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Cataluña, País Vasco, Madrid y Valencia eran la avanzadilla del desarrollo y se convirtieron en la meta para centenares, miles, de andaluces, extremeños, murcianos, etc., que marchaban de sus pueblos, con una maleta de madera, en busca de trabajo y huyendo de una mayor miseria, hambre y caciquismo. Barcelona fue el destino principal para la mayoría de ellos.
Entre 1950 y 1970, el Barcelonés creció en un 53,31%, debido a la
emigración, y los problemas de vivienda alcanzaban límites tremendos. Lo
mismo ocurre en las demás comarcas catalanas.
El barraquismo había trazado un cinturón que rodeaba toda la ciudad,
desde el Somorrostro (hoy Paseo Marítimo), hasta el Campo de la Bota
(hoy Puerto Olímpico), pasando por Montjuïc, Zona Franca, El Carmelo, La
Perona, etc., con el Estadio Olímpico y muchos pabellones de la
Exposición Universal del 29 atestados de familias de inmigrantes sin
vivienda.
Desde el punto de vista laboral había trabajo, pero la explotación y las
condiciones de trabajo eran durísimas, los salarios de hambre obligaban
a hacer muchas horas extraordinarias.
En general se daba la más absoluta explotación tercermundista,
incluido trabajo de menores, y, lo que era aún peor, los trabajadores se
veían obligados a vivir en barracas sin agua ni luz eléctrica, debido a
la carencia de viviendas y medios para obtenerla.
La represión franquista no se había modificado lo más mínimo desde el
fin de la Guerra Civil. El Decreto Ley de 18-IV-47, sobre "Represión de
Bandidaje y Terrorismo" aún estaba en vigor.
Las reformas que se estaban produciendo (Decreto sobre Rebelión
Militar; Bandidaje y Terrorismo de 21-IX-1960, con penas gravísimas; Ley
de 20-IX-1962, que sanciona con el despido a cualquier obrero que
participe en una huelga), iban dirigidas a un endurecimiento de la
represión, especialmente dirigida a la clase obrera.
El ejercicio de los más elementales Derechos Civiles, Políticos,
Sociales y Culturales, estaban prohibidos y constituían delitos graves:
los derechos de asociación, de sindicación, de reunión, de huelga etc.,
estaban en entredicho y su ejercicio, las mayoría de las veces era
motivo de dura represión y sujeto a la jurisdicción militar.
El régimen policíaco, las detenciones sine die, los malos tratos y las torturas, eran moneda corriente.
A grandes rasgos, ésta era la situación política y social de la Barcelona que conocí en los años 1959 y siguientes. Pero algo empezaba a moverse: los trabajadores tomaban conciencia de clase y empezaban a reivindicar sus derechos. Los estudiantes se movilizaban y miraban a Europa. La Iglesia preparaba el Concilio Vaticano II. Juan XXIII, preparaba su Encíclica "Mater et Magistra".
Aparecen los curas obreros, los curas jóvenes en España, y en especial en Cataluña, toman conciencia de la terrible injusticia social, y empiezan a tomar posiciones: se movilizan a través de las JOCS y HOACS; algunos ofrecen las iglesias para reuniones de obreros;
se habla de derechos humanos violados; hay movilizaciones
contra la tortura y la falta de libertades y derechos. Los inmigrantes
de entonces participan directamente en esta lucha.
Una de las primeras personas que conocí a mi llegada a Barcelona fue a
Antoni Jutglar: un intelectual muy preparado en Historia Social
Contemporánea, que ya había sido represaliado en la Universidad.
Discípulo de Vicens Vives, cristiano progresista, conocedor de la
situación del país, de la falta de libertades, de la injusticia social,
de la explotación en que vive la clase obrera, fue nuestro verdadero
maestro e introductor del socialismo.
Albert Fina y Antoni Jutglar coincidieron en Berga, en el Servicio
Militar, junto con otros universitarios: Jordi Maluquer, Feliu Formosa.
Esta coincidencia tuvo una especial trascendencia para Albert, que tuvo
ocasión,
a través de conversaciones sin límites, de conocer una visión
distinta de la que hasta ahora había recibido de su familia y de la
tradición religiosa, de la reciente historia de nuestro país, de la
visión de los vencidos, de la situación de la clase obrera, de la
represión de los que no comulgaban con la ideología de los vencedores,
del exilio de los mejores intelectuales españoles y catalanes, de la
represión sobre la identidad de la cultura catalana, etc.
