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¿Por qué? Porque la Constitución del 77-78 se caracteriza por ser la de un país que establece un sistema democrático, social, de derecho y, en estos últimos años, España está perdiendo, o hay la amenaza de que pierda, esas características de un estado democrático, social, de derecho.
Si ahora se intentaran llevar a la Constitución ideas cómo la de la
planificación, que está en ella, o ideas sobre la propiedad, que están
en la Constitución, probablemente habría muchas más dificultades que
hubo entonces para estamparlas. Y eso se debe a la acelerada
transformación que se está produciendo en el mundo y que se ha acelerado
todavía más después de la caída del muro de Berlín.
El siglo XX, un siglo que he vivido en su gran mayoría, ha sido un siglo
convulso, que ha conocido dos guerras mundiales y multitud de guerras
regionales y que ha conocido revoluciones
. En esas guerras ha habido matanzas enormes, pero, sin embargo, si
hacemos el balance del siglo, veremos que es un siglo que se caracterizó
por los avances científicos y técnicos, pero, sobretodo, por los avances
sociales. Un siglo en el cual los trabajadores han alcanzado cuotas de
bienestar y los estados se han organizado de manera a asegurar ese
bienestar. Ni Carlos Marx, ni Federico Engels, hubieran podido imaginar,
dentro del capitalismo, la existencia de esas posibilidades.
Cosas que se han alcanzado en este siglo, en el sistema capitalista,
eran consideradas, en otras épocas como propias de una sociedad
socialista. Es decir, cuando echamos las cuentas y ponemos en un lado
los errores, los fracasos y los dramas de éste siglo, y en otro lado los
avances, podemos concluir que el peso de los avances ha compensado,
hasta cierto punto, las tragedias que hemos vivido.
Muy pronto empezaremos un nuevo siglo y, entorno a este nuevo siglo, se hace todo género de cálculos, se fijan toda una serie de expectativas, muchas veces muy optimistas, pensando, y hay razones para pensarlo, que la vida de las gentes en el siglo XXI puede mejorar, puede ser más feliz, puede no tener que pasar por las pruebas terribles del siglo XX.
Pero para que eso sea así, como hombre de izquierdas, mi punto de vista es que no hay que abandonar a la espontaneidad histórica el desarrollo de ese siglo XXI, algo que la izquierda tiene que plantearse seriamente, y con la izquierda todas las gentes que piensan que lo que sea el siglo XXI va a depender de lo que hagamos, de lo que hemos hecho ya y de lo que hagamos en adelante.
Y, sobretodo, va a depender, a mi entender, de que haya una izquierda
en la que pueda haber marxistas, en la que pueda haber cristianos, en la
que pueda haber musulmanes, en la que pueda haber, simplemente
humanistas, porque así como en otra época, las ideas emancipadoras,
portadas por la clase obrera, se planteaban la tarea de conquistar el
poder, de transformar la sociedad durante un período de fuerza, y era la
clase obrera como tal, a la que incumbía esa misión, en esta época en la
que estamos, la tarea de crear una sociedad nueva, una sociedad, en lo
fundamental, parecida a aquella que soñaba la clase obrera de éste siglo
pasado, una sociedad socialista, una sociedad en que no sea el lucro y
el beneficio la clave del desarrollo, en que sea la solidaridad, la
igualdad lo que prime, es algo que interesa ya, no solamente a los
obreros, a los trabajadores, pues, en el fondo, interesa a todos los
humanos que quieran ver convertido este planeta, en el que navegamos y
del que no podemos desembarcar, en algo donde merezca la pena vivir.
Mi impresión es que el primer obstáculo que nos encontramos, hoy, para
enfocar este siglo XXI es la contaminación ideológica que sufre la
izquierda. A mi entender, des de la caída del muro de Berlín, ha habido
una penetración.
Se dice que han muerto las ideologías, pero hay una que está vivísima:
la ideología neoliberal.
Ha habido una penetración de la ideología neoliberal en las filas de la izquierda, que, a mi juicio, es una de las razones de la indecisión, de la confusión que existe sobre la izquierda, que se ha visto en las ultimas elecciones españolas con la abstención de millones de gentes de izquierdas que no han votado a los partidos representativos formalmente de esta izquierda porque no se sienten identificados, totalmente, con ellos.
A mi juicio, esa es la consecuencia de esta contaminación neoliberal
que hace que, a veces, un político de izquierda les diga a los jóvenes
parados: "tened iniciativa", "cread vuestras propias empresas", cómo si
crear una empresa y tener iniciativa empresarial, que de eso se trata,
fuese una cosa tan simple como se dice.
