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Normalmente se ha tratado de zonas y países en los que la pobreza extrema o la violencia que sufría su población justificaba sobradamente el interés de estas organizaciones.
Pero también hay otros factores que explican este trabajo:
antiguas relaciones colonia-metrópoli o por lo menos relaciones de
dominación económica, a través del comercio o a través del uso de
materias primas y mano de obra barata. Y como consecuencia, elementos
lingüísticos, cuando no culturales, conocidos o comunes.
Así, la participación de distintas ONG de los países del Norte en Africa,
el Sudeste Asiático o Latinoamérica es en muchos casos el resultado de
estas relaciones anteriores que permiten un conocimiento mutuo rápido y
profundo entre las personas de diferentes países.
La presencia de ONG españolas en Latinoamérica y su
implantación es un ejemplo, ya que es relativamente mucho mayor que la
presencia en otras áreas.
Si consideramos el área mediterránea se observa que tradicionalmente no
ha habido un gran movimiento de participación de ONG de los países del
Norte, ni desde luego españolas, en las zonas más deprimidas
económicamente o donde la violencia ha ocasionado víctimas y
sufrimiento. Ha sido así hasta la explosión del conflicto en la antigua
Yugoslavia.
Probablemente ha influido el hecho de que sea un área donde la
supervivencia de la población no tiene que hacer frente a dificultades
tan graves como en otras áreas. Pero parece, sobre todo, que las claras
identidades culturales de unos países y otros,
con culturas distintas a la vez que de troncos comunes, han
condicionado el tipo de relación que se ha establecido entre las
sociedades de distintos puntos del Mediterráneo y, también, entre las
organizaciones sociales interesadas en la realización de actividades de
cooperación o de ayuda humanitaria.
Sin embargo se observan cambios en esta situación, a la vez que aumentan
las relaciones entre los pueblos de las riberas del Mediterráneo.
En primer lugar, existe un comercio y una actividad económica que,
aunque menor relativamente que en otras épocas, empuja al aumento de las
relaciones políticas y sociales; en segundo lugar el incremento de los
movimientos de personas por motivos turísticos, que se ha desarrollado
de una forma muy especial en esta área.
Pero, por encima de todo, dos hechos han transformado la percepción de
los ciudadanos de los países mediterráneos del Norte:
la guerra de los Balcanes que con su aberrante crueldad y su proximidad geográfica ha obligado a tomar posiciones, o por lo menos a intentar paliar de alguna forma el dolor de tantas víctimas, y la llegada desde hace ya algunos decenios de inmigrantes de los países del Norte de Africa buscando posibilidades vitales mejores de las que encuentran en sus países de origen.
En este sentido, para muchos catalanes la llegada de inmigrantes del
otro lado del Mediterráneo ha sido una llamada de atención sobre las
condiciones de vida de otros países. Y ha provocado, también, la
aparición de reacciones que siempre se han achacado a otros de racismo y
xenofobia.
En estas circunstancias, el trabajo que ahora se plantean las ONG para
el desarrollo en el Mediterráneo tiene que fomentar no sólo el bienestar
de todos, sino la superación de las dificultades existentes para la
convivencia que pueden expresarse a través de conflictos armados y la
generación de una relación cotidiana entre las poblaciones originarias
de los países del Norte y las poblaciones inmigrantes.
Sin considerar estos objetivos no será posible una labor duradera y realmente transformadora de la realidad.
Las ONG dedicadas al desarrollo saben ya, y ahora conviene insistir
en ello, que no se puede trabajar con la misma metodología en todas
partes, ni siquiera con los mismos objetivos. La voluntad de los pueblos
con los que se coopera es la base sobre la que configurar toda la
acción.
Algunos de los problemas actuales
Para reflexionar sobre el tipo de trabajo a realizar conviene partir de
la situación actual en el área. Aunque sólo a modo de recordatorio breve
y simplificado mencionamos algunas de las dificultades actuales que se
plantean en distintos puntos y para distintos pueblos del Mediterráneo.
Entre otras, hay que destacar tres importantes: la gran cantidad de
conflictos violentos en un área relativamente reducida y su gran
incidencia sobre las víctimas civiles, las diferencias de renta y
calidad de vida que existen y la dinámica social, religiosa y de
búsqueda de una civilización propia en amplias zonas, que abarcan países
completos y/o grupos sociales amplios de países específicos.
