Pero, por otra parte, la reunión de grupo no permite concluir nada
sobre la representatividad estadística, respecto al conjunto de la
población, de esas expresiones. Para poder afirmar con certeza que tal o
cual opinión recogida en los grupos es mayoritaria en las zonas que aquí
se analizan sería necesario realizar una encuesta, es decir, un estudio
cuantitativo. Sin embargo, la técnica de las reuniones de grupo, cuando
se realiza un número suficiente de éstos, permite asegurar, con poco
margen para la duda, que, sea cual sea la distribución estadística de
las opiniones, estos temas que surgen de modo espontáneo en las
reuniones son los relevantes y que deben formar parte del cuestionario
de una eventual encuesta. Es decir, es sobre esto sobre lo que hay que
preguntar si se desea conocer, con precisión, cual es la distribución de
las actitudes entre la población de las zonas con fuerte densidad de
inmigrantes. En este caso, los resultados de las reuniones de grupo
efectuadas coinciden en esencia con las de un estudio previo, realizado
en Madrid, Barcelona, Mataró y Alicante (1) y esta coincidencia permite
suponer que están recogiendo con bastante fidelidad actitudes muy
generalizadas.
Se han realizado cuatro reuniones de grupo: en Barcelona (El Raval-Ciutat
Vella), en Cornellá (Sant Ildefons), en Mataró (Rocafonda) y en el
pueblo de Sant Hipòlit de Voltregá, muy cercano a Vic. Esta distribución
de los grupos permite recoger diferentes formas de hábitat (núcleos
degradados de las grandes ciudades, barrios periféricos, zonas rurales),
diferentes relaciones con los inmigrantes (sólo de vecindad o también
laboral), y diferentes grupos de inmigrantes. La reunión en Mataró fue
complementada con una entrevista a un miembro de la Asociación de
Vecinos de Rocafonda. Sus opiniones se recogen junto con las de los
vecinos que participaron en el grupo. Las reuniones se celebraron en
noviembre y diciembre del 2001.
La voz de los inmigrantes no queda recogida en estos grupos, en los que
han participado sólo españoles puesto que estaban dirigidas a conocer
las actitudes de éstos. Pero el estudio se ha complementado con la
realización de varias entrevistas a inmigrantes, personas que por sus
actividades profesionales o asociativas pueden considerarse buenos
conocedores de sus co-nacionales, y a los que se les ha preguntado sobre
su convivencia con los españoles. El guión-cuestionario utilizado en
estas entrevistas se elaboró teniendo en cuenta los resultados de las
reuniones de grupo, para presentar a los inmigrantes las opiniones de
los autóctonos sobre ellos y recoger a su vez sus respuestas. Dado el
pequeño alcance del estudio en este aspecto -se han realizado cinco
entrevistas a inmigrantes-, éste sólo puede considerarse como
orientativo y para servir como contrapunto a las opiniones de los
autóctonos. Las entrevistas a los inmigrantes se efectuaron en enero del
2002.
La convivencia con los inmigrantes
Cuando se lanza en los grupos la pregunta sobre los problemas
importantes del barrio o del pueblo, la inmigración aparece como
respuesta espontánea inmediata y esta espontaneidad implica que,
efectivamente, los participantes se sienten afectados negativamente por
la presencia de una fuerte inmigración en sus zonas. Esto no quiere
decir que los participantes en los grupos sientan animadversión hacia
los inmigrantes o que no se expresen también sentimientos de simpatía,
aprecio y generosidad hacia ellos. Únicamente quiere decir que la
concentración espacial de inmigrantes en ciertos espacios provoca
problemas de convivencia. Estos son los componentes del problema:
La sensación de invasión
La visibilidad de la presencia de los inmigrantes en los espacios
públicos, especialmente cuando resultan fácilmente identificables por
sus características físicas, produce entre los vecinos una sensación de
pérdida de control del territorio. El barrio, parecen decir, ha dejado
de ser nuestro y ahora es de ellos. La palabra invasión surge
espontáneamente con alta frecuencia.
