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- Visto el Libro Blanco sobre el crecimiento, la competitividad y el
empleo (COM(93)0700) y el informe de la Comisión sobre El empleo en
Europa en 1994 (COM(94)0381),
l Vistos los trabajos del Comité Económico y Social de la Unión Europea
y, en particular, las actas de su deliberación sobre el documento de
trabajo relativo al tiempo de trabajo (SOC292, CES342/95),
l Visto el Proyecto de recomendación del Consejo sobre la reducción y
la reorganización del tiempo de trabajo presentado por la Comisión al
Consejo el 16 de septiembre de 1983 (COM (83)0543 final) y la resolución
del Parlamento Europeo con su dictamen sobre este proyecto aprobada el
18 de noviembre de 1983 (DO de 19 de diciembre de 1983),
A. Considerando que el desempleo masivo sigue siendo, en proporciones
diversas pero igualmente peligrosas, el principal azote que afecta y
amenaza la cohesión social de los diferentes Estados miembros y de la
Unión en su conjunto,
B. Considerando que la persistencia de tal desempleo masivo conlleva
consecuencias de tres órdenes:
- un coste presupuestario cada vez menos sostenible consistente en
subsidios de desempleo, cotizaciones sociales no pagadas y la
multiplicación de cursos y oportunidades de formación;
- una pérdida de cualificación, de dignidad social, de seguridad de cara
al futuro, así como de estabilidad psicológica personal y familiar para
un aumento peligroso de numerosas desviaciones del comportamiento como
la pérdida de sentido cívico, la marginación social, la delincuencia y
el consumo de droga;
C. Considerando que, por consiguiente, la lucha contra el desempleo es
una prioridad social y política absoluta en la Unión y en los diferentes
Estados miembros,
D. Considerando que, obviamente, no existe un arma única o una receta
exclusiva para poner fin a este azote,
E. Considerando que , aún cuando un crecimiento económico medio,
superior al que conocemos actualmente, del producto nacional bruto
durante un largo período de tiempo contribuiría positivamente a limitar
este fenómeno, está demostrado que no bastaría en absoluto para
remediarlo.
La experiencia histórica reciente de todos los Estados miembros lleva
indiscutiblemente a esta conclusión, confirmada además por la totalidad
de los estudios teóricos disponibles,
F. Considerando que, independientemente del ritmo de crecimiento y más
allá de éste, la Unión y todos sus miembros deberán luchar contra los
factores que bloquean el empleo y mejorar las condiciones que permitan
la creación de empleo en los tres sectores clave, concretamente:
- la formación profesional y la cualificación de los trabajadores;
- el buen funcionamiento y la flexibilidad de las instituciones que
gestionan el mercado de trabajo y sus procedimientos;
- la fiscalidad, que continúa estimulando de numerosas maneras la
automatización, la mecanización y la supresión de empleo, así como
impidiendo nuevas contrataciones.
G. Considerando que dos sectores podrían crear numerosos empleos si se
aplicaran los estímulos suficientes, concretamente, las pequeñas y
medianas empresas y los servicios y, en particular, los servicios de
proximidad,
H. Considerando, en definitiva, que al margen de todas estas medidas no
se ha explorado realmente otra posibilidad, la reducción apreciable del
tiempo de trabajo,
I. Considerando asimismo que las numerosísimas experiencias de empresas
que han conseguido reducir de manera considerable la duración del
trabajo demuestran la posibilidad de mantener no solamente el número de
trabajadores sino de contratar a otros nuevos, y que los trabajos de los
especialistas, cada vez más numerosos, confirman los resultados
prometedores e importantes de tal política,
si ésta se generalizara y fuera firmemente apoyada por los poderes
públicos, destinando el dinero ahorrado en subsidios de desempleo cuando
se producen contrataciones a compensaciones parciales o totales de las
pérdidas salariales producidas por la reducción del tiempo de trabajo
que ha permitido dichas contrataciones,
1. Pide a la Comisión que elabore y publique un estudio global sobre las
experiencias adquiridas sobre el terreno que permita hacer balance;
2. Pide igualmente a la Comisión que elabore y publique estudios
detallados en que se evalúen las modalidades y las consecuencias de
tales políticas de estímulo a una reducción apreciable del tiempo de
trabajo, examinando las diversas hipótesis alternativas, tanto en lo que