Los conflictos violentos se cobran víctimas casi diariamente. La
situación de guerra civil que afronta Argelia se percibe desde el
exterior como un túnel sin salida si no se producen cambios políticos
importantes,
como pueden ser, el reconocimiento del papel político del Frente Islámico de Salvación y una asunción por parte del ejército de su papel como garante de la seguridad frente al exterior, en lugar de una defensa de un determinado orden político interno.
Pero no parece que haya una voluntad clara por parte de los distintos
poderes de llegar a estas metas, ni siquiera a otras menos ambiciosas
que permitan avanzar hacia una cierta paz civil.
Mientras tanto el número de víctimas sigue aumentando y también el
desarrollo de distintos grupos armados que desde distintas posiciones
mantienen la violencia como forma de alcanzar mayores cotas de poder.
Durante mucho tiempo esta guerra civil ha sido ignorada por la comunidad
internacional que, en muchos casos, vio con simpatía la anulación de los
resultados de las elecciones argelinas que dieron la victoria al FIS.
Ahora empiezan a producirse avisos acerca de una preocupación
internacional, en especial por parte de la Unión Europea. Pero siempre
sin plantearse la adopción de medidas contundentes. De hecho se
mantienen las compras de petróleo y gas natural con el volumen y
periodicidad que nada tiene que ver con el agravamiento de la violencia
que padece la población argelina y sí con los intereses económicos de
las partes que comercian.
Otro conflicto, que no puede calificarse simplemente de interno, es el
que enfrenta a la población albanesa de Kosovo con las autoridades de
Belgrado. Mientras la violencia que soportan los albaneses derivada de
su falta de reconocimiento político, cultural y social no ha aparecido
en las pantallas de las televisiones occidentales no ha habido
reacciones que intenten una superación de los problemas. Sólo el temor a
la extensión del conflicto en una zona que ya conoce las dificultades
extremas ha logrado una cierta atención positiva.
Sin embargo, dado el desenlace de la guerra de Bosnia es difícil que
los nacionalistas serbios se sientan intimidados por la presión
internacional y mientras tanto la aparición de grupos armados albaneses,
aunque de poca capacidad militar, es utilizada como excusa para una
intervención del ejército serbio.
Además, nadie parece atender al hecho de que Kosovo, como Albania,
sufren una pobreza de la que difícilmente podrán salir sin ayuda
exterior.
Por desgracia, estamos frente a un conflicto generado por la práctica de
una ideología cuyas consecuencias ya se conocen: un odioso proceso de
limpieza étnica, como ya ocurrió en otros enclaves de la antigua
Yugoslavia.
Podría ocurrir que al final del conflicto la actual aplastante mayoría
albanesa en Kosovo se diluyera en un nuevo mapa que otorgara el control
demográfico de algunos territorios a la ahora minoría serbia.
Probablemente el conflicto del área mediterránea más conocido en España
es el que enfrenta al pueblo palestino con el Estado de Israel. Tres
hechos marcan la situación actual: la decisión de no seguir adelante por
parte de Israel con el proceso de paz de acuerdo con lo establecido en
Oslo, la pobreza de la población palestina, especialmente en Gaza, y en
consecuencia la carencia de perspectivas de futuro y las connotaciones
religiosas que tiene la política de Israel, con los consiguientes
extremismos ideológicos que esto comporta.
A todo ello hay que añadir la fuerza de determinados grupos de
oposición palestina, durante muchos años financiados desde el exterior y
dispuestos a la utilización del terrorismo para seguir su lucha.
La situación actual no puede comprenderse si no se tiene en cuenta el
apoyo material y militar de las potencias anglosajonas al Estado de
Israel, que ha logrado hasta ahora no cumplir las distintas resoluciones
del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sabiendo que no habría
represalias de ningún sentido.
Por el contrario la simpatía genérica de otros países a la causa
palestina no ha supuesto una ayuda sustancial ni desde el punto de vista
político ni del económico. De hecho hasta que, como consecuencia de la
Guerra del Golfo, Estados Unidos aceptó llevar a cabo una cierta presión
sobre Israel no fueron posibles cambios en la posición política
israelita, que a pesar de todo cuando no ha cumplido con compromisos ya
aceptados ha visto nuevamente como esto no suponía ningún tipo de
sanción, ni siquiera formal.
