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SÍ A EUROPA: NO AL TRATADO CONSTITUCIONAL

Autor: Bernat Joan

GLOBALIZACIÓN, INTEGRACIÓN INTERNACIONAL Y APERTURA ECONÓMICA

05-2005

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Las gentes de Esquerra Republicana (Izquierda Republicana) de Catalunya nos contamos entre los europeístas que pedimos el no, en el referéndum del próximo veinte de febrero,

al Tratado por el que se establece una futura Constitución europea (ya bautizado en todas partes como Constitución europea, impropiamente, por cierto).

Me encanta explicar que votamos no, precisamente porque somos profundamente europeístas, porque consideramos que el actual tratado no satisface las necesidades jurídicas de una Europa en construcción.

Históricamente, los miembros de las naciones sin estado –es el caso de los Países Catalanes, sin ir más lejos- hemos visto en Europa una "salida al mar"

para nuestras reivindicaciones, sistemáticamente obstruidas por los estados creados según el modelo de la Francia de la Revolución.

No encaja con nosotros, la idea de "una patria, una lengua, una bandera...", ni desde un punto de vista nacional, ni desde una perspectiva cultural, ni -evidentemente- desde un punto de vista estrictamente económico.

Aquella Europa que nos tenía que arrancar de las zarpas de los estados jacobinos, por el momento no está lo suficiente consolidada para realizar una misión de tales características.

 Al contrario, aún se encuentra en pañales, y es por ello que mantiene intacta la fuerza anestesista de los estados.

 El actual tratado constitucional no garantiza más democracia, ni más Europa, ni más pluralidad en el seno de la Unión, ni más cohesión hacia el exterior...

¡Cómo podríamos, pues, votarlo a favor, de manera alegre e irresponsable!

La Constitución que necesitamos

Necesitábamos una Constitución europea, elaborada por el Parlamento y sometida a referéndum en toda Europa un mismo día, para que el pueblo europeo se sintiera partícipe a la misma vez.

¿Qué tenemos? Un tratado entre estados -como los anteriores tratados- que puede ser bloqueado, eventualmente, por la oposición de un sólo estado y que no toca ninguna de las prerrogativas de estos.

Necesitábamos una constitución que garantizara más poder para Europa y para sus instituciones, y, correlativamente, un desgaste del poder de los estados jacobinos.

 Una Europa, en definitiva, que pudiera hacer de árbitro en los casos en que los estados fueran contra las naciones (como a menudo nos pasa a nosotros).

En vez de esto, se consagra la Europa de los estados y no se acaba de definir bastante bien qué entidad jurídica será, a fin de cuentas, la Unión Europea propiamente dicha.

Necesitábamos un parlamento que pudiera hacer leyes para todos los europeos, y que garantizara ser depositario de la soberanía popular de todos nosotros.

¿Cómo queremos construir una ciudadanía europea, si no tenemos unas instituciones con estas potestades?

Tenemos un parlamento con más fuerza, ciertamente, pero aún no tendrá el poder de un parlamento clásico; a estas alturas, desgraciadamente, muchas veces no pasa de ser un mero órgano consultivo, una especie de consejo de ancianos.

Necesitábamos una Europa cimentada en todos sus pueblos, con una ampliación interior que reconociera naciones sin estado como Escocia, Gales, Bretaña, Euskadi, Galicia, Cerdeña, Córcega, Occitánia, Flandes o los Países Catalanes.

Queríamos, también, la oficialidad plena de la lengua catalana (y quizás con esto ya nos habríamos decidido a votar a favor). No tenemos “ni chicha ni limoná”

. ¿Cómo respetará esta Europa de los estados su diversidad interna?

Necesitábamos una Europa con una política exterior bien definida, con una voz unificada en el contexto internacional.

Y nos queda una suma de veinticinco políticas exteriores que pueden ser tan diferentes cómo se quiera.

Entendemos que es más fácil votar contra este tratado e intentar crear una Constitución mejor que no esperar a modificarla una vez esté aprobada.

 El tratado constitucional sólo se podrá cambiar cuando el acuerdo de los estados se dé por unanimidad (es decir, nunca).

No tenemos que dejarnos atrapar por las trampas apocalípticas que nos tenderán desde la implacable maquinaria de propaganda que posee cada uno de los estados que integran la mal llamada Unión.
 

Bernat Joan  - http://www.lafactoriaweb.com 

Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*

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