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A partir de realizar reflexiones y valoraciones sobre experiencias
concretas desarrolladas en el Baix Llobregat teniendo presente y
analizando que factores del entorno global las originaron, las
condicionaron e incluso las favorecieron en el pasado y cuáles lo hacen
en el presente.
"De l'atur a la ZUR"
"De l'atur a la ZUR" (Del paro a la ZUR). Así rezaba la portada del
primer numero de la revista "El Far" que vió la luz en el mes de mayo de
1985.
Esa frase era más que un titular periodístico.
Tras ella se condensaban no sólo la información y los artículos de
opinión que recogía el informe. Se recogía la culminación de un proceso
de articulación de diferentes fuerzas sociales, económicas y políticas
para superar el proceso de degradación económica y social en el que
corría el peligro de hundirse la comarca del Baix Llobregat.
A través del quicio de aquella puerta informativa, abierta ayer, se
pueden divisar una serie de elementos sobre los que reflexionar, hoy.
Intentando hacerlo de la forma más objetiva, es decir,
rehuyendo la típica tentación de reinterpretar la historia, pero al
mismo tiempo de la forma más útil para ver y extraer aquellos
aprendizajes que necesitamos en la actualidad. Aquello que nos resulta
imprescindible para intentar no cometer los mismos errores en el momento
de abordar los cambios y adaptaciones que cada nueva circunstancia
siempre impone.
El primero de aquellos elementos era, sin duda, la quiebra del
desarrollismo. Ese modelo de crecimiento económico y social que vivimos
en los años 60 en España dio como uno de sus resultados más evidentes
unas grandes aglomeraciones en suburbios, entorno a las grandes
ciudades,
que crecieron bajo el único dictado de la especulación urbanística,
sin ninguna planificación ni control público y donde las miles y miles
de personas que en ellos vivían padecían una gran carencia de los
servicios y equipamientos necesarios.
Este fenómeno socioeconómico, se producía como respuesta para dar
satisfacción a las crecientes demandas de más y más mano de obra, sin
demasiada calificación, que efectuaba un tejido económico que se había
creado sobre la base de una baja capitalización de las empresas,
una organización del trabajo altamente jerarquizada y
centralizada para una producción de bienes masiva y repetitiva (modelo
taylorista), con niveles salariales bajos, en el contexto internacional,
y sin libertades sindicales.
Además este hecho produjo un gran proceso migratorio desde las zonas de
economía agrícola a las más industrializadas, pero ese mismo tejido
económico entró en quiebra cuando tuvo que afrontar la superación de los
últimos vestigios del aislacionismo en el que el régimen dictatorial nos
sumió.
La propaganda oficial decía: España es diferente. ¡Algo de verdad había
en esa afirmación!. Nuestra sociedad era substancialmente diferente a
los países del entorno: no teníamos libertades públicas, ni estabamos
construyendo una sociedad con niveles de protección social aceptables
(Estado de bienestar).
El paro, que en aquellos momentos era una lacra que soportaba más del
30% de la población activa de la comarca, era la expresión más evidente
de la incapacidad de ese entramado económico no sólo para dar respuesta
a las exigencias que se derivaban de los cambios tecnológicos,
energéticos, organizativos, productivos y de apertura a la competencia
internacional sino también a las necesidades sociales.
Conviene rememorar esta situación, que demuestra la falta de
competitividad de aquel modelo socioeconómico, en el momento en que con
la nueva perspectiva que se abre de globalización de los mercados se
defiende, desde las posiciones neoliberales, como la estrategia
necesaria para ser competitivos, un modelo similar al descrito.
La importancia sobre el modelo de crecimiento económico que adopte
nuestra sociedad hace que, más adelante, profundice sobre este
condicionante global.
El segundo, la voluntad colectiva de construir una salida a ese callejón
en el que nos colocó ese modelo de crecimiento.
La ZUR (Zona de Urgente Reindustrialización) en el Baix Llobregat, como
las Olimpiadas de Barcelona, constituyeron, en su momento el aspecto más
visible, y de alguna manera la faceta más crematística, de unos
proyectos que iban mas allá de su enunciado directo.