(Raval)
- Y no hablemos de los chinos, que también los chinos son otros ¿eh?
- Estamos invadidos, de verdad, de verdad…
- La calle Trafalgar ahora se ha vuelto toda china.
- De chinos, y han echado a todos los españoles…
-Todo aquello eran almacenes al mayor, de gente española, y ahora son
todo chinos, porque el chino tiene otra cosa, compra la tienda,
tacatacatacata, cuánto vale ¿20 millones? como si vale 40, a pagar, y lo
pagan en el acto. Y eso, claro, el español generalmente no dispone de
tanto capital.
- Vas por el barrio y te da pena porque parece el Afganistán actual. El
Afganistán actual, me refiero que es que es una gran pena, no parece ni
tu país, tu país y tu ciudad…
-.A la Rambla del Raval le tendrían que poner La Rambla de Morolandia.
- A ver, a mí la sensación esa de pasar, siempre ves un montón de grupos
de hombres, yo no sé si trabajan o no trabajan, y qué horarios hacen,
pero siempre hay un montón de grupos de hombres, está todo lleno, sales
de uno y te metes en otro, la sensación esa de que, bueno, te escanean
de arriba abajo, seas grande, mayor, vieja… da igual la edad que tengas,
da lo mismo, es una sensación muy desagradable, al menos para mí
(Cornellá)
La pregunta fue: "¿Podéis hablar un poco de los principales problemas
que creéis que afectan a vuestro barrio, a San Ildefonso?
- Problemas, ehhh, yo lo que, lo que he visto es la inmigración, que hay
una cantidad de inmigrantes impresionante. Parece que San Ildefonso haya
sido la sede; no es que sea racista ni nada por el estilo, se acogen
bien pero… demasiados; yo creo que hay demasiados.
- Y es que se reúnen en la boca del metro y da un poco…
- A ciertas horas, cuando sales del metro, te da un poco de…, porque no
ves más que oscuridad ¿eh? y es la cara de ellos, porque hay una
cantidad de negros que…, y además te dan un poquito de ¿eh? Hay algunos
que han venido a trabajar y otros que no sé si han venido a golfear o…,
yo qué sé a lo que han venido, porque hay una cantidad enorme, enorme,
hablo de todas las razas pero el negro abunda mucho, por lo menos por
donde yo paro.
- Negro y moro.
- Sí, sí, es que abunda mucho ¿eh? Es que hay de todo ¿eh? Antes eran
sudamericanos, al principio era sudamericano pero es que ahora han
venido de todas las razas ¿eh?
- Sí, la parte de San Ildefonso para arriba, de la plaza para arriba,
eso está infectado de tanta gente.
- Al principio vino mucho latinoamericano pero es que ahora hay de todas
las razas: negros, moros, chinos, y chinos no digamos ¿eh? que también
hay su cantidad ¿eh? Hay de todo, o sea de todas las razas ¿eh? de todas
las razas hay ya, pero una inmigración grandiosa, grandiosa.
- Sí, yo creo que ha sido masiva.
- Que ha sido demasiado.
-Ya no digamos que, que bueno, que se juntan y todo eso, pero que ha
sido una masiva, Cornellá, ya no parece San Ildefonso o Cornellá…
- Que da igual pero es que ha aumentado tanto que… A ver, tú paseas por
toda, desde San Ildefonso para abajo y te cruzas nada más que con moros,
negros…
- Pero a ver, prefiero cruzarme con los españoles, la verdad sea dicha.
- Por lo menos a la hora de hablar.
(Mataró)
- (...) porque va uno y a lo mejor va el otro y va el otro y al final
acaba que parece, ese bar o esa calle es solamente de ellos, porque
hacen como una especie de gueto
Entrevistadora: Y en estos sitios que hay mucha concentración, o bares o
calles, ¿qué sensación os produce?
- De gueto, a mí de gueto.Sí, total.
