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Una propuesta sindical renovada debe situar como prioridad la
centralidad del empleo, teniendo en cuenta sus actuales especificidades.
Un sindicalismo renovado que huya de la tentación del sindicalismo
resistencialista, el cual circunscribe su práctica en la lucha por el
empleo a un discurso sobre su mantenimiento, que sólo es virtualmente
verosímil enredado en las variables del cuadro macroeconómico. Una
posición resistencial que no dudamos en calificar de trasnochada e
inútil frente a la necesidad de soluciones concretas a los problemas
concretos que tienen planteados los trabajadores.
En lo que respecta al terreno macroeconómico, y en la fase actual de
globalización económica y financiera del sistema capitalista, ningún
movimiento de variables macroeconómicas es perceptiblemente relevante,
excepto el control de la inflación y los ajustes de la moneda en tanto
que garantía de competitividad en el intercambio comercial y financiero
que se produce en el seno del mercado global.
El cambio de mentalidad y de políticas que es necesario en un entorno
socio-económico de características globales tienen una respuesta
recurrente desde las tesis neoliberales (tesis hoy muy en boga en el
mundo empresarial y financiero): la desregulación laboral y el
desmantelamiento del Estado del Bienestar.
Desde el interés de los asalariados estas nuevas-viejas tesis plantean
la necesidad imperiosa de contar con un sindicalismo con capacidad de
combinar propuesta y reivindicación para enfrentar positivamente el
cambio que se está produciendo en las estructuras socioeconómicas. Un
sindicalismo más imaginativo, a la par que más creíble, capaz de lograr
que en los procesos de reestructuración que se producen en la industria
y en los servicios no disminuya el empleo neto.
Un sindicalismo que actúe como agente facilitador de más y mejores
empleos, apegado a la realidad y tutelador de los derechos realmente
ejercibles por los trabajadores. Unos derechos que solo son tales si se
ejercen universalmente y eso solo sucede considerando una hipótesis de
pleno empleo. En una sociedad con altos niveles de desempleo estos
derechos son simplemente nominales, transformándose en privilegio para
algunos, siendo para otros un obstáculo que dificulta sus oportunidades
de empleo.
Un sindicalismo transformador que se enfrente a políticas económicas y
decisiones empresariales despilfarradoras de capital humano. Una acción
sindical que priorice la potenciación de los recursos humanos como
factor clave de la estructura productiva.
Una acción sindical inmersa en una estrategia de transformación y de
cambio en las relaciones de producción, opuesta a un sindicalismo de
resistencia, tacticista y con miras a corto plazo, que en un proceso de
reestructuración empresarial o sectorial quizá consiguiera mejores
indemnizaciones por el despido de los excedentes laborales, pero que al
fin y al cabo no fuera capaz de detectar el fondo del problema: la
continuidad de la actividad económica en un entorno competitivo y la
conservación/creación de empleo.
Una experienciade la acción sindical transformadora:
la reestructuración de Papelera Española
Para ilustrar nuestra propuesta de sindicalismo transformador nos
referiremos a una experiencia de lucha sindical por la defensa de los
puestos de trabajo: la realizada por los trabajadores de Papelera
Española.
Papelera Española realizaba su actividad en el sector de las Artes
Gráficas.
Esta empresa estaba ubicada en el municipio del Prat del Llobregat,
comarca del Baix Llobregat.
En la actualidad los trabajadores a los que nos referimos ya no trabajan
en Papelera Española, durante el proceso de crisis y reconversión de la
empresa perdieron su puesto de trabajo en ella, pero una acción sindical
transformadora les posibilitó mantener su empleo en unas nuevas empresas
emergidas de la propia crisis.
La estrategia de la acción sindical se basó en un posicionamiento
resistencial al inicio del conflicto que fue evolucionando hacia una
acción sindical con propuestas positivas, manteniendo el tono de firmeza
en la negociación, en el momento que la empresa nodriza propone eliminar
por no competitivos parte de sus puestos de trabajo.
A pesar de que la salida de la crisis implicó una reducción de plantilla
(mediante jubilaciones anticipadas pactadas) podemos considerar que, de
manera global, la acción sindical de los trabajadores, en una
perspectiva positiva y transformadora, ha logrado generar más empleo que
el existente en la etapa anterior: a la conservación de la mayoría de
los puestos de trabajo en el seno de las nuevas empresas ha de añadirse
el empleo generado por una actividad empresarial más competitiva.
Tal planteamiento obedecía a una estrategia de acción sindical basada en
realizar una resistencia inicial y una acción sindical propositiva en el
momento que la empresa nodriza había decidido eliminar por no
competitivos parte de sus puestos de trabajo.
