Las emisoras de radio en la iglesia

Autor: Josep Casellas

PUBLICIDAD, PROMOCIÓN Y RELACIONES PÚBLICAS

05-2005

De los modernos medios de comunicación social la radio es el que ha gozado de mayor aceptación por parte de la jerarquía eclesiástica católica y de la de otras iglesias cristianas.

El desarrollo de la prensa escrita ya durante el siglo XIX fue contemplado con una actitud de sospecha sistemática y en varias ocasiones condenado de modo contundente por las autoridades eclesiásticas. Papas y obispos veían en el principio de la libertad de prensa un atentado contra la ética y contra la fe, porque creían que favorecía el relativismo y el indiferentismo. Mas tarde, las nuevas artes y medios de comunicación, como el cine y la televisión, fueron también objeto de crítica o, por lo menos, vistas con recelo desde diversos sectores de la Iglesia, fundamentalmente por las mencionadas razones.

La radio fue acogida, en cambio, desde sus mismos inicios, de un modo mucho más favorable. Este medio ofrecía, por fin, a la Iglesia, la posibilidad de dirigirse simultáneamente a todo el mundo, en el sentido literal de la expresión, con la fuerza penetrante de la palabra.

 El optimismo de los representantes eclesiásticos ante la radio fue al mismo tiempo la causa y la consecuencia de la creación en 1931, por parte de Pío XI y con la colaboración de Guglielmo Marconi, de Radio Vaticano.

Si el Papa tenía a su disposición una estación audiodifusora en el Vaticano, no había ningún motivo de peso para negarse a poner este medio al servicio de la fe y de la Iglesia en las distintas diócesis del mundo.

 Así fue como nació Rádio Renascença en Portugal, en 1937, y otras emisoras en distintos países. Con todo hay que señalar que Radio Vaticano no fue la primera emisora católica del mundo, ya que con anterioridad a su creación ya existían radios de este tipo en Estados Unidos, donde la primera emisora católica data de 1925, y en otros países del globo.

 Y el mismo año en que nació Radio Vaticano lo hizo también, en Ecuador, una emisora protestante con vocación de amplia proyección internacional: La Voz de los Andes.

Radio Vaticano fue, pues, un estímulo para el nacimiento de otras radios católicas, aunque muchas de las que surgieron posteriormente no se inspiraron en el modelo programático de la radio de la Santa Sede, que tenía unos objetivos singulares: difundir la voz y el mensaje del Papa, y relacionar el centro del catolicismo con su periferia.

Primeras radios católicas en España

En España la reacción fue más tardía. Hay que consignar un intento fallido, el de Ildefonso Montero en Sevilla, que tenía el propósito, ya en 1924, de crear una emisora para realizar propaganda católica y para difundir los objetivos de la obra Ora et labora por él dirigida. No fue hasta la década de los años cincuenta cuando pudo observarse el nacimiento, en pequeños pueblos y ciudades, de diminutas y rudimentarias Estaciones Audiodifusoras de Acción Católica, que como su nombre indica fueron promovidas por sacerdotes celosos y por laicos comprometidos en la Acción Católica. Estas estaciones audiodifusoras dieron origen a lo que más tarde fueron las emisoras parroquiales.

Las más potentes de ellas fueron configurando, durante el periodo 1959-1965, lo que hoy conocemos con el nombre de COPE (Cadena de Ondas Populares Españolas).
A mediados de los años sesenta finalizó la primera gran etapa en la historia de las radios católicas de los países de Europa latina (Italia, Francia, Portugal y España). Muchas todavía existen, algunas ligeramente transformadas, otras habiendo experimentado profundos cambios.

La segunda etapa, en esta historia, tuvo su inicio a mediados de los años setenta, coincidiendo con la aparición del fenómeno de la desregulación, en virtud del cual el Estado dejaba de tener el monopolio sobre la radiodifusión y se abría el camino para el nacimiento de emisoras libres de tipo comercial o comunitario.

En algunos países, como en Italia, las radios católicas estuvieron en vanguardia en la lucha contra el monopolio del Estado. Radio Emmanuel de Ancona se cuenta entre las emisoras libres pioneras en el país transalpino.

 En otros países, en cambio, las radios católicas y ecuménicas surgieron con posterioridad a la desaparición del monopolio. Así ocurrió en Francia, donde Radio Notre-Dame fue creada en 1981, en París, y Radio Fourvière, en 1982, en Lyon. En España y Portugal la Iglesia católica gozaba de una situación favorable, y de unos acuerdos con el Estado, que le permitían mantener bajo su control emisoras como Rádio Renascença o la COPE.