respecta a la duración como al importe de las compensaciones por las
pérdidas salariales;
3. Pide a la Comisión que celebre y coordine intensas consultas con el
conjunto de los interlocutores sociales afectados, tanto a nivel de
Unión como de los diferentes Estados miembros;
4. Decide, por su parte, proceder a todos los estudios y audiencias
necesarias, tanto de interlocutores sociales como de especialistas, para
completar la información mutua y la suya propia sobre este asunto y
perfeccionar la definición de las modalidades posibles de puesta en
práctica de tal política;
5. Pide a la Comisión y al Consejo que animen a los Estados miembros y a
los interlocutores sociales a realizar todas las negociaciones a este
respecto;
6. Pide a la Comisión que abra una negociación marco a nivel europeo,
así como negociaciones sectoriales, en particular, en los sectores
actualmente excluidos de la directiva relativa al tiempo de trabajo;
7. Pide a la Comisión que elabore un proyecto de recomendación con
objeto de definir, para su empleo en los Estados miembros,
las condiciones de neutralidad fiscal al elegir entre nuevos
empleos y nuevas máquinas y las condiciones jurídicas que faciliten o
estimulen la reducción del tiempo de trabajo que serían compatibles con
la estabilidad de las relaciones de intercambio y el equilibrio de
competitividad entre los diferentes Estados miembros;
8. Propone, finalmente, a la Comisión que elabore un programa de
estímulos a la vida cultural, deportiva y asociativa que esté claramente
destinado a promover una gran demanda popular de tiempo libre;
9. Encarga a su Presidente que transmita la presente resolución al
Consejo, a la Comisión y a los interlocutores sociales.
B. Exposición de motivos
1. La situación
1.1. Las insuficiencias de nuestros medios actuales de lucha contra el
desempleo
El desempleo es el problema prioritario: en ningún documento de la
Comisión o del Consejo, en ninguna declaración de un miembro de la
Comisión o de un ministro falta esta frase.
Después de ella, se menciona siempre el crecimiento, la organización y flexibilidad del mercado de trabajo, la educación y la formación, el fomento del empleo en las PYME y en los servicios, el régimen fiscal y la necesaria disminución de las cargas de las empresas.
Nadie ignora que todas estas medidas son útiles, pero también se sabe con certeza que no bastan.
El programa para la creación de 15 millones de puestos de trabajo de
aquí al año 2000 no se acompaña de medidas suficientes para garantizar
su puesta en práctica.
1.2. El tiempo medio de trabajo como factor del empleo
Curiosamente, nunca se menciona la posible variación del tiempo de
trabajo (en la semana, en el año o en toda la vida) como uno de los
posibles elementos de la lucha contra el desempleo.
Sin embargo, muchas cosas confirman que se trata de un factor importante
para el equilibrio global del empleo.
Hacia 1880, en Europa se trabajaba unas 3.200 horas al año. Desde
1970, nos hemos estabilizado un poco por debajo de las 1.700 horas. Y
esta lenta evolución se acompaña de un considerable aumento de los
ingresos. Desde que llegó a su fin esa disminución, se ha venido
desarrollando en Europa el desempleo a gran escala.
Desde hace 5 o 6 años, ha vuelto a producirse un movimiento de baja, que
se ha plasmado en una reducción de una hora y media por semana, por
término medio, en la Comunidad, pero con un reparto muy desigual.
En los países en que ha sido más acentuada (Dinamarca, Alemania, Bélgica, Países Bajos), esta reducción ha contribuido a contrarrestar y a limitar el aumento del desempleo, provocado por la crisis económica de esos mismos años.
El caso de los Países Bajos es el más elocuente. Fue uno de los países más afectados por la crisis, debido a su gran sensibilidad con respecto al comercio exterior y a la estructura de su industria, y perdió durante esos años cerca del 5% de sus puestos de trabajo en la industria.
Pero, simultáneamente, el tiempo medio de trabajo experimentó una
reducción de 4 horas por semana y, en total, es uno de los países de la
Unión cuya tasa de desempleo de 1994 es algo inferior a la de 1985.
Por último, y sobre todo, numerosas empresas en muchos de nuestros
Estados miembros ponen en práctica reducciones masivas que les permiten
salvar puestos de trabajo. Pero como no se benefician de ninguna ayuda o
incentivo público, la experiencia resulta más costosa que necesaria para
los trabajadores y, en consecuencia, difícil de extender.