Tampoco puede comprenderse la situación si no se recuerda que la renta
per cápita en Israel es de 13.000$ mientras que en los territorios era
de 1.700$ (1996) y que después de los acuerdos de paz ha disminuido."2"
A estos conflictos hay que añadir la violencia que sufre la población
kurda en Turquía sin el reconocimiento de sus derechos, o la latente en
muchas zonas de Líbano o, incluso, la de Chipre con dos comunidades
enfrentadas y sostenidas por países distintos. Todo ello sin entrar en
enfrentamientos como los que llevan a cabo grupos armados en Egipto, que
pueden verse sostenidos por una parte de la población afectada por la
política económica de signo liberal que practica el gobierno.
A la vista de esta larga lista de conflictos e inseguridad en un enclave
territorial relativamente reducido como es el Mediterráneo es obvio que
son precisos esfuerzos importantes para avanzar en una paz real.
Para lo cual es previo el conocimiento de las causas de dichos
conflictos que llaman la atención por la variedad de sus orígenes, así
como por las diferencias entre los distintos protagonistas. Por
desgracia, como es cada vez más habitual, lo que los homogeniza es que
sus víctimas son muy mayoritariamente la población civil.
Estas situaciones de violencia acompañan a otras de pobreza o de escasez
de recursos considerados imprescindibles para una vida digna, como es el
acceso al suministro de agua potable o a la educación primaria.
Las diferencias de riqueza entre las poblaciones de unos países y otros
son brutales. Albania, Marruecos o Egipto, sin insistir en los
Territorios Ocupados palestinos, poco tienen que ver con Francia,
Italia, Israel o España a pesar de estar a muy pocas horas de avión. Y
lo que es más importante, dentro de cada país -sea del Mediterráneo
Norte o del Mediterráneo Sur- las diferencias de rentas entre distintos
grupos ponen de manifiesto mecanismos de distribución de la riqueza
profundamente injustos.
Es importante tener en cuenta que a pesar de estos problemas no hay
mecanismos de transferencia de rentas, marcados por una estrategia de
desarrollo global.
Por el contrario, los intercambios comerciales que indirectamente podrían suponer un incentivo hacia una cierta integración, alcanzan niveles relativamente inferiores a los que se dan en zonas geográficamente más amplias. De hecho, desde el punto de vista económico hay que hablar del Mediterráneo Noroccidental como una parte de un espacio económico ajeno al Mediterráneo.
Y tampoco entre los países del Norte de Africa existe un área
económica propia. Todo ello, con independencia de que progresivamente se
vayan produciendo intercambios comerciales de mayor intensidad, aparte
de los de petróleo y gas natural.
Como ha sucedido en décadas anteriores y respecto a otros países de la
misma cuenca, una base sólida de desarrollo de las zonas más pobres la
ha constituido la financiación derivada de las remesas de los
inmigrantes que en muchas ocasiones han sido la principal fuente de
financiación exterior.
Finalmente, la búsqueda de ideologías, religiosas o no, capaces de
reflejar la identidad de pueblos con una larga historia y una cultura de
raíces lejanas, es la base de uno de los movimientos sociales más vivos
y diversos.
Estos movimientos, que simplificadamente se denominan
integristas, mantienen una dinámica que permite por un lado hacer
patente el deseo de mantener o crear modos de vida muy distintos a los
dominantes en occidente y por otra, establecer exigencias a los aparatos
de poder político y militar de sus países, que llegan a ponerlos en
peligro. Las dificultades de concretar esta estrategia de forma pacífica
y aceptable para una mayoría de la población civil hacen que la crisis
social que se vive no tenga un final fácilmente previsible.
Más cuestiones que dificultan la convivencia Mediterránea
Si los problemas mencionados son de una gravedad que casi parece hacer
imposible el trabajo eficaz de cualquier ONG de desarrollo, todavía hay
circunstancias políticas y económicas que hacen más difícil cualquier
posibilidad de solución por pequeña que sea.
En primer lugar, hay que tener en cuenta el hecho de que el Mediterráneo
es una zona en la que la presencia de las grandes potencias y ahora muy
especialmente de los EEUU es muy importante desde el punto de vista del
apoyo militar a distintos actores de los conflictos.
La historia del Estado de Israel sólo puede comprenderse por la ayuda
de todo tipo que ha venido recibiendo por parte de los EEUU y, en un
principio, de Inglaterra, convirtiéndose en una excusa para la
confrontación con otros países de la zona. También hay que mencionar,
aunque con un carácter diferente, la participación de Turquía en la
OTAN, a la que por cierto pertenecen una gran parte de los países de la
ribera norte, mientras que los de la ribera sur mantienen alianzas
militares de menor compromiso en cuanto a su ámbito geográfico y a las
condiciones de ayuda militar mutua.