La amistad iniciada en Berga, continuó en Barcelona, al término del
Servicio Militar. El círculo se iba ampliando: Urenda, Sardá, Mossén
Dalmau, etc. Charlas políticas, sociales y reivindicativas en Gallifa,
en casas particulares, en cafés..., iban creando un primer paso para el
compromiso político y profesional.
Albert, tras superar la fuerte presión familiar, decide dedicar su vida
profesional a la defensa de la clase obrera; quiere ser abogado
laboralista y con esa idea empieza a trabajar en el despacho de Antoni
Cuenca,
que con el despacho de Francesc Casares, eran los dos únicos despachos que se dedicaban a la defensa de la clase obrera, independiente del Sindicato Vertical, único sindicato permitido y de carácter fascista. Pronto entré también en el despacho de Cuenca y empezamos a ver la realidad laboral desde un despacho especializado.
El trabajo era ingente, la clase obrera necesitaba ayuda jurídica
para reivindicar sus derechos cívicos, sindicales, laborales; pero
también necesitaban Asesoría Jurídica para reivindicar los derechos más
elementales, de vivienda digna, de amparo ante los especuladores, ante
el municipio, y sus planes de urbanismo.
La amistad con Albert se consolidaba, ambos teníamos ideales comunes y
deseábamos poner nuestros conocimientos al servicio de la clase obrera.
Amistad reafirmada con los años y los avatares hasta su muerte. Aquellos
primeros años fueron de profunda crisis, de revisión ideológica, de toma
de conciencia social y política, de conocimiento de la realidad, de la
terrible realidad de los perdedores de la Guerra Civil, de los
fusilamientos, de la represión y, en consecuencia, de cómo deberíamos
actuar.
Nos colegiamos en el Colegio de Abogados, pues ello era
necesario para poder ejercer como tales, y encontramos un Colegio
anquilosado, rutinario, burocrático. Todas las instituciones estaban
impregnadas de fascismo. Y el Colegio de Abogados no escapaba de ese
virus. Pero una nueva generación que no había hecho la guerra empezaba a
entrar en el Colegio y lentamente empieza a cambiar, no sin chirridos de
los más conservadores.
De especial trascendencia, en este cambio, fueron las elecciones a
Decano y otros cargos de la Junta, del año 62, en el que en la
candidatura de Roda Ventura, entraron Montserrat Avilés y otros
compañeros jóvenes, denominados por los más reaccionarios como los
"petardistas".
El decanato de Roda Ventura (63-67) supuso el inicio de una andadura,
por parte del Colegio de Abogados, camino largo pero constante en
demanda de una mayor democracia interna, más libre de los poderes
públicos, más independiente y, sobre todo más solidario con los
problemas de los ciudadanos, con los represaliados, los detenidos, los
presos políticos o los condenados a muerte.
En todo este cambio no fue ajena la labor de Montserrat Avilés que, como
se ha dicho, ganó las elecciones de diputada al Colegio de Abogados con
la candidatura de Roda Ventura; y durante los 6 años en que permaneció
en la Junta, consiguió que el Colegio interviniera de forma directa en
los graves acontecimientos, cada vez más numerosos, provocados por la
represión franquista.
El propio decano, Sr. Roda Ventura murió de un infarto tras haber permanecido durante todo el día y parte de la noche atendiendo, en el Juzgado de Guardia, a intelectuales detenidos por la policía, y no muy bien tratados por el Juez de Guardia y demás funcionarios del Juzgado.
Desde aquí quiero rendir el homenaje que merece al Colegio de Abogados de Barcelona, por su actitud, en la larga y funesta etapa de la dictadura del general Franco; pues con especial valentía supo mantener su independencia, solidarizarse con los graves problemas y amparar a los colegiados cuando fueron víctimas de la represión, como en el caso de Albert Fina y Montserrat Avilés;
ya que el propio Decano, Miquel Casals Colldecarrera se brindó a defenderlos ante el Tribunal de Orden Público. Y no sólo benefició a los colegiados, sino, lo que era más comprometido, permitió reuniones, muchas veces multitudinarias con motivo de detenciones masivas (como las ocurridas en la Iglesia de María Medianera, en la esquina de Córcega- Entenza, y otras),
de penas de muertes injustas, (Puig-Antic, Txiqui) asesinatos de
Abogados Laboralistas de Atocha y otros acontecimientos importantes.
