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Como sabéis en la economía hay dos características fundamentales, son la productividad y la competitividad.
La productividad, como ya sabemos, es la unidad de cuántos productos
se obtienen por unidad en sumos; y la competitividad es cómo se ganan
partes del mercado, no necesariamente a costa de los otros, ya que el
mercado se puede ampliar. Eso genera la competitividad positiva y la
competitividad negativa (te destruyo a ti para tener más).
De hecho, la historia económica demuestra que la competitividad
positiva, que es la ampliación de mercado para casi todo el mundo, suele
ser más beneficiosa para todos que la negativa, la del "te tiro por la
ventana para quedarme con este trozo de mercado".
Por tanto, para empresas, regiones o países, estas dos variables,
-productividad y competitividad-, son las variables centrales de toda
economía. Se puede demostrar que los elementos clave hoy día son la
capacidad tecnológica y humana de generar, procesar y producir.
La información
Información y conocimiento son las variables decisivas en la
productividad y en la competitividad. No quiero decir que el capital no
cuente. Si que es importante. Pero con conocimiento y tecnología y sin
capital, se puede llegar a generar bastante capital, y sino que se lo
pregunten a Bill Gates.
En cambio, con capital, pero sin tecnología y conocimiento se pierde ese capital, y sino que se lo pregunten a RCA, por ejemplo, que fue a la quiebra porque no desarrolló la tecnología adecuada en su momento.
O a las empresas del automóvil europeas, de las que ya hablaremos después si queréis, pero que están sobreviviendo en base al capital japonés. Si entran de verdad las empresas japonesas en Europa, se acaba Renault, que no tiene capacidad de producir un coche en términos de horas-persona, que son más o menos un 40% más caros que en Toyota.
Lo mismo para la competitividad de toda clase. Además, análisis
econométricos demuestran que cuanta más tecnología tienen los sectores
económicos o las empresas de un país, más partes del mercado dan.
Un ejemplo: Nokia. Estuve hace quince días en Finlandia, y me
organizaron una reunión con toda la gente de Nokia, que me contó un poco
su historia. Nokia en estos momentos es la segunda productora del mundo
de teléfonos móviles y la primera europea, por encima de Alcatel, por
encima de Ericson, etc. Nokia era una pequeña empresa, de una pequeña
ciudad finlandesa, organizada primero en torno a la madera, que luego
fue reconvirtiéndose.
Tiene ciento treinta años. En los últimos veinticinco años entendieron que el tema era tecnología electrónica, informática y telecomunicaciones, se metieron a fondo allí y hace quince años dieron el salto para ocuparse totalmente de telefonía móvil.
Vendieron, por ejemplo, sus empresas de televisión y sus demás
productos e invirtieron todo lo que tenían en hacer una excelente
telefonía móvil, y en estos momentos son los número uno.
Los ejemplos reales son muchos, pero es, sobretodo, con los datos de
análisis econométricos, que se puede mostrar esta relación con la
información: no sólo tecnología, también información.
Si la tecnología es buena para procesar la información, pero no
tienes buena información, tampoco puedes hacer nada. Información,
tecnología, capacidad de gestión y procesamiento: ésta es la base para
la creación de productividad y competitividad. Eso es una herramienta de
empleo.
En otros momentos de la historia la información tal vez no ha sido muy
importante para la economía y para la sociedad. La tecnología siempre ha
sido poder absolutamente. Lo que cambia hoy día es que precisamente por
el poder de las tecnologías de información, esa importancia se
acrecienta.
No que la información antes no era importante y ahora si. La información
siempre ha sido importante. Pero al existir nuevas tecnologías de
información, el grupo de la información tiene un papel más decisivo, ya
que se puede procesar, transmitir muy deprisa y con gran flexibilidad.
El mito de la globalización
Segunda característica: es una economía global. Y esto tiene bastantes
ambigüedades. Una economía global no es lo mismo que una economía
mundial o que una economía fuertemente internacionalizada. Y me explico,
porque este es un punto clave. Clave prácticamente, no sólo
teóricamente.
La mayor parte de la gente en el mundo no trabaja en empresas globales,
ni siquiera en empresas que están relacionadas con procesos globales. Se
calcula -no sé si los datos son correctos- que entre el ochenta y el
noventa por ciento de la mano de obra mundial trabaja en mercados de
trabajo locales, locales entendiendo regionales, ni siquiera en
nacionales.
Obviamente incluyendo en esto toda la inmensa mano de obra rural en
Asia, o Africa, o América Latina. Asia, todavía hoy, es más rural que
industrial. Pero incluso en las economías urbanas la mayor parte de
gente trabaja en mercados de trabajo locales. Así es en el mundo y
también en España.
Aunque la venta en exportaciones es importante, la empresa hace lo
esencial en el mercado nacional o regional. Desde ese punto de vista ha
habido un mito: el de la globalización. Insisto, no es una economía
mundializada, no es el mundo el ámbito de trabajo de la economía y del
mercado de trabajo. Lo que ocurre es que las actividades cercadas,
nucleares de todas las economías, sí están globalizadas.
Por globalizadas entiendo que trabajan como una unidad en tiempo real a
nivel planetario, esta es la definición de globalidad. O sea que las
actividades económicas centrales, nucleares, de nuestras economías,
trabajan como una unidad, en tiempo real, a nivel planetario a través de
una red de interconexiones.