En España hubo que esperar hasta la década de los noventa para ver la aparición de nuevas emisoras católicas, como Radio Santa María de Toledo, o Ràdio Estel, de Barcelona, ambas creadas en 1994.

 Un poco antes, a finales de 1993, tres emisoras vascas pertenecientes a la Iglesia católica dejaron de transmitir programación de la COPE. Se trata de Radio Popular de Bilbao, de San Sebastián y de Loyola. De este modo, las diócesis vascas recuperaban estas emisoras con el propósito de hacer una radio más cercana y de integrarlas en el marco lingüístico, cultural, social, político y religioso propio del País Vasco.

En Italia, la proliferación de radios creadas durante la segunda mitad de la década de los setenta, entre las que se encontraban bastantes emisoras católicas, no dio como resultado la consolidación de todas ellas.

La necesidad de hacer cuantiosas inversiones, el coste cada vez mayor del proceso de elaboración de los programas, y la disminución de recursos publicitarios, propiciaron el desarrollo de las grandes cadenas nacionales en detrimento de las pequeñas emisoras locales o diocesanas. Radio María, creada en 1982 en Arcellasco (Erba), cerca de Varese, ha basado su crecimiento en una política de cobertura de todo el territorio italiano, hasta el punto de llegar a tener más repetidores que la RAI. Esta radio ha conseguido situarse en el top ten de las emisoras italianas, y cuenta actualmente con 1.800.000 oyentes.

Tres modelos programáticos

Existe, pues, una gran diversidad, incluso una disparidad, de modelos de radio católica o ecuménica. No obstante, ciñiéndonos al ámbito de la Europa latina, se pueden distinguir tres tipos ideales o modelos de radios cristianas.

El primer modelo es el de la radio piadosa. Se caracteriza porque dedica una gran parte de su programación a los actos de piedad: retransmisiones litúrgicas o espacios de oración con la participación telefónica de los oyentes. Las radios que siguen este modelo tienen como objetivo no sólo fomentar la devoción a las cosas santas, sino también fundamentarla, básicamente con la difusión de programas catequéticos.

Al segundo modelo se le puede denominar, utilizando un neologismo, radio identitaria.

 En ese modelo se asume la tradición cristiana y se intenta actualizarla en el contexto de las actuales corrientes de pensamiento. Así como la radio piadosa se basa en el culto, la radio identitaria insiste en la cultura. Las emisoras que tienden hacia este modelo difunden unos elementos culturales que son ya fruto de una cierta elaboración y requieren, por tanto, una iniciación por parte de quienes los hacen suyos.

Los magazines, los informativos y los musicales constituyen los principales tipos de programas que emiten las emisoras y cadenas que más se aproximan al modelo de radio indentitaria.

El tercer modelo recibe el nombre de radio fronteriza. Es aquella que se sitúa en el ágora o plaza pública de una sociedad determinada y se propone aportar en ella la doctrina de la Iglesia. Intenta captar los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio. Ese modelo presenta un cierto equilibrio entre cinco grandes macrogéneros programáticos: información, entretenimiento, música, deporte, y participación.

 En ese modelo se produce una relación dialéctica entre los dirigentes de las distintas emisoras y la cultura popular. Por una parte se aceptan las preferencias del público, precisamente para ganar audiencia, y por otra parte se intenta transformar esas preferencias en la línea que señala el ideario de cada emisora o cadena.

Cabe precisar que ninguno de estos tipos ideales o modelos se da en estado puro, sino que generalmente una emisora o cadena participa de elementos de varios modelos aunque suelen predominar los elementos de uno de ellos. También es posible que una radio se haya acercado más a uno u otro modelo en distintas fases de su evolución histórica.

Hacia una redefinición de la radio religiosa

En el umbral del año 2000 encontramos en el conjunto de Europa y, para ser más precisos, en los países de nuestro entorno, que configuran la Europa latina, emisoras y cadenas que se aproximan a los tres modelos anteriormente mencionados. Sin embargo, no hay plena coincidencia en los teóricos de la comunicación sobre qué características debe reunir hoy una emisora o cadena para que pueda ser llamada con propiedad radio cristiana.

Si, como parecería lógico a primera vista, sólo hubiera que catalogar como tales las emisoras y cadenas cuya parrilla de programación estuviera repleta de programas correspondientes al macrogénero religión, habría que descartar todas las radios pertenecientes al modelo fronterizo y algunas de las que se aproximan al modelo identitario.

Ràdio Estel, por ejemplo, la emisora del arzobispado de Barcelona, presenta una amplia mayoría de los programas musicales, ya que se trata de una radiofórmula musical. Incluso en su franja nocturna de programación convencional el macrogénero con mayor presencia continua siendo la música (25 por ciento del tiempo correspondiente a esa franja).