Las causas de la crisis de La Papelera Española en los años 70
Cuando una gran empresa como Papelera Española empieza a fusionarse o a
depender del capital financiero se producen, como mínimo, dos efectos:
- una mayor carga financiera sobre la cuenta de resultados.
- una mayor exigencia de dividendos/acción en el reparto de beneficios
que habitualmente se sitúan por encima de la reinversión industrial.
La relación o fusión del capital industrial y el capital financiero está
vinculado al proceso de maduración del desarrollo empresarial de las
grandes empresas, dada la necesidad de replantearse las características
de su actividad industrial para situarla en relación con las nuevas
necesidades y estrategias del capital en el mercado.
A la introducción del capital financiero en Papelera Española hemos de
añadir, como un factor de no menor relevancia, el incremento de los
costes de producción como consecuencia de la crisis energética de los
años 70 y el consiguiente encarecimiento de la materia prima. Por
circunstancias exógenas y endógenas, la empresa estaba abocada a un
proceso de reestructuración, dado que su viabilidad estaba cuestionada.
Dada la naturaleza de este artículo, no entraremos en como se conformó
la decisión empresarial ni la analizaremos con exahustividad y por
tanto, aun a riesgo de esquematizar, haremos una exposición sintética.
Nuestra aportación tiene al empleo como elemento central, una mayor
exahustividad en la información no modificará nuestra tesis de forma
sustancial.
Los elementos centrales de la propuesta que Papelera Española planteó a
la representación sindical para la reestructuración en su factoría del
Prat de Llobregat fueron:
Reducir el empleo.
Eliminar una parte de la actividad, la elaboración de embalajes y cajas,
centrandose en la elaboración del cartoncillo.
Finalmente, atomizar el grupo empresarial Central en distintas
denominaciones y titulariades mercantiles
El entorno de la crisis
En el momento en que Papelera Española presenta el expediente de
regulación de empleo (ERE), el Gobierno Central estaba presidido por
Adolfo Suárez. Por consiguiente, la característica de la situación
política era que la Autoridad Laboral actuante en el proceso de Papelera
lo hacia en el marco legal y político administrado por los Gobiernos de
la UCD.
Las posibilidades de emprender una reestructuración a fondo de la
totalidad del grupo empresarial eran mínimas en el País Vasco,
territorio donde se ubicaba la sede empresarial y la mayoría de sus
factorías industriales, esta voluntad la expresaba muy bien las palabras
dichas por un representante de la empresa en los momentos álgidos de la
movilización de resistencia de la plantilla del Prat: en condiciones
normales seriamos sensibles a las propuestas que se nos hacen en la mesa
catalana pero sucede que en las mesas vascas se oye un ruido metálico
(entorno de ETA), que ensordece vuestra movilización.
Cuando estalla la crisis de Papelera Española, la comarca del Baix
Llobregat se encuentra en una crisis empresarial salvaje (decimos
salvaje en contraposición a la denominación usual para los procesos de
reestructuración ordenados: reconversión industrial).
La crisis empresarial tuvo tal magnitud que en el período de 1976 a 1984
la comarca cambió su piel empresarial en tal forma y manera que ya nada
fue como antes.
El Baix Llobregat acumuló un número de parados que eran insostenibles
para el equilibrio social. Parados procedentes tanto de la presión
demográfica, al ser la comarca con la población más joven de Catalunya,
como de la presión ejercida por las personas que perdían su empleo a
causa de la crisis económica y, finalmente, por la escasez de creación
de nuevos puestos de trabajo.
La expresión más contundente de la crisis social se expresa en la tasa
de paro, que llegó a situarse en el 30% de población activa. No hará
falta, pues, insistir en que los problemas de cohesión social que el
paro evidenciaba se sumaban a los producidos por un importante déficit
en infraestructuras, herencia de la época del desarrollismo salvaje
(1960/1970) que había precedido en el tiempo a la crisis del año 1.975.
Todo ello, crisis económica, ruptura social y déficits históricos, acabó
representando una amenaza muy seria para la convivencia en la
experiencia democrática recién iniciada en el país.
Finalmente, y en relación al entorno en que se produce la crisis de
Papelera, decir que las primeras elecciones municipales se celebraron en
fecha reciente al estallido de esta crisis (1.979) . Elecciones que
hicieron que el Ayuntamiento del Prat de Llobregat fuera gobernado por
el PSUC. El Gobierno municipal jugó un papel muy secundario, dada su
temprana experiencia gubernamental, aunque su actitud política fue
claramente solidaria con la acción de los trabajadores.
