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Es una parte, seguro, de nuestra historia, y es una parte que honra
toda una trayectoria, y para todos aquellos que colaboraron con él en
realizar una actividad de este tipo es también un homenaje, yo diría,
para todos ellos y en primer lugar para Montserrat.
Yo tengo que hablar de la juventud, pero yo la juventud de Albert no la
conozco. Yo tuve relaciones relativamente intensas a partir de 1959, si
no me equivoco, o 1960: reuniones, algunas convocadas y otras
simplemente espontáneas a tomar café o simplemente a pasar por el
despacho de la Plaza Letamendi para hablar con Albert Fina y Montserrat
Avilés.
No sé si esto era simplemente un recuerdo, pero siempre recuerdo a Montserrat sentada, y a Fina más o menos situado detrás, caminando, como yendo y viniendo.
Cuando volvía era cuando tenía que decir alguna cosa, pero si no, mientras los demás conversaban, él iba y venía.
Es un recuerdo que quizás no es exactamente preciso, pero es la
sensación que tengo de aquellas conversaciones, en las cuales el
descubrimiento de la injusticia -que en aquellos momentos crecía porque
la sociedad crecía también- y el compromiso constituían la base del
denominador común: desde hablar de historia, hasta hablar de política,
hasta hablar de lo que llamaríamos "mundo cultural", y de Derecho.
Yo llegué a través de Lluís Avilés, que era otro contertulio habitual
-normalmente me llevaba él- Íbamos y ya nos pasábamos hasta la hora de
cenar. Algunas veces nos echaban, porque ya estaba la mesa preparada
para cenar. Este es mi conocimiento más directo, más personal.
Yo en aquella época entré en el mundo de los laboralistas -estuve poco
tiempo- de la mano de Francesc Casares, que era el cuñado -uno de los
cuñados que tenía sucesivamente, ya que era el nombre que recibían los
pasantes en Sabadell
- El despacho de Albert y Montserrat llegó después a Mataró, luego
también al Baix Llobregat. Recuerdo este mundo de los laboralistas desde
una visión muy externa porque, de hecho, a partir del 62, no participé
más en el mundo de los laboralistas.
Era un tipo especial de compromiso. Exigía para la práctica de estos
nuevos laboralistas que salían -algunos de ellos ya instalados, es
decir, ya mayores que yo, y por tanto con un despacho,
aunque no sé si podían vivir del despacho, pero sí que se pasaban
muchas horas- un compromiso con muchas cosas, un compromiso genérico,
pero que se concretaba casi en cada caso, y que implicaba una voluntad
de servicio a los trabajadores -después estaban los abogados de empresa,
pero este era otro mundo diferente-, que fue acentuando el compromiso y
la actividad con los años.
Este compromiso fue llevándolos a la alternancia con el trabajo de
defensa, no solo de tipo laboral y reivindicativo, sino con el
asesoramiento de convenios, y después con la defensa en los tribunales
de represión política, que acabaron haciéndose un bloque.
Cuando tuve más relación con ellos era en los años 60. Viví en el año 61
el proceso que vivimos como una pelea, "entre el conill i el juglar", y
por tanto, con esta fórmula tan simple, que luego se viste de cosas
políticas y de opciones "nosequé",
el grupo se separó, una gente en un lado, y otra en el otro, y con
ellos participé en la construcción de lo que sería el Fòrum Obert de
Catalunya. Yo fui a prisión y, posteriormente, cuando salí, ellos ya
eran unos abogados que, de hecho, tenían muy poco tiempo como para
aguantar personas que pasaban por allí a conversar, y yo me reorienté
hacia una vida profesional muy alejada del mundo de la abogacía, aunque
dentro del campo del Derecho.
Los recuerdo el día que vinieron a mi juicio, y este es un recuerdo que
se queda. Y los recuerdo después, en la actividad profesional, con menos
relación humana, porque estábamos en campos profesionales diferenciados.
Pero lo recuerdo en una cosa que querría subrayar, porque creo que es un elemento muy importante de su expresión: es el amor a la profesión, la capacidad de estar enamorado de la profesión a la que se dedicaba, y la aplicación de este amor profesional a ser unos abogados -me parece que lo dice Casares en el libro- de arriba a abajo, es decir, de arriba a abajo o de abajo a arrib: abogados.
Y unos abogados entendiéndolos como juristas rigurosos capaces de luchar con el Derecho como un arma al servicio de la defensa de os derechos de aquellos que los ven pisados o ignorados.
Y por tanto, con un compromiso que tenía que pasar por la
Magistratura, pero que iba más allá de la Magistratura, y que iba, en el
terreno colegial, en la actividad en el Colegio, y en el terreno
político, en el compromiso directo en la organización, la defensa, el
asesoramiento y la ayuda al movimiento obrero organizado y, en concreto,
-después cuando se crearon- al movimiento de Comisiones Obreras, con la
incorporación en el Partido Socialista unificado de Catalunya más
adelante. Pero ya es una etapa posterior.
Yo le recuerdo, sobre todo, esta capacidad -lo digo con toda rotundidad-
esta maestranza en que el amor a la profesión es la condición
indispensable para poder realizar una tarea al servicio de una cosa que
no son solo los demás, sino que es, de alguna manera, a las propias
ideas y a las propias convicciones. Y una maestranza, por tanto, en
generosidad, en tenacidad, en entrega, en utilizar el sentido jurídico
para interpretar el derecho y aplicarlo, no desde el punto de vista de
la inercia, sino desde el punto de vista de la alteración de la realidad
para conseguir que el Derecho encarne la realidad, para conseguir que el
Derecho se haga realidad.
Yo creo que el riesgo de creer en alguna cosa, de creer profundamente en
alguna cosa, y de poner todo el esfuerzo y la vida en aquello en lo que
uno cree, cuando aquello en lo que uno cree pasa por la solidaridad
entre los humanos, significa la expresión de luchar, con toda la
tenacidad y el rigor, por todo aquello que uno cree que es justo.
Esto tiene costes, esto implica situaciones difíciles, pero proporciona siempre la satisfacción de que uno ha hecho aquello que tenía que hacer. Y por esto vale la pena recordar a Albert como una persona que lo hizo y que, por eso mismo, pasa a tener patrimonio de todos aquellos que creen que luchar por la justicia, que luchar por la creación de una realidad que esté empapada del derecho racional y del derecho basado en la igualdad, es algo que vale la pena.
Y por eso os agradezco que me hayáis pedido que esté aquí para
poder decir exactamente esto: es un personaje, una personalidad que
corresponde a este país, y que expresa una voluntad de justicia, la
voluntad de esfuerzo para hacer un mundo más humano, basado en personas
que se respetan como tales. Muchas gracias.
Isidre Molas - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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