Suscríbete GRATIS al boletín y recibe:
10 ebooks con las lecciones empresariales más representativas de Jack Welch, Kenichi Ohmae, Michael Newman y otros exitosos líderes de primer nivel en el mundo de los negocios...
Al pulsar aceptas los términos de uso y la política de privacidad
O mediante uno de los siguientes servicios:
En los últimos diez años, hemos asistido a un cambio radical en el
fenómeno migratorio. España, que aún tiene un millón y medio de
emigrantes viviendo en el extranjero, se ha convertido en un país
atractivo para la inmigración. Aunque el porcentaje de residentes en
España nacidos en el extranjero está alejado del de los países más
desarrollados, su tasa de crecimiento es considerable. En el año 2002,
España ha sido el segundo país receptor de inmigración de la Unión
Europea, al acoger a más de uno de cada cinco nuevos inmigrantes de la
Unión.
La llegada de inmigrantes provoca sentimientos contradictorios. Por un
lado, una parte de nuestra sociedad ve en la inmigración un factor que
puede contribuir al dinamismo económico y cultural y que, al mismo
tiempo, puede moderar nuestra caída demográfica. Pero, otra parte de la
sociedad percibe la inmigración con creciente inquietud, temor e,
incluso, cierto rechazo; en su opinión, estamos ante una imparable
llegada de extranjeros, que supera nuestra capacidad de acogida y pone
en peligro nuestro bienestar y personalidad colectiva.
1. Un reto y una oportunidad
En el Círculo de Economía creemos que la inmigración es un factor de
desarrollo económico y de progreso social. Nuestro bienestar sería ya
hoy inferior al alcanzado, y nuestras perspectivas de futuro más
confusas, sin la aportación de los inmigrantes. Ahora bien, la
inmigración es también un reto para la convivencia y la cohesión social;
lo es especialmente en aquellos países que, como el nuestro y la mayoría
de países europeos, han desarrollado programas de bienestar social que
se ven presionados por la extensión de su cobertura a la población
inmigrante. Por ello, sólo si se abordan de forma adecuada y con
recursos suficientes los problemas que genera la inmigración,
conseguiremos que se convierta en un fenómeno positivo para todos.
Esta Opinión del Círculo de Economía quiere ser una contribución a un
análisis racional del problema y un apoyo a las iniciativas y políticas
públicas necesarias para transformar ese reto en una oportunidad.
1.1. Fuerzas que impulsan la inmigración
La inmigración no es un fenómeno de carácter exponencial. Su crecimiento
viene impulsado por dos fuerzas de fondo: por un lado, la atracción que
se deriva de las oportunidades económicas y la caída demográfica en los
países receptores y, por otro, la expulsión a que conduce la falta de
expectativas en los países de origen.
La fuerza de la atracción es determinante. Si no hubiesen empresarios
con oportunidades de negocio dispuestos a contratar trabajadores
extranjeros, no vendrían inmigrantes. Una evidencia de este efecto es
que la llegada de trabajadores se intensifica en todos los países cuando
la economía crece, y se desacelera cuando la economía languidece.
La inmigración se ve favorecida también por necesidades demográficas.
Sin la aportación de la inmigración, la proyección del crecimiento de la
población española nos conduciría a una disminución de tres millones de
personas en los próximos veinticinco años, y ello tendría un efecto
dramático. Más allá de cuestionar el mantenimiento económico del Estado
del Bienestar, una población envejecida carece del dinamismo
indispensable para el progreso.
La fuerza de la expulsión también es importante. El mayor número de
inmigrantes proviene de países cuyo incipiente desarrollo se ha
estancado, o bien de países de rentas intermedias que sufren severas
crisis económicas o políticas.
1.2. Una apuesta por los países en desarrollo
Toda política de inmigración debe actuar en los países de origen. Las
sociedades avanzadas no podemos limitarnos a definir y ejecutar
políticas destinadas a aquellos inmigrantes que llegan a nuestros
países.
Debemos plantearnos de manera decidida cómo fomentar un rápido y
sostenido desarrollo de los países menos favorecidos. Debemos apostar a
favor de la consolidación democrática e institucional, la inversión
empresarial y la dotación de infraestructuras en esos países.