1.3. El silencio en este tema
Los textos oficiales de la Unión Europea son de una asombrosa discreción
en este tema.
El Libro Blanco de la Comisión sobre el crecimiento, la competitividad y
el empleo no utiliza la expresión reducción del tiempo de trabajo. Sólo
habla de flexibilidad, reordenación del tiempo de trabajo, tiempo de
trabajo anual más diversificado, de intensificación de la formación y de
tiempo parcial.
El considerable volumen de trabajos preparatorios utiliza el mismo
vocabulario y sólo emplea la expresión reducción de tiempo de trabajo al
final del capítulo sobre los sistemas de educación y de formación
profesional: se habla en este caso de las consecuencias de una política
de formación y no de una voluntad existente.
El Libro Blanco sobre la política social no aborda el tema, como tampoco
lo hace la Resolución aprobada por nuestro Parlamento sobre ese mismo
Libro Blanco.
Exceptuando únicamente a Jacques Delors, tampoco ningún miembro de la
Comisión, ningún ministro representante de la Presidencia en ejercicio
se refiere nunca al asunto. De los Estados miembros, sólo los Países
Bajos, así como desde hace algunos meses Bélgica y Alemania, lo han
sometido a debate.
La conclusión de todo ello salta a la vista: es un tema que causa temor.
Los trabajadores y la mayoría de sus sindicatos tienen miedo a perder
ingresos.
Los empleadores tienen miedo a recibir nuevas cargas. Los gobiernos tienen miedo a asustar a los trabajadores que tienen un empleo y a los empleadores.
La Comisión tiene miedo a asustar a los gobiernos. Y nosotros
seguimos todos proponiendo y aprobando políticas que sabemos son
insuficientes, y el desempleo sigue aumentando lentamente en Europa,
llegando en muchos de nuestros países a un nivel que genera
desesperanza, violencia social, delincuencia, refugio en la droga y
dislocación de nuestra cohesión social.
No tenemos derecho a seguir diciendo que el desempleo es un asunto
prioritario si no nos dotamos de medios mucho más eficaces para
combatirlo.
1.4. Se pueden apaciguar los temores
A largo plazo, el reparto del aumento de productividad (que se obtiene
por el juego de las fuerzas sociales en el mercado) entre los ingresos y
la reducción del tiempo de trabajo es lo que permitirá que esta última
se produzca sin pérdida de ingresos, muy al contrario.
Pero, a muy corto plazo, toda empresa en la que se reduce el tiempo de trabajo debe forzosamente reducir también sus costes salariales si quiere realizar nuevos contratos para obtener el mismo número total de horas de trabajo.
Debe hacer incluso mucho más, pues el problema es prolongar el tiempo
de funcionamiento de las máquinas y los equipos mientras desciende el
tiempo de trabajo de las personas.
Esto significa que, en las cuentas de las empresas, sólo será posible la
creación de un número significativo de nuevos contratos derivados de una
reducción del tiempo de trabajo si la empresa reduce los costes de la
mano de obra contratada con anterioridad, ya sea mediante la reducción
de los salarios, ya sea mediante la reducción de las cargas sociales que
pesan en los salarios, ya sea mediante ambas medidas.
Si se trata de las cargas, ello conllevará un déficit público que será
preciso equilibrar; si se trata de los salarios, conllevará pérdidas
salariales que difícilmente serán aceptadas y que, en cualquier caso,
suscitarán todo tipo de reticencias con respecto a la posibilidad de
generalizar este tipo de solución.
Así pues, es necesario prever compensaciones y, para llevar a buen
término las grandes políticas nacionales o europeas, esas compensaciones
deberán anunciarse con anticipación. ¿Son posibles? La respuesta es sí,
sin duda alguna.
Los distintos países de la Comunidad gastan anualmente un promedio de
unos 20.000 ecus, por año y desempleado: algo más de la mitad en
concepto de asignaciones,
menos de la cuarta parte para los numerosos casos en los que los desempleados siguen bajo la cobertura de un régimen general de la seguridad social pero ya no cotizan, y una última parte de la suma para los numerosos períodos de formación en prácticas que se ofrecen a la espera de conseguir un empleo.
De este modo, para el conjunto de nuestros Estados miembros, los
gastos derivados del desempleo se acercan a la cifra de 350.000 millones
de ecus anuales, es decir cerca del 4% del producto nacional bruto de la
Unión.
