Comunicación intergeneracional

Autor: Maria Àngels Viladot i Presas

OTROS CONCEPTOS DE ECONOMÍA 

06-2005

¿Qué significa generación?. El hombre, por definición, es un animal social, es decir, que esta destinado a vivir en grupo.

En otras palabras, siempre hay algún elemento que nos une a otros individuos ya sea por motivos de raza, de cultura, de clase social o, en el caso del presente articulo, por motivos de edad, entre muchísimos otros. Así pues, constatamos la enorme importancia que tienen los grupos en cualquier sociedad humana.

Una generación es un grupo de individuos de una sociedad cuyo elemento de unión es sencillamente la edad.

Sin embargo, el hecho de que varios individuos tengan una misma edad, muchas veces supone tener muchos otros elementos en común puesto que se ha vivido un mismo momento histórico, posiblemente se comparten unos mismos valores, y las vivencias y las circunstancias son similares.

Quiero dejar claro, por tanto, que el sentimiento de pertenecer a una generación puede llegar a ser muy fuerte aunque debemos tener en cuenta que por encima de las divisiones que marcan las generaciones hay otras como las de clase social o de procedencia geográfica.

De modo que para definir adecuadamente que es una generación debemos tener en cuenta que además de referirnos al hecho de pertenecer a un mismo grupo de edad supone también compartir una forma de pensar determinada, unos valores y unas actitudes similares, y ello comporta que cada generación adopte conductas diferenciadas o inclusive opuestas de las de las otras generaciones.


¿Cuáles son las diferentes generaciones?

Básicamente, la sociedad se encuentra dividida en tres generaciones: el grupo de edad de los jóvenes, el grupo de edad media o de los adultos y el grupo de los viejos.

Las tres generaciones desarrollan un papel determinado en la vida social aunque en la sociedad Occidental la que determina y conduce realmente la sociedad es la generación adulta; es decir el grupo de edad media. Para explicar este hecho podemos imaginarnos un símil con un bocadillo.

Por un lado, está el pan, que vienen a ser dos capas más o menos firmes y neutras, iguales en cualquier bocadillo, y entre las cuales esta el elemento principal, la sustancia que hace que el conjunto sea sabroso y nutritivo.

Estas capas son simples soportes del "bocadillo generacional" y están formadas una por la masa de los más jóvenes y la otra por la gente mayor. La generación intermedia es la sustancia, la que determina la calidad y el carácter genérico de la sociedad.

Además es esta generación la que ostenta el poder económico y, a partir de aquí, determina las formas de vida de los jóvenes y la de los más mayores o viejos.

Esta generación se encuentra en una etapa de la vida que popularmente se llama "la flor de la vida", es decir, en plenas facultades físicas y mentales.

Por ello, les corresponde con todo el derecho el mando de la sociedad y de ellos depende que este "bocadillo generacional" sea o no saludable.

En cuanto a la juventud, se trata de aquel tramo de edad en el cual se estabilizan todas la funciones fisiológicas y se alcanza el máximo rendimiento físico.

Sin embargo es también una etapa crítica psíquicamente, lo cual suele derivar en comportamientos extremos producto de la indefinición que la acompaña.

Hay quien observa que por un lado están los jóvenes anti-sistema, típicos ejemplos de vagabundería, pasotismo y rechazo del trabajo y el estudio disciplinado mientras por el otro hay todo lo contrario: jóvenes individualistas y ambiciosos, persiguiendo el dinero y el triunfo fáciles.

Personalmente, creo que este tipo de etiquetas son en muchas ocasiones injustas y responden a una obsesión sin sentido por generalizar y, por tanto, por simplificar las cosas.

Finalmente, la vejez es aquella etapa de la vida en qué físicamente entramos en decadencia y dejamos de trabajar.

Actualmente, debido a los avances en la investigación y al notable nivel de la calidad de vida, los mayores viven hasta edades muy avanzadas.

Por otro lado los índices de natalidad son muy bajos en Europa ( en concreto, en Cataluña se sitúa a nivel cero) hasta el punto que las poblaciones de las sociedades industrializadas están envejeciendo a ritmos acelerados y esto da una especial actualidad al conflicto generacional como veremos más adelante.

A diferencia de la juventud, los viejos gozan de una gran experiencia vital pero no disponen de fuerzas para sacarle provecho. Para explicar esto, hay un dicho francés que viene a decirnos lo bien que iría todo si los jóvenes supieran y los viejos pudieran.

La comunicación según la generación

Como hemos visto en la definición de generación, los individuos que la componen comparten una forma de ser, unos valores y hasta un estado físico.