El Estado de bienestar
Creo que la primera cuestión, por consiguiente, es conseguir no sólo la
unidad de la izquierda, y me parece que la unidad de la izquierda es
esencial, porque me temo mucho que ningún partido de izquierda sólo y
por su cuenta vaya a ganar unas elecciones.
La derecha está mucho más unida por sus intereses, dispone de los
medios de comunicación, en general, y mantiene más fácilmente su unidad.
Creo que el modelo de la izquierda futura es más bien un modelo plural,
que exige la unidad de la izquierda. Pero incluso, antes que la unidad
de la izquierda, la clarificación de los fines políticos e ideológicos
de la izquierda.
Y en ese sentido, pienso que algo que tiene que caracterizar a la
izquierda de hoy es la defensa del Estado de bienestar. Esa debe ser una
de las reivindicaciones de los puntos de partida de cualquier política
de izquierda en la actualidad: la defensa del Estado de bienestar.
Tras la caída del muro de Berlín, la ofensiva contra el Estado de
bienestar ha sido brutal. El Estado de bienestar, que un filosofo de
raíz marxista, Marcuse, consideraba como una forma intermedia entre el
capitalismo y el socialismo.
De todas maneras, sea o no una forma intermedia, el Estado de bienestar
ha creado en Europa condiciones de seguridad a las que los españoles
vamos accediendo después de que en nuestro país hay democracia. De
seguridad, en la educación, en la sanidad, en el caso del paro, en la
vejez,... que eran inexistentes, en otra época. Y todo eso se quiere
liquidar.
Por ejemplo una de las cosas que se dice, y se dice muy seriamente, es que las pensiones, como la sociedad se está haciendo vieja, como hay cada vez más anciano y menos jóvenes, comparativamente, las pensiones no se podrán mantener. ¿Por qué? Pues porque las cotizaciones de los que trabajan ya serán insuficientes para atender a los ancianos
. Y la verdad es que el derecho de la pensión, el derecho a un final digno de la vida, es un derecho que no puede ligarse única y exclusivamente a las cuotas que paguen los que están trabajando o los empresarios. En realidad, cualquiera que sea el número de personas que trabajan, la sociedad produce cada día más riquezas.
La tecnología, la ciencia, aplicadas a la producción, permiten un aumento de la productividad extraordinario. Y no tendría sentido que en una sociedad en la que crecen las riquezas, en una sociedad que es, hoy, más rica que ayer y que, lógicamente, mañana será más rica que hoy, se niegue a los ancianos su pensión, por el método de lograrla.
Me importa poco que la pensión salga de las cuotas o salga del presupuesto, pero, en todo caso, lo que está claro es que si las cotizaciones no son suficientes, las pensiones deben salir del presupuesto de una sociedad cada vez más rica.
Y cada vez más rica, entre o tras cosas, gracias al esfuerzo
que han entregado, durante toda su vida, esas gentes que hoy son
mayores.
Pero lo mismo se plantea con relación el seguro de paro o con otros
subsidios. Se plantea, también, en relación con la sanidad, a la que
poco a poco se van introduciendo medidas orientadas a la privatización;
se plantea, también, en la educación, porque cada vez más, recursos de
todos, van dedicados a la enseñanza privada en vez de a la pública.
Esa amenaza contra el Estado de bienestar, pienso que debe de
ser el primer punto de acuerdo de la izquierda, y no solamente para
defenderle, sino para ampliarle y para utilizarle como medio para
aumentar cada día la protección a las gentes que, realmente, la
necesitan.
El Norte y el Sur
Pero hay también otros temas que son fundamentales, en esta época, cómo
por ejemplo la ayuda del mundo rico al mundo pobre. Hoy, el estado
fomenta y ayuda, en cierta manera, la creación de cientos o miles de
ONG's, que se dedican a la solidaridad, con el Tercer Mundo, con el
mundo pobre, y en las que miles de ciudadanos hacen esfuerzos personales
muy grandes. Pero ese es el chocolate del loro. La política de apoyo, la
política de solidaridad con los países pobres tiene que ser, y las ONG's
deberían luchar también para que lo sea y, desde luego, la izquierda,
tiene que ser una función de los estados de los países ricos.
Porque ellos son los que pueden reunir y facilitar los recursos, para llevar a esos países medios de vida, de educación, de progreso que les faltan y que les obligan a fluir hacia el mundo rico, legal o ilegalmente, en busca de la miel, que esta aquí y que ellos no tienen. Creo que uno de los objetivos de cualquier política de izquierda debería ser que los estados ricos hagan una política de solidaridad, que colme el foso que existe entre los ricos y los pobres. Y eso no solamente por un deber ético o solidario, sino, también, desde un punto de vista egoísta.
