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JÓVENES MILITANTES MUSULMANES DE LA PERIFERIA

Autor: Rachid Benzine  Christian Delorme

OTROS CONCEPTOS DE ECONOMÍA

05-2005

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Cuando, en diciembre de 1983, como final de una larga "Marcha por la Igualdad" a través de Francia, "los beurs entran en París" (por citar el titular de portada de un periódico de difusión nacional), a nadie se le hubiera ocurrido preguntar sobre el islam de estos chicos y chicas descendientes de las inmigraciones magrebíes.

Gritaban "justicia" e "igualdad", reivindicando simplemente que la República ejerza sus propios principios. Más parecían los niños de 1789 que hijos e hijas del islam...

Casi quince años después, los mismos jóvenes, o sus hermanos pequeños (cuando no sus hijos), son vistos de distinto modo. Su "magrebismo", sobre todo si viven en barrios populares de la periferia de nuestras ciudades, está casi sistemáticamente asociada con su "islamismo", incluso cuando los interesados no se reclaman del islam.

¿Qué ha pasado para que el panorama cambie de esta manera? ¿Las periferias populares se han transformado en "periferias del islam", como predijo el título de un libro publicado en 1987 por el politólogo Gilles Kepel, como lo daría a entender a menudo, los grandes medios de comunicación?.

Cambios, ciertamente, los ha habido. A través del mundo, antes que nada: un islam político no cesa de darse a conocer, a través de unos países fuertes y diversos, los Estados musulmanes como país de inmigración.

En casi todos los países musulmanes hay una gran población musulmana, es un procedimiento de reapropiación o de apropiación del islam que se expresa con vigor, a menudo con una fuerza de respuesta a los regímenes políticos existentes y como denuncia de un orden económico mundial injusto.

El hundimiento del imperio soviético, precedido por su derrota en la guerra de Afganistán, ha acentuado este fenómeno, que los sueños de revolución comunista han dado paso a utopías islamistas.

Una reislamización visible

En los países en que el islam está transplantado, particularmente en Francia, donde viven unos 4 millones de musulmanes, este procedimiento de reislamización ha llegado a ser muy sensible.

Empezó a partir de 1989 son la cuestión del "velo islámico" en el colegio: diversas lecturas de carácter laico y republicano se hicieron oír y se opusieron. Una Francia anonadada tuvo la impresión de ver el espectro de la revolución islámica iraní, o el hesbollah libanés, manifestarse en el corazón mismo de sus barrios y de sus instituciones.

Pero esto parecía más difícil de entender; miles de chicas jóvenes se cubrían la cabeza y eran, en su mayoría, nativas de nuestro país, aunque afirmaron cubrirse voluntariamente,

cuando este velo era percibido (y sigue siendo percibido) en nuestra sociedad como un instrumento de dominación de las mujeres (lo que puede ser, efectivamente, como testifica la instauración del "terror taliba" en Kaboul).
Al mismo tiempo, en numerosos barrios del hexágono, hemos visto surgir asociaciones de jóvenes haciendo referencia al islam.

Basándose en el apoyo escolar, las actividades deportivas, y también la iniciación religiosa, no tardaron en entrar en conflicto con los maestros y los trabajadores sociales, cuestionando su capacidad y voluntad, hacia la integración de las jóvenes generaciones.

A lo largo de los años ochenta, las instituciones de nuestro país se habían acostumbrado a encontrar en los barrios, a militantes asociativos magrebíes, citando los ideales de la República para hacer valer lo que ellos estimaban eran sus derechos. Y he aquí que un discurso reivindicativo, arraigándose en el mensaje islámico, cogía el relevo!.

Algo más grave: el movimiento argelino que se opone, desde 1992, a un poder militar y a grupos armados predicando un islamismo radical, y ha dramatizado la cuestión del lugar de los musulmanes en la sociedad francesa suscitando inquietudes legítimas.

