Casi quince años después, los mismos jóvenes, o sus hermanos pequeños (cuando no sus hijos), son vistos de distinto modo. Su "magrebismo", sobre todo si viven en barrios populares de la periferia de nuestras ciudades, está casi sistemáticamente asociada con su "islamismo", incluso cuando los interesados no se reclaman del islam.
¿Qué ha pasado para que el panorama cambie de esta manera? ¿Las
periferias populares se han transformado en "periferias del islam", como
predijo el título de un libro publicado en 1987 por el politólogo Gilles
Kepel, como lo daría a entender a menudo, los grandes medios de
comunicación?.
Cambios, ciertamente, los ha habido. A través del mundo, antes que nada:
un islam político no cesa de darse a conocer, a través de unos países
fuertes y diversos, los Estados musulmanes como país de inmigración.
En casi todos los países musulmanes hay una gran población musulmana, es un procedimiento de reapropiación o de apropiación del islam que se expresa con vigor, a menudo con una fuerza de respuesta a los regímenes políticos existentes y como denuncia de un orden económico mundial injusto.
El hundimiento del imperio soviético, precedido por su derrota en la
guerra de Afganistán, ha acentuado este fenómeno, que los sueños de
revolución comunista han dado paso a utopías islamistas.
Una reislamización visible
En los países en que el islam está transplantado, particularmente en
Francia, donde viven unos 4 millones de musulmanes, este procedimiento
de reislamización ha llegado a ser muy sensible.
Empezó a partir de 1989 son la cuestión del "velo islámico" en el colegio: diversas lecturas de carácter laico y republicano se hicieron oír y se opusieron. Una Francia anonadada tuvo la impresión de ver el espectro de la revolución islámica iraní, o el hesbollah libanés, manifestarse en el corazón mismo de sus barrios y de sus instituciones.
Pero esto parecía más difícil de entender; miles de chicas jóvenes se cubrían la cabeza y eran, en su mayoría, nativas de nuestro país, aunque afirmaron cubrirse voluntariamente,
cuando este velo era percibido (y sigue siendo percibido) en nuestra
sociedad como un instrumento de dominación de las mujeres (lo que puede
ser, efectivamente, como testifica la instauración del "terror taliba"
en Kaboul).
Al mismo tiempo, en numerosos barrios del hexágono, hemos visto surgir
asociaciones de jóvenes haciendo referencia al islam.
Basándose en el apoyo escolar, las actividades deportivas, y también la iniciación religiosa, no tardaron en entrar en conflicto con los maestros y los trabajadores sociales, cuestionando su capacidad y voluntad, hacia la integración de las jóvenes generaciones.
A lo largo de los años ochenta, las instituciones de nuestro país se
habían acostumbrado a encontrar en los barrios, a militantes asociativos
magrebíes, citando los ideales de la República para hacer valer lo que
ellos estimaban eran sus derechos. Y he aquí que un discurso
reivindicativo, arraigándose en el mensaje islámico, cogía el relevo!.
Algo más grave: el movimiento argelino que se opone, desde 1992, a un
poder militar y a grupos armados predicando un islamismo radical, y ha
dramatizado la cuestión del lugar de los musulmanes en la sociedad
francesa suscitando inquietudes legítimas.
Pues, desgraciadamente, se va a descubrir en Francia redes
reivindicativas del islamismo que practican el terrorismo, dedicándose
al tráfico de armas, de drogas o al bandidaje clásico. "El asunto Khaled
Kelkal", en 1995, ha marcado las conciencias por mucho tiempo.
Añadimos a esto un fuerte contencioso histórico entre Francia y el islam,
sobre todo entre Francia y el islam argelino, así como la dificultad de
los musulmanes de nuestro país para dotarse de estructuras
representativas, lo que hace que el islam aparezca ante nuestros
ciudadanos y representantes, como un obstáculo a la integración.
