La fuerte especulación inmobiliaria que la capital empezó a vivir ya en el inicio de los años cuarenta provocó la desaparición del único circo del Estado con pista piscina.
La pista podía transformarse en una profunda piscina, escenario
idóneo para todo tipo de espectáculos acuáticos muy de moda en aquel
entonces desde el momento en que el terrasense Josep Oller coincidiendo
con la gran exposición de París abriera el Nouveau Cirque de la calle
Saint Honoré en la capital francesa.
El cambio de siglo, del XVIII al XIX, fue una época floreciente para los
grandes espectáculos: en esos años viajaron por Europa algunos como el
Buffalo Bills Will West show (del que hoy se hace una parodia en el
parque de Disneyland París) o el gran Ringling bros. and Barnum & Bailey
Circus de Estados Unidos, todavía el mayor circo del mundo.
Los grandes circos estables europeos cuentan en sus cercanías con
establecimientos "amigos".
Si miramos nuestro ejemplo más próximo, el Cirque d'Hiver de París, veremos como aparecen en el barrio tiendas y restaurantes con los nombres "Café du Cirque", "Bar Au rendez-vous des clowns", "Photo Cirque", etc. El Olympia cercano al tristemente desaparecido bullicioso ambiente del Paralelo hizo lo propio.
Todavía hoy se puede beber una copa en el café de los artistas y
simpatizantes del circo Olimpia: el London Bar de la calle Conde de
Asalto (hoy Nou de la Rambla).
Esa vida circense que vivió la capital catalana con Olympia provocó que
numerosos artistas, se establecieran en las cercanías de la gran urbe.
Así fue como, en épocas distintas, se fueron a vivir a Sant Adrià de
Besòs gente tan ilustre como las familias Raluy o Grice.
Las condiciones eran propicias: poder tener una casita cerca de una
bella ciudad con un jardín suficiente para instalar las caravanas en
períodos de descanso.
Así es como ya a principios de siglo los artistas de circo descubrieron
los espléndidos parajes que rodeaban Barcelona, donde hoy nace el
resurgir del circo en España: a través de un proyecto que el
ayuntamiento de Sant Adrià ha elaborado para el cercano Forum universal
de las Culturas 2004.
El Forum 2004
El primero de los tres ejes temáticos en torno a los que se articulará
el Forum 2004 es el de la diversidad cultural, entendida como riqueza;
como patrimonio común y no como obstáculo.
Desde su nacimiento, a finales del siglo XVIII, el circo se ha
convertido en el gran espacio de diálogo de las culturas, consolidándose
como ámbito de encuentro de las expresiones culturales entendidas como
instrumentos constituyentes de las maneras de vivir, convivir, dialogar
y educarnos.
En efecto, en una sociedad de apariencias, el circo se erige como el
espectáculo de la autenticidad (el valor del esfuerzo), de la verdad (el
riesgo real) y de la universalidad: a diferencia del teatro o el cine,
el circo apuesta por un lenguaje dirigido a todos los públicos, sin
distinción de edad, clase o procedencia geográfica.
Tomando a las artes del circo como protagonistas, a través de diferentes
exposiciones, seis grandes espectáculos, diferentes debates y todo tipo
de talleres y actividades diversas, se pretende hacer descubrir un
universo,
a menudo desconocido, en el que la educación intercultural, la
comprensión, la apertura de miras, la confianza respecto a otras
culturas y la predisposición a colaborar se torna fundamental.
En efecto, qué otro mundo sino el circo, verdadera torre de babel
ambulante, ejemplifica mejor el diálogo interreligioso, la diversidad
lingüística, la convivencia interétnica...
Desde que se dibujara a finales del siglo XVIII, la pista del circo se
ha convertido en el escenario por excelencia de la convivencia
intercultural. Sentado en una butaca o en la grada, el espectador dará
la vuelta al mundo en tan sólo el transcurso de las dos horas de
representación.
El barrista rumano, el malabarista japonés y el saltador árabe, el trapecista francés y los payasos españoles...
La gran aventura mundial desfila en el círculo mágico delante
de nuestros ojos atónitos en un puro pasmo, mezclando así, en una
evasión fantástica, el Lejano Oriente y California, México y la India,
el Congo y Brasil, Europa y África, América y Asia...
Y todos estos artistas, nacidos en alguno de los cuatro extremos del
mundo, se conocen, se pierden y se vuelven a encontrar al azar de las
giras y los contratos. Tienen una familia en algún lugar que visitan muy
de tarde en tarde, unos hijos que crecen sin ellos, y he aquí que un día
se enteran que ya caminan con las manos, suben al trapecio o tocan la
trompeta.
Estos hombres y mujeres permanecen tres semana en Chicago,
pasan por Yokohama y acto seguido salen de estampida hacia otros
horizontes. Son los privilegiados poseedores de una patria sin
fronteras, diversa y plural.
