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En el inicio de la década de los 90, las administraciones del Estado aplicaban un conjunto de medidas, en los ámbitos de la sanidad, educación, ocupación, asistencia, etc., que eran bastante suficientes para dar respuesta a los desequilibrios sociales.
Estos afectaban en la mayoría de los casos a colectivos muy determinados y en general poco numerosos, incluso el número de parados se mantenía en niveles muy bajos.
Pero, las transformaciones socioeconómicas de los últimos años, hace que el número de personas que padecen desigualdades sociales aumente de forma constante, y al mismo tiempo, las políticas que se han venido desarrollando y las estructuras para implementarlas, se manifiestan claramente insuficientes para satisfacer la demanda creciente de cobertura social.
Esta combinación: aumento del número de personas que sufren
exclusiones y la insuficiencia de las políticas sociales tradicionales,
abren la puerta a un proceso de dualización de nuestras sociedades.
El "Libro Blanco de les Políticas Sociales Europeas" pone de relieve la
existencia, en el seno de la Europa desarrollada, de una creciente
fractura social que ya afecta a una parte significativa de sus
ciudadanos y ciudadanas.
El "Libro Blanco, Crecimiento, Competitividad, Empleo", también
muestra, que la pobreza, los parados y las personas sin hogar, son los
grandes retos a los que es necesario hacer frente para entrar en el
siglo XXI.
Como apuntábamos al principio, esta situación se agudiza después de la
última recesión de los años 1990-19993.
En el momento en que la economía reemprende el camino de la recuperación, el crecimiento económico y el crecimiento de la ocupación no han seguido caminos paralelos, y la oferta de trabajo ha sido insuficiente para reducir el paro de forma significativa:
"la última etapa de crecimiento económico ha permitido iniciar un
proceso de creación de ocupación, pero al mismo tiempo también ha puesto
de manifiesto que -siendo una condición necesaria- el crecimiento
económico por sí sólo no es suficiente para generar los puestos de
trabajo necesarios para reducir el diferencial de la tasa de ocupación
que separa Catalunya de la media de los países de la Unión Europea"(1).
Esta situación, es radicalmente diferente a la conocida en las décadas
anteriores, en que el crecimiento económico absorbía de forma
significativa el paro.
En estas condiciones, el paro, deja de ser un problema de la
coyuntura y se convierte en un problema estructural, ampliando
significativamente el número de ciudadanos y ciudadanas que son
expulsados del marcado de trabajo y enfrentados a nuevas situaciones de
pobreza, a nuevas formas de exclusión social.
Un modelo de desarrollo que se agota
La situación en la que esta inmersa la UE, no es ajena a la que vive el
resto de países desarrollados. Desde que las tendencias a la
mundialización se consolidan, que la producción y los intercambios se
producen prioritariamente a escala internacional, el modelo de
desarrollo de la mayoría de países industrializados -organizados
alrededor del estado nación- comienza a entrar en crisis, y las
estructuras supranacionales se consolidan en el ámbito continental (E.U.,
MERCOSUR, ASEAN, etc.)
Este modelo de desarrollo se conoce como modelo keynesiano. Keynes, en
el contexto de la crisis económica de 1930, introduce la idea de que la
economía reposa sobre un sistema cerrado, estructurado al entorno de un
mercado libre, donde el Estado ha de intervenir para controlar y
equilibrar el juego de la oferta y la demanda.
El Estado juega así el papel regulador, a la manera de un
termostato que mantiene constante la temperatura de una cámara. Keynes
favorece una política intervencionista del Estado, política que abrirá
la vía al Estado providencia, uno de los elementos más característicos
del modelo de desarrollo de la postguerra. Los elementos más
característicos de dicho modelo son:
* Una sociedad de consumo (aumento del poder adquisitivo de los
salarios)
* El Estado Providencia, forma en la que se manifiesta el Estado de
bienestar, con un sistema de seguridad social bastante desarrollado y
universalizado, que posibilita a los trabajadores seguir siendo
consumidores, incluso si están en condiciones difíciles: enfermedad,
paro, jubilación, etc.
* Una legislación social estructurada en torno al salario mínimo y los
convenios colectivos para pactar condiciones salariales en función de la
productividad.
* Los derechos civiles o de ciudadanía y los llamados derechos sociales
(derechos de la persona, de las mujeres, prestaciones, etc.)
* Un funcionamiento de las Instituciones democráticas basado más en la
representación que en la participación.
Este modelo de desarrollo, que algunos califican también de fordista, se
extiende en todos los países desarrollados a partir de 1945,
(exceptuando los de la Península Ibérica), y empieza a padecer
disfunciones importantes en la década de los años 70, de forma especial
después de la crisis del 74.
Las recesiones de los años 80-90 acentúan su crisis y el Estado central
ya no puede dar respuestas por sí sólo a los nuevos desafíos económicos
y sociales.
Las intervenciones que realiza el Estado de bienestar hasta finales de la década de los ochenta ya no funcionan:
"El sistema de regulación social de los años de prosperidad, cuyo
objetivo era repartir de forma más igualitaria los frutos del
crecimiento, ya no resulta eficaz. Ahora se trata de desarrollar la
solidaridad en la empresa y en el barrio ilustrada por el papel de los
sindicatos y de las asociaciones" (2).
La crisis de las estructuras tradicionales, de los sistemas de
regulación social, tiene como elementos causales un conjunto de factores
que interactuando entre ellos han configurado la nueva realidad
socioeconómica a escala internacional. Los más importantes son:
* Una nueva división internacional del trabajo, donde el Sur es la
opción de relocalización industrial, y los EE.UU. pierden la hegemonía
relativa en provecho de Europa y Japón.
* La carrera tecnológica entre las industrias del Norte y la
tercialización de sus economías.
* La feminización y la culturización del mercado de trabajo en los
países del Norte.
* La apertura de los países del Estado a la economía de mercado.
* La segmentación y deslocalización de la actividad económica con las
transformaciones del mercado de trabajo, provocando la fractura social,
la exclusión socioeconómica de trabajadores con bajas calificaciones, de
las mujeres, de los inmigrantes, de pueblos y regiones.
* El uso exclusivo de las formas de democracia representativa, generando
cada vez más un déficit democrático, que se traduce en la inexistencia
de una ciudadanía activa y participativa en los procesos sociales.