El Colegio de Abogados, impulsado por la Comisión de Defensa, actuó la
mayor parte de las veces con dignidad, oponiéndose a toda violación de
los Derechos Humanos tan frecuentes en aquellos años, y luchando como
corporación contra toda injusticia, y fue un ejemplo que siguieron otras
corporaciones (Colegio de Aparejadores, de Ingenieros, de Arquitectos, y
algunos más).
También hay que agradecer al Colegio de Abogados de Barcelona que concediera la Gran Cruz de Sant Raimon de Penyafort, durante el Decanato de Gay Montalvo, a tres abogados laboralistas Albert Fina, Montserrat Avilés y Luis Salvadores.
Y ello por cuanto constituían una verdadera novedad, ya que
este galardón, hasta entonces, estaba siempre reservado a eminentes
civilistas, penalistas y procesalistas. Jamás se había concedido a unos
abogados a los que determinados compañeros los han clasificado como
Abogados de Segunda Clase.
Montserrat Avilés, hija de abogado y nieta de marino, heredó la hábil
diplomacia y la fortaleza y valentía para navegar por la vida y el
tiempo que le tocó vivir.
Es una mujer vitalista, decidida, luchadora, dispuesta a romper, en aquel entonces, los moldes en que la tradición, la Sección Femenina del Movimiento y otras fuerzas reaccionarias, querían convertir a las mujeres de la posguerra.
De familia de profesionales, liberal y catalana, se educó con
las Concepcionistas y estudió Derecho en la Universidad de Barcelona,
pasando enseguida a trabajar en el despacho de su padre, el Abogado
Gabriel Avilés, muy apreciado por su buen hacer, por su honradez y su
profesionalidad. Desgraciadamente fallecería en aquel mismo año 1959, a
consecuencia de un cáncer.
Albert y Montserrat se conocieron por primera vez, con motivo de la
muerte de Don Gabriel Avilés. Posteriormente se vieron en ocasiones en
Magistratura de Trabajo de la Ronda San Pedro, e intimaron en
actividades conjuntas de recogida de firmas contra la tortura, así como
en las clandestinas reuniones del "Felipe" (el FLP: Frente de Liberación
Popular);
que en Catalunya se convirtió en el FOC (Frente Obrero Catalán), iniciando una relación física, espiritual e intelectual de una fuerza e intensidad difícil de describir.
El descubrimiento recíproco fue como una revelación que lejos de
perder fuerza, fue completándose con sus diferentes personalidades a
través del tiempo. Los amigos con ironía los llamaban "la pareja feliz".
Tras contraer matrimonio en diciembre de 1960, Montserrat y Albert,
inician una andadura en común, absolutamente identificados en lo
político, en lo social, en el trabajo y en la familia. Sus comienzos,
como los de todos, no fueron fáciles. Abren despacho en Barcelona y en
Mataró.
La actividad política absorbe muchas horas. Ambos participan en
la campaña de boicot a La Vanguardia por el asunto Galinsoga, en la
campaña contra la tortura y malos tratos de la policía, de la que
resultaron procesados Dalmau, Urruela, y algunos más.
La caída del FLP en el año 62 fue realmente dramática, casi todos los
amigos fueron detenidos: Juan Ignacio Sardá, Rudolf Guerra, Luis Avilés,
Isidro Molas, Ubierna, Josep Font, Angel Abad, Josep Verdura, Chicharro.
Montserrat y Albert se libraron, pues la policía (la brigada
político-social) pensaba que estando recién casados, tendrían hijos y
dejarían la política.
Como hemos dicho, Montserrat Avilés se presenta y consigue salir elegida
diputada en la Junta del Colegio de Abogados con la candidatura de Roda
Ventura. Era la primera mujer que conseguía entrar en la Junta del
Colegio y, además, era de izquierdas, todo ello a pesar de las críticas
de la oposición.
Durante los seis años en que permaneció en la Junta de Gobierno
del Colegio de Abogados, la entidad empezó a cambiar de rostro.