Formaban parte de amplios y complejos proyectos de transformación
social y económica de una zona concreta, con los que se afrontaban y
trataban de resolver los problemas más importantes que tenía planteada
esa sociedad.
En todo caso, se percibieron como objetivos amplios y difíciles, pero
asumibles, y sirvieron a la vez como coartada, catalizador y estandarte,
es decir, como aglutinante colectivo de fuerzas e intereses diversos.
¡Había algo concreto por lo que trabajar!.
Y lo que también era muy importe, se produjo un liderazgo de ese
proyecto por parte de las fuerzas políticas y sociales (mayoritariamente
de izquierdas) que dirigían nuestras recién estrenadas administraciones
democráticas.
Este hecho tiene una trascendencia significativa en la comarca; con
él se suplió el vacío histórico que producía no tener una clase
económica dirigente, a diferencia de zonas del entorno de Barcelona (Vallès
Occidental, Penedès, etc.).
El tercero que conviene retener sobre ese mensaje periodístico es,
precisamente, el mensajero.
Se afirma en la Biblia que no sólo de pan viven las personas (versión
corregida para que resulte políticamente correcta, ya que en el texto
oficial solo se hace referencia a uno de los géneros).
Pues bien, el planteamiento de declaración de la comarca como ZUR no
pretendía exclusivamente conseguir que se implantaran industrias. Se era
consciente que no sólo de industrias vive el Baix Llobregat.
La ZUR era una parte de un proyecto que contemplaba infraestructuras
viarias y comunicacionales, ordenación del uso del territorio,
dotaciones de servicios comunitarios (educativos, sanitarios,
culturales) y elementos de protección y atención social.
En ese contexto, la creación de un medio de comunicación comarcal, desde
su configuración inicial como revista mensual hasta la actual de
suplemento semanal, respondía a la pretensión de hacer efectiva esa
dimensión cultural, en su sentido más amplio, que resulta esencial para
obtener un modelo de crecimiento substancialmente diferente al que nos
había conducido a esta situación.
Las radios municipales, la prensa local o comarcal, así como las
iniciativas para poner en marcha televisiones locales e incluso esta
misma revista, La Factoría, pueden y deben entenderse como expresiones
de esa iniciativa.
Primeras experiencias
No obstante, la masa crítica necesaria para alcanzar esta fase de
proposición positiva es inseparable del proceso de evolución desde las
actuaciones de carácter fundamentalmente resistencial.
Que nadie crea que tras este calificativo se esconde un planteamiento o
una valoración peyorativa, es simple y llanamente una aproximación
descriptiva de las primeras experiencias.
La resistencia al cambio no es una actitud exclusiva de las personas, se
produce incluso en los objetos inanimados. Todos hemos experimentado que
resulta más difícil iniciar la andadura de un vehículo que mantenerla.
La primera reacción ante la incertidumbre que produce un cambio es
tratar de alcanzar la seguridad de lo conocido. Si además las
consecuencias inmediatas de los cambios es la pérdida de seguridad
económica, el paro, etc.,
la resistencia al cambio se acentúa. Por ello, que las primeras
experiencias tengan un carácter resistencial no es mas que el
reconocimiento de que en proceso de prueba-error, el primer paso es
intentar volver a lo conocido.
En ese contexto se desarrollaron las marchas contra el paro, los
programas de urgencia y otras iniciativas de finales de los 70 y
principios de los 80.
Esas experiencias, que ahora se denominan de forma más técnica como
iniciativas locales de empleo, se entendían como actuaciones
estrictamente públicas, con un carácter eminentemente de reacción o
paliativo.
El objetivo principal de estas iniciativas era la lucha contra
el paro y contra los efectos sociales que este provoca. Los planes de
empleo serían el elemento más característico de este proceso.
Aunque aquellas iniciativas locales de empleo no puedan ser consideradas
estrictamente políticas de promoción económica, dado que su componente
prioritario es básicamente el social, no el económico, sin su
existencia, y la constatación empírica de sus limitaciones, no sería
posible explicar los cambios que se produjeron.