* La mundialización y la crisis de los estados nacionales en provecho de
grupos continentales por un lado y la descentralización y la
desconcentración hacia los espacios regionales y locales por el otro
lado.
* La nueva situación socioeconómica con los desequilibrios que genera en
todos los ámbitos y las dificultades de las instituciones para dar una
respuesta satisfactoria, cuestiona el consenso social que hizo posible
la permanencia del modelo de desarrollo keynesiano, el Estado de
bienestar en su forma de Estado Providencia y las políticas
asistencialistas que la han caracterizado.
En este contexto, el Estado comienza a perder su exclusividad como
actor central y único, en provecho de una redistribución de
responsabilidades entre los diferentes componentes de la sociedad.
Estas limitaciones que padece el Estado, como garante único y exclusivo,
de la solidaridad y la necesidad de un nuevo modelo de desarrollo, son
recogidas también en el informe del Comité de Sabios, de marzo del 96,
"Por una Europa de los derechos Cívicos y Sociales" en el que podemos
leer:
"Si Europa rechaza simultáneamente el agravamiento de las desigualdades y de la marginación social, y la generalización de las políticas de asistencia pasiva destinadas a las personas en situación de exclusión,
deberá hacer un esfuerzo considerable de innovación, de reorganización y de movilización para construir un sistema de desarrollo donde todo el mundo tenga su lugar, será necesario desarrollar una concepción activa de la ciudadanía donde cada cual acepte tener obligaciones hacia los demás.
Hará falta renovar profundamente asimismo nuestras políticas
públicas, que deben prevenir tanto como curar, e incitar al esfuerzo más
que asistir" (3).
Podemos afirmar, que todos estos cambios han abierto la puerta a una
nueva realidad social, configurando una sociedad cada vez más compleja y
competitiva,
que incrementa la vulnerabilidad de amplios sectores de la población y que ha hecho aparecer nuevas exclusiones sociales, como la exclusión del trabajo, la exclusión profesional que lleva al paro de larga duración y el aislamiento social con la pérdida de los derechos de ciudadanía.
Una vez más, el Libro Blanco sobre la Política Social Europea es
punto obligado: "la exclusión social es un fenómeno endémico,
proveniente de los cambios estructurales que afectan a nuestras
economías y sociedades. Amenaza la cohesión social de cada Estado
miembro y de la Unión en su conjunto" (4).
El tránsito del segundo al tercer milenio se presenta sin duda como un
período caracterizado, por el agotamiento de un modelo de desarrollo que
ha garantizado importantes avances sociales y que ha disfrutado del
consenso de los ciudadanos y ciudadanas;
y por la necesidad de impulsar un modelo alternativo que pueda garantizar la permanencia de los derechos sociales conseguidos y dar respuestas a las nuevas necesidades surgidas como consecuencia de las transformaciones socioeconómicas en el ámbito mundial.
El modelo de desarrollo y las políticas sociales inherentes al
mismo, que seamos capaces de impulsar, determinarán, a bien seguro, el
nivel de cohesión social de nuestro país y por descontado de la UE en el
siglo XXI.
La necesaria renovación del Estado de bienestar
Hoy, en relación con los intentos de construir alternativas a las nuevas
necesidades socioeconómicas, vivimos en un período de transición
marcado, por la combinación de tendencias contradictorias.
Por un lado el neoliberalismo que nos propone el retorno puro y duro
a las leyes de mercado, intervención mínima del Estado; por otro el
llamado postfordista o postkeynesiano (nuevas estrategias de gestión,
nueva organización del trabajo con más polivalencia, menos trabajo en
cadena...) que han acentuando la incapacidad del modelo para dar
respuesta a la nueva situación socioeconómica.
Paralelamente, también asistimos a la emergencia de lo local, del
desarrollo local. Constatamos frecuentemente y de forma contradictoria,
que la globalización de la economía mundial actualiza nuevamente el
territorio cercano, la comunidad, e municipio y la región como marco
idóneo para articular nuevas respuestas a la crisis.
Louise Harel, ministra de Estado para la Ocupación y la Solidaridad del
Quebec, en su intervención en los Encuentros Mundiales de Desarrollo
Local, sitúa con precisión meridiana, que las posibles alternativas de
futuro dependen de la respuesta a una cuestión fundamental:
"Mi argumento principal es que la emergencia de una colaboración
asociativa que implica una redistribución y una gestión consensual de
poder, en el ámbito local, entre el sector público, privado y
comunitario no es accidental".
"La aceleración del proceso de globalización basado en la
desreglamentación y en la difusión rápida de las tecnologías de la
información ha aumentado el rol de los mercados pero ha disminuido el de
los estados y de las economías nacionales.
Mi propósito no es lamentarlo con nostalgia pero si de
constatar que eso crea un déficit democrático si las nuevas formas de
ejercicio de la democracia no logran llenar el vacío creado por el
debilitamiento del papel del Estado".
"¿Tengo necesidad de indicarles que muy pronto tendremos que tomar, como
sociedad, una decisión extremadamente importante sobre esta cuestión?
¿en nombre de un modernismo que no se conjuga sino según las leyes de
mercado,
¿ es necesario desmantelar el Estado? o por el contrario,
¿descentralizar de manera tal que el Estado se convierta en un asociado
mayor en el desarrollo económico, social y cultural de las comunidades?"
(5).
Una posible respuesta a los interrogantes planteados por la Ministra,
definen un horizonte con dos hipótesis posibles:
La primera de la hipótesis, apuesta decididamente por desmantelar el
Estado de bienestar, reforzando y consolidado el modelo neoliberal.
En este caso, estaríamos en presencia de: retroceso democrático,
concentración de poder, el ser y el saber en manos de un porcentaje cada
vez más reducido de personas y de instituciones; utilización de la
descentralización de los niveles regionales y locales como paliativos de
la crisis, así como, de la concertación para mitigar las diferencias
sociales en provecho de una mayor rentabilidad económica y desmantelar
el Estado de bienestar.