Las proporciones varían entre uno y otro país, pero el gasto global
sigue siendo el mismo.
Esto significa que la contratación de un desempleado (en términos netos, es decir, superando el número de nuevos desempleados en el período considerado) produce un rendimiento económico para el país en cuestión que se reparte entre su presupuesto nacional y sus cuentas sociales:
estas sumas, activamente utilizadas para la creación de empleo, más que las indemnizaciones por desempleo, constituyen la reserva de financiación de las políticas de apoyo a la reducción posible del tiempo de trabajo (salvo problemas de hacienda:
ciertos gastos de ayuda a la creación de empleos podrían ser,
en efecto, anteriores o estar enteramente comprometidos, e incluso
pagarse en el momento en que se produce el rendimiento económico de
contratación). En el caso de un país del tamaño de Francia, esta suma
podría aproximarse a los 20.000 millones de ecus.
En consecuencia, se puede prever con antelación el tipo de
compensaciones concebibles y posiblemente disponibles que permitirían
disipar los temores que suscita una política activa de reducción del
tiempo de trabajo.
El principio de estos mecanismos es sumamente simple.
Toda empresa que, mediante una reducción significativa del tiempo de trabajo y, tal vez, un aumento simultáneo del tiempo de utilización de sus equipos,
contrata un determinado número de desempleados que hasta ese momento cobraban el subsidio puede recibir del sistema de subsidios de desempleo una subvención correspondiente a una determinada proporción, que se establecerá en la negociación social, de los subsidios que se evitan con esa contratación.
Esta subvención estaría destinada a evitar o a limitar las bajas salariales sin las cuales la disminución del tiempo de trabajo no podría aportar a la hacienda pública los recursos necesarios para la contratación.
La importancia de esta subvención, su duración, su paulatina disminución en función del aumento de productividad deberían ser objeto de una negociación tripartita entre empleadores, sindicatos de trabajadores y poderes públicos o sistemas de subsidio de desempleo, sector por sector o incluso empresa por empresa (en el caso de las que dan empleo a más de mil trabajadores).
También se puede pensar, siempre gracias al ahorro procedente de la
contratación masiva de desempleados que hasta ese momento cobran el
subsidio, en contribuir a las nuevas medidas de formación que deberán
ofrecer las empresas a los nuevos contratados.
La reflexión del Parlamento Europeo podría centrarse en considerar
algunos detalles de esas disposiciones que deberán elaborarse o
fomentarse. Evidentemente, éstas variarán según las modalidades de la
reducción del tiempo de trabajo.
2. Enfoques posibles
Existen, en efecto, múltiples formas de fomentar la reducción del tiempo
de trabajo (en toda la vida, en el año o en la semana) y cada una de
ellas debe ser objeto de estudio y estímulo por separado.
2.1. Primer instrumento: la jubilación progresiva
Creo que es en Suecia donde se ha planteado la idea de un sistema muy
completo que permitiría a todos los trabajadores por cuenta ajena
jubilarse por etapas y de forma progresiva a partir de una determinada
edad que se puede rebajar hasta los 55 o los 50 años.
Algunos Estados miembros practican ya una política de jubilaciones anticipadas, pero de carácter global y no progresivo, y sin conexión con el problema en su conjunto.
El hombre o la mujer que sólo desea trabajar 3/4 partes del tiempo podría hacerlo sin dejar por ello de perder la 1/4 parte de su jubilación, que está financiada por su propia cotización.
Esta persona seguiría recibiendo las 3/4 partes de su salario,
cotizando con él la parte adicional de su jubilación, que podría
percibir posteriormente; asimismo, podría, en la fecha que le convenga,
pasar a la media pensión de jubilación o a las 3/4 partes de la
jubilación, manteniendo una actividad remunerada a tiempo parcial.
El sistema presenta dificultades administrativas a la hora de establecer
los derechos de la gestión, pero no entraña ningún coste inmediato.
Su coste a largo plazo no sería peligroso a no ser que, en su conjunto, la edad media de jubilación completa se redujera considerablemente, lo que no es probable ni ineluctable: también se podría estimular una prolongación del trabajo a tiempo parcial a lo largo de los años.
De cualquier manera, tal sistema ofrecería la ventaja de eliminar la ruptura brutal y psicológicamente peligrosa entre el trabajo a tiempo pleno y la jubilación total.
Permite que las personas que se benefician de él alcancen un
mejor desarrollo personal y permite también que la ligera reducción de
impuestos que supone se realice de forma muy paulatina.