Pues, desgraciadamente, se va a descubrir en Francia redes reivindicativas del islamismo que practican el terrorismo, dedicándose al tráfico de armas, de drogas o al bandidaje clásico. "El asunto Khaled Kelkal", en 1995, ha marcado las conciencias por mucho tiempo.

Añadimos a esto un fuerte contencioso histórico entre Francia y el islam, sobre todo entre Francia y el islam argelino, así como la dificultad de los musulmanes de nuestro país para dotarse de estructuras representativas, lo que hace que el islam aparezca ante nuestros ciudadanos y representantes, como un obstáculo a la integración.

 De ahí que, "la entrada en el islam" de jóvenes de nuestras periferias sea percibida casi siempre, como un peligro o una catástrofe.

Apariencia y realidad

Pero ¿cuál es la realidad de este fenómeno de adhesión de jóvenes de nuestros barrios a un islam militante? ¿Se trata de una moda pasajera o es un movimiento de fondo?

Es necesario tener presente que la totalidad de la juventud magrebí de Francia proviene del islam, que nacieron "dentro", y que forma parte de su patrimonio.

Pueden haberse beneficiado o no de la transmisión de conocimientos religiosos, ya que la mayoría de jóvenes tienen una memoria y una imaginación impresionadas por las referencias religiosas de sus padres y los ritos familiares. Se sienten miembros, aunque un tanto lejanos, de esa comunidad de destino que representa a la inmensa multitud de musulmanes del mundo, mientras en occidente el islam está generalmente asimilado a un universo oscurantista y bárbaro.

Las prácticas matrimoniales continúan marcadas por las reglas del islam, aunque el número de "parejas mixtas" (casadas o no) aumenta.

No obstante, en la inmigración el hecho dominante, seguramente no es la reislamización, más bien la desislamización progresiva de las nuevas generaciones, a semejanza de la descristianización que está ocurriendo desde hace más de un siglo en la sociedad francesa. Los "beurs" llamados "sin religión", son cada vez más numerosos, y responden a un agnosticismo abierto a todos los interrogantes.

"¿Cuántas divisiones?"

Para la mayoría de jóvenes que practican regularmente, el modelo de islam es el mismo que encontramos en la mayoría de "veteranos" de la inmigración. Se trata de "un islam tranquilo, que bebe a menudo de fuentes étnicas y comunitarias, un islam secularizado y privatizado, muy discreto", como lo define el investigador en ciencias políticas Jocelyne Cesari.

 Se vive sobre todo en la célula familiar, se hace oír poco en público, reivindica suavemente un mínimo de respeto y un mínimo de libertad de culto. No se interrogan, o lo hacen muy poco, sobre una organización nacional posible y sobre el surgimiento de una "representatividad".

En general, se alimentan de los servicios que ofrecen devolver a los musulmanes inmigrantes los consulados de sus países de origen, o de lo que pueden ofrecer como soporte a la práctica y a la reflexión las cadenas de televisión árabes captadas con antenas parabólicas.

¿Qué hay entonces de los jóvenes del islam militante, que se anuncian a bombo y platillo, buscan hacer adeptos y pretenden jugar un papel en la organización o la reforma de nuestra sociedad? ¿Cuántas divisiones?, para retomar la cuestión de Stalin a propósito del Vaticano.

Es muy difícil "cifrar" el número de jóvenes que se encuentran en este punto. Lo que es seguro, es que desde hace diez años, y sobre todo desde 1990, las asociaciones de jóvenes que se definen como musulmanas se multiplican a través del hexágono, y ya son de algunos centenares.

 Esto fue observado en los años ochenta con las asociaciones "beurs" (laicos sin decirlo), casi siempre compuestas por un escaso número de adeptos, a veces menos de una docena. Un "firme núcleo" los anima, y gravitan alrededor, de una manera más o menos asidua, otras docenas o centenares de jóvenes. Más que la aparición de un movimiento, con lo que esto puede comportar de proyecto y de organización, tenemos la sensación de estar en presencia de una "movida".