En este sentido, los europeos debemos adquirir un compromiso inequívoco
con el desarrollo de la cuenca sur del Mediterráneo, y a España le
corresponde liderar este compromiso. El “Proceso de Barcelona” -iniciado
en el año 1995- sentó las bases de la política mediterránea de la Unión
Europea. El objetivo debe ser doble: la prevista articulación de la Área
Euromediterránea de Libre Comercio (AELC) en el año 2010, y el apoyo
financiero para el ajuste estructural y la dotación de infraestructuras
en los países de la ribera sur del Mediterráneo.
En el Círculo de Economía creemos que estas iniciativas son importantes,
y deben ser abordadas con decisión, pero son insuficientes. El impulso
al desarrollo mediterráneo se verá reforzado si se materializa la
creación, tal y como apuntó el Consejo Europeo de Barcelona, de la
filial mediterránea del Banco Europeo de Inversiones (BEI), que podría
llamarse Banco Euromediterráneo de Desarrollo (BED), con mayores
recursos financieros y sede en una ciudad europea mediterránea -como
Barcelona- comprometida con el desarrollo del Mediterráneo.
En esa necesaria apuesta a favor del desarrollo global, hará falta una
visión a medio plazo para favorecer políticas comerciales y agrícolas
que abran mucho más los mercados europeos y norteamericanos a productos
provenientes de países en vías de desarrollo. Ello tendrá consecuencias
para las especializaciones productivas de países como España, que tienen
que plantearse seriamente qué modelo de crecimiento y especialización
productiva quieren desarrollar en las próximas décadas.
1.3. Hacia un nuevo modelo de especialización productiva para nuestro
país
Estamos en un momento de cambio profundo de nuestras estructuras
productivas. La ampliación de la Unión Europea al este, el proceso de
globalización, y nuestro propio progreso económico hacen que dejemos de
ser un país atractivo para aquellas producciones de menor valor añadido
que se basan en una mano de obra barata. Asimismo, tenemos que
planificar un futuro cercano en el que tampoco pueden tener cabida
aquellas actividades sustentadas, directa o indirectamente, por
subvenciones públicas, y aquéllas que dañan seriamente nuestro medio
ambiente. Debemos aspirar a consolidarnos como una economía basada en
sectores de mayor valor añadido que sitúen a la innovación en el eje
central del progreso económico y social.
La inmigración es determinante en nuestra nueva especialización y en
nuestra capacidad de innovar. Por una parte, aporta capacidad de trabajo
en actividades de menor valor añadido que se hallan muy desabastecidas
de trabajadores, y que ya no quieren desempeñar los residentes. La
especialización de una parte de los recién llegados en estas actividades
permite una superior dedicación de los trabajadores ya establecidos a
actividades de mayor valor añadido. Por otra, un buen número de
inmigrantes posee ya unos elevados conocimientos técnicos que les
permiten complementar la especialización de los profesionales
autóctonos.
Asimismo, dada nuestra escasa movilidad laboral interna, el impacto
positivo de la inmigración en España puede ser mayor que en otros
países.
Los inmigrantes se instalan donde son más necesarios y útiles
socialmente, y de esta manera aportan una parte de la flexibilidad que
requiere un país dinámico con una economía en plena transformación
productiva. Los países y las ciudades más dinámicas e innovadoras, tanto
económica como culturalmente, son territorios de inmigración.
2. Las dos vertientes de la politica inmigratoria
Una política coherente de inmigración debe estimar la necesidad de
inmigrantes, llegar a acuerdos con los países de origen, y fomentar la
ida y venida de los trabajadores y sus familias. Así, debe responder a
las necesidades y posibilidades del país receptor y, a la vez, procurar
ofrecer aquello que más desean los que vienen: un trabajo en la
legalidad.
Ahora bien, una política realista de inmigración no se agota en los que
vienen, es decir, en los aspectos relativos a la problemática que
plantea la regulación de los flujos migratorios. Deben plantearse,
además, todos los problemas que origina la presión de la inmigración
sobre el sistema de bienestar, especialmente en áreas como la sanidad,
la enseñanza, la vivienda, y la seguridad ciudadana. Estos problemas son
más intensos en países, como los europeos, en los que existen fuertes
programas de bienestar. Hay que evitar a toda costa que, en aquellas
localidades donde se concentra en mayor medida la presión inmigratoria,
se deteriore la calidad de vida y de los servicios públicos. Sólo
evitando estos efectos perversos será posible mantener una auténtica
cohesión social.