Por su parte, las emisoras más representativas del modelo de radio fronteriza tienen macrogéneros dominantes distintos del de la religión.

Así, Rádio Renascença, de Portugal, encabeza sus macrogéneros con el entretenimiento (26 por ciento del tiempo total de programación), y la Cadena COPE, de España, tiene como macrogénero más destacado el de la información (39 por ciento).

La experiencia de estos últimos veinticinco años muestra que existen radios que reivindican el estatuto de cristianas sin que por ello tengan la religión como macrogénero dominante en su parrilla de programación.

Eso, junto con otras consideraciones como las funciones políticas que han ejercido o pretendido ejercer, algunas de esas radios en sus respectivos países, ha planteado la cuestión de saber si había que calificar todavía de radios religiosas a emisoras como Rádio Renascença o la COPE.

Naturalmente, en ese planteamiento juega un papel clave el concepto que cada uno tengo de lo que es la religión y su relación con la realidad social. Si la religión es un subsistema independiente y desconectado de los demás, entonces la radio religiosa deberá limitarse a difundir contenidos específicamente religiosos y mantenerse en una perspectiva sectorial.

En cambio, si la religión es una fuerza capaz de influenciar y de dinamizar todos los sectores de la vida humana y de la sociedad, en la línea de lo que estableció el Papa Pablo VI en su exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, del año 1975, habrá que convenir que el formato ideal para una radio de inspiración cristiana es el generalista o convencional, el cual tiene más ventajas que el formato temático o especializado.

Emmanuel Payen, director general de Radios Chrétiennes en France (RCF) utiliza la metáfora color de antena para referirse a esa segunda acepción del concepto religión, y a su idea de lo que debe ser hoy una radio religiosa.

Algunas rémoras del pasado

Todas las emisoras nacidas durante la segunda fase de la radiodifusión católica y ecuménica europea, iniciada a mediados de los años setenta, tienen una historia relativamente reciente.

Además, la mayoría, salvo la italiana Radio María, carecen de un número significativo de oyentes y no han tenido aún la posibilidad de ejercer una influencia sobre el conjunto de su audiencia potencial y sobre las estructuras sociales y políticas de los países en los que desarrollan sus actividades.

En cambio, las emisoras nacidas durante la primera fase, tienen tras de sí una larga historia y, además, han ejercido, para bien o para mal, un papel muy activo en sus respectivos países, no exento de conflictos y dificultades de todo tipo.

Es bastante conocido el caso de Rádio Renascença y las vicisitudes por las que tuvo que pasar con ocasión de la Revolución de los claves, en los años 1974 y 1975. Esa emisora tenía un pecado original: haber nacido en tiempos del dictador Salazar, y haberse desarrollado en la época, no menos dictatorial, de Marcelo Caetano.

En España, también las emisoras que hoy están integradas en la COPE nacieron en pleno franquismo y pudieron abrirse camino en el panorama radiofónico español gracias, entre otras cosas, al Concordato firmado en 1953 entre el General Franco y la Santa Sede.

Es innegable, pues, que tanto Rádio Renascença como la Cadena COPE nacieron en contextos políticos de tipo dictatorial y que su evolución resultó favorecida por el carácter pretendidamente católico con el que se presentaban los regímenes dictatoriales de Portugal y de España.

Si bien es verdad, pues, que esas radios católicas nacieron en situaciones de dictadura, no es menos cierto que sus promotores lucharon en todo momento por afianzar la independencia y la autonomía organizativa y financiera de sus respectivas radios. La labor realizada en Portugal por Manuel Lopes da Cruz, en los orígenes de Rádio Renascença, es particularmente ilustrativa a este respecto.

No obstante, esas radios han tenido que realizar un gran esfuerzo para resituarse en un contexto democrático. En Portugal, ese esfuerzo ha dado su fruto, y Rádio Renascença ya no es hoy la emisora conflictiva que fue en otras épocas, especialmente en tiempos de la revolución de los claveles.

En España, en cambio, la COPE no ha acabado de consolidar su sitio en el marco democrático, pues si en la época de la transición de la dictadura a la democracia fue un estímulo para la consecución de las libertades, actualmente tiene serios problemas para aceptar una profundización de la democracia en aspectos como la alternancia política o el progresivo desarrollo de los procesos autonómicos catalán y vasco y de la normalización de las lenguas propias de estas nacionalidades.

