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Cuanto mayor es el nivel de desarrollo de un país, más servicios de
telecomunicaciones están al alcance de sus habitantes, mayor es el
consumo en medios de comunicación y cultura, más interés existe por lo
que ocurre fuera de sus fronteras.
Si comparamos los gustos de un muchacho de 15 años de Madrid con uno de
la misma edad de París, Nueva York, Buenos Aires o Tokio, encontraremos
muchas coincidencias: en la marca de ropa que usan, en sus grupos
musicales preferidos, en los posters que decoran su habitación, en su
corte de pelo y en sus referentes culturales.
La cultura y las telecomunicaciones están ya globalizadas en los
mercados desarrollados.
Esta globalización de los mercados ha generado mega-actores,
compañías multinacionales de un tamaño enorme, fruto de la fusión o de
las alianzas entre empresas poderosas que dedican sus mayores esfuerzos
a desarrollar estrategias mundiales, pan-continentales o nacionales para
ganar mercados, algo que consiguen a base de economías de escala, de
experiencia y profesionalidad.
Pero la vida sigue su curso y el ciudadano también está interesado por
lo que ocurre a nivel local, en su ámbito más cercano. Hace unos años me
comentaba el alcalde de una capital de provincia de más de 100.000
habitantes que el municipio realizó una encuesta entre la población en
la que preguntaba a los ciudadanos cuales eran, desde su experiencia y
punto de vista, los problemas más graves que se debían resolver en la
ciudad.
Las respuestas fueron: el tráfico y el terrorismo. Nunca en la historia se había producido un atentado terrorista en la ciudad, donde por lo demás, prácticamente no había atascos.
Pero la gente veía la televisión -la autonómica y la estatal- y
sufría como propios los problemas de otras ciudades. Además, los
habitantes de esa población no tenían oportunidad de recibir información
local. Más allá de la anécdota, lo cierto es que en un mundo globalizado
como el nuestro estamos a menudo más informados de lo que sucede en un
país latinoamericano, que de lo que ocurre en nuestro propio barrio. Ya
nadie duda que la realidad que no se comunica, simplemente no existe.
Lo local y lo global
Plantearse una batalla entre la información global y local no tiene
sentido, porque, en términos de igualdad, la primera siempre vencería a
la segunda. El tamaño del mercado ofrece mayores oportunidades de
rentabilizar el esfuerzo a quienes operan dentro de una cobertura
superior.
El coste de la tecnología desciende contínuamente, lo que hace más
viable una operación que cubra un mayor número de espectadores
potenciales.
Otra historia bien distinta es que la información local interesa cuando
existe y, en numerosas ocasiones, es necesaria para cohesionar una
sociedad determinada. La Catalunya que conocemos, la Catalunya del año
97, no sería la misma sin la existencia de TV3. Los programas
informativos y la programación propia son factores decisivos para que
los ciudadanos conozcan mejor Catalunya.
Cuando se traslada esta experiencia a nivel local, teóricamente debería
repetirse el fenómeno, pero en la práctica no es así. Las experiencias
de televisión local, han fracasado en un porcentaje muy elevado.
Analizar las causas no es el objetivo de estas líneas, pero casi
siempre han sido las mismas. Casi siempre, los proyectos previos a la
puesta en marcha de una televisión local han sido endebles o poco
adecuados a la realidad de los receptores. Entusiasmo no es sinónimo de
éxito.
Parece obvio que las fórmulas mágicas para la consecución de un triunfo
empresarial no existen. No obstante, sí que estamos en condiciones de
señalar algunas claves para el negocio de la television local.
Entre ellas, un sosegado y equilibrado proceso de reflexión previo a la constitución de las compañías operadoras de comunicación local. Un proceso encaminado a la creación de empresas de comunicación bien estructuradas y dimensionadas, con vocación de afianzar su posición en el tiempo y ganar cuotas de atención y audiencia entre su público objetivo.
