PREPARAR NUESTRA ENTRADA EN LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN

Autor: Lionel Jospin

OTROS CONCEPTOS DE ECONOMÍA

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05-2005

Texto

Estoy contento de expresarme hoy en el cuadro privilegiado de la Universidad de Comunicación de Hourtin, sobre un tema que concierne particularmente a los sectores de la comunicación:

quiero hablar de la revolución de las tecnologías de información.

Habéis elegido poner este año, vuestras reflexiones bajo el signo de la política.

Ahora bien, más allá de su dimensión técnica, la emergencia de una sociedad de información representa, en efecto, un desafío político y constituye, a este título, una preocupación esencial para mi gobierno.

La entrada de Francia en la sociedad de la información constituye una apuesta decisiva para el futuro.

Lo que permite evocar la emergencia de una sociedad de información tiene, en efecto, tres grandes cambios, que dibujan una verdadera mutación de nuestra sociedad.

- Primera constatación: la generalización del uso de las tecnologías y de redes de información.

La informatización de la sociedad, anunciada desde los años setenta, es, en adelante, una realidad que traduce de manera concreta este concepto de "sociedad de la información".

La numerización de la información, la informatización de las formas de 
producción y de cambio, el crecimiento de la parte del carácter inmaterial de la riqueza producida y el desarrollo de nuevas redes, como Internet, tienen fuertes repercusiones económicas, pero también sociales y culturales.

- Segunda constatación: La evolución tecnológica es cada vez más rápida y se acompaña de un desarrollo exponencial del mercado. En Francia fueron necesarios diez años para que emergieran los 25.000 servidores Minitel.

Ahora se crean cerca de 100.000 sitios de Internet cada mes en el mundo.

- Tercera constatación: la mundialización de los flujos de información.

 Que se trate del satélite o de Internet, las nuevas redes multimedias ya no conocen fronteras.

Es para los Estados, acostumbrados a intervenir en el cuadro nacional, un desafío considerable.

La emergencia de una sociedad de información abre amplias perspectivas.

La apuesta económica es evidente.

La industria de multimedia, donde se encuentran la informática, telecomunicaciones y audiovisual, constituye, en adelante, uno de los motores del crecimiento y un yacimiento de empleos.

Hoy, la parte de las tecnologías de información en la economía mundial es más importante que la del sector automovilístico.

La información se convierte en una riqueza estratégica, una de las condiciones de nuestra competitividad.

Los productos salidos de la actividad intelectual representan ya, y representarán aún más, en el futuro, una parte determinante de la riqueza colectiva.

En gran medida, lo sabemos, la competición internacional del siglo próximo será una batalla de inteligencia.

Pero los trastornos introducidos por las tecnologías y la información exceden ampliamente a la única apuesta económica:

 el desarrollo de nuevas redes de información y de comunicación ofrece promesas sociales, culturales y, en definitiva, políticas.

La transformación del informe al espacio y al tiempo que inducen las redes de información, permite esperanzas democráticas múltiples,

 se trate del acceso al saber y a la cultura, del fomento del territorio o de la participación de los ciudadanos en la vida local.

También es necesario que estas evoluciones estén controladas: volveré a ello en un instante.

De estas mutaciones, el gobierno ha tomado buena nota. ¿Qué hay de la situación de nuestro país?.

Cada vez son más las voces que se levantan para hablar de un retraso francés en el uso de las tecnologías y de información.

Ciertas cifras, como la débil tasa de equipamiento de los menajes en microordenadores o el número aún limitado de usuarios franceses de Internet, testifican, efectivamente, un retraso que tiene muchas causas:

- Una cultura informática aún demasiado débil,

- Una oferta insuficiente de informaciones y de servicios de calidad, en lengua francesa, sobre las nuevas redes,

- Falta del apoyo a los PME y a las nuevas empresas innovadoras.

Nuestro país dispone, sin embargo, de numerosos triunfos, de los que, puede sacar provecho: redes de telecomunicaciones muy competitivas, centros de investigaciones avanzados,

como el CNET o la INRIA, una industria y servicios de información desarrollados, la experiencia ya veterana de los servicios en línea, en la cual el Minitel ha constituido una prefiguración ejemplar.

La cuestión del futuro del Minitel es importante. Su simplicidad de empleo y la seguridad que proporciona a las transacciones, han ofrecido un ejemplo de lo que el público espera de las nuevas redes como Internet.

Pero, lo sabemos, el Minitel, red únicamente nacional, está limitado tecnológicamente, y corre el riesgo de constituir, progresivamente,

un freno al desarrollo de las aplicaciones nuevas y prometedoras de las tecnologías de la información.

Espero, entonces, que Francia Telecom proponga soluciones e iniciativas a fin de favorecer la migración progresiva de un muy vasto patrimonio de servicios del Minitel hacia Internet, en que la administración deberá ser ejemplar.