Estos jóvenes tienen la imagen de otros jóvenes del mismo medio social. No son más que otros que se inscriben en una "cultura militante" y no tienen el sentido de pertenencia a una organización.

Alejados del movimiento obrero (con excepción de aquellos, cada vez más raros, que han podido frecuentar la Juventud Obrera Cristiana, el Partido Comunista u organizaciones trotskistas), conciben esencialmente las asociaciones como estructuras en las cuales pueden encontrar un recurso en caso de necesidad.

La "vuelta" al islam se mide más con el comportamiento, que con el compromiso de las organizaciones. Así, vemos estos adolescentes que se saludan llevando la mano sobre el corazón; que en los restaurantes de comida rápida reemplazan las hamburguesas por porciones de pescado, porque la carne no ha sido sangrada ritualmente; estos chicos que se comprometen a no besar a las chicas aduciendo las reglas islámicas; las barbas cortadas "según la tradición"; la gente joven va junta a las mezquitas y lo hacen notar...

 En estas actitudes, la autenticidad rivaliza con el "hacer ver". Así, un joven que en medio de sus compañeros realiza pasos de devoto, multiplica los insha Allah u otras exclamaciones religiosas, y puede llevar otra vida donde el flirteo y el consumo de cerveza no están descuidados. "No ha llegado aún" es lo que dirán con indulgencia, sus camaradas realmente comprometidos.

Una "reapropiación de identidad"

A aquellos que eligieron comprometerse seriamente no les agrada que expliquemos este compromiso, por las dificultades de integración en la sociedad francesa. De hecho, ser creyente y practicante, es que primero respondan a la llamada de Dios, y que desarrollen la dimensión espiritual que llevan dentro. Pero a esta juventud de nuestro país sólo les queda la natural condición de crear un terreno particularmente propicio para una investigación religiosa.

Así, el apasionamiento por el islam de una parte de la juventud magrebí de Francia, empezó a expresarse de manera importante después de la guerra del Golfo.

Con el símbolo de una coalición de todo el mundo de occidente contra un pueblo árabe y musulmán, gran número de jóvenes se sintieron menospreciados en su identidad árabe.

 Ya muchos habían sido heridos profundamente por el debate de los años 1986-1987 en el código de la nacionalidad, que había hecho pensar ampliamente que los jóvenes de origen musulmán debían probar su capacidad de ser franceses leales, cosa que no resultaba problemática para los demás.

 En 1989, "el asunto del velo", con todas las caricaturas de la religiosidad musulmana a que dió lugar, ha acentuado el sentimiento de que los musulmanes no son aceptados.

Una parte de los jóvenes busca negociar su lugar de manera comunitaria y la parte religiosa tiene un papel nada despreciable en esta búsqueda.

Es así que, en lo que concierne al islam de los jóvenes periféricos, se puede hablar de "reapropiación de identidad", así como de un "islam neocomunitario", según la expresión de Farhad Khosrokhavar. Este "islam neocomunitario" es el producto manifiesto de una situación concreta de jóvenes en nuestras ciudades.

Porque la experiencia de su no utilidad en la sociedad francesa (la mitad de chicos magrebíes de 18 a 25 años están sin ocupación), porque su dignidad es muy a menudo escarnecida (en las grandes ciudades, y particularmente en la región de París, los frecuentes controles de identidad "de facciones"),

porque la herencia árabe-islámica es despreciada tanto en los programas escolares como en el contenido de emisiones de televisión..., la parte de esta juventud más herida forma una población en busca de una identidad rica y con valores. Cada vez más jóvenes están tentados a buscar pequeñas comunidades de creyentes donde se viva en un ambiente de ayuda mútua fraternal.

