Probablemente esta descripción pueda parecer lejana para algunos, o
incluso irreconocible para los más jóvenes. Sin embargo, palabra como
empresa de trabajo temporal, mensajeros, trabajadores eventuales, etc.,
nos son bien familiares para la mayoría. En estos conceptos es donde
aparece el símil que da origen al título del artículo: al igual que al
jornalero del campo, ninguna de las palabras expuestas en el párrafo
anterior sugieren estabilidad laboral, continuidad en el trabajo.
Analizaremos como hemos llegado a esta situación. En los últimos años,
tras diversos períodos de crecimiento y asentamiento de la economía, y a
la vez del tejido industrial, han aparecido una serie de empleos que por
sus características, ya no pueden seguir encuadrándose en la manera
tradicional.
Los trabajos a que nos referimos son los comprendidos en el sector de
servicios. Es ya una evidencia el crecimiento del sector servicios,
absorbiendo una parte importante de la población activa, en detrimento
de la industria.
Productos rápidos y baratos
Esta industria, más tradicional, es la que durante muchos años, ha
definido la estructura laboral, consistiendo ésta en un patrón básico
que podríamos describir como empresas con trabajadores mayores de
treinta años (aproximadamente), con un trabajo estable -fijos de
plantilla- , salarios con un crecimiento real, y unas condiciones de
trabajo claramente definidas (Estatuto de los Trabajadores, convenios
colectivos, legislación laboral, etc.).
A raíz del crecimiento del sector servicios, y más concretamente de sus
necesidades, aparecen una serie de factores que marcarán un nuevo marco
laboral. Por un lado, nos encontramos con la necesidad de obtener
tiempos de respuesta -durante el proceso productivo- lo más rápidos
posibles (tiempos de entrega, modificaciones del proceso, etc.). Por
otro lado, se requiere cada vez más una reducción de costes en los
productos, y que generalmente son determinados por factores más externos
al propio proceso de producción, como la propia demanda de los mismos.
En conclusión, dos de los factores que han generado los propios
servicios, son la obtención de productos rápidos y lo más baratos
posibles.
Dos de los servicios que mejor exponen estas pretensiones, son los de
mensajería y, por derivación, la entrega de pizzas o comida rápida.
Estos servicios han aparecido por una demanda relevante por parte de los
usuarios, no por una necesidad del mismo. Es decir, son dos servicios
-envío de productos y elaboración de comida- que no suponen una
necesidad en su origen, pero que por la comodidad que supone para el
usuario final, han generado una demanda importante de los mismos.
Como resultado, hoy es normal pedir una pizza por teléfono, y recibirla
en media hora, o bien comprar un producto por teléfono, fax, módem,
etc., y recibirlo en el plazo de 24 horas y con un coste realmente bajo.
Como decíamos al principio, estas empresas, su organización,
constitución, etc., suponen un cambio radical en la concepción
industrial del término. Ésto es, no sólo ofrecen un producto, o un
servicio rápido y barato -ajustado de costes-, cuestiones en las que ya
se trabajaba en la industria, sino que fundamentan en estos dos
factores, velocidad y coste, su propia existencia como empresa.
Analicemos estos dos factores tan evidentes en cualquier empresa de las
características descritas.
Capital social mínimo
Tenemos el tema de costes del producto. Al ser uno de los pilares
básicos en el futuro de la empresa, a la hora de constituir este tipo de
estructuras, un planteamiento fundamental es la reducción de costes.
Para ello, uno de los conceptos con que se trabaja es el de capital
social mínimo, o inversión mínima en activos. De hecho, sus activos
suelen consistir, básicamente, en un local para centralizar los envíos,
y algún vehículo para la realización de los mismos. Otro factor que
suele tenerse en cuenta es el de las comunicaciones, ya que es necesaria
una comunicación fluida entre todas la partes -cliente, central y
transporte- para garantizar una respuesta adecuada. Esto se concreta en
teléfonos -fijos o móviles-, y ordenadores para centralizar y organizar
el proceso.
