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No aceptamos la tesis de los pesimistas y conservadores que piensan que no se pueden mejorar nuestros servicios públicos y que destinar más recursos equivaldría a llenar un pozo sin fondo.
Lo que proponen son servicios privados para aquellos que pueden permitírselo y servicios públicos económicos (una seguridad simbólica) para los pobres y acabar con la cobertura de que disponen los funcionarios. Es un porvenir sombrío, en el que la fractura entre ricos y pobres se agudiza porque las clases medias dejan de utilizar sistemáticamente el servicio público.
Este es el escenario de un Estado de mínimos en que una parte cada
vez menor del producto nacional se destinaría al servicio público.
Por eso dedican tanto tiempo a descalificar la reforma, negándose a
reconocer los progresos conseguidos, dispuestos a todo para minar la
moral de aquellos que trabajan por este objetivo y de aquellos que los
utilizan.
Lo que persiguen es terminar con la noción del servicio público
accesible a todos, financiado por los impuestos y basado en la necesidad
y no por el poder adquisitivo.
Rechazamos también la opinión -a veces defendida por la izquierda- según
la cual el papel de un gobierno laborista se reduce a inyectar más
dinero y a contentarse con defender los servicios existentes, sin
ampliar las opciones ni las responsabilidades.
No lo admitirán nunca, pero comparten con la derecha la visión pesimista
de que los servicios públicos no son capaces de satisfacer plenamente
las necesidades de los ciudadanos. Creen que la mejor manera de defender
a los funcionarios y de garantizar su futuro es preservar el status quo
y oponerse a la reforma.
Preconizan un aumento del gasto público para remediar las
carencias más evidentes, pero sin cambiar nada en las estructuras que
han quedado desfasadas.
Por el contrario, en el nuevo partido laborista confiamos en nuestros
servicios públicos y en nuestros funcionarios. Nuestra visión es la de
un servicio sólido, que permita progresar a la justicia social en una
economía de mercado dinámica, porque invierte en el talento de cada uno
y no únicamente en las élites.
La posibilidad de escoger
La posibilidad de escoger es un principio básico de nuestro programa.
Hay que ampliarla, no solamente entre prestadores de servicios públicos,
sino también en el interior de cada servicio.
Allá donde es posible, poder escoger, mejora la calidad del servicio
que se presta a los más pobres y ayuda a luchar contra las
desigualdades, al mismo tiempo que refuerza los vínculos de las clases
medias con el servicio colectivo.
En el campo de la educación, esto significa tener la posibilidad de
escoger entre distintos centros, a fin de que, siempre que sea posible,
los padres puedan optar por el que responda plenamente a las necesidades
de sus hijos.
Con seguridad será el que se encuentre más cercano o a veces estará
un poco más lejos, pero sin duda será el que tendrá un mejor nivel o un
proyecto educativo concreto.
Así pues es necesario que vayan en aumento los centros escolares capaces
de despertar el interés de los padres y que de este modo motiven y
ayuden a mejorar a aquellos otros centros que obtienen peores
resultados.
Se necesita fomentar aún más la posibilidad de escoger el funcionamiento
de los centros escolares, en concreto, cuando se llega al final del
ciclo de secundaria, que es el momento en el que el talento y las
aspiraciones de los alumnos divergen.
Se necesita para ello, una programación escolar que prevea
mejores accesos hacia las ramas profesionales.
En el campo de la sanidad, se hace imperioso aumentar las posibilidades
de escoger tanto en los servicios, como dentro de los servicios. Las
maneras de acceder al sistema están cada vez más saturadas y si queremos
mejorar el Servicio Nacional de la Salud (SNS)
-consultas nocturnas y los fines de semana, consultas sin cita
previa, servicios de urgencias con más prestaciones, capaces de atender
con rapidez- hay que ampliar la posibilidad de elección entre los
usuarios del SNS, y así poder responder a las necesidades de cada uno y
respetar los plazos de espera garantizados en cirugía, cuando los
servicios del centro hospitalario que le correspondan no puedan hacerse
cargo.