La segunda, contempla la posibilidad de favorecer, por encima de todo,
la evolución del actual modelo postkeynesiano a través de un proceso de
profundización democrática. Éste modelo, estará fundamentado en un
modelo de desarrollo que enlaza todos los objetivos sociales,
económicos y ambientales: generalización de la idea de democracia,
introduciendo ésta en el ámbito de la economía, vínculo entre lo
económico y lo social, opción por el desarrollo sostenible, utilización
de las nuevas iniciativas locales y regionales, de las experiencias de
desarrollo comunitario. Utilizando la concertación y el partenariado,
favoreciendo la democratización de las instituciones, posibilitando en
el curso de este proceso, que la renovación del Estado de bienestar sea
un proyecto común.
Entendemos, que es necesario apostar decididamente por la consolidación
de la segunda hipótesis, y que en Catalunya ha de concretarse, mediante
el impulso de un nuevo modelo de desarrollo y una estrategia que
posibilite movilizar personas y recursos entorno a un proyecto común,
que enlace el desarrollo urbano con el desarrollo económico y social de
forma sostenible.
Que abra nuevos espacios de participación democrática y revitalice
los vínculos sociales, impulsando la recomposición del tejido
asociativo, haciendo posible la participación democrática y la
corresponsabilidad de los ciudadanos y ciudadanas, de los agentes
económicos y sociales, de la sociedad civil en su conjunto, en la
revitalización de nuestros barrios, de nuestras ciudades y de nuestro
país.
Una dinámica territorializada
En los últimos 3 años, la Dirección General de Servicios Comunitarios y
ADIGSA (ambas, entidades del gobierno autónomo catalán), están
desarrollando en Catalunya una experiencia piloto en más de 60 barrios,
conjuntamente con los ayuntamientos, el tejido asociativo de cada
territorio y la FAVIBC.
La experiencia acumulada en este periodo, confirma que el desarrollo
económico comunitario, se conforma hoy como la estrategia básica de
prevención y lucha contra los procesos de exclusión social y como un
nuevo modelo de desarrollo sostenible y responsable del territorio (6).
En el contexto actual, el desarrollo económico comunitario tiene un
significado social nuevo, porque pone el énfasis en la conexión
necesaria entre las condiciones de trabajo, de empleo y la gestión de
territorio.
Históricamente, el desarrollo comunitario, se ha preocupado
exclusivamente de la dimensión social, tanto desde el punto de vista de
la intervención como de los resultados.
El desarrollo local, liberal o tradicional, lo ha hecho solamente de la dimensión económica. Y el desarrollo económico comunitario, es una estrategia global, que en el ámbito de la organización incorpora la planificación estratégica, con la integración de objetivos sociales y económicos para la revitalización de una comunidad territorial determinada, barrio, distrito, municipio o comarca.
El desarrollo económico comunitario representa una nueva orientación
para el desarrollo local, que conjuga cuatro elementos:
* Una dimensión local: revalorización de los recursos locales dentro del
marco de una gestión asociada donde se comprometan los componentes
principales de la colectividad (movimiento asociativo, sector privado,
agentes sociales, ayuntamientos, gobierno y otras administraciones), una
gestión que anime también la aportación de los recursos en función de la
comunidad.
* Una dimensión social y política: revitalización económica y social de
un territorio (ocupación, vivienda, formación, salud, educación y
servicios sociales) y apropiación por parte de la población residente de
su futuro económico y social, impulsando organismos de democracia
participativa.
* Una dimensión económica: despliegue de actividades de producción y
venta de bienes y servicios, mediante el soporte al comercio, a las
industrias existentes, así como el soporte a la creación de nuevas
iniciativas empresariales, poniendo el acento en el desarrollo de las
iniciativas de economía social para proporcionar nuevos servicios a la
comunidad.
* Una dimensión comunitaria: la colectividad como punto de partida i
como punto de llegada, como un espacio del "vivir juntos", y la
asociación como modalidad de revitalización" (7).
A partir de estas premisas, los Planes articulan diversos niveles de
intervención - barrio, distrito, ciudad, comarca - para aprovechar las
sinergias que la intervención a cada nivel puede generar.
Desarrollan un proyecto global a través de programas de actuación en ámbitos diversos de acuerdo con el diagnóstico común, el diagnóstico comunitario: rehabilitación y mantenimiento de la vivienda pública, prevención y lucha contra las exclusiones, desarrollo económico local y de la ocupación (inserción, formación, acceso a las nuevas tecnologías),
coordinación y mejora de los servicios públicos (educación, sanidad, cultura), creación de servicios de proximidad y desarrollo social y cultural.
Estructurando así, un conjunto de intervenciones transversales a
corto y largo plazo, concertadas/partenariadas entre actores diversos en
un marco de planificación estratégica, que se orientan a la valoración
sostenible de los recursos comunitarios, con la voluntad explícita de
reconocer los recursos humanos de la comunidad como el elemento
determinante para la transformación de ésta y mejorar la calidad de
vida.
Los Planes quedan recogidos en el Contrato de Barrio o en el Contrato de
Ciudad (de acuerdo con el ámbito territorial de actuación), instrumento
jurídico que recoge los territorios específicos de actuación, el
diagnóstico común,
los objetivos, los programas a desarrollar, los parteneres, los
organismos técnicos y de participación, las fuentes de financiamiento y
los criterios de evaluación.
Los Planes de Desarrollo Económico Comunitario, responden a esta
renovada concepción del desarrollo comunitario, y son el instrumento a
través del cual los ciudadanos y ciudadanas,
las asociaciones, los agentes económicos y sociales, ayuntamientos,
gobierno y otras administraciones, ponen en marcha de forma concertada
políticas de desarrollo solidario y de revitalización urbana. Conjugando
cuatro dimensiones básicas: la económica, la social, la política y la
comunitaria.
Los PDEC se reconocen en la corriente que quiere que una parte del
movimiento asociativo pueda encontrar por sí misma, y con el soporte
institucional necesario, respuestas y alternativas al agotamiento de los
sistemas de regulación social tradicionales, a las cuestiones de la
exclusión social, del paro, a la participación democrática y a los
procesos de desestructuración de los territorios (8).
Corriente que existe en América del Norte, en los Estados Unidos con las
Community Development Corporations (Corporaciones de Desarrollo
Comunitario); en Quebec con las CDEC (Corporaciones de Desarrollo
Económico Comunitario).