Tengo la convicción que nos encontramos así, hoy,

 en la encrucijada de caminos: disponemos de todos los medios para hacer de Francia un país en la punta de la sociedad de información.

Un compromiso afirmado y sostenido del gobierno es necesario

El gobierno ha decidido poner en marcha un programa de acciones ambiciosas.

Éste se apoyará en una coordinación asegurada por un comité interministerial.

Las modalidades exactas estarán paradas antes del fin del otoño.

 El gobierno presentará así, un conjunto de proposiciones al país, que permitirán subrayar las prioridades y poner en marcha las medidas concretas.

Este programa de acción tendrá vocación de constituir una referencia para las administraciones,

pero también y, ante todo, para los otros actores de la sociedad, que reclaman una intervención voluntaria, clara y duradera del Estado.

De hecho, a pesar de un cierto discurso sobre el retrato presentado como ineluctable del Estado,

se comprueba en todas partes del mundo, y en particular en Estados Unidos, una presencia muy activa del poder público para ayudar al desarrollo de las tecnologías y de los servicios nuevos.

La tecnología no es más que un medio que debe ser puesto al servicio de la sociedad.

Las prevenciones provocadas por estos transtornos son normales.

 El miedo frente a la emergencia de un instrumento de comunicación, lejos de ser nueva, es dato recurrente de la historia.

Pero las promesas que encierra la sociedad de información justifican que nos empeñemos en dejar atrás estos temores. Diciendo esto, soy consciente de los dos peligros que hay que evitar:

- Estigmatizar las transformaciones en curso, diabolizar las tecnologías, o, al revés,

 fingir ignorar la amplitud de esta evolución, alrededor de anuncian un porvenir de impotencia.

- Ceder a las visiones irónicas que nos anuncian un futuro radiante en una sociedad de información consensual, pacificado y desembarazado de todos mal.

La sociedad de información será lo que nosotros decidamos.

Es por esto que nos resulta necesario proponer a los franceses un proyecto y una visión política en este campo.

Esta visión política es la de una sociedad de información solidaria.

Estamos decididos a cubrir el retraso francés en materia de tecnologías de información, que podría tener rápidamente, graves consecuencias en términos de competitividad y empleo.

Francia y la cultura francesa deben ocupar su sitio en la sociedad mundial de la información.

 Pero rechazamos que crezca respecto al resto del mundo el foso que separa a aquellos de nuestros conciudadanos que dominan estas nuevas herramientas.

Facilitar el desarrollo de la sociedad de información en Francia permitiendo el acceso de un gran número de servicios nuevos: tal es la ambición de mi gobierno. La acción del gobierno descansa sobre la apertura de un debate público. Tengo, en efecto, la convicción de que las soluciones no pueden ser impuestas a la sociedad desde arriba.

Sea cual sea su importancia, sería ilusorio esperarlo todo de la intervención pública.

El Estado no tiene vocación de substituir a otros actores de la sociedad de información:

particulares, empresas y colectividades territoriales.

Esto es, porque yo espero que el programa de acción gubernamental para la sociedad de información sea objeto de un debate público a través del cual, cada uno,

y pienso particularmente en las asociaciones, pueda reaccionar a nuestras proposiciones.

 Las modalidades serán precisadas al mismo tiempo que el programa de acción se haga público.

Para ser eficaz, nuestra acción debe articularse alrededor de prioridades

Las iniciativas del gobierno para preparar la entrada de nuestro país en la sociedad en formación responden a grandes preocupaciones:

- más acceso al saber y a la cultura,
- más empleos y crecimiento,
- más servicio público y transparencia,
- más democracia y libertad.

Esta política, para ser eficaz y clara, debe articularse alrededor de un número limitado de prioridades:

- la escuela,
- la cultura,
- el comercio electrónico,
- las empresas del sector de las tecnologías de información y de comunicación,
- la reforma de servicios públicos,
- la regulación.

Primera prioridad: la batalla de inteligencia comienza en la escuela.
El desarrollo en el medio escolar del uso de las tecnologías de información responde a un doble objetivo:

- aprender a manejar las nuevas herramientas de la comunicación, que serán indispensables para los futuros ciudadanos,
- explotar las riquezas del multimedia como herramienta pedagógica.

 El ordenador no puede, de ninguna manera, sustituir al maestro. Pero puede ser un precioso auxiliar.

 Estoy convencido de que las tecnologías de información constituyen un vector de aprendizaje del saber y de acceso a la cultura.

Si este nuevo saber no se da en la escuela, se creará un abismo entre los jóvenes con padres que puedan comprar un ordenador y aquellos que no tengan esta suerte.

Tres tipos de acciones son indisociables: generalizar el equipamiento y el acceso a las redes de información, formar a los maestros, suscitar la creación de contenidos pedagógicos adaptados.