En segundo lugar hay que mencionar la importancia de los recursos que en
la zona se destinan al funcionamiento de ejércitos y a su armamento. En
concreto, Israel tuvo un presupuesto de defensa en 1997 de 6.600
millones de $ con un PIB de 79.000 millones de $ y con un ejército
activo de alrededor del 3% de la población. Turquía destinó el mismo año
un presupuesto de 4.600 millones de $ a defensa, con un ejército de
639.000 militares activos.
Egipto tuvo un presupuesto de defensa de 2.600 millones de $ sobre un
PIB de 60.000 millones y Siria destinó 1.700 millones de $ a defensa con
un PIB de 32.000 millones de $ (International Institute for Strategic
Studies).
A estas cifras hay que añadir que además de Israel, dentro del área
mediterránea existe una potencia nuclear que es Francia y que ha
mantenido un desarrollo de dichas armas a pesar de que el Tratado de No
Proliferación obliga moralmente a los países que disponen del armamento
nuclear a una congelación del mismo.
En cuanto a otras armas de destrucción masiva como son las
químicas o las biológicas, también están presentes en la zona
mediterránea haciendo necesaria una política de no-agresión que impida
utilizarlas.
En tercer lugar, hay que mencionar el importante volumen de población
que vive o fuera de su país de nacimiento por causas distintas. A los
3,4 millones de refugiados palestinos, de los que 1,4 habitan en
Jordania, 360.000 en Líbano y 160.000 en Siria, hay que añadir los
refugiados de la guerra de los Balcanes y que a pesar de la letra de los
Acuerdos de Dayton no pueden regresar a sus ciudades de origen por falta
de seguridad y de medios materiales con los que reiniciar sus vidas.
Y, por su importancia numérica, hay que tener en cuenta a los emigrantes
económicos del norte de Africa y Turquía que habitan en distintos países
de Europa. O los inmigrantes llegados de Albania que huyen, no hay que
olvidarlo de un país con la renta per cápita más baja de Europa y en el
que el cambio político no ha dado lugar a una mejora de la calidad de
vida de la población.
La mínima ayuda exterior recibida quita autoridad moral a
quienes sólo se preocupan por retrasar la avalancha migratoria.
Las difíciles condiciones laborales y de vida a las que hacen frente los
emigrantes se agravan en muchos casos por el rechazo social con que son
recibidos.
El problema de la convivencia en los países del Norte donde habitan,
se ha puesto de manifiesto en numerosas ocasiones y puede decirse que no
existe una respuesta fuerte y contundente por parte de los defensores
del respeto a los derechos humanos en el sentido de garantizar
respuestas sociales y políticas coherentes con la democracia que
occidente predica. Por otra parte, el auge de actitudes políticas de
extrema derecha, en algunos países europeos, que enarbolan el racismo,
pone de manifiesto los múltiples obstáculos a superar para una
convivencia realmente pacífica y respetuosa.
También hay que tener en cuenta la dificultad para muchos de estos
inmigrantes cuando alcanzan una cierta integración laboral para decidir
como organizar su existencia con unos valores que les permitan
aprovechar lo positivo de los países de adopción a la vez que mantienen
sus raíces.
En este sentido parece que se han ido desarrollando distintas
soluciones al problema que oscilan entre el refuerzo de las prácticas
religiosas y sociales de sus países de origen hasta el análisis,
especialmente por los grupos con mayor desarrollo cultural y social, de
los ámbitos de convergencia entre los distintos modos de vida de forma
que sin perder las raíces culturales y religiosas se alcance una
integración social necesaria para una convivencia basada en el respeto a
la diversidad.
En cuarto lugar hay que mencionar el desarrollo económico basado en los
postulados neoliberales que convive con el mantenimiento de estructuras
económicas agrarias y poco evolucionadas en el terreno industrial y de
los servicios, y con rentas per cápita muy bajas. De esta dualidad salen
perjudicados los más débiles. Los conflictos en Egipto a causa de la
nueva legislación acerca de la propiedad y uso de la tierra son un
ejemplo claro de las consecuencias de esta situación.
Lo mismo que puede observarse entre distintas regiones de un
mismo país, sea España, Italia, Turquía, etc., en donde la dinámica
económica funciona a distintas velocidades, lo que se traduce en
procesos de escasa convergencia entre el nivel de vida de unos y otros.