Con diferencias, pero, avanzando en la misma dirección, la renovada
política de los Contrats de Ville en Francia, en la que el Estado solo
firmará en el futuro aquellos contratos en que las condiciones y los
mecanismos de participación de los ciudadanos queden claramente
definidas (9).
La propuesta catalana para el Desarrollo Económico Comunitario, se
estructura alrededor de algunos principios básicos.
En la medida que el DEC, es un proceso abierto a la incorporación de recursos humanos, asociativos, económicos, técnicos, etc., lo es también, con relación a los mismos principios o ejes básicos que actualmente configuran las estrategias de implementación.
Hoy trabajamos aplicando cinco principios básicos y el Contrato de
Barrio o Ciudad como pieza clave del proceso, pero, estamos convencidos
que la evaluación de los Planes, aportará en el futuro nuevos elementos
para incorporar a los principios que seguidamente pasamos a desarrollar.
Las comunidades territoriales
Construir una identidad territorial, es indispensable para crear una
conciencia colectiva, condición imprescindible en la que se fundamentan
todas las dinámicas sociales:
"Toda creación socioeconómica es causa, o ha de estar precedida,
imbricada de una manera de ser colectiva, en la que el aprendizaje está
unido a la territorialización de los individuos y grupos" (10).
Por su configuración, dimensión, estructuración y, sobre todo, por las
relaciones de proximidad con los ciudadanos, el barrio, distrito, pueblo
o comarca, nos lleva a la noción de comunidad geográfica, definida como
un territorio común con intereses socioeconómicos parecidos comunes y
con un sentido de pertenencia.
La concentración geográfica de la población en los barrios, distritos o
municipios de unas determinadas características, ofrece un espacio
específico para la identidad y una proximidad favorable para todo tipo
de actuación.
La presencia de organizaciones y de redes sociales diversas, es
el punto de partida para aprovechar las potencialidades presentes en los
territorios (individuales, asociativas, solidarias, económicas), y
transformarlas en oportunidades de desarrollo.
Los Planes de Desarrollo Económico Comunitario (PDEC), tienen como punto
de partida esta dimensión espacial, territorial, donde las
organizaciones se convierten en catalizadores que revalorizan las
energías personales y colectivas:
las capacidades de imaginación, la formulación de proyectos
colectivos, la solidaridad, la capacidad de iniciativa, la colaboración
asociativa y la creatividad. En definitiva, posibilitan la emergencia de
nuevas formas de producir y compartir la riqueza, de ejercer la
solidaridad, de estimular la participación ciudadana y de profundizar la
democracia.
La planificación estratégica
Para iniciar un proceso de DEC es necesario el diagnóstico común,
compartido por todos los actores, de las problemáticas económicas,
sociales y urbanas del territorio objeto de actuación.
El análisis de los puntos fuertes y los puntos débiles en un marco de
planificación estratégica, para garantizar, previo consenso, la
implementación de proyectos orientados a mejorar la calidad de vida de
los ciudadanos y ciudadanas, incorporándolos activa y participativamente
en el proceso de decisión y ejecución del Plan.
El grupo promotor de un PDEC, ha de incorporar el máximo número de
representantes de la comunidad, mediante una estrategia de partenariado
(mas adelante volveremos sobre esta cuestión básica). Tiene como primer
objetivo analizar la situación socioeconómica, estableciendo un
diagnóstico abierto sobre la base de una metodología de "
investigación-acción" (11).
Establecido el diagnóstico inicial, el grupo promotor elabora una
propuesta de desarrollo del barrio, distrito, municipio, etc., a largo
plazo.
Esta visión ha de incorporar los elementos económicos, políticos, sociales, culturales e institucionales.
Una vez definida esta perspectiva colectiva de desarrollo a largo
plazo, que concreta el objetivo global del Plan, es necesario establecer
los ejes estratégicos para llevar a término el objetivo global de
transformación, los programas de actuación, los resultados esperados,
los procedimientos, los actores que habrían de estar implicados en el
proceso, los recursos técnicos y económicos necesarios y los mecanismos
de evaluación de los resultados.
Este proceso de elaboración del diagnóstico, ha de ser entendido también
como un proceso básico, indispensable para el aprendizaje de la
cooperación, la concertación y el ejercicio del partenariado. Ya sea con
posibles colaboradores externos o entre los propios miembros promotores:
vecinos, asociaciones, entidades, ayuntamientos, gobierno, etc.
Así, el proceso de elaboración no solamente ha de posibilitar el
progreso en la comprensión de la realidad, ampliando la visión inicial
que se tiene de los problemas,
sino, que también ha de permitir a los responsables que tienen competencias y responsabilidades distintas, trabajar conjuntamente en la transformación de la realidad. Como ponen de manifiesto Tremblay y Fontaine:
" la elaboración del diagnóstico es un medio para iniciar una
cooperación entre actores y construir un partenariado real" (12). En
este sentido el proyecto resultante del diagnóstico, también ha de ser
marco de confluencia para el conjunto de las políticas públicas a nivel
del gobierno y de ayuntamientos.
En definitiva, el diagnóstico común, ha de ser un proyecto colectivo a
largo plazo, compartido por todos los parteneres y ha de posibilitar la
movilización de los ciudadanos y ciudadanas, así como de los recursos
necesarios para su realización.
Respuestas globales y transversalidad
Hasta ahora, sólo hemos hablado de desarrollo, de la necesidad de un
modelo de desarrollo, y no lo hemos hecho del paradigma en que se ha
convertido la palabra crecimiento. La diferencia entre ambas es
sustancial, no es simplemente un problema semántico. Crecimiento, es una
noción cuantitativa referida estrictamente al aumento de la producción,
sin mirar como se distribuyen:
la riqueza generada, el tipo y la calidad de los bienes y servicios
producidos, los desequilibrios territoriales, la calidad de vida y la
satisfacción de las necesidades sociales. Son estas nociones, a las que
precisamente quiere responder la noción de desarrollo, una noción a la
vez cuantitativa y cualitativa.
Esta respuesta global para el desarrollo del territorio, tiene su
significación en la organización y gestión del territorio. Organización
y gestión que ha de responder a un proyecto global, absolutamente ligado
a los objetivos de transformación económica, social y cultural de la
comunidad procedentes de los objetivos del Plan.