Mejores prestaciones para la mayoría
Todas estas políticas abren la posibilidad de ofrecer mejores
prestaciones para la gran mayoría y no sólo para esa minoría que posee
los medios de salir del sistema público y pagar la educación, la
operación o el seguro privado que más le convenga.
Ampliar las posibilidades de escoger significa también nuevas formas de
participación del SNS con los sectores privado y asociativo.
Pensamos intensificar este proceso, por ejemplo, nos gustaría establecer convenios con más hospitales privados, prestaciones en el extranjero y con responsables de los establecimientos privados que proporcionen servicios financiados por el Estado y que lo hagan dentro de un marco nacional que garantice el acceso a todos.
Se trata de satisfacer las necesidades y de respetar los
derechos a la prestación, independientemente de la capacidad económica
del usuario.
¿Cómo fomentar que los profesionales consideren al usuario el centro de
sus preocupaciones, que respondan a las demandas individuales y a menudo
excesivas de los más vehementes, preservando a la vez la filosofía que
da el carácter específico de nuestro servicio público?
De una manera general, la noción de servicio público engloba como
cualidades fundamentales lealtad, altruismo, abnegación, compenetración
con los usuarios y sentimiento de orgullo.
Es esto lo que estimula a una enfermera a quedarse hasta muy tarde al
lado de un paciente que va mal. Es lo que hace también que un profesor
trate, año tras año, de mejorar las posibilidades de un alumno con
dificultades.
Nuevos métodos de financiación
El servicio público no será nunca un “servicio al cliente” como lo son
otros. Demasiado a menudo el gobierno y los responsables del sector
público consideran que la dedicación de los funcionarios es evidente.
En los años 1960 y 1970 y a causa de la rápida expansión de los servicios públicos, se hizo difícil aplicar esta filosofía en todas partes. Si bien para muchos la función pública ha perdido su atractivo, pienso que es necesario reformarla, a fin que los que la ejercen puedan desarrollarla mejor y, a la vez, hacer frente a las presiones que pesan sobre ellos.
Esto significa una mejor remuneración y mejores condiciones de
trabajo. Estos dos últimos años y por primera vez en veinte años, los
salarios públicos crecieron más que los privados.
Vamos también a adoptar nuevos métodos para financiar la renovación de
edificios y equipamientos del sector público. Una gran parte de la
inversión del gobierno laborista en el servicio público pasa por obtener
créditos directos del Estado. La participación del sector privado a
través del partenariado público-privado es una solución que permitirá
completar -no reemplazar- la inversión del Estado, contrariamente a lo
que ocurría bajo el gobierno conservador.
La participación de cada asociado debe valorarse en función a los
servicios que presta. Colaborar con el sector privado no es un dogma en
sí y no lo será jamás.
Esta es la razón por la que la legitimidad de este tipo de colaboración está ampliamente reconocida y aceptada por la izquierda progresista. Procediendo a través de licitaciones, esta colaboración puede mejorar la rentabilidad y la innovación del servicio público.
Es justo que a los organismos públicos se les incite a licitar
contratos de gestión, como está previsto para los centros educativos y
los hospitales que van mal, pero sería un error excluir el sector
privado si tenemos la voluntad de innovar y progresar.
La inversión privada
La colaboración público-privada no es ya una forma de privatización
encubierta como nuestros detractores pretenden.
O la mayor parte del activo permanece en manos del sector público, o se
le restituye al final: el gobierno no “vende” los hospitales o las
escuelas.
El sector público continua definiendo los equipamientos que quiere,
fijando y controlando las normas de calidad. Conserva igualmente el
derecho a intervenir -si llegase el caso- para garantizar la igualdad de
acceso a los servicios. De este modo escogeremos siempre la oferta que
tenga mejor calidad y que sea más ventajosa.
Es únicamente respondiendo a este desafío imperioso de revitalizar
nuestro servicio público que podremos consolidar los valores históricos
de nuestro partido. Un servicio público sólido ha sido siempre el
objetivo del New Labour, le ha insuflado ambición y alimentado el
optimismo necesario para trabajar por la Gran Bretaña del sXXI.
Flaquear en nuestra misión de reforma sería traicionar los éxitos del
pasado y traicionar también nuestros valores. La reforma es el camino
más seguro hacia la justicia social.
Tony Blair - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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