El debate entre las fórmulas sindicales resistenciales y las
transformadoras
El sindicalismo ha nacido y se ha desarrollado fundamentalmente para la
protección y consecución de más y mejores derechos para los
trabajadores. El sindicalismo es, en definitiva, el ejercicio de la
acción colectiva frente al contrato leonino o la indefensión individual
en las relaciones laborales.
La crisis económica de finales de los 70 cogió por sorpresa a los
sindicatos democráticos después de su legalización. La lucha
antifranquista en el desarrollo de un sindicalismo movimentista,
heroicamente resistencial, había dejado la huella de un no excesivo
realismo en las posibilidades de reivindicación y de lucha del
movimiento sindical.
La metodología seguida en la resolución del conflicto social consistía
en la movilización de los trabajadores de la empresa hasta la
extenuación, en aras a conseguir una movilización lo más amplia y
general posible (huelgas generales o sectoriales solidarias...). Esta
metodología ponía al nivel de solidaridad alcanzado como la mejor
expresión de la correlación de fuerzas en favor de los trabajadores.
Las heroicas experiencias en la lucha antifranquista de las empresas
Elsa, Solvay y Laforsa, representaron grandes pasos en el movimiento
sindical: se realizaron en la comarca dos huelgas generales aplicando el
método comentado. Sin duda, estas experiencias de lucha permitieron una
maduración del movimiento sindical del Baix Llobregat que le hizo
alcanzar una elevada notoriedad en toda España.
Después de la reinstauración democrática, coincidente en el tiempo con
una generalización de la crisis económica, se abrió en el seno de las
incipientes organizaciones sindicales y en el conjunto del movimiento
obrero un fuerte debate sindical, sobre como hacer frente a la crisis
parcial o total del empleo en una empresa.
Esquemáticamente, el debate se realizaba entre dos posiciones: la una,
el o todos o ninguno. Se refería a una lucha sindical a por todas, con
la finalidad de salvar toda la empresa y todos los puestos de trabajo.
Y, la segunda, negociar la viabilidad futura de la empresa salvando el
máximo de puestos de trabajo posibles. Una posición donde las
posibilidades reales de continuidad de la empresa y la viabilidad de los
puestos de trabajo jugaban una parte importante en la estrategia
sindical y por tanto en las alternativas concretas por las que se
luchaba.
Este debate se cerró con rapidez en el Baix Llobregat, pero, en sus
inicios supuso un importante debilitamiento de la credibilidad sindical.
Aunque reforzó al sindicalismo cuando acabó en una nueva síntesis que
fue la posición de negociar la viabilidad futura de la empresa con el
máximo de empleos posibles a la vez que impulsar un sindicalismo en el
territorio que con su acción supusiera favorecer la creación de empleo y
una acción activa en la búsqueda del mismo para los que lo hubieran
perdido.
La acción sindical durante la crisis
El entorno sindical y sociopolítico comentado y los incipientes nuevos
planteamientos sindicales posibilitaron una acción que, más allá de la
acción sindical resistencial (huelga general en El Prat), forjara un
sindicalismo de propuestas en la búsqueda de difíciles y complejas
alternativas.
Estas propuestas se concretaron formalmente en el Laudo dictado por la
Autoridad Laboral, donde se recogieron aspectos de la propuesta
empresarial y de las propuestas sindicales.
Al Laudo se sometieron las partes sin oposición. El Laudo fue un pacto
de hecho, no reconocido formalmente. En síntesis, éste supuso:
La desaparición de Papelera Española y la creación de dos empresas:
Prat Cartón S.A.
Embalajes Y Cajas S.A.
Y la jubilación anticipada para los trabajadores mayores de 60 años.
El nacimiento de una nueva empresa
Prat Cartón, S.A. fue la hija mayor de la antigua Papelera Española.
Esta empresa nació aligerada de peso laboral, con una menor plantilla,
fruto de las jubilaciones anticipadas y de la segregación de parte de
ella en Embalajes y Cajas. Su continuidad como empresa en la actividad
del cartoncillo, según pretensión inicial de Papelera, es hoy una
expresión de los efectos positivos de la reestructuración aceptada. Su
consolidación como empresa, dentro del colectivo de las PYMEs de la
comarca, es la mejor expresión de lo acertado de un sindicalismo tenaz y
flexible en su lucha por la consolidación del empleo.
La otra empresa, Embalajes y Cajas S.A. , considerada en la propuesta
sindical, fue fruto del compromiso de las partes y nacía con los
siguientes condicionantes:
- Un Laudo que impone su nacimiento y impulso, responsabilizando a la
antigua Papelera Española.