- Yo no entro. ¨
La delincuencia real y la imaginada
La sensación de haber sido invadidos es inseparable del temor que
produce en la gran mayoría de los vecinos la concentración en la calle
de personas con un aspecto físico diferente. Y, a su vez, este temor,
que es en definitiva un sentimiento primitivo de miedo ante lo
desconocido, se ve reforzado en su racionalización por las noticias o
rumores que llegan sobre episodios de delincuencia o gamberrismo
protagonizados por inmigrantes, especialmente por adolescentes magrebíes.
En El Raval-Ciutat Vella el peso de la delincuencia es muy superior al
que tiene en S. Ildefons (Cornellá), Rocafonda (Mataró) y desde luego S.
Hipòlit. En este último caso sólo puede hablarse de gamberrismo juvenil.
Pero aunque la gran mayoría de los vecinos no hayan tenido ninguna
experiencia directa, ni indirecta cercana, como víctimas de la
delincuencia, las noticias y rumores sobre delincuentes extranjeros
producen una estigmatización del conjunto de los inmigrantes, sobre todo
de los co-nacionales de aquellos detenidos o acusados de actos
violentos. Por otra parte, este temor al inmigrante especialmente al
adolescente magrebí, como posible delincuente o gamberro, surge en un
contexto de fuerte desconfianza en la capacidad del sistema policial y
judicial para atajar la delincuencia, ya sea producida por los españoles
o por los extranjeros, lo que provoca un gran pesimismo.
(S. Hipòlit)
- Otra de las cosas que me he fijado es que vas por el parque y este
grupo de jóvenes magrebíes, no respeta nada. Un día, a unos que estaban
rompiendo una pieza, les dije "esto no lo toquéis", pues me plantaron
cara y yo les dije "Si os vuelvo a ver aquí, os daré una bofetada".
Desde ese día, pasan por el otro lado, pero son peligrosos, porque
incluso ha llegado un momento en que van 3 ó 4, no tengo miedo, pero
casi.
Entrevistadora: Pero ¿tenéis sensación de inseguridad?
- Cuando los encuentras en grupo, sí. Entrevistadora: ¿Qué es lo que os
da miedo de esta situación?
- Primero, ya no los entiendes.
- Lo primero es el idioma. Cuando están en grupo hablan el marroquí y ya
vas pensando "qué estarán tramando". Ya piensas mal de ellos.
- A veces te dicen cosas.
Entrevistadora: ¿Qué cosas?
- "Ven pacá". Y, mi hermana, estuvo con miedo toda una semana, porque
había uno que la seguía cada día hasta casa.
- Incluso en las escuelas. Los críos magrebíes más pequeños amenazan a
los otros críos y dicen "Ahora, nos peleamos porque somos pequeños, pero
cuando seamos grandes ..." y les hacen el signo de (cortar el cuello).
Dicen que a la mañana siguiente la madre del niño amenazado tiene
trabajo para llevarlo a la escuela, pues está acobardado. Esto lo
explican en Manlleu.
- Los magrebíes que han ido viniendo para acá, son magrebíes que en su
país no los querían y han marchado y el miedo que tenemos nosotros es
que ha venido gente conflictiva, gente mala. Tenemos nosotros esta idea.
Una parte es el miedo que tenemos, pero para mí no es general que todos
sean malos.
- A los que les tengo mucha confianza son los que han traído a su
familia. Los que les tengo miedo son a los solteros, que dan paseos por
la noche, que llevan drogas. Éstos son los que se tienen que vigilar un
poco más. Pienso que los Mossos deberían vigilar más, porque da miedo.
Entrevistadora: Pero ¿miedo de qué?
- De que me hagan daño.
- De agresiones físicas
- Sí. Cualquier cosa.
- Son agresivos.
