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En este contexto, América Latina es "proveedora" de migrantes que en
USA y Europa se transforman en forasteros, en buscados pero no
bienvenidos.
El multiculturalismo ha reflexionado sobre la discriminación a las
minorías y la tolerancia cultural, pero no ha prestado mucha atención al
hecho de que esas minorías étnicas, religiosas o sexuales son objeto de
profundos procesos de exclusión social y empobrecimiento.
Desigualdad y diversidad
Este trabajo intenta mostrar algunos tópicos teóricos y epistemológicos
que emergen del análisis de la realidad social, argentina en particular
y latinoamericana en general, como un aporte para la construcción de una
teoría social multicultural sensible a los fenómenos sociales locales en
el marco de la globalización.
Para lograr este objetivo se han seleccionado dos temas que han
aparecido en investigaciones empíricas y teóricas llevadas a cabo por
nuestro grupo de investigación en Argentina:
En primer lugar, en el marco de algunos trabajos sobre la pobreza en
Argentina, emerge la centralidad de la redefinición cualitativa de los
procesos de constitución de la identidad personal ligada a los
mecanismos de fragmentación social originados en la aplicación de la
política neoliberal.
En segundo lugar, en conexión al primer tema, se señala la aparición de
lo que se denominará "demandas de subjetividad" y se afirmará que en
dicho contexto se pueden visualizar la emergencia de nuevos espacios
públicos y prácticas políticas.
Tomando como base los dos fenómenos sintetizados se intenta señalar las
consecuencias teóricas y filosóficas que acarrea el análisis de los
mismos para la construcción de una teoría social crítica con
pretensiones de multiculturalidad en nuestros contextos locales.
La propuesta que se realizará es muy simple y consiste en demandar la
incorporación de las temáticas de los "desiguales", tal como aparece en
su mundo de la vida, en la elaboración de una teoría que en primer lugar
sea crítica consigo misma y multicultural en la imagen del mundo que
suponga.
El hilo conductor que permite entender lo que se afirma en éste trabajo
es la simple idea de tratar a los actores como sujetos, es decir,
recuperar la dimensión subjetiva de las problemáticas analizadas.
Pobreza y exclusión
Existen hoy fenómenos asociados a la pobreza que como tales aparentan no
tener ninguna conexión con la situación de profundización cualitativa y
cuantitativa de la misma. Nos hemos acostumbrado a manifestaciones
colectivas e individuales que emergen al discurso público con tal fuerza
y autonomía que ocultan lo que en ellos hay de "efectos secundarios" de
la situación de pobreza.
Desde las protestas por la inseguridad física a los llamados a la
solidaridad para conseguir las drogas del tratamiento de una persona con
HIV, pasando por el robo de bebés y la erradicación de una villa miseria
gay, nuestro paisaje social se complejiza día a día.
Es cierto que el "fantasma" de la pobreza no se puede aducir como
mecanismo omniexplicativo de todos y cada uno de estos fenómenos.
Se plantea así, la necesidad de analizar las relaciones entre demandas
de subjetividad e identidades en tránsito. Emergiendo por ésta vía la
problemática de la urgencia de adecuar la imagen de sujeto que supone la
teoría social a la hora de interpretar la pobreza y los fenómenos a ella
asociada, atravesados estos por las demandas de subjetividad.
Representar e intervenir la pobreza
Dentro de los condicionamientos para lograr una adecuada visión de
sujeto, se encuentra la relación entre pobreza y constitución de la
identidad.
En nuestro contexto local se manifiesta el desafío de pensar
dicha constitución en el marco de procesos de exclusión y
empobrecimiento, cuestión que trae aparejada decisiones fundamentales
respecto a las imágenes sobre la pobreza que recorren nuestras teorías.
Uno de los aspectos fundamentales de este problema es el desafío de
completar el conjunto de indicadores para medir la pobreza con un
desplazamiento hacia la reflexión de las demandas de subjetividad de los
actores que ocupan el "lugar de pobres".
Las maneras de representar e intervenir la pobreza implican dilucidar
una visión de sujeto en tanto unidad de análisis, pero por otro lado
también la pobreza condiciona una especial "ontología" de lo social que
modifica la constitución identitaria de los sujetos que la soportan.
Una pista de lo que aquí se quiere significar es la relación entre
"métodos para medir" la pobreza y lo que llamaremos proceso de "eufemización
etiquetante".
De acuerdo a los métodos aludidos y su utilización en las políticas
sociales emergen una pluralidad de otros que son "científicamente"
diferentes: pobres, indigentes, pobres estructurales y nuevos pobres se
transforman por todo el peso performativo del discurso científico en
personajes distintos de la narración de la pobreza.