De ahí que, "la entrada en el islam" de jóvenes de nuestras
periferias sea percibida casi siempre, como un peligro o una catástrofe.
Apariencia y realidad
Pero ¿cuál es la realidad de este fenómeno de adhesión de jóvenes de
nuestros barrios a un islam militante? ¿Se trata de una moda pasajera o
es un movimiento de fondo?
Es necesario tener presente que la totalidad de la juventud magrebí de
Francia proviene del islam, que nacieron "dentro", y que forma parte de
su patrimonio.
Pueden haberse beneficiado o no de la transmisión de conocimientos religiosos, ya que la mayoría de jóvenes tienen una memoria y una imaginación impresionadas por las referencias religiosas de sus padres y los ritos familiares. Se sienten miembros, aunque un tanto lejanos, de esa comunidad de destino que representa a la inmensa multitud de musulmanes del mundo, mientras en occidente el islam está generalmente asimilado a un universo oscurantista y bárbaro.
Las prácticas matrimoniales continúan marcadas por las reglas del
islam, aunque el número de "parejas mixtas" (casadas o no) aumenta.
No obstante, en la inmigración el hecho dominante, seguramente no es la
reislamización, más bien la desislamización progresiva de las nuevas
generaciones, a semejanza de la descristianización que está ocurriendo
desde hace más de un siglo en la sociedad francesa. Los "beurs" llamados
"sin religión", son cada vez más numerosos, y responden a un
agnosticismo abierto a todos los interrogantes.
"¿Cuántas divisiones?"
Para la mayoría de jóvenes que practican regularmente, el modelo de
islam es el mismo que encontramos en la mayoría de "veteranos" de la
inmigración. Se trata de "un islam tranquilo, que bebe a menudo de
fuentes étnicas y comunitarias, un islam secularizado y privatizado, muy
discreto", como lo define el investigador en ciencias políticas Jocelyne
Cesari.
Se vive sobre todo en la célula familiar, se hace oír poco en público, reivindica suavemente un mínimo de respeto y un mínimo de libertad de culto. No se interrogan, o lo hacen muy poco, sobre una organización nacional posible y sobre el surgimiento de una "representatividad".
En general, se alimentan de los servicios que ofrecen devolver a los
musulmanes inmigrantes los consulados de sus países de origen, o de lo
que pueden ofrecer como soporte a la práctica y a la reflexión las
cadenas de televisión árabes captadas con antenas parabólicas.
¿Qué hay entonces de los jóvenes del islam militante, que se anuncian a
bombo y platillo, buscan hacer adeptos y pretenden jugar un papel en la
organización o la reforma de nuestra sociedad? ¿Cuántas divisiones?,
para retomar la cuestión de Stalin a propósito del Vaticano.
Es muy difícil "cifrar" el número de jóvenes que se encuentran en este
punto. Lo que es seguro, es que desde hace diez años, y sobre todo desde
1990, las asociaciones de jóvenes que se definen como musulmanas se
multiplican a través del hexágono, y ya son de algunos centenares.
Esto fue observado en los años ochenta con las asociaciones "beurs"
(laicos sin decirlo), casi siempre compuestas por un escaso número de
adeptos, a veces menos de una docena. Un "firme núcleo" los anima, y
gravitan alrededor, de una manera más o menos asidua, otras docenas o
centenares de jóvenes. Más que la aparición de un movimiento, con lo que
esto puede comportar de proyecto y de organización, tenemos la sensación
de estar en presencia de una "movida".
Estos jóvenes tienen la imagen de otros jóvenes del mismo medio social.
No son más que otros que se inscriben en una "cultura militante" y no
tienen el sentido de pertenencia a una organización.
Alejados del movimiento obrero (con excepción de aquellos, cada vez
más raros, que han podido frecuentar la Juventud Obrera Cristiana, el
Partido Comunista u organizaciones trotskistas), conciben esencialmente
las asociaciones como estructuras en las cuales pueden encontrar un
recurso en caso de necesidad.
