La aparición de la industria y el desarrollo tecnológico han ocasionado un vertiginoso crecimiento de la demanda de los recursos naturales.
El consumo, por ejemplo, de combustibles de origen fósil ha aumentado cuatro veces desde 1950. Los efectos no se hacen esperar y, poco a poco, el hombre está experimentando diferentes hechos palpables que pueden originar alteraciones naturales de considerables repercusiones.
La alteración de determinadas cadenas tróficas, la degradación de la
calidad del suelo, la deforestación y la disminución del volumen de agua
dulce disponible son algunos ejemplos.
El hombre ha sido capaz de dejar atrás las sociedades ancestrales
pasando a un modelo de sociedad industrializada que ofrece, por un lado,
una elevada calidad de vida pero, por el otro, una serie de vectores de
contaminación ambiental: aguas residuales, emisiones a la atmósfera,
residuos líquidos y sólidos, etc.
Pero esto no es todo; existe algo más peligroso que podría tener una
gran trascendencia. La acción humana puede estar introduciendo cambios
en los ciclos naturales que podrían verse modificados e incluso
destruidos de manera irreversible. La escalada de los gases invernadero,
la reducción del ozono estratosférico y el cambio climático pueden ser
indicadores de que algo está fallando.
La Energía
Las sociedades preindustriales utilizaban la leña y el carbón como
combustibles. Con la aparición de la industria comenzó una escalada en
el consumo de los recursos no renovables que nos está evidenciando que
nuestra política energética es marcadamente insostenible.
Este importante hecho se agrava cuando descubrimos que el consumo de
los recursos sigue una tendencia similar a la que nos muestran los
diagramas de Paretto (un pequeño colectivo es responsable de un
porcentaje elevado de consumo).
Así, el informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo conocido como Informe Brundtland ya advertía en el año 1987
que los países desarrollados (26% de la población mundial) eran los
beneficiarios del 80% del consumo total de energía, acero y otros
metales.
Esto quiere decir que en nuestro planeta hay un gran número de
consumidores potenciales con un claro objetivo: emular las tendencias de
los más desarrollados. La teoría Norte-Sur confirma esa conducta que,
sin duda, ha de alertar a las Administraciones correspondientes.
Adicionalmente, la explotación y la utilización de recursos naturales
como el petróleo, el gas natural y el uranio no constituyen ninguna
panacea.
Cuando se estudian los procesos que incluyen el uso de estos bienes se descubre una serie de factores que apoyan esta afirmación: contaminaciones secundarias, bajos rendimientos, pérdidas energéticas, etc.
A todo esto debe añadirse el impacto que provoca la extracción y el uso de dichos recursos naturales.
El estudio de la utilización del uranio puede ser un ejemplo
ilustrativo. Efectivamente, la fisión del uranio enriquecido en
reactores nucleares genera, como vertiente positiva, una energía exenta
de aquella contaminación aparente que provocan las combustiones
tradicionales; sin embargo, como segundo aspecto, no podemos soslayar el
volumen de residuos radioactivos que provoca cuya gestión es, hoy por
hoy, una asignatura pendiente.
Esta realidad hace que, poco a poco, aparezca una nueva concepción y un
nuevo planteamiento. No podemos aspirar a mantener las reservas de
petróleo o de uranio si nuestros procesos energéticos mantienen el ritmo
actual de consumo. Difícilmente seremos ambientalmente sostenibles si
apostamos por la explotación de los recursos no renovables sin
desarrollar y promocionar técnicas viables de aprovechamiento de
energías alternativas.
La implantación de la producción limpia constituye un reto
incuestionable y al mismo tiempo, una vía de solución al panorama
energético y, básicamente, ambiental.
El Quinto Programa Comunitario
El año 1992 salió a la luz pública el V Programa Comunitario de Política
y Actuación en Materia de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible.
A la vista de los resultados obtenidos por los cuatro anteriores Programas Comunitarios (desde 1972) e identificando una serie de puntos críticos que quedaban por resolver, este Quinto Programa propone un cambio de estrategias: no se trata de abordar separadamente los problemas ambientales identificados sino que, además, es necesario que se produzca una interrelación real entre los diferentes agentes sociales y los principales sectores económicos.
Por vez primera se entiende la problemática ambiental como una cuestión multisectorial y absolutamente interdisciplinar. La definición de cualquier política Comunitaria deberá integrar las exigencias de protección del Medio Ambiente y, por tanto, del desarrollo sostenible.
