Este día, establecido por las leyes y caracterizado por las
ceremonias, celebramos las palabras sabias y perdurables de nuestra
Constitución, y recordamos los compromisos firmes que unen a nuestro
país. Estoy agradecido por el honor del momento, consciente de los
tiempos de gran importancia que vivimos y decidido a cumplir con el
juramento que he hecho y del cual han sido testigos.
En esta segunda asamblea, definen nuestros deberes no las palabras que
pronuncio, sino la historia que hemos presenciado juntos. Durante más de
medio siglo, Estados Unidos defendió nuestra propia libertad al
mantenerse alerta en fronteras distantes. Después del naufragio del
comunismo, hubo años de calma relativa, años de reposo, años de
descanso, y luego llegó el día del fuego.
Hemos notado nuestra vulnerabilidad y hemos visto su fuente más
arraigada. Mientras en naciones enteras del mundo hiervan el
resentimiento y la tiranía, propensas a ideologías que alimentan el odio
y justifican el asesinato, se acumulará la violencia y se multiplicará
el poder destructivo, y cruzarán las fronteras mejor defendidas y
representarán una amenaza mortal.
Sólo existe una fuerza de la historia que puede acabar con el reinado
del odio y el resentimiento, y exponer las pretensiones de los tiranos y
reconocer las esperanzas de las personas decentes y tolerantes, y ésta
es la fuerza de la libertad humana. (Aplauso).
Los sucesos y el sentido común nos llevan a una conclusión: La
supervivencia de la libertad en nuestro país depende cada vez más del
éxito de la libertad en otros países. (Aplauso). La mejor posibilidad
para la paz en nuestro mundo la ofrece la diseminación de la libertad en
todo el mundo. (Aplauso).
Semejantes al Creador de los Cielos y la Tierra
Los intereses vitales de los Estados Unidos y nuestras convicciones más
profundas ahora son una unidad. Desde el día de nuestra fundación, hemos
proclamado que todos los hombres y mujeres de la Tierra tienen derechos
y dignidad, y un valor sin igual, porque son semejantes al Creador de
los Cielos y la Tierra.
En todas las generaciones hemos proclamado el imperativo de la
autonomía, porque nadie es adecuado para ser patrón y nadie merece ser
esclavo. (Aplauso). Es la promoción de estos ideales la misión que creó
a nuestra nación. Es el logro honorable de nuestros padres. Ahora es el
requisito urgente de la seguridad de nuestra nación y el llamado de
nuestros tiempos.
Por lo tanto, es la política de los Estados Unidos procurar y apoyar el
desarrollo de movimientos e instituciones democráticas en cada nación y
cultura, con el objetivo final de poner fin a la tiranía en el mundo.
(Aplauso).
Esta no es de primera instancia la tarea de las armas, aunque nos
defenderemos y defenderemos a nuestros amigos con la fuerza de las armas
cuando sea necesario. La libertad, en esencia, debe ser escogida y
defendida por los ciudadanos, y mantenida por el imperio de la ley y la
protección de los grupos minoritarios. Y cuando el alma de la nación
finalmente se pronuncia, las instituciones que surgen pueden reflejar
costumbres y tradiciones muy diferentes a las nuestras.
Estados Unidos no impondrá nuestro propio tipo de gobierno a los que
no lo desean. Nuestro objetivo, más bien, es ayudar a los demás a
encontrar su propia voz, lograr su propia libertad y abrirse su propio
camino.
El gran objetivo de poner fin a la tiranía se refleja en el trabajo
dedicado de muchas generaciones. El carácter difícil de la tarea no es
excusa para evitarla. La influencia de los Estados Unidos no es
ilimitada, pero para dicha de los oprimidos, la influencia de los
Estados Unidos es considerable, y la utilizaremos con confianza por la
causa de la libertad.
Mi deber más solemne es proteger a esta nación y sus ciudadanos de más
ataques y de amenazas emergentes. Hay quienes insensatamente han optado
por poner a prueba la determinación de los Estados Unidos y han
descubierto que es firme. (Aplauso).
Aclararemos persistentemente la opción ante cada gobernante y cada
nación: La opción moral entre la opresión, que siempre es incorrecta, y
la libertad, que es eternamente correcta. (Aplauso). Estados Unidos no
fingirá que los disidentes encarcelados prefieren sus cadenas, o que las
mujeres acogen la humillación y servidumbre, o que existe ser humano que
aspira a vivir a la merced de matones.
Fomentaremos la reforma en otros gobiernos al dejar en claro que el
éxito en nuestras relaciones requerirá el tratamiento decente de sus
propios pueblos. (Aplauso).
