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El espacio público intermedio, en el que está la sociedad activa, el
entramado asociativo, los sectores organizados de la sociedad; y
El espacio público político, que determina las prioridades a ejecutar y
lo forman las instituciones.
El espacio público intermedio: el nuestro
El espacio público intermedio, es el de ustedes, es la sociedad
organizada; desde una pequeña organización humanitaria a la gran
federación de todas ellas; desde una sección de empresa a la
Confederación Europea de Sindicatos.
Es el espacio más delicado, y a la vez el más interesante, pues le
corresponde hacer de intermediario entre el conjunto de la sociedad
(espacio de encuentro) y sus gobiernos, que son los que conforman el
espacio político y determinan las prioridades.
Es en ese espacio intermedio donde se mueven los sindicatos, las
organizaciones no gubernamentales y todo tipo de asociación. Conocer los
problemas sociales y ofrecer soluciones es su principal misión.
En muchos casos, las propuestas de solución pueden gestionarse
directamente desde el asociacionismo, en otros son los gobiernos a
quienes corresponde hacerlo y, en muchos, se establece una coalición de
intereses y objetivos entre ambos.
Sin el espacio público intermedio la democracia sería menos democracia,
si la entendemos como el marco en el que hay que profundizar
constantemente para hacer real el protagonismo de la sociedad en los
asuntos que le son propios.
Cuando la democracia flojea, la solución siempre es conseguir
más democracia, nunca cercenarla. Y conforme la democracia es ejercida
por más sectores ciudadanos, más fuerte y plurales.
La prensa: elemento principal del espacio público intermedio
Y ese espacio público intermedio -que en un barrio es una asociación; en
una tema humanitario una ONG; en el mundo laboral los sindicatos y las
patronales-, en el conjunto de la sociedad tiene por principal
protagonista y representante a la prensa: la gran mediación entre la
sociedad y el Estado la ejerce la prensa, de ahí la importancia de que
sea a la vez objetiva y plural; global y local; diversa y unificadora.
Los medios de comunicación son el gran espacio intermedio de nuestra
sociedad: informan y marcan prioridades creando estados de opinión a los
que son receptivos los espacios políticos y, a la vez, explican a la
sociedad lo que piensa el espacio político y recoge las reacciones que
se producen.
Una opción sindical como la que nos ocupa, carecería de sentido sin
asimilar este entramado democrático de la sociedad de hoy.
Los tres espacios del sindicalismo de la función pública
Pero el sindicalismo en la función pública también tiene sus tres
espacios, que son, a la vez, objetivos generales y que intentaré
definir.
Siempre deben contemplarse como un solo objetivo para garantizar el
éxito de cualquier asociación:
Las condiciones laborales: corresponde al sindicato, como principal
objeto fundacional, velar por las condiciones de trabajo y garantías
legales de los afiliados a los que representa.
Las relaciones con el usuario: es principal misión de la función
pública ofrecer un servicio ágil, eficaz y transparente al ciudadano, y
La participación en la evolución del poder judicial: la experiencia de
los afiliados, y del sindicato como un todo, debe poder aprovecharse
para participar e influir en el progreso de la justicia.
Para desarrollar una acción pública efectiva, las asociaciones,
colegios y sindicatos de Secretarios de Juzgados y Tribunales deben
hacer suyo este objetivo de carácter triple y su actuación debe verse
reflejada en los medios de comunicación.
El espacio público intermedio sin prensa no sería nada, pero la prensa
sin sociedad activa sería bien poco: es de donde se alimenta.
El Washington Post es el diario más influyente de la capital más influyente del mundo, pero la principal preocupación de su director es que recoja los acontecimientos deportivos de los equipos de barrio de la ciudad: eso garantiza su implantación y merece el mismo interés al director que la filtración más importante llegada desde la Casa Blanca.
Un diario se debe y vive de la sociedad. Sin sociedad carece de
influencia y, por extensión, de razón de existir.
Depende de la calidad y oportunidad de las propuestas que las
asociaciones generen, que se vean o no reflejadas en los medios de
comunicación y que, por tanto, pesen en el espacio político hasta el
punto de ser tenidas en cuenta.
Los tres objetivos son uno sólo
En el caso que nos ocupa, un programa completo debe contemplar los tres
aspectos mencionados: las condiciones laborales; las relaciones con el
usuario; y la participación en la evolución del poder judicial.
La presencia y la credibilidad ante la sociedad no se consigue solamente
dando a conocer la plataforma reivindicativa de un sector, sino haciendo
notar que forma parte de una propuesta global que beneficiará a todos.