Un ejemplo: el mercado de capitales. El mercado de capitales sí está
globalizado, pero no está globalizado absolutamente. Es decir, no es que
todos los ahorros circulen globalmente cada día, pero están todos
conectados todo el día. Acabamos de ver con la crisis asiática que no es
que se hundió el yen, es que se hundió el baht tailandés.
Hay que tener en cuenta esto, porque se hunde el baht tailandés y afecta
a mis ahorros en La Caixa, a través de una serie de interacciones y de
oleadas sucesivas en el tiempo. Esto es nuevo. Que los mercados de
capitales estén interconectados es nuevo, porque sólo ahora, en los
últimos diez años, se ha creado la infraestructura tecnológica que
permite la interconexión instantánea de capitales.
Y los ordenadores están ya programados para que cualquier fondo de
inversión pueda cambiar de moneda, de acciones a nivel mundial,
siguiendo las ocasiones de rentabilidad y huyendo de los momentos de
crisis. Esta movilidad global e instantánea del capital es una actividad
globalizada, y no es algo secundario que en la economía capitalista el
capital esté globalizado.
Información y tecnología
Segundo: la información y la tecnología están globalizadas. Es decir,
hoy día hay unos stocks de tecnología, hay unos centros tecnológicos que
se compran, se difunden, se transmiten en función de la capacidad de las
empresas de ligarse a esos circuitos de tecnología global. No hay una
tecnología catalana, una tecnología californiana -hubo tecnología
californiana, pero ahora es global, no hay una tecnología japonesa. Hay
un mercado de tecnología no siempre transparente, hay momentos de
monopolio momentáneo, pero son momentos siempre reducidos, porque quien
no sigue andando en esa tecnología, se queda obsoleto. Entonces, hay que
abrir la tecnología que se tiene porque si no, no se puede interactuar
con otras.
Eso, por cierto, tiene páginas. Es lo que le pasó a la Unión Soviética,
que al cerrar su sistema tecnológico y no comunicar con nadie, porque
era todo secreto militar, se quedó obsoleta.
La mano de obra más cualificada, no la mano de obra en general, también
está globalizada. Es decir, los analistas financieros, los grandes
periodistas, los tecnólogos. Esto sí que está globalizado. No
necesariamente viven en todo el mundo, pero son mercados de trabajo en
que la gente circula en esos niveles.
Los mercados más importantes y más dinámicos están interpenetrados, es
decir, la mayor parte de mercados son regionales, pero es fundamental
por parte de empresas de otros países la capacidad o no de penetrar en
el mercado americano, en el mercado asiático, en el mercado
latinoamericano. Es decir que, la estrategia, la situación de empresas
en el comercio internacional sí es importante, aunque no sea lo único.
En última instancia, la producción está en parte globalizada en términos
de la importancia que tienen empresas multinacionales y sus redes
auxiliares de producción en el conjunto del mundo. Pero las empresas
multinacionales no emplean tanta gente como parece, "sólo" unos setenta
millones de trabajadores en todo el mundo.
En la base global de mano de obra no es mucho setenta millones de
personas. Pero estos setenta millones de personas, en términos de valor,
de producción de valor, es en torno a un tercio del valor de la
producción mundial. Eso son directamente las empresas multinacionales.
Con sus empresas y relaciones auxiliares, constituyen el corazón de la producción industrial y de servicios mundial. Esto es la otra cosa que a veces se olvida: -"Pero bueno, la producción industrial." -"No oiga, pero es que Arthur Andersen son servicios, la publicidad son servicios, es que los medios de comunicación son servicios, etc., y están globalmente globalizados."
Este elemento de la globalización, como núcleos de empresas,
hace que aunque la gran parte de la fuerza de trabajo y la gran mayoría
de empresas no estén para nada globalizadas, la dinámica, la situación y
el funcionamiento de las economías de todos los países dependan de la
conexión con este núcleo central, por vínculos sucesivos entre lo que
hago o en lo que trabajo y lo que ocurre en ese núcleo central en el
país y en el mundo. Ese es el tipo de vinculación.
El funcionamiento en red
La tercera característica es que funciona en red. Y esto es
relativamente nuevo: que las redes, son las redes del trabajo. Las redes
empresariales es un término antiguo. Lo que ha cambiado con las redes
también es la tecnología.
Es decir, que la red -poner juntos varios elementos, varias personas,
varios trozos de empresa o varias empresas para hacer algo juntos- tiene
la ventaja de la flexibilidad, de la adaptación rápida a la demanda:
cuando hay una demanda fuerte se organiza la red, cuando no la hay, se
disuelve y se usan nuevos recursos.
Pero tiene un gran problema, que es la coordinación. Es un auténtico
galimatías coordinar a catorce segmentos distintos de empresas y a
muchos cientos de personas con espacios laborales diferentes. Con la
nueva tecnología de información puedes tener la flexibilidad de la red y
también la coordinación y unidad de proyecto de la decisión con las
tareas que hay que realizar. Esto se concreta en la aparición de una
nueva forma de actividad económica que llamo la empresa-red y que no son
redes de una empresa.
