públicas y privadas

Otro factor diferenciador es también el paso de funciones previamente públicas a instituciones privadas. Si la construcción del “interés público”, espacio público y responsabilidad pública, ha alcanzado a varias generaciones, su muerte ha sido escandalosamente rápida. La pura definición de gobierno, con implicaciones en el significado de legitimidad, derechos, obligaciones y ciudadanía, ha cambiado en una década.

Previamente, los servicios públicos como el suministro de agua, transporte, recogida de basuras e incluso prisiones o provisión de carnets de identidad o de permisos de conducir, han sido privatizados en complicadas pautas donde las distinciones se hallan entre dirección y propiedad, bienes e ingresos, y operaciones y regulaciones. Fallos en esos sistemas, como, por ejemplo, los cortes de electricidad en Buenos Aires a principios de 1999, demuestran la confusión pública y oficial sobre esas distinciones legales y lo que significan realmente en términos de responsabilidad.

Cuando se impone la “fábrica urbana”, lo que era previamente público se convierte en privado con, por ejemplo, la creación de 300 comunidades privadas y cerradas en el área metropolitana de Buenos Aires a lo largo de la generación pasada, islas privadas en el ya complicado universo de diferencias sociales y económicas, instituciones locales y comportamientos individuales.

Para los que viven en las zonas más degradadas que rodean esas comunidades cerradas, las puertas de esas comunidades quedan bloqueadas para impedir el acceso a esas privadas zonas de privilegio. Cobrar por la admisión es otra transformación de lo público a lo privado. La creciente gestión privada y el control sobre nichos de comportamiento es, obviamente, otro factor diferencial a añadir en el paisaje urbano.

Otra dimensión conceptual que es critica para el entendimiento de la gestión y la mediación en las diferencias urbanas es el tiempo o la historia, que pueden ser capturados por un economista en la distinción entre "stock" y "flujo". Stock significa en este contexto el corpus acumulado del comportamiento pasado, sea capital físico en forma de edificios, capital humano en forma de inversión en educación o salud de la población, o capital social en forma de capacidad institucional y de comportamiento disponible para ser aplicada a las nuevas circunstancias. "Flujo" se entiende como el cambio periódico, positivo o negativo.

La relación entre la gran cantidad de infraestructura "stock" en ciudades y el mucho más pequeño "flujo" o adiciones a esta infraestructura implica la necesidad de un conocimiento mucho más profundo de las características del stock, es decir, la condición de las calles urbanas- antes de centrarnos en crear un nuevo “flujo” para captar las necesidades percibidas por muchos. Esto no es sólo un asunto de economía, sino también de responsabilidad sobre el medio ambiente.

Sin embargo, mejorar el uso de stock es cada vez más complicado porque, como he sugerido anteriormente, las instituciones “responsables” del stock están cambiando con nuevas formas de legitimación y nuevos roles.

La discontinuidad institucional entre la gestión del “stock” y la identificación de necesidades para nueva inversión y movilización de recursos para el “flujo” anticipado crea un amplio conjunto de diferencias en la ciudad, arraigadas en el tiempo. Pasado y futuro no son sólo distinciones temporales sino que vuelven rectificadas en nuevos roles institucionales y responsabilidades. Los gestores de la infraestructura privada son los gestores del futuro del pasado.

¿Necesidad de un caleidoscopio urbano?

Las dimensiones de la diversidad que he descrito son tanto simultaneas como secuenciales. Las pautas de cada dimensión son complejas por si mismas, en muchos casos finamente articuladas en capas, tiempo y participantes, pero al mismo tiempo articuladas. Sugeriría que necesitamos nuevas herramientas que nos ayuden a identificar esas pautas. En algunos casos esas uniones son en secuencia, similar a las vistas en un caleidoscopio. Un cambio de óptica cambia las pautas visibles, y así la pauta de alguien emerge por encima de una previa. El rojo, cuando se mezcla con el azul, se convierte en púrpura, que se convierte en marrón cuando se le superpone el verde. Las espectaculares nuevas formas de los diamantes surgen una de la anterior, sorprendiendo incluso al más astuto observador de colores y formas.