Por último, están los costes de elaboración del producto -en caso de
pizzerías o tiendas-. Para esta cuestión, las empresas han encontrado en
la franquicia el método ideal para minimizar costes. En realidad se
trata de compartir costes, pero a la empresa le supone una reducción
importante del coste definitivo.
En conclusión, los costes de inversión inicial son mínimos. De todas
formas, en el cálculo de costes del producto final, hay una parte
importante que no hemos determinado aún, y que es el coste de personal.
El resto de costes variables no van a ser tenidos en cuenta por su baja
repercusión en la reducción de costes.
Plantillas flotantes, a tiempo parcial
El coste de personal, es abordado desde la vertiente del volumen de
contratación, ajustando éste a las necesidades reales en cada momento;
ésto supone una plantilla en continua flotación, lo que se traduce en
una plantilla formada por trabajadores eventuales, generalmente a tiempo
parcial, o con horarios flexibilizados a las necesidades de la empresa
(fines de semana, festivos, nocturnidad, etc.).
Este último factor, el de tiempo parcial, también es incorporado como un
nuevo elemento, no muy usado hasta el momento por la industria. El
trabajador industrial, se ha resistido tradicionalmente a jornadas de
trabajo fuera de las ocho horas diarias. Ahora los trabajadores de los
sectores expuestos, hablan de cuarenta, veinte o incluso menos horas a
la semana.
Esto supone un cambio radical en la forma de entender la jornada de
trabajo. Ya no se trata de adecuar la producción a los horarios de
fabricación, si no de encontrar el personal indicado para realizar
trabajos de menos de ocho horas.
Evidentemente, esta situación reduce el número de posibles candidatos a
trabajador del sector servicios. De hecho, es bastante difícil de que el
personal industrial estuviese de acuerdo en adecuar sus horarios de
trabajo a las necesidades de producción. Por esto, los trabajadores más
adecuados, o más interesados en este tipo de trabajos, suelen ser
aquellos que requieren de una parte de la jornada para realizar otra
actividad, como estudiar, o realizar otro trabajo adicional.
También relacionado con la cuestión de la movilidad de la plantilla,
está el tema de la formación. En concreto, dado el nivel formativo
necesario para desarrollar este tipo de tareas, podemos evidenciar que
es éste, un empleo que de por sí, no genera expectativas de continuidad.
Al ser este tipo de empleo de una relativa simplicidad en su hacer,
el proceso puede ser asimilado de forma rápida por los nuevos
trabajadores, a la vez que requiere de una mínima formación previa de
los mismos. Nada que ver con los trabajos con cierto nivel formativo, o
especializados, a que se está acostumbrado en las empresas industriales.
Este hecho permite que los continuos cambios de personal no repercutan
en la efectividad de los servicios. Además hay otras cuestiones que por
generar desmotivación, también aumentan el grado de rotación de la
plantilla. Debido a las características de los trabajos descritos, la
opción de obtener promociones internas de ascenso, no suele producirse,
por lo que el trabajador no tiene más motivación que sus necesidades
económicas.
Otro tema inductor de la desmotivación de muchos trabajadores es el alto
ritmo impuesto por las entregas. Este ritmo, unido a la peligrosidad
intrínseca de los desplazamientos en ciudad, supone la causa de un buen
número de accidentes laborales. Es clara la dificultad de mantener de
forma normal esta situación durante mucho tiempo, o al menos que resulta
en extremo estresante para la mayoría de la gente.
Existe otro criterio en la cuestión del coste de personal, que es
evidentemente el económico. Para reducir el coste salarial, se suele
recurrir a fórmulas que bien incentivan la productividad, o bien
castigan la no actividad. Esta solución, supone que el salario final del
trabajador esté directamente relacionado con el volumen de entregas
-producción- que realicen, lo que dadas las características del
producto, suele suponer que este valor final sea bastante aleatorio.