Son innumerables los trabajadores que no se sienten muy atraídos por su
trabajo y que sin duda se acogerían de buena gana a ese sistema. Las
cargas salariales de las empresas se reducen en consecuencia.
Por lo tanto, no hay problemas de compensación, a no ser tal vez un
complemento público de ayuda a la formación de los nuevos trabajadores
contratados en sustitución, y así poder mantener un volumen constante de
horas de trabajo disponibles.
Creemos que es muy importante estudiar más detenidamente la posibilidad
de difundir este sistema y su modo de funcionamiento.
2.2. Segundo instrumento: el tiempo parcial voluntario
Exceptuando los Países Bajos y con situaciones ligeramente distintas
según los Estados miembros de la Unión, el trabajo a tiempo parcial no
se fomenta y, en realidad, se entiende como una limitación.
Con demasiada frecuencia sucede que los trabajadores que han optado por
el tiempo parcial ven amenazadas sus posibilidades de ascenso y de
carrera, o incluso el pleno ejercicio de sus derechos sindicales.
Pero, sobre todo, la adopción del tiempo parcial suele ser una
decisión de la empresa que se explica por una situación coyuntural y que
no prevé las situaciones familiares en las cuales la pérdida del puesto
de trabajo de un cónyuge o un accidente sobrevenido a un miembro de la
familia dan lugar al deseo de reintegrarse al tiempo completo.
En todos estos puntos, serían convenientes amplias negociaciones
nacionales para llegar en cada Estado miembro a una Carta del tiempo
parcial voluntario. En estas condiciones, el tiempo parcial sería
probablemente una opción mucho más frecuente que ahora, aún tratándose
de una opción que conlleva la reducción del salario por la libre
decisión del interesado.
En consecuencia, no requiere compensación alguna salvo el incentivo que
supone garantizar los derechos profesionales, sindicales y de
recuperación del tiempo completo. La Unión Europea podría elaborar una
recomendación al respecto.
2.3. Tercer instrumento: la reducción de las horas extraordinarias
Las estadísticas globales no bastan en absoluto. Al parecer, el promedio
de la cantidad global de horas extraordinarias realizadas en la Unión
Europea equivale al 2,5% de los empleos remunerados. Para el conjunto de
la Unión, esto representa el equivalente de entre 3 y 4 millones de
puestos de trabajo.
Por qué no promover amplias negociaciones sociales en cada Estado
miembro destinadas a la eliminación paulatina, total o parcial, de las
horas extraordinarias y a su sustitución por permisos compensatorios? En
este punto, por supuesto, debe tenerse en cuenta que las personas que
solicitan las horas extraordinarias suelen ser los trabajadores peor
remunerados.
En consecuencia, es necesaria una compensación. Y es mediante las
negociaciones por sectores o dentro de las grandes empresas como deber
evaluarse y decidir la forma, el volumen y las condiciones de su
asignación.
Una vez que estén en posesión de los resultados de esas negociaciones,
los poderes públicos podrán poner en marcha el mecanismo de compensación
para promover la progresiva eliminación de las horas extraordinarias.
Para ello, la Unión podría asociarse en parte a esa iniciativa.
2.4. Cuarto instrumento: la reducción del tiempo máximo de trabajo
mensual
Este método es difícil de manejar. Es el único en el que se piensa
cuando se menciona el problema, de ahí la necesidad de poner en práctica
al mismo tiempo todos los instrumentos anteriores.
En este caso, el problema consiste en que la adopción repentina de esta
medida legislativa es incompatible con la flexibilidad de la economía.
Así pues, el problema podría plantearse en los siguientes términos: en una fecha X, la autoridad pública anuncia su intención de reducir en dos horas el tiempo de trabajo máximo semanal.
Tras ese anuncio, los interlocutores sociales, bien por sectores o, llegado el caso, dentro de las empresas, dispondrían de un año para negociar las modalidades de aplicación, que podrían acompañarse, por ejemplo, de la no reducción del salario por debajo del doble o el triple del salario mínimo (por ejemplo, 2.000 o 2.500 ecus), así como de una reducción del 3% en una franja superior y del 5% en la última franja de los salarios más altos.
También habría otras posibilidades, y, en tal vez, soluciones
diferentes según los sectores.