- El problema de que estos críos sean agresivos (...) Para mí, el
problema está en no tener colocados a estos críos cuando salen de la
escuela (en actividades extraescolares)
(Raval)
- Y sobre la seguridad, es que ha llegado una cantidad de gente a vivir
allí al barrio, que yo creo que de los de antes no queda, a mí no me
estorba nadie, siempre que se porten bien y que sea gente que trabaja,
que vive y que deja vivir; pero gente que no trabaja y que tiran del
bolso… El otro día estaba sentada en el Arco del Triunfo, que fui a
pasear a mi perro, y cuando llegué de golpe vi tres robos en un minuto,
en un minuto; le quitaron el bolso a unos extranjeros, la cámara
fotográfica, en un minuto ¿eh? Y eso claro… Y aquellos chicos, eran
moros ¿eh? A mí me da igual que sean de donde sean, pero aquellos
exactamente eran moros, y el uno coge el bolso y echa a correr y a ese
no le puedes alcanzar tú, pero el que va con él sí, el que va con él, ya
van con, van combinados y, y roban al que quieran.
- Antes los chorizos del barrio a la gente del barrio la respetaban.
- Sí, sí.
- ¿Vale? Ahora da igual que seas de éste, del otro que el de la moto, da
lo mismo.
- Los que roban tampoco son de aquí, son los que han venido y tampoco…
- Pero viven en el barrio, me refiero.
- Claro, les da igual porque para ellos el barrio es el sitio donde
están en este momento y a lo mejor dentro de dos años están en otro, con
lo cual…
- O sea ha cambiado en todo, me refiero al sistema ya no solo de… de
seguridad en el barrio sino, pues eso, las condiciones para vivir, es
que no tienen nada que ver.
- Por la calle Calders no se te ocurra ir por las noches, porque aquello
es la Cashba de allá de Marruecos, allí no hay más que moros.
- Y cuando voy por mi calle, que afortunadamente voy poco ¿eh?, es una
gran pena, es una gran pena, porque tienes que esconderte y tienes que
(…), es que no tienes ningún derecho
- Sí, cuando vas por las calles tú sola es que… es que no hay gente de
Barcelona, todos son extranjeros, y da cosa.
- Porque tienes un miedo atroz, porque no sales a partir de las 8 de la
tarde, porque tienes unos hijos pequeños y no los llevas a ningún sitio
por miedo…, tienes que ir siempre con ellos, a un colegio que no tiene
que ver nada con tu barrio, que no…
- Yo jamás llevaría a mi hijo a un colegio donde yo vivo, jamás.
Entrevistadora: ¿por qué, porque hay mucha presencia de inmigrantes?
- No porque sean inmigrantes, no tiene nada que ver que sean
inmigrantes, porque si trabajaran… Porque son, lo que acabamos de
hablar, son delincuentes, son gente que, que no…
- Me he visto en ese caso, me vienen dos chavales pequeños, de 11 ó 16…
pequeños, de 13 años, y me sacan una navaja y me…, yo no les puedo hacer
nada ¿eh? y además ellos me lo han dicho así: "Pégame, anda, pégame", te
quedas diciendo: "Pero bueno, el enano este me está…" y no le puedes
hacer nada, porque si yo le hago algo a ese chico, le doy una torta, por
lo que sea, pues si me denuncia el que tiene las de perder soy yo, a
pesar de que pueda decir que era en defensa propia porque me estaba
intentando robar, y esto me pasó por sacarle la cara a una señora que la
habían tirado al suelo, lo cogí al chaval y luego, a la policía ,y el
otro diciéndole que yo le había hecho aquí una cosa, un arañazo.
Entonces, ante eso sí que ves que dices…, bueno, eso tiene que cambiar,
pero tiene que cambiar por la legislativa, porque está mal legislado, y
si una persona roba 40 veces no es lógico que siga en la calle. Porque
luego dices: "Joder, los moros roban", no, es que es este señor que roba
40 veces al día, el resto no roba. Hay más gente que no roba que que
roba.
- Pero esos que roban así son los auténticamente moritos, moritos de
esos de 15, 17 años, que corren como gamos, esos, esos son los que
roban.