Para poner un ejemplo, en el caso de las pizzerías, se suele dar la
situación de que si un cliente solicita un producto, y tras el viaje de
entrega, el cliente no está satisfecho, o simplemente ha cambiado de
opinión, el producto es cargado a la cuenta del trabajador, o
trabajadores implicados, los cuales deberán abonar el importe del mismo.
Este hecho ha sido comprobado por experiencias personales en el tema, lo
que habitualmente supone una dosis de comprensión hacia el trabajador
implicado, y el comerse una pizza totalmente distinta a la que se
solicitaba.
El perfil del nuevo temporero
Una vez vistos los tres factores básicos -agilidad del proceso, costes
bajos y niveles de formación-, podemos comenzar a apreciar un perfil
básico de los trabajadores de estos servicios.
Podemos intuir que una situación de las características descritas -a
nivel salarial y eventual-, tendría dificultades para mantener una
circunstancia familiar normal, o al menos similar al ofrecido en una
empresa industrial como las referidas anteriormente.
Por tanto, generalizando, podríamos definir a los trabajadores de estos
servicios como individuos que suelen continuar dentro del núcleo
familiar más directo, y con dificultades para abandonarlo, al menos de
índole laboral.
Sin ánimo de enmarcar, podríamos concluir con que el perfil sería el de
jóvenes con un nivel formativo bajo/medio (o estudiantes sin finalizar
la licenciatura), que conviven con sus padres, o en núcleos familiares,
y con unas necesidades económicas no muy elevadas.
Es hacia este grupo al que se dirigen estas empresas para localizar sus
trabajadores. Es por tanto un sector en el que no se determinan las
necesidades de mano de obra por su nivel formativo, o por un
conocimiento industrial concreto, sino que se basa en un bloque de la
población determinado para cubrir sus necesidades de personal.
Pero no es este el único cambio que ha supuesto en lo que podríamos
enmarcar como relaciones laborales. De hecho nos encontramos ante nuevas
formas empresariales que han dado un vuelco a la forma de entender
dichas relaciones, a la organización del trabajo, y otras cuestiones
relacionadas con estos argumentos.
Son estos cambios en las relaciones laborales los que nos pueden parecer
más destacable. Sin lugar a dudas, uno de los retos que está por
resolver es el de igualar o asimilar el nivel de defensa de los
intereses de estos trabajadores con sus homólogos industriales.
Analizaremos básicamente estas diferencias que existen en la actualidad,
y el por qué de las mismas.
Otro entorno sindical
En la tradición obrera industrial existen una serie de parámetros que
definen el crecimiento asociativo-sindical, y que a la vez han
demostrado cierta efectividad en la consecución de mejoras sociales y
económicas para los trabajadores.
Estos parámetros partían de hechos tales como la unidad del centro de
trabajo en una única empresa, el control de los medios de producción
como medida de presión a la hora de conseguir mejoras, la continuidad de
los trabajadores en los centros de trabajo, etc.
Estos factores no son factibles en el entorno que comentamos, por lo que
las actuaciones propias del sindicalismo industrial quedan bloqueadas
por el propio entramado del conflicto.
Ya no resulta factible la utilización del centro de trabajo como
elemento de cohesión, ya que en la mayoría de los casos están
descentralizados, impidiendo de forma práctica las reuniones de
trabajadores ; las medidas de presión no pueden ser utilizadas de forma
arbitraria, tanto por las dificultades de organización, como por los
prejuicios directos a los usuarios.
En cuanto a los conceptos clásicos de producción, seguridad e higiene, o
mejoras sociales, resultan igualmente complicados de plantear. Como ya
hemos comentado, es el ritmo de entregas el que determina y marca la
efectividad de este tipo de empresas, por lo que podemos entender que
cronometrajes, mejoras de los métodos, etc., en poco pueden afectar
cuando el objetivo es donde sea y en menos de treinta minutos.
Y es que resulta evidente que existe una gran dificultad en que los
consumidores, o usuarios, aceptasen tiempos de entrega mayores. Es como
vemos, un volumen de producción que podríamos definir como on line, y
por tanto cien por cien dependiente de las necesidades del usuario
final.
