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Estas referencias sí que las tengo, un contacto más directo no lo había tenido.
Ahora bien, tengo la sensación de que todos ustedes no esperan de mi una contribución en el terreno del conocimiento y de la relación personal, sino que la contribución que hago es simplemente la de la presencia institucional en este acto, y el que la Generalidad de Catalunya, con esta presencia, rinda homenaje a Albert Fina y a lo que representó, y todavía hoy representa.
Y en este sentido, les debo decir que les agradezco que este acto
tenga lugar precisamente aquí, y que haga posible mi presencia y, a
través de ella, este reconocimiento a la obra de Albert Fina y a todo lo
que representó.
Obviamente, viendo este libro que he tenido la oportunidad de leer -sino
entero, bastante, aprovechando un viaje que he hecho hoy a Bruselas
- me doy cuenta, a parte de otras referencias que pudiera tener a través de otras personas, de que es un hombre que personalmente valía mucho la pena, un hombre muy atractivo, por decirlo así, incluso personalmente.
Un hombre generoso, con una notable calidad humana y, como subrayó Miquel Roca en diversas ocasiones, con una gran preparación, quiero decir, convencido de que el sistema de la Dictadura podía ser combatido aprovechando las esquelas, los espacios libres, etc.
Pero, evidentemente, para ir bien tenía que hacerse con una
gran preparación, y él esta preparación, este rigor lo tenía.
Por otro lado, no deja de impresionar el hecho de que, por lo que se ve,
era un personaje muy completo porque, a parte de todas estas cosas,
escribió cuatro libros que, sinceramente,
yo no he leído pero que, de todas maneras, por lo que me explican, son libros que llaman la atención, porque además era un poco de todo, o sea, que no era un personaje de una sola tecla: sale el Derecho, sale la literatura, hay libros que son sobre literatura y derecho, y sobre política, evidentemente;
y después sale un tema muy importante, que es el dolor y la
enfermedad: el propio dolor, la propia enfermedad, escrito de una manera
que puede ser un bálsamo también para los que lo lean, no sólo para él
que lo escribía, si es que para él lo era.
Bien, todo esto hace de él un personaje realmente, de primera magnitud.
Pero, como os decía, yo creo que no tengo que insistir en esto.
En cambio, dejadme decir una cosa, aunque, evidentemente, lo que voy a decir no se puede desligar de la persona y, además en este caso concretamente, de las personas, ya que fueron él y Montserrat Avilés los que hicieron todo este trabajo.
A lo que habíamos llegado, y a lo que yo de una manera especial, a parte de la figura de Albert Fina, querría subrayar su importancia positiva, es el hecho de que él participase de una manera muy importante en la creación y la consolidación de Comisiones Obreras.
Y esto, creo que todos, sea la que sea su condición y orientación política y su ubicación social, todos los que realmente tengamos ganas de que este país vaya adelante, todos los que teníamos estas ganas hace treinta, cuarenta años atrás, todos los que intentamos tener una visión global del país y del interés de todo el mundo,
tenemos que considerarlo un hecho altamente positivo y además un
hecho digno de reconocimiento por parte de todos, pero, evidentemente,
de reconocimiento por parte del Gobierno de Catalunya.
Antes he mencionado a Benet. ¿De qué discutíamos Benet y yo tantas
veces? Discutíamos de cosas que teníamos que hacer, de cosas que
hacíamos, o simplemente pasábamos muchos ratos analizando temas
concretamente.
Pero también hablábamos de historia, entre otras cosas porque esta es la rama de Benet. Y porque todos queríamos saber, al menos yo siempre estaba muy interesado por saber qué no había ido bien en la etapa anterior.
Y una de las cosas que no había ido bien es que en muchos años no pudieron -evidentemente porque les pusieron muchos obstáculos-,
ni tuvieron la posibilidad de que en Catalunya hubiera un sindicalismo lo suficientemente bien estructurado, que no pudo superar -y lo digo con todo el respeto a tanta gente que hasta los años treinta, cuarenta, e incluso cincuenta lucharon en esta línea
- las tremendas dificultades que encontró para consolidarse. Y no pudo llegar a trabajar nunca con normalidad, de una manera bien estructurada y eficaz. Y cuando hablábamos de esto, del esfuerzo, de la idea inicial...