En concreto, funciona así: veamos empíricamente y muy rápidamente lo que
ha pasado en el mundo de la empresa en los últimos veinte años. Las
grandes empresas se han descentralizado cada vez más, dando autonomía de
decisión a departamentos y divisiones en cada mercado, en cada
actividad.
Por ejemplo, IBM estaba a punto de desaparecer como empresa y lo que
hizo fue crear muchas pequeñas empresas. Cada una de ellas recibe
autonomía e incluso compiten en ciertos mercados en cierta línea de
producto. La empresa IBM sigue siendo la unidad de capital, la unidad
jurídica, la unidad de estrategia financiera, pero cada departamento,
cada división, cada mercado nacional y cada sucursal, trabaja con una
gran autonomía. Por tanto, IBM se convierte en una red de empresas
internas más o menos coordinadas entre ellas.
Las pequeñas y medianas empresas de todo el mundo son, con razón, las
empresas más dinámicas, las que crean más empleo en todos los países.
Claramente. Pero el problema de la pequeña y mediana empresa es que es
muy dinámica, que puede hacer innovación, que es generalmente intensiva
en el trabajo, pero al mismo tiempo no tiene la masa de recursos, no
tiene la capacidad de competir con grandes empresas en los mercados.
¿Qué es lo que está ocurriendo en todo el mundo? y ¿por qué las nuevas
pequeñas y medianas empresas son dinámicas? Porque se han constituido en
alianzas entre ellas, en cooperativas, en redes, pero no en redes
estables. O sea, me pongo de acuerdo contigo para hacer esto este año o
este mes y cuando se nos acaba esta orden que nos ha llegado, tú por tu
lado y yo por el mío. O incluso la propia empresa desaparece y vuelve a
aparecer cuando algo puede funcionar.
Esto es, por ejemplo, el modelo de las famosas empresas de la Emilia-Romaña
italiana, del norte y centro de Italia. Funcionan así, son pequeñas y
medianas empresas, pero funcionan en red. Algunas de ellas, funcionando
así, se han hecho muy importantes, como Benetton.
¿Cómo funciona Benetton? Benetton -como sabéis es una empresa familiar-
funciona en base a conceder licencias a cinco mil puntos de venta en el
mundo, que tienen sólo dos obligaciones: una, que sólo venden productos
Benetton. No puedes comprar nada más en una tienda Benetton. Segundo,
que les envían diariamente información on-line de lo que venden.
Sobretodo, de una característica fundamental. ¿Cual os parece que puede
ser? ¿Qué característica de los productos Benetton tiene que saber ésta
al día?: El color que más se vende. ¿Cómo se llama Benetton?: Los
colores unidos de Benetton.
El producto Benetton no es un producto nada extraordinario, ropa
deportiva, etc. Pero se les ocurrió la idea genial: el color es muy
importante. Y el color depende de la moda, de la gente, del país, de
cómo está el tiempo. Si eres capaz de reaccionar al color en cuestión de
semanas y cambiar la línea de producción para determinados sitios y no
para otros en función del color, te comes el mercado. Y una vez que
tienes mercado, lo amplias.
La clave del sistema de Benetton es que, por un lado, tienen información
on-line, directa al centro coordinador de Benetton, respecto al color y,
por otro lado, economía informal a tope. La producción real de Benetton
se hace en Turquía, en el sur de Italia, generalmente mujeres en su casa
y en pequeños talleres, con lo cual pueden responder muy fácilmente
porque tienen la oferta de trabajo siempre allí. En cuanto llega una
nueva demanda: "¡Cambien el color!". Y cambian el color, con máquinas
bastante avanzadas, pero con trabajo informal y descomunal. Por
consiguiente, Benetton es una red de puesta de servicio del diseño
central, los puntos de venta, la fabricación de economía informal. Eso
es una red.
Pequeñas y medianas empresas funcionando en red han estado en la base
del trabajo empírico que realicé, en parte, sobre Hong Kong. Ahora ya
no, pero todo el desarrollo industrial de Hong Kong y Taiwan se basó en
esto, en pequeñas y medianas empresas funcionando en red.
También están las grandes empresas que necesitan, obviamente, sus
subsidiarios. Toyota tiene como quince mil empresas de subcontratistas.
Éstas grandes empresas, que son una red interna, están conectadas a
redes de pequeñas y medias empresas, por tanto es una red de redes. Y ya
para complicar más el tema, pero vaya, es una cosa que desde vuestra
práctica profesional lo conocéis perfectamente, son -en los últimos diez
años es lo que se ha impuesto cómo práctica- las llamadas "alianzas
estratégicas" entre grandes empresas, que no son los oligopolios
tradicionales.
Pongamos un ejemplo concreto: IBM, Toshiba y Siemens se pusieron de
acuerdo hace cuatro años para producir un chip de telecomunicaciones
para el mercado alemán. En ese proyecto cada uno pone su gente, sus
trozos de empresa, su capital, su tecnología. Y el proyecto operativo de
esa empresa es ese chip, para ese mercado y en ese momento. Pero eso no
quiere decir que Toshiba, Siemens o IBM se unan o tengan una alianza
para diez años. No, porque el mismo día, a la misma hora y en otro sitio
se están pegando. Pero para ese producto son aliados. Acaban ese
producto y ya tienen el mercado. Se deshacen y a otra cosa.
Por tanto es una geometría variable. Es otra red que, como habíamos
visto, es una red de redes, pues es un proyecto concreto que se
constituye en torno a una red que utiliza las redes que cada uno tenía.