Porque, si se prolonga esta situación, si el mundo pobre
siguiera en el estado en que se encuentra hoy, si la política de los
países ricos continua siendo la que es hoy, como, por ejemplo, en Europa
es preparar un cuerpo militar que pueda intervenir militarmente en un
país u otro de África, o de otro sitio donde hay guerra, mal iremos.
El problema no es intervenir donde hay guerras y cuando hay guerras,
sino intervenir antes, y llevar hacia esos países lo que les hace venir
hacia aquí ahora, afrontando incluso el riesgo de la vida. Si no
actuamos positivamente hoy, desde el mundo rico, mañana no vendrán en
pateras, ahogándose en medio del estrecho, mañana, las gentes de los
pueblos pobres, vendrán cómo guerreros, a conquistar lo que hay aquí y
ellos no tienen. Y los pueblos pobres, tienen el arma nuclear.
El arma nuclear es, ya, una cosa muy extendida. Además, no
tienen el aprecio a la vida que tenemos en estos países, porque lo que
tienen son cadenas, es miseria, es hambre, la vida tiene poco valor para
ellos y además ese mundo rico, que dentro de 30 años será todavía más
viejo que ahora, se encontrará con países pobres jóvenes, porque ahí la
gente muere pronto, y la suerte del mundo rico, sino hay una política
como la que estoy citando clara y decididamente, la suerte del mundo
rico y la suerte de los imperios, en este siglo XXI puede ser
verdaderamente catastrófica.
Por eso una segunda cuestión para definir una posición de izquierda es
la política de apoyo a los países del mundo pobre, una política para
llevar allí una parte de la miel que tenemos aquí.
Nadie habla ni de paz ni de desarme
Otro aspecto muy importante y definitorio de la izquierda, a mi juicio,
es la paz. Habréis visto que desde las ultimas negociaciones de
Gorbachov con Bush y antes con Reagan, en el mundo ya no se habla de
paz, ni de desarme. Parece que eso, desde el hundimiento de la Unión
Soviética, ha dejado de ser un tema interesante.
Todo el mundo dice que ha terminado la guerra fría, y, sin embargo, la
carrera armamentista no ha terminado. Y ahora, Estados Unidos ha vuelto
a resucitar la guerra de las galaxias, es decir, la fabricación de unos
misiles que rompen los acuerdos de paz establecidos anteriormente.
Pero, además, la sofisticación del armamento en estos años en que no hay guerra fría, la hemos visto en Serbia, en Yugoslavia. Como Estados Unidos ha hecho una guerra en Yugoslavia sin perder un sólo soldado, con armas extraordinariamente sofisticadas. Y, ahora, todavía ayer o anteayer, la prensa nos recordaba que en la Unión Europea esta discutiéndose la necesidad de aumentar los presupuestos de guerra -se les llama de defensa, pero son presupuestos de guerra- de los Estados Europeos que, según dicen algunos políticos y algunos diplomáticos, son demasiado bajos.
Y, ¿para qué? Pues la verdad es que nadie dice muy concretamente para
que hay que aumentar los gastos de guerra, pero sin duda, para mantener
el "estatus quo" y el orden que existe hoy en el mundo en caso de que a
algún país se le ocurra trastornar, modificar, ese orden o no ajustarse
a lo que tratan de imponerle desde fuera. Creo que uno de los objetivos
de la izquierda sigue siendo acabar con el armamento nuclear.
Ha habido lo que algunos consideran un avance -a mi juicio la cosa es
discutible- en Europa en estos últimos años, la eliminación del servicio
militar obligatorio. Lo que hubiera sido un progreso seria reducir y
minimizar cada vez mas los ejércitos y dedicar los millones o billones
que cuestan los ejércitos hoy, en Europa y en el mundo, a crear unas
condiciones de vida mejores para la gente, para la gente de los países
ricos y para la gente de los países pobres.
En vez de eso lo que se plantea es aumentar los presupuestos, los gastos militares, y lo que se está creando -por eso digo que es muy discutible que sea un progreso el final del servicio militar obligatorio- es una gran gendarmería europea. ¿Para qué? Para mantener el estatus quo en Europa y en África.
En todo caso, no veo que ese sea el camino ni de mejorar la suerte y la seguridad de las gentes, ni de resolver los problemas, auténticos, que nos van a caer sobre la cara si no hoy, cualquier día del año 2030, 2040, 2050.