2.1. Políticas orientadas a los que vienen
Las políticas de inmigración exclusivamente preocupadas por el control y
entrada de extranjeros nunca podrán ser totalmente eficaces. Los
incentivos de los que quieren entrar siempre serán de mayor intensidad
que el celo de los encargados de evitar su entrada. Todos los países de
la OCDE han controlado la entrada de extranjeros de forma más o menos
selectiva; ahora bien, su eficacia ha demostrado ser limitada.
En el Círculo de Economía creemos que lo fundamental es articular una
política de gestión realista y eficaz del flujo de inmigrantes que
permita acceder al mercado de trabajo español a las personas que
necesitamos.
Esa política debe fundamentarse en estimar las necesidades de
inmigrantes y fijar una política realista de contingentes; fomentar la
ida y venida de los trabajadores y sus familias; evitar
intervencionismos excesivos; y dar una dimensión europea a la política
de inmigración.
Estimar las necesidades de inmigrantes y fijar una política realista de
contingentes: Durante los últimos diez años, el contingente anual de
trabajadores extranjeros autorizados a entrar en España ha sido de unas
30.000 personas, una cifra muy alejada de cualquier estimación realista
acerca de nuestras necesidades laborales.
Los procesos de regularización de los años 1991, 1996 y 2000-2001 han
sido los que han permitido ajustar el flujo de inmigrantes a las
necesidades reales de la economía española. En los procesos de los años
1991 y 1996 se regularizó a un número de personas equivalente a cuatro
veces el contingente anual. El último proceso ha regularizado a más de
240.000 personas entre los años 2000 y 2001, ocho veces el contingente
anual. En los últimos años, el contingente se sigue fijando en poco más
de 30.000 personas.
Una mayor adecuación a las necesidades reales, podría disminuir la
presión para entrar de forma irregular en España. En cualquier caso, una
vez fijado un contingente realista, el control de fronteras debe venir
acompañado de la voluntad política y de los medios necesarios para su
cumplimiento. No debe olvidarse que si bien la imagen del inmigrante
ilegal se asocia al que accede por patera, la mayoría accede a España a
través de nuestros principales aeropuertos.
Fomentar la ida y venida de los trabajadores extranjeros y sus familias.
Acuerdos internacionales: Los acuerdos internacionales aportan la
imprescindible colaboración de los países de origen, dan seguridad al
tránsito de personas, y permiten una mayor adaptación de los inmigrantes
a la sociedad de acogida. Además, los acuerdos pueden dar prioridad a
los inmigrantes con mayores vínculos con sus sociedades de origen y
pueden fomentar esos vínculos. Ello sin olvidar que la mejor forma de
luchar contra las mafias y la sangría de vidas humanas es ofrecer una
posibilidad de migración legal.
Muchos inmigrantes sólo desean emigrar de forma temporal, trabajar por
unos meses o años y volver a sus países de origen. Cuanto más complejo
es obtener un permiso temporal, más difícil es el flujo de retorno al
país de origen. El tránsito fronterizo irregular, por su coste y riesgo,
frena la temporalidad.
Los países receptores se benefician de la estancia temporal de
extranjeros, que aportan su trabajo y conocimientos en aquellas
actividades y períodos de mayor necesidad. Por su parte, los países
emisores también están interesados en fomentar las estancias temporales
de sus trabajadores, de cualquier cualificación, en el extranjero: los
emigrantes temporales de menor cualificación profesional son los que más
remesas envían a su familia; asimismo, las estancias temporales pueden
frenar la “fuga de cerebros”, dado que la regulación de permisos
temporales para profesionales ha mostrado que el potencial de retorno es
elevado y muy beneficioso para los países emisores.
Evitar intervencionismos excesivos: Los acuerdos de regulación de los
flujos con los países de emisión pueden facilitar desde origen el
proceso de adaptación de los inmigrantes a la sociedad de acogida a
través de la selección. Ahora bien, intervencionismos excesivos pueden
conducir a ineficacia o, incluso, a arbitrariedades administrativas. El
hecho de que hayan quedado vacantes más de diez mil ofertas de empleo en
el contingente del 2002 refleja la ineficacia de un proceso centralizado
de inmigración mediante contratación en origen.
