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Desde la diversidad, ahora y en el futuro, la ciudadanía debe poder
construir una Europa que no sea unión de esfuerzos y de sensibilidades
diferentes y, por tanto, también una Europa que sepa ganarse la adeshión
de todos y que mire el mundo sin exclusiones.
Gestionar la complejidad supone dar prioridad a la respuesta flexible en
la resolución de los problemas de los ciudadanos y ciudadanas.
La complejidad de Europa, por mucho que requiera redoblar la labor, debe ser un elemento presente en la construcción de su unidad. Solo permitiendo que cada uno puede aproximarse a la Unión desde su propia visión de las cosas o idiosincrasia, conseguiremos dar solidez al conjunto.
Cualquier modelo que banalice la diferencia abocará amplios segmentos de la ciudadanía a la apatía o a las actitudes de rechazo abierto. La eficacia y el buen gobierno no son contrarios al mantenimiento de una complejidad que se extiende a todos los ámbitos de la vida ciudadana. Para hacerlos compatibles, es necesario definir un entramado flexible de relaciones entre poderes públicos y entre estos y la ciudadanía.
Esto pasa por actuar en cuatro grandes frentes: Redistribuir las
competencias entre los diferentes niveles de poder; refundar el marco
institucional de la Unión; definir un modelo social, político y
cultural; vincular los valores europeos a las formas emergentes de
gobierno mundial.
Es desde estas directrices que la construcción europea requiere una
amplia reflexión en el presente, para establecer los objetivos y
asegurar el impulso. La cimera de Niza, en diciembre de 2000, no
satisfizo las expectativas en el más urgente de los pasos a dar:
simplificar las instituciones de la Unión y los mecanismos de toma de
decisiones para acoger nuevos Estados miembros.
Se impuso un acuerdo de mínimos que no contempla más que el
corto plazo. Es necesario, en cambio, insistir en la necesidad de una
reforma en profundidad de unos nuevos principios, con un horizonte
temporal y una finalidad claros.
Más voz para los ciudadanos
Europa se debe construir contando con su ciudadanía. La política europea
todavía pasa inadvertida con demasiada frecuencia a muchos ciudadanos.
Esto refleja el hecho de que una parte importante de la población no
vincula la actuación de las instituciones comunitarias con la resolución
de sus problemas más inmediatos.
De esta manera, sin una comunicación adecuada, el
engrandecimiento del ámbito competencial comunitario no hace más que
aumentar la sensación de vulnerabilidad y desconfianza de los
ciudadanos. Es necesario construir una política de proximidad a partir
de:
* Hacer un esfuerzo para transmitir a la opinión pública los procesos y
objetivos de la Unión, evitando el exceso de estandarización y
burocratización en la imagen pública de las instituciones comunitarias y
huyendo de la imagen de rigidez institucional o corporativa.
* Confiar al voto ciudadano la composición de los órganos de gobierno de
la Unión: además del Parlamento Europeo, el Presidente de la Comisión
Europea debe de ser escogido por sufragio universal directo. De esta
manera, daremos un gran paso en la superación del "déficit democrático"
de la Unión.
* Codificar de manera definitiva los derechos exigibles por parte de
todos los ciudadanos. Se debe dotar de carácter vinculante la Carta de
los Derechos Fundamentales de la Unión, proclamada solemnemente en Niza,
por medio de incluirla en un texto constitucional que abarque también el
resto de aspectos organizativos de la Unión.
* Promover marcos de iniciativa ciudadana y encuentro entre ciudadanos,
especialmente en los ámbitos que favorecen la identidad europea y la
cohesión social de la Unión.
Ceder la iniciativa al ámbito local
Las entidades locales tienen forma y competencias variables alrededor de
Europa y, en este sentido, son el mejor reflejo de la diversidad del
continente. Por el hecho de tratarse de la instancia más cercana a los
ciudadanos y ciudadanas, también es el ámbito que mejor reúne los
esfuerzos y sensibilidades de estos.