En lo que concierne a los ciudadanos, no basta con proclamar que todos los colegios estén equipados y unidos. Es un objetivo evidente, que hago enteramente mío.

Lo que importa es saber cómo, a qué ritmo y a qué coste debe hacerse tal equipamiento, sin olvidar, sobre todo,

que se trata de una competencia repartida entre el Estado y las colectividades locales. Una profunda concertación con las regiones, los departamentos y las ciudades es, por consiguiente, indispensable.

Numerosos son los establecimientos que ya se benefician, gracias al dinamismo del rectorado o de la colectividad local competente, de los medios necesarios.

Mi inquietud guiará, lo sé, las propuestas que el ministro de Educación Nacional, de la Investigación y de la Tecnología hará próximamente en este sentido.

Pero nuestros esfuerzos serían vanos, y las decepciones provocadas por los grandes planes de equipamiento pasados nos lo demuestran,

si un esfuerzo considerable de formación no se hace paralelamente.

Son numerosos los maestros que utilizan, desde hace mucho tiempo, las tecnologías de información.

Es necesario por ahora, apoyarse en estas competencias múltiples y generalizar esta práctica, tanto a nivel de formación inicial como en la formación contínua.

En fin, el esfuerzo en materia de equipamiento y de formación debe acompañarse de un sostén voluntarista de la producción de programas pedagógicos multimedias,

 accesibles a Internet y otras herramientas de difusión.

Segunda prioridad: debe estar asegurado el desarrollo de nuestra presencia cultural sobre las nuevas redes de información.

Es necesaria una política ambiciosa de clasificación de nuestro patrimonio cultural, el cual debe ser accesible al público sobre las redes abiertas:

 patrimonio escrito, patrimonio arquitectónico y artístico, patrimonio científico.

Es, en este espíritu, que hemos deseado, junto con la ministra de la Cultura y de la Comunicación, que la Biblioteca Nacional de Francia proponga desde ahora un acceso gratuito al público, por Internet, a algunos de sus fondos.

Es necesario, igualmente, que todas las empresas de los medios de comunicación actuales, en las cuales la información es ya su oficio, puedan extender su actividad sobre estas redes.

 Yo pienso en particular en la prensa escrita, que podrá beneficiarse con este fin, de un sostén público.

Esta presencia cultural es indispensable para la proyección internacional de Francia y de la francofonia, junto con los otros Estados francófonos.

Este objetivo supone un desarrollo de la oferta de servicios en francés, aún poco numerosos. Nuestro patrimonio es un triunfo para Francia. Sepamos valorarlo así.

Una presencia activa debe acompañarse, evidentemente, de una gran vigilancia para evitar que la cultura sea tratada en Internet como una mercancía más.

Habrá que defender aquí también, la excepción cultural, con la misma determinación que hicimos en el pasado para el audiovisual.

Sé que las fuerzas de la creación artística en el campo gráfico, audiovisual y musical se apropian ya de estas nuevas herramientas.

En el cuadro del programa para el empleo de los jóvenes, los equipamientos culturales podrán beneficiarse de personas aptas a formar parte del uso de las nuevas tecnologías.

Tercera prioridad: el comercio electrónico debe desarrollarse gracias a la iniciativa privada.

Es necesario, por esto, que la confianza se instaure y entonces, lograr que particulares y empresas puedan proceder a cambios en Internet con toda seguridad.

En esta perspectiva, he dictado los decretos liberalizando la criptología, que serán publicados próximamente.

 Un esfuerzo particular se hará en favor de la criptología llamada "débil", que estaba encuadrada sólo para una reglamentación muy restrictiva.

Sé que el ministro de la Economía, de Hacienda y de Industria tiene intención de reaccionar de manera prioritaria en favor del desarrollo del comercio electrónico.

Las empresas del sector de las tecnologías de información y de comunicación constituyen nuestra cuarta prioridad.

Las empresas de este sector que traten de actividades industriales o de la producción de contenidos constituyen un yacimiento de empleos muy importante.

 Ofrecen así, perspectivas prometedoras en materia de crecimiento y de exportación.

Reaccionar para desarrollar el uso de redes de información no debe conducir a favorecer solamente el consumo de servicios producidos por otros.

El desarrollo de la oferta francesa sobre este mercado mundial supone una acción voluntaria en favor de la innovación,

el sostén activo tanto a la investigación pública como privada y el apoyo privilegiado a las pequeñas y medianas empresas que desarrollan las nuevas tecnologías.

Quinta prioridad: la puesta en red de los servicios públicos constituye una apuesta democrática.

La mejora de las relaciones entre la administración y el ciudadano debe ser una preocupación constante del gobierno.

En esta perspectiva, espero que las experiencias emprendidas para permitir a cada uno encontrar en Internet los formularios administrativos indispensables para el cumplimiento de algunas gestiones, sean generalizadas.