- Hay un chavalín de dieciséis años que tiene atemorizada a toda la
calle (…) no sé exactamente el sitio, les está diciendo a todas las
chicas que las va a matar, sale con una navaja, te lo juro ¿eh?, mi
madre viene asustada, y no le pueden hacer nada. Y la policía lo sabe.
¿Tú piensas que están ahí habitualmente para dar un vistazo a ver si lo
pillan? No, cuando llaman, a las tres horas aparece la policía, que
evidentemente el chiquito no se está esperando. Pues tiene a toda la
calle atemorizada, un chaval de dieciséis años.
- Yo vine hace dos años, y a mí lo que peor impresión me causó del
barrio, aparte que me dijeron lo de la violencia, lo de tener cuidado
con los robos y todo eso, que sí que es cierto, que hay que tener
cuidado y que al principio pues te impresiona, aparte que ya te
impresiona la presencia de tanto inmigrante, pero que eso también es
natural porque no estás acostumbrado, porque tienen unos ojos negros que
se te clavan y te quedas…, te da un poco de miedo, pero sobre todo me
causó muy mala impresión la suciedad, la suciedad y las calles que a
ciertas horas de la mañana ya están llenas de meados por todos los
sitios, que en verano además huele fatal; yo no me lo podía creer que en
una ciudad como Barcelona…
(Cornellá)
- …en San Ildefonso, salgo de una boca de metro y me encuentro 25 moros
en la puerta, como están todos los días, y más si vas con dos niños
pequeños, la verdad es que te se pone el corazón… ¿dónde tiro, para aquí
o para allá? Me tengo que ir a la otra acera porque me da miedo, y no es
que me vayan a hacer nada, que yo he vivido en Hospitalet, en la
Florida, en un barrio que es de gitanos, yo he vivido toda la vida con
ellos pero allí no me ha dado miedo pasar por la calle de noche, y aquí
sí.
Entrevistadora: ¿por qué, por qué te da miedo?.
- Por los críos.
Entrevistadora: ¿Por los críos?
- Sí. Si voy a lo mejor sola pues vale, pero yendo con los críos me da
miedo.
- Pero es que a mí, yo salgo del metro y me da miedo lo mismo me
encuentre un moro que lo mismo me encuentro un español, si está oscuro.
- Pero es que siempre están reunidos y no son uno o dos, siempre te
encuentras más de diez allí.
- Pero es que es normal, pero si no conocen a nadie cómo se van a
reunir…se tienen que reunir entre ellos
- Aparte que hacen muchos guetos.
- Y allí se forma cada escándalo.
- Y allí se forman fiestas y…
- Allí terminan a navajazos y todo.
- Es verdad.
- A navajazo limpio.
- Hace poco mataron a uno.
- El otro día en el metro había dos negros, uno que lo tenía cogido, lo
tenía cogido así de la ropa y le decía, porque se conoce que le había
quitado el dinero, y le decía: "Tú no te vas de aquí hasta que no venga
la policía, devuélveme el dinero", a su forma de hablar…
- Son entre ellos mismos.
- Pero agarrado, pero agarrado así que yo pensé: "Aquí se van a matar
entre los dos" y en mitad de la calle ¿eh? y esto eran las once y media
de la mañana ¿eh?
- Y que conste que a mí no me han hecho nada, pero yo veo mucho y…
- Yo en realidad no soy racista, porque no lo soy ¿eh? no lo soy ni
nunca lo he sido, yo creo que un ser humano se tiene que ir adonde
verdaderamente se pueda ganar la vida, el pan para él y para sus hijos o
para lo que sea, ahora en este plan que hay algunos que no hacen más
que…, no sé, no, no, no trabajan y después esto, que jolín es que da un
poco de respeto. Además da la casualidad que los negros salen por la
noche, seguramente porque como los pobrecitos así, tienen esa piel, no
lo sé, pero es que salen mayormente por la noche y durante el día salen
pero por la noche es que veo cantidad, cantidad, cantidad de negros.
Aquí en la parada de (…), en la puerta, o sea en la…
- En la salida.