La organización del territorio ha de ser también, elemento
básico del proyecto común, movilizador, que dote de una personalidad
definida, de una identidad a cada barrio, distrito, municipio o comarca,
incorporando los criterios de centralidad, sostenibilidad y movilidad.
Adoptar esta visión del desarrollo, significa aplicar indicadores que
pueden ser agrupados en grandes categorías, tal como hace la OCDE:
la sanidad, la esperanza de vida, la educación, la
concentración y la distribución de la riqueza, la renta por habitante,
la diversidad de la estructura económica, las diferencias
socioeconómicas, la accesibilidad a servicios de calidad, el ocio, el
nivel de satisfacción de las necesidades básicas (alimentación, sanidad,
educación, etc.), la protección del medio ambiente, etc.
Así, para evaluar el nivel de desarrollo socioeconómico de una comarca,
de una ciudad, de un distrito o de un barrio en concreto, es
absolutamente necesario operar con las categorías anteriores para
acercarnos a la realidad y a los problemas existentes.
La noción de crecimiento económico es inoperante al respecto. Cuando hablamos de desarrollo económico comunitario, estamos refiriéndonos al conjunto de estos indicadores, que alcanzan la globalidad, es decir, que tienen en cuenta el conjunto de las realidades sociales, culturales y económicas de un territorio concreto.
En el proceso de construcción del diagnóstico común en los barrios en los que se implementa un Plan, constatamos que muchos de estos territorios sufren de un "mal desarrollo".
Cuando se habla de que los procesos de exclusión tienen un
origen multifactorial, consciente o inconscientemente, nos estamos
refiriendo a las consecuencias que sobre las personas tiene, un
desarrollo insuficiente de los territorios.
La exclusión se define como una pérdida progresiva de la autonomía de
las personas para conseguir los recursos necesarios (educativos,
económicos, sanitarios, formativos, etc.) para desarrollarse e
integrarse en la comunidad donde viven.
Los derechos a la salud, a la vivienda, a la seguridad, a la
educación y al trabajo, son considerados derechos universales para todos
los ciudadanos y ciudadanas, pero las desigualdades territoriales hacen
que estos derechos muchas veces sean un enunciado formal sin contenido.
Prevenir y luchar contra las exclusiones, hace del todo necesaria la
coordinación de las intervenciones de las administraciones públicas y de
la sociedad civil, para impulsar la revitalización del territorio en
entorno a un proyecto común, que enlace transversalmente los diversos
ámbitos:
social, económico y urbano, en el marco del Plan. Establecer la transversalidad de las políticas sociales: sanidad, educación, vivienda, formación, deportes, cultura, asistencia, seguridad ciudadana y de ocio.
Es decir, una coordinación eficaz de todos los servicios
públicos de un territorio con una perspectiva de intervención a largo
plazo, fruto del diagnóstico común, para asegurar el impacto del
conjunto de las intervenciones, evitando la proliferación de las medidas
puntuales, descoordinadas y faltas de toda perspectiva.
El desarrollo y la reactivación económica del territorio, ha de ser el
objetivo de los procesos de revitalización de los barrios. Ha de
apoyarse en una estrategia de sostenibilidad que genere rentas y flujos
económicos positivos, con la creación de servicios de proximidad y los
nuevos yacimientos de empleo.
El desarrollo del Tercer Sector: las iniciativas de economía social y solidaria, las empresas de inserción y las iniciativas para aumentar la empleabilidad, se configuran como las herramientas básicas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas de estos territorios, situando el empleo y la inserción sociolaboral como ejes de los procesos revitalizadores del territorio.
También en este ámbito la coordinación transversal, en el marco
del Plan, de los dispositivos de promoción económica y ocupacional, es
una condición indispensable.
En definitiva, la concepción del territorio como un todo, como un
conjunto de elementos que se condicionan e interactuan mutuamente, hace
necesaria una respuesta global ligada al concepto de desarrollo, para
incidir en las causas que provocan los desequilibrios y exclusiones.
Respuesta que ha de nacer de un diagnóstico colectivo, ha de
encardinarse en un marco de planificación estratégica a corto y largo
plazo y ha de hacer de la transversalidad un criterio de eficacia y de
eficiencia imprescindible.
Nueva economía social y ocupación
La reactivación económica y la ocupación, son ejes prioritarios de las
políticas de desarrollo del territorio y en la lucha contra los procesos
de exclusión.
Han de apoyarse en una estrategia de sostenibilidad a largo
plazo que genere puestos de trabajo, así, como rentas y flujos
económicos favorables con la finalidad de fortalecer la comunidad a
medio y largo plazo.
Las actuaciones han de orientarse a mantener las actividades existentes
y a desarrollar de nuevas, priorizando el eje de la economía social,
para ofertar nuevos servicios que posibiliten mejorar la calidad de vida
de los vecinos.
Es necesario impulsar y proponer medidas, que puedan desencadenar la
máxima actividad económica, incrementen la actividad de los barrios para
i por los propios vecinos, mediante la oferta de servicios y
actividades, generando así una dinámica de vida en el barrio. Que
impulsen elementos de atracción para la gente de otros barrios y,
finalmente, proporcionen autoocupación entre las personas emprendedoras
del propio territorio.
Esta dinámica ha de apoyarse con la creación de Agencias de Desarrollo
Económico Comunitario, entre cuyas funciones estará el asesoramiento y
apoyo a la creación de nuevas actividades económicas en el barrio i/o
distrito, prestando especial atención a los servicios de proximidad y el
pequeño comercio, ofreciendo acciones del tipo de:
* Promoción de las asociaciones de comerciantes
* Formación y reciclaje para los trabajadores del comercio
* Ayuda a la rehabilitación de locales comerciales
* Soporte a la tramitación de ayudas de otras administraciones
* Fomento de la instalación de nuevas actividades en zonas determinadas de los barrios.
* Oferta de locales para pequeños talleres y artesanos.
Incentivando fiscalmente estas iniciativas, mediante la creación de
zonas francas, en las zonas objeto de actuación, para la creación de
nuevos establecimientos comerciales y pequeña industria, y también para
el mantenimiento de las actividades comerciales existentes.
La economía social no es una realidad nueva.
A veces bajo este nombre y a veces bajo otro, formas que varían
a través de la historia, ha de volver a aparecer en diferentes épocas, a
menudo en periodos de crisis, para responder a necesidades no
satisfechas por los servicios públicos o el sector privado tradicional.
