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Permítanme que, antes de entrar en la materia de la comparecencia, les traslade a sus señorías la especial significación que para mi supone estar hoy aquí, por primera vez desde que asumí mis responsabilidades, dando cuenta de las actuaciones del Gobierno en materia migratoria.
A lo largo de la pasada legislatura compartí con algunos de los
presentes muchos trabajos y debates sobre este mismo asunto.
Más allá de diferencias de índole política, hemos sido capaces de
asentar una relación recíproca de respeto y afecto personal, que tengo
la seguridad va a mantenerse durante esta legislatura.
No podía iniciar esta primera comparecencia sin dedicar una
consideración a estos compañeros de tareas parlamentarias.
Una consideración que hago extensiva muy sinceramente a quienes se han
incorporado en esta misma legislatura a las tareas parlamentarias que
afectan a las migraciones, ahora en el seno de esta Comisión.
La inmigración constituye un fenómeno que ha irrumpido con pujanza en
nuestro país fundamentalmente desde los años noventa.
La situación geográfica de España, frontera sur del continente
europeo, y nuestra vinculación singular con América Latina, nos hacen
destinatarios de una fuerte presión migratoria que es imprescindible
ordenar y encauzar de acuerdo a nuestras posibilidades reales de
acogida. Ese es, grosso modo, el objetivo central de la política de
inmigración.
Algunas cifras
Algunas cifras, nos ayudan a situarnos ante la realidad de la
inmigración en España.
Al concluir el primer trimestre del año en España había más de 1.700.000
extranjeros con permiso de residencia.
Los ciudadanos extranjeros vienen a representar:
el 4´19% de la población residente
el 6´30% del total de trabajadores de alta en la Seguridad Social.
el 4´29% del total de los demandantes de empleo
el 10´50% de los contratos registrados en España en el 2003 y el 12´6%%
de los registrados entre enero y mayo del presente año.
En el año 2002, el 10´43% del total de los nacidos en España eran hijos de madre extranjera.
En el mismo año, el 8´53% del total de los matrimonios celebrados en
España, al menos uno de los cónyuges era extranjero.
Y también en el curso 2002/2003, el 4,10% de los matriculados en
enseñanzas no universitarias era extranjero.
Por supuesto, en algunas de estas cifras no se incluyen las personas extranjeras en situación de irregularidad, dado que no resulta posible establecer su volumen con exactitud.
Las estimaciones, por la propia naturaleza no regulada de esta
población, son meramente estimativas y entenderán que el Gobierno no
deba entrar en especulaciones sobre su alcance.
Parto de la convicción en torno a que todos compartimos que la
irregularidad ha crecido de manera importante durante los últimos años y
que las estrategias puestas en marcha por el Gobierno en este tiempo no
han sido acompañadas por el éxito,
aunque con probabilidad la cifra no llegue a las previsiones
más abultadas que se han llegado a efectuar.
En cualquier caso, los datos no dejan lugar para la duda. España se ha
convertido en un destino preferente de los flujos migratorios
procedentes de distintos Continentes y esta realidad nos exige articular
una política de inmigración de dimensión estatal y también con objetivos
europeos;
esto es, con vocación de participar intensamente en la definición y
desarrollo de instrumentos concertados en el ámbito de la Unión para
abordar conjuntamente la regulación de los movimientos migratorios.
Consenso y cooperación
El Gobierno en coherencia con el cambio político operado en España,
quiere conceder un nuevo enfoque a la política de inmigración. Y un
nuevo enfoque en este terreno significa reformar a fondo la política de
inmigración que se ha venido llevando a cabo.
El Gobierno aborda la inmigración como un capítulo esencial del
desarrollo político en la nueva legislatura y quiere hacerlo, en primer
lugar, desde la mayor concertación posible. Desde un elevado grado de
acuerdo tanto con las fuerzas políticas como las Comunidades Autónomas y
Ayuntamientos, así como con sindicatos, empresarios y organizaciones
sociales.
Desde su toma de posesión, esta Secretaria de Estado ha mantenido una
intensa agenda de encuentros y reuniones con organizaciones
empresariales, sindicales y sociales a las que ha trasladado los ejes
básicos que guiarán las actuaciones del Gobierno,
además de nuestra voluntad política por establecer un escenario de
acuerdo y colaboración que conduzca a un Pacto de Estado de inmigración
que, como todos ustedes saben, forma parte de los objetivos centrales
del Gobierno, tal y como quedó reiterado en el discurso de investidura
del Presidente del Gobierno.