- …es que es… Ahora, nunca se han metido conmigo, la realidad es esta,
pero da un poco de respeto y yo cuando mi mujer me llama y me dice que
viene a ciertas horas, voy al metro a buscarla, no por nada si es que ya
me causa, el que se metan con ella o el que (…), nada más que eso;
conmigo no se han metido.
- Vino gente, se fueron metiendo, muy bien, pero ahora ha habido mucha
masificación, que los ves por las calles sin hacer nada, ¿y eso qué
conlleva? ¡ojo! que eso entraña delincuencia.
- Es que emigrante no verás uno, siempre verás, siempre van en grupo, es
lo que más…
- Eso, eso.
- Es a lo que yo me refiero, por la noche no va uno, es que van varios.
- Es que siempre van varios…
- Entonces qué pasa…
- parece que te van a atracar.
- Es verdad, siempre te causa un poco de respeto porque si vieras uno,
dirías, bueno pues uno, pero es que te ves 3 ó 4, y te los ves que
vienen de frente y piensas: "Te van a meter la navaja en el cuello y te
van a limpiar bien la cartera"
(Mataró)
- Yo quería decir que me parece muy injusto lo que voy a contar, porque
es así ¿no? que supongo que ya lo sabe mucha gente. O sea esta gente que
mayormente vienen de Marruecos, etc., con las pateras (…), resulta que
cuando llegan allí con las manos en la cabeza, como llegan al paraíso
para ellos, pero digamos que el truco para quedarse aquí tiempo es
delinquir, porque si no delinquen los echan, pero en cambio van y
atracan mi tienda y (...), porque no los van a meter en la prisión,
tienen un juicio pendiente, dos, tres, el caso es que siempre tienen
algo pendiente y entonces no los echan. Entonces esto parece…
- Lo grave ya es que para quedarse aquí los sin papeles han de
delinquir. Si no se parte de, de, de poder acabar con esto, bueno yo y
muchísimo comerciantes estamos continuamente… o sea con la navaja…
- Yo, mi opinión, el atraco es más del sudamericano, para mí, creo que
el sudamericano es más atracador que el…
- Lo que tienen es mucho morro.
- El negro te asusta o algo, pero el sudamericano es fino, en eso.
- Pero tiene mucho palique, mucho morro, mucha entrada.
- Un negro no lleva pistola, un sudamericano sí lleva pistola, entonces
el atraco con pistola ya es más…
- Otro nivel es la preocupación que crea, y ahí es donde yo creo que se
da más el rechazo a lo extranjero, a lo magrebí principalmente, que es
el hecho de estos jóvenes de 12 a 18 años que no están todavía asentados
aquí, que su rebeldía o sus inquietudes, o sus necesidades, la derivan,
digamos, hacia una violencia gratuita, rompiendo espejos de coche, los
retrovisores, pero además contrariamente a lo que pudiera pasar en otros
momentos, hace 15 años o 10, de bueno, tú rompes el coche, coges un
casette y lo vendes y te sacas algo y sea para comer, para droga o para
lo que quieras, es no robar nada, simplemente es destrozar por
destrozar, y entonces esto hace una visión muy negativa de los magrebie
o lo musulmán por parte de la población de aquí.
Un ingrediente específico de la sensación de inseguridad es el temor de
las mujeres ante las expresiones y actitudes hacia ellas de los hombres
inmigrantes. Buena parte de los inmigrantes son hombre solteros y solos,
y muchos de ellos provienen de países patriarcales en los que la mujer
se oculta físicamente y en los que es raro ver a mujeres jóvenes
caminando solas por la calle. Esta combinación de elementos produce en
algunos grupos, esencialmente los marroquíes y paquistaníes, una actitud
hacia las mujeres jóvenes locales que éstas interpretan como acoso
sexual. Por añadidura, las españolas son muy conscientes de la posición
subordinada de las mujeres en los países de origen de estos inmigrantes,
lo que acentúa el rechazo a sus proposiciones "amorosas".