Finalmente, hay que recordar el proceso de deterioro medioambiental que
afecta al Mediterráneo, que en una época ha estado marcado por el
crecimiento especulativo del turismo y la industria, especialmente en
los países de la ribera norte y posteriormente, también, en el tipo de
desarrollo agrícola y pesquero,
de los países de la ribera sur, aparte de la implantación de
modelos económicos similares a los que antes se dieron en España,
Francia o Italia. Esta cuestión no se ha debatido suficientemente como
para que las poblaciones de todos los países puedan tomar conciencia de
hasta que punto se está produciendo una situación que puede ser de no
retorno en lo que se refiere a la pesca o a los efectos de la
desertización creciente.
Todos estos temas, ponen de manifiesto un hecho relevante: No se puede
trabajar seriamente en el desarrollo del Mediterráneo sin tener en
cuenta las iniciativas políticas que potencian o ponen dificultades al
logro de la paz y el bienestar de la gente. El diálogo o la
confrontación entre Estados suaviza o agrava los problemas que ya por sí
mismos son de gran envergadura.
La política Mediterránea
Y, sin embargo, llama la atención el escaso número e intensidad de
dichas iniciativas políticas, por lo menos las desarrolladas en los
últimos veinticinco años, frente a la gravedad de los problemas
mencionados. Y muy especialmente, iniciativas que consideraran como
objetivo importante el establecimiento de relaciones fluidas, justas y
diversas entre los distintos países mediterráneos.
A la sombra del camino iniciado en Barcelona, con la Conferencia
Mediterránea, y que con menor intensidad de la deseada, ha continuado
posteriormente, hay que favorecer el diálogo que esto supone.
Este favorecer, en el que como sujetos activos no hay que ver sólo a los Estados"3", sino muy especialmente a la sociedad civil de los distintos países, puede materializarse por vías tan distintas como las seguidas en la defensa del 0,7 para el desarrollo o por la de establecer un mayor potencial de redes sociales mediterráneas sean del ámbito que sean.
Sin despreciar las redes económicas, que durante una época
constituyeron una base importante de la vida mediterránea.
Quizá el trabajo en el Mediterráneo sea el lugar y el momento para
plantear mecanismos específicos que presenten a los distintos pueblos
las posibilidades y las carencias que una política de convivencia supone
frente a los distintos intereses económicos de pueblos que tienen
grandes cosas en común pero también diferencias circunstanciales que hay
que solucionar para lograr pasos adelante en la convivencia.
Por ejemplo, no parece que sea bueno que se soslayen las dificultades que suponen para los agricultores turcos y españoles el desarrollo comercial de algunos frutos secos, o para los productores de patatas de distintos países la comercialización que termina dando un lugar importante al consumo de las patatas de menor precio.
O el desarrollo común de los recursos pesqueros de tal forma
que el Mediterráneo siga siendo una fuente de alimentación rica para las
futuras generaciones.
Todos estos temas que parecen tan alejados de lo que se considera
habitualmente el ámbito de trabajo de las ONG impiden, junto a los ya
mencionados de falta de conocimiento y respeto de las distintas culturas
o a la utilización de la violencia armada para imponer la supremacía de
unos sobre otros, que existan el tipo de convivencia y de desarrollo
económico y social que caracteriza la paz.
Y si no hay una colaboración entre todos los agentes políticos sociales
y culturales que existen en esta área, difícilmente podrá avanzarse. Por
ejemplo, ¿qué posiciones comunes en el terreno sindical o de otras
organizaciones de trabajadores pueden establecerse para un mejor
entendimiento y para que se respeten los intereses de los más débiles?
Por esto hay que desechar la idea de que en el Mediterráneo las ONG para
el desarrollo, que son sólo una parte de la sociedad civil, pueden
desarrollar un trabajo eficaz al margen de los que los Estados y los
demás agentes de dicha sociedad civil pueden y deben realizar.
Se trata de favorecer el esfuerzo común entre pueblos
distintos, opciones políticas distintas, modos de vida diferentes y
culturas todas con una sabiduría que no conviene perder.
Posibles pautas para la acción y también para la reflexión
A continuación se mencionan algunas de las cuestiones, todas muy sabidas
aunque no siempre aplicadas, que el trabajo de las ONG en el
Mediterráneo exige tener en cuenta. Pero hay que indicar antes que nada,
que cuando se trata de un trabajo en el que la experiencia y los
resultados son limitados, sólo la prudencia y el compromiso de aprender
mientras se avanza, pueden garantizar los mejores resultados o los
menores desaciertos.