La primera tarea de entendimiento es de percepción: ¿qué puede ser visto? Si somos incapaces de ver estas diferencias, ¿cómo sabemos que existen? ¿Cómo podemos ver nuevos modelos y redes de trabajo? ¿Van a ser lentes diferentes capaces de percibir fenómenos diferentes? ¿Cuánto puede ser visto a la vez? ¿Cuánto puede ser entendido a la vez?

Mientras, alguien puede contestar que nosotros ya tenemos sistemas de información geográfica (GIS) y la capacidad de superponer modelos. Estoy de acuerdo, pero en algún sentido es predecible, porque programamos los datos y su presentación. Aún estamos tratando de lidiar con el problema de como descubrir nuevas pautas.

Volviendo al caleidoscopio, ¿por más de sólo una experiencia artística y alucinógena, se puede preguntar que lente debe usarse y en que secuencia concreta para entender mejor lo que esta ocurriendo? ¿Hay alguna relación entre lo descriptivo y lo analítico? ¿Hay alguna relación entre un "mejor" entendimiento de la normativa y/o implicaciones operacionales de ese entendimiento?

Como es el caso frecuentemente, los procesos que examinan la diferenciación pueden volverse problemáticos porque, casi por definición, no tienen límites. He intentado sugerir que nuestro modo de entender la ciudad ha sido demasiado simplista e insuficiente al no tener en cuenta las nuevas formas de diversidad que están naciendo en las ciudades.
 
Comprendiendo la diversidad como relatividades

Déjenme concluir con una petición para prestar más atención a las relatividades de la vida urbana. Las ciudades no son blanco y negro. Tienen un maravilloso espectro de colores tan vibrante que pueden cegar la realidad que nos rodea. La dicotomía de debates alrededor de la globalización no ayudan a mejorar nuestro conocimiento de la ciudad. La imagen del caleidoscopio intenta sugerir que existen muchos modelos de experiencia urbana y que no tenemos razón al creer que hemos agotado el proceso de descubrimiento. Debemos adoptar una postura de humildad y curiosidad para proveer las bases que sustentan la responsabilidad y el activismo social.

Sugeriría que la adopción de valores en nuestro trabajo también influencia el resultado. Si tenemos la mente abierta y no buscamos la política de la verdad absoluta sino más bien un mejor llevado relativismo operacional, estaremos más preparados para ver lo que está alrededor nuestro.

Necesitamos entender como algunos países, regiones y ciudades han viajado sobre sus propios caminos. Barcelona es ciertamente un ejemplo, pero también lo son Suiza, Uruguay, Nueva Zelanda, Curitiva, Minnesota, el estado de Kerala en India, Botswana, Charleston, Carolina del Sur, Israel, Singapur o Costa Rica. No sólo hay un tercer camino, sino que hay muchos más. No debemos repetir el reduccionismo de la Guerra Fría y ver primero la bipolaridad, con algo llamado el Tercer Mundo como lo residual.

Sugeriría que la diversidad de las ciudades es su contribución a la cultura global, y que al mismo tiempo su división interna puede también ser su mayor desafío.

Los lugares que menciono existen en el margen o periferia del poder nacional o global, son distintivos en sus diferencias y fieramente protectores de su propia versión de lo que es el bienestar y la identidad nacional o local. Cada uno ha sido gestionado a través de distintos periodos históricos y políticos, procesos culturales y sociales para desarrollar un conjunto de políticas de integración del estado y la sociedad que les han permitido hacer frente a algunas de las fuerzas de globalización de un modo satisfactorio.

Me acordé mucho de mi visita a un reciente estado en Uruguay. Un periodista de El País, el diario líder en ese país, me preguntó en diciembre de 1999 que cual era el país más rico y más preocupado por la vulnerabilidad en la víspera del año nuevo. ¿Eran realmente necesarios 17.000 policías para enfrentar esas amenazas en Nueva York? En Uruguay, ni había tal miedo ni necesidad para tal despliegue de fuerzas.

Esta observación dialéctica es intrigante porque de nuevo sugiere que el pensamiento bipolar puede no ser suficiente para entender el fenómeno actual. Además, esas oposiciones dialécticas y giros pueden limitar nuestra complacencia y la creencia de que sabemos qué está ocurriendo.
Finalmente, déjenme recordarles el viejo proverbio Swahili del Este de África: “Aquellos que han llegado tienen un largo camino por recorrer”.
 

Michael Cohen  - http://www.lafactoriaweb.com

Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*

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