(Raval)
- (sobre los magrebíes) ... simpáticos por lo general, lo único es con
las chicas, aparte ya de los grupos estos minoritarios o los
delincuentes, que esto es aparte, es con las chicas porque ellos tienen
otra cultura, entonces no respetan a la mujer como aquí, pero porque
tienen otra mentalidad, entonces siempre te van a estar haciendo el
escáner, te van a intentar…, si les sonríes un mínimo ya se creen que
estás flirteando con ellos. Pero por lo general son muy simpáticos. Yo
creo que es un poco eso, a veces demasiado simpáticos y a veces son muy
pesados.
- A mí me resulta insoportable, a mí eso de que vayas por la calle y te
escaneen de arriba abajo y que te sales de un grupo y te metes en otro,
y se meten con las niñas, no todo el mundo, no generalizo ¿vale? hay
gente, me pone muy nerviosa, o sea como para plantearme irme del barrio.
Las molestias en el bloque de viviendas
Los inmigrantes tienden a concentrarse en las ciudades en dos tipos de
barrios: los degradados de los centros históricos y los contruidos en
los años 60 y 70 en los barrios periféricos pero bien comunicados con
transporte público. El precio de la vivienda y la accesibilidad son
obviamente los dos elementos que condicionan la elección, junto con la
presencia previa de conocidos o familiares que ayudan a dar los primeros
pasos en el país y que explica la tendencia a la agrupación zonal de los
inmigrantes según orígenes geográficos. La carestía de la vivienda y las
dificultades económicas con que suelen iniciar su vida aquí, a lo que
hay que añadir en algunos grupos la voluntad de ahorrar al máximo,
provocan el hacinamiento de muchos de los inmigrantes. No todos los
inmigrantes viven así y quizá ni siquiera sean la mayoría, pero los que
lo hacen resultan tan visibles que provocan entre los autoctónos la
imagen de que esta es la forma de vida de los inmigrantes en conjunto.
Desde la perspectiva de los vecinos, el hacinamiento implica molestias,
especialmente por el ruido que lo acompaña, provocado dentro de la
propia vivienda y en las escaleras o espacios comunes del bloque. Aunque
el ruido no siempre es fruto del hacinamiento sino también de las
costumbres de algunos grupos. Por otra parte, el hacinamiento es
rechazado en sí mismo, por cuanto es un componente más de esa "invasión"
que se percibe y porque a los vecinos les desagrada contemplar esas
condiciones de vida, que tildan de "infrahumanas", y de las que
implícitamente culpan en parte a los propios inmigrantes.
(Raval)
-Todas las tiendas que antes había, que se han tenido que cerrar porque
no funcionan como tiendas, las están cogiendo los extranjeros y están
haciendo en cada portal un piso. A ver, se están haciendo viviendas en
una tienda, hacen una vivienda entera, a puerta cerrada y sin que allí
sepa nadie lo que se está haciendo, pero cuando abren la puerta se ve
que lo están haciendo. Pues yo no veo nunca a un guardia que se
preocupe. Mira, a mí me sabe muy mal, yo te explico: cuando yo vine aquí
a Barcelona y alquilé este piso que vivo, que todavía vivo en el de
alquiler, lo primero que me exigió el Ayuntamiento fue una cédula de
habitabilidad y hasta que no se vio si tenía servicio, si tenía gas, si
tenía luz, si tenía…, a mí no me dejaron habitar el piso, y a hora se
mete la gente a vivir y se mete en unas condiciones que son
infrahumanas, de verdad.
- En la calle Semoleras hay tres, tres bares o cuatro de sudamericanos,
pues empiezan el sábado…
- El viernes, empiezan el viernes…
Entrevistadora: Están hablando específicamente de sudamericanos…
- Sí, sí, esos son todos sudamericanos.
- La rumba, la esta, lo otro, todo a un tope altísimo y no pueden vivir,
la gente que vive allí…
- Y con las maracas en medio de la calle.
- Y no se puede…
Entrevistadora: ¿Y qué implica esto para los vecinos?