Pero la pasión de Montserrat era y es el trabajo en el despacho, la
defensa de los trabajadores, la lucha por la conquista de los derechos
de libre sindicación, derecho de huelga, derecho de reunión, etc.; pero
también la lucha política contra la dictadura, contra el franquismo y
por las libertades de los pueblos y de los ciudadanos.
Como dice Albert en "Des del nostre despatx", lo que relata en ese
libro, igualmente lo podía haber relatado Montserrat Avilés, pues ambos
trabajaban por igual y en todo caso era un reparto de asuntos. La
dedicación de ambos al trabajo en defensa de la clase obrera y a la
política de izquierdas fue de una entrega total y absoluta. Sin
concesiones, con disponibilidad de todas las horas; de todos los días.
En los años cruciales no tuvieron para sí ni domingo ni vacaciones.
Durante la enfermedad de Albert, Montserrat fue la mujer fuerte, que
supo estar a su lado, dándole fuerza para superar las crisis de angustia
y miedo en las horas bajas, con alegría, con humor, con ganas de vivir.
En el momento final, supo comprender la voluntad de Albert de no quitarle la esperanza de vivir.
Montserrat y Albert constituyeron cada uno por separado, unas
personalidades irrepetibles, pero juntas una fuerza insuperable, capaz
de minar los fundamentos del franquismo como lo demostraron en la forma
de llevar a cabo su propio procesamiento en el TOP, cuando logran
convertir su acusación en la acusación a la dictadura franquista.
Albert fue en su adolescencia y juventud, una persona profundamente
religiosa (católico) cristiano progresista después, para descubrir el
Marxismo, pasando a militar, primero en el FLP, más tarde en el PSUC
hasta el año 75, que lo abandona por discrepancias y termina siendo un
hombre de izquierdas pero independiente. Cada una de estas etapas fueron
vividas por Albert con toda intensidad, honestidad y entrega.
Fue el varón mayor de 10 hermanos, de familia burguesa y muy relacionada
con los jesuitas, con quien estudió el bachiller, recibiendo la típica
educación religiosa de los años cuarenta, pietista, individualista, de
moral estricta, elitista, adobado todo con la idea del pecado, la
amenaza del infierno y,
la condena eterna, que en los "ejercicios espirituales" representaba
el plato fuerte de la última meditación, en una capilla obscura y la
cara del oficiante iluminada por un cirio.
Debido a la crisis económica familiar Albert se ve obligado a trabajar
con su padre al mismo tiempo que estudia la carrera de Derecho por
libre, por lo que no vivió el despertar universitario de finales de los
años 50.
Fue precisamente en el Servicio Militar, donde tuvo la suerte de tener por compañero a Antoni Jutglar, Jordi Maluquer y otros universitarios, donde toma conciencia de la realidad del país, de la represión, de los vencidos en la Guerra Civil...
Mientras los demás quintos iban de farras, el grupo de universitarios pasaba horas y horas en charlas políticas y sociales. Antoni Jutglar era también católico, pero cristiano progresista por lo que la amistad de ambos fue consolidándose. Las nuevas lecturas de Munnier, Foucalt, Cesbron, Bernanos, etc... van calando hondo.
En la "mili" hay muchas horas muertas que Albert no
desaprovechaba. Se hablaba del levantamiento militar contra la
República, de la Guerra Civil, de los vencidos, de los campos de
concentración, de los fusilamientos en el Campo de la Bota, de los
Consejos de Guerra, de las cárceles, de los presos po1iticos, de los
exilados, de Catalunya. Pero también de la clase obrera, de las
injusticias sociales, de la lucha de clases, etc.
Un mundo nuevo se abría en el horizonte vital de Albert Fina, que fue
completando con lecturas de los clásicos del socialismo, y adquiriendo
una conciencia social nueva.
Este cambio de ideología no se hizo sin crisis y problemas de
conciencia graves, que evidentemente fue superando, ya que en la defensa
de la clase obrera había encontrado su verdadera vocación.
Con todo, no fue fácil pasar de un catolicismo dogmático, cargado de
connotaciones y prejuicios anticomunistas, donde se ha venido repitiendo
hasta la saciedad que el comunismo significaba "el mal", el causante de
todos los desastres, y que los comunistas eran todos malos, a militar en
un partido comunista.