Creo que la lucha por la eliminación de las armas atómicas, por
la reducción de los ejércitos, por el fin de la carrera armamentística y
por la utilización de los recursos que se pierden en ese tipo de
materias, para sustituirlos por ayudas económicas para asegurar más
igualdad en nuestros países y en los países del mundo pobre, tiene que
ser otro de los problemas que unan a la izquierda en el período próximo.
En España, ¿los ciudadanos, y el parlamento, han discutido alguna vez si
hace falta un ejército europeo móvil, ágil, esa gendarmería que digo? Ni
el parlamento, ni ninguna de las instituciones democráticas de este país
ha dedicado una sola sesión a discutir eso y los ciudadanos simples,
todavía menos.
El poder se concentra en unos pocos
Y es que estamos viviendo una época en la que el estado ha perdido
soberanía, ha perdido poderes. Y eso no seria malo si fuera para crear
instituciones mundiales, que utilizaran mejor los recursos del mundo
para hacer una política de bienestar para la gente. Pero, perder la
soberanía, los poderes, para ciertas cosas que estamos viendo es, a mi
juicio, un mal negocio. Creo que, cada vez más, grupos financieros que
se conciertan, se concentran, están atrayendo poder político sobre el
conjunto de la sociedad.
Miren ustedes; tomemos el ejemplo de Telefónica en España. Telefónica
era un monopolio del estado: dejó de serlo; se privatizó, y sigue siendo
prácticamente un monopolio. Pero, de repente, Telefónica se convierte en
un emporio financiero, su valor aumenta en billones de pesetas, y no es
que haya cambiado el valor físico, real de telefónica, no.
En billones de pesetas que se juegan en bolsa. Y, de repente, vemos
que Telefónica entra en la tercera cadena de televisión, que Telefónica
puede entrar en la quinta -estoy refiriéndome a las estatales-, que
Telefónica se mete, a fondo, en el control de los medios de
comunicación, y que Telefónica deja de ser, o sin dejar de ser un
servicio público para comunicarnos, se convierte, también, en un poder
político, puesto que, a través de los medios de comunicación, puede
formar la opinión y la conciencia política de la gente que ve esas
televisiones y que lee esos periódicos.
Bien, eso significa que un grupo de señores, -que, además, se apuntan
ganancias fabulosas por su propia voluntad-, al margen de los partidos
políticos, del gobierno y de todas las instituciones democráticas,
asumen el poder de influir, y a veces decisivamente, en la política
nacional.
Y, cada vez más, no sólo a escala española, sino a escala mundial, la concentración financiera, la concentración económica, está creando poderes que, poco a poco, arrebatan, disminuyen, reducen, las libertades democráticas que están establecidas en las leyes fundamentales de estos países.
Creo que tenemos que estar muy alerta porque en un proceso de
este genero, muy sutil, muy invisible, en unos pocos años pueden
arrebatar la decisión de cuestiones esenciales para la vida de la gente
de nuestras manos y de las manos de nuestros políticos, para asumirlas
un consejo de administración, que está motivado únicamente por el afán
de lucro, por el beneficio y no por ninguna consideración de interés
general. Eso es un peligro real hoy.
Y miren ustedes la campaña que hay contra los políticos y contra la
política.
¿Quién alimenta la campaña contra los políticos y contra la política? Es
cierto que hay políticos corruptos, pero también hay periodistas
corruptos, también hay médicos corruptos, también hay abogados
corruptos, jueces corruptos,... La corrupción es una de las tachas de la
sociedad en que estamos viviendo. Y no son sólo los políticos los que
incurren en ese tipo de delitos.
Pero, ¿por qué se desacredita la política y los políticos? Y, ¿por
qué se dice a la gente que la política es una porquería? Pues porque
cuanto más enemistada esté la gente con los políticos y la política, más
fácil será para esos señores de los consejos de administración dirigir y
resolver los problemas que -por lo menos, hasta ahora- teníamos la
ilusión de resolver nosotros mismos a través de nuestros representantes.
Revitalizar la democracia
En definitiva, creo que otro de los aspectos que debe identificar hoy a
la izquierda es la necesidad de defender y revitalizar la democracia, de
conseguir no solamente el mantenimiento formal de las instituciones
democráticas, sino de darles vida real y la vida real democrática debe
empezar en el seno de los propios partidos, que no son siempre,
desgraciadamente, un ejemplo de democracia en su funcionamiento interno.