Hoy día, por ejemplo, algunos ayuntamientos han abandonado la
denominación "Departamento de Medio Ambiente" para referirse a "Programa
Transversal u Horizontal de Medio Ambiente"; de esta forma la política
ambiental no queda restringida a su propia área sino que su afectación
implica a cada uno de los ámbitos municipales.
A pesar del cambio de estrategia en la política ambiental de la Unión
Europea, el Quinto Programa continúa ocupándose de los problemas
medioambientales que padecemos pero, como novedad, los sitúa en el mismo
escenario que los agentes sociales y los sectores económicos.
La identificación de los sectores que mayor aportación ofrecen a la
situación actual puede ser una tarea compleja e incluso polémica.
Convendremos en afirmar que el sector industrial es uno de los que
incorpora mayor afectación.
Cualquier centro productor, por pequeña que sea su estructura, utiliza
recursos naturales en sus procesos; cualquier sector industrial genera
cantidad de residuos y contribuye a la contaminación del aire, del agua
y del suelo. Pero, por otro lado, es obvio que el desarrollo de
cualquier sociedad depende, fundamentalmente, de la riqueza que genera
el sector industrial.
El crecimiento de éste implica un incremento del consumo
energético y de recursos naturales que, como se ha manifestado,
compromete seriamente nuestro entorno.
A la vista de esta realidad el Quinto Programa Comunitario identifica
tres pilares sobre los que debe fundamentarse el binomio Industria-Medio
Ambiente:
* Eficiente gestión de los recursos y racionalización de su consumo,
* formación del consumidor para racionalizar su demanda y
* aplicación de Normas Comunitarias a los procesos industriales y los
productos que éstos generan.
Progresivamente las diferentes Administraciones competentes se están
concienciando de la magnitud de esta cuestión, organizándose para
ofrecer una solución a esta problemática.
En Catalunya, por ejemplo, se ha estructurado un marco competencial basado en los distintos vectores de contaminación ambiental (aguas residuales, emisiones a la atmósfera, residuos y ruidos, y vibraciones).
Bajo los preceptos y las directrices emanadas desde el Departamento de Medio Ambiente de la Generalitat de Catalunya, diversos Organismos competentes desarrollan una serie de acciones que tienen como principales objetivos la disminución del impacto ambiental provocado, la eficiencia energética y la racionalización del consumo de los recursos.
Así, por ejemplo, podemos identificar una industria inmersa en
un Programa de Descontaminación Gradual (PDG) mediante el cual se
compromete voluntariamente ante la Administración, en un plazo de tiempo
acordado, a implantar una serie de mejoras a sus procesos industriales
que deberán traducirse en un aumento de la calidad de los vertidos de
aguas residuales.
Otro ejemplo sería el de una industria que afronta un Programa de
Minimización de Contaminantes con el objeto de conseguir una reducción
de la contaminación en origen y la potenciación de la reutilización y
reciclaje de los subproductos generados.
Industria Sostenible
El sector industrial se ha convertido en uno de los centros de atención
al implementar actuaciones concretas para minimizar la problemática
ambiental.
Poco a poco el industrial ha ido asimilando la nueva concepción del problema y, además de cumplir con los requisitos administrativos exigidos actualmente, ha invertido importantes esfuerzos para actualizar sus instalaciones.
A pesar de ello se detectan diferencias entre subsectores productivos que, eventualmente, también se evidencian entre empresas del mismo sector. La consecuencia de este hecho origina lo que algunos industriales tildan de competencia desleal.
Por ejemplo, la presión administrativa sobre dos empresas puede ser tan dispar que una de ellas se vea obligada a soportar unos costos ambientales, repercutiéndolos en el precio del producto final, mientras que otra no disponga, siquiera, de dispositivos correctores de la contaminación que genera.
En igualdad de condiciones, por lo que a calidad del producto
final se refiere, la segunda industria podrá vender sus artículos a un
precio más bajo que la primera. Esta situación puede provocar la
discriminación de los productos acabados de la empresa que,
precisamente, realiza una correcta gestión ambiental.
La tendencia más optimista esperaría un cambio de los hábitos del
consumidor que, por norma general, es todavía incapaz de modificar su
demanda y reconducirla hacia los productos que ocasionen el mínimo
impacto ambiental. Este proceso, lento pero seguro, situaría el mercado
en un nuevo punto de equilibrio en el que, sin más, se obviaría la
incorporación de los criterios ambientales y de sostenibilidad.