Esto tiene consecuencias bastante importantes, porque quiere decir que,
si bien la unidad de acumulación de capital y acumulación a nivel
jurídico -y en consecuencia de las acciones- es una empresa y por tanto
sigue siendo una empresa, la unidad operativa real en la economía es una
red, y es la red la que emplea, contrata, da órdenes y desemplea.
Al ser un elemento de geometría variable, cambia de forma, de
componentes, y la fuerza de trabajo cambia de tipo también. Cada vez
más, estas redes tienen un núcleo de trabajo estable y una amplia
periferia de trabajo inestable que se conecta y desconecta a la red
según lo van necesitando las empresas.
El nuevo tipo de trabajo
Ahí tenemos el nuevo tipo de economía y el nuevo tipo de trabajo.
Empezaremos por el trabajo y luego hablaremos del empleo.
El nuevo tipo de trabajo se caracteriza, cada vez más, por una
separación fundamental entre dos tipos de trabajo -para traducir las
ideas a lo esencial-. Uno, es lo que llamo el trabajo autoprogramable y,
otro, lo que llamo trabajo genérico.
El trabajo autoprogramable es el que desarrolla aquel trabajador que
tiene una capacidad instalada en él o ella de poder tener la posibilidad
de redefinir sus capacidades conforme va cambiando la tecnología y
conforme cambia a un nuevo puesto de trabajo.
En estos momentos lo que la gente aprende, no sólo en
bachillerato, sino en la formación profesional, o en sus primeros años
de vida profesional, queda obsoleto rápidamente, tanto desde el punto de
vista de tecnologías que se aprenden, como desde el punto de vista de
qué tipo de empresa, qué tipo de gestión, qué tipo de mercado se toca.
Se calcula que, en estos momentos, una persona que empiece su vida
profesional ahora, a lo largo de su vida cambiará, no de puesto de
trabajo, sino de profesión, más o menos cuatro veces. Lo cual quiere
decir que aquellas personas que sean capaces de redefinir lo que tienen
que hacer, volver a aprender, volver a entrar en saber cómo hacer las
nuevas tareas, nunca se quedarán obsoletas. Esto no es una simple
cuestión de cualificación.
Aquí hay que diferenciar entre el nivel de educación y las
cualificaciones. Las cualificaciones específicas, por ejemplo, lo que
hacen las escuelas profesionales, incluso las mejores, las alemanas. Hoy
día desaparece la cualificación rápidamente si sólo saben eso, si sólo
saben lo que les enseña la empresa para lo que la empresa quiere.
Por ejemplo. En los años sesenta, cuando realicé mis estudios
universitarios, aprendí a programar, sabía programar Fortrand 4 y Basic.
Ahora no me sirve de nada. Afortunadamente los ordenadores son más
fáciles de manejar mediante otras cosas. Lo que aprendí en informática,
con un gran esfuerzo porque no era informático para nada, no me sirve
absolutamente de nada, ni siquiera la lógica, porque la lógica es
distinta, es una lógica en red, y no analógica matemática como la que se
enseñaba en aquellos momentos.
Lo que importa, más que unas cualificaciones, es una capacidad general
educativa de cultura general, de capacidad de asociación, de saber
cuáles son las cualificaciones que necesitas para las tareas que tienes
que hacer, dónde buscarlas, cómo aprenderlas y cómo aplicarlas. Para
entendernos, un nivel intelectual general, lo cual implica toda una
redefinición del sistema de educación: la capacidad social de hacer
pasarelas entre el trabajo y la educación.
Junto a eso hay, lo que llamo un trabajo genérico -para provocar un poco
con un término-, que es la gente que simplemente tiene sus capacidades
humanas con un nivel de educación más o menos básico; que simplemente
recibe instrucciones y ejecuta órdenes y que incluso no le dejan hacer
más que eso.
Este tipo de trabajo es el trabajo que efectivamente puede ser eliminado
fácilmente en función de una alternativa desde el punto de vista del
trabajo, desde el punto de vista de la empresa. Este trabajo genérico
coexiste con máquinas y coexiste con trabajo genérico en otros países,
es el mismo mercado de trabajo.
O sea, una empresa puede tener la opción: "O empleo a esta persona, o
utilizo una máquina en lugar de esta persona, o traigo este producto
producido por un obrero tailandés que me cuesta diez veces menos". En
esa relación es donde hay una reducción de las capacidades de la fuerza
de trabajo de este tipo, genérica, que pierde capacidad de negociación.
Para entendernos, pierde valor.
Eso no quiere decir que puedan ser eliminados, pero es simplemente una
relación de coste y beneficio, de cuanto trabajo genérico me hace falta
en comparación con una máquina; en comparación con trabajo globalizado.
O, qué combinación óptima de estos tres elementos me sirve. Ninguna
empresa puede hacer un cálculo tan ajustado, pero lo hace el mercado por
la empresa.
Es decir, las empresas que más o menos intuitivamente
encuentran la combinación óptima avanzan, y las que no, se hunden. Eso
sería un poco esa división fundamental, que no es una división social,
sino tecnológica, y por tanto no es una fatalidad. Se puede actuar sobre
ella.