En el mismo sentido me pronuncié hace apenas dos semanas ante
Comunidades y Ayuntamientos en el seno del Consejo Superior de Política
de Inmigración. Y me gustaría resaltar la excelente disposición que
encontré por parte de los responsable autonómicos y municipales a
nuestra oferta de colaboración;
sin duda un buen punto de partida pues la cooperación entre las tres
instituciones aparece como un instrumento imprescindible para el
desarrollo de la política de inmigración que queremos llevar a cabo.
Esta disposición para el dialogo y el acuerdo es la que ahora, en nombre
del Gobierno, pongo de manifiesto en la Comisión de Trabajo y Asuntos
Sociales ante los representantes de los distintos Grupos Parlamentarios.
Ya he tenido la oportunidad de trasladarles nuestra disposición a
recibir las aportaciones que estimen oportunas en relación a la
redacción del futuro Reglamento de la Ley de Extranjería, al que me
referiré más adelante. Y ahora, en esta comparecencia, quiero
trasladarles que el Gobierno hace del acuerdo político y social un
instrumento esencial de su política migratoria.
Estamos convencidos que la inmigración, por su pujanza e intensidad,
marcará los perfiles de la convivencia colectiva en nuestro país durante
las próximas décadas y que, por ello, deberemos evitar cualquier
confrontación gratuita, y profundamente inconveniente
para encauzar el fenómeno de la manera más adecuada para todos,
españoles e inmigrantes, sellando un consenso político y social básico,
que en modo alguno puede percibirse como incompatible con la legitima
critica que asiste a los distintos grupos en relación a unas u otras
decisiones en el ámbito de la acción de Gobierno.
Este no es el momento para abordar con profundidad el pacto de Estado
que les proponemos, pero no he querido dejar pasar la ocasión sin
manifestarles con toda nitidez que nuestra voluntad es abrir un nueva
etapa en la conducción de la política de inmigración sobre la base del
dialogo y la concertación que, como no podría ser de otro modo, pasa por
las distintas fuerzas políticas.
Afrontar los problemas
El segundo elemento de identidad que queremos conferir a nuestra
política de inmigración es precisamente la voluntad por afrontar los
problemas, lo que necesariamente conlleva no negarlos cuando realmente
se producen. Tengo la convicción que tan pernicioso es dramatizar las
situaciones como ignorarlas de manera injustificada.
La inmigración aporta, además de una contribución imprescindible para el
desarrollo económico de nuestro país y el mantenimiento de nuestro
modelo social, un enriquecimiento en todos los ordenes de la vida
colectiva.
Es un factor de alcance indudablemente positivo como con seguridad todos ustedes compartirán conmigo.
El Gobierno quiere resaltar la oportunidad que como país nos
brinda la inmigración y nuestra disposición para poner en marcha
aquellas políticas públicas que nos permitan aprovechar el caudal de
posibilidades que este fenómeno abre a la sociedad española.
Lo que realmente singulariza nuestro caso, no son la cifras de
inmigrantes, todavía inferiores a las de la mayoría de los países de
nuestro entorno, sino la casi súbita irrupción del fenómeno, la
aceleración experimentada por la llegada a nuestro país de ciudadanos
extranjeros.
Es aquí donde podría radicar fundamentalmente la causa de cualquier
manifestación de desconfianza hacia la inmigración con la que podamos
toparnos, antes que en otras de mayor calado y gravedad.
La responsabilidad del Gobierno es plantar cara a los problemas reales y
buscar la eficiencia de las políticas públicas en todos los ordenes de
la política de inmigración. No les quepa duda que vamos a acometer
nuestra tarea con toda la determinación.
En tercer lugar, queremos hacerlo con transparencia. Mantener a la
ciudadanía informada es una exigencia para quienes ocupamos
responsabilidades públicas.
Los grupos políticos y todos los ciudadanos deben conocer las
dificultades a las que nos enfrentamos para valorar en todo su alcance
la naturaleza de las políticas que se llevan a cabo.