La convicción de los Estados Unidos de la dignidad humana guiará
nuestras políticas. Sin embargo, los derechos deben ser más que
concesiones a regañadientes de dictadores; son garantizados por la libre
discrepancia y la participación de los gobernados. A la larga, no existe
la justicia sin la libertad, y no pueden existir derechos humanos sin la
libertad humana. (Aplauso).
Bajo el reinado de un Dios justo
Soy consciente de que hay quienes han cuestionado el atractivo mundial
de la libertad aunque este momento de la historia, cuatro décadas
definidas por el más veloz avance de la libertad jamás visto, es un
momento peculiar para las dudas. Los estadounidenses, de todos los
pueblos, nunca deben verse sorprendidos por el poder de nuestros
ideales. Al fin de cuentas, el llamado de la libertad llega a toda mente
y a toda alma. No aceptamos la existencia de la tiranía permanente
porque no aceptamos la posibilidad de la esclavitud permanente.
(Aplausos). La libertad les llegará a aquéllos que la aman.
Hoy, Estados Unidos se dirige nuevamente a los pueblos del mundo:
Todos aquéllos que viven bajo tiranía y sin esperanza deben saberlo:
Estados Unidos no ignorará su opresión ni justificará a sus opresores.
Cuando se alcen a favor de su libertad, estaremos de su lado.
(Aplausos).
Los reformistas democráticos que enfrentan la represión, la prisión o el
exilio pueden tenerlo presente: Estados Unidos los ve como son, los
líderes futuros de su país libre.
Los gobernantes de los regímenes al margen de la ley deben saber que aún
creemos lo que creía Abraham Lincoln: "Aquéllos que les niegan la
libertad a otros no la merecen ellos mismos y, bajo el reinado de un
Dios justo, no pueden retenerla".
Los líderes de los gobiernos con un largo hábito de control deben saber:
Para servir a sus pueblos deben aprender a confiar en ellos. Comiencen
esta travesía de progreso y justicia, y Estados Unidos caminará de su
lado. (Aplausos).
Y todos los aliados de los Estados Unidos deben saber: Respetamos su
amistad, contamos con sus consejos y dependemos de su ayuda. La división
entre las naciones libres es un objetivo primordial de los enemigos de
la libertad. El esfuerzo concentrado de las naciones libres de promover
la democracia es un preludio de la derrota de nuestros enemigos.
Hoy, me dirijo nuevamente a mis conciudadanos:
A todos ustedes les he pedido paciencia en esta difícil tarea de
proteger a los Estados Unidos, la cual me han concedido. Nuestro país ha
aceptado obligaciones que son difíciles de cumplir y que sería
deshonroso abandonar. Sin embargo, debido a que hemos actuado siguiendo
la gran tradición liberadora de esta nación, decenas de millones han
alcanzado su libertad. (Aplausos.) Y ya que la esperanza aviva la
esperanza, millones más la encontrarán.
Con nuestros esfuerzos, también hemos encendido una llama: una
llama en las mentes de los hombres. Abriga a aquellos que sienten su
poder; quema a aquellos que combaten su avance, y algún día, esta llama
indómita de libertad alcanzará los rincones más tenebrosos de nuestro
mundo. (Aplausos).
Unos cuantos estadounidenses aceptaron los deberes más difíciles de esta
causa, en el silencioso trabajo de la inteligencia y la diplomacia, el
idealista trabajo de ayudar a establecer gobiernos libres, el peligroso
y necesario trabajo de combatir a nuestros enemigos. Algunos han
mostrado su devoción a nuestro país con muertes que han honrado sus
vidas enteras, y siempre recordaremos sus nombres y su sacrificio.
(Aplausos.)
Todos los estadounidenses han sido testigos de este idealismo, algunos
de ellos, por primera vez. Les pido a nuestros ciudadanos más jóvenes
que crean en las pruebas ante sus ojos. Han visto la dedicación y la
lealtad en los rostros resueltos de nuestros soldados. Han visto que la
vida es frágil, la maldad es real y la valentía triunfa. Decidan ponerse
al servicio de una causa superior a sus deseos, superior a ustedes
mismos, y en su vidas contribuirán no sólo a la riqueza de nuestro país,
sino a su carácter. (Aplausos.)
Estados Unidos necesita idealismo y valentía, porque tenemos una tarea
esencial dentro del país: el trabajo inconcluso de la libertad
estadounidense. En un mundo que avanza hacia la libertad, estamos
decididos a mostrar el significado y la promesa de la libertad.
En el ideal de libertad de los Estados Unidos, los ciudadanos encuentran
la dignidad y seguridad de la independencia económica, en vez de laborar
al borde la subsistencia. Es esta la definición más extensa de la
libertad que motivó la Homestead Act, la Social Security Act y la G.I.
Bill of Rights. Y ahora extenderemos esta visión al reformar las grandes instituciones para que estén al servicio de las necesidades de nuestros tiempos. Para dar a cada estadounidense participación en la promesa y el futuro de nuestro país, llevaremos los más altos estándares a nuestras escuelas y forjaremos una sociedad de propiedad. (Aplausos.)