La progresiva desaparición de las concejalías de trabajo de los
Ayuntamientos democráticos y su sustitución por las concejalías y/o
instrumentos de promoción económica es el reflejo de ese cambio de
orientación.
La economía española en aquellos momentos se encontraba inmersa en un
proceso de apertura a una economía más global -a veces, es necesario
recordar que sólo formamos parte de la actual UE desde 1986- que
acentuaba la dura dimensión de la reconversión de sus estructuras
productivas para alcanzar unos niveles de equivalencia aceptables.
Después de las primeras experiencias -aquí es donde debe insertarse la
propuesta de la declaración del Baix Llobregat como ZUR- la puesta en
marcha de las iniciativas de promoción económica representa la
introducción de un enfoque que intenta anticipar los problemas, más que
asimilarlos, y que comienza a prescindir de la exclusividad pública en
las intervenciones, de manera que se valora positivamente la cooperación
pública-privada.
La principal prioridad de las iniciativas de promoción económica era la
creación o la localización de empresas. Desde la lógica anticipativa que
antes comentábamos, se considera que las empresas pueden generar riqueza
y, de esta manera, actuar como motor generador de bienestar para el
conjunto de la comunidad.
La urgencia de hacer para ayer lo que el resto de Europa llevaba 20 años
haciendo, reducía el tiempo disponible para generar las iniciativas
empresariales que se necesitaban casi a cero. En esta situación, en
muchos casos, se opto por favorecer la localización, potenciando los
factores y las características que ya tenía la comarca.
Las actuaciones sobre el suelo industrial, la creciente importancia que
se le confiere a la formación profesional de la mano de obra, la
generación de infraestructuras de servicios para las empresas o el
desarrollo de los viveros de empresas son rasgos comunes a la acción de
esa época.
No es de extrañar que la reivindicación de la implantación de
la "Quarta Universitat" en la comarca para impartir enseñanzas técnicas,
tomara el testigo al proyecto de la ZUR una vez alcanzada esta.
A los poderes públicos se les exigía que no actuaran solo sobre las
situaciones de necesidad provocadas per el paro, sino también fomentando
un crecimiento económico que indirectamente las evitará.
Otro salto cualitativo en la actuación desde lo local
En la actualidad pocos piensan en una inversión milagrosa que supondrá
miles de empleos y la prosperidad para un territorio. Todo el mundo ya
sabe que de la globalidad no caerá ningún gesto que compense la falta de
esfuerzo de los sujetos del territorio, de las personas y de las
empresas que permanezcan. Al contrario, la globalidad exige un
posicionamiento activo en el entorno competitivo: el no actuar supone la
decadencia o la exclusión.
Se es consciente al mismo tiempo que alguna de las ventajas comparativas
que tenía nuestra economía han desaparecido o se han reducido de forma
drástica -el nivel salarial ya no es tan atractivo para los inversores
extranjeros como en los años 60- y que por consiguiente la estrategia a
aplicar debe adaptarse.
Las iniciativas de desarrollo local representan otro salto cualitativo
en la actuación desde lo local. A la voluntad de recoger y combinar las
iniciativas locales de empleo y las iniciativas de promoción económica
se le añade la introducción de una nueva perspectiva para mejorar las
condiciones y el entorno socioeconómico local desde una perspectiva
estratégica.
En el diseño de las acciones aparecen cambios cualitativos pero también
en las formas de gestión existen esfuerzos por innovar. La integralidad
de la gestión de los recursos en el territorio requiere la coordinación,
participación y corresponsabilización de todos los agentes sociales,
económicos e institucionales. La concertación entre los distintos
agentes interesados se asciende desde su papel de elemento instrumental
a la consideración de objetivo para gestionar el cambio.
Organizaciones sindicales y empresariales saben que es en el territorio,
y en las posibles relaciones horizontales, donde se pueden encontrar
vías para acelerar su desarrollo económico y social.