De vuelta a casa con la "mili" terminada y la enfermedad que había
contraído en la mili controlada, empieza la verdadera lucha por hacer
realidad la decisión que había tomado: la defensa de los trabajadores,
de la clase obrera, poniendo todos sus conocimientos jurídicos al
servicio de este ideal.
Esa lucha tuvo que sostenerla con la familia, que quería otros destinos más vistosos y lucrativos. Su padre, un hombre honrado, bueno
y religioso hasta la médula, quería que Albert hiciera
oposiciones a Notarías, o Registros. Toda la ilusión y orgullo de padre
se había forjado en este ideal para su hijo. La desilusión del padre fue
mayúscula, pensando siempre que su hijo cometía una gran equivocación.
De todas formas, ambas partes jugaron limpio y plantearon sus argumentos
con honestidad y claridad. El hijo, de acuerdo con su ideal cristiano,
quería dedicarse a la defensa de los más necesitados.
El padre que quería lo mejor para su hijo y el prestigio de la
familia, había puesto toda su ilusión en que Albert hiciera oposiciones
a Notarías o Registros.
Ello daba lugar a conversaciones y discusiones en la que participaba
toda la familia, por lo que las ideas progresistas de Albert iban
calando en ella.
Por aquellas fechas, 1960, forma parte del FLP (Frente de Liberación
Popular), los "Felipes". Una agrupación integrada por intelectuales,
estudiantes y algún obrero, que englobaba desde cristianos progresistas
a socialistas muy radicalizados.
Ésta tuvo un gran éxito en toda España, especialmente en Asturias y Madrid. Participa en la mayoría de las huelgas de Asturias, País Vasco, Cataluña y Andalucía. De ahí que la represión contra ellos fuera terrible.
La caída en Barcelona, en 1962, llevó a la cárcel, entre otros,
a Angel Abad, Rodolf Guerra, Juan Ignacio Sardá, José Verdura, Luis
Avilés, José L. Ubierna, Chicharro, Font etc. El Consejo de Guerra
celebrado en Madrid, en febrero de 1963, condenó a todos ellos a penas
de entre dos a ocho años de cárcel.
Terminada esta experiencia tanto Albert como Montserrat ingresan en el
PSUC, en 1968. Su militancia política le da la fuerza y la convicción
moral de haber encontrado el camino que buscaba, y se entrega a la causa
con completa dedicación.
Por aquellos años va apareciendo un germen de Sindicato de clase, las Comisiones Obreras, que surge con reivindicaciones muy concretas (incremento de salarios, falta de medidas de seguridad, horas extras, jornadas, etc.). Al principio éstas nacían en una empresa y una vez resuelto el problema, desaparecían.
Después, tienen carácter permanente. Las empresas no quieren
reconocerlas, pero terminan doblegándose a estos representantes de los
trabajadores nombrados por ellos mismos. Finalmente los problemas son
más importantes: se reclama el derecho de huelga, de asociación, de
reunión, etc.
El despacho de Albert y Montserrat, no es que fuera el despacho de
Comisiones Obreras, pero en la práctica llevaban los asuntos más
importantes de las grandes empresas en que intervenían las Comisiones.
En consecuencia, tuvieron que ampliar su plantilla, no sólo con
abogados, sino con economistas, sindicalistas, y especialistas de todo
tipo.
Los más importantes problemas laborales y sindicales de
aquellos años (recordamos las huelgas, seguidas de despidos masivos en
SEAT, Maquinista Terrestre y Marítima, Harry Walker, MIR...) fueron
planteados en su despacho.
La idea inicial de Comisiones Obreras, sostenida por Albert Fina y su
despacho era la creación y potenciación de una gran Central Sindical
Unitaria; idea que fracasó al convertise CCOO en el Sindicato del PSUC.
Como consecuencia de esta gran discusión se produjo la última gran
crisis de Albert, que le obligó a dejar el PSUC tras 9 años de
militancia activa.
Nadie mejor que él en la introducción del libro "Des del nostre despatx" (págs. 15 a 18), para explicar la gran polémica en los años 76-77, que terminó con la expulsión de Isidor Boix de los cargos que tenía;
y en solidaridad con él, su baja de militancia del PSUC. A partir de
este momento Albert no milita en ningún partido pero no por ello deja de
ser el que siempre ha sido, un hombre de izquierdas, un defensor de la
clase obrera, un gran jurista y un abogado entregado a la defensa de los
más necesitados.