Así pues, la acción sindical del sector debe ser abierta: propuestas
para la mejora de la justicia; tomas de posición públicas; organización
de debates y seminarios..., en definitiva, ejercer como espacio público
intermedio de verdad; como mediadores entre la sociedad y el espacio
político.
Es en ese ámbito donde se genera una relación de mutua confianza y
colaboración con los medios de comunicación, que cada día han de llenar
de noticias un periódico, un telediario o un informativo radiofónico.
Esa confianza no se consigue a partir de golpes de notas de prensa.
Un diario de gran tirada acostumbra a ofrecer 120 noticias al día,
mientras recibe diariamente más de mil noticias, notas de prensa y
boletines informativos.
Hoy, ya hay periodistas cuya única misión es romper noticias que llegan
por el fax para evitar que lleguen a las mesas de redacción.
Lo importante es la mutua confianza que se logra con tiempo y propuestas
de calidad. Y algún día hay que empezar.
La imagen corporativa
En esta salida a la luz; en esta inmersión en la sociedad, es muy
importante la imagen corporativa, o sea que el receptor sepa exactamente
quien es que se dirige a él. Un juez todo el mundo tiene claro lo que
es, como un pintor, un escritor, o un ingeniero.
Y eso es muy importante, pues el receptor valora en más o en menos lo que recibe según quien se lo da.
En el caso de los Secretarios, sucede –por decirlo así- como con Cáritas,
que es una gran organización social, con programas de amplio alcance,
pero que el ciudadano aún la considera como la repartidora de colchones
y sopa para los pobres, algo que también hace.
En el caso de ustedes, el ciudadano conoce muy poco de su existencia. Y
quienes saben de ella les asimilan a la secretaria o el secretario
(menos en los hombres) de despacho del jefe que es el juez, a quien la
secretaria le lleva la agenda y le atiende el teléfono. Dista mucho su
percepción de la de un Notario, que también da fe pública, y que no es
más que una derivación de los Secretarios de Juzgado y Tribunales.
He ahí un primer tema a considerar: la revalorización de la imagen
explicando en que consiste exactamente su función judicial.
Fijar ante la sociedad una imagen corporativa acorde con la realidad no
es sólo cuestión de marketing directo, se consigue teniendo una
presencia constante, a través de la cual va fijándose el quién es quién
y, a los ojos del ciudadano, va fijándose lo que realmente son.
El prestigio de sus asociaciones se conseguirá desarrollando este tipo
de actividades. Estar inmersos en la sociedad para serle útil es el
principal handicap. Y es lo que carga a uno de razón cuando defiende sus
reivindicaciones laborales.
La dimensión laboral, la societaria y la estructural, deben avanzar
paralelamente, como un todo, aunque en algún momento una se distancie de
las otras, pero sólo momentáneamente. Esa es la clave de bóveda para
acertar.
¿Qué piensa la sociedad del Secretario judicial?
Hace unos días, comenté con varios periodistas especializados en temas
judiciales, que opinión consideraban se tenía del Secretario. En
resumen, esto es lo que me dijeron:
“El Secretario judicial, como el juez, es un funcionario del Estado al
servicio de la Administración de Justicia. Y la Justicia es un servicio
público, no un servicio al público, como cree buena parte de los
llamados operadores judiciales (jueces, fiscales, secretarios, abogados
y procuradores) investidos de ese carácter corporativista que les
caracteriza”.
“En este engranaje judicial el Secretario tiene un papel imprescindible
pero, a decir verdad, también un poco burocrático. Actualmente, el
Secretario es visto por la sociedad como un notario de las actuaciones
judiciales, imprescindible para comunicar resoluciones y certificar
actuaciones judiciales, pero poco más.
Su figura resulta en ocasiones muy prescindible. Tanto, que si falta
el Secretario se puede celebrar un juicio oral previa habilitación de un
funcionario judicial que tenga la categoría de oficial”.
“La tan necesaria y reclamada reforma de la justicia debería pasar
también por una redefinición de las funciones que actualmente tiene el
Secretario judicial. No es comprensible que actualmente ejerza más como
jefe de personal que como operador judicial.
Por eso, la reforma de la oficina judicial debería prever la creación de un nuevo cargo (director de la oficina o jefe de personal), dedicado a ejercer un control sobre el personal y los medios materiales adscritos a su competencia judicial.
De esta manera, el Secretario judicial quedaría liberado de
tareas burocráticas y adquiriría mayor protagonismo en las tareas
exclusivamente procesales”.
