ALBERT FINA: EL AMOR A LA PROFESIÓN

Autor: Isidre Molas

OTROS CONCEPTOS DE ECONOMÍA

Suscríbete GRATIS al boletín y recibe:

10 ebooks con las lecciones empresariales más representativas de Jack Welch, Kenichi Ohmae, Michael Newman y otros exitosos líderes de primer nivel en el mundo de los negocios...

Al pulsar aceptas los términos de uso y la política de privacidad

06-2005

Texto

Un homenaje como este, a Albert Fina, es también un homenaje a todos aquellos que tuvieron una actitud activa, constante y seguramente -la mayoría de ellos- difícil, de defensa de los trabajadores.

Su actuación fue una actuación, a lo largo de su vida, expresiva de una fidelidad a una misma idea, y es que la defensa de aquello que uno cree que es justo es el motivo que honra toda una actividad, y al cual se pueden entregar todas las energías.

Es una parte, seguro, de nuestra historia, y es una parte que honra toda una trayectoria, y para todos aquellos que colaboraron con él en realizar una actividad de este tipo es también un homenaje, yo diría, para todos ellos y en primer lugar para Montserrat.

Yo tengo que hablar de la juventud, pero yo la juventud de Albert no la conozco. Yo tuve relaciones relativamente intensas a partir de 1959, si no me equivoco, o 1960: reuniones, algunas convocadas y otras simplemente espontáneas a tomar café o simplemente a pasar por el despacho de la Plaza Letamendi para hablar con Albert Fina y Montserrat Avilés.

No sé si esto era simplemente un recuerdo, pero siempre recuerdo a Montserrat sentada, y a Fina más o menos situado detrás, caminando, como yendo y viniendo.

Cuando volvía era cuando tenía que decir alguna cosa, pero si no, mientras los demás conversaban, él iba y venía.

Es un recuerdo que quizás no es exactamente preciso, pero es la sensación que tengo de aquellas conversaciones, en las cuales el descubrimiento de la injusticia -que en aquellos momentos crecía porque la sociedad crecía también- y el compromiso constituían la base del denominador común: desde hablar de historia, hasta hablar de política, hasta hablar de lo que llamaríamos "mundo cultural", y de Derecho.

Yo llegué a través de Lluís Avilés, que era otro contertulio habitual -normalmente me llevaba él- Íbamos y ya nos pasábamos hasta la hora de cenar. Algunas veces nos echaban, porque ya estaba la mesa preparada para cenar. Este es mi conocimiento más directo, más personal.

Yo en aquella época entré en el mundo de los laboralistas -estuve poco tiempo- de la mano de Francesc Casares, que era el cuñado -uno de los cuñados que tenía sucesivamente, ya que era el nombre que recibían los pasantes en Sabadell

- El despacho de Albert y Montserrat llegó después a Mataró, luego también al Baix Llobregat. Recuerdo este mundo de los laboralistas desde una visión muy externa porque, de hecho, a partir del 62, no participé más en el mundo de los laboralistas.

Era un tipo especial de compromiso. Exigía para la práctica de estos nuevos laboralistas que salían -algunos de ellos ya instalados, es decir, ya mayores que yo, y por tanto con un despacho,

aunque no sé si podían vivir del despacho, pero sí que se pasaban muchas horas- un compromiso con muchas cosas, un compromiso genérico, pero que se concretaba casi en cada caso, y que implicaba una voluntad de servicio a los trabajadores -después estaban los abogados de empresa, pero este era otro mundo diferente-, que fue acentuando el compromiso y la actividad con los años.

Este compromiso fue llevándolos a la alternancia con el trabajo de defensa, no solo de tipo laboral y reivindicativo, sino con el asesoramiento de convenios, y después con la defensa en los tribunales de represión política, que acabaron haciéndose un bloque.