Su compromiso político, como el de la mayoría de los abogados
laboralistas, le llevó también a la defensa de los represaliados por el
régimen franquista, obreros e intelectuales principalmente, primero en
los Tribunales Militares y, desde el año 1963, tanto en aquellos como en
el TOP (Tribunal de Orden Público).
Tribunales típicamente represivos de los derechos fundamentales de reunión, de asociación, de expresión. Por ello la clase obrera fue la más castigada:
la casi totalidad de los líderes de las Comisiones Obreras y de las demás organizaciones obreras, así como de los partidos de izquierdas (clandestinos), sin excluir a curas, profesores, escritores, intelectuales,... de izquierdas fueron procesados por el TOP, que en los años 60 y 70 trabajaba a destajo.
Esta defensa era asumida casi en exclusividad por los Abogados laboralistas, y lo cierto es que lo considerábamos como nuestra contribución a la lucha contra el régimen. Albert contribuyó muy especialmente a la defensa de los represaliados, como ya se ha visto en otro capítulo de este libro.
Su labor como jurista y como abogado entregado a la defensa de la
clase obrera fue reconocida no sólo por ésta, sino por todos los
juristas sin distinción de ideologías; y por el mismo Colegio de
Abogados, que en 1989 le concedió la Gran Cruz de Sant Raimon de
Penyafort.
Los años de la posguerra fueron terribles para los españolitos de a pie.
Junto a los problemas políticos, (tenemos presente los largos años de
represión de los consejos de guerra, de los fusilamientos, de la
persecución sistemática a todo el que no comulgara con el franquismo)
hay que añadir el hambre y la enfermedad. De éstas, la más peligrosa era
la tuberculosis.
El bacilo de Koch se extendía por doquier y alcanzaba a los más
débiles.
Albert hizo la "mili", el Servicio Militar normal, no la milicia
universitaria, al terminar la carrera, en 1957, siendo destinado a Berga.
Sin duda, la deficiente alimentación, la falta de higiene en los
cuarteles, el frío, etc.,
fue la causa de que contrajera una bronco-neumopatía crónica
Tbc, que le llevó al Hospital Militar de Barcelona, donde permaneció más
de un mes internado.
Por aquel entonces, en España, el tratamiento era muy primitivo:
descanso, aislamiento y buena alimentación.
Afortunadamente, al estar en Barcelona, la familia pudo atenderle
debidamente, no sólo con buenos alimentos, sino con las visitas y el
saberse atendido. Pudo curarse, pero sus pulmones quedaron gravemente
afectados, y más tarde pasaron factura.
En efecto, en el año 1962, en plena vorágine del despacho, con reuniones
que terminaban a altas horas de la noche, con el estrés propio de los
problemas pendientes, con el consiguiente desorden en las comidas y el
sueño, con el exceso de tabaco (activo y pasivo); Albert sufre el primer
neumotórax.
Fue grave, requirió tratamiento hospitalario y reposo en casa
durante meses. A través de los años, sufrió varios neumótorax. Los más
graves fueron los de los años 1969 y 1989, 1991 y 1996.
La curación se efectuaba mediante la aspiración del aire que le había
penetrado en la pleura y le producía el colapso pulmonar; y naturalmente
mediante reposo y buena alimentación. Su estancia en el Hospital de San
Pablo en el Departamento del Dr. Purcel, no fue muy agradable.
El servicio dejaba mucho que desear. Contaba Albert, que estando en camilla, en el pasillo, sus radiografías estaban expuestas en el negatoscopio (aparatos para visualizarlas).
Los médicos y las enfermeras pasaban y veían las radiografías de sus
pulmones allí expuestas, lo que llamaba extraordinariamente su atención
por el mal estado de los mismos. Sus comentarios en voz alta y delante
del enfermo, no eran muy alentadores.
Los médicos no se deciden a operarlo y vuelven a aplicar el mismo
sistema de la aspiración, del reposo y de la buena alimentación.
