REFLEXIÓN DE FIN DE SIGLO

Autor: Santiago Carrillo

OTROS CONCEPTOS DE ECONOMÍA 

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05-2005

Cuando a mí me preguntaban, hace ya muchos años -porque esto del cambio democrático en España es ya viejo, sobretodo para los jóvenes- cuándo se podía dar por terminado el período de transición, siempre tuve muchas dudas en dar por terminado el período de transición y, en realidad, creo que no sólo España, sino el mundo, ha entrado en un período de transición acelerado que hace que, si en vez de 1977-78, los mismos grupos políticos que hicimos la Constitución española entonces, nos reuniéramos, hoy, para hacer una Constitución, tengo el convencimiento de que la Constitución que haríamos hoy, ya no seria igual que la del 77-78.

¿Por qué? Porque la Constitución del 77-78 se caracteriza por ser la de un país que establece un sistema democrático, social, de derecho y, en estos últimos años, España está perdiendo, o hay la amenaza de que pierda, esas características de un estado democrático, social, de derecho.

Si ahora se intentaran llevar a la Constitución ideas cómo la de la planificación, que está en ella, o ideas sobre la propiedad, que están en la Constitución, probablemente habría muchas más dificultades que hubo entonces para estamparlas. Y eso se debe a la acelerada transformación que se está produciendo en el mundo y que se ha acelerado todavía más después de la caída del muro de Berlín.

El siglo XX, un siglo que he vivido en su gran mayoría, ha sido un siglo convulso, que ha conocido dos guerras mundiales y multitud de guerras regionales y que ha conocido revoluciones

. En esas guerras ha habido matanzas enormes, pero, sin embargo, si hacemos el balance del siglo, veremos que es un siglo que se caracterizó por los avances científicos y técnicos, pero, sobretodo, por los avances sociales. Un siglo en el cual los trabajadores han alcanzado cuotas de bienestar y los estados se han organizado de manera a asegurar ese bienestar. Ni Carlos Marx, ni Federico Engels, hubieran podido imaginar, dentro del capitalismo, la existencia de esas posibilidades.

Cosas que se han alcanzado en este siglo, en el sistema capitalista, eran consideradas, en otras épocas como propias de una sociedad socialista. Es decir, cuando echamos las cuentas y ponemos en un lado los errores, los fracasos y los dramas de éste siglo, y en otro lado los avances, podemos concluir que el peso de los avances ha compensado, hasta cierto punto, las tragedias que hemos vivido.

Muy pronto empezaremos un nuevo siglo y, entorno a este nuevo siglo, se hace todo género de cálculos, se fijan toda una serie de expectativas, muchas veces muy optimistas, pensando, y hay razones para pensarlo, que la vida de las gentes en el siglo XXI puede mejorar, puede ser más feliz, puede no tener que pasar por las pruebas terribles del siglo XX.

Pero para que eso sea así, como hombre de izquierdas, mi punto de vista es que no hay que abandonar a la espontaneidad histórica el desarrollo de ese siglo XXI, algo que la izquierda tiene que plantearse seriamente, y con la izquierda todas las gentes que piensan que lo que sea el siglo XXI va a depender de lo que hagamos, de lo que hemos hecho ya y de lo que hagamos en adelante.

Y, sobretodo, va a depender, a mi entender, de que haya una izquierda en la que pueda haber marxistas, en la que pueda haber cristianos, en la que pueda haber musulmanes, en la que pueda haber, simplemente humanistas, porque así como en otra época, las ideas emancipadoras, portadas por la clase obrera, se planteaban la tarea de conquistar el poder, de transformar la sociedad durante un período de fuerza, y era la clase obrera como tal, a la que incumbía esa misión, en esta época en la que estamos, la tarea de crear una sociedad nueva, una sociedad, en lo fundamental, parecida a aquella que soñaba la clase obrera de éste siglo pasado, una sociedad socialista, una sociedad en que no sea el lucro y el beneficio la clave del desarrollo, en que sea la solidaridad, la igualdad lo que prime, es algo que interesa ya, no solamente a los obreros, a los trabajadores, pues, en el fondo, interesa a todos los humanos que quieran ver convertido este planeta, en el que navegamos y del que no podemos desembarcar, en algo donde merezca la pena vivir.

Mi impresión es que el primer obstáculo que nos encontramos, hoy, para enfocar este siglo XXI es la contaminación ideológica que sufre la izquierda. A mi entender, des de la caída del muro de Berlín, ha habido una penetración.

Se dice que han muerto las ideologías, pero hay una que está vivísima: la ideología neoliberal.