A la vista de los nuevos planteamientos y con las políticas ambientales
sostenibles como telón de fondo, el diagnóstico de la mayoría de las
empresas que nos rodean evidenciaría una serie de puntos críticos que, a
buen seguro, serían objeto de importantes mejoras.
Adicionalmente se podría observar, en muchos casos, como el establecimiento de ciertas medidas aumentaría la eficiencia y la competitividad de la industria en cuestión.
Una de las filosofías que mejor se adapta a esta forma de gestión es
la minimización de contaminantes: el secreto no radica en la instalación
de grandes equipos para la depuración de los "outputs" residuales sino
la reducción en origen de la contaminación generada. Al mismo tiempo que
se ejecuta este proceso es necesario potenciar la reutilización y el
reciclaje de los subproductos susceptibles de ser reaprovechados.
Otro factor que denota sostenibilidad, en el ámbito industrial, es la
adecuación energética de los centros productivos.
La implantación de los Sistemas de Gestión de la Energía posibilita
la optimización energética de los procesos industriales involucrados. La
incorporación de técnicas de cogeneración y el aprovechamiento de las
energías alternativas y de los flujos de calor excedente son algunos
ejemplos.
Por otro lado, la incorporación de tecnologías que usan materias primas
menos contaminantes y la progresiva desaparición de aquellos productos
que revisten mayor peligrosidad (cianuros, disolventes clorados y ácido
crómico, por citar algunos) son prácticas que, en la medida de lo
posible, deberán formar parte de la cotidianeidad.
Por último, cabe destacar la posibilidad de evitar la generación de
aquellos contaminantes que tienen su origen en los errores humanos o los
hábitos adquiridos por los empleados de los departamentos productivos.
Los manuales de Buenas Prácticas Profesionales (BPP) establecen
una serie de criterios encaminados a la reducción de la fracción
residual generada, principalmente, por la deficiente gestión del
personal empleado (falta de motivación, inadecuada manipulación de
materias, inexistencia de programas de mantenimiento preventivo,
ineficiente control de inventarios y stocks, etc.).
Al final del presente artículo se muestra, en un pequeño ejemplo, el
caso real de una industria catalana que incorporó criterios de
desarrollo sostenible y, sobretodo, mucha imaginación para reducir el
impacto ambiental asociado a su proceso productivo.
Sistemas de Gestión Ambiental
Hasta ahora hemos remarcado la importancia de compatibilizar el
desarrollo sostenible con la actividad industrial.
La consecución de este objetivo no es fácil puesto que se requiere,
por un lado, la participación activa de la empresa y, por otro, un grado
de concienciación del impacto que se deriva de su actividad,
estableciendo una estrategia destinada a reducir al máximo dicho impacto
para conseguir una mejora continua de su situación, con el objetivo
último de avanzar hacia una actividad sostenible.
En los siguientes puntos se tratará, simplificadamente, de la
implantación de Sistemas de Gestión Ambiental como posible vía para que
las industrias progresen hacia el desarrollo sostenible.
En el caso de que una industria, consciente del impacto que provoca
sobre el entorno, decida tomar medidas para compatibilizar su actividad
con un desarrollo a medio/largo plazo, debe admitir, en primer lugar, su
"responsabilidad hacia el medio ambiente" y su voluntad de minimizar
dicho impacto de manera oficial y por escrito.
Es decir, incorporar este compromiso a su política o ideario de
empresa desarrollando, paralelamente, su Sistema de Gestión
Medioambiental (SGMA) que se fundamenta en un programa sistemático de
actuaciones que conduzcan a la reducción de su incidencia sobre el medio
ambiente.
La Unión Europea en el Reglamento 1836/93 (EMAS) define un sistema de
gestión ambiental como "aquella parte del sistema general de gestión que
comprende la estructura organizativa, las responsabilidades, las
prácticas, los procedimientos, los procesos y los recursos para
determinar y llevar a cabo la política medioambiental". De esta
definición se deduce que:
* La empresa debe fijar una política ambiental que defina sus objetivos
generales y sus principios de acción con respecto al medio ambiente. En
principio esta política contribuirá al avance en pos de una actividad
industrial más sostenible.
* El instrumento que permitirá alcanzar los objetivos fijados será su
Sistema de Gestión Medioambiental.
Para alcanzar estos logros es importante que en el SGMA se identifiquen:
* Las partes de la estructura organizadora de la empresa que están
implicadas en la consecución de los objetivos.