Esta es, en suma, la responsabilidad de las entidades que se atreven a lanzar la iniciativa que nos ocupa: crear un nuevo medio de comunicación.
a meta es que un medio de comunicación local, con independencia de su
soporte -radio, publicación impresa o televisión- sea seguido con
interés por la audiencia y no represente, a corto o medio plazo, una
carga financiera para sus impulsores hasta el punto de que se demuestre
su inviabilidad y tenga que ser cerrado por sus promotores, no sin antes
perder el dinero y una importante cuota de prestigio personal y,
también, de la ciudad.
Televisión local
Hoy por hoy, se dan las condiciones para que una televisión local salga
adelante. Existe ya un marco legal de actuación; hay una realidad
cotidiana sobre la que informar y ésta, además, puede resultar
tremendamente atractiva para buena parte de los potenciales
espectadores.
Pero una televisión local, además de alcanzar popularidad y
audiencia, necesita también ser económicamente rentable. Si lo es, sus
impulsores mantendrán su dedicación e interés, los pagos a empleados y
colaboradores podrán efectuarse puntualmente y a precios en sintonía con
el mercado, la empresa dispondrá de recursos para producir contenidos de
una calidad acorde a la oferta televisiva que se ofrece por otros
canales y que están al alcance de los espectadores y del mando a
distancia. Una televisión local que no sea interesante y rentable, como
nos demuestran recientes experiencias, no durará mucho tiempo en el
aire.
Promotores públicos y privados
Una idea que se baraja actualmente es conseguir que empresas mixtas, con
capital público y privado, inviertan en la promoción y creación de
televisiones locales. Conjugar los intereses de estos dos tipos de
entidades no es una tarea sencilla, aunque se simplifica
extraordinariamente si la sociedad operadora se ciñe al negocio en
particular, y el negocio consiste en conseguir el éxito en audiencia
sumado al éxito en la cuenta de resultados. El entrecomillado indica lo
relativo de la palabra éxito en cada uno de los casos, porque en la
definición y en el alcance de ambos objetivos es donde radica la
viabilidad de este tipo de compañías.
Cualquiera de los accionistas, sean públicos o privados, tiene puntos de coincidencias en sus objetivos. Ambos están interesados en conquistar la máxima audiencia para el medio y ambos, lógicamente, desean que los resultados económicos sean satisfactorios.
La empresa privada buscará la máxima rentabilidad de su inversión y abandonará el proyecto cuando se asegure de que no hay expectativas de obtención de beneficios. La empresa pública se conformará con mantener la inversión aunque ésta sea deficitaria dentro de parámetros razonables y asumibles
. En cuanto a los contenidos, existe el riesgo de que el inversor
público busque el control de la información para proyectar un estado de
opinión favorable a los intereses de la institución que representa, de
su partido político o de determinadas personas. Este riesgo puede poner
en peligro la credibilidad del medio.
Una gestión conciliadora
Para el éxito de una televisión local y una correcta convivencia del
accionariado mixto, es imprescindible que haya un equipo de gestión
inteligente que concilie los intereses de los dos tipos de socios.
Cuando la televisión local abarca más de un municipio, la conciliación
se convierte en más delicada porque hay que compensar los intereses
cantonalistas y las rivalidades que siempre emergen en sociedades
plurimunicipales.
Cuando participa en la sociedad más de un inversor privado, los
conflictos de intereses a veces suelen manifestarse antes de lo deseado.
Casi siempre se hace necesario acudir a más de un socio de cada tipo
cara a completar el capital necesario para el lanzamiento de una
televisión con posibilidades.
Un proyecto y un equipo de gestión inteligente
Si bien, como decía más arriba, no hay fórmulas mágicas para hacer
viable una televisión local, si hay algunas constantes dignas de tener
en cuenta: tomar como punto de partida un proyecto realista que analice
el mercado real de publicidad -la única fuente de financiación posible
tratándose de una empresa mixta- del territorio de actuación, un
proyecto que analice las características técnicas de emisión, porque la
calidad del canal local debe ser óptima, la mejor de las posibles.
Un proyecto de estas características debe diseñar una parrilla de
emisión asumible por el canal, con información y programas de interés
local, en combinación con contenidos de ámbito nacional o internacional,
que haga asequibles los costes de la producción propia a la empresa
local.
