FLAMENCO: ACARICIANDO A CÁDIZ Y A LA HABANA

Autor: José Luis Ortiz Nuevo

OTROS CONCEPTOS DE ECONOMÍA

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06-2005

Texto

“Gran Teatro de Tacón: Beneficio de Doña Cándida La Torre. Primera Actriz de carácter jocoso. ...

 Después de una brillante sinfonía se pondrá en escena la chistosa comedia del género andaluz, producción del acreditado poeta Don Tomás Rodríguez Rubí, en tres actos y en verso titulada: ‘Toros y Cañas’, cuya dirección está a cargo de Don Pedro Iglesias, y el interesante papel de Currillo, por el aplaudido gracioso Don Vicente González.

En una de las escenas de la comedia se cantará la famosa canción andaluza conocida por ‘La Caña’ para cuya ejecución se me ha brindado generosamente el conocido cantor Don Agustín Reyes, acabado de llegar de Cádiz.”

“Concluida la comedia se bailará por las Señoras Arroyo y Cánovas, los Señores Real y Don Manuel Lara, joven gaditano que también se me ha ofrecido graciosamente para mayor éxito de mi función

‘La Petenera Gaditana’ y la cantará al mismo tiempo en la escena acompañándose de guitarra el precitado Don Agustín Reyes que tantos aplausos ha arrancado en este género de canciones en los teatros de Cádiz”. (Diario de la Habana. 30 de octubre de 1844).

En aquel tiempo, veinte años antes de que el flamenco empezara a reconocerse por su nombre, cuando aún no era género cabalmente distinto y “La caña” una canción y no un cante;

ya entonces y desde mucho antes acostumbraban artistas españoles (1) y otro sí extranjeros a cumplir por esos mundos repertorios de carácter andaluz, distraían a los públicos con sus dramas y sus danzas, sus canciones, su música; la mar de lejos cantaban, bailaban y tocaban profesionales excelentes en lo suyo popular, de la tradición y el conocimiento.

La pacífica Antilla

No sólo en los teatros de la vieja Europa donde triunfaban bailadoras de lo nacional, naturales del país y forasteras; también por aquellos lejanos territorios insulares de la “pacífica Antilla”, como gustaban entonces de llamarse nuestros antepasados de la isla de Cuba, armaban el taco bailando a lo andaluz, eminencias diosas sílfides danzarinas fantásticas y tela de famosas, ver ahí a la prodigiosa Fanny Eissler, que era de Viena.

“Gran Teatro del Tacón: Última función de baile a beneficio de la señorita Fanny Eissler. Para dar testimonio público de lo grato que me han sido las demostraciones de aprecio que he recibido de todos los habitantes de esta dichosa y opulenta ciudad, le dedico esta noche un baile compuesto por mi estilo nacional conocido con el nombre de: ‘Jaleo de Jerez’.” (Diario de la Habana. 10 de febrero de 1841).

Admirable Fanny Eissler, austríaca de nación y capaz de hacer un arreglo suyo, una coreografía propia sobre el ‘Jaleo de Jerez’, antecedente preciso de lo que en nuestro tiempo llamamos bulería.

De modo que no eran únicamente vecinos del país los embajadores del arte meridional, sino también adorables centroeuropeas, cultivadas, requetefinas, cultas, quienes escogían piezas del nuestro patrimonio para interpretarlo a su manera.

Mas no queda aquí la razón del encuentro y el honor del mestizaje. Miren como el viaje continúa: el barco que va y viene por los mares de la vida juntando emociones nos trajo, aquellos años cuando mediaba el proceloso siglo XIX, a una fabulosa negra, cantadora y cantante, hija de La Habana:

María Loreto Martínez, de quién sabíamos había puesto de moda el tango en Madrid (2), y ahora hemos sabido de su formación trianera para decirlo todavía más hondo sensual y vivo.

Protegida por el que fuera Intendente de La Habana, Don Francisco Aguilar, cuando éste debió volver a la metrópoli, destinado a Málaga, lo acompañó y fue que:

“Habiendo manifestado extraordinario gusto por la música y poseyendo una voz extraordinaria, en extremo agradable y de afinación perfecta, le pusieron los mejores maestros; pero la familia de Aguilar se vio obligada a cambiar de residencia y pasar a Sevilla.

 Aquí no sólo se le proporcionó el medio de aumentar sus conocimientos en el arte musical, oyendo a los mejores cantantes de España, sino de aprender aquellas melodías nacionales tan picantes por su cadencia, tan graciosas en su estructura y tan enérgicas por el estilo, que las hacen ser las más populares de las canciones nacionales.”

“Después de algunos años se casó María con Don Mariano Moreno, capitán del Regimiento de San Fernando, y apenas transcurrido uno, la muerte de su protector y el haberse comprometido su esposo en los asuntos políticos la obligaron a emigrar, viéndose por tal motivo reducida a la mayor miseria.