Saben que el ajuste industrial y la reorganización de los servicios
generan, obviamente, destrucción de empleos y que tan solo con una
actuación decidida y consensuada por el desarrollo y la cohesión social
puede haber una garantía de estabilidad social que al mismo tiempo
implique una mejora de la competitividad económica, elemento
imprescindible para la supervivencia económica del territorio.
Promover el desarrollo económico local
En todas las reflexiones sobre las consecuencias que se derivan de la
globalización de los mercados, se atisba la preocupación por las
consecuencias sobre el empleo, o para ser más precisos, sobre el
creciente desempleo de millones de personas. Sin unas políticas
generales de crecimiento económico con una clara orientación hacia la
creación de empleo será más difícil evitar la dualización y
desvertebración de la sociedad.
Pero si esa política general es una necesidad, por sí sola no es
suficiente.
En el Libro Blanco de Jacques Delors sobre: Crecimiento,
competitividad y empleo se refleja una concepción que pone el acento en
las posibilidades de búsqueda y aprovechamiento de todos los recursos
ociosos existentes en un espacio geográficamente reducido, pero
económicamente homogéneo, para crear empleo.
Para la Comisión Europea, las actividades en las que se encuentran los
nuevos yacimientos de empleo se pueden ordenar en cuatro grandes
apartados: "vida diaria", "mejora de la calidad de vida", "cultura y
ocio" y "protección del medio ambiente". En 1995 se enumeraron y
analizaron 17 posibles ámbitos en los que se podrían desarrollarse esos
nuevos yacimientos de empleo:
- Los servicios de la vida diaria:
1. Los servicios a domicilio. 2. El cuidado de los niños. 3. Las nuevas
tecnologías de la información y de la comunicación. 4. La ayuda a los
jóvenes en dificultad y la inserción.
- Los servicios de mejora del marco de la vida:
5. La mejora de la vivienda. 6. La seguridad. 7. Los transportes
colectivos locales. 8. La revalorización de los espacios públicos
urbanos. 9. Los comercios de proximidad.
- Los servicios culturales y de ocio:
10. El turismo. 11. El sector audiovisual. 12. La valorización del
patrimonio cultural. 13. El desarrollo cultural local.
- Los servicios de medio ambiente:
14. La gestión de los residuos. 15. La gestión del agua. 16. La
protección y el mantenimiento de las zonas naturales; y 17. La
normativa, el control de la contaminación y las instalaciones
correspondientes.
Este modelo de desarrollo económico se tiene que basar en una
planificación estratégica local que permita la implicación de los
actores locales, tanto económicos como sociales e institucionales,
dirigida hacia el desarrollo de políticas de creación de empleo y
fomento empresarial.
Un desarrollo económico que se oriente en la perspectiva de la
competitividad y del empleo a medio plazo, que haga del equilibrio
social y de la protección del medio un factor de progreso en la
consecución de un desarrollo económico equilibrado y sostenible y
cohesionador desde una perspectiva social.
Este es el marco de una necesaria complementariedad entre las acciones
para el desarrollo y la creación de empleo. La finalidad de la
colaboración entre actores públicos y privados está orientada hacia el
desarrollo y la generación de empleo. Por esta razón los resultados de
las mismas han de tener una finalidad social en sí misma.
Los 10 mandamientos para el desarrollo local que el profesor de la
Universidad Complutense de Madrid, Lorenzo Chacón, presento en unas
Jornadas realizadas en el País Vasco sobre los nuevos yacimientos de
empleo en octubre de 1996, son realmente un trabajo de sistematización
altamente útil para comprender cómo es posible trabajar desde lo local
teniendo presente lo global:
10 Mandamientos para el desarrollo local
(D. Lorenzo Cachón Rodríguez, Profesor Titular de Sociología de la
Universidad Complutense de Madrid).
- Situarse adecuadamente en el contexto económico, sea dinámico, moroso o depresivo. El entorno económico -estructural y coyuntural- marca el límite de lo posible.
- Crear un clima social cooperativo en la zona, donde todos los posibles actores del desarrollo estén implicados. Las redes que se establecen en esta cooperación son claves en la consolidación de un tejido social (y económico) sólido y en la vertebración de una colectividad en auténtica comunidad.