Por ejemplo, CBS-TeleNoticias, un canal distribuido por Cable Antena a través del satélite, está sirviendo como contenedor de emisión para las televisiones locales que contratan el servicio, ofreciendo 24 horas de emisión con informativos a nivel global, al estilo CNN. Actualmente, esta fórmula es aplicada, con buenos resultados, por diferentes televisiones locales en España.
Estas televisiones toman la señal del satélite e insertan sus
informativos y programas locales, manteniendo el canal con señal durante
las 24 horas del día, incorporando los contenidos que están en
condiciones de producir con unos mínimos de calidad necesarios.
Un proyecto como el que nos ocupa debe dimensionar el número de
profesionales que se necesitarán para producir contenidos atractivos
para la audiencia.
Un proyecto viable debe saber calcular la magnitud de los estudios de
producción de programas y los equipamientos necesarios para la emisión
de la señal. En el mundo de la televisión local se parte en demasiadas
ocasiones de instalaciones que no reunen las mínimas condiciones para
albergar una televisión. El equipamiento también debe estar en
concordancia con la parrilla que se desea producir, tanto en el momento
del inicio de las emisiones como a tres o cuatro años vista, que es el
plazo medio de amortización de los equipos.
En definitiva, una televisión local necesita un proyecto que contemple
todos los aspectos necesarios para el lanzamiento de la televisión y
que, al tiempo, ofrezca a los inversores una idea realista de los
riesgos a los que se exponen.
Por otro lado, es necesario un equipo de gestión inteligente, un grupo
de profesionales que entienda y sepa interpretar cuales son los
intereses de cada una de las partes que impulsan la empresa, y que
aplique y corrija el proyecto hasta alcanzar los objetivos deseados.
Condiciones que puede plantear el capital privado
Desde un punto de vista puramente empresarial, lo primero que pedirá un
inversor privado es un plan de negocio a cuatro o cinco años, un plan en
el que se especifiquen claramente las fuentes de financiación de la
empresa. El factor clave será el mercado publicitario local; si éste
existe, cual es su tamaño y si está dispuesto a invertir
publicitariamente en una nueva televisión local.
Hay que tener en cuenta que la aparición de un nuevo medio de
estas características, habitualmente no hace crecer la inversión
publicitaria de los anunciantes. Por lo tanto, se trata de desplazar la
inversión que normalmente se realiza a través de otros soportes
publicitarios al de la televisión local.
Desde el punto de vista de los contenidos, se sugerirá la necesidad de
que el medio no nazca contaminado, como un instrumento de apoyo a un
determinado grupo o grupos políticos en el poder en ese momento. Para
ello, se exigirá objetividad y neutralidad en la elaboración de la
información.
Además, la información institucional acostumbra a ser
tremendamente aburrida para la audiencia, poco interesada en los
detalles y en el día a día de la gestión municipal. Los espectadores
piden información, pero también entretenimiento.
Hay, por último, un requisito imprescindible para el éxito ya no de una
televisión local sinó de cualquier tipo de iniciativa empresarial: una
gestión eficaz y transparente, al servicio de todos los socios, algo que
debe ser, inexcusablemente, un compromiso previo de todos los
inversores.
La televisión local ha dado sus primeros pasos en nuestro país marcada
por un exceso de instrumentalización, que demasiadas veces ha terminado
con el entusiasmo de los profesionales involucrados en la aventura.
Si el proyecto y las condiciones satisfacen a los inversores, la
televisión local estará abocada al éxito. Si desde una televisión local
se ofrecen contenidos que incidan en la diferencia -¿quién buscaría en
una televisión local lo que las grandes cadenas ya ofrecen desde una
posición de privilegio y con todo derroche de medios?-, la televisión
local será una plataforma de comunicación respetada. Si la televisión
local es capaz de comportarse como un espejo en el que los ciudadanos se
ven nítidamente reflejados, la televisión local se instalará
definitivamente allí donde más importa: en los hogares de los vecinos.
Luis Campo - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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