Un futuro incierto

Las radios católicas más antiguas en países como Portugal y España gozan de una numerosa audiencia. Rádio Renascença es la emisora más escuchada de Portugal con unos tres millones de oyentes, lo que corresponde a un 27,2 por ciento de su audiencia potencial, que en su caso es todo el país. La COPE, en España, supera también los tres millones de oyentes, y es la segunda radio más escuchada tras la Cadena SER.

El porcentaje de la audiencia real de la COPE con relación a su audiencia potencial, aun sin ser tan alto como el de la emisora católica portuguesa, no es pequeño: el 8,5 por ciento. No es, pues, la escasez de oyentes lo que preocupa a los responsables de esas radios y a las sociedades donde están implantadas. Las dificultades radican sobre todo en el intento de mantener una clara identidad cristiana.

En algunos momentos históricos, e incluso ahora, alguna de estas radios ha sido acusada de haberse convertido en una radio comercial más en la que el mensaje cristiano no llega a visualizarse por ninguna parte, por lo menos en los programas de mayor audiencia.

En otras ocasiones, estas radios han sido criticadas por personas y colectivos que entendían que estaban realizando una función política de carácter partidista más que una función religiosa.

Algo de verdad hay en esas acusaciones. Para afrontar, pues, el desafío que plantea el mantenimiento de la identidad cristiana y de la relevancia social de las radios cristianas, y el alejamiento de toda línea política unilateral y sesgada, se hace indispensable la existencia, dentro de la propia estructura organizativa de las emisoras, de organismos de control programático, encargados de vigilar el cumplimiento de los fines fundacionales, de carácter religioso, de las radios.

Estos organismos deberían también evitar que la publicidad tuviera un papel determinante en los contenidos de la programación y en la decisión de contratar a determinados profesionales poco sensibles al carácter cristiano de la radio.

Las emisoras y cadenas de creación más reciente, es decir, las que han nacido en los últimos veinticinco años, explicitan claramente su identidad cristiana, especialmente las que más se acercan al modelo de radio piadosa o de radio identitaria, pero no han conseguido obtener y fidelizar unas audiencias significativas. La que más ha avanzado en ese terreno, Radio María, con sus 1.800.000 oyentes tiene tan sólo un 3,1 por ciento de su audiencia potencial.

Es posible que la escasa audiencia de estas emisoras se deba en parte a su juventud, y en parte al escaso interés social que despiertan actualmente las emisoras de estas características en países secularizados o postcristianos como los de Europa latina. Pero tampoco es ajeno a este resultado un factor que depende de los responsables de la programación de esas emisoras: la falta de popularidad de muchos de los programas que ofrecen.

Una programación que partiera de los gustos y preferencias de aquellos a quienes va dirigida contribuiría, sin duda, a aumentar la audiencia y la incidencia de esas radios sobre las sociedades donde difunden sus emisiones.

Las sociedades occidentales, a pesar del nivel de secularización que han alcanzado, no se han desinteresado por la religión. Se ha hablado incluso de un retorno de lo religioso. Las radios católicas y ecuménicas tienen ahí una oportunidad para hacer llegar sus mensajes.

El modo de hacerlo resulta, sin embargo, problemático. No se trata de recuperar un estilo propagandístico, ya superado, sino de estar en la sociedad como una voz más, respetuosa de las demás, aportando el punto de vista cristiano sobre los acontecimientos, y fomentando la sensibilidad por los valores evangélicos.

El testimonio, fundamental para la evangelización, así como el discurso narrativo, tan propio de una religión histórica como el cristianismo, encajan perfectamente con las características del lenguaje radiofónico.

Por otra parte, no deberían tener la exclusiva de la preocupación por la viabilidad de las radios católicas y ecuménicas las instituciones religiosas de las que dependen directa o indirectamente. También las distintas administraciones públicas tendrían que contribuir más activamente en la preservación de la riqueza que aportan esas radios al ecosistema comunicativo actual.

Francia, con su Fonds de soutien à l'expression radiophonique, que reúne dinero que aportan por ley las emisoras y cadenas de carácter comercial y lo distribuye a las radios asociativas o comunitarias, señala un camino a seguir y a intensificar.

Los estados no pueden desentenderse de la responsabilidad de favorecer el pluralismo social o, por lo menos, de hacer posible que pueda manifestarse el que ya existe. Precisamente, los medios de comunicación son expresión del pluralismo social.

El apoyo a los medios que han decidido seguir una vía no comercial puede ser una buena forma de trabajar a favor del pluralismo.

Pero, en una Europa que camina hacia la liberalización total en el campo de las comunicaciones, y en tantos otros, ¿habrá sitio para las radios cristianas?
 

Josep Casellas - http://www.revistalafactoria.eu/ 

Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*

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