El impacto en el empleo
Aquí entraríamos en qué impactos sobre el empleo -sobre la creación de
trabajo, en general- tiene este tipo de organización.
Una cuestión en la que soy bastante duro en todas mis investigaciones en
España, por razones en el fondo políticas, es que las nuevas tecnologías
y este nuevo sistema como tal, no produce paro. Las nuevas tecnologías
no producen paro. En Europa hay una visión absolutamente equivocada,
empíricamente equivocada. Que haya un paro estructural por razones
tecnológicas, no es una cuestión de opinión.
Primero, observando los datos empíricos, lo que encuentro es que esta
visión parece muy progresista, pero en el fondo es muy reaccionaria,
porque quiere decir que la tecnología es un fenómeno natural y que nadie
más tiene la culpa. Que los culpables no son las empresas, ni los
trabajadores, ni los gobiernos. Que no es culpable la Unión Europea. Que
nadie es culpable de nada. Simplemente hay un fenómeno natural llamado
tecnología que llega y nos quita el trabajo. Tal planteamiento es
absolutamente reaccionario, porque pretende hacer una catástrofe natural
de lo que es un fenómeno social, que, como tal, puede gestionarse de
forma diferente.
Empíricamente, la mayor parte de estudios que se han hecho -y han sido
muchísimos- sobre la relación entre tecnología y pérdida de empleo,
muestran que no hay relación.
Tampoco es cierto, como dicen los tecnócratas, que, por definición, las
nuevas tecnologías crean más empleo. No es así. Depende. Depende de qué
tecnología, de qué puesto de trabajo, de qué formación, de qué políticas
de la empresa, de qué políticas del gobierno. Depende de todos esos
factores. Para entendernos, el resultado final de millones de estudios
empíricos es que no hay relación por sí misma entre tecnología y empleo.
Depende de muchas otras cosas. Hay, pues, que actuar sobre las otras
cosas, porque la tecnología es indispensable para lo que decíamos
anteriormente.
Ahora bien, si se suma todo lo que estamos viendo -el más, el menos, el
depende aquí, el depende allá- para saber si destruye empleo o no
destruye empleo, el resultado global final, es que no. En último término
el empleo aumenta, no disminuye.
Primero, está aumentado en el mundo. Ha habido un aumento extraordinario
de empleo en el mundo en los últimos veinticinco años. Entre otras cosas
porque la mujer -que ha estado siempre incorporada al trabajo, pero no
al trabajo remunerado- ha entrado a nivel mundial en masa en el trabajo
remunerado, no sólo asalariado, sino cómo pequeña empresaria también. Y
ha absorbido el mercado de trabajo.
Segundo, el empleo industrial. Los datos de la OIT demuestran que en los
últimos veinticinco años ha aumentado el 72%. Setenta y dos por ciento
más de empleo industrial. Ha disminuido en términos absolutos en los
países de la OCDE, simplemente porque el empleo se hace en la industria,
pero en otro sitio. Se hace en China, se hace en Brasil, se hace en el
sudeste asiático, se hace en Méjico. Y hay una reconversión.
Por cierto, la cuestión de que desaparece el empleo industrial en gran
parte es un artefacto estadístico, porque llamamos servicios a cosas que
son industria. A mi que me cuenten por qué el software no es una
industria o por qué la producción de programas de vídeo o de televisión
no es una industria, etc. O sea, cuando haces un diseño para un
automóvil en la fábrica, en una empresa de automóviles, es industria, y
cuando lo haces en una consultora, no es industria.
Las categorías sociales se polarizan
Uno de los grandes problemas que tenemos en estos momentos es que las
categorías estadísticas con las que trabajamos son obsoletas, no son
adecuadas a un sistema en que la información es central. Por tanto, todo
lo que es información, pero que puede ser perfectamente industrial en el
sentido tradicional del término, sigue creando empleo.
Sobre empleo en general, hay mucha más tecnología en producción y mucha
más difusión de la tecnología en el conjunto de la sociedad americana y
japonesa que en la Unión Europea, y sin embargo, EEUU y Japón son las
sociedades -hablando de modelos diferentes, por cierto- que tienen el
menor nivel de paro.
El nivel de paro en Japón está en torno al 3,4% y en EEUU al 4,9% en la
última estadística. El nivel más bajo de los últimos veinte años.
La gente dice que el problema es que muchos tienen empleo, pero de
vendedores de hamburguesas. Si tomamos las estadísticas americanas,
haciendo un cálculo muy concreto que es dividir en tres niveles
(salarios altos, medios y bajos) y ver qué proporción de los
trabajadores está en cada uno de esos tres niveles en el año sesenta y
en el año noventa y cinco, son los dos puntos de inflexión, no hay datos
más recientes sobre ese tema.
En el año sesenta, el nivel alto de salarios incluía el 24% de la
población americana y en el año noventa y cinco el 34%. El nivel de
salario bajo comprendía el 30% en el sesenta, y en el noventa y cinco el
32%. También se incrementa, pero menos.
Lo que se hunde es el centro. Lo que hay es una polarización social,
pero, sobretodo, aumento de nivel. Esto no quiere decir que la gente
haya mejorado mucho, porque tu puedes estar en el tercio alto, pero
cobrar menos que cobrabas, en términos reales treinta años antes y en
realidad, excepto el 5% más elevado de la población de trabajo de EEUU,
el resto ha perdido en valores reales.