* Los impactos que ocasionan las diferentes prácticas, procedimientos y
procesos. La posterior valoración cualitativa y cuantitativa de dichos
impactos servirá para determinar las prioridades de actuación.
* Aquellas personas de la empresa que deberán responsabilizarse del
cumplimiento de los objetivos y de la ejecución de las acciones
previstas.
* Por último, los medios necesarios para la consecución de estos
objetivos.
Este aspecto es de importante consideración, puesto que no tendría
sentido plantearse objetivos para los cuales no se disponga de medios.
No hay que perder de vista que los objetivos perseguidos con el SGMA no
son sólo los iniciales sino que deberán ser revisados, corregidos y/o
ampliados para buscar una mejora continua.
Implantación de un Sistema de Gestión Medioambiental
El éxito de un SGMA dependerá de que la implantación en la empresa se
realice de forma ordenada y respetando los puntos siguientes:
* En primer lugar deben determinarse cuales son los impactos de la
actividad industrial sobre el medio: consumo de energía, agua y materias
primas; emisiones a la atmósfera de partículas, substancias, ruidos,
olores y radiaciones; vertidos líquidos; residuos; contaminación del
suelo y acuíferos, etc.
* Una Diagnosis Medioambiental inicial detectará los factores anteriores
a la vez que servirá como punto de partida para la determinación de
medidas y actuaciones posteriores.
* Una vez evaluada la situación inicial de la empresa y sus problemas
ambientales se establecerá el programa de actuaciones sobre todos
aquellos procesos que sean susceptibles de mejora. Será fundamental un
estudio de viabilidad técnica y económica de cada una de las medidas que
aparecen en el programa de actuaciones.
* Simultáneamente a la implantación de mejoras se debe establecer un
sistema de control que para verificar el cumplimiento de los objetivos
previstos, introduciendo medidas correctoras o redefiniciones del plan
de actuación inicial, según proceda.
* Paralelamente a todos estos pasos será necesario formular un registro
de toda la documentación, en el que deben figurar de manera concisa y
clara los resultados obtenidos. Estos registros avalarán el
comportamiento ambiental de la empresa.
* Será de vital importancia la total implicación del personal de la
empresa para conseguir los objetivos propuestos. Deberán establecerse
programas de formación y sensibilización adecuados para cada nivel
funcional. Este aspecto suele omitirse y ello provoca que el Sistema de
Gestión Medioambiental pierda validez al poco tiempo de implantarse.
* Conseguidos los primeros objetivos el SGMA entra en una dinámica
cíclica en la que se plantean nuevos objetivos que deberá contemplar la
eventual incorporación de nuevas tecnologías y productos.
La implantación de un SGMA, realizada según las etapas descritas,
posibilita la consecución de una actividad industrial más sostenible y
facilita el conocimiento de la situación ambiental de la empresa.
El carácter generalista del contenido de los puntos anteriores
permite su perfecta adaptación a las características particulares de
cada centro productivo. Así en grandes empresas, en que intervienen
múltiples y diversos factores, el sistema será muy complejo y, por
contra, mucho más sencillo, pero no menos útil, en pequeños talleres.
Las ventajas que aporta la implantación de un Sistema de Gestión
Medioambiental son, entre otras:
* Como resultado de la diagnosis inicial se consigue un mayor
conocimiento de la propia empresa y del impacto ambiental que genera su
actividad productiva.
* La incorporación del registro documental, posibilita el conocimiento
de la situación de la empresa con respecto a los requisitos legales
ambientales.
* Prevención de posibles accidentes o problemas ambientales futuros.
* La implantación de medidas correctoras puede ocasionar una mejora de
costes como consecuencia de la disminución de recursos consumidos y del
reaprovechamiento de alguno de los subproductos generados.
* La búsqueda de una mejora constante comporta, a medio/largo plazo,
ventajas competitivas y estratégicas puesto que permite adaptarse,
rápidamente, a todos los cambios que vayan surgiendo.
Sistemas estandarizados de gestión medioambiental
Aquellas empresas que apuestan por la implantantación de un SGMA y
persiguen, además de los logros ambientales objetivados, la consecución
final de un reconocimiento oficial y público deben adaptarse a uno de
los actuales métodos estandarizados de SGMAs:
* Por aplicación de la ISO 14.001 o de la UNE 77.801 (vigente hasta
abril de 1998).
* A través del Reglamento Comunitario 1836/93, EMAS, sistema de
ecogestión y ecoauditoría.