Los cambios ministeriales
No es mi intención extenderme sobre cuestiones de carácter competencial,
aunque si creo necesario trasladarles a grandes líneas los cambios que
se han operado en la estructura institucional para la nueva legislatura.
* El cambio más relevante se opera en la transferencia de la mayor parte
de las competencias en materia de inmigración desde el Ministerio del
Interior al de Trabajo y Asuntos Sociales.
Esta decisión se corresponde con una voluntad permanentemente expresada por el Partido Socialista y, por ello, se ha actuado en consecuencia cuando le ha tocado asumir la responsabilidad de Gobierno.
Lo que ahora quiero subrayar es que este traslado en modo alguno va a afectar a las responsabilidades, sobre todo en lo que se refiere a la lucha contra la inmigración irregular y el control de fronteras, que corresponde al Ministerio del Interior.
Muy al contrario, por lo que a mi respecta, y también tengo que expresar una voluntad muy firme que me han trasladado los responsables del departamento de interior, la más estrecha coordinación será el criterio que oriente nuestra actuaciones, ya sea en el seno de la Comisión Interministerial de Extranjería,
que yo misma presidiré, ya en el discurrir más cotidiano de los
asuntos en los que se requiera de la participación de ambos ministerios.
* La creación de una Secretaría de Estado de Inmigración y Emigración
responde a la convicción de que las competencias en la materia deben
concentrarse, en la mayor medida posible, en un mismo departamento con
el rango adecuado, evitando la descoordinación que, a nuestro juicio, se
derivaba de la distribución existente en la anterior etapa.
Llevarlas al Ministerio de Trabajo, como ya he citado, en modo alguno supondrá restar eficacia a las tareas policiales y, en cambio, aportará una mayor cohesión en el terreno de las políticas relativas a los ámbitos de documentación, laboral, e integración.
* La organización interna de la Secretaría de Estado ha aportado también novedades de algún alcance, que no quiero dejar de reseñar.
La creación de dos direcciones generales que se ocupan de la inmigración y de la emigración, responde a la necesidad de conceder la mayor autonomía y singularidad en la gestión de dos realidades bien distintas y que requieren de actuaciones diferenciadas.
Sinceramente entiendo que significa superar un desfase y que se hará en beneficio de la eficacia de nuestra actuación en ambas materias.
Por otra parte, la creación de la Dirección General de Integración es un signo distintivo de la voluntad política expresa del nuevo Gobierno por promover la integración de los inmigrantes en nuestra realidad.
El Ejecutivo considera que la integración es un capítulo esencial de la política migratoria y una apuesta esencial en términos de convivencia en nuestra sociedad para las próximas décadas.
En coherencia, quiere dar unidad y también toda la pujanza a las
actuaciones del Gobierno de la Nación en este ámbito y, en este sentido,
la dirección, además de los programas del IMSERSO, también comprenderá
las actuaciones que en materia migratoria se derivan de la distribución
del IRPF.
A continuación quiero trasladares con la mayor capacidad de síntesis de
la que sea capaz, los objetivos centrales y líneas directrices de la
política de inmigración del Gobierno, dejando cualquier consideración
adicional que consideren necesaria para la segunda intervención que
llevaré a cabo tras las de los portavoces de los distintos grupos.
La inmigración irregular
La lucha contra la inmigración irregular se constituye en uno de los
objetivos estratégicos de la política de inmigración del Gobierno.
La irregularidad es un fenómeno perverso tanto para los inmigrantes
como para la sociedad de destino, que se hace presente en todos los
países desarrollados, aunque debe constatarse una mayor intensidad en el
caso del nuestro, lo que requiere de una eficaz actuación en el ámbito
de las políticas nacionales como en el escenario de la Unión Europea.
Que nadie se engañe o intente falsear la realidad atribuyendo a este
Gobierno alguna suerte de permisividad en relación con la inmigración
irregular.
Sin ordenación de las entradas, ninguna política de inmigración puede
canalizar de manera adecuada el potencial de los ciudadanos extranjeros
con la capacidad de acogida de esta sociedad. Es más, pongo énfasis en
subrayar que sin control de la irregularidad no hay integración posible.
El episodio de hace algunas semanas en Barcelona resulta revelador tanto
del aislamiento de los planteamientos más radicales como del grado de
responsabilidad que une al conjunto de las instituciones y fuerzas
políticas y sindicales, así como a la inmensa mayoría de las
organizaciones sociales que trabajan con la inmigración.