La "vuelta" al islam se mide más con el comportamiento, que con el
compromiso de las organizaciones. Así, vemos estos adolescentes que se
saludan llevando la mano sobre el corazón; que en los restaurantes de
comida rápida reemplazan las hamburguesas por porciones de pescado,
porque la carne no ha sido sangrada ritualmente; estos chicos que se
comprometen a no besar a las chicas aduciendo las reglas islámicas; las
barbas cortadas "según la tradición"; la gente joven va junta a las
mezquitas y lo hacen notar...
En estas actitudes, la autenticidad rivaliza con el "hacer
ver". Así, un joven que en medio de sus compañeros realiza pasos de
devoto, multiplica los insha Allah u otras exclamaciones religiosas, y
puede llevar otra vida donde el flirteo y el consumo de cerveza no están
descuidados. "No ha llegado aún" es lo que dirán con indulgencia, sus
camaradas realmente comprometidos.
Una "reapropiación de identidad"
A aquellos que eligieron comprometerse seriamente no les agrada que
expliquemos este compromiso, por las dificultades de integración en la
sociedad francesa. De hecho, ser creyente y practicante, es que primero
respondan a la llamada de Dios, y que desarrollen la dimensión
espiritual que llevan dentro. Pero a esta juventud de nuestro país sólo
les queda la natural condición de crear un terreno particularmente
propicio para una investigación religiosa.
Así, el apasionamiento por el islam de una parte de la juventud magrebí
de Francia, empezó a expresarse de manera importante después de la
guerra del Golfo.
Con el símbolo de una coalición de todo el mundo de occidente contra un pueblo árabe y musulmán, gran número de jóvenes se sintieron menospreciados en su identidad árabe.
Ya muchos habían sido heridos profundamente por el debate de los años 1986-1987 en el código de la nacionalidad, que había hecho pensar ampliamente que los jóvenes de origen musulmán debían probar su capacidad de ser franceses leales, cosa que no resultaba problemática para los demás.
En 1989, "el asunto del velo", con todas las caricaturas de la
religiosidad musulmana a que dió lugar, ha acentuado el sentimiento de
que los musulmanes no son aceptados.
Una parte de los jóvenes busca negociar su lugar de manera comunitaria y
la parte religiosa tiene un papel nada despreciable en esta búsqueda.
Es así que, en lo que concierne al islam de los jóvenes periféricos,
se puede hablar de "reapropiación de identidad", así como de un "islam
neocomunitario", según la expresión de Farhad Khosrokhavar. Este "islam
neocomunitario" es el producto manifiesto de una situación concreta de
jóvenes en nuestras ciudades.
Porque la experiencia de su no utilidad en la sociedad francesa (la
mitad de chicos magrebíes de 18 a 25 años están sin ocupación), porque
su dignidad es muy a menudo escarnecida (en las grandes ciudades, y
particularmente en la región de París, los frecuentes controles de
identidad "de facciones"),
porque la herencia árabe-islámica es despreciada tanto en los
programas escolares como en el contenido de emisiones de televisión...,
la parte de esta juventud más herida forma una población en busca de una
identidad rica y con valores. Cada vez más jóvenes están tentados a
buscar pequeñas comunidades de creyentes donde se viva en un ambiente de
ayuda mútua fraternal.
Obtener el reconocimiento de un grupo compartiendo la misma fe
constituye un saludable consuelo, tanto es así que el islam está a punto
de convertirse en la primera religión del mundo, debido al gran número
de adeptos, y esto es un "sagrado" valor. Con el reconocimiento del
grupo, se reconoce también, la búsqueda de Dios. Esperar en Dios para no
desesperar a los hombres.