La cuestión de seguridad e higiene, nos lleva a una nueva valoración de
los objetivos. Así, mientras en algunos sectores se concretan planes de
actuación sobre seguridad e higiene y medio ambiente, nos encontramos
como en otros con menos tradición, el tema no ha evolucionado más allá
del uso del casco en las entregas. Así, temas como posibles
repercusiones futuras sobre el trabajador, de ritmos, condiciones de
trabajo, etc., aún quedan fuera del ámbito de discusión.
Resumiendo, los trabajadores de estos medios se encuentran en una
situación de inferioridad frente a otros sectores, fundamentalmente por
la novedad que supone su entorno de trabajo, y la falta de adecuación de
los elementos de defensa de sus intereses. Es este nuevo ambiente
laboral el que ha de plantear al movimiento sindical una nueva
concepción del trabajo y de sus propias actuaciones.
Definir el marco legal
Sería interesante buscar nuevas fórmulas que corrigiesen este déficit de
intereses y que, simplificando, se podrían encaminar en medidas de
actuación sobre dos ámbitos.
En un área genérica, sería interesante concretar el marco legal, o más
exactamente adecuarlo a la nueva realidad laboral.
Ya hemos comentado como la actual legislación está desarrollada bajo una
óptica básicamente industrial, adecuada a la situación predominante en
el momento de su elaboración. Esta situación ya ha sido modificada, como
hemos visto en lo expuesto, con lo que ciertas situaciones quedan fuera
al menos de la intencionalidad con que se hicieron las leyes en que se
amparan. En el mejor de los casos, se encuentran en una situación de
vacío legal.
Por ello, y pese a lo delicado del tema, por las repercusiones que suele
producir un planteamiento así, sería necesaria una ampliación, o
reforma, de la diferente legislación a aplicar en el actual marco
empresarial.
Ésto, al menos, supondría una mejora en cuanto a lo dispuesto en la
actualidad, ya que en el futuro la situación de transformación, se
producirá de forma cada vez menos distanciada en el tiempo, tal y como
hemos visto en las transformaciones industriales precedentes.
En relación a lo expuesto, me parecería interesante la futura discusión
de la evolución de la legislación hacia un formato más modular. Esto es,
un desarrollo troncal incorporando las cuestiones genérica a todos los
entornos laborales, y un crecimiento expansivo y continuado de las leyes
específicas. Incluso podemos ver cierta aproximación hacia este modelo
en algunos de los textos legales más recientes.
En otro sentido, las actuaciones concretas o de más directa actuación
sobre los problemas, deberían también replantearse por idénticos motivos
que en el caso anterior.
Problemas como la descentralización de los centros de trabajo, con
dificultades para reunirse, deberían ser tratados desde una visión más
cercana a la propia realidad del servicio. Sería de gran utilidad
cambiar de estrategia, y pensar en utilizar los mismos medios que están
utilizando las empresas para facilitar esta disgregación, es decir las
comunicaciones.
Ésta podría ser una visión que facilitase a los trabajadores el mantener
cierto contacto entre ellos, asimilándolos a los trabajadores del resto
de empresas que tienen garantizado tal derecho, o al menos la
posibilidad práctica de ejercerlo.
La acción reivindicativa
Otro tipo de acciones de incidencia particular en el sector, también
centran nuestra atención al respecto. Recientemente hemos vivido
experiencias reivindicativas en el sector servicios (huelga del personal
sanitario, huelga de pilotos, etc.), que habrían de servir de base de
discusión sobre el replanteamiento de estas acciones.
De estas experiencias, se ha demostrado la dificultad inherente a este
tipo de movilizaciones en sectores de uso público, así como la
dificultad que supone la defensa de los intereses de unos trabajadores
determinados, en especial cuando las acciones reivindicativas suponen un
prejuicio, en mayor o menor medida, para los usuarios de estos
servicios.