Y también hay que recordar que muchas de las ideas a implantar ya se
han demostrado útiles en otros ámbitos, por lo que se trata de
adaptarlas a las circunstancias concretas de cada momento y de cada
ámbito, que sí son específicas y particulares.
* Si el concepto de desarrollo económico ha sido puesto en entredicho en
numerosas circunstancias y por numerosos sabios y especialistas, parece
necesario retomar las deficiencias que se le han señalado para intentar
superarlas.
A la idea de que es necesario englobar en el concepto de desarrollo
ámbitos tan dispares como la educación, la sanidad, la economía o la
capacidad de tomar sus propias decisiones, hay que darle la perspectiva
de que esta idea de desarrollo es distinta para distintas formas de
entender la vida.
Es decir, que el trabajo común para el desarrollo que se puede llevar a
la práctica entre organizaciones de distintos países, exige por parte de
quienes deben de protagonizarlo una definición de su alcance y de sus
características, que con independencia de la ayuda a su formulación que
pueda darse entre todos, debe finalmente ser tomado en cuenta y
aceptado.
Si una respuesta meramente económica a los problemas de una cierta
región o de un cierto grupo no se percibe por sus protagonistas en todo
el alcance y consecuencias que puede tener y no se adapta y modifica
para hacerla propia desde el momento de su diseño hasta el momento de su
realización y utilización, ni puede tener la viabilidad deseada ni puede
mantenerse de tal forma que evolucione de acuerdo con las circunstancias
que vayan surgiendo.
Es decir, que las ONG para el desarrollo deben de considerar como una
parte del trabajo total, del proyecto, la propia definición y adaptación
por parte de los implicados de lo que se quiere conseguir, de cómo
conseguirlo y de cómo van a participar los distintos afectados. Esta
idea genérica es importantísima en cuanto a su traducción e implantación
en los distintos proyectos para el área mediterránea.
* Saber recoger los valores específicos de las comunidades con las que
se coopera, ayudando a que se conozcan y comprendan en el país origen de
la ONG y diferenciando, por lo tanto, lo que son valores reales que
representan el modo de vida de la comunidad que los expresa de los
valores de los grupos sociales, económicos y políticos dominantes.
Esta tarea que puede parecer sumamente alejada de lo que es el
objetivo habitual de la cooperación al desarrollo, resulta
imprescindible para avanzar en la convivencia y el respeto necesarios
entre los países ribereños del Mediterráneo.
Un instrumento y a la vez un aliado imprescindible de las ONG para el
avance en el conocimiento de los valores de otras socie-dades, es la
relación con las asociaciones de inmigrantes que permiten conocer los
puntos de vista de aquellos que por distintas razones se han visto
obligados a adaptarse a las condiciones derivadas de los valores
sociales de las sociedades del Norte.
Si siempre se ha visto esta relación como un aspecto de coherencia en el
sentido de ayudar a quienes no han tenido las oportunidades económicas y
laborales en sus países de origen, en los que las ONG quieren trabajar,
hay que completar esta visión con la de aprovechar la cercanía de
quienes en nuestra propia casa pueden hacer comprender los modos de vida
de otras sociedades haciendo así nuestro trabajo más eficaz al ser más
respetuoso.
La necesidad de explorar nuevas formas de colaboración con los
inmigrantes y sus asociaciones haciéndolos, por ejemplo, partícipes de
determinados proyectos de cooperación, puede hacer surgir vías nuevas de
relación.
Lo que esta tarea significa a medio plazo en cuanto a trabajo por la
paz, es algo muy insuficientemente valorado, e imprescindible si se
quiere de verdad llegar a unas relaciones dinámicas y respetuosas. La
consecución de una zona de libre movimiento de la gente a pesar de las
dificultades ahora ingentes que esto significa, es una condición básica
para la estabilidad de toda la zona.
* El desconocimiento y la desconfianza entre las distintas sociedades
obligan a las ONG para el desarrollo a no trabajar con una metodología
ya establecida, sino más bien a adaptar sus formas de trabajo a las
necesidades no sólo del proyecto desde un punto de vista técnico sino
sobre todo a la forma que permita conseguir que los protagonistas del
desarrollo futuro hagan suyo dicho proyecto.
Si esto es una cuestión muy aconsejable en cualquier parte donde se realice el trabajo, lo es mucho más si se trata de países entre los que las comunicaciones entre las distintas sociedades no han sido transparentes y fluidas.
