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España nunca ha estado entre los grandes porque nunca ha sido de los grandes. Es el más pequeño de los grandes o el más grande de los medianos. Y ha perdido, en todo caso, parte de un poder que nunca iba a ejercer a largo plazo, sencillamente porque el Tratado de Niza, de hecho, ya no existe.
Aunque estará en vigor hasta noviembre del 2009, nació muerto,
porque los mismos que lo consintieron en el 2000 -Francia y Alemania-,
decidieron casi inmediatamente después que se habían equivocado y que no
servía. Aznar podía denunciar el cambio de postura de los grandes -sobre
todo de Francia-, podía lamentarse, pero lo que no podía hacer es lo que
hizo: aferrarse a algo inexistente.
Si tenía razón Zapatero en el debate del pasado miércoles, al esgrimir
un documento que pretendía demostrar que Aznar habría aceptado al final
lo mismo que ha pactado el Gobierno actual, rasgarse las vestiduras,
como hace el PP,
no tiene sentido. Si tenía razón Rajoy, que negó validez al documento e insistió en que el PP no hubiera renunciado al Tratado de Niza, ahora no tendríamos Constitución, como no la tuvimos en diciembre del 2003, cuando Aznar y el Gobierno polaco vetaron el acuerdo. En cualquier caso,
la alternativa no era ya entre el poder del Tratado de Niza (29
votos Alemania, 27 España) y lo que se ha conseguido, sino entre el
poder que fijaba la Convención Europea (decisiones con el 50% de los
países y el 60% de la población) y lo acordado (55% de los países y 65%
de la población), que mejora el papel de España.
El dedo en la llaga
El debate sobre el poder ha ocultado, de todas formas, otros aspectos
negativos de la recién aprobada Constitución que casi nadie se atreve a
destacar.
Como otras veces, el expresidente de la Comisión Europea Jacques Delors ha puesto el dedo en la llaga. Aunque no deja de reconocer los avances que representa la Constitución, Delors ha expresado su «decepción» porque el Reino Unido ha bloqueado cualquier avance en materia fiscal y social.
«Algún día habrá que preguntarle a Gran Bretaña si realmente quiere seguir perteneciendo a la UE», ha dicho Delors expresando lo que muchos piensan y deslizan en voz baja, pero pocos sostienen en público. La resistencia británica ha conseguido que el texto final sea, en algunos casos, un retroceso en relación al aprobado por la Convención.
Gran Bretaña ha obtenido, por ejemplo, otra cláusula
derogatoria -derecho a no participar en políticas de la UE- como la que
ya se aplica en el euro y en la libre circulación de personas del
acuerdo de Schengen, referida ahora a algunos aspectos de la cooperación
policial y judicial.
La ausencia de la Europa social ha abierto un debate entre los
socialistas franceses, divididos ante el dilema de votar “sí” o “no” a
la Constitución.
El exprimer ministro Laurent Fabius se muestra reticente porque
prevalece la regla de la unanimidad para adoptar cualquier decisión en
materia social y fiscal, y el diputado Manuel Valls asegura que votará
“no” a un texto que califica de «victoria de Gran Bretaña». Con igual
determinación, Londres impidió que para suceder a Prodi se eligiera al
primer ministro belga Guy Verhosftadt, considerado por Blair un
peligroso federalista.
El fracaso en la elección del nuevo presidente de la Comisión Europea
expresa la división que atenaza tradicionalmente a la UE.
De un lado, Alemania, Francia, Bélgica -y, desde ahora, de nuevo
España-, y de otro, Gran Bretaña y sus aliados menos europeístas. Hasta
el cambio de mayoría en Madrid, España se alineaba en este segundo
bando, con Blair como el mejor aliado de Aznar durante los ocho años del
Gobierno del PP.
Es decir, más allá de la retórica de Niza, lo que importa es el
alineamiento junto a los que quieren construir Europa o junto a los que
bloquean los avances de las políticas comunes.
En medios diplomáticos europeos se extiende la convicción de que si Gran
Bretaña vota “no” en el referendo de la Constitución europea, será
inevitable que el Gobierno británico se plantee el abandono de la UE.
Quizá sea mejor así porque, ¿se puede construir Europa con quien no
quiere hacerlo?
José Antonio Sorolla - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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