Estos factores ( la tendencia a presentar unos mismos valores y creencias, formas de ser y pensar) determinan las actitudes de los individuos y, por ende, su comportamiento. Por tanto podemos afirmar que, en general, las generaciones comparten unas determinadas actitudes frente a la vida.

Una vez más, es necesario tener en cuenta que hay otros muchos factores que determinan las actitudes y que en muchas ocasiones pueden tener más importancia que el mismo hecho generacional.

Aun así, es necesario recalcar que las actitudes constituyen los componentes más importantes en la comunicación. Pensemos un poco más en ello.

En primer lugar, las actitudes de los jóvenes son quizás las más características, visibles y estereotipadas.

Es cierto que la juventud no es una etapa estable emocionalmente.

Los cambiantes estados de ánimo del joven o de la joven: la ansiedad, la euforia, la depresión, etc. representan obstáculos ciertamente graves para la comunicación.

Esta inmadurez emocional conlleva que el joven crea que solo entre los miembros de su propia generación puede sentirse a gusto y comprendido.

Además tiene una gran necesidad de sentir que forma parte de un grupo y incluso de diluir su personalidad entre la gran masa de jóvenes Todo ello es fruto de la enorme necesidad que tiene de creer en algo y lo que le conduce a agarrarse ciegamente a los dogmas que le ofrece el grupo.

Como consecuencia es corriente encontrarnos que los jóvenes muestren un cierto rechazo a las otras generaciones.

Es evidente que este distanciamiento o rechazo constituye un gran obstáculo para que fluya la comunicación intergeneracional.

Los datos obtenidos de la investigación en torno al tema de la identidad de edad nos conducen a afirmar que en la generación de los jóvenes el sentimiento de formar parte de un grupo es muy elevado comparativamente al sentimiento de pertenencia que muestran los otros dos grupos de edad establecidos.

La fuerza de este sentimiento de pertenencia al grupo de edad provoca hostilidad contra todo aquello, aquel o aquella, que no forme parte de este grupo generacional.

Estas actitudes de rechazo y hostilidad por la necesidad imperiosa de diferenciación es especialmente presente en el ámbito familiar.

Sin embargo, quiero insistir en el hecho de que las generalizaciones son en si mismas empobrecedoras y, por tanto, mis afirmaciones u observaciones no tienen de ningún modo validez universal.

En cuanto a la comunicación de la generación adulta, posiblemente es la menos clasificable y la más variopinta.

Si por un lado el ámbito social de la juventud está bastante definido en la escuela, las discotecas, los bares, etc., el de los adultos es el ámbito laboral.

Este es tan variado y complejo que es posible que esta sea la razón por la cual sea considerada la generación más heterogénea y menos definible. Aun así, se pueden observar hechos generacionales que mantienen unidas a las generaciones.

Tomemos por ejemplo a los adultos que actualmente tienen alrededor de cincuenta años.

Durante su juventud se vivieron una serie de eventos sociales y políticos (el hipismo, el mayo del '68, la lucha antifranquista en España) que han determinado una misma evolución y adaptación a los nuevos tiempos que ha reforzado su sentimiento generacional. Asimismo comparten unos mismos valores y creencias que determinan su comunicación.

Finalmente, la comunicación en la vejez está también bastante estereotipada y etiquetada como demuestran expresiones populares como "un viejo cascarrabias" o "las batallitas del abuelo".

En efecto, un elemento que define en gran medida la comunicación en la vejez es la experiencia vital acumulada.

Esto hace que los viejos hablen muy a menudo en un tono consejero sobretodo hacia la generación más joven. Asimismo, otro hecho determinante en la comunicación es la decadencia física, que en ocasiones puede hacer disminuir el poder de la comunicación y en otras puede utilizarse como defensa o excusa.

El léxico en cada generación

Es interesante observar que a cada generación le corresponde un léxico distinto como consecuencia directa de la constante evolución del lenguaje. De esta forma es corriente que las generaciones conserven gran parte de las características léxicas adquiridas durante la juventud.

En primer lugar, aquello que más define el léxico de la juventud es el argot. Se trata de un vocabulario creado por los propios jóvenes formado por palabras inventadas o modificando el significado de éstas. Ya sea voluntaria o involuntariamente, el argot juvenil es una forma de diferenciarse de las demás generaciones y de esta forma reforzar el sentimiento generacional.

Aun así, el argot no suele ser una fuente de conflictos comunicativos entre generaciones puesto que todas ellas saben adecuar su registro lingüístico a la situación como veremos más adelante.

A parte, en muchos casos el léxico de los jóvenes no es tan rico o elaborado como el de los adultos aunque esto es más dependiente de la clase social que de la generación.