Para decirlo directamente: el pobre no sólo es pobre sino que vuelve a
ser un diferente, problemática que la "vieja cuestión social" enfrentó
en el siglo pasado.
En nuestras sociedades estamos asistiendo a dos procesos diferentes y
convergentes que la visión social legítima oculta, por un lado la
fragmentación y por otro la exclusión.
Desde un punto de vista identitario asistimos a la disolución de los
apelativos organizacionales de pertenencia, es decir, no somos más "la
gran masa del pueblo", ni el "compañero trabajador", como así tampoco
"el Doctor Fulano" o "el Ingeniero Mengano", sólo somos lo que podemos
ser.
De este modo el estado, las ONG’s y las instituciones intermedias nos
perciben, clasifican y atienden de acuerdo a la categoría de la
fragmentación en la que estamos inscriptos discursivamente.
La exclusión es la peor consecuencia de la fragmentación pues es el
terreno aún no nominado y por lo tanto consiste en la virtual
inexistencia personal, en la imposibilidad de decirse a sí mismo.
Diferencia e identidad personal
Surge así uno de los aspectos centrales de lo que aquí se quiere
significar, la diferencia como amenaza a la identidad. Estos puede ser
entendido si retomamos la fragmentación y sus consecuencias para los
mecanismos de coordinación de la acción social.
En la sociología desde Marx a Durkheim siempre se tuvo claro que para
que exista identidad personal debían existir lazos sociales que
contextualizarán el proceso de construcción de dicha identidad.
Hoy nos enfrentamos a un curioso proceso dialéctico de homogeneización
de la heterogeneidad que implica la ruptura de las prácticas sociales
comunes, que impone la diferencia desde el afuera restringiendo el
espacio de decisión individual básico para ser lo que uno quiera ser.
Desde este punto de vista una teoría social que no sea capaz de
reconocer las transformaciones "ontológicas" de la subjetividad en
contextos de pobreza y exclusión perderá de vista al menos dos facetas
importantes de dicha transformaciones:
en primer lugar el "achicamiento" de los espacios del Yo y en segundo
lugar la paradójica "ampliación" de los mecanismos de autoidentidad. Es
decir la amenaza de la represión del etiquetamiento y la "resistencia"
personal y colectiva que ello ocasiona.
Resistencia al etiquetamiento
En este contexto se pueden identificar tres procesos que implican dicha
resistencia:
Por un lado la permanente y recurrente resistencia: acciones tendientes
a recuperar la totalidad de los atributos de la categoría ciudadanos que
implica poder apelar al derecho.
Del mismo modo se han creado redes de contención solidarias que implican
la desestatalización de los problemas colectivos y la recreación de
viejos y nuevos espacios públicos que van de los centros vecinales
pasando por las asociaciones de "caridad" hasta los grupos de autoayuda.
Es en este contexto que han emergido nuevas formas de hacerse
escuchar y canalizar las demandas desde colectivos cada vez más
provisorios, pero cada vez más comprometidos con la constitución
identitaria.
Demandas de subjetividad y espacios públicos
Retomando algunas de las puntas que en ésta reflexión se han insinuado y
teniendo en cuenta las investigaciones efectuadas se puede afirmar: los
pobres enfatizan día a día la urgencia de ser considerados sujetos por
las políticas focalizadas y por la sociedad en general.
Esta urgencia se asienta en la necesidad de reconocimiento de sus
capacidades en tanto seres humanos. A la trama compleja que constituyen
estas exigencias de reconocimiento se las designará como demandas de
subjetividad que anidan en los procesos de construcción de la identidad
personal y que emergen como plataforma de las acciones colectivas en la
actualidad.
Las demandas de subjetividad se orientan a obtener reconocimiento en el
contexto de una radical temporalidad de la identidad personal. Es decir,
el juego entre autoreconocimiento y heteroreconocimiento es
recontextualizado a la luz de la posición del sujeto en el campo de la
exclusión.
Aparece hoy, con mucha fuerza, que los sectores pobres entre los pobres
perciben la amenaza de la dialéctica entre "estar pobres" y "ser pobres"
en tanto acto de nominación que los deja en situación de invisibilidad.
De este modo la performatividad de la nominación impide a los poderes
sociales la visibilidad del "otro pobre" y este puede llegar a
encontrarse en la situación literal de "ser un don nadie".