Para paliar estas disfunciones es necesario dotar al sistema de
mecanismos más flexibles para poder responder con mayor rapidez y
efectividad a las demandas de las empresas. En este sentido, debe
facilitarse que las entidades públicas y las organizaciones de
empresarios y trabajadores que mejor conozcan cuáles son las necesidades
reales, en cuanto al número y a la especialización de los trabajadores
extranjeros, adquieran un mayor protagonismo en el proceso.
Dar una dimensión europea a la política de inmigración: Sin duda, el
elevado grado de integración y abertura de fronteras entre los países de
la Unión Europea hace que la mayoría de estas políticas requieran una
absoluta coordinación entre miembros de la Unión o, incluso, una
creciente cesión de competencias a los organismos supraestatales,
comenzando por el control fronterizo.
2.2. Políticas orientadas a evitar la exclusión social y el deterioro de
los servicios públicos
La problemática de la inmigración no finaliza cuando el extranjero
consigue legalizar su situación. El auténtico desafío reside en el
encaje del inmigrante en la sociedad de acogida. El rechazo a los
extranjeros puede producirse, especialmente, en los barrios en los que
se concentran la mayor parte de los inmigrantes, cuando los residentes
perciben o temen un deterioro de los espacios públicos, del valor de sus
inmuebles y de los servicios públicos como la sanidad y la educación. El
reto es promover una política de integración y cohesión social que
incorpore las necesidades de los recién llegados y responda a las
inquietudes de los residentes.
En efecto, una vez han llegado los inmigrantes es cuando debe
desarrollarse una política activa de integración –centrada en el
inmigrante y su familia- que permita su rápido acomodo y, al mismo
tiempo, una política de cohesión social que asegure el nivel de
bienestar –a todos los ciudadanos- a partir de un marco de valores
sociales y culturales compartidos. Ambas políticas requerirán, en un
inicio, una considerable dotación económica que, ineludiblemente,
debemos asumir.
Estas políticas deberían desarrollarse atendiendo a las siguientes
prioridades: formación e inserción laboral para inmigrantes y residentes
en riesgo de exclusión; lucha contra la economía sumergida sustentada en
la inmigración; política local activa para evitar la marginalización de
las zonas de recepción de inmigrantes; mayor colaboración y
corresponsabilidad entre Estado y Comunidades Autónomas; reforzar la
seguridad ciudadana; planificar y financiar los servicios públicos para
evitar la masificación; y fomentar el sentimiento de pertenencia a una
misma sociedad y garantizar el respeto al marco legal.
Formación e inserción laboral para inmigrantes y residentes en riesgo de
exclusión: Para alcanzar los efectos positivos de la inmigración,
resulta indispensable que el inmigrante se integre rápidamente en su
nueva sociedad.
Sin embargo, para una gran parte de los inmigrantes, su adaptación al
mercado de trabajo es difícil. Para superar este problema es necesario
que los trabajadores y sus familias aprendan los idiomas de su nueva
sociedad, se incorporen a una red de relaciones sociales que no sólo
abarque a otros inmigrantes similares, y obtengan una suficiente
capacitación profesional.
Para ello, los empresarios, los sindicatos, y las Administraciones
tienen la responsabilidad compartida de dedicar recursos y esfuerzos en
dotar de habilidades profesionales básicas a los recién llegados, como
lo hacen con el resto de personas que se incorporan al mercado de
trabajo. Por su parte, los gobiernos locales y autonómicos con idiomas
propios tienen una amplia experiencia en la enseñanza de lenguas que
debería aprovecharse.
Además, la política de formación dirigida a los trabajadores autóctonos
debe verse reforzada. En ciertos sectores de actividad, los trabajadores
autóctonos o los jóvenes que se están incorporando al mercado de trabajo
pueden verse perjudicados, a corto plazo, por la llegada de inmigrantes.
Sólo su especialización profesional puede hacerles partícipes de los
beneficios globales. La llegada de población inmigrante pone de
manifiesto las serias carencias en el ámbito formativo de parte de
nuestra población. La inversión en formación, tanto de ciudadanos
autóctonos como extranjeros, debe ser una de nuestras prioridades para
alcanzar el país al que aspiramos.