El alivio de las formalidades es también una apuesta fuerte, a la vez para las empresas y para los particulares, que pasan especialmente por la rápida extensión de los teleprocedimientos.

En otras palabras, cada uno deberá poder, por ejemplo, rellenar y mandar por la red su declaración de impuestos o renovar su carta gris.

Para responder a la exigencia democrática de transparencia del Estado es indispensable un acceso más fácil a la información pública.

Desde hace cerca de veinte años, el acceso a los documentos administrativos se convirtió en una verdadera libertad pública; hoy, la tecnología facilita las condiciones de su difusión.

Los datos públicos esenciales deben poder ser, de aquí en adelante, accesibles a todos gratuitamente en Internet.

Así, como que "a nadie se le supone ignorante de la ley", encontraré la manera de que esto sea el caso del contenido del Periódico Oficial de la República Francesa.
Intento hacer privilegiada una concepción ambiciosa del derecho a la información del ciudadano: la difusión internacional de nuestros documentos públicos debe por ello ser favorecida.

Más allá del acceso a las informaciones de las administraciones, Internet puede ofrecer verdaderos servicios a nuestros ciudadanos.

 Pienso por ejemplo en el acceso a las ofertas de empleo de la ANPE, disponibles desde hoy en Internet, y que puede facilitar aproximaciones en el mercado del trabajo.

El desarrollo de los servicios al público en las redes de información no debe, sin embargo, traducirse como una nueva desigualdad de acceso entre los usuarios.

El equipamiento de los lugares públicos con medios permitiendo el acceso a los servicios en línea propuestos por las administraciones constituye, así,

 un corolario indispensable a esta política, sean, por ejemplo, oficinas de correos o agencias locales para el empleo.

Sexta prioridad: una regulación eficaz es una condición para el desarrollo de las redes de información.

Supone el arreglo de un cuadro legislativo y reglamentario protector, tanto 
en el plan interno como internacional. El desarrollo de una red abierta y mundial como la de Internet suscita temores a menudo legítimos.

La preservación del derecho de la propiedad intelectual -sin la cual no hay creación- las garantías de los consumidores, la protección de los menores, la represión de lo que hoy llamamos la "cibercriminalidad",

 la lucha contra la propaganda racista o revisionista, el respeto a la vida privada, son un tanto imperativos.

Internet no es, como se ha podido decir aquí o allá, una zona del no derecho. Sin embargo, la existencia de una red sin fronteras, de 50 millones de usuarios hoy, algunas centenas de, donde cada uno puede ofrecer información, crea evidentemente nuevos interrogantes.

Sin una respuesta adaptada a estos desafíos, la sociedad de información no estará libre de peligro.

En principio, corresponde a los actores de Internet encargarse de que se pueda constatar una regulación preventiva de la red.

 Ésta, basándose en reglas de conducta y en una deontología, debe conciliar la lucha necesaria contra las desviaciones a las cuales Internet puede dar pie y el respeto de la libertad de comunicación, que es de donde nace su riqueza.

Debemos mantener los problemas que se suscitan, desde la acción del Estado y al nivel pertinente, sea el ámbito nacional, el europeo, o, más allá, el internacional.

Internet impone al poder público y al juez, numerosas cuestiones de derecho; pido por consiguiente al Consejo del Estado que estudie estas cuestiones a fin de aclarar las futuras opciones en materia legislativa y reglamentaria.

Francia es pionera en el campo de la protección de datos de carácter personal, puesto que se dotó desde 1978 de una legislación ambiciosa, y especialmente, de una autoridad administrativa independiente:

 la Comisión Nacional de Información y de Libertades.

La amplitud de cambios tecnológicos desde hace veinte años suscita nuevas cuestiones a las cuales la legislación debe contestar.

 La necesaria transposición de la directiva comunitaria de 1995 sobre el tema, constituye una razón suplementaria para volver a examinar esta legislación.

Es por esto que he decidido confiar al Sr. Guy Braibant, en quien todos reconocemos autoridad y competencia en este campo, una misión de reflexión y de propuestas.

Hoy, he querido expresar ante ustedes una visión política de la sociedad de información, afirmar el compromiso del gobierno y la necesidad de hacer opciones claras.

El programa de acción y el debate, al cual debe dar ocasión, son una cita que el gobierno propone al país.

Desde mi punto de vista, es esencial porque a la vez el poder económico y la irradiación cultural de Francia en el próximo siglo son una apuesta para el futuro.

Francia tiene todos los triunfos para jugar un mayor papel en la emergencia de una sociedad de información.

En este fin de siglo, los próximos años serán decisivos para que sepamos, colectivamente, y de manera solidaria, sacarle partido.
 

Lionel Jospin  - http://www.lafactoriaweb.com 

Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*

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