Hoy, el desarrollo de empresas de economía social corresponde a una
nueva estrategia de intervención en materia de ocupación y de desarrollo
social.
Estas empresas de economía social, surgidas de la capacidad
emprendedora colectiva, producen bienes y servicios, pueden ser viables
financieramente y generan puestos de trabajo de calidad. Contemplan en
sus estatutos un proceso de decisión democrática, son gestionadas con
una finalidad de servicio a sus miembros o a la responsabilidad
individual y colectiva.
Si bien toda economía es social, solo las iniciativas económicas, dichas
de economía social, reconocen explícitamente la dimensión social de la
economía, rompen el círculo viciosa keynesiano: la economía para las
empresas, lo social para el Estado.
En las empresas de economía social, la dimensión económica, se remite a la producción de bienes o servicios y contribuye a un aumento de la riqueza colectiva; y la dimensión social se refiere a la rentabilidad social y no simplemente económica de estas actividades.
Esta rentabilidad se evalúa por la contribución al desarrollo democrático, por el soporte de una ciudadanía activa, por la promoción de los valores y de iniciativas de responsabilidad individual y colectiva.
La rentabilidad social contribuye, por tanto, a la mejora de la
calidad de vida y del bienestar de la población, especialmente a través
de la oferta de un mayor número de servicios.
De acuerdo con las características en que hoy se configuran las
iniciativas de economía social en Catalunya, en el Estado español y en
el ámbito internacional (cooperativas, fundaciones, sociedades
laborales, mutuas, organizaciones no lucrativas, etc.) (13) podemos
definir la economía social a partir de los principios y reglas de
funcionamiento siguientes:
* El bien común: el organismo de economía social tiene como finalidad
producir bienes y servicios para sus miembros o para la colectividad.
* La autonomía de gestión: integran en sus estatutos y sus formas de hacer un proceso de decisión democrática que implica usuarios y usuarias, trabajadores y trabajadoras.
* La primacía de la persona: las personas y el trabajo están por encima del capital en el reparto de sus excedentes y de sus rentas.
* El principio de participación: basan sus actividades en el
principio de la participación y de la responsabilidad individual y
colectiva.
Frente al paro de larga duración y de la exclusión, se hace necesario
explorar todos los caminos para sustentar y estimular la inserción y la
ocupación. La economía social, en crear puestos de trabajo estables y de
calidad, y en producir bienes y servicios de utilidad colectiva, se
configura como una alternativa imprescindible en el marco de los PDEC.
El gobierno cree que la expansión de la economía social está estrechamente ligada al desarrollo económico comunitario, ya que aprovecha las fuerzas y recursos del medio.
Es por esta razón, que la política de soporte al desarrollo económico
comunitario ha de contribuir al desarrollo de este sector de actividades
económicas, manteniendo su sentido e implicando en este proceso a los
ciudadanos, al tejido asociativo, a todos los agentes económicos y
sociales y a la resta de administraciones.
Así, el gobierno de Catalunya, en el proceso de universalización de los
Planes de Desarrollo Económico Comunitario, y en la aplicación de las
medidas contempladas en el "Pacto para la ocupación en Catalunya"
debería fomentar las medidas legislativas y fiscales necesarias para el
desarrollo y consolidación de las empresas de economía social.
En esta perspectiva, una herramienta muy importante es la aplicación en
la contratación pública de las cláusulas sociales obligatorias, que
posibilita y abre la puerta a la inserción por la ocupación de los
colectivos más desfavorecidos de los barrios y que a bien seguro, se
convertirá en un elemento básico de revitalización de los mismos.
Esta opción se está aplicando desde hace 3 años, conjuntamente entre
el Departamento de Bienestar Social y el Departamento de Trabajo,
mediante el programa de inserción sociolaboral "Posa't a Punt" y que,
por Acuerdo del gobierno de la Generalitat de fecha 26 de mayo de 1998,
debería extenderse al resto de los departamentos del gobierno.
Con otras palabras, la promoción de los ciudadanos y ciudadanas de una
comunidad y el aumento de su nivel de vida, no se puede tratar solo con
medidas tradicionales (formación ocupacional, planes de ocupación,
módulos de orientación, etc.)
Es necesario desencadenar actuaciones vinculadas a otros ejes,
impulsando la inserción sociolaboral de las personas, incrementando el
grado de ocupabilidad mediante las empresas de inserción, promoviendo la
igualdad de oportunidades para las mujeres y generando de forma directa
puestos de trabajo mediante iniciativas de economía social i solidaria,
que contribuyan a la mejora física y comunitaria del barrio, elevando y
complementando los niveles de renta de las personas y reforzando los
recursos existentes.
Para conseguir estos objetivos, además de la aplicación de las cláusulas
sociales en la contratación pública, del desarrollo de los servicios de
proximidad y los nuevos yacimientos de ocupación, del apoyo a las
iniciativas de economía social y de las empresas de inserción, será
necesario y como medidas de choque, la articulación de medidas
financieras, fondos para el desarrollo.
Estos Fondos aportará recursos salariales y financieros, con carácter
excepcional para los participantes, siendo sobre todo un dispositivo de
colaboración socioinstitucional para la inserción (instituciones
públicas, asociaciones) con el objetivo común de mejorar la vida
comunitaria y la ocupación conjuntamente.
El partenariado público-privado
Impulsar una dinámica colectiva en las comunidades territoriales, es uno
de los objetivos básicos de las estrategias de desarrollo económico y
social comunitario.
En este sentido, el partenariado como estrategia de intervención para promover estas dinámicas, ha estado presente en numerosas experiencias, tanto en América del Norte (EE.UU.), Canadá (Quebec).
Dichas actuaciones se han estructurado principalmente alrededor de
proyectos económicos y marginalmente en proyectos sociales; como en la
UE, en que ha vertebrado un número importante de proyectos sociales y de
forma especial al III Programa Europeo de Lucha contra la Pobreza y la
Exclusión, en que el partenariado se incorpora como un principio básico
del programa.
Pero, a pesar de la aplicación en ámbitos y proyectos diferentes, la
definición del partenariado es muy común a ambos lados del Atlántico.