Por esto las estrategias de los pobres es enfatizar lo que en ellos hay
de genérico y constitutivo, su subjetividad, es decir, apelan a una
estrategia de reconocimiento de su identidad recortada al talle de su
condicionalidad y transitoriedad.
No pueden dejar que los clasifiquen, cuestión que los incluiría y/o
borraría de uno u otro registro de pobres, por lo que deben desfocalizar
la acción estatal y reclamar sus cualidades particulares en tanto
sujetos.
En el marco de lo anterior se comprende mejor como se entrelazan teoría,
representación y subjetividad. Dado que en las formas legítimas usadas
para etiquetar la pobreza el sujeto es siempre retomado desde el afuera,
desde la imposibilidad del diálogo; cuestión que también nos muestra la
impotencia de una ciencia social que no permite ver lo que hay de
suprimido en un diálogo reprimido.
Fragmentación social y reposicionamiento ciudadano
Lo dicho hasta aquí nos permite observar claramente cómo aparece la
relación entre fragmentación social, redes de contención y
reposicionamiento ciudadano.
De la mano de las demandas de subjetividad se presentan las
consecuencias de la fragmentación, la percepción de la orientación de
las redes de contención y la necesidad de recuperar los espacios
públicos en donde ser ciudadano.
Si se tiene en cuenta el análisis realizado y poniendo en relación las
conexiones entre política y exclusión, se pueden señalar a los
siguientes elementos como las características contextuales donde
"nuevas" formas de hacer política están emergiendo:
Existen indicios que las redes de contención están siendo resignificadas en su misma práctica de aplicación;
Esta resignificación genera la aparición de nuevos espacios de contacto y solidaridad donde la fragmentación empuja hacia la conformación de un nuevo status de lo público;
Los factores mencionados dan lugar para retomar el reclamo por la violación de los derechos sociales básicos;
Por otro lado, aparecen con fuerza tras estas "nuevas" características, demandas por el reconocimiento de la identidad personal de los excluidos que desafían al sistema político en un punto crucial, a saber, los individuos le reclaman la superación de lo abstracto que hay en la categoría de ciudadano y construyen nuevos espacios públicos.
De este modo podemos afirmar que la clave de estas "nuevas" formas de
hacer política pasa por el respeto de una relación más transparente
entre los Otros, Nosotros y Ellos en la estructuración cotidiana de los
derechos de Todos.
Desigualdad, espacios públicos y acciones de los "diferentes"
Ahora bien, a esta altura del presente trabajo nos podríamos preguntar,
¿qué hay para el multiculturalismo en todo esto? Para contestar esta
pregunta, sinteticemos antes algunos elementos fundamentales de lo que
se ha expuesto:
En primer lugar hay que estar alertas ante las demandas de
subjetividad, es decir, de la expresión concreta de la gente que reclama
en primera instancia ser respetadas en tanto seres humanos.
Las demandas de subjetividad están asociadas a demandas de identidad.
Estas últimas sólo se reconocen en la producción intersubjetiva del auto
y heteroreconocimiento. Esta producción supone abrir nuevos espacios de
intercambio y diálogo donde el sujeto forma parte de una voluntad
colectiva tejida discursivamente.
La voluntad colectiva constituida discursivamente supone la relación entre identidad y diferencia, albergando la clave de una acción colectiva potencialmente disruptiva, productora y reproductora de espacios públicos.
Las demandas de subjetividad, las demandas de identidad y los
"nuevos" espacios públicos se conectan por un cordón inestable y siempre
fragmentario, el cordón de la reflexividad y la crítica. Y esto
involucra el reconocimiento de modos particulares de subjetividad.
Teoría social y demandas de subjetividad
Los puntos sintetizados y lo expuesto arriba acarrean las siguientes
consecuencias teóricas:
Se hace necesaria la redefinición de la imagen de sujeto utilizada por
las teorías que pretenden dar cuenta de la pobreza.
Debiéndose operar un desplazamiento hacia una visión ampliada de subjetividad donde comienzan a jugar un rol fundamental las trayectorias de vida personales y las redes de solidaridad que contextualizan la construcción de la identidad individual.
Es en este contexto que las demandas de subjetividad vienen a redefinir los procesos de constitución de la identidad y operan como trasfondo cotidiano de las nuevas formas de protesta. El avance neoliberal ha producido la urgencia de preservar los derechos individuales.
Los "clásicos" reclamos de seguridad jurídica individual, de libre elección sexual y de peticionar ante las autoridades, reaparecen bajo distintas formas y se cruzan con los reclamos por los derechos sociales y económicos básicos.