Debemos felicitarnos por el grado de madurez que se ha puesto
de manifiesto también en esta ocasión.
Este Gobierno va a ser muy firme en la lucha contra la inmigración
irregular en sus distintos ámbitos.
En lo que se refiere a las obligaciones que comprometen a los
transportistas y en la agilización de los devoluciones y expulsiones, en
suma, en las repatriaciones y también en la mejora y ampliación de los
acuerdos de readmisión con otros países de ciudadanos extranjeros.
También nos proponemos reforzar y mejorar los controles fronterizos así
como la potenciación de las unidades de interceptación de la inmigración
irregular. Este mismo esfuerzo se va a dedicar a las actuaciones para la
desarticulación de redes delictivas en relación con la inmigración y las
inspecciones en materia de contrataciones ilegales.
Los acuerdos de readmisión con terceros países son un instrumento
imprescindible de la política de inmigración y es esta una línea en la
que nos proponemos seguir profundizando en esta nueva etapa.
En este sentido, puedo anunciar que nos proponemos ampliar los ya
suscritos (Marruecos, Argelia, Guinea–Bissau, Nigeria, Mauritania,
Bulgaria, Eslovaquia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Portugal,
Francia, Rumanía y Suiza) a Ghana, Cabo Verde y Guinea, países de donde
procede un numero importante de inmigrantes irregulares.
Antes apuntaba que la Unión Europea debe convertirse en un escenario
preferente para articular estrategias conjuntas en la lucha contra la
inmigración irregular. He de manifestarles que se ha producido un avance
de especial relevancia en el Consejo JAI de 8 junio, en el que tuve la
oportunidad de participar,
por el que se permitirá financiar el retorno de inmigrantes
clandestinos desde los países en transito, lo que adquirirá una
destacada importancia para nuestro país.
Finalmente, el Gobierno se propone impulsar decididamente la cooperación
con Marruecos en materia de inmigración, tanto por lo que respecta a la
lucha contra la irregularidad como en lo que se refiere a los flujos
laborales.
Les anuncio que, tras la excelente disposición mostrada por ambos Gobiernos en la visita del Presidente Rodríguez Zapatero, a comienzos del mes de julio,
me propongo viajar a aquel país encabezando una delegación que
mantendrá un programa de trabajo que incluirá, entre otras cuestiones,
mejorar los mecanismos de lucha contra la inmigración irregular, entre
ellos el acuerdo de readmisión suscrito en 1992.
En relación a la Unión Europea, tan sólo añadir que en estos momentos
nos hallamos en el inicio del proceso del denominado Tampere II.
Puedo asegurarles que este Gobierno participará muy activamente, ya lo estamos haciendo, en la definición de las prioridades en materia de inmigración para los próximos años, entre otras razones porque nuestro país es el primer interesado en dar pasos adelante en una política europea de inmigración.
En este sentido, además de reforzar los mecanismos conjuntos de
lucha contra la inmigración irregular, trasladamos a los restantes
países de los miembros de la Unión, que la política europea deberá
avanzar a su vez en materia de ordenación y canalización de los flujos
migratorios.
La inmigración legal
La canalización de la inmigración legal representa otro de los objetivos
prioritarios de la acción de Gobierno. Es imprescindible mejorar las
actuaciones en este ámbito, pues me atrevo a diagnosticar que, hasta la
fecha, los resultados han sido escasamente satisfactorios.
Este capitulo es central porque la normalización de las llegadas, la
efectividad de los canales de inmigración laboral, tiene que representar
el mejor acicate para que el potencial inmigrante desista de emprender
una aventura incierta y peligrosa hacia la irregularidad. Y la cadencia
en nuestro país se ha orientado precisamente en dirección contraria.
Una mayor parte del más de un millón de inmigrantes que trabajan
legalmente en nuestro país, han sido antes irregulares. Es decir, la
irregularidad ha sido un paso previo y necesario para llegar a la
legalidad. Es una pedagogía perversa, porque acaba por dar carta de
efectividad a una vía que precisamente queremos combatir.
Por ello, la primera determinación expresada por el Gobierno en este
ámbito ha sido la de rechazar cualquier posibilidad de decretar
regularizaciones extraordinarias.