Dependiendo del camino escogido la empresa será, finalmente, certificada
por una Asociación o Entidad acreditada (en el primer caso) o verificada
(segundo caso) por un organismo competente (en Catalunya, la "Direcció
General de Qualitat Ambiental", Departamento de Medio Ambiente de la
Generalitat, es el organismo facultado).
Ambos sistemas tienen carácter voluntario y comparten objetivos comunes,
existiendo una diferencia significativa entre ellos:
el Reglamento EMAS, de aplicación más compleja y restrictiva,
exige, con periodicidad anual, una declaración medioambiental pública
sobre las actividades de la empresa. No obstante, una industria
certificada según la norma ISO 14.001 puede obtener la verificación
mediante un documento puente que incluye la declaración medioambiental
validada.
La mayor complejidad y compromiso que implica la adhesión al Reglamento
EMAS para las empresas, se compensa con un reconocimiento por parte de
la Administración que se traducirá en la simplificación de ciertos
trámites administrativos y en el momento de solicitar subvenciones.
La aplicación en España del Reglamento EMAS no está muy difundida puesto
que está restringida a ciertos sectores y su tramitación es muy
complicada, aspecto que probablemente se verá resuelto en la próxima
revisión a que será sometida esta Reglamentación.
La implantación de un SGMA estandarizado requiere una importante
inversión, no tan sólo económica sino también de tiempo y personal, que,
en ocasiones, resulta difícilmente asumible por algunas pequeñas o
medianas empresas.
A pesar de esta dificultad será necesario asumir la
implantación de un SGMA (no necesariamente estandarizado) ya que, con
ello, se verán reducidos los impactos ambientales avanzando hacia una
actividad ambientalmente más sostenible.
Como conclusión se pueden definir dos posturas a la hora de la
implantación de medidas medioambientales en un centro productivo:
* Como un acto aislado y destinado a un objetivo concreto.
* A través del compromiso de mejora constante mediante un sistema de
gestión medioambiental.
Es en el segundo caso cuando realmente la empresa asume, de manera
voluntaria, unos compromisos y responsabilidades que le permitirán
avanzar hacia el desarrollo sostenible.
Apostar por una producción limpia
En este último apartado se muestra el ejemplo real de una empresa
perteneciente al sector industrial de tratamiento de superficies por
galvanotecnia. LINECROM, S.A. es una industria de Sant Just Desvern
(Barcelona) que se dedica al recubrimiento de cromo y oro sobre piezas
de plástico ABS.
Los principales aspectos del proceso sobre los que la empresa
podía incidir tenían relación, por un lado, con el importante consumo de
ácido crómico y ácido sulfúrico (necesarios para formular los baños de
preparación de la superficie de las piezas de ABS) y, por otro lado, con
el consumo de reactivos en la depuradora físico-química para el
tratamiento de los efluentes generados en el lavado de las piezas.
Para que se pueda llevar a cabo el recubrimiento electrolítico de una
superficie de plástico es necesario sumergir las piezas en un baño ácido
compuesto por los reactivos citados anteriormente. Este proceso
constituye el mordentado de plástico que tiene, como principal objetivo,
convertir en conductoras las superficies a tratar.
El proceso originario se basaba en el mordentado de la pieza seguido de
un enjuague simple, en agua de red, que eliminaba en continuo el líquido
ácido que las mismas superficies arrastraban tras salir de la primera
etapa.
De esta manera se impedía que el citado arrastre contaminara el siguiente baño pero, por el contrario, se generaba un gran volumen de agua residual que se debía depurar.
La mejora introducida consistió en la supresión del enjuague y su sustitución por un lavado doble estanco, posterior a la cuba de mordentado, a la vez que se instaló un enjuague doble en cascada con agua de red, posterior al citado lavado estanco.
La instalación de la etapa estanca posibilitó la retención de los ácidos y su reciclaje hacia el baño de mordentado. Consecuentemente disminuyeron drásticamente las compras de crómico y sulfúrico a la vez que el consumo de productos necesarios para la depuración (bisulfito sódico y sosa cáustica), pues la cantidad de reactivos ácidos perdidos a través de las aguas residuales se redujo.
El caudal de agua necesario para la nueva estructura de lavado
con agua de red disminuyó sustancialmente y la generación de lodos
generados en el proceso de depuración se redujo a la mitad.
A continuación se adjuntan los esquemas que ilustran las modificaciones
introducidas en el proceso productivo de LINECROM, S. A.

Albert Berdié y Anna Roca - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*Acerca de GestioPolis
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