Cuando la vida parecía desprovista de sentido, se encuentra con uno: el de tener una misión que cumplir, la conversión de sus padres y la creación de una micro sociedad islámica en el seno de una sociedad no islámica:
"se sustituye la identidad indigna del parado por otra digna, la
musulmana, y el paro no lo reduce a la insignificancia existencial:
puede ser socialmente improductivo, pero es religiosamente necesario,
estando al servicio de Dios y dando un sentido a su vida que sobrepasa
la de los hombres" (F. Khoskhavar).
Por supuesto, este islam neocomunitario choca frontalmente con la
cultura de nuestra sociedad donde el carácter laico (comprendido como
relegación de la religión al espacio privado) hace de figura de un
modelo aceptable.
Reivindicando en público una identidad musulmana, estos jóvenes asustan.
Pero ¿podemos reprocharles el hecho de "arreglar" así el sentido de su
existencia?
Contra el ostracismo y el racismo, contra el rechazo y la inferiorización, un islam más o menos provocador puede jugar un papel de autoprotección. Para muchos, el islam esta concebido como la base más significativa de su identidad primaria.
Tiende a ser la expresión de una etnicidad. Y como el sentimiento que predomina es que a Francia no le gusta el islam, y que está construida contra él.
Desde Charles Martela hasta el 15% de electores que votaron al Frente
Nacional, los jóvenes militantes musulmanes pueden ser tentados a crear
una identidad de oposición. Algunos se reconocerán como musulmanes y
franceses, pero otros se llamaran musulmanes para no llamarse
franceses...
Un islam de jóvenes, para los jóvenes
Aún si el compromiso militante en el islam de un cierto número de
jóvenes representa una tentativa para reanudar los hilos rotos de su
historia, este islam ya no es un islam transplantado de sus padres o sus
primogénitos. Hay una marcada ruptura con aquel.
De hecho, la religiosidad tradicional y popular de sus padres les parece
cargada de demasiados signos exteriores (como el culto a los santos),
demasiadas supersticiones. Reprochan a sus progenitores el no haberles
transmitido los conocimientos religiosos y los conocimientos necesarios
que, según ellos, son necesarios para la construcción de la profesora.
Mientras el islam de los padres está generalmente marcado por la
pertenencia de tal o cual nacionalidad y en el que las divisiones
nacionales tienen una gran importancia en las relaciones entre
musulmanes, ellos afirman con fuerza que son miembros de una comunidad,
el Umma, y que este transciende a las identidades nacionales. Las
asociaciones de los jóvenes son resueltamente "plurinacionales" y "no
étnicas".
La lengua francesa se encuentra, con estos jóvenes, como el primer vehículo de transmisión del saber religioso. Pero, ante todo, los jóvenes que se comprometen es que han elegido realmente el islam. Así es que en estos medios se habla no de una "vuelta" al islam, sino de una "entrada" al islam.
Sin embargo, aunque tomando una actitud diferente de la de sus padres,
estos jóvenes no van a despreciarles necesariamente.
A los reproches, que estarán tentados de hacerles, le va a seguir, a
menudo, el aprendizaje de un nuevo respeto. Los padres se introducen
así, a una práctica regular y ortodoxa del islam bajo la influencia de
sus hijos. El islam puede convertirse pues, en un camino de
reconciliación con unos padres (los padres sobre todo) con quienes hasta
ahora, era difícil identificarse a causa de su estatuto desvalorizado en
la sociedad.
El islam militante de los jóvenes se presenta como un islam de jóvenes
para los jóvenes. Sus reuniones son, casi siempre bajo las torres o en
locales asociativos no en las mezquitas. Bajo el cayado de "grandes
hermanos", una especie de "dobles positivos" de los malos hermanos,
traficantes de drogas, se inician a la práctica de una religión que
aprovecha la vida.
Porque el islam no es solamente una fe que se vive en el secreto del corazón, o en las reuniones de los lugares de culto, es también un modo de existencia que, al ritmo de las cinco oraciones cotidianas, regla toda la vida.