Obtener el reconocimiento de un grupo compartiendo la misma fe constituye un saludable consuelo, tanto es así que el islam está a punto de convertirse en la primera religión del mundo, debido al gran número de adeptos, y esto es un "sagrado" valor. Con el reconocimiento del grupo, se reconoce también, la búsqueda de Dios. Esperar en Dios para no desesperar a los hombres.

 Cuando la vida parecía desprovista de sentido, se encuentra con uno: el de tener una misión que cumplir, la conversión de sus padres y la creación de una micro sociedad islámica en el seno de una sociedad no islámica:

"se sustituye la identidad indigna del parado por otra digna, la musulmana, y el paro no lo reduce a la insignificancia existencial: puede ser socialmente improductivo, pero es religiosamente necesario, estando al servicio de Dios y dando un sentido a su vida que sobrepasa la de los hombres" (F. Khoskhavar).

Por supuesto, este islam neocomunitario choca frontalmente con la cultura de nuestra sociedad donde el carácter laico (comprendido como relegación de la religión al espacio privado) hace de figura de un modelo aceptable.

Reivindicando en público una identidad musulmana, estos jóvenes asustan. Pero ¿podemos reprocharles el hecho de "arreglar" así el sentido de su existencia?

Contra el ostracismo y el racismo, contra el rechazo y la inferiorización, un islam más o menos provocador puede jugar un papel de autoprotección. Para muchos, el islam esta concebido como la base más significativa de su identidad primaria.

 Tiende a ser la expresión de una etnicidad. Y como el sentimiento que predomina es que a Francia no le gusta el islam, y que está construida contra él.

Desde Charles Martela hasta el 15% de electores que votaron al Frente Nacional, los jóvenes militantes musulmanes pueden ser tentados a crear una identidad de oposición. Algunos se reconocerán como musulmanes y franceses, pero otros se llamaran musulmanes para no llamarse franceses...

Un islam de jóvenes, para los jóvenes

Aún si el compromiso militante en el islam de un cierto número de jóvenes representa una tentativa para reanudar los hilos rotos de su historia, este islam ya no es un islam transplantado de sus padres o sus primogénitos. Hay una marcada ruptura con aquel.

De hecho, la religiosidad tradicional y popular de sus padres les parece cargada de demasiados signos exteriores (como el culto a los santos), demasiadas supersticiones. Reprochan a sus progenitores el no haberles transmitido los conocimientos religiosos y los conocimientos necesarios que, según ellos, son necesarios para la construcción de la profesora.

Mientras el islam de los padres está generalmente marcado por la pertenencia de tal o cual nacionalidad y en el que las divisiones nacionales tienen una gran importancia en las relaciones entre musulmanes, ellos afirman con fuerza que son miembros de una comunidad, el Umma, y que este transciende a las identidades nacionales. Las asociaciones de los jóvenes son resueltamente "plurinacionales" y "no étnicas".

 La lengua francesa se encuentra, con estos jóvenes, como el primer vehículo de transmisión del saber religioso. Pero, ante todo, los jóvenes que se comprometen es que han elegido realmente el islam. Así es que en estos medios se habla no de una "vuelta" al islam, sino de una "entrada" al islam.


Sin embargo, aunque tomando una actitud diferente de la de sus padres, estos jóvenes no van a despreciarles necesariamente.

A los reproches, que estarán tentados de hacerles, le va a seguir, a menudo, el aprendizaje de un nuevo respeto. Los padres se introducen así, a una práctica regular y ortodoxa del islam bajo la influencia de sus hijos. El islam puede convertirse pues, en un camino de reconciliación con unos padres (los padres sobre todo) con quienes hasta ahora, era difícil identificarse a causa de su estatuto desvalorizado en la sociedad.

El islam militante de los jóvenes se presenta como un islam de jóvenes para los jóvenes. Sus reuniones son, casi siempre bajo las torres o en locales asociativos no en las mezquitas. Bajo el cayado de "grandes hermanos", una especie de "dobles positivos" de los malos hermanos, traficantes de drogas, se inician a la práctica de una religión que aprovecha la vida.