De aquí que pueda concluirse que la huelga, como medio de reivindicación
laboral, ha dejado de poseer el peso que hasta el momento ostentaba. De
hecho, incluso se han demostrado contraproducentes en particular, cuando
la movilización se mantiene durante un periodo largo de tiempo. Intentar
utilizar argumentos como la conciencia colectiva de los trabajadores es
un lujo cuando éste desaparece tras aguantar unas cuantas colas de
espera.
Es, por tanto, preciso elaborar estrategias más selectivas que eviten o
minimicen los prejuicios a terceros, no implicados en el conflicto.
El corporativismo sindical
También hemos podido apreciar durante la evolución de los conflictos
antes mencionados, la existencia de una diversidad de sindicatos
corporativos, que suelen tener un peso específico importante en este
tipo de empresas. Hemos visto como desde estos sindicatos, se reforzaba
una política en la línea corporativista de los mismos, valorando en
menor medida los planteamientos globales que se suelen barajar en
sindicatos compuestos de diferentes federaciones.
La aparición de este tipo de sindicatos puede obedecer precisamente a
las consecuencias de la actividad realizada hasta la fecha por las
centrales sindicales más federadas. Una posibilidad es que dado que
desde estas centrales no se facilitan soluciones a los problemas más
directos, los trabajadores tratan de agruparse en una de las
asociaciones más antiguas: el gremio. Así, pueden tratar de resolver sus
propios problemas, de una forma muy corporativa.
Si esta situación se continuase manteniendo, correremos el riesgo de
entrar en una situación que, lejos del actual clima de globalidad
general, generará posiciones más integristas, o al menos más
insolidarias.
Estas presunciones, no pueden dejar de lado una cuestión que a nadie
escapa, en cuanto al volumen de afiliación, o nivel de asociación
actual. El hecho de que éstas u otras medidas se pusieran en práctica,
no supondría necesariamente una mejora en el conjunto de estos valores,
aunque si mejorarían el entorno laboral actual del sector.
Si analizamos los niveles de afiliación-asociación del sector de
población al que nos referimos (jóvenes de entre 16 y 25 años), veremos
que los niveles en cualquier sector no son muy elevados. Esto puede ser
en parte achacable al relativamente poco volumen de empleo entre este
margen de población, o bien a la inexistencia histórica de referentes
-recordemos lo relativamente joven del sindicalismo en nuestro país-.
Valores a lo americano
Aún así, este factor nos puede llevar a una conclusión errónea: los
jóvenes son poco receptivos a los movimientos asociativos, y en especial
a los sindicales. Esta conclusión debe ser analizada con mayor
profundidad, ya que existen otros factores que han de ser valorados.
Estamos asistiendo a un cambio, tanto social como cultural, en el que, como suele suceder en cada transformación, los valores establecidos -especialmente aquellos más relacionados con lo que llamamos progresismo-, entran en una etapa de estancamiento, cuando no de recesión. Podemos ver que valores como solidaridad, tolerancia o diversidad, han dejado de tener referentes claros para los jóvenes.
Ninguno de estos trabajadores recuerda con excesiva claridad la
etapa de transición política en España, y mucho menos la etapa
franquista. Por tanto, para la mayoría de ellos, valores como interés
personal, falta de conciencia de clase o competitividad, resultan
elementos de mayor atractivo.
Es lo que podríamos definir como valores a lo americano. Sin entrar en
profundidad, podemos pensar que en los USA, las empresas de trabajo
temporal son la forma habitual de encontrar un empleo, ya que elementos
como empleo fijo, seguridad social, etc., ya no forman parte ni de sus
planteamientos. Con ésto no queremos decir que se importen modas y
costumbres desde USA a Europa, sino que no se puede dejar de lado como
referente, al menos en este sentido.
Si tratamos de encontrar el lado positivo, ha sido este cambio de
mentalidad el que ha permitido que empresas como las descritas se
desarrollen como lo han hecho, con el evidente crecimiento del empleo
que han generado.