Ha habido una penetración de la ideología neoliberal en las filas de la izquierda, que, a mi juicio, es una de las razones de la indecisión, de la confusión que existe sobre la izquierda, que se ha visto en las ultimas elecciones españolas con la abstención de millones de gentes de izquierdas que no han votado a los partidos representativos formalmente de esta izquierda porque no se sienten identificados, totalmente, con ellos.

A mi juicio, esa es la consecuencia de esta contaminación neoliberal que hace que, a veces, un político de izquierda les diga a los jóvenes parados: "tened iniciativa", "cread vuestras propias empresas", cómo si crear una empresa y tener iniciativa empresarial, que de eso se trata, fuese una cosa tan simple como se dice.

El Estado de bienestar

Creo que la primera cuestión, por consiguiente, es conseguir no sólo la unidad de la izquierda, y me parece que la unidad de la izquierda es esencial, porque me temo mucho que ningún partido de izquierda sólo y por su cuenta vaya a ganar unas elecciones.

La derecha está mucho más unida por sus intereses, dispone de los medios de comunicación, en general, y mantiene más fácilmente su unidad. Creo que el modelo de la izquierda futura es más bien un modelo plural, que exige la unidad de la izquierda. Pero incluso, antes que la unidad de la izquierda, la clarificación de los fines políticos e ideológicos de la izquierda.

Y en ese sentido, pienso que algo que tiene que caracterizar a la izquierda de hoy es la defensa del Estado de bienestar. Esa debe ser una de las reivindicaciones de los puntos de partida de cualquier política de izquierda en la actualidad: la defensa del Estado de bienestar.

Tras la caída del muro de Berlín, la ofensiva contra el Estado de bienestar ha sido brutal. El Estado de bienestar, que un filosofo de raíz marxista, Marcuse, consideraba como una forma intermedia entre el capitalismo y el socialismo.

De todas maneras, sea o no una forma intermedia, el Estado de bienestar ha creado en Europa condiciones de seguridad a las que los españoles vamos accediendo después de que en nuestro país hay democracia. De seguridad, en la educación, en la sanidad, en el caso del paro, en la vejez,... que eran inexistentes, en otra época. Y todo eso se quiere liquidar.

Por ejemplo una de las cosas que se dice, y se dice muy seriamente, es que las pensiones, como la sociedad se está haciendo vieja, como hay cada vez más anciano y menos jóvenes, comparativamente, las pensiones no se podrán mantener. ¿Por qué? Pues porque las cotizaciones de los que trabajan ya serán insuficientes para atender a los ancianos

. Y la verdad es que el derecho de la pensión, el derecho a un final digno de la vida, es un derecho que no puede ligarse única y exclusivamente a las cuotas que paguen los que están trabajando o los empresarios. En realidad, cualquiera que sea el número de personas que trabajan, la sociedad produce cada día más riquezas.

 La tecnología, la ciencia, aplicadas a la producción, permiten un aumento de la productividad extraordinario. Y no tendría sentido que en una sociedad en la que crecen las riquezas, en una sociedad que es, hoy, más rica que ayer y que, lógicamente, mañana será más rica que hoy, se niegue a los ancianos su pensión, por el método de lograrla.

Me importa poco que la pensión salga de las cuotas o salga del presupuesto, pero, en todo caso, lo que está claro es que si las cotizaciones no son suficientes, las pensiones deben salir del presupuesto de una sociedad cada vez más rica.

 Y cada vez más rica, entre o tras cosas, gracias al esfuerzo que han entregado, durante toda su vida, esas gentes que hoy son mayores.

Pero lo mismo se plantea con relación el seguro de paro o con otros subsidios. Se plantea, también, en relación con la sanidad, a la que poco a poco se van introduciendo medidas orientadas a la privatización; se plantea, también, en la educación, porque cada vez más, recursos de todos, van dedicados a la enseñanza privada en vez de a la pública.

 Esa amenaza contra el Estado de bienestar, pienso que debe de ser el primer punto de acuerdo de la izquierda, y no solamente para defenderle, sino para ampliarle y para utilizarle como medio para aumentar cada día la protección a las gentes que, realmente, la necesitan.

El Norte y el Sur

Pero hay también otros temas que son fundamentales, en esta época, cómo por ejemplo la ayuda del mundo rico al mundo pobre. Hoy, el estado fomenta y ayuda, en cierta manera, la creación de cientos o miles de ONG's, que se dedican a la solidaridad, con el Tercer Mundo, con el mundo pobre, y en las que miles de ciudadanos hacen esfuerzos personales muy grandes. Pero ese es el chocolate del loro. La política de apoyo, la política de solidaridad con los países pobres tiene que ser, y las ONG's deberían luchar también para que lo sea y, desde luego, la izquierda, tiene que ser una función de los estados de los países ricos.