Lo que quiero decir es que una cosa son los niveles de remuneración y
estándares de vida, y otra cosa es si se crean o no puestos de trabajo
de alto nivel o de bajo. La respuesta es que se crean proporcionalmente
muchos más de alto nivel. No son los vendedores de hamburguesas, son los
informáticos, son los analistas financieros los que más han crecido en
términos de la masa del trabajo.
Pero en términos relativos, desde luego, porque en términos
absolutos pueden ser el 300% y ser cuatro.
Insisto en ese tema porque, os lo digo con toda sinceridad, estoy muy
alarmado del crédito que se le ha dado en Europa a cosas como el libro
de Jeremy Rifkin, eso del fin del trabajo, prologado por Michel Rocard,
defendido por socialistas europeos. No todos.
El libro de Jeremy Rifkin, que se llama "El fin del trabajo", en EEUU
nadie lo considera serio, ni en los medios académicos ni en los medios
sindicales. Sin embargo, en Europa se le ha dado una gran importancia.
Tiene dos características, primero que no da ni un sólo dato. Hay que
tener cara dura para decir que se acaba el trabajo y no dar ni un dato.
Lo que da son recortes de prensa diciendo que tal empresa ha cerrado
y ha echado a tantos. Hombre, pues sí, pero cabe matizar cuántos abren,
qué otra empresa se crea, etc. Segundo, que proclama la idea de que se
acaba el trabajo, que el trabajo lo destruye la tecnología y, por tanto,
que hay que hacer otro modelo de sociedad.
Puedo estar de acuerdo y lo estoy, en que hay que hacer otro modelo de
sociedad, pero no porque la tecnología destruye el trabajo, sino porque
la tecnología nos permite trabajar menos y producir más. Esto lo ligo a
un elemento que es un poco más propositivo, pero para ya entrar en la
discusión.
El objetivo de las 35 horas
Muchas veces, en Europa, se liga a esta discusión el tema de las treinta
y cinco horas. También estoy preocupado por esto, porque creo que el
objetivo de las treinta y cinco horas es muy positivo como elemento de
cambio de modelo de vida y como reivindicación social de los
trabajadores.
Pero en el sentido de que es una tendencia histórica. Desde hace cien
años, la tecnología nos permite trabajar menos, producir más y vivir
mejor. Esa es la tendencia histórica y hay que continuarla, porque el
tiempo libre forma parte de la calidad de vida y de los derechos del
trabajador. Pero no porque la tecnología destruya empleo y nos obligue a
las treinta y cinco horas para repartir entre los demás el trabajo que
queda. Ese argumento, en el fondo es muy peligroso, porque no va a
funcionar así, porque no se crea empleo reduciendo el tiempo de trabajo.
Si se reduce el tiempo de trabajo la empresa tiene otras alternativas
que no pasan necesariamente por crear empleo. Por ejemplo, aumentar la
productividad, introducir nuevas máquinas, comprar productos en los
mercados exteriores. Y depende.
Si se plantea como una solución al problema del paro, va a fracasar,
porque las empresas van a estar en contra y ,además, no va a funcionar
en términos de creación de empleo.
Hay quienes dicen: "Tampoco lo creo, más bien va a dañar el empleo". La
patronal francesa ha hecho una gran ofensiva en estos momentos, pues
piensa que esto destruye el empleo más que crearlo. Creo que también es
exagerado, creo que es interesado. Pero, en lugar de plantearlo como una
política de creación de empleo, hay que plantearlo como una política de
mejora de las condiciones de vida de la gente, es decir, que cuando la
gente trabaje menos pueda trabajar con el mismo salario.
¿Qué ocurre con este impacto tecnología-nueva economía en el empleo? ¿No
tiene efectos? Pues sí, tiene muchísimos y muy importantes, pero no la
creación de paro en sí. Hay paro, hay un nivel de paro muy importante en
Europa Occidental, en Europa Oriental y en Europa Central por cuestiones
macroeconómicas o institucionales. No por cuestiones ligadas a la
tecnología.
En cambio, lo que sí hay son impactos muy importantes sobre el tipo de
trabajo, el tipo de relaciones laborales derivados de este nuevo modelo,
que es el modelo que está difundido a nivel mundial.
Es, sobre todo, la flexibilidad estructuralmente determinada de la
fuerza de trabajo y de la relación trabajador-empresa. Todos los
argumentos que os he presentado antes apuntan hacia lo mismo, al hecho
de que las empresas tienen la capacidad y la necesidad, a través de la
competitividad, de emplear trabajadores de distintas formas, en
distintos tiempos, con distintas situaciones laborales.
Esta flexibilidad extrema, que permite la tecnología, impone las
condiciones constantemente cambiantes de unos mercados globalizados por
vínculos sucesivos. Por tanto, lo que sí se está produciendo es el
proceso que llamo de individualización de la relación entre trabajador y
empresa y de la individualización del trabajo.
La revolución industrial consistió en sacar campesinos de sus campos y
artesanos de sus talleres y hacer de ellos trabajadores asalariados en
la gran empresa, en las grandes corporaciones, etc. Incluso hay una
vieja frase marxista que dice: "El capitalismo organiza a la clase
obrera". Creo que es un poco mecánica, pero bueno, responde al hecho de
que el capitalismo acababa produciendo.