Entrando en el islam, estos jóvenes encuentran una vida limpia,
una disciplina que los reconcilia con ellos mismos y con los demás, una
nueva moralidad donde adquieren el respeto al prójimo, la honradez, la
paciencia y la renuncia a la violencia. Gracias a la religión encuentran
una comunidad donde se viven, concretamente, la solidaridad y la
fraternidad.
Algunos, liberándose así de las tentaciones hedonistas, quieren marcar
su ruptura con una sociedad fundada sobre el dinero, y piden prestadas
las vías de una religiosidad particularmente rigurosa. La castidad se
convierte en la regla para aquellos que no están casados, y como esto es
difícil en la vida, los militantes están invitados a casarse rápidamente
para no ceder a la tentación de amores ilegales.
Lazos de reconstrucción
En contra de la pérdida de la cohesión de las comunidades magrebíes,
estas asociaciones se convierten en lugares de reconstrucción del lazo
comunitario, pero también en lugares de reconstrucción del lazo social.
Donde las familias van mal, se ayudan unas a otras, preocupándose por la
educación de los hijos, o suministrando los socorros necesarios. Así se
afirman nuevos actores sociales, tanto más eficaces ya que se sienten
llamados a una misión y reaccionan sin preocuparse por un provecho
material.
Por supuesto, cuando la acción de estos grupos gira hacia el
proselitismo, y tratan de aproximarse en los cafés o en las entradas de
los edificios, o también con visitas a hospitales o prisiones,
asistimos, a reacciones agresivas por parte del entorno.
En estas asociaciones, encontramos a la vez jóvenes que han tenido éxito
en su integración social y otros que intentan controlar su "fastidio".
Los primeros (docentes, ingenieros, educadores...) se encuentran generalmente en puestos de dirección. Entonces no se puede decir que este islam de los jóvenes sea un "islam de excluidos", ni que conlleve a la creación de un ghetto" suplementario. Por el contrario, puede constituir una vía de integración.
En la mayor parte de los casos, las asociaciones no invitan a un
retrato de la sociedad francesa. Si reivindican el reconocimiento de los
musulmanes en un lugar en particular para facilitar la práctica del
islam, no invitan, por ello, a no ejercitar menos la ciudadanía. Cada
vez más, los jóvenes musulmanes se descubren como una clientela
electoral potencial que debe tomarse en cuenta.
En una u otra ciudad, no podemos denunciar que tal o cual grupo quiera
imponer su ley e instaurar "un pequeño Estado islámico" en su barrio. La
gran mayoría de las asociaciones tienen una actitud diferente. También
parece que la época en que estas asociaciones eran tentadas a enviar a
los jóvenes a Afganistán o a Bosnia, por un espíritu de solidaridad o
por el entusiasmo de combatir en nombre de su Dios, ha terminado.
El islam militante de los jóvenes no es solamente un asunto de hombres.
Las chicas jóvenes están bien representadas en este movimiento
asociativo; los diversos conflictos relacionados con la acción de llevar
el "velo islámico" lo muestran. Para ellas, la entrada al islam
constituye, a menudo y por lo menos, en un primer momento, una
emancipación.
A partir de aquí, en efecto, se acaba la sospecha de
libertinaje que pueda pesar sobre ellas en el seno de la familia.
Llevando el velo están a cubierto de cualquier ofensa al pudor, pueden
circular más libremente y dirigirse "de igual a igual" a sus padres y
hermanos. En las asociaciones más importantes tienen sus propias
actividades, se ocupan de sus hijas, mientras que los hombres cuidan de
los chicos.
¿Qué futuro hay para este islam militante?
Hijos de la crisis, aparecidos en un mundo donde se han desvanecido las
grandes doctrinas proveedoras de sentido, los jóvenes musulmanes de
nuestras periferias que anuncian su fe, son los primeros seres en
búsqueda.