A partir de ese momento, se iniciarían negociaciones con los poderes
públicos, sobre la compensación parcial o total, por un período más bien
largo, de esas pérdidas salariales, compensación que vendría acompañada
también por el apoyo a las iniciativas de formación de las empresas,
necesarias para hacer frente a las contrataciones así obtenidas.
Esta política podría muy bien acompañarse de una reducción de las cargas
fiscales y sociales de las empresas, teniendo siempre en mente que la
contratación de un desempleado representa un ahorro importante. Al cabo
de uno o dos años, los resultados de esas negociaciones podrían
ampliarse mediante la legislación, poniendo en marcha un mecanismo
presupuestario de compensación.
Si el procedimiento resulta eficaz, podría contemplarse, inmediatamente
después, una segunda etapa de otras dos horas, y a continuación una
tercera etapa. Lo fundamental es que la velocidad de reducción del
tiempo de trabajo sea superior a la velocidad de crecimiento de la
productividad.
2.5. Quinto instrumento: educación y formación
En nuestros países desarrollados y en los próximos años, el empleo se va
a concentrar cada vez más en los trabajos de alta cualificación. Se
plantearán cada vez más los problemas de la formación continua, la
formación alterna, el reciclaje y el año sabático.
¿Por qué no promover amplias negociaciones en cada Estado miembro?
¿No podría la Unión fomentar dichas negociaciones poniendo en práctica
programas destinados a favorecer un aumento del tiempo de educación y de
formación en la vida del individuo, aumento que está estrechamente
relacionado con la reducción del tiempo dedicado al trabajo remunerado y
productivo en todo el período de la vida?.
3. Objetivos y tareas de la Unión
3.1. Amplitud de los objetivos esenciales
Está claro que sólo lograremos dar trabajo a la masa enorme de
desempleados que registra actualmente la Unión con medidas de gran
amplitud, y de todas ellas las que afectan al tiempo de trabajo son
indudablemente algunas de las más fructíferas.
Y no está menos claro que no será posible llegar a un
equilibrio estable en el cual un tiempo de trabajo sustancialmente
inferior al actual, sin experimentar después ningún cambio, baste por sí
solo para resolver definitivamente el problema.
La productividad seguirá creciendo con el progreso técnico. Si queremos
estar bien preparados para esa evolución; tendremos que pensar a largo
plazo. En la actualidad, la perspectiva es llegar a la semana de cuatro
días en un plazo de 10 o 15 años.
3.2. ¿Es posible y deseable este cambio en el modo de vida?
Recordemos aquí la reflexión de Adam Smith, quien, al final de su obra
sobre la riqueza de las naciones, se planteaba la cuestión del futuro
que aguardaba a las sociedades cuyo impulso ya no fuera la lucha por la
supervivencia y que se pronunciaba a favor de una república filosófica.
Recordemos también las reflexiones de Keynes cuando, en 1930, observaba
la crisis de las clases acomodadas de su tiempo y, por otro lado
pronosticaba que en menos de un siglo -lo que nos envía al período
presente- se trabajaría 3 horas por día o 15 horas por semana,
repartidas de manera aleatoria, al tiempo que se preguntaba cómo evitar
la depresión nerviosa colectiva de unas sociedades aletargadas en su
propia holgura.
Pasar de dos a tres días de tiempo libre semanal es un cambio de gran
importancia. Dos días son el lapso de tiempo necesario para los
indispensables trabajos domésticos y para la recuperación de la fuerza
de trabajo; tres días significan un día más para una forma distinta de
vida.
La sociedad actual ofrece principalmente un consumo pasivo, que no
resulta satisfactorio para el individuo y provoca ese malestar y ese
profundo hastío que caracterizan la crisis actual de nuestras sociedades
urbanas.
Pero, a lo largo de toda una vida, un día más por semana significa tener
tiempo para practicar seriamente el deporte, para realizar una actividad
cultural recreativa, e incluso para participar de manera mucho más
activa en la vida asociativa civil.
Innumerables experiencias en muchos de nuestros Estados miembros demuestran que los hombres y las mujeres que disfrutan de horarios próximos a las 30 horas semanales se adaptan a ellos de forma admirable y se encuentran a gusto, a pesar de que, desde los medios oficiales, no se estimulan ni se difunden las nuevas posibilidades de una vida más activa.
Hay que contribuir a crear ese nuevo modo de vida. Tal es el objeto
de la revolución adjunta.
Michel Rocard -
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Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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