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En una gran mayoría de casos, los procesos que abordan las crisis
industriales han supuesto la reducción de importantes volúmenes de mano
de obra.
Posteriormente, cuando en empresas de esos sectores se han dado los
repuntes de actividad de mediados de los 80, se han abordado con
modernización de instalaciones o con contrataciones esporádicas y no
estables. Otro mecanismo ampliamente utilizado es la contratación de
actividades a industrias auxiliares o subcontratas más o menos
especializadas, llegando a crearlas artificialmente cuando ha resultado
oportuno.
En un entorno de estas características los casos de grandes empresas
industriales que hayan incorporado a sus plantillas amplios colectivos
de trabajadores estables constituyen, por desgracia, más la excepción
que la regla.
La incorporación de nuevos trabajadores (generalmente jóvenes) a
empresas que cuentan con representaciones sindicales consolidadas y con
condiciones de trabajo resultado de una prolongada actividad sindical,
genera situaciones y problemáticas diferentes de los casos en que esta
incorporación se produce a empresas de una nueva creación o empresas con
escasa implantación sindical y por tanto con unas condiciones de trabajo
y unas perspectivas de estabilidad laboral diferentes.
El objeto de este artículo es analizar varios casos concretos de
incorporación amplia de jóvenes con contratos que a corto-medio plazo se
han convertido en fijos en la mayoría de las ocasiones, en tres empresas
de la comarca o su entorno: Seat, Roca y Nissan. En las tres hay
elementos comunes y diferenciados, pero en general podríamos situar como
punto de arranque lo siguiente:
Las nuevas contrataciones se produjeron desde mediados de los 80,
inicialmente en diversas modalidades de contratación no fija, como son
fomento de empleo o de formación entre otras, permitiendo a las empresas
acogerse a las desgravaciones correspondientes y produciéndose de forma
más o menos generalizada, según los casos, la incorporación a fijos al
final de los plazos límites de eventualidad que las diferentes
modalidades de contrato aplicadas permitían.
Hoy en día, esas plantillas de relativa y reciente incorporación (en
algunos casos ya alcanzan los diez años de antigüedad) suponen un amplio
porcentaje respecto a la plantilla global, que en situaciones como la de
Nissan se sitúa por encima del 50%.
La incorporación de estos colectivos de trabajadores jóvenes (la mayoría
con edades entre 21 y 25 años en el momento de su contratación) genera
toda una serie de temas interesantes desde el punto de vista sindical e
incluso sociológico: cuestiones generacionales, niveles formativos,
actitudes sindicales y sociales o comportamientos laborales. Lejos de
nuestro alcance está el poder estudiar en profundidad todos estos
problemas, pero el contacto con esa realidad cotidiana a través de la
actividad sindical diaria en las fábricas sí permite extraer algunas
conclusiones de un cierto interés. Examinemos primero, los casos
concretos en detalle.
Seat (1)
La dinámica de contrataciones en Seat, se interrumpió de forma brutal
por la crisis del 93 (150 millardos de pérdidas). La política de
contrataciones generada, en gran medida, en torno a la creación de la
factoría de Martorell se vio truncada, obligando a la extinción de 1.400
contratos que, en otras circunstancias, probablemente se hubieran
convertido en fijos.
La inmensa mayoría de las contrataciones de jóvenes se produjo para dos
actividades, fundamentalmente: mantenimiento y trabajadores directos.
Los contratos de los años 80 y principios de los 90, fueron generalmente
de trabajo temporal para permitir desgravaciones, pero en condiciones
sociales y salariales similares a las del resto de la plantilla, y se
convirtieron en contratos fijos, salvo excepciones como la anteriormente
señalada.
En 1996, se han producido 300 nuevas contrataciones, para las que se han
pactado unas condiciones económicas (no sociales) inferiores. A la vez,
se garantiza el paso a fijo a los 2 años con las condiciones económicas
igualadas a la del resto de la plantilla. Un dato importante a retener
es que para optar a esos 300 puestos de trabajo se produjeron 20.000
solicitudes.
Roca (2)
En 1987, se inicia la contratación de nuevos trabajadores con diferentes
modalidades de contratación no fija. A partir de 1990 se incluye en las
negociaciones de los convenios el paso a fijos de plantilla eventual.