A lo largo de los últimos años se han venido repitiendo cada cierto
tiempo, y permítanme que resuma lo que quiero decir acudiendo al dicho
popular de “pan para hoy, hambre para mañana”. Lejos de ser eficaces,
tenemos la convicción de que acaban por convertirse en un factor
objetivo de atracción. para potenciales inmigrantes.
Queremos afrontar la mejora sustancial de los mecanismos de canalización
de la inmigración legal, en primer lugar a través de la elaboración del
Reglamento que da desarrollo a la Ley sobre Derechos y Libertades de los
Extranjeros en España y su Integración Social.
Una tarea pendiente que hemos abordado con prudencia porque queremos
que el texto de la norma disponga de todas las garantías jurídicas y no
acabe por ser anulado por los tribunales, y hay precedentes recientes
sobre ello.
El nuevo Reglamento
De otro lado, como ya anticipaba, queremos obtener para el Reglamento el
mayor consenso y apoyo posible, por lo que hemos recabado de
instituciones autonómicas y municipales, sindicatos, empresarios,
organizaciones sociales y grupos políticos sus contribuciones para ser
estudiadas con todo el interés por el Gobierno.
Lógicamente, el proceso no es de enmiendas, a la manera de un
proyecto legislativo, pero insisto que al Gobierno le interesan las
contribuciones de todos los que se aproximan con realismo al fenómeno de
la inmigración en nuestro país y estamos dispuestos a que el texto del
Reglamento sea el mejor posible para dar respuesta a la realidad de la
inmigración.
No quiero suscitar aquí expectativas infundadas que siempre disponen de
efectos perjudiciales para todos.
Optaré, como lo he hecho hasta ahora, por la prudencia. El Reglamento puede y debe diseñar formulas que ofrezcan soluciones individuales a situaciones que se repiten en la realidad de nuestro país.
Tengo la convicción de que las posibles vías deben venir vinculadas a la situación en el mercado laboral y lo que ya se ha establecido como el arraigo.
Existe una posibilidad cierta de hacer las cosas bien y no voy
especular más con ello porque ente otras razones, quiero que quede muy
claro, no se ha concretado nada y seguimos, en coherencia con la
disposición, a recibir contribuciones, estudiando las que nos llegan.
Además, el Gobierno quiere que el Reglamento facilite en mayor medida la
gestión mediante la simplificación de los trámites administrativos y,
entre otras aportaciones, incentive la denuncia contra la explotación.
Me gustaría destacar el nivel de las aportaciones contenidas en el
Informe sobre la Inmigración y el mercado de trabajo en España del
Consejo Económico y Social.
El Gobierno lo valora muy positivamente tanto por la calidad y
realismo de sus contribuciones como por constituir un documento en el
que han trabajado empresarios y sindicatos. Sin suponer que vayamos a
trasladar literalmente sus propuestas, si quiero señalar que constituye
una excelente herramienta para nuestro trabajo.
La política de contingentes
Reformar a fondo el funcionamiento del Contingente de trabajadores
extranjeros es otros de los vértices fundamentales de la política
migratoria del Gobierno. Los resultados están a la vista de todos.
Mientras que, en lo que respecta a los trabajadores de
temporada, en el mes de junio las autorizaciones han superado las
previsiones, por lo que respecta a los trabajadores estables en esta
misma fecha las autorizaciones apenas alcanzan un cuarto de las
previstas.
Queremos mejorar sustancialmente el contingente, revisarlo en
profundidad porque hoy no satisface ni a empresarios ni a sindicatos.
Una reforma que debe afectar tanto a los mecanismos de selección en
origen de los trabajadores como a su formación.
Y, para ello, es preciso especializar a la propia administración encargada de estas tareas, potenciar unidades dedicadas a la selección y formación de trabajadores.
El contingente tiene que convertirse en un instrumento flexible, ágil en su funcionamiento y capaz de adecuarse a las necesidades reales del mercado de trabajo. Y además queremos hacerlo reforzando la participación de las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos tanto en la estimación como en su gestión.
Fijar el contingente es una responsabilidad del Gobierno.
Sin embargo, nos proponemos mejorar sensiblemente los canales
de coordinación con las Comunidades y Ayuntamientos reforzando la
presencia de estos en su desarrollo.