Esto hace necesario la redefinición teórica de los mecanismos para obtener consenso, de la noción de espacio público y de las prácticas discursivas de la voluntad colectiva en contextos de exclusión e invisibilidad social.
Finalmente estas dos consecuencias involucran una necesaria revisión
sobre el rol de los movimientos sociales y el lugar que la "agenda" de
los mismos ocupa en la constitución de una sociedad de la exclusión cada
vez más "globalizada" y más particularmente fragmentada . Lo que trae
aparejado la necesidad de revisar las consecuencias que dichos
movimientos tienen para un análisis de la planetarización.
Multiculturalismo, contextos locales y teoría crítica
Ahora bien, ¿por qué estos tópicos pueden colaborar en la construcción
de una teoría social multicultural?. Para entenderlo hay que partir de
la explicitación de los siguientes supuestos que están en la base de una
teoría social sensible al fenómeno multiculturalista:
Si bien la discusión sobre el multiculturalismo como tópico sensitivo en
los países "más desarrollados" es relativamente reciente, la temática
tiene una historia muy larga y rica en desarrollos teóricos en América
Latina.
Por lo tanto, se debería incorporar la historia de un grupo de teorías que dieron cuenta de estos fenómenos, como condición crítica necesaria para pensar el fenómeno en su dimensión actual.
Un ejemplo de esto es la utilización en el debate norteamericano de teorías latinoamericanas, como la pedagogía de Paulo Freire, que deberían ser abordadas como un factor genealógico fundamental de la discusión.
Si bien los contextos son radicalmente diferentes y posiblemente los contenidos teóricos adquieran un significado distinto, los problemas analizados por años en nuestro contexto local se dirigían por medios diversos a dar cuenta de temáticas tales como:
La importancia de aceptar la diferencia ante la presencia del Otro,
La necesidad de pensar una teoría social que partiera del escenario de
la desigualdad tomando en cuenta las visiones de mundo que esto
implicaba,
La urgencia de pensar caminos colectivos para analizar y transformar la realidad social en una búsqueda de conocimiento grupal y la importancia de incorporar a la investigación social la discusión crítica de los valores en ella implícita.
El último supuesto se refiere a la potencial y efectiva comunicación entre las problemáticas del norte y del sur, (más allá de que no sea solo norte o sur).
La planetarización de la información acompaña los millones de
diferentes que se desplazan por el mundo, pero también ellos portan su
problemática local en su viaje.
Lo que hace necesario que una teoría social sensible al
multiculturalismo sea construida multiculturalmente y para ello hay que
estar atento a lo que nos pueden enseñar los problemas locales y sus
portadores.
Construcción multicultural de la teoría social
Una vez establecidos estos supuestos se puede afirmar que las
problemáticas que aquí se han señalado colaboran para la construcción de
una teoría social sensible al multiculturalismo, al menos por las
siguientes razones:
Por que develan lo que hay oculto en el tratamiento de la pobreza sólo
como un problema económico.
Por supuesto que no es posible argüir que la desigualdad material no
es "el" centro de toda reflexión sobre la pobreza.
Pero las demandas de subjetividad nos hacen pensar en la constitución
paulatina de nuevas-viejas formas de dominación y exclusión que no
aparecen con el tratamiento estándar y que nos desplazan a las temáticas
de la constitución de la identidad personal en contextos de exclusión.
Es justamente, el pensar desde y con el sujeto excluido lo que
permitiría aportar para una teoría de la relación entre los otros,
nosotros y ellos una base multicultural para la construcción de una
imagen de sujeto no disminuida en términos de la hegemonía de una sola
forma de racionalidad.
Los nuevos espacios públicos y la aparición de practicas políticas novedosas que están por detrás de las nuevas formas de protestas nos conducen a pensar a la política desde la pluralidad de voces.
Estas protestas envían el mensaje de prácticas acotadas y particulares en tanto mecanismos para la formación discursiva de la voluntad colectiva. Esto nos da pista para una teoría social multicultural al menos en dos direcciones:
La primera de carácter teórico- metodológico, es que introducen
caminos nuevos en orden a explorar una "pragmática" de la representación
de voces múltiples y;
De orden más filosófico político es que permiten observar la
constitución práctica de los llamados "derechos difusos" a través de los
citados mecanismos.
Se podría continuar con otros tipos de reflexiones que se siguen del
análisis critico del contexto latinoamericano, pero en orden a la
brevedad, las que se han realizado son suficientes para mostrar lo que
se ha querido sostener, resta ahora llevar adelante la discusión de la
pretensiones de validez de nuestras afirmaciones en un contexto
multicultural.
Adrián Scribano - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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