Sobre una plantilla de 2.200 trabajadores, el número de los incorporados
que han pasado a fijos se sitúa en torno a las 500 personas. Alrededor
del 15% de la plantilla continua todavía con contratos eventuales.
El sistema productivo de Roca, determina que exista un gran número de
actividades que requieren poca cualificación profesional. El 70% de la
plantilla tiene la categoría laboral de especialista (peón en otras
denominaciones) y la gran mayoría de las nuevas contrataciones se han
efectuado para cubrir puestos de esta categoría.
Con respecto a cubrir necesidades de colectivos de operarios más
cualificados o técnicos, se han contratado entre 40 y 50 trabajadores
que en su casi totalidad ya han pasado a fijos. La empresa no ha
recurrido a la modalidad de contrato en prácticas o a la contratación de
tareas a través de empresas de trabajo temporal (ETT). Otra modalidad de
contratación que merece la pena destacar por ser un fenómeno poco
frecuente es la de 50 trabajadores mayores de 45 años.
Nissan
En Nissan, el lanzamiento de los nuevos productos, aportados a la
antigua Motor Ibérica por la entrada en la Sociedad de los Japoneses, da
lugar a un elevado volumen de contrataciones, especialmente en la
segunda mitad de los 80, viéndose esta dinámica interrumpida a inicios
de los 90.
La gran mayoría de los contratos fueron de Fomento de Empleo y
Formación, realizados en casi todos los casos a trabajadores menores de
25 años.
De los aproximadamente 4.700 trabajadores, que constituyen la actual
Sociedad Nissan Motor Ibérica, más de 2.500 fueron contratados entre
1985 y 1992. Sobre ese mismo total de plantilla, más de 1.800
trabajadores han nacido entre 1964 y 1974.
Hay que señalar que, en paralelo con lo anterior, se han producido dos
importantes procesos de prejubilaciones, que en ambos casos afectaron a
las plantillas de más de 55 años. El primero en 1989, a la vez que se
contrataba a más de 400 trabajadores, y el segundo en 1994 cuando las
contrataciones ya estaban frenadas por la caída de las ventas.
Más del 99% de los trabajadores contratados con las diferentes
modalidades de eventualidad han pasado a fijos al finalizar los períodos
máximos de eventualidad permitidos por su contratación y en todo caso
los convenios colectivos firmados a partir de 1990 garantizaban su paso
a fijos a los 2 años y medio.
Formación y empleo
Resulta interesante analizar como se han producido los procesos de
contrataciones y como ha influido el nivel de Formación Profesional a la
hora de mejorar las posibilidades de lograr el empleo.
Es evidente que el nivel medio formativo entre generaciones como la de
los años 40 y 50 o la de los años 60 y 70 es radicalmente diferente.
Resulta lógico partir, por tanto, de que el nivel cultural y profesional
de las nuevas generaciones de trabajadores supera ampliamente al de sus
compañeros más veteranos.
Las empresas han contado con grandes posibilidades de contratar
trabajadores con un nivel formativo alto. El gancho de incorporarse a
una gran empresa, con un importante nivel de estabilidad y condiciones
sociales y salariales pactadas a nivel de convenio propio, generaba que
pudieran optar entre una amplia variedad de solicitantes de empleo.
Por otra parte, en la mayoría de los casos se ha contratado plantilla
para cubrir puestos de trabajo en líneas de montaje, y en general para
puestos de trabajo con requerimientos escasos en cuanto a niveles
profesionales.
No vamos a referirnos aquí a las contrataciones de algunos trabajadores
(en general en porcentajes más bajos, incluso en algún caso,
insignificantes) para trabajos técnicos y con titulaciones superiores o
medias, ya que el gran bloque de contrataciones de jóvenes se ha
efectuado para trabajos de taller, como los mencionados en el párrafo
anterior.
En general, se ha optado por solicitantes con estudios de Formación
Profesional no siempre completos, y de modalidades más o menos
relacionadas con las actividades de la compañía. Excepcionalmente, se ha
recurrido a trabajadores con BUP o sólo EGB. En estos casos,
probablemente, otras circunstancias incidían en su contratación (lazos
familiares, etc.).