El Gobierno se propone llevar a cabo lo que denominamos un Plan de
Convenios que revise y afronte la mejora de los convenios de regulación
y ordenación de los flujos migratorios suscritos con distintos países
(Marruecos, Polonia, Rumania,
Colombia, Ecuador, República Dominicana y Bulgaria) y también su posible ampliación a otros países.
Dicho Plan definirá los criterios de revisión y mejora siempre
buscando dotar de la máxima eficacia a los acuerdos para, más tarde,
plantearlos en el seno de las distintas comisiones mixtas.
Crear un foro de diálogo
Finalmente, quiero anunciar que el Gobierno se propone crear una
Comisión laboral tripartita, que le permita encontrar un foro de dialogo
institucional con los sindicatos y empresarios para abordar las
diferentes aspectos que les afectan en relación a la política de
inmigración.
Es cierto que su participación se hace efectiva en el Foro para
la Integración Social de los Inmigrantes, pero no lo es menos que
precisan de un espacio propio, que el Gobierno valora como un
instrumento para la concertación.
En relación a las oficinas de extranjería es conocida la situación de
autentico colapso que se ha encontrado el nuevo Gobierno.
Las cifras son similares a las que se han podido conocer y
comprenden tanto a las solicitudes iniciales como a las renovaciones con
las graves consecuencias que estas últimas tienen en forma de aquello
que se viene a conocer como irregularidad sobrevenida.
Prácticamente 400.000 expedientes sin resolver –y una parte de estos sin
tan siquiera grabar– representa de manera incuestionable una hipoteca
objetiva que hemos heredado y que se debe tanto a la falta de recursos
materiales y humanos como a problemas derivados de organización el
trabajo.
Abordamos la superación de este autentico abandono mediante un Plan
elaborado entre el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales y el de
Administraciones públicas.
Modernizar la gestión
Por supuesto que se hará necesario realizar un esfuerzo presupuestario
importante para los próximos años con el horizonte de obtener una
gestión moderna y eficiente. Ahora, el Gobierno ha diseñado y puesto en
marcha un conjunto de actuaciones urgentes que desatasquen el colapso y
puedan permitir superar la situación actual.
La Comisión Interministerial de Coordinación de la Administración Periférica del Estado, con asistencia de todos los subsecretarios y Delegados del Gobierno, ya ha dado inicio al desarrollo de las actuaciones y confiamos que a lo largo del próximo mes la situación mejore sensiblemente.
En síntesis, les traslado aquellas más relevantes:
Desconcentración de los servicios en distintos locales y evitar la
congestión actual en las unidades más importantes.
Establecimiento de varios puntos de recogida de solicitudes de renovación, mediante la aplicación de una encomienda de gestión, con presencia de funcionarios de la Administración General.
Modificación de los procesos de trabajo: medidas organizativas.
Incorporación de personal.
Modificación del sistema de cita previa.
Esta autentica crisis a la que estamos haciendo frente nos revela que el desajuste entre los instrumentos de gestión de la inmigración y las dimensiones de ésta, ha acabado por dar lugar a una situación indeseable. No es posible seguir mirando para otra parte, como si la realidad migratoria permaneciese inalterable, y este Gobierno no va a incurrir en semejante error.
Un país moderno, entre otras condiciones, se caracteriza por disponer de una administración capaz de gestionar las demandas que le llegan.
No ha sido este el criterio observado y las consecuencias se
han dejado sentir con crudeza. El abandono de las políticas públicas
acaba por tener un precio muy alto.
La integración social
Me refiero ahora a la tercera de las grandes dimensiones que vertebran
la política de inmigración que quiere llevar a cabo el Gobierno, la que
comprende las actuaciones en materia de integración.
Este Gobierno apuesta en serio por la integración. Queremos Traspasar el
umbral de la política virtual y articular políticas reales de
integración; poner en marcha un catálogo de actuaciones dirigidas a
favorecer la integración de los residentes extranjeros en la realidad de
nuestro país.
Un país que es destino preferente de los flujos migratorios, que
necesita de la inmigración para asegurar su desarrollo económico, para
garantizar y ampliar su modelo social, esta obligado a llevar a cabo un
esfuerzo en programas y recursos en la dirección de promover la
normalización de la convivencia y la plena participación de los
inmigrantes en la realidad de la que ya forman parte.
