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Tragedia y fiesta
No creo que sea ya el momento de discutir qué es y qué no es teatro.
Intentar definir este concepto ha venido siendo una de las grandes
pasiones a lo largo de la historia teatral europea.
Se ha llegado incluso a reinterpretar contínuamente la obra de los propios autores para justificar las razones de las diferentes teorías teatrales. El movimiento romántico consiguió que un autor totalmente popular y populista como William Shakespeare se convirtiera en un autor elitista y distante de las capas sociales populares, capas sociales que acudían en su tiempo regularmente a sus representaciones. Por eso hubo que pasar un filtro moralista y represivo a las obras shakesperianas.
De esta manera las traducciones al castellano de su obra fueron reiteradamente manipulando la propia filosofía del autor. Todas las palabras de doble sentido eran traducidas en una misma dirección. La realidad de los personajes, el significado de las escenas y, en último término, incluso la propia obra se veían distorsionadas.
Pero estas distorsiones interesadas beneficiaban el concepto de los románticos que, por otro lado -así hay que reconocérselo- fueron los grandes difusores de su obra. Todo este sucesivo proceso de interpretación del teatro según las teorías teatrales de cada cual fue cuestionado radicalmente por Antonin Artaud a principios de siglo.
El escándalo que esto supuso fue memorable. Los insultos que recibió, sin misericordia. Y además, si tenemos en cuenta que como director nunca llegó a plasmar sus teorías con éxito -seguramente por estar más centrado en la destrucción de los conceptos precedentes que en la creación de su propio arte- entenderemos por qué sus detractores se dieron por satisfechos.
No está de más recordar ahora que el devenir del tiempo ha venido dando y quitando razones. Y que hoy en día son pocos, muy pocos, los que defienden las teorías antiartaudianas.
Un número incontable de ejemplos brillantes de su dramaturgia se acumulan en la historia teatral del siglo XX. Nadie duda ya que una obra sobre las burbujas de jabón, en la que la puesta en escena tenga un 80% de su tiempo dedicado a la construcción de burbujas pueda ser una gran pieza teatral. Hoy en día se valora más la calidad de la propuesta escénica que el concepto teórico en que se circunscribe una obra.
De este modo, una ópera de Wagner puede convertirse en un
espectáculo insufrible y una representación de títeres ser sublime.
Intentar valorar una obra por su inclusión en un determinado género
dramático no es correcto. Aun más, los propios géneros dramáticos son
contínuamente cuestionados y replanteados. Pero esto, evidentemente, tan
sólo demuestra la vitalidad de un arte dramático en consonancia directa
con los flujos artísticos de nuestro siglo.
La vertiente lúdica de la tragedia
Consecuentemente no es de extrañar que el propio concepto de tragedia
haya venido siendo reinterpretado de diferentes maneras y bajo ópticas
diferentes según la moda predominante del momento.
El concepto de tragedia (caída del héroe frente a su destino,
que produce la catarsis en los espectadores, que contiene una propuesta
moralizante y, según algunos, género superior a los otros géneros
dramáticos) ha sido tan vilipendiado y manipulado como el propio
concepto del teatro o el mismo Antonin Artaud.
Asimismo, la tragedia -insisten- no ha de ser nunca festiva. Pero,
¿tenemos por ello derecho a rechazar los aspectos más lúdicos y
participativos de nuestra propia tradición teatral? Es evidente que no.
Podemos hablar de diferentes maneras de entender la tragedia,
pero rechazar todo nuestro propio bagaje histórico sería arriesgado para
nuestra propia identidad cultural.
Permitidme, insistiendo en mis razonamientos, que cite tan solo de
pasada el concepto lúdico-festivo sin el cual no se puede entender el
teatro clásico griego;
ni tampoco podemos olvidar que, siglos más tarde, entre acto y acto de sus dramas, Lope de Rueda se travestía de la "negra culona" con gran desagrado para la Santa Madre Iglesia Católica; o que los autos sacramentales que se realizaban por encargo real en el parque del Retiro contaban con un gran despliegue de medios visuales y festivos (pirotecnia, maquinaria...).
Y todos ellos representaban insignes tragedias, pero eran conscientes que en el factor espectacular y lúdico de sus propuestas les iba el pan y el oficio. Un análisis minucioso e histórico de todos ellos podría llegar a conclusiones similares a las de este escrito.