Lucha contra la economía sumergida sustentada en la inmigración: La
presencia de numerosos inmigrantes en situación irregular está
favoreciendo la consolidación de actividades empresariales al margen de
la legalidad. Es una realidad que se autoalimenta: actividades que
necesitan mano de obra barata y oferta inmigrante que no puede acceder
al mercado laboral regular. Así, estamos condenando a la marginación a
personas que vienen a trabajar con toda honestidad y a las que
necesitamos.
Un país moderno que aspira a estar socialmente cohesionado no puede
permitir esta dinámica. A la vez que debe facilitarse la contratación
legal de inmigrantes, deben perseguirse con todo rigor estas actividades
empresariales que compiten de forma desleal con aquellos empresarios que
se ajustan a la legalidad y contribuyen a la cohesión social. Esta
situación también comporta que los trabajadores locales de baja
cualificación se vean desplazados del mercado de trabajo o forzados a
una merma de sus condiciones laborales.
Política local activa para evitar la marginalización de las zonas de
recepción de inmigrantes: El papel de los municipios en la acogida e
integración del inmigrante y en el mantenimiento de la cohesión social
resulta fundamental. Los extranjeros se ubican en unos pocos barrios
determinados, en los que establecen su red de relaciones personales y de
acceso a los servicios públicos esenciales. En ocasiones, se percibe que
la llegada de los inmigrantes degrada algunos de los barrios que
salieron de la marginalidad gracias a la activa movilización vecinal y a
la política municipal de los últimos años.
Debemos evitar el deterioro de los barrios de acogida. Resultan
fundamentales las políticas locales que identifiquen las zonas que
pueden degradarse con la inmigración para evitar que se sitúen en la
marginalidad y la pobreza. Los ayuntamientos tienen experiencia en la
gestión de políticas de especial atención a barrios poco favorecidos. En
esta tarea no deben estar solos.
El sistema de transferencias de recursos y de apoyo a los Ayuntamientos
por parte del Estado y de las Comunidades Autónomas debería ser
suficientemente ágil y flexible para poder identificar y responder a las
necesidades extraordinarias de gasto que afrontan los municipios en los
que se concentra la llegada de inmigrantes. El empadronamiento de los
inmigrantes, sea cual sea su situación legal, es un mecanismo clave de
transparencia: permite conocer las necesidades extraordinarias de gasto
y planificar la transferencia de recursos públicos a las localidades que
más inmigrantes reciben.
Mayor colaboración y corresponsabilidad entre Estado y Comunidades
Autónomas: En una cuestión tan trascendente, y dada la gran disparidad
en las tasas de población inmigrante por Comunidades Autónomas, se hace
indispensable establecer un marco sólido de colaboración entre Estado y
Comunidades. En ese marco de colaboración, aquellas Comunidades con una
mayor tasa de población inmigrante deben poder participar en el diseño
de las políticas de inmigración y recibir los recursos suficientes para
el desarrollo de las políticas de integración y cohesión.
Por su mayor proximidad a los ciudadanos, los Gobiernos Autónomos
conocen mejor las peculiaridades de la inmigración en su territorio y
deben ser capaces de ajustar los servicios públicos a las necesidades
sentidas en las sociedades de acogida.
Reforzar la seguridad ciudadana: Una parte de la población puede asociar
inmigración con delincuencia. Debemos distinguir dos fuentes potenciales
de preocupación. Por un lado, la que se origina por la entrada de grupos
extranjeros organizados para delinquir. Estos grupos no pueden
considerarse inmigrantes, sino bandas de delincuentes internacionales. A
este reto debe responderse con medidas policiales.
Por otro lado, los trabajadores menos cualificados y sus familias tienen
dificultades de adaptación y ellos, o especialmente sus descendientes,
pueden acabar en situaciones de grave inadaptación que generen pequeña
delincuencia. Esta problemática es común al resto de colectivos que de
la marginación pasan a la delincuencia y debe abordarse desde diversos
ámbitos con políticas de atención especial a los grupos de riesgo. Es la
marginación, ya sea de inmigrantes o nacionales, la que genera
delincuencia.
Planificar y financiar los servicios públicos para evitar la
masificación: La inmigración no debe poner en cuestión el Estado del
Bienestar. La efectiva igualdad de oportunidades de las personas
depende, en gran medida, de los servicios públicos como la educación y
la sanidad. Un eventual deterioro de las escuelas, los centros de salud
o los hospitales no es consecuencia de la inmigración. La masificación
es el resultado de una inadecuada planificación o financiación pública.