Llegó a asumir su crónica enfermedad y supo convivir con ella. No le
daba mayor importancia y vivía como si no existiera. Ni siquiera se
privó del tabaco. El propio Dr. Cornudella (fumador empedernido) era de
la teoría de que el tabaco no le hacía daño ni tenía relación alguna con
la enfermedad.
Albert, pues, se sentía fuerte y abusaba de su resistencia. Como tenemos
dicho vivía con absoluta entrega a la causa de la clase obrera.
Trabajaba sin descanso, no existían (en los años cruciales) ni domingos
ni fiestas, ni vacaciones.
Su jornada laboral no tenía fin, era incansable hasta el agotamiento. Venía siguiendo controles médicos periódicos y vivía despreocupado, pues esa enfermedad sólo le creaba pequeñas molestias de vez en cuando.
Por eso, cuando en una revisión rutinaria apreciaron signos
alarmantes que finalmente se concretaron en el diagnóstico de cáncer de
colon, la vida cambió de golpe. Para Albert, el cáncer le llegó de una
forma traidora, sin avisar, sin dolor previo, "como un golpe de estado a
su naturaleza", como diría en "Conviure amb el càncer".
Después de la segunda intervención quirúrgica, a consecuencia de la
extensión de la enfermedad al hígado, en julio de 1994, estuvo a punto
de quedarse en el postoperatorio, Albert escribe su último y profundo
libro "Conviure amb el càncer" a mediados del año 1995.
Tuve el honor de leer esas tremendas reflexiones, recién
terminadas de escribir y su lectura me impactó fuertemente por la
profundidad de sus reflexiones, por la sinceridad y valentía de
enfrentarse con la trágica realidad y, por lo que yo interpreté,
aquellas paginas no eran otra cosa que un doloroso adiós a la vida, a
los amigos, a los seres que le han querido, a su familia,...
Recuerdo que no pude acostarme hasta leer la última de las cuartillas y
apenas pude conciliar el sueño. Pensé que aunque aquellas cuartillas
referían una experiencia personalísima, debían concretarse en un libro,
por el interés general que indudablemente tenían. Así se lo dije, cuando
días después comentamos lo escrito.
"Conviure amb el càncer", Barcelona, Ed. Columna, Nov. 1996, es un libro
que, aparte de narrar su experiencia personal desde que le
diagnosticaron el cáncer de colon, las confidencias con los médicos y
personal sanitario, las operaciones quirúrgicas,
sus miedos, sus angustias, sus fases depresivas y optimistas, su análisis de la enfermedad y su lucha diaria para vencerla y/o convivir de la mejor manera con ella, es además una profunda reflexión sobre la muerte, sobre la vida, sobre la enfermedad, sobre el dolor, sobre el miedo a éste y aquella, sobre la amistad, sobre la familia.
Son reflexiones breves, contundentes, profundas y sinceras, valientes y tremendamente humanas: rechaza la frivolidad y la postura en que muchos pretenden mantener al enfermo en la ignorancia, en el engaño, en la falsedad. Pero también rechaza la brutalidad de negarle al enfermo toda esperanza:
"....Prefereixo que se'm tracti com un adult i per tant aprovo
que en circumstàncies com aquelles se m'informés de la gravetat del
mal.. no m'agradaria saber que la meva mort és propera ni que la
malaltia és absolutament irreversible i incurable. Voldria tenir sempre
una certa dosi d'esperança."
Habla de la terapia por el trabajo: " ... Després de rebre la dolorosa
noticia, vaig continuar, però. atenent els clients previstos per a
aquell dia, en una jornada normal de visites al despatx professional
d'advocats que dirigim la Montserrat i jo...
tant en aquesta ocasió com en unes altres que vindrien després,
vaig haver de fer un important esforç per oblidar el meu problema i
romandre atent a qüestions alienes... La feina professional ha estat a
més una bona teràpia per a la meva estabilitat i bona salut mental, i he
evitat així obsessions malaltisses i minorat d'aquesta manera angoixes
lògiques, fàcils d'entendre".
La amistad es un tema constante. El recuerdo a los amigos que han
muerto. Especial mención hace de Luis Salvadores.