 Porque ellos son los que pueden reunir y facilitar los recursos, para llevar a esos países medios de vida, de educación, de progreso que les faltan y que les obligan a fluir hacia el mundo rico, legal o ilegalmente, en busca de la miel, que esta aquí y que ellos no tienen. Creo que uno de los objetivos de cualquier política de izquierda debería ser que los estados ricos hagan una política de solidaridad, que colme el foso que existe entre los ricos y los pobres. Y eso no solamente por un deber ético o solidario, sino, también, desde un punto de vista egoísta.

 Porque, si se prolonga esta situación, si el mundo pobre siguiera en el estado en que se encuentra hoy, si la política de los países ricos continua siendo la que es hoy, como, por ejemplo, en Europa es preparar un cuerpo militar que pueda intervenir militarmente en un país u otro de África, o de otro sitio donde hay guerra, mal iremos.

El problema no es intervenir donde hay guerras y cuando hay guerras, sino intervenir antes, y llevar hacia esos países lo que les hace venir hacia aquí ahora, afrontando incluso el riesgo de la vida. Si no actuamos positivamente hoy, desde el mundo rico, mañana no vendrán en pateras, ahogándose en medio del estrecho, mañana, las gentes de los pueblos pobres, vendrán cómo guerreros, a conquistar lo que hay aquí y ellos no tienen. Y los pueblos pobres, tienen el arma nuclear.

 El arma nuclear es, ya, una cosa muy extendida. Además, no tienen el aprecio a la vida que tenemos en estos países, porque lo que tienen son cadenas, es miseria, es hambre, la vida tiene poco valor para ellos y además ese mundo rico, que dentro de 30 años será todavía más viejo que ahora, se encontrará con países pobres jóvenes, porque ahí la gente muere pronto, y la suerte del mundo rico, sino hay una política como la que estoy citando clara y decididamente, la suerte del mundo rico y la suerte de los imperios, en este siglo XXI puede ser verdaderamente catastrófica.

Por eso una segunda cuestión para definir una posición de izquierda es la política de apoyo a los países del mundo pobre, una política para llevar allí una parte de la miel que tenemos aquí.

Nadie habla ni de paz ni de desarme

Otro aspecto muy importante y definitorio de la izquierda, a mi juicio, es la paz. Habréis visto que desde las ultimas negociaciones de Gorbachov con Bush y antes con Reagan, en el mundo ya no se habla de paz, ni de desarme. Parece que eso, desde el hundimiento de la Unión Soviética, ha dejado de ser un tema interesante.

Todo el mundo dice que ha terminado la guerra fría, y, sin embargo, la carrera armamentista no ha terminado. Y ahora, Estados Unidos ha vuelto a resucitar la guerra de las galaxias, es decir, la fabricación de unos misiles que rompen los acuerdos de paz establecidos anteriormente.

Pero, además, la sofisticación del armamento en estos años en que no hay guerra fría, la hemos visto en Serbia, en Yugoslavia. Como Estados Unidos ha hecho una guerra en Yugoslavia sin perder un sólo soldado, con armas extraordinariamente sofisticadas. Y, ahora, todavía ayer o anteayer, la prensa nos recordaba que en la Unión Europea esta discutiéndose la necesidad de aumentar los presupuestos de guerra -se les llama de defensa, pero son presupuestos de guerra- de los Estados Europeos que, según dicen algunos políticos y algunos diplomáticos, son demasiado bajos.

Y, ¿para qué? Pues la verdad es que nadie dice muy concretamente para que hay que aumentar los gastos de guerra, pero sin duda, para mantener el "estatus quo" y el orden que existe hoy en el mundo en caso de que a algún país se le ocurra trastornar, modificar, ese orden o no ajustarse a lo que tratan de imponerle desde fuera. Creo que uno de los objetivos de la izquierda sigue siendo acabar con el armamento nuclear.

Ha habido lo que algunos consideran un avance -a mi juicio la cosa es discutible- en Europa en estos últimos años, la eliminación del servicio militar obligatorio. Lo que hubiera sido un progreso seria reducir y minimizar cada vez mas los ejércitos y dedicar los millones o billones que cuestan los ejércitos hoy, en Europa y en el mundo, a crear unas condiciones de vida mejores para la gente, para la gente de los países ricos y para la gente de los países pobres.

 En vez de eso lo que se plantea es aumentar los presupuestos, los gastos militares, y lo que se está creando -por eso digo que es muy discutible que sea un progreso el final del servicio militar obligatorio- es una gran gendarmería europea. ¿Para qué? Para mantener el estatus quo en Europa y en África.

En todo caso, no veo que ese sea el camino ni de mejorar la suerte y la seguridad de las gentes, ni de resolver los problemas, auténticos, que nos van a caer sobre la cara si no hoy, cualquier día del año 2030, 2040, 2050.

 Creo que la lucha por la eliminación de las armas atómicas, por la reducción de los ejércitos, por el fin de la carrera armamentística y por la utilización de los recursos que se pierden en ese tipo de materias, para sustituirlos por ayudas económicas para asegurar más igualdad en nuestros países y en los países del mundo pobre, tiene que ser otro de los problemas que unan a la izquierda en el período próximo.

En España, ¿los ciudadanos, y el parlamento, han discutido alguna vez si hace falta un ejército europeo móvil, ágil, esa gendarmería que digo? Ni el parlamento, ni ninguna de las instituciones democráticas de este país ha dedicado una sola sesión a discutir eso y los ciudadanos simples, todavía menos.

El poder se concentra en unos pocos

Y es que estamos viviendo una época en la que el estado ha perdido soberanía, ha perdido poderes. Y eso no seria malo si fuera para crear instituciones mundiales, que utilizaran mejor los recursos del mundo para hacer una política de bienestar para la gente. Pero, perder la soberanía, los poderes, para ciertas cosas que estamos viendo es, a mi juicio, un mal negocio. Creo que, cada vez más, grupos financieros que se conciertan, se concentran, están atrayendo poder político sobre el conjunto de la sociedad.

Miren ustedes; tomemos el ejemplo de Telefónica en España. Telefónica era un monopolio del estado: dejó de serlo; se privatizó, y sigue siendo prácticamente un monopolio. Pero, de repente, Telefónica se convierte en un emporio financiero, su valor aumenta en billones de pesetas, y no es que haya cambiado el valor físico, real de telefónica, no.

En billones de pesetas que se juegan en bolsa. Y, de repente, vemos que Telefónica entra en la tercera cadena de televisión, que Telefónica puede entrar en la quinta -estoy refiriéndome a las estatales-, que Telefónica se mete, a fondo, en el control de los medios de comunicación, y que Telefónica deja de ser, o sin dejar de ser un servicio público para comunicarnos, se convierte, también, en un poder político, puesto que, a través de los medios de comunicación, puede formar la opinión y la conciencia política de la gente que ve esas televisiones y que lee esos periódicos.

Bien, eso significa que un grupo de señores, -que, además, se apuntan ganancias fabulosas por su propia voluntad-, al margen de los partidos políticos, del gobierno y de todas las instituciones democráticas, asumen el poder de influir, y a veces decisivamente, en la política nacional.

 Y, cada vez más, no sólo a escala española, sino a escala mundial, la concentración financiera, la concentración económica, está creando poderes que, poco a poco, arrebatan, disminuyen, reducen, las libertades democráticas que están establecidas en las leyes fundamentales de estos países.

 Creo que tenemos que estar muy alerta porque en un proceso de este genero, muy sutil, muy invisible, en unos pocos años pueden arrebatar la decisión de cuestiones esenciales para la vida de la gente de nuestras manos y de las manos de nuestros políticos, para asumirlas un consejo de administración, que está motivado únicamente por el afán de lucro, por el beneficio y no por ninguna consideración de interés general. Eso es un peligro real hoy.

Y miren ustedes la campaña que hay contra los políticos y contra la política.

¿Quién alimenta la campaña contra los políticos y contra la política? Es cierto que hay políticos corruptos, pero también hay periodistas corruptos, también hay médicos corruptos, también hay abogados corruptos, jueces corruptos,... La corrupción es una de las tachas de la sociedad en que estamos viviendo. Y no son sólo los políticos los que incurren en ese tipo de delitos.

Pero, ¿por qué se desacredita la política y los políticos? Y, ¿por qué se dice a la gente que la política es una porquería? Pues porque cuanto más enemistada esté la gente con los políticos y la política, más fácil será para esos señores de los consejos de administración dirigir y resolver los problemas que -por lo menos, hasta ahora- teníamos la ilusión de resolver nosotros mismos a través de nuestros representantes.

Revitalizar la democracia

En definitiva, creo que otro de los aspectos que debe identificar hoy a la izquierda es la necesidad de defender y revitalizar la democracia, de conseguir no solamente el mantenimiento formal de las instituciones democráticas, sino de darles vida real y la vida real democrática debe empezar en el seno de los propios partidos, que no son siempre, desgraciadamente, un ejemplo de democracia en su funcionamiento interno.