Aumentaremos la propiedad de vivienda y negocios, los ahorros para la
jubilación y el seguro médico, al preparar a nuestro pueblo para los
desafíos de la vida en una sociedad libre. Al hacer a cada ciudadano un
agente de su propio destino, les daremos a nuestros conciudadanos más
libertad de las necesidades y el temor, y haremos a nuestra sociedad más
próspera y justa y equitativa. (Aplausos.)
Los Diez Mandamientos, el Sermón de la Montaña y las palabras del Corán
En el ideal de libertad de los Estados Unidos, el interés público
depende del carácter privado, de la integridad y la tolerancia hacia los
demás, el imperio de la conciencia en nuestras propias vidas. La
autonomía depende, a fin de cuentas, del autodominio. Ese monumento al
carácter se construye en las familias, lo apoyan las comunidades con las
normas y lo sostiene nuestra vida nacional con las verdades del Sinaí,
del Sermón del Monte, las palabras del Corán y los diversos credos de
nuestro pueblo.
Los estadounidenses avanzan en cada generación al reafirmar todo lo
que nos antecede que es bueno y cierto, ideales de justicia y conducta
que son los mismos ayer, hoy y siempre. (Aplausos.)
En el ideal de libertad de los Estados Unidos, el ejercicio de los
derechos es ennoblecido por el servicio y la misericordia y el amor a
los débiles. La libertad de todos no significa la independencia unos de
los otros.
Nuestra nación depende de hombres y mujeres que velan por el prójimo y rodean de cariño a los extraviados. Los estadounidenses, en nuestra máxima expresión, valoramos la vida que vemos unos en los otros, y siempre debemos recordar que incluso los indeseados tienen valor.
(Aplausos.) Y nuestro país debe abandonar todos los hábitos de
racismo, porque no podemos llevar el mensaje de libertad y el lastre de
la intolerancia al mismo tiempo. (Aplausos.)
Desde la perspectiva de un solo día, incluso este día de dedicación, los
asuntos y las preguntas ante nuestro país son muchas. Desde el punto de
vista de los siglos, las preguntas son limitadas y pocas: ¿Nuestra
generación defendió la causa de la libertad? ¿Y nuestro carácter honró
esa causa?
Estas preguntas con las que somos juzgados también nos unen, porque los
estadounidenses de todos los partidos y orígenes, los estadounidenses
por elección propia y por nacimiento, están unidos unos a los otros a
favor de la causa de la libertad.
Estamos conscientes de nuestras divisiones, y se debe cerrar la brecha para que prosigamos con los grandes propósitos, y haré un esfuerzo de buena fe por hacerlo. Sin embargo, estas divisiones no definen a los Estados Unidos. Sentimos la unidad y la confraternidad de nuestra nación cuando la libertad fue atacada, y nuestra respuesta vino como una sola mano sobre un solo pecho.
Y podemos sentir la misma unidad y orgullo cada vez que Estados
Unidos actúa a favor del bien, y se les lleva esperanza a las víctimas
de una catástrofe y lo injusto encuentra la justicia y los cautivos son
liberados. (Aplausos.)
Dios actúa y decide según Su voluntad
Proseguimos con plena confianza en el triunfo final de la libertad. No
porque la historia esté sujeta a la infalibilidad; son las decisiones
humanas las que impulsan los sucesos. No porque nos consideremos una
nación elegida; Dios actúa y decide según Su voluntad.
Tenemos confianza porque la libertad es la esperanza permanente de la humanidad, la sed de los rincones tenebrosos, el anhelo del alma.
Cuando nuestros fundadores declararon un nuevo orden de los tiempos; cuando los soldados fallecieron en una ola tras otra por una unión basada en la libertad; cuando los ciudadanos marcharon con indignación pacífica bajo la consigna "libertad ahora", actuaban con una esperanza antigua que está destinada a satisfacerse.
La historia tiene altibajos de justicia, pero la historia también
tiene un curso visible, dictado por la libertad y el Autor de la
Libertad. (Aplausos.)
Cuando se leyó la Declaración de Independencia en público por primera
vez y se tocó la Campana de la Libertad en celebración, un testigo dijo:
"Repicó como si significase algo". En nuestros tiempos, aún significa
algo.
Estados Unidos, en este siglo incipiente proclama la libertad en todo el
mundo y para todos sus habitantes. Renovados por nuestra fuerza,
sometidos a prueba pero no fatigados, estamos listos para los grandes
logros de la historia de la libertad. (Aplausos.)
Que Dios los bendiga y que proteja a los Estados Unidos de Norteamérica.
(Aplausos.)
George W. Bush - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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