Los municipios son capaces de proporcionar respuestas flexibles,
adecuadas a los problemas específicos de cada caso. Por tanto, tienen
que estar estrechamente asociados a aquellas políticas de la Unión
Europea que velan por los ciudadanos. Estas políticas deben estar
destinadas a:
* Crear una red europea que asegure el equilibrio territorial y la
cooperación entre entes locales a escala continental, sin intermediación
de otros niveles de gobierno
* Asegurar la sostenibilidad del entorno, a partir de la financiación de
actuaciones basadas en el conocimiento directo del medio natural local.
* Responder a los fenómenos migratorios con actuaciones que palien
posibles efectos desestabilizadores en la comunidad autóctona y
favorezcan la integración.
* Explorar soluciones específicas al paro, que pongan en relación las
sinergias y potencialidades locales con los déficit existentes.
* Desarrollar estrategias económicas que aumenten la competitividad por
medio de la especialización en aquello que los ámbitos locales mejor
pueden ofrecer.
Las regiones, piezas clave de la nueva arquitectura europea
Las regiones han adquirido un protagonismo creciente en la cooperación
económica y cultural en Europa. Hoy en día son ya elementos
indispensables en la construcción europea, ya que son un factor de
comunicación transestatal y contribuyen a acomodar las diferentes
identidades en el marco político continental. Por esto es necesario:
* Otorgar voz propia a las regiones en las instituciones de la Unión a
partir de la conferencia intergubernamental que se celebrará en Berlín
el 2004.
* Animar a las regiones a establecer entre ellas aquellos lazos que
tengan más incidencia colectiva.
* Impulsar un debate abierto, innovador y permanente sobre la Europa de
las Regiones, poniendo el acento sobre los beneficios de la cooperación
económica regional y las posibilidades de las identidades regionales
para la cohesión.
Reforzar la dimensión cívica y plural de los Estados
Los Estados miembros de la Unión podrán afrontar los múltiples retos del
futuro si avanzan a un nuevo vínculo de tipo federal.
Ante la necesidad de adaptarse a la globalización económica y de
profundizar en la descentralización política, los Estados deben
subrayar, más que nunca, su dimensión de espacios cívicos que velan por
el control democrático y la pluralidad. Desde esta nueva
responsabilidad, estarán en condiciones de construir Europa, alejando
los temores a la pérdida de la propia soberanía.
* Convertir los Estados en ámbitos privilegiados para la pedagogía de la
convivencia, tanto de las diferentes identidades existentes en su seno,
como de aquellas identidades que llegan con los movimientos migratorios
* Redefinir de manera justa la política de cohesión entre los Estados
con el objetivo de garantizar el desarrollo con base en las regiones más
necesitadas dentro de un nuevo sistema integral.
* Intensificar la tarea explicativa sobre las ventajas que tiene la
introducción del euro para las economías estatales en el vasto espacio
económico europeo.
Una Europa abierta al mundo
La naciente Política Exterior, de Seguridad y de Defensa común tiene
ante sí un triple reto en tres escenarios geográficos diferentes:
asegurar el éxito del proceso de ampliación hacia el Este y el
Mediterráneo, reforzar la cooperación con los países vecinos de la Unión
y diseñar una nueva presencia de Europa en los quehaceres mundiales. Se
dibujan posibilidades para una nueva relación con las diversas áreas del
mundo.
En este terreno conviene:
* Evitar contraponer la dimensión Sur y la dimensión Este de la PESC. Es
necesario tomar conciencia de que el proceso de ampliación aumentará
también la dimensión Sur de la Unión. En las riberas del Mediterráneo,
al menos cuatro Estados serán nuevos miembros: Chipre, Malta, Eslovenia
y Turquía.
* Relanzar el Proceso de Barcelona como el mejor marco para la
eliminación de las barreras socio-económicas y culturales que separan
las dos riberas del Mediterráneo. Se debe velar para que no se produzca
un estancamiento de los acuerdos de asociación y avanzar hacia una zona
de libre cambio que no relegue la economía de los países del sur del
Mediterráneo al sector agrícola.