De todas maneras, y siendo fiel a la fuente de inspiración de mis
creaciones, quiero centrarme en los aspectos teatrales de nuestras
fiestas, en el sentido lúdico, participativo y festivo de nuestros
cultos. En las santantonadas, fallas, procesiones, toros, etc... El
héroe cae frente a su destino cruel y al mismo tiempo sus puestas en
escena se convierten en el sumum de los actos festivos.
Algunos ejemplos
Vamos, pues, a comentar algunos ejemplos de las afirmaciones anteriores:
La semana santa andaluza combina ritualmente la penitencia con la fiesta
lúdica y de influencias paganas. La semana santa extremeña, por
excelencia la semana del dolor y del sufrimiento en España, convierte en
fiestas superespectaculares las danzas de los "empalados".
La procesión de los borrachos de Cuenca nos permite escuchar un montón de improperios y nos da la impresión de que cualquier palabra está permitida durante ese acto... Existen tantos ejemplos en España donde se observa que, para explicar la pasión y muerte de Jesucristo -la tragedia por antonomasia de la religión cristiana- se combinan los aspectos trágicos con los lúdicos, con los grotescos, con los festivos e incluso con los paganos.
Y todos estos comportamientos no son asumidos como irrespetuosos por nuestra propia religiosidad. Son asumidos como algo plenamente integrado en nuestro culto, en nuestra noción de culto católico, apostólico y romano. Son una aportación popular a una manera de entender la religión en nuestra tierra.
Pero bajo ningún concepto definiría yo estas actitudes como antirreligiosas, sino todo lo contrario. Analicemos otro ejemplo más próximo y menos conocido.
En la semana santa de Vila-real, como en la de otras poblaciones valencianas, los penitentes encapuchados -"capurulles"- reparten caramelos entre los vecinos que observan el paso de la procesión desde las aceras.
La primera relación que se establece tras aceptar el obsequio es adivinar de quien proviene el regalo. Y no siempre se puede descubrir el donante por más que éste te mire fijamente.
¿Se ha creado un juego teatral?, ¿Picaresco? Por el contrario, ni el "capurulla" ni la persona que ha recibido el caramelo realizan esta acción como un acto irreligioso, sino que ambos asumen su papel popular localista en la tragedia y ejemplarización de la pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo. Cada uno sigue con su actitud un comportamiento fijado a lo largo del tiempo.
Y puedo garantizar que hay un fuerte contenido religioso en esta Semana Santa. Y hay también un proceso narrativo.
Los últimos días de la pasión y muerte de Cristo son explicados claramente durante el desfile de las peañas con sus imágenes oportunas y doctrinales. Sentado en su silla, cualquier ciudadano observa un desfile de imágenes que narran los momentos culminantes de la pasión: Jesús en el huerto de los olivos, la flagelación, la Verónica y el rostro de Cristo, la crucifixión, la angustia y el dolor de una madre, la Virgen María y, por último, Cristo en el Sepulcro.
Una visión rápida y doctrinal acompañada por un desfile de penitentes de diferentes cofradías: romanos, con sus clarines y timbales de sonido agudo; diferentes comparsas de percusionistas adecuándose a través de los años a las modas predominantes de cada momento: grupos de dulzaineros y tambores fabricados en Calanda han sido las últimas incorporaciones musicales.
Teatro y fiesta. Tragedia festiva en plena calle. Y en medio de todo
un objeto característico, sin explicación lógica que se añade
popularmente a la tragedia: el caramelo.
La transgresión de Xarxa Teatre
El País Valenciano es muy rico en la ejemplarización de puestas en
escena en la calle con un fuerte contenido festivo. Se han mantenido o
han crecido a lo largo de los siglos entorno a nuestra religiosidad y
como conmemoración y explicación de la vida de nuestros santos.
En otro artículo mío "El foc del teatre" ya expliqué extensamente el funcionamiento teatral de las santantonadas de Els Ports, donde fiesta y tragedia se funden armoniosamente para encarnar las tentaciones de San Antonio (teatro sin texto y puesta en escena popular); combinación de elementos del cristianismo con estructuras populares antiquísimas (¿paganas?). Las santantonadas son, por tanto, un ejemplo de teatro medieval valenciano, cuyos orígenes se adentran en formas de religiosidad casi desconocidas hoy en día.