Los factores que más han podido influir en los niveles formativos
requeridos han estado vinculados a los siguientes aspectos:
l Desgravaciones de los contratos de formación.
l Mayor flexibilidad de trabajadores con una base formativa más amplia.
l Requerimientos concretos de nivel de conocimientos para algunas tareas
específicas (por ejemplo las tareas de mantenimiento en Seat).
Sin embargo, no deja de ser curioso que la percepción que los
trabajadores tienen de la influencia de su nivel formativo en el hecho
de que les hayan contratado es escasa. En general, se tiene más
conciencia de haber accedido al empleo por causas ajenas a la Formación
Profesional (vínculos familiares, contactos, etc).
Cabría pensar que la media formativa de los jóvenes contratados es más
alta debido a que también lo es la media de la sociedad actual respecto
a la de hace 20 años, pero no que las empresa se hayan dedicado a buscar
los niveles formativos máximos que les permite el mercado laboral.
Probablemente, han pesado las características de los puestos de trabajo
a los que se iba a destinar a esos trabajadores, así como las
perspectivas futuras de promoción.
Experiencia laboral previa
Como norma general, en el referido colectivo el acceso a la gran empresa
se ha producido como primer empleo. Constituyen minoría los que han
llegado a las empresas analizadas procedentes de otras, sean grandes o
pequeñas. En general, los trabajadores procedentes de otras empresas
consideran que su experiencia previa ha tenido un efecto nulo o
prácticamente nulo a la hora de alcanzar su nuevo empleo. Volvemos a
insistir en que existe otro colectivo más reducido, con formación
universitaria o similar, contratado para tareas de gestión y cuya
casuística es radicalmente diferente a la descrita.
Los motivos por los que los trabajadores han cambiado de empresa son
comunes y por este orden: mayor garantía de estabilidad en el empleo,
salario más alto, mejores condiciones de trabajo y opciones de
promoción.
Para las tareas en las que se producen las contrataciones masivas, no
parece que las empresas den importancia a la experiencia profesional
previa. Evidentemente, siempre hay excepciones (como las secciones de
pintura o carrocerías en Nissan), pero las tendencias son claras.
Inserción en la empresa
La incorporación de estas plantillas nuevas en grandes cantidades,
pasando a constituir en casos como Nissan el 60% de la mano de obra
directa, no se ha producido sin tensiones y han dado lugar a la
necesidad de adecuar estrategias tanto por parte de la Dirección como de
los sindicatos.
Algunas de las tensiones que se producen giran en torno a los siguientes
aspectos:
l Formación frente a experiencia ante las opciones de promoción: En
general, las contrataciones se han producido, de forma casi exclusiva,
para actividades de producción directa u otras actividades de taller
escasamente cualificadas. De otra parte, diversas innovaciones
tecnológicas y organizativas han reducido drásticamente actividades
indirectas y administrativas. A pesar de ello, los períodos de expansión
han abierto posibilidades de promoción interna (por ejemplo en el caso
de Nissan hasta el año 93).
Frente a sistemas más o menos objetivos de promoción, aparecen 2
colectivos claramente diferenciados: trabajadores veteranos con
prolongada experiencia profesional, pero menor nivel de formación
académico, y trabajadores de reciente incorporación a la empresa, con
menor experiencia profesional, pero más formación teórica.
El equilibrio ha resultado difícil, aunque frecuentemente se ha visto
solucionado por las direcciones de las empresas a través de mecanismos
de promoción totalmente subjetivos, en los que, más que experiencia o
estudios, ha primado la actitud del trabajador respecto a su
identificación con los enfoques de la dirección, o el tradicional
enchufismo, en los casos de mayor degeneración.
Al tener un punto de partida académico que les permite desarrollar
tareas más cualificadas, cómodas o motivadoras que las que desempeñan y
ante una vida laboral previsiblemente prolongada, es lógico que las
plantillas jóvenes ejerzan una mayor presión hacia su promoción que las
plantillas veteranas, que siguen ocupando actividades de menor
cualificación, tras una prolongada vida laboral.