La idea inicial y hasta el final, hasta su sacrificio, hasta su muerte, de gente como "el Noi del Sucre" o como del Layret, evidentemente expresábamos nuestra nostalgia, o la necesidad que sentíamos de que en nuestra casa, un sindicalismo de estas características, sólido, potente, importante, tan reivindicativo como fuese necesario, pero al mismo tiempo constructivo,
existiese, porque había sido hasta entonces una asignatura pendiente. Y yo pienso, sinceramente, que Comisiones Obreras, y evidentemente, otros sindicatos que hoy tenemos, comenzando por la propia UGT, y otros, pero permitidme que hoy hable de Comisiones Obreras,
han dado una respuesta positiva a esta asignatura que teníamos pendiente, y este ha sido el resultado de muchísima gente abnegada, de muchísima gente anónima, pero también de unos dirigentes, y de hombres y mujeres como Albert Fina y Montserrat Avilés.
Y en este sentido se debe decir, y antes ya se ha dicho, la
importancia que tuvo este conjunto de abogados laboralistas. En el
libro, Vázquez Montalbán dice que "entonces un abogado laboralista era
más que un abogado laboralista", y así era. Y yo esto sí que querría
subrayarlo.
Querría rendir homenaje y expresar mi agradecimiento por ello.
En Catalunya y España, ya lo ha dicho Miquel Roca, no hubo sólo una
transición política. Me parece que has dicho que hubo una transición
social, que ahora puede parecer muy fácil, pero antes no era nada seguro
que esto pudiera pasar como pasó.
Yo recuerdo, Miquel, que algunas veces, en el verano del 77, y a principios de otoño, algunas veces tú y yo, y algunos otros -me parece que Trias Fargas
- hablábamos con determinados personajes de Madrid, cuando se pastaba lo que luego fueron los Pactos de la Moncloa, en los que todos, de una manera especial, jugamos un papel importante.
Decíamos que "el país tiene -y nosotros tenemos- unos cuantos triunfos importantes", y uno de ellos era que, y en aquellos momentos había gente que no lo veía, teníamos un sindicalismo, y concretamente hablábamos de una manera no única, pero particular de Comisiones Obreras,
que en contra de los que algunos creen, es un sindicalismo consolidado, con el cual es posible que tengamos muchas discusiones, muchos problemas, pero que representa una fuerza cohesionada, sólida, importante, coherente, que de hecho se trata de esto:
lo que se necesita siempre, finalmente, es que haya gente que represente alguna cosa, que la represente con plenitud de fuerza moral, es decir, que haya hecho méritos morales para representarlo, y además que tenga cabeza, que sepa donde va, y que además tenga un sentido de lo que es el interés general y el interés de los trabajadores.
No sé si esta argumentación hubiera gustado a Albert Fina. No sé si tampoco otra cosa que decíamos -y puede que ahora no tocaría decir, pero que de todas maneras diré-, añadíamos una cosa: entre estos activos que el país tiene está también el Partido Comunista.
Nosotros decíamos esto, y lo decíamos a quien lo teníamos que decir, vuelvo a decir que no sé si esto exactamente iba en la línea de lo que en aquel momento podía pensar Albert Fina.
Pero en cambio, lo que queda muy claro es que, aquello que se
presentaba como un gran activo del país, Comisiones Obreras, era una
cosa que evidentemente con muchísimas otras contribuciones, Albert Fina
y Montserrat Avilés habían ayudado a crear de una manera muy importante,
y muy inteligente, he de decir.
Es por todo ello que me complace mucho, a parte de los aspectos humanos,
de los aspectos que me permiten hablar de abogados que fueron muy
difíciles, pero que recordamos con una cierta satisfacción, a pesar de
todo, aunque fueron muy difíciles y lo sabemos muy bien.
Es por ello por lo que me complace hoy presidir este acto. Acto que, por otro lado, se refiere a un hombre, y quiero poner de manifiesto que se trata de creer profundamente en alguna cosa, y Albert Fina creía profundamente en lo que hacía, y esto le dio eficacia, pero, a parte de darle eficacia, le dio nobleza a lo que hacía, y esto, en último término,
para que una cosa responda a las necesidades que la gente tiene, debe tener una eficacia y debe tener nobleza, alguna cosa que de sentido a todo, y esto, también yo que lo puedo mirar con una visión más distante, en ciertos aspectos, que todos vosotros,
yo veo muy claramente que esto existía en la vida y la obra de Albert Fina. Y es por ello que les agradezco mucho, nuevamente, que hayan escogido el Palau de la Generalitat, el Palau de la primera institución de Catalunya,
el más representativo del país, para que todos juntos, y yo con
vosotros, podamos rendir homenaje a Albert Fina y expresarle nuestro
agradecimiento.
Jordi Pujol - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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