- Un mercado, el de embalajes y cajas, en recesión fruto de su alta
vinculación al consumo y la caída de éste en esa coyuntura.
- Una plantilla desmotivada por lo traumático del ERE y con una
desconfianza en el futuro de la empresa (al ser una imposición...).
- Unas infraestructuras: el edificio y la maquinaria (en precario y
dentro del recinto empresarial de Prat Cartón).
- Un equipo directivo profesional formado, de una parte, por personas
procedentes de la propuesta empresarial de rescisión de contratos, y de
otra, por personal de nueva contratación.
La necesidad de empleo y el reto de demostrar la posible continuidad de
la empresa acabó siendo el principal activo de la nueva sociedad.
Probablemente sin el respeto por parte de Papelera Española del Laudo
dictado por la Autoridad Laboral tampoco podría la nueva sociedad haber
empezado su actividad con los mínimos imprescindibles para el éxito.
El proceso de consolidación
La consolidación de la empresa requería de un proceso que tuviera en
cuenta, como factores básicos, el incremento de la competitividad de la
empresa y la recuperación de los derechos sindicales (representatividad
sindical y capacidad de negociación colectiva), todo ello en aras a
recobrar la confianza en las posibilidades colectivas de futuro, en lo
que respecta a la continuidad de la empresa y a la consolidación del
empleo.
El proceso de consolidación implicó:
- La celebración de elecciones a delegados sindicales.
- La consolidación del núcleo directivo.
- El afianzamiento en el mercado.
- El diseño e implementación de una estrategia de consolidación
empresarial.
En un principio, los trabajadores veían como sus derechos laborales como
trabajadores de la empresa Papelera Española habían desaparecido. Las
palabras Convenio Colectivo y Comité de Empresa no tenían una concreción
real en su nueva situación laboral.
Por parte del accionariado, se pensaba en el cumplimiento de lo que
indicaba el Laudo y que con eso ya se cubría con el compromiso laboral.
El núcleo dirigente de la empresa ejercía de salvador, para ello
necesitaba de sacrificios por la parte de los trabajadores cuando no
lograba la confianza del accionariado.
Se trataba, para todas las partes, de una nueva fase en las relaciones
laborales que no era fruto de su voluntad, sino que había sido forzada
por la Autoridad Laboral. Los trabajadores eran conscientes de que
mediante su lucha sindical y su capacidad de realización de propuestas
concretas de viabilidad se consiguió que la resolución la Autoridad
Laboral no fuera la rescisión de contratos, tal y como pretendía
inicialmente Papelera Española, sino que el Laudo dictado supusiera una
oportunidad para abordar una nueva experiencia empresarial que implicara
una continuidad en el empleo.
Desde una perspectiva sindical, la conformación de las relaciones
laborales en Embalajes y Cajas habían de comenzar de cero. Era necesario
establecer un nuevo Convenio Colectivo y mantener la reivindicación de
consolidación del empleo. Garantizar el empleo y aumentar su calidad
solo era posible si, a través de la consolidación de la empresa, éste
aumentaba.
La consolidación de la dirección ejecutiva de la nueva empresa, el
cumplimiento de las condiciones establecidas por el accionista, la
renovación del discurso sindical, la consolidación de las nuevas
reivindicaciones laborales, ... todos estos factores influyeron en el
proceso de maduración de la empresa, haciendo de ella una empresa
competitiva en el sector del embalaje.
Viejos y nuevos problemas sindicales emergentes durante la crisis
Por parte del sindicalismo resistencialista las respuestas a las
posiciones empresariales se planteaban de manera recurrente e inercial,
con falta de flexibilidad y de propuestas imaginativas. Se trataba de
aplicar las recetas tradicionales del sindicalismo a las acciones
empresariales de corte reaccionario o neoliberal, llevando la acción
sindical y la lucha de los trabajadores a un callejón sin salida.
Por otro lado, la dirección de Papelera Española no brilló por su
agudeza. En algunas ocasiones cayó de hecho en actitudes propias de un
capitalismo primitivo:
- Negar la existencia de un marco contractual propio: el Convenio
Colectivo de referencia.
- Intentar un cambalache entre el incremento salarial y el aumento de la
jornada laboral.
- Reducir las condiciones laborales de los trabajadores recortando
prestaciones extrasalariales.
La respuesta desde el sindicalismo transformador planteaba:
- La exigencia de un Convenio de Empresa.
- Impedir los recortes salariales.
