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El desempleo europeo es el resultado del desfase entre la
creciente interdependencia económica en un sistema global y las
condiciones europeas de estabilidad del trabajo y protección social, muy
superiores a las existentes en Asia (excepto Japón) y en Estados Unidos.
En una palabra: no se puede jugar en el mismo campo y al mismo juego con
reglas de juego diferentes.
La economía global iguala hacia abajo
La integración económica global, con condiciones de productividad
similares, tiende a igualar -hacia abajo- las condiciones sociales y
salariales. El problema no es, por ahora, la competencia directa de
productos asiáticos o norteamericanos exportados a Europa, puesto que su
penetración es aún limitada.
El problema es que las empresas europeas, enfrentadas con costos
laborables más altos que sus competidores, tienden a introducir
tecnología para eliminar trabajo, compran insumos industriales de otros
países de menor costo y, cada vez más, orientan sus inversiones hacia
América o Asia. Si Europa quiere integrarse plenamente en la economía
global es muy dudoso que se pueda permitir la continuación del estado
del bienestar actual y de la relativa estabilidad de empleo. Y no parece
realista pensar que los gobiernos y empresas europeas van a renunciar a
dicha integración en los mercados globales.
La cuadratura del círculo se llama productividad
Ahora bien, reconocer la fuerza de este argumento no quiere decir que
los trabajadores no tengan otro remedio que aceptar los postulados
neo-liberales de la globalización y resignarse al retroceso de
conquistas sociales y poder de negociación salarial.
No estamos en el fin de la historia, con la apoteosis de un
capitalismo salvaje, sino en el principio de una nueva era, en la que el
extraordinario desarrollo tecnológico puede permitir, a la vez, más
ganancia para las empresas y mejores condiciones para los trabajadores:
la cuadratura de ese círculo se llama productividad.
Los sindicatos son el principal instrumento de los trabajadores
Pero la elaboración de un nuevo modelo de crecimiento económico y
reparto social debe partir del reconocimiento de donde están los
problemas y de la movilización para plantear, negociar y obtener
soluciones. Y aquí es donde el trabajo y empleo debilitan
estructuralmente la posición tradicional de los sindicatos que, se diga
lo que se diga, son, con todos sus límites, los principales instrumentos
con que cuentan los trabajadores, y la población en general, para la
defensa de sus derechos.
Lo que las nuevas tecnologías de información y comunicación permiten es
la individualización creciente del proceso de trabajo y la organización
de la producción en red, mediante la utilización sistemática de
subcontratas, de consultarías y servicios especializados, de
trabajadores temporales, a tiempo parcial o a la tarea. Y esto en todos
los niveles de cualificación.
La empresa moderna es una red de producción, servicios e información
que se conecta con otras empresas igualmente reticulares, de forma que
cada trabajador recibe una tarea o un salario de forma cada vez más
individualizada.
Hacia la empresa virtual
La tendencia es hacia la creación de empresas virtuales en las que el
proceso de trabajo se organiza a distancia y por empleadores diferentes.
Aunque la mayoría de las empresas aún utilizan los métodos tradicionales
de producción y gestión, la flexibilidad y productividad del nuevo
modelo irá eliminando las empresas que no entren en las nuevas formas de
producción internacional.
En esas condiciones, ¿cómo organizar a los trabajadores, cuyas
condiciones de trabajo, empleo, sueldo y protección social son
individualizadas?. Si el trabajo es local y el capital global, ¿cómo
actuar sobre una empresa si la respuesta puede ser el cierre y la
reinversión del capital en otra región, en otro país o en otro
continente?.
Pasar de los derechos sociales del trabajador, a los del ciudadano
Las respuestas, tecnológicas, organizativas, estratégicas, a estas
preguntas, existen, y están siendo experimentadas en distintos países.
La organización de los trabajadores debe ser igualmente descentralizada
y reticular, debe utilizar formas organizativas en línea telecomunicada
interactiva, debe utilizar información sobre las relaciones inter-empresas,
y debe negociar flexibilidad y productividad por protección social y
estabilidad en el empleo. Probablemente el Estado del Bienestar debería
ser financiado en base al presupuesto general del estado, por vía
impositiva, y no por contribuciones de trabajadores y empresas, puesto
que ello grava la creación de empleo. Habría que pasar los derechos
sociales del trabajador a los derechos sociales del ciudadano.
Dos prioridades: la mujer y la educación
El movimiento sindical debería dar un enfoque prioritario a los
problemas de la mujer, particularmente en el sector servicios, pues es
el mercado de trabajo femenino el que, ante la indiferencia práctica de
los sindicatos por sus problemas, suele actuar como ejército de reserva,
presionando a la baja las condiciones laborales.
El sistema educativo debe ser redefinido de arriba a abajo,
adaptándolo a las necesidades de un sistema productivo basado en la
capacidad de procesar información. Lo cual implica el desmantelamiento
de la formación profesional, enfocada a las calificaciones requeridas a
corto plazo, y por tanto rápidamente obsoletas, sustituyéndola por una
integración entre educación y trabajo constante a lo largo de la vida
profesional.
Reinventar el movimiento obrero
Si los sindicatos se mantienen negociando en el marco de la empresa, la
globalización o informacionalización de las empresas acabará
desarticulándolos. Los sindicatos sólo pueden sobrevivir, y con ellos la
defensa de los derechos de los trabajadores, planteando un debate social
y político sobre las nuevas formas de organización económica, social y
política, buscando un modelo que garantice la conexión entre
productividad, competitividad, reparto de la riqueza y bienestar social
en las nuevas condiciones tecnológicas.
La toma de conciencia de la nueva situación histórica y un amplio debate a ras de fábrica y de barrio, a partir de información adecuada, son requisitos indispensables para re-inventar un movimiento obrero (aunque ahora sean obreros de la información) que corresponda, sin anticuallas, a la reinvención de sí mismo que ha operado un capitalismo de nueva planta. No para volver a la lucha de clases, superada por una sociedad mucho más compleja que la del capitalismo clásico.
Sino para recordar a las empresas, al mundo y a nosotros mismos, que
podemos y debemos pasar de vivir para producir y a producir para vivir.
Manuel Castells - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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