Estas tragedias finalizan unánimemente en todos los pueblos donde se
celebran con la muerte en la hoguera de los santos. Históricamente
inexacto, pero de un alto contenido festivo y con un sorprendente clímax
visual teatral.
Por lo tanto, no hemos de extrañarnos que en una región donde las
fiestas populares combinan con tanta frecuencia los rasgos de la
tragedia con los rasgos más lúdicos de la fiesta surgieran propuestas
escénicas profundizando en este binomio. No sabremos nunca el motivo
exacto por el que los espectáculos de calle de Xarxa Teatre abandonan la
comedia para convertirse en tragedias.
Durante muchos años incluso los dos directores de Xarxa comentábamos que cualquier espectáculo nuestro terminaría por ser una tragedia. Era un impulso incontrolable el que nos llevaba a hacerlo así. No era el resultado de un razonamiento teatral previo.
Eran tragedias tan festivas que nuestros oídos no cesaban de escuchar los consejos de mucha gente que nos razonaba que para los temas tan serios que desarrollábamos no utilizábamos el estilo teatral más adecuado. Y sin embargo las tragedias festivas nos surgían cada vez más nítidas en nuestros procesos de creación.
Ha sido a posteriori cuando nosotros mismos nos hemos dado cuenta de
los motivos que nos llevaban a presentar tragedias en medio de las
festividades de nuestros pueblos y la razón por la cual nuestros
espectadores encontraban tan normal la presentación de temas duros en
ambientes desenvueltos.
Manuel V. Vilanova
Director de Xarxa Teatre
"Al carrer":
la experiencia de Viladecans
Serafín Redondo
Viladecans ha celebrado el 8º Festival Internacional de Teatre i
Animació al Carrer (Teatro y Animación en la Calle), Festival que
aglutina todas las manifestaciones artísticas de la calle: teatro,
danza, animación... la programación del Festival se nutre
específicamente de producciones ideadas y creadas para representar en la
calle.
La tradición mediterránea es rica en manifestaciones ancestrales de
calle. Ello está motivado por su clima, la ideosincracia de la gente y
el propio devenir de la historia.
Viladecans cada año mantiene una cita internacional con la calle, con
las compañías que han hecho del espacio urbano abierto, el escenario de
su creatividad artística. El teatro, la danza y la animación invaden la
calle para adentrarse en cada uno de los ciudadanos, para confundirse
con su vida cotidiana.
En estos años, el Festival ha sido el proyecto cultural más importante
para movilizar e integrar a los ciudadanos en la ciudad.
Cuando Viladecans se propone programar teatro profesional se encuentra
con el problema de la indisponibilidad de espacios cerrados, de
edificios singulares para la representación teatral. Entonces se abre el
proyecto cultural al espacio abierto con el fin de retomar los orígenes
de la cultura mediterránea.
En esa tradición de teatro para todos -teatro en la calle- se encuadran
las representaciones de los corrales de comedia. Cabe -como no- recordar
a Federico García Lorca, el director de la Barraca, aquella generosa
empresa que llevaba las obras de Rueda, de Cervantes, de Lope, a las
bocas de las minas, a las eras, a las plazas de los pueblos.
Lorca justificaba las fatigas de la empresa por un hecho que no
se cansaba de proclamar: cómo aquel público gozaba intensamente del
placer del espectáculo. Ese mensaje, esa misión de arte, insistía él, es
necesaria para la regeneración cultural del país.
De la fragilidad a la consolidación
Sus ideas de lo que significaba el teatro quedan claras en estas
palabras suyas: El teatro es uno de los más expresivos y útiles
instrumentos para la edificación de un país, y el barómetro que marca la
grandeza o su descenso. Un teatro sensible y bien orientado puede
cambiar en pocos años la sensibilidad del pueblo.
Los primeros años de inicio de nuestro Festival fueron difíciles, era
como una provocación a los ciudadanos de Viladecans. Por calles y plazas
los transeúntes se encontraban con personajes no cotidianos y
sorprendentes. Cualquier rincón era bueno para instalar un escenario y
de esta forma se fueron llenando diferentes días con espectáculos.