“El Secretario podría convertirse en un letrado que asesora al juez. Sin
duda alguna, las garantías procesales estarían todavía más garantizadas
y todo eso iría en beneficio del ciudadano, que es, en definitiva el
único motivo que debe mover a estos y otros profesionales del poder
judicial”.
De lo dicho, se desprenden varias ideas que pueden sernos útiles para
comprender en que concepto se les tiene:
La Justicia es un servicio público, no un servicio al público.
El Secretario es visto por la sociedad como un notario de las
actuaciones judiciales, pero poco más.
La reforma de la justicia debería redefinir las funciones del Secretario
judicial: no es comprensible que actualmente ejerza más como jefe de
personal que como operador judicial.
La oficina judicial debería prever la creación de un director de la
oficina o jefe de personal.
El Secretario judicial debería liberarse de tareas burocráticas y
adquirir mayor protagonismo en las tareas exclusivamente procesales.
El Secretario podría convertirse en un letrado que asesora al juez. Sin
duda alguna, las garantías procesales estarían todavía más garantizadas
y todo eso iría en beneficio del ciudadano.
Seis puntos que pueden ser el punto de partida para un debate que nos
permita adecuar a nuestro tiempo el papel del Secretario dentro del
poder judicial y que puede interesar a los medios de comunicación y a
los sectores de la sociedad preocupados por la cuestión.
El tema sindical
Mención específica requiere la cuestión sindical propiamente dicha: su
representación sindical.
Ustedes carecen de representación sindical suficiente para estar
presentes junto a los sindicatos en las mesas de negociación. Es más,
los sindicatos no les consideran sus aliados, como sucede con los
técnicos, la gran preocupación sindical de finales de los setenta. A
ustedes los consideran los gerentes, los jefes de personal; o sea, sus
contrarios.
El sindicalismo debe tener programa que presentar y oficio para
difundirlo, negociarlo y conseguir se convierta en hechos.
Esa es la misión de un sindicato. Como llegar a conseguir abrir un
espacio de representación sindical propio ha de ser un objetivo. Y eso
sólo se consigue teniendo un sindicato que aglutine al máximo de la
profesión. Es una primera condición sine-quanon para tener peso ante el
ministerio de Justicia y el gobierno.
Y, la segunda cuestión sine-quanon, es tener conciencia de que son un
servicio público, y que una huelga perjudica a los ciudadanos para los
que trabajan.
Solamente adquiriendo popularidad en temas de interés general y
cargándose de razón antes de llegar a una huelga pueden contar con una
aceptación positiva entre la sociedad y los medios de comunicación:
saber enfrentarse al poder sin enfrentarse al ciudadano, es la clave de
la cuestión.
En sindicalismo, como en política, se avanza sumando aliados, nunca
restando. Conseguir que la profesión y los usuarios coincidan ante el
poder es la clave del éxito.
Es muy difícil enunciar un rosario de medidas de presión. Cada situación
tiene su contexto y su procedimiento particular. Cada situación hay que
analizarla por sí misma, sin mezclarla con lo ajeno.
Pero si que hay algo clave: el ciudadano acepta una huelga cuando tiene conciencia de que quienes la protagonizan están cargados de razón, y simpatiza con la huelga si no le perjudica a él, sea en la empresa pública o en la privada.
Si los trabajadores de una empresa privada, por más razón que tengan,
cortan una y otra vez una carretera de gran circulación durante el fin
de semana, los ciudadanos verán con malos ojos a los huelguistas.
Sucedió en Turín, hace unos veinte años, y se repitió en Barcelona algún
tiempo después, que los bomberos realizaron una acción reivindicativa
consistente en llenar de espuma la plaza del ayuntamiento.
Toda la prensa e infinidad de ciudadanos se acercaron a verlo. Los bomberos aprovecharon para explicar a los media que cosas reivindicaban y, especialmente, para explicar que optaban por esa acción-espectáculo y no por la huelga, porque un bombero que se precie de serlo no puede ignorar la existencia de un incendio.
Fue un éxito total. Hay que saber encontrar el cómo, y cada caso es
un expediente distinto.
Algunas ideas finales
En resumen, les propongo que:
apuesten decididamente por conseguir que su sindicato aglutine a toda
la profesión;
que definan sus reivindicaciones laborales;
que elaboren una propuesta para mejorar las relaciones entre la administración judicial y los usuarios;
que hagan una propuesta para reformar el poder judicial;
que presenten todo a la vez,
que organicen ruedas de prensa, seminarios y conferencias al
respecto, y
que empiecen a convertirse en un punto de interés informativo para
nuestra sociedad.
Carles Navales - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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