Junto con esto, creo que los trabajadores, el mundo de la cultura y de
la ciencia que, a mi juicio, deben ser las fuerzas motrices del progreso
de la sociedad, tendrían que liberarse de las influencias neoliberales.
Voy a decir, hoy, una cosa que no oyen decir ustedes hoy a ningún
líder de izquierda. ¿O es que oyen ustedes a algún líder de izquierda
que hay que cambiar el sistema capitalista? ¿Que el sistema capitalista
es injusto, que el sistema capitalista, que ha, sin duda, contribuido en
todo un periodo en el desarrollo de la sociedad, se ha convertido en un
obstáculo, precisamente, para la igualdad y para la solución de esos
problemas tremendos que hoy tenemos y que no se resolverán con políticas
capitalistas? Pues bien, sigo creyendo, como en mi juventud, pero ya con
razones y argumentos distintos si se quiere, que el problema que tiene
la humanidad al enfocar el siglo XXI es que o superamos las
características de la sociedad capitalista, en la que una minoría, cada
vez menor, es propietaria de la mayor parte de las riquezas y las
utiliza para aumentar su negocio, e incluso, muchas veces, las utiliza
para hundir la economía de un país.
Hoy, en el terreno de las finanzas, un grupo importante puede hundir la
economía de Tailandia, o la economía de cualquier país asiático, o crear
una tremenda crisis en el Japón, o en México, o en Brasil, tan solo
manipulando la bolsa. Los grupos capitalistas pueden crear muchísimas
dificultades.
No se trata hoy de tomar el poder, de establecer la dictadura del
proletariado, como pensábamos los comunistas hace unos años, pero sí se
trata de que lleguemos, simplemente, a comprender que un mundo basado en
el lucro, basado en la apropiación de la riqueza por unos cuantos, es
incompatible con la solución de los problemas del mundo de hoy.
Y es incompatible, incluso, con el mantenimiento de esta nave
en la que vamos: este planeta.
La conservación del planeta
Porque, todos los días, nos llegan noticias de los estropicios que se
hacen al planeta. El planeta no tiene una riqueza ilimitada, las
riquezas del planeta son limitadas. Quizá algunas no las hemos
descubierto todavía, otras sí. Pero el problema es que la avidez del
negocio, por ejemplo, esta destruyendo la selva amazónica, que nos
permite respirar todavía; o está destruyendo también la Antártida; o
esta rompiendo la capa de ozono.
Los capitalistas no prescinden de los beneficios que hacen envenenando el ambiente. Eso no se puede resolver más que con una sociedad, repito, en la que la ganancia, el lucro, no sean el único motor.
En la que el motor sea la solidaridad, y sea la conservación de
éste planeta, porque sino, no sé cómo le van a recibir las próximas
generaciones. Y las próximas generaciones son nuestros nietos, los hijos
de nuestros nietos, es nuestra propia carne y nuestra propia sangre, que
va a encontrarse en un navío empobrecido, arruinado, en el que será
difícil respirar. Y la culpa la tendremos nosotros, que no hemos sabido
organizar la sociedad con ese espíritu de solidaridad, de igualdad, de
libertad, que seria menester.
Creo que el siglo XXI va a depender mucho de que la izquierda sea capaz
de aclarar sus ideas y de unirse. P
ara eso sobran no sólo los egoísmos de los grandes propietarios, sobran también los pequeños egoísmos de partido, las luchas internas de partido por el poder. Ahora estamos asistiendo a luchas de ese tipo en los partidos de izquierda. Y lo lastimero es que, en la política de izquierda, y lo digo asumiendo la responsabilidad que me toca, hay mucha gente que tiene vocación de ser cabeza de ratón mejor que cola de león.
Hay mucha gente con ganas de hacer carrera. La verdad es que, en cambio, lo que se ven son pocas ideas que diferencian uno de otro.
Y, desgraciadamente, las proposiciones que conocemos son
proposiciones que, generalmente, van en la vía del neoliberalismo, en la
vía de esta sociedad en la que parece que Internet va a hacer el milagro
de resolver todos nuestros problemas sólo con su innovación, que acerca,
facilita la comunicación o los negocios.
Creo que Internet es una gran cosa, como es una gran cosa los avances de
la biología, pero el problema, lo decía al comenzar, es cómo se utilizan
esos grandes procesos. Y la tarea de la izquierda es, precisamente,
asegurar, en el siglo XXI, que esos grandes progresos de la ciencia y de
la técnica se apliquen, realmente, al servicio de la Humanidad.
Nada más y muchas gracias.
Santiago Carrillo - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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