No podemos volver a los tiempos superados de servicios públicos
masificados.
La inmigración genera crecimiento económico y recursos suficientes para
financiar la expansión de los servicios públicos. A lo largo de sus
vidas, los recién llegados, en su mayoría jóvenes de entre 16 y 34 años,
aportarán en forma de cotizaciones e impuestos más de lo que cuesta
atenderlos a ellos y a sus familiares. La aportación de los extranjeros
a la Seguridad Social demuestra la capacidad de la inmigración de
contribuir, como el resto de la población, al sostenimiento de la
cohesión social. Así, desde el año 2000, casi una cuarta parte del
crecimiento en la afiliación a la Seguridad Social ha sido de
trabajadores extranjeros. Actualmente, los extranjeros afiliados a la
Seguridad Social son unos 850.000 –más del 5% del total-.
Fomentar el sentimiento de pertenencia a una misma sociedad y garantizar
el respeto al marco legal: Sin duda, la inmigración pondrá a prueba la
legitimidad social del modelo de bienestar vigente en los países
europeos. El reto es conseguir que todas las personas se sientan
miembros de una misma sociedad sean cuales sean sus creencias y cultura
de origen. Los países que han tenido éxito en esta tarea son aquellos en
los que se han construido referentes de pertenencia universales.
La integración de los inmigrantes requiere el respeto mutuo de
identidades y costumbres, pero sin que ello signifique vulnerar, en
ningún caso, nuestras leyes. En especial, debemos asegurarnos de que los
derechos individuales y las libertades prevalecen frente a tradiciones o
costumbres, ya sean laicas o religiosas, lesivas de los derechos de las
personas reconocidos por nuestro ordenamiento jurídico. Debemos
conseguir que en el conjunto de la población prevalezca un sentimiento
de pertenencia y complicidad con un sistema de valores básicos para la
convivencia.
3. Conclusión
El fenómeno inmigratorio es una realidad compartida por todas las
sociedades occidentales que ha afectado a España, país de emigrantes
hasta hace poco, de manera tardía pero acelerada.
La inmigración constituye un factor de dinamismo y progreso, siempre que
seamos capaces de desarrollar una política coherente en materia de
recepción de inmigrantes, así como una política comprometida y realista
de cohesión social.
No se puede ocultar que una parte de la población asocia la llegada de
inmigrantes con el riesgo de un grave deterioro de los servicios
públicos y de la misma convivencia. Pero, respecto a países similares al
nuestro, tenemos dos ventajas de partida. Por una parte, la experiencia,
con sus aciertos y errores, vivida por aquellos países que desde hace ya
años nos anteceden en gestionar la llegada de inmigrantes. Por otra, la
ausencia de partidos políticos con representación parlamentaria que
hagan bandera del rechazo al inmigrante. Ni tampoco se han dado
estallidos generalizados de conflicto racial. Estamos a tiempo de evitar
esos riesgos.
Dada la trascendencia y urgencia de la cuestión, el Círculo de Economía
reclama que ésta sea abordada de forma prioritaria por los poderes
públicos. A tal fin, estos deberían incorporar a la tarea de elaboración
de dichas políticas, al conjunto de agentes sociales e instituciones
privadas implicados en el fenómeno inmigratorio. Por su parte, los
poderes públicos deberían garantizar, con especial amplitud y visión de
futuro, la necesaria dotación de recursos económicos, sin los cuales
toda política inmigratoria resulta inane en la práctica, cuando no
contraproducente.
Círculo de Economía de Barcelona - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
Buscar recursos sobre
Master internacional desde España (Online)- Becas parciales
Una frase memorable
Acerca de GestioPolis: Qué es GestioPolis — Términos de uso y Política de privacidad — Mapa del sitio — Contácto — Aliados — Contratar publicidad
Derechos de Autor: Los contenidos están bajo la licencia Reconocimiento - No comercial - Compartir bajo la misma licencia 3.0 Unported de Creative Commons a menos que se indiquen derechos de autor específicos. Si desea citar o utilizar públicamente alguno de los contenidos le solicitamos ponerse en contacto con el respectivo autor.
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web GestioPolis.com © 2008 Carlos López