En muchas ocasiones el hecho de proyectar una actividad en una
sociedad donde existen recursos técnicos hace que se proyecte contando
con comportamientos sociales que corresponden a una educación y una
sociedad muy diferentes, a pesar de que puedan tener conocimientos
tecnológicos en muchos casos similares.
* El modelo de desarrollo económico no puede ser único para toda la
región, pero sí que es posible no repetir errores en el sentido de no
respetar las necesidades reales de las poblaciones afectadas.
Probablemente sea en la propia área mediterránea donde pueden
estudiarse y encontrarse soluciones a unas agriculturas pensadas para
dar respuesta no sólo a la supervivencia alimenticia de sus habitantes,
sino también para hacer una utilización de los recursos naturales que no
ponga en entredicho su futuro, como podría suceder en el caso del agua.
Parece perfectamente asumible el esfuerzo común, sea en el ámbito de la
agricultura mediterránea, de la pesca, ya citada, o de las condiciones
para el desarrollo turístico. Sin el avance de un marco que tenga en
cuenta estas posibilidades comunes de colaboración será difícil
emprender acciones de desarrollo que necesariamente serán o muy
limitadas o acabarán chocando con mecanismos más fuertes que las
anularán.
Un razonamiento similar debe de hacerse respecto a las
condiciones medioambientales que afectan a todos dado que se trata de un
área geográfica unida por un mismo mar y no muy extensa.
* El respeto a la diferencia que hasta ahora se ha mencionado no impide
encontrar objetivos comunes en la lucha por mejorar la situación de los
más desfavorecidos. Y en 1998 parece necesario mencionar la utilidad de
los derechos humanos como punto de encuentro en la búsqueda por parte de
sociedades distintas de un mundo más sensible a la vida humana.
Si en muchas ocasiones se ha mencionado la utilización que las sociedades occidentales han hecho de los derechos humanos en el sentido de considerarlos como una bandera propia, hay que insistir en la necesidad de plantearlos como un objetivo que permita que se consideren imprescindibles por lo menos algunos aspectos de dichos derechos que no son puestos en cuestión por una mayoría aplastante de los países mediterráneos.
Se trata de los denominados derechos económicos y sociales.
Concretamente, los países que tienen ratificado el Pacto Internacional
de Derechos Económicos, Sociales y Culturales en nuestra área son:
Albania, Argelia, Bosnia-Herzegovina, Croacia, Chipre, Egipto, España,
Francia, Grecia, Israel, Italia, Líbano, Libia, Marruecos, Siria y
Túnez.
Antes de seguir concretando los ámbitos de dichos derechos es importante
señalar que no se trata de abandonar los denominados derechos
individuales o los denominados derechos políticos.
Lo que sí es verdad es que en occidente dichos derechos han estado ligados a la forma en que se entiende la democracia (elecciones, partidos políticos, etc.) más que al contenido de los mismos.
De ahí que sea interesante recordar que no es por la vía de
anatomizar a los gobiernos e incluso a las sociedades que muestran
sensibilidades distintas sobre el ejercicio de los mismos, la que
permita avanzar en la creación de formas de convivencia internacional
basadas precisamente en el trato respetuoso a las expresiones
individuales y colectivas de las aspiraciones humanas.
Quizá no sea inoportuno recordar que la libertad de los antiguos
consistía en el ejercicio colectivo pero directo de las diversas partes
de la soberanía entera.... Los antiguos admitían como compatible esta
libertad colectiva con el completo sometimiento del individuo a la
autoridad del conjunto"4".
Pero si es necesario tener en cuenta estas reflexiones cuando se habla
de derechos humanos desde el Norte, no hay que olvidar que constituyen
en buena parte una meta común y por otra permiten valorar lo que la
acción política ha conseguido en los distintos países y de acuerdo con
las distintas situaciones.
Si hay unanimidad a la hora de valorar el derecho a la vida y por lo
tanto a la seguridad, también puede hablarse de un consenso bastante
generalizado sobre la necesidad de hacer real el derecho a la nutrición,
a la protección sanitaria, a una vivienda digna y al trabajo.
Todo ello que constituye el corpus sobre el que basar la acción de las
ONG para el desarrollo, constituye también el objetivo genérico que
puede concretarse en cada caso de acuerdo con la visión de las personas
y grupos sociales afectados.
Una mejora en el ejercicio de este tipo de derechos en aquellas zonas con mayores dificultades o en aquellos colectivos que resultan más desprotegidos puede ser perfectamente asumido, lo que permite discutir sobre las prioridades, los grupos sociales a beneficiar y el camino más rápido para hacerlo.