Ha sido esa mentalidad la que ha permitido la apertura de tiendas
veinticuatro horas, en las que se mantiene la continuidad en un servicio
que hasta el momento, tenía unos horarios establecidos bastante rígidos.
Este cambio, que aún no ha sido asimilado por la mayoría de empresarios
del sector, supone verdaderas dificultades a todas las partes.
Por un lado, existen problemas para determinar si este cambio
de horario supone un ejemplo de competencia desleal o no. Además, el
cambio de posición de los consumidores -evidentemente a favor-, debería
hacer reflexionar aquellos que mantienen posiciones contrarias. Como
vemos, el cambio de mentalidad aludido se está produciendo en todos los
niveles de la sociedad.
Es por tanto en esta situación, en la que podemos encontrar causas que
nos hagan comprender también, el por que de las dificultades de
afiliación de este sector de la población.
Como conclusión, existen muchos cambios que aún no han sido asimilados
en su totalidad por las estructuras laborales, y por tanto, nos
encontramos en un momento en que se necesitan reelaborar las reglas de
este marco. Una vez concretados estos cambios, y hecha la adaptación
real al pensamiento o actitudes generales, nos encontraremos en una
situación más equilibrada entre los trabajadores de servicios, y los
trabajadores de empresas industriales.
Así, nos encontramos en una situación totalmente novedosa, que ha
obedecido a unos cambios sociales, culturales, económicos y laborales.
Como hemos visto esta situación, supone por el momento un prejuicio en
cuanto a comparaciones entre sectores industriales y de servicios.
Podemos tomar como premisa, que dado el corto periodo de tiempo que
llevan implantadas este tipo de empresas en España, nos encontremos en
una fase de crecimiento, por lo que las deficiencias comentadas se irán
resolviendo, con mayor o menor rapidez, pero acabarán estabilizando una
situación determinada.
El auge del sector servicios
De hecho, en los últimos años se está evidenciando un crecimiento de
empresas del sector servicios, motivado por diversas causas.
Tenemos un país que vive básicamente del turismo. Una parte importante
de la industria está siendo desmantelada, especialmente la de inversión
extranjera, para ser implantadas en países con un coste de mano de obra
más bajo. Esta situación parece relegarnos a convertirnos en un país de
servicios.
Ante esta perspectiva, parece claro que la tendencia de crecimiento
tiene pocas posibilidades de modificarse inversamente en el futuro. Es
posible que la diversificación de estas tareas nos ofrezca una mayor
gama de servicios a los usuarios finales, por lo que su uso será -junto
con las comunicaciones- cada vez más extensivo.
Por último, una referencia que ahora puede parecer fuera de lugar, dadas
las medidas presupuestarias planteadas por el nuevo gobierno, de
carácter más conservador.
Si hemos comenzado el artículo haciendo referencia al jornalero del
campo, lo acabaremos también utilizándolo como referencia. Hemos visto
como el alto grado de rotación, y la eventualidad de los puestos de
trabajo a que hemos hecho referencia, dejan en una situación más
desprotegida a estos trabajadores, tanto dentro del entorno laboral,
como fuera de este.
También es de todos conocida la fórmula empleada en algunas partes del
país para resolver el problema similar al que se enfrentan los
trabajadores del campo. Nos referimos al PER. Este sistema, como ya
sabemos, busca un número de peonadas (jornales) determinado, para poder
cobrar un subsidio de desempleo.
No entraremos tampoco en detalle, pero me gustaría acabar dejando esta
cuestión en el aire, ¿no sería interesante buscar una alternativa
similar al PER para intentar paliar algunas de las deficiencias
económicas a las que se enfrenta el sector?. Espero que sus conclusiones
sean, cuanto menos, diversas e imaginativas.
Quien sabe, es posible que algún lector tenga la respuesta a alguna de
las cuestiones planteadas en este artículo, y tal vez alguien la esté
esperando. De todas formas, cuando se coma una pizza, ahora podrá pensar
en el trabajo que está generando.
Emilio Albarral - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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