Junto con esto, creo que los trabajadores, el mundo de la cultura y de la ciencia que, a mi juicio, deben ser las fuerzas motrices del progreso de la sociedad, tendrían que liberarse de las influencias neoliberales.

Voy a decir, hoy, una cosa que no oyen decir ustedes hoy a ningún líder de izquierda. ¿O es que oyen ustedes a algún líder de izquierda que hay que cambiar el sistema capitalista? ¿Que el sistema capitalista es injusto, que el sistema capitalista, que ha, sin duda, contribuido en todo un periodo en el desarrollo de la sociedad, se ha convertido en un obstáculo, precisamente, para la igualdad y para la solución de esos problemas tremendos que hoy tenemos y que no se resolverán con políticas capitalistas? Pues bien, sigo creyendo, como en mi juventud, pero ya con razones y argumentos distintos si se quiere, que el problema que tiene la humanidad al enfocar el siglo XXI es que o superamos las características de la sociedad capitalista, en la que una minoría, cada vez menor, es propietaria de la mayor parte de las riquezas y las utiliza para aumentar su negocio, e incluso, muchas veces, las utiliza para hundir la economía de un país.

Hoy, en el terreno de las finanzas, un grupo importante puede hundir la economía de Tailandia, o la economía de cualquier país asiático, o crear una tremenda crisis en el Japón, o en México, o en Brasil, tan solo manipulando la bolsa. Los grupos capitalistas pueden crear muchísimas dificultades.

No se trata hoy de tomar el poder, de establecer la dictadura del proletariado, como pensábamos los comunistas hace unos años, pero sí se trata de que lleguemos, simplemente, a comprender que un mundo basado en el lucro, basado en la apropiación de la riqueza por unos cuantos, es incompatible con la solución de los problemas del mundo de hoy.

 Y es incompatible, incluso, con el mantenimiento de esta nave en la que vamos: este planeta.

La conservación del planeta

Porque, todos los días, nos llegan noticias de los estropicios que se hacen al planeta. El planeta no tiene una riqueza ilimitada, las riquezas del planeta son limitadas. Quizá algunas no las hemos descubierto todavía, otras sí. Pero el problema es que la avidez del negocio, por ejemplo, esta destruyendo la selva amazónica, que nos permite respirar todavía; o está destruyendo también la Antártida; o esta rompiendo la capa de ozono.

Los capitalistas no prescinden de los beneficios que hacen envenenando el ambiente. Eso no se puede resolver más que con una sociedad, repito, en la que la ganancia, el lucro, no sean el único motor.

 En la que el motor sea la solidaridad, y sea la conservación de éste planeta, porque sino, no sé cómo le van a recibir las próximas generaciones. Y las próximas generaciones son nuestros nietos, los hijos de nuestros nietos, es nuestra propia carne y nuestra propia sangre, que va a encontrarse en un navío empobrecido, arruinado, en el que será difícil respirar. Y la culpa la tendremos nosotros, que no hemos sabido organizar la sociedad con ese espíritu de solidaridad, de igualdad, de libertad, que seria menester.

Creo que el siglo XXI va a depender mucho de que la izquierda sea capaz de aclarar sus ideas y de unirse. P

ara eso sobran no sólo los egoísmos de los grandes propietarios, sobran también los pequeños egoísmos de partido, las luchas internas de partido por el poder. Ahora estamos asistiendo a luchas de ese tipo en los partidos de izquierda. Y lo lastimero es que, en la política de izquierda, y lo digo asumiendo la responsabilidad que me toca, hay mucha gente que tiene vocación de ser cabeza de ratón mejor que cola de león.

Hay mucha gente con ganas de hacer carrera. La verdad es que, en cambio, lo que se ven son pocas ideas que diferencian uno de otro.

Y, desgraciadamente, las proposiciones que conocemos son proposiciones que, generalmente, van en la vía del neoliberalismo, en la vía de esta sociedad en la que parece que Internet va a hacer el milagro de resolver todos nuestros problemas sólo con su innovación, que acerca, facilita la comunicación o los negocios.

Creo que Internet es una gran cosa, como es una gran cosa los avances de la biología, pero el problema, lo decía al comenzar, es cómo se utilizan esos grandes procesos. Y la tarea de la izquierda es, precisamente, asegurar, en el siglo XXI, que esos grandes progresos de la ciencia y de la técnica se apliquen, realmente, al servicio de la Humanidad.

Nada más y muchas gracias.

 

Santiago Carrillo - http://www.lafactoriaweb.com 

Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*

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