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Será un sí tan o más convencido que el de ellos, pero también más crítico. Más convencido, porque la trayectoria europeísta de CDC es más sólida y menos titubeante que la de los dos partidos mayoritarios a nivel estatal; más crítico, porque mucho mejor que ellos podemos apreciar, sentir y valorar hasta qué punto la mal denominada Constitución europea no responde plenamente al ideal de nuestro proyecto europeo.
En una palabra: nosotros queremos más Europa que la que defiende la Constitución; queremos una Europa con más poder político; queremos una Europa que pese más en el mundo;
queremos una Europa capaz de sacudirse de encima los frenos y
los miedos que la atenazan y le impiden volar más alto. Queremos, en
fin, una Europa menos de los estados y más de los pueblos y los
ciudadanos que la componen.
Ni populares ni socialistas defendieron la realidad cultural y nacional
de Catalunya en el momento de redactar la Constitución europea. En
España gobernaba Aznar con mayoría absoluta.
Huelga decir que el Gobierno español era paradójicamente nuestro más
contumaz adversario para lograr un cierto reconocimiento de Catalunya en
Europa. Tampoco los socialistas destacaban por su apuesta en favor de
Catalunya. Cuando íbamos a Bruselas a pedir el reconocimiento del
catalán a nivel europeo siempre nos decían lo mismo: "El problema lo
tienen ustedes en Madrid. Vayan allá y convenzan primero a los suyos".
Pues bien, es lo que hemos hecho. CDC resistió la presión para dar un sí
o un no de entrada. Optamos por un camino más difícil, más arriesgado
pero a la larga más productivo. Pusimos condiciones a los únicos que se
las podíamos poner con una cierta garantía de éxito: al Gobierno
español, políticamente ávido de ser de los primeros en aprobar el
tratado constitucional europeo.
Desgraciadamente, no tenemos peso suficiente para influir en Europa
de una forma decisiva; pero sí tenemos fuerza para presionar al Gobierno
español, sobre todo si nos necesita.
Las condiciones del sí
De ahí que fijáramos en octubre una serie de condiciones para poder
apoyar el sí a la Constitución europea; condiciones orientadas a un
mayor reconocimiento de Catalunya en Europa.
De Catalunya, y del catalán como expresión básica de nuestra personalidad cultural. Las condiciones se han cumplido de una forma razonable. El Gobierno español se ha mojado en defensa del catalán en Europa. Por primera vez, España aparece ante Europa como lo que es:
un Estado pluricultural y plurilingüístico. Por primera vez va a
haber presencia autonómica en los Consejos de Ministros de la UE. No es
nuestra estación de final de trayecto, pero es bastante más de lo que
teníamos hace seis meses. Con ello, CDC ha cumplido con su razón de ser:
conseguir que Catalunya avance lo más posible en función de cada
circunstancia histórica. Y hacerlo, sin fijar límites de futuro a este
avance.
Todo ello me lleva a proponer un sí convencido y a la vez crítico.
Respeto sinceramente y profundamente a aquellos que piensan que, aun
habiendo conseguido este mayor reconocimiento de Catalunya en Europa,
hay que seguir apostando por el no. Pero CDC ha hecho lo que tenía que
hacer:
ser útil a Catalunya y aprovechar la oportunidad que se nos brindaba
para defender nuestro país y nuestra lengua.
Nuestra posición tiene una última virtud, nada despreciable. Abre la
puerta de par en par al reconocimiento del catalán a nivel español. El
Gobierno central se queda sin argumentos para rechazar en España aquello
que él mismo defiende en Europa. Si el catalán vale para Europa, también
vale para España.
Con ello, confío que en algunos meses CiU pueda presentar otro éxito:
que nuestro modelo de Estado plurilingüístico y pluricultural vaya
abriéndose paso en el interior del Estado. Un objetivo que está más a
nuestro alcance gracias a haber arriesgado y jugado fuerte en el tema
del referéndum europeo.
Artur Mas - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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