- Elaborar una estrategia global. Esto conlleva:
- diagnosticar los problemas que hay que afrontar;
- auditar las intervenciones existentes;
- evaluar los recursos disponibles;
- formular con precisión los objetivos perseguidos;
- establecer un plan de acción;
- fijar un sistema de seguimiento y evaluación.
- Desarrollar instrumentos institucionales adecuados para la
intervención que se persigue. Estos instrumentos deben ser flexibles y
profesionalizados.
- Enraizar localmente el proyecto de desarrollo. La especificidad de
la perspectiva desarrollo local es que persigue una solución endógena
que va más allá de la dimensión económica.
- Contar con el liderazgo adecuado, tanto en el nivel político como
técnico.
- Favorecer un clima emprendedor. Lo que diferencia una economía en
expansión de una en declive no es la tasa de paro sino el espíritu de
empresa.
- Abrir canales de comunicación. De esta manera se pueden dar a
conocer los objetivos, estimular la participación, reforzar la identidad
local y hacer evolucionar las mentalidades.
- Estimular la construcción de una sociedad activa: Que el mayor número
de ciudadanos desempeñe un papel activo en la sociedad (OCDE). Todas las
personas e instituciones pueden hacer algo por el desarrollo local.
- Partir de las realidades locales: de las limitaciones para
superarlas; de las posibilidades, para hacer de ellas palancas del
desarrollo, de las necesidades para generar actividades (y empleos) que
las satisfagan.
La relación entre lo local y lo global
Se dice que: El buen jugador de fútbol controla el balón con los pies,
pero juega con la cabeza. Este símil tiene mucho que ver con la forma y
manera de actuar con relación a la dicotomía entre lo global y lo local.
El trabajo desde lo local requiere -como el control de la pelota con los
pies- una actuación aparentemente simple pero exhaustiva, que aporte
capacidad técnica y conocimiento de las potencialidades y capacidades,
como factor imprescindible que, a su vez, permita tener la cabeza
levantada, para no estar mirando exclusivamente el suelo que pisa.
Sólo con la visión aérea del campo de juego es posible conocer
la evolución de los otros factores, territorios, espacios libres que nos
rodean y así poder detectar las oportunidades que tenemos con realismo.
Decía Pasqual Maragall en una entrevista ante una pregunta sobre la
relación que nos ocupa: La globalización hace que las distancias sean
más cortas, el mundo más pequeño. Pero, a la vez, tu casa más grande:
tu entorno, lo que te afecta, se ha ensanchado. Y a continuación
advertía a los profetas acríticos de la globalización que el hecho de
ver el mundo como nuestra propia casa no nos ahorra la tarea de
arreglarla.
Lejos de considerar que los procesos de globalización comportan una
pérdida de capacidad de maniobra por parte de los actores
socioeconómicos y las instituciones locales, la práctica ha dado a
entender que en el nivel local se facilita una mejor compresión de la
dinámica económica y política de los nuevos entornos, cada vez más
globales.
Sin duda, los procesos de internacionalización de la economía
contribuyen a acentuar la dualidad local-global. Es por eso que las
variaciones que, en un sentido competitivo, se producen en los entornos
productivos locales son tan importantes. Se hace preciso identificar la
dimensión local de las dinámicas económicas y el posicionamiento
competitivo y estratégico del territorio.
Esta es una tarea que los gobiernos locales no pueden asumir en
solitario, y mucho menos a partir de formas de gobierno tradicionales.
Las mismas iniciativas de promoción económica local generan una dinámica
en la que emergen intereses diferentes y diversos, tanto de los actores
económicos y sociales como de instituciones y actores públicos.
El potencial de actuación local, ante la economía de mercado global,
depende de la renegociación de los roles y de las responsabilidades
públicas y privadas, de la forma y el alcance de la intervención estatal
(políticas macroeconómicas), y de las relaciones centro-periferia.