* Ir más allá de la coexistencia pacífica y la simple buena vecindad en
la relación con Rusia y los países de la Confederación de Estados
Independientes. Algunos de estos países están vinculados a Europa por
cultura y tradición: el surgimiento de una identidad europea no se puede
producir de espaldas a estos.
Se debe solucionar el encaje de Rusia en el continente con marcos de
cooperación a todos los niveles -estatal, regional y local-, así como
dándole una entrada en los programas culturales que se desarrollan en el
seno de la Unión.
* Construir una nueva relación de partenariado con los países más
desfavorecidos del mundo, para evitar que las inercias de la etapa
colonial sean un lastre para una plena expansión de la economía europea
en el mercado mundial compatible con el desarrollo de aquellos países.
* Definir un rol de Europa en el mundo, que debe estar marcado por la
difusión de sus valores. Estos, sumados a los existentes en otras
realidades políticas y culturales, tienen que hacer aportaciones
significativas al surgimiento de formas de gobierno y justicia globales.
* Incorporar el "Sr. PESC", actualmente Secretario General del Consejo,
en la Comisión.
Para una constitución federal
Iniciando un proceso constituyente para una Europa federal, pondremos
las condiciones para alcanzar todos estos objetivos. La Constitución
Europea resultante tendrá que hacer del continente una federación de
Estados-nación, bien lejana tanto a la idea de un súper estado
centralizado como del predominio de las dinámicas intergubernamentales.
El futuro texto constitucional debe tener entre sus prioridades:
* Reordenar y simplificar los tratados actuales, describiendo los
objetivos de la Unión, afirmando los valores, derechos y
responsabilidades sobre los cuales se apoya y definiendo claramente la
arquitectura institucional.
La Constitución debe incluir la Carta de Derechos Fundamentales
debe delimitar las competencias entre los Estados miembros y la Unión, y
debe describir las tareas de las instituciones.
* Simplificar los procedimientos comunitarios, tanto los que implican la
producción legislativa, como los que tienen que ver con el
funcionamiento del Consejo y la Comisión y con las relaciones entre la
Unión y los Estados miembros. Es necesario crear un Parlamento
bicameral, que escoja directamente la Comisión, y un Consejo de
ministros donde esté representado cada estado miembro.
* Personalizar más les tareas gubernamentales de la Unión. La ciudadanía
necesita identificar con claridad a quien confían las más altas
responsabilidades. Es un factor clave, tanto para acercar la opinión
pública a la vida política comunitaria, como para hacer efectivo un
mayor control democrático de la acción política.
* Simplificar radicalmente el léxico europeo. Para hacer más
inteligibles los procesos comunitarios se debería acercar el léxico de
las instituciones comunitarias al de las instituciones nacionales.
Es necesario que cada Estado decida soberanamente su modelo
constitucional y su sistema político. Los socialistas europeos debemos
acabar con el tabú definitivamente y apostamos decididamente por una
Federación europea. Para que todo esto sea posible, debemos apelar a la
plena movilización de la sociedad civil y de sus colectivos.
Debemos transmitir a los ciudadanos y ciudadanas el convencimiento de que la complejidad y la diversidad, no solo son compatibles con la unidad, sino que cuando están en relación, resultan ambas más fructíferas.
Hemos de transmitir a los ciudadanos y ciudadanas la idea de que tan
solo su fuerza podrá hacer de este proyecto una realidad.
Documento aprobado por la Comisión Ejecutiva del Partido de los
Socialistas de Catalunya (PSC-PSOE) el 27 de abril de 2001 y propuesto
en el 5º Congreso de los Socialistas Europeos celebrado en Berlín el 7 y
8 de mayo de 2001.
Este artículo nos ha sido enviado por "Magazine on-line Catalunya-Europa"
http://www.catalunyaeuropa.org
Partido de los Socialistas de Catalunya - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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