"Al carrer" está consolidado. Primero en cuanto a la programación, y
segundo, y muy importante, los ciudadanos de Viladecans han hecho suyo
el Festival, participan en él y esperan la primera quincena de julio de
cada año cuando les llega el programa a su casa para no perderse ninguna
de las actuaciones de las compañías nacionales e internacionales que se
presentan en esta edición.
Esta nueva situación, el interés de los medios de comunicación y la
información acumulada en la oficina del Festival, ha puesto de relieve
que el Festival de Teatre "Al carrer" es uno de los proyectos de más
proyección de la ciudad de Viladecans, además de ser una de las
iniciativas de más interés cultural en el ámbito del Área Metropolitana
de Barcelona.
La proyección del Festival no es sólo en nuestro entorno geográfico, ya
que compañías de teatro e instituciones de gran prestigio internacional
también lo manifiestan en sus publicaciones y guías.
En estos momentos, no hace falta hacer propuestas a compañías y artistas
extranjeros o del país para que tengan interés en presentar sus estrenos
y nuevas producciones en "Al carrer". Son ellos mismos quienes presentan
sus proyectos y dosieres para estar presentes en la programación del
Festival. En la oficina del Festival Internacional de Teatre Al carrer
se dispone de un gran archivo y documentación realmente interesante.
La base de datos de compañías, artistas, festivales, centro de
producción internacional, etc. es realmente valiosa. Otro de los
aspectos que hay que destacar es la voluntad por nuestra parte de
incorporar a los sectores más dinámicos de la ciudad en la dirección del
Festival.
Un elemento de centralidad cultural
Entidades culturales y populares han participado con actividades
vinculadas al teatro de calle en las diferentes ediciones. Mossèn Cinto
Verdaguer y Diables de Viladecans han sido los participantes más
característicos en alguna edición.
También se ha de reconocer el esfuerzo del Ayuntamiento de Viladecans en
financiar la totalidad (exceptuando una modesta aportación de la
Diputación de Barcelona) del presupuesto de este proyecto.
Desde los primeros años se hicieron gestiones con la Generalitat, el
Ministerio de Cultura, etc. con el objetivo de solicitar ayuda
económica, soporte en la promoción o cualquier tipo de colaboración con
el Festival, dando siempre una respuesta negativa a nuestras propuestas.
"Al carrer" ha pasado sobradamente el ámbito municipal y el interés
demostrado por los ciudadanos de Viladecans, así como por los visitantes
de otras ciudades del Área Metropolitana y de Barcelona misma.
Tanto por la participación de espectadores como por su interés cultural instituciones superiores deberían demostrar más sensibilidad hacia esta muestra ya que es un gran impulso cultural para la ciudad y para este sector teatral que tantos éxitos y prestigio han dado a la cultura de nuestro país, recuperando tradiciones y siendo también la vanguardia y punto de mira a nivel internacional. Compañías como la Fura dels Baus, Comediants,
La Cubana y otras muchas han exportado nuestra cultura abierta y
mediterránea a través de sus producciones teatrales, siendo sus orígenes
y espectáculos más emblemáticos los del teatro de calle.
Se debe realizar una mención especial al público de Al carrer. Sobre
todo a los ciudadanos de Viladecans, pero también a la gente que viene
de fuera a ver los espectáculos.
El seguimiento y atención a los espectáculos, su interés por seguirlos
uno tras otro con programa en mano, la educación y el respeto con el que
se aceptan o rechazan las actuaciones, son elementos a tener en cuenta.
Después de ocho años de trabajo y esfuerzo es muy gratificante el
observar el cambio producido en los espectadores en interés hacia el
Festival.
En la ciudad estamos trabajando en estos momentos en el proyecto de la
construcción de un edificio de teatro, un equipamiento con 900 butacas
que, sin duda, será uno de los más importantes de la comarca.
Esto supondrá un importante incremento cualitativo en las prestaciones
culturales. Estará situado en el centro geográfico del casco urbano, en
la zona del Torrente Ballester, dentro de un complejo deportivo y
cultural donde también se sitúa la biblioteca municipal.
La programación de teatro "clásico" reforzará nuestro festival de teatro
de calle y, sin duda, su complementación hará que aumente en nuestra
población el interés por el teatro, por ese teatro que decía Federico
García Lorca, sensible y bien orientado.
Manuel V. Vilanova - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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