En estos momentos el capitalismo desorganiza a la clase obrera. Es
decir, es el proceso inverso, desde el punto de vista estructural. Eso
no quiere decir que sea una inevitabilidad, pero si miramos los datos,
lo que está produciéndose es un cambio sustancial de las relaciones
laborales en todos los países.
Por ejemplo, estudios hechos con un colega de Stanford, Martin Carnoy,
que se han publicado ahora en la OCDE, sobre lo que llamamos la
"flexibilidad sostenible", en que, primero, presentamos los datos de
transformación del mercado laboral.
Si definimos el trabajo estándar como el trabajo de un trabajador con
contrato indefinido a tiempo completo en una empresa o en una
administración y que tiene, más o menos, una trayectoria profesional
previsible.
Si utilizamos tal definición como modelo estándar de organización y trabajo, nos equivocamos. En estos momentos en el Reino Unido, la cuna de la Revolución Industrial, el 52% de la fuerza laboral no corresponde a este modelo, corresponde a trabajos a tiempo parcial, trabajadores temporales y autónomos.
En estos momentos casi el 20% de la fuerza laboral en el Reino
Unido son autónomos y en Italia el 25%. Hay una explosión del trabajo
autónomo, todos consultores de todos. En Francia en este momento el
trabajo no estándar es, más o menos, el 35% (por no estándar añado todo
esto, que no es el modelo antes expuesto). En EEUU es casi el 40%.
Holanda, es el país modelo de creación de empleo, en este momento en la
Unión Europea. Ya sabéis que el tema de Holanda es que es trabajo a
tiempo parcial, y que lo que ha habido es una entrada masiva de mujeres
en el mercado del trabajo holandés. Ha subido la fuerza laboral, pero en
base a trabajo a tiempo parcial.
En EEUU la mayor empresa es Manpower, la empresa de trabajo temporal que emplea un millón de personas. Un millón de trabajadores trabajan en Manpower, pero no trabajan, sino que alquilan su mano de obra.
En España las cosas son más complicadas, pero como sabéis la
inmensa mayoría de contratos que se hacen en España son contratos no de
carácter indefinido. Los de carácter indefinido son menos del 10%. Y, en
Cataluña un dato que me pareció bastante significativo, es que el año
pasado, por primera vez, se crearon más puestos de trabajo autónomos que
asalariados. En Cataluña, que es la comunidad más dinámica de España en
estos momentos.
Esta es la verdad razonable, aquí sí que hay un pacto decisivo que va en
el sentido del nuevo tipo de economía, del nuevo tipo de tecnología y
que realmente transforma las relaciones laborales. Esto tiene dos caras,
o tres caras, si queréis.
La nueva relación laboral
Por un lado, y desde el punto de vista de eficiencia, de productividad y
de competitividad de las empresas, incrementa esta gran flexibilidad,
incrementa productividad, permite una asignación más racional de
recursos, permite desarrollar una capacidad de intervención en el
mercado de forma más estratégica. Es decir, hay todas las ventajas de la
flexibilidad.
Ahora bien, esto tiene tres caras. El fenómeno, por un lado, incrementa
la flexibilidad, incrementa la eficacia de las empresas, permite
reciclar constantemente fuerza de trabajo, pero tiene tres grandes
problemas.
El primero es un problema propiamente desde el punto de vista de la
empresa, que es la contradicción, si no se soluciona, entre
productividad y flexibilidad en un sistema de trabajo precario. Y es lo
siguiente: la OIT me pidió hace dos años un informe sobre esto, se lo
hice, se discutieron en asambleas de la OIT, provocó una gran discusión
porque lo que planteaba era muy sencillo, pero muy devastador para las
empresas, no sólo para los trabajadores.
Es lo siguiente. Gran parte de la productividad de la fuerza de
trabajo depende, en primer lugar, de la información y del procesamiento
de la información y, segundo, de la capacidad del trabajador, de su
conocimiento específico de la empresa y de los procesos de la empresa.
En esto hay un especialista japonés, Nonaka, que ha hecho grandes
estudios empíricos que muestran que gran parte de la productividad de
las empresas japonesas depende de lo que él llama el conocimiento no
explícito, que es el conocimiento que tiene un trabajador de qué pasa en
la empresa, de qué pasa en un proceso de trabajo, de qué pasa en una
cadena de montaje.
Los famosos grupos de calidad y los de trabajo en equipo consisten en
eso, en que los trabajadores se reúnen y hacen explícito el conocimiento
implícito que el trabajador tiene de la empresa.
Por tanto, hay algo que es más que la tecnología, que es la capacidad de
adaptarse a un proceso, que se obtiene por eso que hemos llamado la
experiencia de la empresa. Eso requiere algo, requiere una condición
social de que el trabajador tenga interés en comunicar ese conocimiento
dentro de la empresa. Si el trabajo es precario, si su conocimiento es
su capital, ese conocimiento se lo guarda y lo va dando poco a poco en
distintas empresas y de distinta forma.
Por un lado, pierde conocimiento específico si cambia de empresa, por
otro lado, el capital profesional que va adquiriendo, que es suyo y que
no es simplemente un nivel tecnológico, sino una experiencia, se lo va
guardando como moneda de negociación para las próximas relaciones
laborales.