En cuanto al léxico de los adultos es el que podríamos calificar como estándar. Es el tipo de lenguaje que oímos en todos los canales de comunicación de masas ya sea en la radio, la tele o en cualquier tipo de señalización escrita.

Aun así, es obvio que la corrección y la formalidad dependen de la situación en que nos encontremos pero esto ya no viene determinado por la generación de la cual formemos parte.

Los adultos también pueden mantener algunos elementos de su argot juvenil que a veces pueden resultar totalmente "pasados de moda".

Aparte, también es corriente que en determinados grupos profesionales se desarrolle un argot o jerga profesional que en ocasiones puede resultar aun más críptico que el argot juvenil.

Como es lógico, el lenguaje propio de la tercera edad es el más lejano en el tiempo y, aunque es totalmente comprensible, puede resultar extraño a las generaciones más jóvenes. Suele ser también un léxico bastante correcto.

Los ámbitos de cada generación

La comunicación entre personas de diferente edad tiene lugar en ámbitos diferentes. Es conveniente tener en cuenta el medio en que se desarrolla la comunicación interpersonal ya que de otro modo no podríamos entender la dificultad que tienen las diferentes generaciones para comunicarse.

Los jóvenes disponen de un espacio físico propio: una habitación en una vivienda familiar, ciertos espacios públicos de reunión como bares o discotecas… Todo este espacio responde a la psicología del adolescente y por ello está repleta de símbolos.

Los adultos poseen básicamente un espacio profesional o laboral; en la vivienda, a diferencia de los jóvenes, su espacio no se reduce a una sola habitación sino que se extiende a todo el piso o casa. Es importante observar que los medios de comunicación son una parte significativa en el ámbito comunicativo de los adultos.

En cuanto a los mayores de nuestra sociedad, ocupan un espacio diferente. Su espacio público de relación ya no es consecuencia de su actividad profesional o laboral. Los ancianos ocupan además de la vivienda el espacio vecinal más próximo ocupando plazas y parques del barrio o clubes y otros puntos de reunión social.

Esto tiene como explicación el hecho de que para la tercera edad la vida cotidiana y vecinal es muy importante.

Es interesante recalcar las diferencias que las generaciones hacen en el uso del espacio: los jóvenes disponen de un espacio propio, los adultos lo poseen y los ancianos lo ocupan.

Estos matices expresan una conducta comunicativa particular en cada caso y para conseguir una comunicación intergeneracional eficaz las personas de diferente edad deben salir del espacio que ocupan.

Alteraciones en la comunicación

Como hemos visto anteriormente cada generación adquiere unas actitudes particulares como consecuencia del hecho generacional.

Es este hecho el que hace que la comunicación entre diferentes generaciones sea particular puesto que dichas actitudes no siempre resultan aceptables y comprensibles para las otras generaciones.

Debemos tener en cuenta que conviven en la sociedad de dos a tres generaciones con unas diferencias temporales de sesenta a noventa años y por tanto es natural que pueda haber diferencias importantes.

De hecho, podríamos afirmar que las generaciones son grupos culturales distintos y como tales tienen unas creencias, valores, códigos lingüísticos y preocupaciones diferentes.

Primero debemos constatar que las personas varían la comunicación en función de quien sea el receptor; es otro de los muchos determinantes de las actitudes.

Esta variación suele hacerse intencionadamente ya sea para reducir o aumentar las diferencias entre los interlocutores ya sean de tipo cultural, social o generacional. Por tanto, la comunicación entre generaciones se verá determinada por esta voluntad de modificación.

Por ejemplo, es evidente que un adolescente no utilizará por igual el argot cuando esté entre los miembros de su generación que cuando esté hablando con su abuelo. Pero también se podría dar la situación en que el joven acentúe esta característica de su comunicación para remarcar una distancia. Por ejemplo en el caso de una discusión entre padre e hijo.

Otra consecuencia de estas variaciones en la comunicación podría ser el hecho de que con la intención de ponerse al mismo nivel comunicativo de la otra generación se haga de forma inadecuada y no se consiga más que confundir al otro.

Es el caso de aquellos padres que para acercarse a sus hijos imitan el modelo comunicativo de su generación adoptando incluso el argot.

Esto puede producir una reacción de rechazo en el hijo en vez del acercamiento deseado.

En mi opinión, es positivo intentar equipararse a las otras generaciones para una mejor comunicación pero para ello no se debe abandonar el modelo comunicativo propio y habitual ya que corremos el riesgo de resultar totalmente grotescos para la otra generación.

Otro error en el que incurren especialmente los adultos y que puede ser igualmente nefasto es la sobreprotección.

Esta también consiste en una serie de modificaciones en la comunicación pero en este caso como consecuencia de un sentimiento de compadecerse del otro.