Porque el islam no es solamente una fe que se vive en el secreto del corazón, o en las reuniones de los lugares de culto, es también un modo de existencia que, al ritmo de las cinco oraciones cotidianas, regla toda la vida.

 Entrando en el islam, estos jóvenes encuentran una vida limpia, una disciplina que los reconcilia con ellos mismos y con los demás, una nueva moralidad donde adquieren el respeto al prójimo, la honradez, la paciencia y la renuncia a la violencia. Gracias a la religión encuentran una comunidad donde se viven, concretamente, la solidaridad y la fraternidad.

Algunos, liberándose así de las tentaciones hedonistas, quieren marcar su ruptura con una sociedad fundada sobre el dinero, y piden prestadas las vías de una religiosidad particularmente rigurosa. La castidad se convierte en la regla para aquellos que no están casados, y como esto es difícil en la vida, los militantes están invitados a casarse rápidamente para no ceder a la tentación de amores ilegales.

Lazos de reconstrucción

En contra de la pérdida de la cohesión de las comunidades magrebíes, estas asociaciones se convierten en lugares de reconstrucción del lazo comunitario, pero también en lugares de reconstrucción del lazo social.

Donde las familias van mal, se ayudan unas a otras, preocupándose por la educación de los hijos, o suministrando los socorros necesarios. Así se afirman nuevos actores sociales, tanto más eficaces ya que se sienten llamados a una misión y reaccionan sin preocuparse por un provecho material.

Por supuesto, cuando la acción de estos grupos gira hacia el proselitismo, y tratan de aproximarse en los cafés o en las entradas de los edificios, o también con visitas a hospitales o prisiones, asistimos, a reacciones agresivas por parte del entorno.

En estas asociaciones, encontramos a la vez jóvenes que han tenido éxito en su integración social y otros que intentan controlar su "fastidio".

Los primeros (docentes, ingenieros, educadores...) se encuentran generalmente en puestos de dirección. Entonces no se puede decir que este islam de los jóvenes sea un "islam de excluidos", ni que conlleve a la creación de un ghetto" suplementario. Por el contrario, puede constituir una vía de integración.

En la mayor parte de los casos, las asociaciones no invitan a un retrato de la sociedad francesa. Si reivindican el reconocimiento de los musulmanes en un lugar en particular para facilitar la práctica del islam, no invitan, por ello, a no ejercitar menos la ciudadanía. Cada vez más, los jóvenes musulmanes se descubren como una clientela electoral potencial que debe tomarse en cuenta.

En una u otra ciudad, no podemos denunciar que tal o cual grupo quiera imponer su ley e instaurar "un pequeño Estado islámico" en su barrio. La gran mayoría de las asociaciones tienen una actitud diferente. También parece que la época en que estas asociaciones eran tentadas a enviar a los jóvenes a Afganistán o a Bosnia, por un espíritu de solidaridad o por el entusiasmo de combatir en nombre de su Dios, ha terminado.

El islam militante de los jóvenes no es solamente un asunto de hombres. Las chicas jóvenes están bien representadas en este movimiento asociativo; los diversos conflictos relacionados con la acción de llevar el "velo islámico" lo muestran. Para ellas, la entrada al islam constituye, a menudo y por lo menos, en un primer momento, una emancipación.

 A partir de aquí, en efecto, se acaba la sospecha de libertinaje que pueda pesar sobre ellas en el seno de la familia. Llevando el velo están a cubierto de cualquier ofensa al pudor, pueden circular más libremente y dirigirse "de igual a igual" a sus padres y hermanos. En las asociaciones más importantes tienen sus propias actividades, se ocupan de sus hijas, mientras que los hombres cuidan de los chicos.

¿Qué futuro hay para este islam militante?

Hijos de la crisis, aparecidos en un mundo donde se han desvanecido las grandes doctrinas proveedoras de sentido, los jóvenes musulmanes de nuestras periferias que anuncian su fe, son los primeros seres en búsqueda.

Muchos de los que se dirigen a las reuniones que se organizan cada año en el Bourget, la Unión de las Organizaciones Islámicas de Francia (U.O.I.F), van para encontrar herramientas que les ayuden a edificarse, para sentirse menos solos en su búsqueda, aunque no deseen comprometerse en una acción militante. Las asociaciones que pudieron crearse en estos últimos diez años, han visto pasar docenas y centenares de jóvenes que finalmente, no se quedaron.

Las asociaciones mismas se buscan, intentando definir la cara del islam en la cual ellas se reconocen. Una asociación tan importante como la de la Unión de Jóvenes Musulmanes (UJM) en Lyon,

 creada hace diez años, ha comenzado por comprometerse en acciones de solidaridad musulmana internacional y por pensar en una futura "organización masiva", antes de llegar a ser esencialmente, un lugar de formación procurando los medios para profundizar en la fe.

Una parte de los grupos o asociaciones de jóvenes musulmanes intenta articularse en torno a las federaciones de asociaciones musulmanas que se esfuerzan en estructurarse en Francia: UOIF (organización que se inscribe en el movimiento de los hermanos musulmanes), Tablig (movimiento internacional pietista de reislamización), Federación Nacional de Francia o Asociación de los Estudiantes Islámicos en Francia.

 Alrededor de la UOIF se ha constituido también, el movimiento de Jóvenes Musulmanes de Francia (JMF) así como una organización de los estudiantes musulmanes. Pero muchos otros grupos de jóvenes están atentos a conservar su total independencia, lejos de todas las influencias internacionales que tienen pretensiones sobre la organización del islam en Francia.

Para todos se encuentra el problema de las figuras de referencia, de las "personas- recursos" en un contexto tan pobre en "ámbitos" musulmanes poseedores de un saber teológico y capaces de transmitirlo.

Hoy la persona más solicitada es el joven profesor de filosofía suiza Tariq Ramadan. Pero los mismos que recurren a Tariq Ramdan, un personaje abierto, podrán servirse también, de las malas cintas de video del predicador (recientemente fallecido) Ahmed Diddat, que ha tratado durante años la polémica contra el cristianismo.

Con estos reagrupamientos de jóvenes musulmanes, es un "islam de la base" el que se manifiesta, un islam que se organiza "por debajo", al contrario de las tentativas de estructuración del islam que intentan promover los poderes públicos franceses o los Estados de donde son originarios la mayoría de los musulmanes en Francia. Es un islam sin notables y hasta sin imánes, los recursos de estos últimos son pocos hasta ahora, ya que la mayoría de los que ejercen en nuestro país vienen del suyo y no hablan el francés.

Seguramente, una parte de ellos se comprometen duraderamente en estas asociaciones, para componer una parte del ámbito del islam del mañana. Pero es muy difícil preveer el futuro de este movimiento.

La referencia cada vez más manifiesta de los jóvenes magrebíes islámicos (aunque también africanos negros) es: ¿Se van a quedar en una simple "manera de ser", en una forma de "estar presente" colectivamente al de la sociedad francesa, sin que esto conduzca a una estructuración particular, o va a acabar por representar una verdadera fuerza de reagrupamiento, de contestación y de propuesta?

La respuesta a esta cuestión depende tanto de la capacidad de nuestra sociedad para saber integrar socialmente a los "hijos de la inmigración", como de la manera como sea tratado el islam en la República.

 Quizá, más que sus padres, los jóvenes musulmanes sufren de una imagen generalmente falsa y peyorativa que los grandes medios de comunicación difunden en todo lo concerniente al islam, y esperan que su religiosidad adquiera un verdadero derecho de ciudadanía, del que se beneficia las otras grandes confesiones.
 

Rachid Benzine  Christian Delorme  - http://www.lafactoriaweb.com 

Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*

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