- Incrementar el empleo.
- Suprimir las horas extras.
- Incrementos salariales con respecto al IPC.
Las características del conflicto y los derroteros que estaba tomando
imponían un planteamiento de síntesis, el cual se recogería formalmente
en acuerdos de fondo y de forma, como la salida más realista para los
intereses de las partes, accionistas y trabajadores. Acuerdos que
recogían:
- Incremento de la productividad.
- Transformación tecnológica de la empresa.
- Convenio de Empresa.
- Mejora del empleo.
La salida de la crisis
Alcanzado el objetivo de sanear la empresa y de hacerla competitiva en
el mercado, una nueva etapa se abrió camino con el objetivo de
consolidar una estrategia de competitividad a medio plazo.
Para consolidar el empleo en una perspectiva de futuro ya se habían
agotado, o no eran garantía suficiente, las fuerzas iniciales: las
condiciones del Laudo y el impulso de la necesidad laboral. Estos
factores habían sido esenciales para abordar la viabilidad empresarial
en el medio plazo.
Habiendo transcurrido ya entre 12 y 14 años se hacía necesario plantear
el futuro de la empresa incorporando nueva savia y nuevas ideas: nuevas
inversiones y un accionista con voluntad estratégica de permanencia en
el sector de actividad.
El hecho de haber alcanzado una cuota de mercado interesante y la
historia laboral reciente de Embalajes y Cajas permiten que un grupo
importante, Sarrió, se interese por la empresa y sus posibilidades.
En el proceso de negociación para la entrada en la empresa, surgió la
demanda del comprador de realización de un ajuste de plantilla.
La edad promedio de la plantilla y su dificultad de adaptación
profesional a los nuevos requerimientos tecnológicos del proceso
productivo, hace que se planteé un segundo expediente de rescisión de
contratos, afectando a los trabajadores con más de 60 años, a los que se
les propone, y aceptan, un sistema de jubilaciones anticipadas a cargo
del accionista vendedor. El proceso de ajuste es supervisado
sindicalmente, dadas las características de edad de la plantilla estas
rescisiones/jubilaciones anticipadas no tienen un efecto excesivamente
traumático.
El futuro
Embalajes y Cajas es en la actualidad una empresa con una buena
situación patrimonial y con una saneada cuenta de resultados.
Los puntos fuertes de la empresa son: una fuerte inversión tecnológica,
una plantilla joven y una cualificación profesional en permanente mejora
para la adaptación de la plantilla a las nuevas técnicas y métodos.
La viabilidad de la empresa y la consolidación del empleo y de las
condiciones laborales de los trabajadores son la más clara expresión de
la victoria de una acción sindical que levanta y defiende propuestas
positivas y de futuro al servicio de los trabajadores en su realidad
concreta.
La actualidad empresarial de Embalajes y Cajas es similar a la de
cualquier PYME saneada de la comarca.
En la defensa del futuro de la empresa y de sus puestos de trabajo el
sindicalismo transformador tiene un reto: en base a la
corresponsabilidad laboral ejercida, reivindicar la presencia sindical
en la dirección de la empresa, pelear para que esta asunción de
responsabilidades sea reconocida como un valor estratégico de la
compañía.
A modo de conclusión
Un proceso de reconversión industrial no es intrínsecamente perverso, a
pesar de generar incomodidad, frustración e incluso cambios de vida que
impliquen una difícil adaptación. El sindicalismo es hoy capaz de
analizar la viabilidad de la propuestas empresariales y el carácter de
las mismas y en este sentido las propuestas y las características de la
acción sindical.
En relación al empleo, la verdadera capacidad del sindicalismo como
instrumento de lucha y de transformación social no se mide con respecto
de la capacidad de conseguir indemnizaciones para los trabajadores que
pierden su empleo, sino que se mide con respecto a su capacidad para
realizar políticas sindicales e impulsar dinámicas para el mantenimiento
y la creación de empleo.
La coyuntura económica del sistema capitalista, de marcado sesgo
neoliberal y las facilidades que ofrece la globalización económica para
las transacciones económico-financieras y comerciales y para los flujos
de la fuerza laboral, reclaman un sindicalismo que no sea fedatario, en
su desesperada lucha resistencialista, de la pérdida de empleos,
convirtiéndose en involuntario aliado de una concepción reaccionaria de
la función empresarial.
Los trabajadores precisan de un sindicalismo que sea ofensivamente
constructivo y que capitalice la lucha de los trabajadores aprovechando
y impulsando dinámicas que posibiliten la generación de más y mejor
empleo.
Cesc Castellana - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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