Stratton, hace una definición de la concepción americana del
partenariado: "El partenariado hace referencia a la colaboración entre
los agentes económicos, las organizaciones sin ánimo de lucro y las
administraciones públicas.
El riesgo, los recursos y las capacidades son puestos en común y compartidos en el marco de proyectos que son beneficiosos para cada partener y, de forma más general, para el conjunto de la colectividad " (14).
Y la concepción europea del partenariado, podemos encontrarla en la definición hecha por dos personas que participaron activamente en el programa Pobreza III. En primer lugar, la de Odile Quintin directora europea del mencionado programa:
"El partenariado implica una corresponsabilidad, de los actores afectados, por el éxito del conjunto de la acción que se lleva a cabo y supone que estos actores sean capaces de definir, más allá de sus intereses respectivos, incluso de sus divergencias,
una estrategia común y consensuada" (15), y la de Jordi Estivill, en un excelente trabajo sobre el partenariado social en Europa": "Una primera definición general y acumulativa del partenariado podría ser:
"aquel proceso por el que dos o más agentes de naturaleza
distinta y sin que pierdan su especificidad, se ponen de acuerdo para
realizar algo en un tiempo determinado, que es más que la suma de ellos,
o que cada uno sólo no podrían hacer o que es distinto de lo que ya
hacen, implicando riesgos y beneficios que comparten" (16).
Esta concepción del partenariado como estrategia de intervención, es un
elemento esencial de los Planes de Desarrollo Económico Comunitario.
Entendido en primer lugar como un reconocimiento de la responsabilidad de todos los actores, instituciones y sociedad civil, en el refuerzo de la cohesión social, en la lucha contra la precariedad y la exclusión.
En segundo lugar, como la herramienta que hace posible superar
los mecanismos tradicionales de las políticas sociales, evitando su
compartimentación, en su paternalismo y su lentitud. En tercer lugar,
posibilita la expresión de las nuevas necesidades y demandas emergentes,
así como nuevas formas de actuación en el campo económico y social.
En cuarto lugar, el partenariado entendido como un conjunto de los
diferentes actores (públicos y privados), de ámbitos diversos (social,
económico, político), de todos los sectores (educativo, sanitario,
vivienda, cultural) en el marco que definen los PDEC de cada territorio.
Un partenariado que garantiza la transversalidad de las acciones en el
territorio y que facilita la implicación y la participación de los
ciudadanos y ciudadanas como sujetos, no objetos, de las políticas
sociales.
El partenariado entendido como garantía de participación democrática,
entendida ésta, como el acceso real de los ciudadanos en plan de
igualdad con las administraciones, a los procesos de toma de decisiones.
En definitiva, la participación de los ciudadanos en la determinación
de las políticas sociales, económicas y urbanas que son necesarias para
mejorar la calidad de vida de sus barrios y ciudades.
Para hacer real esta estrategia de consenso y de concertación al entorno
del diagnóstico común es necesario que cada plan DEC se dote de dos
estructuras organizativas:
Asociación comunitaria: el análisis del Plan del Casc Antic y el de
Trinitat Nova, de la ciudad de Barcelona, así como el de la ciudad de A
Corunya (17), apuntan a la necesidad de que los PDEC estructuren formas
asociativas que faciliten estructuras permanentes de partenariado y
modifiquen las relaciones de partida existentes entre los diversos
protagonistas, garantizando a su vez la independencia de las
administraciones.
Estas experiencias, que empiezan a cristalizar, toman la forma de
asociaciones comunitarias, es decir, asociaciones de asociaciones,
conocidas también como asociaciones de segundo nivel.
Estas asociaciones de segundo nivel, apuntan las siguientes
características:
* Los componentes de las asociaciones comunitarias son representantes de
todas y cada una de las asociaciones existentes en el territorio del
Plan (de vecinos, sociales, culturales, apas, deportivas, etc.).
Posibilita también, la participación de aquellos ciudadanos o ciudadanas
que quieren participar a título individual, sin representar a ningún
grupo o colectivo.
* La asociación tiene una única finalidad: conseguir los objetivos del Plan de Desarrollo Económico y Social Comunitario, consensuados en el diagnóstico común y de acuerdo con las prioridades fijadas en este. Diagnóstico que a su vez tiene como objetivo global mejorar la calidad de vida de la población de la comunidad, con la participación activa y consciente de ésta.
* La asociación no sustituye el papel y la acción de las diversas organizaciones que la integran, bien al contrario, trabaja con una metodología activa para potenciar su fortalecimiento y crecimiento en los ámbitos que le son específicos de actuación a cada una. La asociación no es una entidad de servicios a los ciudadanos.
* La asociación trabaja para conseguir una coordinación autónoma de los servicios existentes y en situaciones puntuales puede integrar las actividades y prestaciones de éstos como actividades complementarias y siempre de acuerdo con los servicios implicados. La asociación se convierte el ente promotor del Plan.
* La asociación ha de desarrollar una actividad constante de información a los ciudadanos y ciudadanas del territorio, en lo referente a actividades, finalidades, presupuestos, gastos, etc. ...
* La asociación ha de desarrollar una actividad constante de información a los ciudadanos y ciudadanas del territorio, en lo referente a actividades, finalidades, presupuestos, gastos, etc. ...
* La asociación ha de tomar forma jurídica y ser una auténtica
representación de los ciudadanos y ciudadanas del territorio.
El Equipo Técnico Comunitario
El equipo comunitario es el principal recurso técnico del Plan. Es un
equipo estable y pluridisciplinar de profesionales procedentes de las
administraciones (ayuntamiento y gobierno) y de las asociaciones de la
comunidad.
Es una estructura partenarial, que tiene como objetivo desarrollar la
filosofía y la metodología del Plan de acuerdo con los resultados del
diagnóstico común.
De acuerdo con la metodología de los Planes han de asegurar el
funcionamiento de tres grandes áreas básicas:
* Área de organización comunitaria: es el trabajo dedicado a la
organización de los recursos (públicos, privados y voluntarios) para que
estos orienten una parte de su trabajo y prestaciones al Plan, para
mejorar la eficiencia de los recursos, proporcionar un mejor servicio y
resolver positivamente los problemas de la comunidad.
Este trabajo se concreta fundamentalmente en una tarea de coordinación, programación y planificación.