El establecimiento de sistemas objetivables de promoción se convierte en
un elemento sindical de primer orden para evitar el choque generacional
y lograr funcionamientos equilibrados, que permitan a las empresas
cubrir sus necesidades, a la vez que ofrezcan al conjunto de las
plantillas expectativas razonables y objetivas de promoción.
l Actividades de reivindicaciones frente una mayor integración: En
general, las condiciones laborales logradas en estas grandes empresas
son bastante aceptables (especialmente en comparación con los pymes u
otros sectores de actividad). Entre las plantillas veteranas hay una
clara conciencia de que se debe, en gran medida, al resultado de la
firmeza en defensa de las condiciones de trabajo y, también, a la
actuación sindical.
En definitiva, resultado de actitudes reivindicativas.
En el caso del joven recién contratado, el paso por un período de
eventualidad, el desconocimiento de prácticas y normativas laborales, el
aislamiento, a veces, en determinadas secciones o centros de trabajo, y
el bombardeo ideológico ejercido por las direcciones, ha generado
actitudes de mayor integración inicial.
También contribuye a lo anterior, la consideración de que las
condiciones de trabajo existentes en su empresa (sobre todo si es un
primer empleo) son algo natural, en vez de algo que ha costado mucho
alcanzar y que requiere esfuerzos mantener.
Hay dos factores que inciden de forma clara en la superación de esta
situación. Por una parte, el paso a fijos rompe una importante barrera.
Por otra, cuanto mayor es el nivel de consolidación sindical entre las
plantillas veteranas más rápida es su impregnación a los jóvenes
contratados. Ni que decir tiene que el enfoque adoptado en la actuación
de los sindicatos es decisivo, y allí donde se ha programado la
actividad sindical atendiendo las circunstancias y condiciones de los
nuevos contratados, la división de la plantilla ha conseguido superarse
con mayor facilidad.
Formación continuada
En general, el interés por la formación continuada es muy alto entre las
plantillas jóvenes. Dependiendo del mejor o peor desarrollo de los
planes formativos en las empresas, esta demanda formativa se absorbe en
la propia empresa. Cuando los planes formativos son inadecuados o
insuficientes, se orientan hacia actividades formativas facilitadas por
los sindicatos o hacia estudios particulares, que van desde los meros
cursillos hasta carreras universitarias.
Al realizarlos después de la jornada laboral, ésta posibilidad se ve
entorpecida muchas veces por el sistema de turnos de trabajo rotativos.
Cuando hay opción, la preferencia formativa se relaciona más con el
trabajo que se está desempeñando o puede alcanzarse que con los estudios
que en su día se hayan realizado. El desarrollo de Planes Formativos en
las empresas debe ser un importante objetivo sindical, tanto por su
necesidad objetiva como por la demanda de los propios trabajadores.
Actitudes sindicales
En general, los niveles de afiliación están en consonancia con los del
conjunto de las plantillas de las empresas en cuestión: bajos en Roca,
medianos en Nissan y muy altos en Seat.
Sin embargo, la afiliación no se corresponde con el interés por
participar en las actividades sindicales cotidianas, que es bajo, en
general. La afiliación, cuando se produce, corresponde más a la búsqueda
de apoyo-protección que a una actitud reivindicativa.
Por otra parte, la modificación que se ha producido en la composición de
las plantillas, no se corresponde, en la misma amplitud, con
modificaciones en las estructuras sindicales. El reto de renovar los
Comités de Empresa y la dirección de Secciones Sindicales constituye, en
buena medida, una asignatura pendiente. A la falta de interés por
participar de unos, se suma el acomodamiento o la falta de propuestas
válidas de otros.
Jóvenes y subcontratación
Existe otra circunstancia en materia de contrataciones en las grandes
fábricas, que supone, justo, la otra cara de las circunstancias
descritas. Nos referimos a las subcontrataciones y la cesión de trabajos
a empresas externas. Frente al fenómeno del empleo estable y con buenas
condiciones, se abre paso otra dinámica que cada vez alcanza un volumen
más elevado.
La subcontratación supone contratar determinadas actividades que se
desarrollan dentro de la factoría y que son imprescindibles para el
desarrollo del proceso productivo (por ejemplo, mantenimiento,
logística, incluso pintura de unidades en el caso de Seat) a empresas
ajenas que funcionan, normalmente, con plantillas eventuales y
condiciones de trabajo y salariales muchísimo peores.