A pesar de estar convaleciente de su primera intervención, acude a las honras fúnebres al Cementerio de Collserola. De Miquel Manté al que previamente había visitado en la clínica tras una operación similar a la suya; para darle ánimos, y llevarle esperanzas de que la enfermedad puede superarse. De Felip Portabella, del Magistrado Dupla, del catedrático y tantas veces contrario en Magistratura, Alonso García.
Pero, sobre todo, ve la necesidad de continuar manteniendo contacto con todos sus amigos, compañeros y colaboradores, así como con su familia. Quiere revivir sus intensos años de lucha, los buenos ratos de ocio con los amigos,
con la familia: reúne a todos los colaboradores que han pasado por su
despacho durante los largos y difíciles años de trabajo. Celebra
cumpleaños con sus hermanos, cuñadas y sobrinos. Cenamos los más íntimos
y contamos anécdotas.
Vuelve al Ampurdán de su infancia. Quiere revivirlo todo. A veces, le
entra la angustia y piensa que será la última vez que verá los rincones
maravillosos de la Costa Brava, o que será la última vez que hablará con
un amigo. Otras, está optimista, tiene fe en el futuro y se alejan los
malos presagios.
La muerte, la reflexión sobre la muerte se le ha incrustado en su
organismo, como una cosa actual y real. La pérdida de la vida la
encuentra cercana ("Des de llavors, la idea de mort ha ocupat més que
mai la meva ment, amb major o menor intensitat segons les circumstàncies
del moment").
Reflexiona, lee y escribe, sobre la muerte: "a veces muere el que quiere morir", piensa cuando está optimista y cree que ante esa u otra enfermedad grave hay que hacerle frente, hay que luchar, no hay que rendirse jamás. Otras, como cuando despide a nuestro amigo Luis Salvadores en Collserola, le asaltan ideas muy pesimistas:
"El cementiri i la mort del vell amic avivaren la nova idea gairebé obsessiva de destrucció, d'aniquilació i mort pròpia". En ocasiones se familiariza con la idea de la muerte, y piensa que "después de la muerte, nada" ("Per a mi, amb la mort desapareix tot!... la vida es destruïda i eliminada per la mort").
Su humor, tan fino, se vuelve negro y dice: "M'agradaria poder-me
alçar d'entre els morts cada deu anys, arribar-me a un quiosc i comprar
alguns diaris. No demanaria res més."
Reflexiona sobre la eutanasia: "Si algun dia arribo a una situació de
malalt terminal, incurable e irreversible, amb la perspectiva d'una mort
propera i segura, és a dir, una situació com aquella a que vaig estar a
punt d'arribar a l'estiu de 1994, no vull de cap manera cap dolor inútil
i vull una mort suau, sense penoses agonies, i provocada. Ho vull per a
mi, que, com dic, he estat molt a prop d'aquesta situació, i ho vull,
especialment, per tota persona estimada".
Piensa que hoy es absurdo dejar a los enfermos sufrir de forma
innecesaria; habla de los retrasos del INSALUD; sobre el trato de los
enfermos por el personal sanitario, etc.
"Conviure amb el càncer", no sólo es un relato de su propia experiencia
en relación con la enfermedad, sino que es un profundo y humano adiós a
la vida en la que tanta belleza ha sabido encontrar, que le ha dado
amor, amistad, entrega a una causa justa y la posibilidad de luchar por
ello, junto a una compañera luchadora y entrañable y unos colaboradores
magníficos.
Oyendo la primera parte de la Novena Sinfonía de Mahler, o el "Adiós"
del "Lied von der Erde" del mismo compositor, no pude dejar de pensar en
las reflexiones contenidas en este libro. "Silencioso está mi corazón, y
aguarda su hora" (Mong-Kao-Jen. Siglo XII. "Lied von der Erde", "Canción
de la tierra", Mahler).
"Es la expresión de un amor inaudito a esta tierra, el anhelo de vivir
en paz en ella, de apurar el gozo de la naturaleza hasta sus más
profundas profundidades... antes de que llegue la muerte" (Alban Berg.
"Sobre la Novena Sinfonía de Mahler")
"Conviure amb el càncer" es el testamento que nos ha dejado Albert;
convendría tenerlo cerca y, en ocasiones, releer aquellas páginas que
hablen de la amistad, de la belleza, del amor, de la lucha contra la
injusticia, de la vida, del deseo de vivir. De la muerte.
Antonio Martín Martín - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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