El territorio se transforma en el marco genuino para actuar y dar un
sentido de progreso al cambio. De esa misma idea son la OCDE, la
Comisión de la Unión Europea y la mayoría de expertos en políticas de
desarrollo cuando afirman que la escala de actuación más idónea para
facilitar el crecimiento económico son los niveles locales y regionales.
Hoy, fracasará quien pretenda que las políticas de desarrollo, que
actúen sobre el territorio, se gestionen siguiendo los cánones
tradicionales de centralización (estatal o autonómica), verticalidad y
dirigismo, dada la complejidad de nuestras economías.
Cuando se habla de territorio, este no se puede solo identificar con los
límites políticos y administrativos que la historia haya podido
determinar. El territorio sujeto de las políticas de desarrollo, es un
territorio geográfico que contiene las relaciones económicas (entre las
personas o entre las empresas) en una dimensión aceptable, la cual
permite que las políticas puedan ser gestionadas con eficacia y
eficiencia.
Modelo de crecimiento. Crecimiento sostenible
A lo largo de este artículo se ha puesto de manifiesto una consecuencia
de la experiencia vivida sobre la que vale la pena reflexionar. La
crisis económica y la consiguiente destrucción de empleo que padeció
nuestra economía, en el momento de su mayor apertura comercial, se
produjo por la incapacidad de soportar la competencia con las economías
mas desarrolladas.
Y ello, a pesar de poseer unas variables envidiables para cualquiera de
los actuales profetas neoliberales: Salarios bajos, costes sociales
inexistentes o muy bajos, sindicatos de clase perseguidos o represión
del conflicto social. No nos fue posible competir con las economías más
competitivas que tenían no sólo más tecnología, sino niveles salariales
más altos, más protección social y más protagonismo colectivo en la
determinación de los cambios.
Este hecho nos da argumentos para rechazar el determinismo económico que
plantea como la única manera de favorecer el crecimiento necesario para
combatir el desempleo, en esta economía de comercio global, es el
desmantelamiento de los sistemas públicos de protección social, la
reducción de los niveles salariales y condiciones laborales y el
incremento de la inestabilidad en el empleo.
Ese modelo de crecimiento económico es el que ha permitido afirmar a
un alto dirigente de la administración Clinton:
La diferencia, entre los pobres de EE.UU. y de Europa, es que los
nuestros (los estadounidenses) lo siguen siendo a pesar de que trabajan.
De la forma en como se produciera el crecimiento económico se derivaban
consecuencias importantísimas. No sólo de creación de empleo sino de
modelo social.
Por eso del debate político que se está plasmando en Europa con el
avance de las posiciones socialistas en Inglaterra y Francia refleja una
posición que no es contraria a la globalización sino que plantea otro
modelo de realizar ese proceso de crecimiento económico.
Un modelo que cumpla con las condiciones de ser: equilibrado, es decir,
que debe permitir crecer sin desequilibrar las grandes magnitudes
(inflación, tipos de interés, ahorro interno, paro, etc.),
equilibrador, haciendo de la reducción de las desigualdades sociales
y territoriales, un factor de desarrollo (empleos de proximidad, de
cultura, de servicios a la persona, infraestructuras,
telecomunicaciones) y sostenible, con una decidida orientación que haga
de la preservación del medio ambiente un factor de desarrollo económico.
En suma, un modelo que ponga la economía al servicio de les personas y
no las personas al servicio de la economía.
Cerrando el círculo inicial, convendrá reiterar la necesidad de que para
avanzar en la resolución de los problemas que se derivan de los cambios
que produce la globalización de las relaciones comerciales y financieras
mundiales.
Las posiciones adoptadas teniendo presente desde uno sólo de los
ámbitos (el local o el global) conducen a la frustración.
La línea de avance desde una perspectiva progresista en este tema no se
encuentra en el rechazo a lo global, a lo nuevo, a lo desconocido.
La línea de avance se sitúa entorno a la articulación de una
concepción global que trabaje teniendo presente lo local, porque en ese
ámbito es donde se puede desarrollar ese crecimiento relacionado con las
necesidades de las personas, y en una concepción local que tenga
presente el entorno global en el que se debe mover.
Josep Maria Rañé - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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