La mayor parte de los estudios y la opinión más extendida entre
organizaciones sociales y expertos, coinciden en señalar que no existe
en nuestro país una política de Estado sobre integración. El Estado no
ha trabajado de forma suficiente para promoverla y, en general, la
dotación de recursos es insuficiente, además de existir una reconocida
disparidad de criterios entre los distintos ámbitos competenciales.
Junto a ello, me gustaría también valorar positivamente los planes de
inmigración aprobados en algunas Comunidades Autónomas y Ayuntamientos.
Iniciativas sin duda valiosas que deberán reforzarse en el futuro.
El objetivo del Gobierno es poner en marcha un Plan Estratégico para la
Coordinación y la Ejecución de las Políticas de Integración que, de un
lado, represente un instrumento para coordinar las actuaciones en esta
materia transferida con las Comunidades y Ayuntamientos y, de otro,
promueva la participación de las organizaciones sociales.
Los principios en los que se inspira el Plan son los siguientes,
enunciados de manera esquemática:
Ha de partir de una dimensión estratégica en su calidad de impulsor de los planes autonómicos y locales.
Debe disponer de una dimensión integral pues dará respuesta al conjunto de actuaciones públicas en esta materia.
Debe promover mensajes positivos.
Debe permitirnos avanzar hacia la normalización.
Me detengo por un instante en este último aspecto para subrayar que en modo alguno pretendemos que los inmigrantes dispongan de cauces singularizados o incluso privilegiados; el objetivo de la política de integración que estamos promoviendo es que las personas inmigradas tengan acceso a las políticas públicas a través de los cauces ordinarios de la administración.
Se me antoja una definición necesaria para delimitar que
proyecto de integración estamos proponiendo.
En este capítulo distinguimos las siguientes áreas de actuación
prioritaria:
En primer término, la que se refiere a la ayuda humanitaria. Organizar
la primera atención en cuanto a la llegada de pateras y otras
situaciones vinculadas a la inmigración irregular. Es la primera ayuda,
la más vital y necesaria. En este ámbito se reforzarán los acuerdos y
actuaciones de la administración en coordinación con las organizaciones
sociales.
En segundo lugar, nos proponemos crear una Red de Alerta Temprana para
detectar y actuar sobre situaciones de emergencia. Nuestro objetivo es
disponer de un mapa de zonas de riesgos potenciales que nos permita
intervenir evitando la agudización de conflictos latentes.
En tercer lugar, el corazón mismo de cualquier proyecto de esta
naturaleza descansa en su capacidad para promover itinerarios de
integración del inmigrante desde la acogida, información y asesoramiento
y el conocimiento del idioma,
hasta la mejora en el acceso a las oportunidades de acceso al empleo,
los itinerarios de inserción sociolaboral por cuenta ajena, apoyo a las
iniciativas de autoempleo y otras actuaciones en materia de empleo,
sanidad y reagrupación familiar.
La integración es un proyecto que necesariamente ha de caminar en dos
direcciones que confluyen en un mismo escenario de normalización. Por
ello, junto a las actuaciones dirigidas hacia el inmigrante, la política
de los poderes públicos ha de contemplar también un catálogo de
programas y campañas efectivas para la sensibilización de los ciudadanos
en relación con la población inmigrante.
Una labor pedagógica que tanto el Gobierno como las Comunidades y
Ayuntamientos tenemos la responsabilidad de acometer.
Finalmente, nos proponemos, en coordinación con el área de cooperación
al desarrollo del Gobierno, ofrecer un impulso a los programas de
codesarrollo. Iniciativas que vinculen directa y expresamente
actuaciones en materia de cooperación y de regulación de flujos
migratorios.
Contamos con la plena seguridad de que representa el camino
para, junto a otros esfuerzos, acometer el fondo de las causas sobre las
que se sustenta la decisión de tantos seres humanos.
Mención aparte dispone la atención especial que le vamos a conceder a
las actuaciones en lo que se refiere a los menores no acompañados, un
ámbito de especial sensibilidad que les anuncio formará parte de la
agenda del viaje que ya les he enunciado a Marruecos.