Pero María sufrió sus desgracias con heroísmo y la música de Andalucía era su único recurso.” (Faro Industrial de La Habana. 18 de agosto de 1850). (3)

Lo negro, lo gitano y lo andaluz

Heroísmo habanero para superar las tremendas fatigas, como las de hoy en aquel paraíso, olvidás con el recurso de la música, el talento de la voz, la fuerza del compás, el impulso del ritmo, el sacrificio del trabajo, la cadencia del canto popular, o nacional como le decían entonces;

fabricando un género nuevo que, años después, se reconocería formalmente como flamenco, en exactitud por considerarlo sinónimo de gitano, y acordándose, entre otras referencias, de aquellas trianeras que, haciendo otro viaje, muchísimo más corto (4) pero no menos fructífero, cruzaban el puente para ir a Sevilla a lucir sus jaleos en unión de las bailadores bolera, de lo mejorcito de la capital:

“Bailes del país: En el acreditado y elegante Salón del Recreo que tiene establecido Don Manuel de la Barrera en la calle Tarifa número 1, habrá hoy sábado extraordinario ensayo de bailes nacionales o de palillos, al que asisten además de las discípulas las mejores boleras de esta capital, y además un cuarteto compuesto de dos jitanas y cantadoras y tocadoras de guitarra de los más afamados. Dará principio a las nueve en punto.” (El Porvenir. 6 de diciembre de 1856).

Evidencias reales de un formidable proceso de cruzamientos habidos en las horas del arte, señalado en el rastro de dos sustanciales formas naturales del festejo: la de la bulería y el tango, principios de todo y herencia capital de lo mestizo: lo negro lo gitano y lo andaluz en síntesis divina para alumbrar el júbilo y recrearse por la precisa necesidad de gozar de los momentos justos.

Fue así que tambores palillos palmas y guitarras condujeron al torrente ritual y rítmico por la senda de la hermosura, y descubrieron el impulso debido a los bailes de reunión, aquellas generales danzas de La Habana y Cádiz y Triana y Jerez y Granada reinando en sus alturas:

maravillosas y sencillas demostraciones públicas en patios y estancias íntimas que de seguida subieron a los escenarios para solaz de unos y acomodo de sus practicantes, artistas del común pero sobresalientes y triunfales, incluso allende los mares:

“Teatro Villanueva: Escogida y variada función a beneficio de Don José María Llorente, Director y parte del cuerpo coreográfico. Programa: 1º. Pieza en un acto ‘Un bofetón y soy dichosa’. 2º.

La preciosa tonadilla ‘Los majos del rumbo’, por la Señora Lirón y el Señor Flores. 3º. La graciosa pieza del género andaluz, nueva en esta capital, parodia del magnífico drama ‘Guzmán el Bueno’, que se nombra ‘El Tío Zaratán’, estando a cargo de Don Joaquín Ruiz el papel de Tío Zaratán. 4º.

 Cuadro bailable andaluz titulado ‘El rumbo macareno’. 5º. Concluyendo con el aplaudido sainete ‘El soldado fanfarrón’, en el que se bailará por Doña María Arroyo el verdadero y popular ‘Zapateado de Cádiz’ y ‘Los Panaderos’, con acompañamiento de guitarra. Y bailará también el señor Palomo, por deferencia de su director y compañeros, ‘El Zapateado’, del modo que arriba se expresa.” (Diario de La Marina. 15 de abril de 1856).

El tango es un baile de negros...

Iban y venían las personas, sus palabras, los soníos de sus músicas y las piruetas de sus danzas, de teatro en teatro y también de fiesta; las reuniones dichosas para distraerse en comunión de la armonía y lograr el gusto. Lo propio ocurría en aquellos Salones de Bailes del País, precursores de los Cafés Cantantes, propicios a lo bolero andaluz y los jaleos, propicios a los tangos:

“... No tardó en llegar la vez de las danzas, y una joven de cobriza tez, cabellos crespos y ojos de azabache, como dicen los españoles, bailó el tango americano con extraordinaria gracia. El tango es un baile de negros, que tiene un ritmo muy marcado y fuertemente acentuado...”

Así lo vio y escribió Charles Davillier en 1862 (5) fijando con exactitud y claridad la naturaleza de los tangos y otro sí su espléndida encarnación andaluza, recién adquirida.

Modelo y ejemplo de aquel viaje ultramarino que no sólo enriqueció a los mercaderes de negros y a quienes los compraban para explotarlos como animales, sino también, y tal si fuese necesaria supuración de llantos por el sudor de la alegría, nos regaló de formidables sones que dieron al flamenco otra imagen festiva y rítmica,

 fundamental, fuente de lujo natural del pobrerío, limpia caudalosa y ardiente para cantar bailar y tocar guitarras tambores palmas tiples claves güiros la mar de sonoros en un interminable ir y volver constante, como las olas acariciando a Cádiz y a La Habana.
 

José Luis Ortiz Nuevo  - http://www.lafactoriaweb.com 

Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*

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