Para mi, el Baix Llobregat es, sobre todo, el lugar de grandes luchas sociales, obreras y ciudadanas, en el que se forjó, a partir de los años sesenta, una parte importante del movimiento sindical de Catalunya, las asociaciones de vecinos de los barrios trabajadores y también los primeros despuntes de un movimiento por una mejor calidad del medio ambiente.
De ahí salieron la democracia, la conciencia ciudadana, la dignidad y la vitalidad de la nueva sociedad catalana. También ahí se forjo la multiculturalidad de Catalunya, en donde una clase trabajadora de toda España, pero sobre todo del sur, llegó, se afincó, vio como sus hijos crecían como catalanes y afirmó a la vez su identidad de origen y la cultura diversa de una Catalunya tolerante y convivial.
Por todo eso, para los viejos como yo, el Baix Llobregat es símbolo de conciencia, de dignidad, de capacidad vivida de cambiar la sociedad, de hacer que lo que parecía inmutable (la dictadura, la explotación obrera, la discriminación de la mujer) pudiera transformarse merced al esfuerzo, al sufrimiento, la conciencia y la organización de la gente.
Más aun, de esas luchas salieron ideas, ideas nuevas, ideas de como
vivir diferente y se fue forjando una cultura de la innovación,
mestizaje creativo entre intelectuales y trabajadores, que tal vez sea
la herencia mas importante que ha recibido el Baix Llobregat de su
propia historia.
Hoy día, los densos barrios obreros hechos de viviendas de mala calidad
en los años de la dictadura y de la especulación desenfrenada, han sido
parcialmente renovados. Hay equipamientos sociales, culturales,
recreativos que han mejorado la calidad urbana ambiental.
Un cuarto de siglo de municipios democráticos han dejado su marca en las ciudades del Baix Llobregat y hoy día sus vecinos viven en mejores condiciones, impensables desde la perspectiva de los que vivimos el principio de esa urbanización salvaje.
Sin embargo, no hay diseño urbano ni plan de equipamientos que
pueda borrar del todo los estigmas de ese desprecio urbanístico por
quienes creaban, y crean, buena parte de la riqueza de esta sociedad.
Pero poco a poco se hace ciudad, con plazas, con parques, con centros
culturales, con equipamientos deportivos, pero, sobre todo, con la vida
de la gente, con la vida en la calle, con las fiestas, con la actividad
en el trabajo y en la escuela. También en esto ha cambiado el Baix
Llobregat.
Buena parte de la industria ha desaparecido, arrastrada por los vientos
de una nueva economía basada en los servicios y en las industrias de la
información. En el momento de transición, el paro golpeó duramente al
Baix Llobregat.
Pero nuevas empresas, nuevas formaciones y un papel activo de sindicatos y municipios, han ido generando nuevos puestos de trabajo y reduciendo el paro y la discriminación de los jóvenes, aunque los problemas siguen estando ahí.
Y nuevas inmigraciones, esta vez de fuera de España en su mayoría,
incrementan la diversidad cultural y étnica de la comarca y plantean
nuevos retos de convivencia, retos que toda la sociedad tiene que asumir
para que los vecinos no se conviertan en extraterrestres, los unos para
los otros.
Para las nuevas generaciones del Baix Llobregat, lo esencial para saber
si les gusta o no, es saber si aquí pueden realizar sus proyectos. Si
pueden inventar, si pueden atreverse a hacer algo distinto de lo que
hicieron sus padres o sus abuelos, ya sea crear música, trabajar con
Internet, estudiar ingeniero aeronáutico (justo aquí, en el nuevo campus
de Castelldefells), montarse una vida personal menos tradicional, con su
chico, o su chica, o sus amigos, participar en televisiones y radios de
la comarca (excelentes, por cierto) y profundizar en el conocimiento del
mundo global a partir de su vida local. Y es aquí donde tal vez la
cultura de la innovación que se gestó en el Baix Llobregat hace 25 años
pueda servir a los jóvenes para sentirse a gusto. Porque la innovación
no es sólo tecnológica, no es sólo empresarial.
Es, sobre todo, personal, es decir que lo que existe hoy, si no me gusta, lo puedo cambiar. Que puedo tratar de realizar mis sueños. Y eso es lo que hicieron los trabajadores y vecinos del Baix Llobregat hace muchos años, inventaron un nuevo mundo, una nueva sociedad, una nueva comarca, unas nuevas instituciones.
En aquel entonces, eran los sindicatos, la política, la ciudadanía. Hoy día son otras cosas, precisamente porque aquellas innovaciones han triunfado. Lo que entonces parecía imposible hoy día es lo que todos vivimos como lo más normal.
Pero la vida no se para. Y no sólo de piscinas municipales y democracia política viven los hombres y las mujeres. Hoy los jóvenes necesitan espacio vital, formas de expresión propias, no tuteladas por los adultos, para que puedan descubrir, ellos, no nosotros, cuales son las nuevas formas de vida y de trabajo, de cultura y de creación en las que se encuentran a gusto. Por ejemplo, hay un gran proyecto en Cornellà de un centro de Internet al servicio de la gente y, en particular, de los jóvenes.
Pues bien, tal vez sean los jóvenes los que pueden encontrar de que forma Internet puede servir para enriquecer la vida, conectando así el Baix Llobregat al ciberespacio, pero a partir de su realidad local. Y puede ser que de los sueños de estos jóvenes salgan las nuevas empresas, pequeñas al principio, pero tal vez grandes después, como paso en Silicon Valley, que transformen ideas e innovación en creación de riqueza para la comarca y para quien se atreva a emprender. Tampoco se acaba la necesidad de luchar.
La discriminación contra los jóvenes sigue ahí, en el mercado de trabajo, en el alquiler de viviendas y en los préstamos de las instituciones financieras. Y los espacios de libertad de la cultura juvenil no deben ser confundidos con la necesaria prevención contra la droga y el alcoholismo. Era fácil luchar contra un enemigo tan odioso como estúpido hace veinticinco años.
Ahora el gran desafío, para todos, pero sobre todo para la nueva
generación, es enfrentarse a problemas mucho más insidiosos, como el
racismo, la xenofobia, el sexismo, el prejuicio antijoven, las mafias de
la droga, la falta de educación, el autoritarismo en las escuelas
(cuando los enseñantes se ven desbordados y reaccionan con lo fácil e
ineficaz, que es la gesticulación autoritaria, sin contenidos).
¿Cómo dejar que los jóvenes hagan su Baix Llobregat, el nuevo Baix
Llobregat, el único posible, porque ya será suyo, sin renunciar a
nuestras responsabilidades de transmitir experiencia, apoyo y autoridad
moral? Ese es el gran desafío que se plantea hoy en el Baix Llobregat:
cómo innovar en la forma de vivir, para que la democracia tenga
contenido y las industrias tecnológicas puedan basarse en la creatividad
de los individuos que pueblan este lugar tan cargado de sentido, pero de
sentido que hay que renovar para que no se convierta en cantinela de
viejo. Ojalá que este inteligente y documentado libro sirva de puente
generacional para que
la cultura de la innovación, social, política, empresarial y
cultural, quede como el rasgo sobresaliente de un lugar que fue
periferia y se hizo punto de referencia.
Manuel Castells - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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