Debemos ser capaces, en colaboración con las Comunidades
Autónomas, de articular una política que garantice la eficacia de las
políticas públicas y el retorno de los menores con sus familias
preservando siempre sus derechos.
No al racismo
La lucha contra el racismo y la xenofobia y contra cualquier forma de
discriminación se hará presente en las actuaciones del Gobierno a lo
largo de la presente legislatura.
En este sentido, les anuncio que nos proponemos incorporar a la
acción pública dos instrumentos de indudable relieve que van a resultar
de una importancia crucial en el horizonte por ganar la batalla contra
la intolerancia y a favor de la convivencia.
De un lado, la puesta en marcha del Observatorio contra el Racismo y la
Xenofobia, cuyo origen se sitúa en esta Cámara mediante Moción aprobada
por unanimidad la pasada legislatura. Ahora vamos a plasmar con esta
iniciativa la voluntad del legislador.
De otro lado, la creación del Consejo para la promoción de la igualdad
de trato y no discriminación de las personas por su origen racial o
étnico, resultado de la transposición de la Directiva 2000/43.
El Consejo, cuyos fines superan los limites estrictos del terreno
migratorio, va a constituirse en un instrumento fundamental en la lucha
contra la discriminación. Dispondrá de una composición plural y su
funcionamientos estará presidido por la autonomía funcional y la
independencia.
Finalmente, nos proponemos revitalizar el Foro para la Integración
Social de los Inmigrantes, cuyo funcionamiento ha decaído sensiblemente
a lo largo del último periodo y del que me atrevo a avanzar ha visto
desvirtuadas sus funciones tal y como se habían previsto en el momento
en que nació.
El Gobierno quiere ofrecer un nuevo tratamiento público a la inmigración en España. En el terreno del discurso, poniendo fin a las dramatizaciones interesadas y hablando con claridad a los ciudadanos, trasladándoles la realidad de nuestros problemas y las expectativas que se abren ante nosotros como resultado de la llegada de ciudadanos extranjeros.
También en el terreno de la gestión, que debe ser mejorada de
manera radical, porque el saldo con el que nos hallamos deja mucho que
desear y es manifiestamente mejorable.
A juicio de quien les habla, el problema esencial de la política de
inmigración en los últimos años se ha derivado de una gestión no
adecuada.
Como ha quedado ya dicho, el Gobierno va a reforzar la lucha contra la
inmigración irregular, al tiempo que se propone mejorar los canales de
acceso de la inmigración legal y promoviendo los programas de
integración social de los inmigrantes en la realidad de nuestro país.
Queremos hacerlo desde la concertación y el acuerdo. Mediante un pacto
de Estado en el que, les anuncio, comenzaremos a trabajar en los
próximos meses, una vez reanudado el curso político.
Y, en este escenario, nuestro objetivo, en el que ya estamos poniendo
todos los esfuerzos, es incrementar la colaboración con las Comunidades
a través de la acción concertada y reforzar la presencia de los
Ayuntamientos en la acogida y en la integración mediante el apoyo del
Gobierno de las propias Comunidades.
Y, para finalizar con este capítulo, la política de inmigración integral
que queremos llevar a cabo, necesariamente debe incluir planes
específicos en aquellas zonas, como Canarias, Andalucía, Ceuta y
Melilla, que son objeto de una especial presión migratoria y que
requieren de un esfuerzo singular por parte de los poderes públicos.
Las dos ultimas décadas han venido presididas, en lo que a España se
refiere, por un cambio radical en la orientación de las migraciones.
De llevar millones de emigrantes a todo el mundo, hemos pasado en muy
poco tiempo a convertirnos en destino preferente de los flujos
migratorios.
Esta inversión de la tendencia, en modo alguno nos puede hacer olvidar
que en torno a un millón y medio de ciudadanos españoles siguen
residiendo en el exterior.
He querido trasladarles las líneas directrices que conforman la política
de inmigración del Gobierno de la Nación. A lo largo de la legislatura,
tendremos oportunidad de entrar de manera más pormenorizada en las
cuestiones que aquí necesariamente se han abordado tan sólo de manera
general.
En todo caso, si quiero reiterarles la voluntad del Gobierno para
abordar las políticas migratorias con el mayor nivel de concertación
posible así como mi plena disponibilidad para con los señores y señoras
diputados.
Consuelo Rumí - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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