* Area de desarrollo comunitario: es el trabajo dirigido a potenciar
y desarrollar el tejido social de la comunidad y pasa por el apoyo y
soporte a los grupos y asociaciones existentes para que puedan seguir
desarrollando sus funciones y finalidades. Fomentar el nacimiento de
nuevos grupos y asociaciones que vertebren el territorio favoreciendo
los procesos de participación en el Plan y en todas las actuaciones
comunitarias que se desarrollen en el barrio.
* Área de desarrollo económico y ocupación.
* Área de conocimiento y estudio: un plan comunitario no puede desarrollarse sin el conocimiento (lo mas científicamente posible) de la comunidad, de sus problemas y de las posibles soluciones. Por esto, es necesario realizar estudios, facilitar el conocimiento de los problemas, etc., a todos los protagonistas del Plan y de la comunidad. En esta área es fundamental "escuchar y dialogar con la comunidad" como fuente importante de conocimiento.
Una de las finalidades específicas de esta área es la realización e impulso del proceso de diagnóstico común de las prioridades que de éste se desprenden.
* Área de información: la función informativa es básica. Ésta ha de
desarrollar tres aspectos o momentos: información dirigida a los
componentes del Plan, entendido éste como organización; información
dirigida al conjunto de la comunidad; información dirigida al exterior:
administraciones, otros servicios, otras experiencias, centros de
estudio, congresos, medios de comunicación, etc.
* Área de documentación del proceso comunitario: documentar el p
roceso (actividades, programas, reuniones, intercambios, contactos,
etc.) es fundamental para la información, para la transferencia de
experiencias y para la evaluación del trabajo comunitario y de su
incidencia en el proceso del Plan.
Hacia un nuevo contrato social
Al describir los factores que han originado la crisis del modelo
socioeconómico, también hemos hecho mención a la ruptura del consenso
social alrededor del cual se había estructurado el Estado de bienestar.
La recomposición del consenso es premisa indispensable, para
garantizar la permanencia de los aspectos básicos del modelo social
europeo, y desarrollar nuevas políticas sociales activas que den
respuesta a las nuevas necesidades desde una perspectiva no
asistencialista, en el marco de este nuevo contrato social global.
En el mismo sentido se expresa el Presidente de la Generalitat: "El
nuevo contrato social ha de ser global.
No se puede centrar únicamente en las relaciones económicas y
sociales en el sentido clásico de la palabra. También debe figurar, ha
de referirse a la participación ciudadana, ha de referirse a la sociedad
civil y a su papel" (18).
Pero también somos conscientes, que para mantener el modelo social
europeo en el futuro, no es suficiente dejarlo todo en manos de las
administraciones.
Como dice la Comisión de sabios: "Es necesaria la participación de las entidades públicas y privadas, sociales y mercantiles presentes en los territorios, es necesaria la participación de las asociaciones y de los grupos de vecinos, es necesaria, en definitiva, la participación real de los ciudadanos".
La profundización de la democracia se configura como la condición indispensable para establecer este proceso de renovación y generar en los barrios y ciudades procesos de desarrollo sostenible y responsable.
Dos conceptos son inherentes a la noción del desarrollo
sostenible y responsable: el concepto de necesidad, y más
específicamente, de las necesidades básicas de los ciudadanos y
ciudadanas; y el de compatibilidad, el hacer compatible la satisfacción
de estas necesidades básicas con la preservación del medio ambiente.
En esta perspectiva, se sitúan los Contrato de Barrio y de Ciudad en la
medida que posibilitan la institucionalización de los planes de
Desarrollo Económico Comunitario, de estas nuevas relaciones de
partenariado y concertación, de corresponsabilidad y de democracia
participativa.
Los contratos de Barrio y el Contrato de Ciudad
El contrato de Barrio o Ciudad es un documento político y un documento
jurídico.
Como documento político, el Contrato de Barrio recoge los objetivos
definidos en el diagnóstico común y las actuaciones acordadas, que será
el eje de trabajo de todas las entidades e instituciones participantes,
para iniciar los procesos de desarrollo del territorio.
* Es la carta de referencia hacia el ciudadano y la sociedad en general.
* Es el depositario de las acciones y compromisos adquiridos en el Plan de Desarrollo Económico Comunitario y da fe pública.
* Es un referente de trabajo para los técnicos, políticos, entidades, organismos, agentes económicos y sociales y ciudadanos participantes.
* El contrato articula de forma coherente las políticas sectoriales de todas las administraciones firmantes. Ha de garantizar la descentralización, la subsidiariedad y la transversalidad de las políticas sectoriales en los territorios de actuación.
* El contrato es también una herramienta de evaluación y de control
democrático.
Como documento jurídico, los Contratos de Barrio o Contratos de Ciudad,
son los marcos jurídicos donde quedan determinadas las políticas
sociales, económicas y urbanas a desarrollar para la transformación del
territorio objeto de actuación.
* El contrato, en tanto que instrumento jurídico de carácter contractual, obliga a todas las partes al cumplimiento de los acuerdos firmados.
* El contrato de barrio es un documento administrativo con valor social
* El Contrato de Barrio o el Contrato de Ciudad es el instrumento
básico del proyecto común de revitalización y de participación
democrática de un territorio determinado.
Es cierto que las políticas del desarrollo económico comunitario no
aportan todas las soluciones por sí solas, pero la propuesta de
desarrollo que representan e institucionalizan los Contratos de Barrio y
el Contrato de Ciudad, es indispensable para avanzar en la renovación
del Estado de bienestar, por la redefinición del su rol, sus funciones,
para una más amplia socialización de los problemas y una profundización
de la democracia.
En este sentido, el desarrollo económico comunitario, avanza la idea de
la corresponsabilidad y de la implicación colectiva para dar respuestas
a los problemas sociales, impulsa el desarrollo del tercer sector, como
pieza básica para generar nuevos servicios (aspecto que abordaremos en
un próximo articulo), y garantiza el desarrollo equilibrado del
territorio.
Se configura -así lo ponen de manifiesto las diversas experiencias
que se están desarrollando en numerosos barrios de Catalunya- como una
propuesta participativa, partenarial, para el necesario desarrollo
sostenible y responsable de nuestros barrios y ciudades.
Josep Maria Violant i Nicolau, Jordi Turull i Negre y Miquel Puig i Vargas - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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