De poco serviría recrearse en las buenas condiciones logradas para las
plantillas jóvenes y estables de las fábricas comentadas si no somos
capaces de ver el gran problema pendiente que se da en las empresas
subcontratadas, a través del cual las grandes empresas, hoy por hoy, han
conseguido eludir las condiciones y costes establecidos por sus
plantillas en los convenios colectivos.
Decir, por ejemplo, que en Nissan no se ha recurrido a las E.T.Ts es
decir una verdad a medias si no se controla lo que ocurre con las 700
personas subcontratadas, que también trabajan en la factoría y
contribuyen, más o menos directamente, a la fabricación de sus
productos.
Estrategias patronales
Para éstas empresas, el período de expansión económico de mediados de
los 80 supuso la oportunidad de adecuar sus plantillas, no sólo
cuantitativa, sino también cualitativamente. Sus direcciones apostaron
por invertir en renovaciones de plantilla buscando, en general,
trabajadores más preparados, sin experiencia laboral previa, jóvenes y,
por ello, más adaptables a novedades.
En muchos casos, el objetivo coincidía con el intento de
modificar formas de trabajo y crear nuevas secciones o plantas. El paso
por una etapa de eventualidad contribuía a realizar una criba
complementaria sobre los criterios ya establecidos por los departamentos
de la sección.
En general, junto al objetivo de lograr plantillas más adaptables y
flexibles a unas condiciones industriales cambiantes, se buscaba,
todavía más, contar con unas plantillas más integradas y menos
reivindicativas. Reducir la influencia real (no tanto la formal) del
sindicalismo organizado en el día a día de las fábricas fue un objetivo
claro.
Algunas conclusiones
Las políticas de selección de trabajadores han sido definidas de forma
exclusiva por las direcciones de las empresas, siendo en este ámbito
casi nula la influencia sindical, salvo algún caso de negociación de
cuotas de ingreso que a la larga ha tenido efectos negativos.
Parece más adecuado reivindicar la presencia sindical en la
definición de las líneas políticas de contratación, garantizando
criterios adecuados y adaptados a las necesidades a cubrir,
estableciendo niveles o experiencias profesionales adecuadas,
garantizando la no utilización de criterios discriminatorios en base a
sexo, edad, o ideología.
La actividad sindical se ha centrado más en garantizar el paso a fijos
del máximo volumen de plantilla contratada, línea sindical que debe
continuar, pero que resultará cada vez más limitada si no se actúa
respecto al establecimiento y condiciones de empresas subcontratadas.
En nivel formativo de las plantillas jóvenes se acabará convirtiendo en
un factor de inestabilidad si en un período razonable no se produce una
adecuación de las actividades productivas, que sea capaz de dotar a los
puestos de trabajo de un mayor contenido profesional.
El derroche que supone emplear trabajadores con hasta 5 años de formación profesional en tareas repetitivas o ciclos de cadena de 1, 2 o 3 minutos, es una fuente de frustración insostenible a largo plazo.
La promoción profesional adquiere una importancia superior a la
de años pasados, no sólo en la vertiente individual de como cubrir esta
o aquella vacante aislada, para lo cual deberían establecerse criterios
objetivos, sino también en la necesidad de plantearse modificaciones
globales de los contenidos de las tareas a realizar, que permitan dar
salida a la capacidad potencial de las plantillas. En el cómo se aborden
estos procesos, radica uno de los retos más importantes a los que se
enfrenta el sindicalismo en este tipo de empresas.
El menor interés sindical de estos nuevos trabajadores no es una
circunstancia inmodificable, ya hemos visto que su nivel afiliativo
varía según las características de la empresa en que se encuentran. La
cuestión clave consiste en cómo lograr que estas nuevas generaciones
empiecen a adquirir un papel nuevo, y comiencen a adquirir el
protagonismo que su presencia en las empresas les permite y que deberán
asumir inexorablemente en los próximos años.
El lograrlo requiere, por parte de los veteranos, capacidad de
poner en evidencia sus problemas, orientar en la forma de abordarlos y
saber, con generosidad cuando llega el momento, dejar de ser un
obstáculo al relevo generacional.
(1). Información elaborada por Juan Antonio García Díaz, Presidente del
Comité de Empresa
(2). Información elaborada por la Sección Sindical de UGT.
Enrique Carpintero - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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