El payaso catalán trabaja un año en Inglaterra para pasar las navidades
en un circo portugués, trabaja con artistas cubanos, chinos, rusos y
daneses, sus hijos han nacido según la suerte del viaje: uno es sueco,
el otro indio y el próximo nacerá en el sur de África. Un pueblo dentro
del pueblo, extranjero entre extranjeros, el circo es el espectáculo
internacional por definición.
Sant Adrià y las artes del Circo
La saga de los clowns Tony Grice, adrianenses de renombre internacional,
se inicia con Joseph Thomas Grice, que fue uno de los payasos más
relevantes del panorama clownesco europeo de finales del siglo XIX.
Grice había nacido en Londres y llegaba al estado contratado por el empresario circense Rafael Díaz, cuya hija se convertiría en su mujer. Grice fue todo un gentleman de la época que se relacionó, en la ciudad condal, con las mejores casas de su tiempo.
La leyenda explica que el gran clown murió en 1892, cuando se resfrió
en un viaje a Lisboa donde le esperaba un barco que le llevaría a
triunfar a tierras americanas.
El gran clown Tony Grice conoció a los grandes de la época, como los
payasos Antonet, Beby o Seiffert. Grice, maestro del humor, crea la
entrada del falso elefante (más tarde interpretada por los Fratellini) y
se sirvió con éxito de animales domésticos para dar la réplica a sus
diálogos.
El gran clown, que no tenía antecedentes circenses en su familia, llevó
su talento a dos generaciones más (hijos y nietos) de grandes clown que
fijaron, a partir de 1934, su residencia en la calle Tibidabo número 2
de Sant Adrià de Besòs.
El hijo de Tony Grice, Antonio Grice Díaz, que aparece con 54 años de
edad en 1934, debuta en 1913 con sus dos hijos, que aparecen, según los
documentos, como Anthony y Johny o Antonio y José, en el circo Tívoli
barcelonés.
El Circo Raluy, foro itinerante de las culturas
Nacido en Fonz, un pueblo de la franja del poniente, Lluís Raluy
Iglesias destacó en sus vistosos y difíciles ejercicios de barras fijas.
Él y su mujer, la igualadina Marina Tomàs, revolucionaron el número del hombre cañón al incorporar un segundo proyectil humano y triunfaron en las pistas de los circos más prestigiosos de la época: el Cirque d'Hiver de París (1940),
los ingleses Blackpool Tower y Chipperfield (1956), el italiano Moira
Orfei (años sesenta) y los franceses Bouglione y Amar-Roche (1971-72).
Otra especialidad de Lluís Raluy era el "lloping" pilotando un bólido,
con el que efectuaba un triple mortal en pleno vuelo antes de caer en la
cama elástica.
A Lluís Raluy le han sucedido en su pasión por las artes circenses sus
hijos Carles, Lluís, Francis y Eduard, los dos primeros nacidos en Sant
Adrià y empresarios del actual Circo-Museo Raluy, premio nacional de
Circo 1996.
El afán del viejo Raluy por adquirir vehículos circenses antiguos, así
como su profundo respeto por la esencia del circo tradicional y un
rechazo frontal a las intromisiones de la televisión o el cabaret en la
estética del espectáculo de la pista, han ido configurando las
características esenciales de este Circo-Museo Raluy.
Entrar en el recinto del circo Raluy es penetrar en el mundo
fascinante en que lo imposible se transforma en cotidiano, donde el
tiempo se ha parado para contemplar la rudeza del cuerpo del acróbata y
la gracia de los movimientos de la monociclista.
Carles y Lluís Raluy han recorrido los cinco continentes con nombres tan
diversos como Circo Ringland, Circo de España o Circo do Brasil.
Ha actuado para públicos tan heterogéneos como los niños de la
isla de La Reunión, los mestizos de Papete, o las gentes de Lisboa,
Singapur, Barbados, Hannover, Puerto Rico, Malasia, Dakar, Hong-Kong,
Reykiavik, Abidján… topónimos de una lista inacabable que han dejado sus
aplausos flotando en la carpa de esta familia de Sant Adrià que pasea el
embrujo del circo alrededor del mundo.
El entorno de "museo vivo" de este circo (caravanas de 1857 a 1954) -y
el espectáculo mismo- exhalan un respeto profundo al público y al oficio
circense que se traduce en una ceremonia altamente comunicativa entre
artistas y espectadores.
La compañía del Circo Raluy supera la cuarentena de personas de más
de quince nacionalidades diferentes, sin ir más lejos sus dos hijos de
Sant Adrià se casaron con una inglesa y con una china, y sus hijas
nacieron en Barcelona, Londres y Singapur.
Montjuïc y las artes del Circo
A partir de las navidades de 1956, el Palacio de Deportes de Barcelona
fue el escenario de un acontecimiento único de gran notoriedad en la
cultura circense europea: los primeros Festivales Mundiales de Circo de
Europa.