Así pues, la generación adulta puede tener tendencia a tratar a las otras generaciones como si no fueran capaces de valerse por si mismas y esto puede resultar en una reducción importante del nivel de autoestima del otro. Tomemos por ejemplo el caso de una enfermera de un geriátrico.

Si ésta se dirige a los ancianos de forma sobreprotectora o condescendiente no hará más que hacerlos sentir inservibles y poco menos que inútiles.

Este hecho, que en un principio se hace con toda la más buena intención, resulta- en la mayoría de los casos- totalmente contraproducente.

Los ancianos no siempre son pasivos y dependientes; muchos, quizás la mayoría, son activos y con capacidades suficientes para valerse por mismos.

Las actitudes excesivamente sobreprotectoras o las formas de hablarles condescendiente pueden en muchos casos acelerar la vejez por el hecho que dichas actitudes menguan su autoestima.

La problemática actual

El papel de la tercera edad en la sociedad postindustrial y la solidaridad intergeneracional.

El problema de la comunicación intergeneracional resulta especialmente importante en la sociedad de nuestra época en temas y cuestiones como la violencia juvenil, el individualismo y sobretodo el rol de nuestros viejos en esta era postindustrial.

 Como hemos dicho anteriormente en una sociedad pueden convivir hasta tres generaciones que abarcan un marco temporal de incluso noventa años.

 Debemos tener en cuenta que los anteriores noventa años significan en nuestra época unos cambios excepcionalmente grandes y a todos los niveles y esto hace que en la situación actual las diferencias entre generaciones se acentúen.

Nunca anteriormente como en el siglo XX, un periodo tan relativamente corto de tiempo supuso unos cambios tan radicales y a tantos niveles.

Esto hace que los modelos sociales, políticos, etc. que las generaciones más viejas asumieron resulten completamente caducos en la actualidad.

Quizás por este motivo en épocas pasadas en que las nuevas generaciones se encontraban con una sociedad igual que la de sus padres o abuelos era mucho más importante el respeto hacia las generaciones mayores.

 En este sentido, todavía encontramos grandes diferencias entre las relaciones intergeneracionales de las sociedades Occidentales y las sociedades Orientales donde, aunque también esta cambiando, se preservan los valores de respeto hacia los más mayores.

La sociedad postindustrial se caracteriza entre otras cosas por un envejecimiento de la población como consecuencia directa de las mejoras en la calidad de vida y el consiguiente aumento de la esperanza de vida.

Así pues nos encontramos con una gran masa de población anciana que se ve incapacitada (aunque no siempre incapaz) de tener un papel activo y productivo en la sociedad.

Es necesario encontrar los mecanismos para introducir a la tercera edad en el plano activo de la sociedad y, en mi opinión, esto pasa necesariamente por mejorar la comunicación intergeneracional. Como ejemplo de cambio social de gran trascendencia en este siglo esta la incorporación de la mujer al mercado laboral.

Quizás no seamos conscientes de la importancia de este hecho para la comunicación intergeneracional: la incorporación de la mujer al ámbito laboral ha motivado el desarrollo de un nuevo papel a los abuelos que ahora pasan a ser de gran importancia en la educación de los niños estableciéndose así un nuevo medio de contacto intergeneracional.

Podemos afirmar que actualmente hay falta de espacio y tiempo para la comunicación intergeneracional.

Esto puede ser debido a las tan cacareadas lacras de nuestra sociedad, una sociedad individualista, competitiva, deshumanizada y donde prevalece la imagen por encima de la palabra.

Así pues, es difícil encontrar momentos y espacios en los que diferentes generaciones tengan la oportunidad de comunicarse y establecer contacto.

En esta sociedad, los medios de comunicación tienen una gran influencia en la población y no nos proporcionan precisamente modelos de convivencia intergeneracional.

Por ejemplo, un joven que vea la tele difícilmente encontrará en su programa favorito la figura de un anciano si no es de forma muy marginal. Hay quien opina que la solución se encuentra en la educación. Es decir, no se trata únicamente de alfabetizar a la población sino que también hay que enseñar a comunicar y pensar.

Sea como sea, es evidente que para una convivencia solidaria es totalmente necesario establecer contactos de comunicación saludable y este es el motivo por el cual la comunicación intergeneracional es de vital importancia para el desarrollo armónico de nuestras sociedades.

 La reiterada falta de comunicación o la comunicación distorsionada y enfermiza es responsable de numerosas enfermedades físicas y mentales.

Creo que evitarlo y vivir en el goce de la felicidad depende exclusivamente de nosotros; ello esta pues en nuestras manos.
 

Maria Àngels Viladot i Presas  - http://www.revistalafactoria.eu/ 

Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*

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