Cuando tuve más relación con ellos era en los años 60. Viví en el año 61 el proceso que vivimos como una pelea, "entre el conill i el juglar", y por tanto, con esta fórmula tan simple, que luego se viste de cosas políticas y de opciones "nosequé",

el grupo se separó, una gente en un lado, y otra en el otro, y con ellos participé en la construcción de lo que sería el Fòrum Obert de Catalunya. Yo fui a prisión y, posteriormente, cuando salí, ellos ya eran unos abogados que, de hecho, tenían muy poco tiempo como para aguantar personas que pasaban por allí a conversar, y yo me reorienté hacia una vida profesional muy alejada del mundo de la abogacía, aunque dentro del campo del Derecho.

Los recuerdo el día que vinieron a mi juicio, y este es un recuerdo que se queda. Y los recuerdo después, en la actividad profesional, con menos relación humana, porque estábamos en campos profesionales diferenciados.

Pero lo recuerdo en una cosa que querría subrayar, porque creo que es un elemento muy importante de su expresión: es el amor a la profesión, la capacidad de estar enamorado de la profesión a la que se dedicaba, y la aplicación de este amor profesional a ser unos abogados -me parece que lo dice Casares en el libro- de arriba a abajo, es decir, de arriba a abajo o de abajo a arrib: abogados.

Y unos abogados entendiéndolos como juristas rigurosos capaces de luchar con el Derecho como un arma al servicio de la defensa de os derechos de aquellos que los ven pisados o ignorados.

Y por tanto, con un compromiso que tenía que pasar por la Magistratura, pero que iba más allá de la Magistratura, y que iba, en el terreno colegial, en la actividad en el Colegio, y en el terreno político, en el compromiso directo en la organización, la defensa, el asesoramiento y la ayuda al movimiento obrero organizado y, en concreto, -después cuando se crearon- al movimiento de Comisiones Obreras, con la incorporación en el Partido Socialista unificado de Catalunya más adelante. Pero ya es una etapa posterior.

Yo le recuerdo, sobre todo, esta capacidad -lo digo con toda rotundidad- esta maestranza en que el amor a la profesión es la condición indispensable para poder realizar una tarea al servicio de una cosa que no son solo los demás, sino que es, de alguna manera, a las propias ideas y a las propias convicciones. Y una maestranza, por tanto, en generosidad, en tenacidad, en entrega, en utilizar el sentido jurídico para interpretar el derecho y aplicarlo, no desde el punto de vista de la inercia, sino desde el punto de vista de la alteración de la realidad para conseguir que el Derecho encarne la realidad, para conseguir que el Derecho se haga realidad.

Yo creo que el riesgo de creer en alguna cosa, de creer profundamente en alguna cosa, y de poner todo el esfuerzo y la vida en aquello en lo que uno cree, cuando aquello en lo que uno cree pasa por la solidaridad entre los humanos, significa la expresión de luchar, con toda la tenacidad y el rigor, por todo aquello que uno cree que es justo.

Esto tiene costes, esto implica situaciones difíciles, pero proporciona siempre la satisfacción de que uno ha hecho aquello que tenía que hacer. Y por esto vale la pena recordar a Albert como una persona que lo hizo y que, por eso mismo, pasa a tener patrimonio de todos aquellos que creen que luchar por la justicia, que luchar por la creación de una realidad que esté empapada del derecho racional y del derecho basado en la igualdad, es algo que vale la pena.

 Y por eso os agradezco que me hayáis pedido que esté aquí para poder decir exactamente esto: es un personaje, una personalidad que corresponde a este país, y que expresa una voluntad de justicia, la voluntad de esfuerzo para hacer un mundo más humano, basado en personas que se respetan como tales. Muchas gracias.
 

Isidre Molas  - http://www.lafactoriaweb.com 

Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*

Buscar recursos sobre

Los más nuevos

Una frase memorable

Más lecturas interesantes

Acerca de GestioPolis: Qué es GestioPolisTérminos de uso y Política de privacidadMapa del sitioContáctoAliadosContratar publicidad

Derechos de Autor: Los contenidos están bajo la licencia Reconocimiento - No comercial - Compartir bajo la misma licencia 3.0 Unported de Creative Commons a menos que se indiquen derechos de autor específicos.  Si desea citar o utilizar públicamente alguno de los contenidos le solicitamos ponerse en contacto con el respectivo autor.

Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web GestioPolis.com © 2008 Carlos López