Dirigidos por el conocido empresario Juan Carcellé, los Festivales propusieron al público catalán una selección de las mejores atracciones de los circos europeos del norte, que cerraban durante el invierno a causa de la dureza del clima y de la dificultad de izar la vela con las nevadas.
Hasta el 1962 la pista del Palacio de Deportes fue el escenario en el
que desfilaron las atracciones de los grandes circos que a menudo
llegaban con su programa completo: este fue el caso de los circos
alemanes Franz Althoff (1956), Krone (1958), Carola Williams (1961), o
del suizo Knie (1957).
La trascendencia de estas manifestaciones fue importante: lentamente,
encabezados por el Festival de Montecarlo (1974), empezaron a nacer
múltiples certámenes del mismo tipo en diferentes países europeos.
Pero mientras ningún estado quería quedarse sin la oportunidad de
tener una vitrina para mostrar las mejores atracciones de circo
internacionales, en España, tras la desaparición de los Festivales en el
Palacio de Deportes, ninguna iniciativa sustituyó al decano de los
festivales de circo.
Los grandes festivales del circo, hoy
Desde mediados del siglo XX, a imagen y semejanza de las Olimpíadas o de
los Oscar del cine, nacen los festivales de circo.
Auténticos espacios de encuentro, no sólo reúnen a artistas de las
distintas disciplinas del circo, sino igualmente a gente de todo el
universo que les rodea: agentes artísticos, programadores... sin olvidar
a los numerosos aficionados.
Después de los festivales de Barcelona, es el de Montecarlo quien da a
las artes del circo una nueva dinámica.
A imagen del de Montecarlo nacieron otros Festivales
importantes esparcidos por la geografía europea: París, Verona,
Budapest, Lausana, Moscú... Algunos festivales de circo prefieren la
especialización: así encontramos festivales de jóvenes promesas (Auch,
Tournai, Wiesbaden, Mónaco...), de doma (Massy), de chicas (Estocolmo),
de payasos (Cornellà)...
Al igual que otros festivales de otros géneros (teatro, cine, música...)
los de circo aportan una especial vitalidad a las ciudades donde se
celebran, la población se despierta con la magia del circo, su música,
sus colores y artistas.
El Congreso Internacional de 1968
Los días 23, 24 y 25 de septiembre de 1968 el Palacio de las Naciones de
la Feria de Barcelona fue el escenario del IV Congreso Internacional de
Amigos del Circo, el primero celebrado en el Estado.
El encuentro, que reunió a centenares de circófilos llegados de
todo el mundo, iba acompañado de la estancia del Gran Circo Americano
que, instalado en la Avenida María Cristina, presentaba las estrellas
Pinito del Oro y Charlie Rivel.
Bajo la dirección del gran empresario circense Arturo Castilla,
asesorado por Carcellé y Feijoó, el Congreso del Circo aglutinó las
voces de los intelectuales de la época: Sebastià Gasch, Alfredo
Marquerie, Jaime de Armiñán, José Mario Armero, Josep Vinyes...
Entre las numerosas personalidades destacaron dos grandes amantes del
circo: Pablo Picasso, que dibujó la cubierta del programa y Salvador
Dalí, que asistió a una de las sesiones del Congreso.
El Forum 2004 de las Artes del Circo
Nuevo acontecimiento multitudinario de alcance internacional, que
reunirá en Barcelona y en Sant Adriá a circófilos llegados de todo el
mundo.
Una manifestación que invitará a la participación, transformará
la vida cotidiana, haciendo de Barcelona y Sant Adriá una enorme carpa
donde asustarse con el funámbulo, reírse con el clown y, en definitiva,
convivir con las emociones. Un acontecimiento multicultural, donde
podrán participar la mayoría de las culturas de oriente y de occidente.
A la presencia de cuatro de los principales circos del mundo, entre los
que destacan el Circo-Museo Raluy y el Gran Circo Mundial, y la
realización de la 11º edición del Festival Internacional de Payasos de
Cornellà,
se añadirá el estreno de un nuevo espacio de exhibición de los
artistas circenses de mayor renombre internacional: el nuevo Festival
internacional de las Artes del Circo de Barcelona, bajo la cúpula de la
Sala Oval del Palacio Nacional, un lugar de prestigio ideal para este
tipo de manifestación.
El Forum de las Artes del Circo presentará tres grandes exposiciones
focalizadas en tres temas comunes a todas las culturas: la risa, el
viaje y la artesanía.
A través de los grandes payasos que han actuado en casa
hablaremos de la sonrisa como lenguaje universal; con los circos
llegados de fuera para actuar aquí trataremos la idea del viaje y de las
culturas nómadas, y con los vestidos de carablanca trataremos la
artesanía.
A través del gran congreso de expertos en temas circenses se pretenderá
alcanzar un importante avance intelectual y práctico en el mundo de la
carpa, pensada como espacio de diálogo.
El congreso aspira a convertirse en un espacio atractivo, riguroso y de
calidad.
Genís Matabosch - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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