No está de más recordar que en algunas zonas del Mediterráneo
no existe un acceso generalizado a las infraestructuras de saneamiento
imprescindibles para la salud, y que en la mayoría no hay una protección
sanitaria generalizada. Favorecer que sean los colectivos más
vulnerables quienes puedan desarrollar su capacidad de hacer frente a
estos retos es la única respuesta que supone una solución a largo plazo.
* Si se trata de hacer frente a una situación marcada como se ha visto
por los números conflictos armados, por la búsqueda de la identidad
colectiva y el rechazo a modelos impuestos y con un potencial económico
que no se ha desarrollado convenientemente, está claro que hay que
buscar nuevas formas de relación entre comunidades y países.
Y este objetivo que vale en el ámbito de los Estados puede
desarrollar se todavía más eficazmente en ámbitos de menor amplitud,
como son las regiones y, muy especialmente las ciudades. La búsqueda de
nuevas formas de relación ya ha sido objeto de múltiples iniciativas
pero que hay que desarrollar más, afectando al mayor número posible de
campos y temas, para ir creando una base común, o mejor, un acervo
común.
En el ámbito social la creación de redes comunes de colaboración e
intercambio es la única opción para dar una respuesta dialogada a los
retos planteados. La ventaja de las redes sociales, sean de
Universidades, de Centros de Investigación, o de plataformas económicas,
es que permiten el trabajo común en situaciones de igualdad.
Existen ya algunas experiencias en el campo de las ONG pero con
insuficiente variedad de los miembros que las componen y con un peso muy
pequeño en el ámbito de la cooperación para el desarrollo.
En definitiva también en este caso la consecuencia y el motor inicial
es el fortalecimiento de las iniciativas sociales que buscan el
acercamiento y el trabajo común entre países cercanos geográficamente
pero que han vivido de espaldas durante una gran parte de su historia.
* Finalmente, nada de lo que puede hacerse en aspectos ligados al
desarrollo puede prosperar en el escenario en que nos movemos si no hay
un avance en la demanda de paz. Los resultados de las confrontaciones
que se han desarrollado en los últimos tiempos no permiten hablar de
ventajas generales o particulares.
De ahí que sea necesario iniciar otro tipo de proceso de resolución de las diferencias existentes. Los resultados positivos de los mecanismos cooperativos todavía no pueden ser claramente comprendidos por los posibles afectados.
Pero si no se producen nuevos esfuerzos para definir y concretar
estos mecanismos seguirán sufriendo las poblaciones civiles las
consecuencias de la confrontación y el Mediterráneo seguirá dependiendo
de las acciones de las grandes potencias que buscarán soluciones de
acuerdo con sus propios intereses.
Aprender a vivir en la discrepancia, en los intereses contrapuestos,
dentro de formas de vida basadas en valores distintos y, a pesar de
todo, buscar lo que puede beneficiar a todos es un tipo de esfuerzo en
el que deben participar todos los agentes sociales, económicos y
políticos posibles. Sólo así será un esfuerzo eficaz con un resultado
que se traducirá en una mejor vida para todos los pueblos mediterráneos.
Hace unos años los distintos movimientos pacifistas trabajaban con una
gran resonancia mediática.
Ahora no ocurre lo mismo. Pero existen múltiples grupos que en los distintos escenarios de confrontación trabajan por la negociación. Cualquier organización o grupo que sea consciente de la importancia de la paz en la vida de los pueblos tiene el deber de no permanecer ajeno al esfuerzo de estos grupos pacifistas. Asimismo, el trabajo que muchas organizaciones han emprendido en el sentido de luchar contra las armas de destrucción masiva o contra el comercio de armas convencionales,
es imprescindible para lograr un cambio en las coordenadas de
poder, tanto interno de los Estados como de relación entre ellos. La
desmilitarización del Mediterráneo es un objetivo que no por difícil es
menos necesario y valioso.
No parece posible creer en la voluntad de desarrollo del área
mediterránea si las ONG no empujan en este sentido, olvidando
especializaciones y ámbitos de comunicación y reflexión cerrados y
parciales que no corresponden a las necesidades de las poblaciones.
Quizá en el futuro la existencia de las redes sociales de
colaboración que se han mencionado permita el trabajo en común de todos
los grupos que pese a enfoques distintos tienen como objetivo común
mejorar la vida de todos.
Carme Mestre - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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