Muchos de los que se dirigen a las reuniones que se organizan cada
año en el Bourget, la Unión de las Organizaciones Islámicas de Francia (U.O.I.F),
van para encontrar herramientas que les ayuden a edificarse, para
sentirse menos solos en su búsqueda, aunque no deseen comprometerse en
una acción militante. Las asociaciones que pudieron crearse en estos
últimos diez años, han visto pasar docenas y centenares de jóvenes que
finalmente, no se quedaron.
Las asociaciones mismas se buscan, intentando definir la cara del islam
en la cual ellas se reconocen. Una asociación tan importante como la de
la Unión de Jóvenes Musulmanes (UJM) en Lyon,
creada hace diez años, ha comenzado por comprometerse en
acciones de solidaridad musulmana internacional y por pensar en una
futura "organización masiva", antes de llegar a ser esencialmente, un
lugar de formación procurando los medios para profundizar en la fe.
Una parte de los grupos o asociaciones de jóvenes musulmanes intenta
articularse en torno a las federaciones de asociaciones musulmanas que
se esfuerzan en estructurarse en Francia: UOIF (organización que se
inscribe en el movimiento de los hermanos musulmanes), Tablig
(movimiento internacional pietista de reislamización), Federación
Nacional de Francia o Asociación de los Estudiantes Islámicos en
Francia.
Alrededor de la UOIF se ha constituido también, el movimiento
de Jóvenes Musulmanes de Francia (JMF) así como una organización de los
estudiantes musulmanes. Pero muchos otros grupos de jóvenes están
atentos a conservar su total independencia, lejos de todas las
influencias internacionales que tienen pretensiones sobre la
organización del islam en Francia.
Para todos se encuentra el problema de las figuras de referencia, de las
"personas- recursos" en un contexto tan pobre en "ámbitos" musulmanes
poseedores de un saber teológico y capaces de transmitirlo.
Hoy la persona más solicitada es el joven profesor de filosofía suiza
Tariq Ramadan. Pero los mismos que recurren a Tariq Ramdan, un personaje
abierto, podrán servirse también, de las malas cintas de video del
predicador (recientemente fallecido) Ahmed Diddat, que ha tratado
durante años la polémica contra el cristianismo.
Con estos reagrupamientos de jóvenes musulmanes, es un "islam de la
base" el que se manifiesta, un islam que se organiza "por debajo", al
contrario de las tentativas de estructuración del islam que intentan
promover los poderes públicos franceses o los Estados de donde son
originarios la mayoría de los musulmanes en Francia. Es un islam sin
notables y hasta sin imánes, los recursos de estos últimos son pocos
hasta ahora, ya que la mayoría de los que ejercen en nuestro país vienen
del suyo y no hablan el francés.
Seguramente, una parte de ellos se comprometen duraderamente en estas
asociaciones, para componer una parte del ámbito del islam del mañana.
Pero es muy difícil preveer el futuro de este movimiento.
La referencia cada vez más manifiesta de los jóvenes magrebíes
islámicos (aunque también africanos negros) es: ¿Se van a quedar en una
simple "manera de ser", en una forma de "estar presente" colectivamente
al de la sociedad francesa, sin que esto conduzca a una estructuración
particular, o va a acabar por representar una verdadera fuerza de
reagrupamiento, de contestación y de propuesta?
La respuesta a esta cuestión depende tanto de la capacidad de nuestra
sociedad para saber integrar socialmente a los "hijos de la
inmigración", como de la manera como sea tratado el islam en la
República.
Quizá, más que sus padres, los jóvenes musulmanes sufren de una
imagen generalmente falsa y peyorativa que los grandes medios de
comunicación difunden en todo lo concerniente al islam, y esperan que su
religiosidad adquiera un verdadero derecho de ciudadanía, del que se
beneficia las otras grandes confesiones.
Rachid Benzine Christian Delorme - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com
© 2008 Carlos López
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |