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Una mañana de febrero, el cielo barcelonés vio nacer el hijo de ese saltimbanqui, Luis Raluy Iglesias, que pronto mostró una gran pasión hacia las artes circenses.
Junto con otros compañeros, Luis era un habitual de las playas de la Barceloneta donde ensayaba números de acrobacia y barras fijas. Casualmente el barrista Juanito Siles pasó en busca de un tercer elemento para recomponer la lógica matemática del trío de tres.
De ese modo Luis Raluy se integró en los célebres números de
barras de los Oliveras, los Keistone, entre otros, paseándose por las
pistas europeas más prestigiosas de entreguerras.
Estalla la sublevación española y Luis regresa a Sant Adrià del Besos
donde tenía instalada su residencia y lo contratan los circos
supervivientes del país: Feijóo, Royal, Romero, Maravillas, etc.
En la barcelonesa calle del Conde de Asalto (hoy Carrer Nou de la
Rambla), en los años gloriosos quién los hubiera- del circo español, el
London Bar "1" se convirtió en la sede, en el refugio de los artistas
españoles. Allí, entre sus paredes adornadas de fotos en blanco y negro,
el humo de los cigarrillos mezclaba historias y técnicas circenses,
retos y lecciones... sueños.
El London, cantera de artistas, se convirtió en una verdadera agencia.
Ultimadas las temporadas, los artistas que todavía no habían obtenido
contrato idearon -en los primeros suspiros progresistas de la España de
años ha- unas asociaciones en las que, después de alquilada una carpa,
se dividían los beneficios entre los componentes del programa a tanto
por ciento.
El joven Luis Raluy Iglesias en lugar de aceptar las condiciones de sus
compañeros -unos tal Silvestrini, Wernoff, etc.- prefirió un sueldo fijo
que, tras el rotundo éxito del programa, se convirtió en una minucia
respeto del de los demás. Así Wernoff
-que en ocasiones se asociaría con los Alvarez- o Silvestrini -que
también fue socio de los hermanos Amorós- abrieron nuevos circos con la
suficiente fuerza y energía para desplazar a los potentes de la época.
Luis Raluy Iglesias se condenaba así a esperar más tiempo para
convertirse en empresario de su sueño.
En los tiempos en que Luis Raluy frecuentaba el London Bar conoce a
Marina Tomàs Jorba, una joven igualadina de familia acomodada que
renuncia a sus bienes por amor al barrista. Juntos empezaran a ensayar
el número del "hombre bala" que a partir de los años cuarenta los
proyectaría a la fama en los mejores circos europeos: Cirque d´Hiver de
Paris, Cirque Bouglione, Chipperfields Circus (1956-57), Blackpool Tower
Circus, etc.
En 1960 Luis Raluy Iglesias empieza el camino de la dirección de circos,
en sociedad con un circo brasileño (Circo do Brasil) que debutó en
Madagascar para pasar luego a la isla de la Reunión siguiendo en Dar es
Salan, Lago Victoria, Kampala, Nairobi, Kilimanjaro, Mombasa, Isla
Kaulin y Hong Kong.
La gira terminó de forma trágica en la capital japonesa cuando
una ola de frio acabó con decenas de animales. Los Raluy esperan
entonces un barco que nunca atraca y que finalmente llega a Barcelona
donde les sorprenden las inundaciones del 1963 llevándose sus escasas
propiedades.
Finalizando con esa sucesión de contratiempos, los números de barras
fijas, de hombre bala y de looping (un pequeño vehículo que, proyectado
por una rampa, daba un triple salto en el aire para finalizar en una
red) vuelven a entusiasmar al público que llena el graderío de los
circos Moira Orfei (Italia, años sesenta), Toni Boltini (Holanda,
1968-69) y Amar (dirección Roche. Francia, 1970-71).
Empresarios... finalmente
Con los ahorros y tras muchos sacrificios, los Raluy ven como el viento
acaricia su primer "chapitó" "2" bajo el cielo portugués.
La familia catalana había comprado el destartalado material del Circo París -nombre del que no se podían desprender por absurdas normas de registro- con lo que tenemos unos carteles que proclaman sobre los muros:
Circo de París (en letras muy pequeñas) presenta Circo Alabama
(los camiones, todos ilegales, eran rematriculados por el "estricto"
gobierno del estado norteamericano).
En un Portugal que empieza a oler a "claveles revolucionarios" el circo
se transforma -tras absorver unos modestos saltimbanquis- en Circo
Moscova. Estalla la revolución; se abren las cárceles y, de una de
ellas, sale a la calle un personaje que ascenderá rápidamente en el
poder público.
El ex-preso sueña con nacionalizar el circo portugués, a modo de la situación actual del circo cubano, ruso, egipcio o coreano.
Su utópico proyecto consistía en un gran tronco con cuatro
poderosas ramas: cuatro circos ambulantes que deberían ser dirigidos
respectivamente por los cuatro hermanos Raluy nacidos entre explosión y
explosión: Luis, Carlos, Eduardo y Francis.
Asustados por las consecuencias que podía traer la realización del
proyecto y por la tensión que tomaba el asunto, pasaron su material
-camuflado como mobiliario en transportes de mudanzas- a Badajoz. De
este modo la capital extremeña fue testigo de la transformación de Circo
de Moscova en Circo de Moscú, nombre que no pareció satisfacer a un
determinado sector de los empresarios circenses. El circo pasa a
llamarse Ringling, nombre, a la vez que ilegal, perjudicial para la
competencia.
Finalmente, el cambio de nombre similar al que dio lugar a los circos
Medrano, Kron, etc. aparece el Circo Ringland "3" (traducido como "el
país de la pista" para quienes veían en el nombre un plagio del gran
circo americano), el de los famosos tiburones "vivos", que pronto
alcanza un éxito considerable codeándose con los grandes de aquellos
años.
El Raluy en gira por el mundo
En 1982 los mundiales de fútbol y los videos inundan los hogares
españoles dando un duro golpe al mundo del espectáculo. El Ringland
decide llevar el circo a países donde la tecnología no les hiciera
competencia.
Debuta en las islas Canarias para pasar al Senegal (Dakar) y
introducirse en el corazón del continente africano: Costa de Marfil,
Benin, Gabón (donde es el primer circo que visita tal país), Togo,
Camerún, Kenia, Zaire y Tanzania. De allí pasa a Madagascar, Isla
Mauricio, Malasia, Hong Kong; salta hasta el Caribe y también visita
Islandia.
La larga gira se repite una segunda vez y al finalizarla, cansados de la
competencia desleal con otros circos, Eduardo y Francis deciden -poco
antes de la muerte de su padre- separarse de sus hermanos (1983) con el
fin de posibilitar los distintos sueños de todos. Surge así el Circo
Williams de Eduardo y Francis, mientras que el Ringland continua bajo la
mano de Luis y Carlos.
El primer circo se estanca en España con una clara vocación insular
(islas Baleares). Sus espectáculos van dirigidos a un público
generalmente infantil. Recientemente han adquirido el "chapitó" del
Circo Ciudad de Milano (Europa 1 en Italia) de Pietro Medini.
En 1984, Luis y Carlos empiezan una de las múltiples "tornees" por las
Antillas y el Caribe: Guayana, María Galante, Sant Barthelemy, Pointe a
Pitre, Martinica, Santa Lucía y Barbados.
Entre el público del trópico la familia Raluy es bastamente conocida
por sus espectáculos, pues a menudo son el único circo que visita tales
archipiélagos. No nos debe sorprender, pues, que en ciertas islas la
afluencia de público supere con facilidad el cien por cien de la
población.
Después del largo camino hecho por el extranjero, los Raluy deciden
regresar a España en 1992 donde, con motivo de los Juegos Special
Olímpics, están invitados a Vilanova i la Geltrú.
En ese programa, el primero de un circo bautizado ahora simplemente como Circo Raluy, figura un importante número de atracciones contratadas: los Salsky (rueda de la muerte), los Quirós (fieras y fuerza capilar), Irina y Dimitri (reptiles y tarántulas), Maty Muñoz (contorsionista) y Sankar, extraordinario contorsionista hindú. Pero a pesar de todo, el estilo de "circo a la antigua"
no parece contactar plenamente con el público de la península por lo que deciden volver a embarcar, ya en 1993, hacia la isla de la Reunión (océano índico) para pasar más tarde a Pointe-a-Pitre (Caribe), Guayana (América del Sur), Sant Barthelemy, Martinica,
San José (Costa Rica) y Castres (Santa Lucía). Con todo ello hay
quienes, no sin razón, han bautizado al Raluy como el "último Circo
expedicionario".
El Circo Museo Raluy, Premio Nacional de Circo 1996
A finales de 1995 el Raluy regresa a España donde gira hasta el momento.
Su espectáculo, con una puesta en pista a la antigua, es mayoritariamente familiar: todos los Raluy pasan a menudo incluso más de una vez por la pista.
Como artistas contratados encontramos al inicio el augusto portugués Zecca, la cuerda libre de los Radorescu y el grupo de osos de los domadores checos Henry y Eva Peseck;
que posteriormente serán sustituidos por el payaso Miquelet, la
trapecista madrileña Graziella Galán y los cocodrilos de Karen y Sam
Sarraken, después estos últimos por los ponies y el frisón de Sandrine
Le Bris y finalmente como número de animales figura el arca de Noé del
alemán John Fischer "4".
El programa inicial ha sufrido muchas mejoras y modificaciones: la
creación de un final que a los Raluy les gusta llamar felliniano, la
supresión del número de gauchos argentinos, la inclusión del
extraordinario número de percha de Francis Raluy, el cambio de varias
"entradas" de payasos, etc.
A finales del 1996, y gracias a la intensa colaboración de puntuales
amigos del Circo, el Raluy sale del anonimato al que se condenaba
girando por las pequeñas aldeas de Aragón y el País Vasco, recibe el
Premio Nacional de Circo 1996, triunfa en la crítica madrileña,
participa como espectáculo invitado en el prestigioso Festival de Teatro
Clásico de Almagro,
realiza una exitosa gira por Catalunya bajo el patrocinio de la
Colección de Circo del autor de estas líneas, actúa en el corazón de
Málaga dentro del marco del Festival Internacional de Teatro y
próximamente lo veremos en el Festival Internacional de Payasos de
Cornellà -Memorial Charlie Rivel- antes de emprender la gira de verano
por la Costa Brava catalana.
La colección de carromatos circenses
Luis y Carlos Raluy heredaron de su padre la pasión por los antiguos
vehículos de Circo que años ha tiraban viejas mulas por las carreteras
europeas.
La colección de caravanas que conforma el Circo Raluy datan de
principios a mitad de nuestro siglo en su mayoría y constituye uno de
los principales encantos de este museo rodante.
Semana tras semana los Raluy se informan de las posibles adquisiciones
de carromatos de toda Europa, valoran la oferta, se desplazan para
observar las piezas, compran, restauran y viven en ellas.
Al Latil de 1908, que perteneció al servicio de limpieza del
Ayuntamiento de Barcelona, a la taquilla de los Fratellini de 1936, que
ya ha dado dos veces la vuelta al mundo, o a la cafetería del 1927 se le
van sumando continuamente otras piezas.
En tan sólo un mes, desde mitad de noviembre hasta mediados de diciembre
de 1997, se incorporaron al Raluy dos caravanas de carga pertenecientes
al circo alemán Hellas, un camión que participó en varias guerras por el
desierto y dos caravanas vivienda que sustituirán a las modernas de
Carlos y Francis Raluy. Todo ello conlleva varias personas al servicio
exclusivamente de la restauración, manutención y reparación de dichos
vehículos.
Los camiones que tiran de esos pintorescos carromatos son Mercedes que
participaron en la Segunda Guerra Mundial, con lo que el convoi del
Raluy avanza por nuestras carreteras a una velocidad no superior a los
cincuenta kilómetros por hora.
Este tempo lento parece envolver toda la vida de estas gentes
que han optado en el tiempo de las nuevas tecnologías por una vida que
si bien de intenso trabajo, no es de prisas ni de preocupaciones
banales.
El lenguaje del espectáculo
Con la creación del Circo Museo Raluy el espectáculo circense retoma los
patrones del pasado: la carpa se vuelve redonda olvidando las cúpulas a
la italiana, el interior se envuelve de terciopelo y los palcos próximos
al estilo imperial se adornan con tallas de madera. Raluy es hoy
sinónimo de circo intimista, cálido y personal.
No es casual que la crítica haya gustado definir a dicho circo como
"circo de cámara".
Programa
Primavera-verano 1998
Primera parte
Carles Raluy, jefe de pista
Louisa, funambulista
Pitxixi i Pirulí, la magia del piano
Rosita, glamour de los cincuenta
William, malabarista
Kerry Raluy, monociclista
Pitxixi i Pirulí, el agua milagrosa
Duo Swider, equilibristas
Intermedio
Segunda parte
Tebas, divertimiento indio
Graziella, trapecio libre
Pitxixi i Pirulí, encanto oriental
Chy Bao Guy, juegos chinos
Pitxixi i Pirulí, magia clásica
John Fischer, el arca de Noé
Francis y Graziella, percha
Final con toda la companyía
* Los efectos de pista son de Jerónimo Garcés
* El diseño del vestuario es de Rose Mary Chy
* La puesta en pista de Lluís y Carles Raluy
* La percusión de Francesc Esteve
* La luminotecnia de José Aguado Valverde
* Las acomodadoras: Ruby, Sònia Chy, Melita Raluy,
* Daniela Giribaldi, Olga Zagarevskaya i Graciela Galán
* La "barrière" de Silvano Giribaldi y los mozos de pista:
* Zaro, Bogdan, Tadek, Yanek, Bogidar,
* Marian, Jenek, Adam, Michel i Luis
* El sonido de Victor Alexander
Bajo la carpa, de no más de trenta metros de diámetro, el público se
apiña formando coro a una pequeña pista central de tan sólo nueve metros
-lejos de los treze que marca la tradición-, de la que se han alejado
los payasos habladores y groseros, los desfiles del circo americano y la
decadente fastuosidad con la que ciertos directores pretender vestir sus
programas.
Allí todo es próximo, el payaso salpica con sus cubos de agua en cada
mano, la monociclista saluda al espectador antes de finalizar su
actuación y más de uno, cuando las luces se apagan, deja mojar sus ojos
porque el espectáculo ha terminado.
En la segunda parte de su gira por Catalunya, a partir de fin de abril
de este año, el Raluy continuará entusiasmando a un público que pocas
semanas antes se cuestionaba por la salud de ese espectáculo tan rico
como antiguo que, como si del ave Fénix se tratará, renace hoy para
siempre de sus cenizas: el Circo.
"¡Estén atentos a su llegada!"
Genís Matabosch i Eiximenis
Historiador de Circo
Genís Matabosch - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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