Por tanto, baja la productividad de cualquier trabajador, y estudios
empíricos lo demuestran: a menor implicación y menor duración en la
empresa, menor productividad. Por consiguiente, hay una contradicción
entre flexibilidad y productividad.
Segundo problema, ya a nivel no de empresa, sino de la sociedad en
general. La capacidad de individualización de la fuerza de trabajo hace
que los trabajadores puedan tener una relación muy individualizada, en
función de sus características con su empleador, o con su contratante,
cuando son consultores o autónomos.
Aquellos trabajadores con altas cualificaciones y poder de mercado pueden incluso salir mejor, pero todos aquellos que no tienen un poder individual del mercado, al ser individuos, e individuos genéricos, reemplazables o no por máquinas o por trabajo importado de otras partes, pierden capacidad de negociación, porque "si no quieres tú, mira la cola que tengo".
Esto está en la base del fenómeno de incremento de desigualdad social
y de incremento de polarización. Polarización es que los ricos son más
ricos y los pobres son más pobres. Desigualdad es que hay más
desigualdad, aunque a lo mejor todo el mundo podría ser más rico. Están
produciéndose a nivel mundial los dos fenómenos: mayor desigualdad y
mayor polarización.
La individualización del trabajo
Tercero, el tema también fundamental es que con una fragmentación de las
empresas en redes y con una individualización creciente del trabajo y de
los trabajadores la capacidad de diferenciación de la fuerza de trabajo
es tal que la capacidad de agregación de las relaciones laborales
disminuye, tanto por parte de los sindicatos, como las relaciones entre
sindicatos y empresas.
Para entendernos, es muy difícil mantener la agregación de la fuerza
de trabajo a nivel de negociación colectiva cuando la negociación se
individualiza. Con lo cual se está produciendo en todos los países una
fuerte baja de afiliación sindical y además, ha habido, como sabéis,
operaciones ya directamente políticas de disminuir el poder sindical en
todos los países.
Aparte de que uno esté afiliado o no a un sindicato, esto plantea dos
grandes problemas: uno, que se socava una de las instituciones centrales
del pacto social y del consenso social y político de nuestras
sociedades, que es un sistema de relaciones industriales estable,
conflictivo, y que siempre tiene que ser conflictivo, pero a partir del
sistema de instituciones, de acuerdos, etc.
Dos, que no solamente se socava la relación sindicatos-trabajadores, sino que se socava las bases financieras y organizativas del Estado de bienestar, porque en la medida en que la relación del trabajador a la empresa es individual y las cotizaciones de seguridad social son individuales, hay una relación cada vez más distante entre la cotización de ese trabajador y el sistema general de seguridad social:
"¿Por qué si tengo mucho más salario que tú voy a recibir las mismas
prestaciones?" Es decir, la diferenciación de situaciones laborales y de
salarios repercute en la diferenciación de contribuciones a la seguridad
social que, en cambio, va a responder con un sistema bastante homogéneo
de prestaciones. Y ahí se empiezan a aborrecer las solidaridades.
No hay más que ver lo que está pasando. Acabo de volver de Finlandia, de
los Países Escandinavos donde las clases medias y medias-altas dicen:
"No, no, nosotros no queremos contribuir de esta forma".
Empieza a haber toda forma de fraude, a hacerse autónomos y luego contratar por la empresa para escapar de la cotización a la seguridad social general, con lo cual lo que era un movimiento desde la producción de individualización de la relación laboral, se amplia con un movimiento desde la financiación de las cargas sociales de la gente más privilegiada. Para entendernos, se busca sistemas individualizados de cotización, que quiere decir autonomía de la relación laboral.
Con lo cual, el conjunto del beneficio de las relaciones
industriales y del Estado de bienestar entra en crisis potencial, no
solo de financiación, sino de solidaridad social. Resultado: efectos
negativos sobre los trabajadores y las relaciones industriales.
Absolutamente.
Hacia un nuevo Contrato Social
No son los efectos del paro masivo. Son este tipo de efectos que, en mi
opinión obligan a una redefinición de las relaciones laborales.
Redefinición en la que, en mi opinión, no sólo están interesados
sindicatos y trabajadores, sino la sociedad en general, porque donde
estamos yendo no es únicamente a la pobreza, como se dice de EEUU, y a
la exclusión social.
Ese me parece un buen argumento, pero al 80% de la población le da
igual. EEUU admite: "-¿Cómo la gente puede vivir con un 20% de excluidos
de la sociedad?" "-Bueno, porque esos no votan, no hacen nada y el 80%
está en la otra dinámica". Las cosas son así de duras.
Pero hay algo general en términos de impacto, que es el conjunto de
instituciones que permiten la convivencia social y no una sociedad de
individuos en competitividad y agresividad constante los unos contra los
otros.
A través de esa disolución, lo que perdemos son las instituciones de
agregación social y pasamos a una sociedad formada por redes de
individuos, lo cual implica toda clase de cosas. Este es un poco el tipo
de tratamiento que podríamos discutir.
Personalmente, estoy preocupado por intentar encontrar fórmulas de
reconstitución del tejido social, de reorganización de un Contrato
Social, etc., pero prefiero que hablemos juntos para intentar darle al
problema una solución. Aunque tenemos un problema. Los datos están ahí y
los podemos ampliar.
Manuel Castells - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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