- Que no les dejan dormir por las noches. Y mira que se quejan al
Ayuntamiento, pero el Ayuntamiento no hace caso.
- Nada.
- Nosotros en la escalera tenemos una familia, de hace muchos años,
nunca hemos tenido ningún problema con ellos, y luego hay dos o tres
pisos que son de estos que vienen a mogollón y con estos sí que hemos
tenido problemas; se han metido con las niñas en la escalera… bueno. En
cambio lo que…, yo pienso que es, a ver, es normal, si en una casa de 70
metros te hacinas 10 personas, todo son hombres y no tienen otra…, vale,
pues es lógico que deriven en los problemas que derivan, en cambio el
que viene con su familia, viene a trabajar, viene con sus hijos, hace
una vida como la que tú haces en tu casa, con sus costumbres, ese no da
problemas, evidentemente. Yo creo que la cuestión es esa.
- Yo conozco mucha gente del barrio que se está planteando marcharse.
- Dentro de poco no van a tener a quién molestar ¿eh? Hombre mi escalera
que, no te exagero, en mi escalera quedan 4 personas de aquí. Y a lo
mejor dentro de poco 2 nos vamos también, porque…
Entrevistadora: ¿Cuántos sois en total en la escalera, cuántos vecinos
sois?.
- Catorce vecinos
(Cornellá)
- Varias familias en un mismo piso. En una misma casa.
- Bueno, tengo un amigo que ha alquilado un piso, que se lo alquiló a
uno y se han metido 20; 20 se han metido.
- Y he ido por pisos y casas de San Ildefonso donde están en unas...,
aunque esté alquilado, a lo mejor, como dice este hombre, se lo ha
alquilado a una persona pero es que luego entras dentro del domicilio y
te encuentras que, colchones por todos sitios, en malas condiciones, que
no sé ni cómo pueden vivir allí, con, con…, no sé, con un poco de
higiene, la cuestión de la higiene incluso.
- Está forzando a mucha gente a marcharse fuera, vender el piso y…
Entrevistadora: ¿Por qué se marchan?
- Porque… por el mismo precio pues compran una casita fuera, son gente
que ya tienen los hijos casados, y claro y entonces pues… deseguida lo
venden y siempre pues se meten cuatro o cinco familias de…, sean moros o
sean negros pero… O sea mal ambiente en la comunidad. Entonces el que se
queda sufre eso.
- Lo ideal sería que hubiera una familia en un piso, con sus críos en el
colegio, que no hay 20 familias en un piso y 30 niños de los cuales 15
están por ahí, deambulando por la calle y ya sabemos que los críos en la
calle no aprenden nada bueno.
- Exactamente, que el Gobierno haga más pisos…y más pisos más
económicos…
- Yo no veo bien que vivan 20 familias en un piso, yo no lo veo bien.
- ¿Vale? y si tengo que pagar un piso, intentaré buscar un trabajo para
pagar ese piso, no que están en un piso 40 familias y que uno trabaje y
los demás estén a la sopa boba.
- Es un problema de la Administración, si no que los cojan y los lleven
allí, a la zona alta, donde viven la mayoría de los que tienen poder,
que los pongan allí a ver.
- O a Pedralbes, allá arriba, o a la Bonanova.
Entrevistadora: Y, por ejemplo, este aumento de la presencia de
inmigrantes ¿qué tipo de problema conlleva?
- El malestar yo creo de la misma comunidad. Viene todo de la comunidad
de vecinos, de estar acostumbrados a un, a un tipo de personas, a un
tipo de ambiente, a tener una tranquilidad y claro, y no es que sean
molestos pero son, son un poco escandalosos.
- Yo, una familia de sudamericanos, el sudamericano de arriba muy bien,
se han adaptado, sin embargo yo veo a las otras (…), y ha venido ya dos
veces la policía, no se han adaptado tan bien. La música a todo volumen…
- Sí, sí, o sea hacen…, es que no es solo la fiesta que se forma allí en
la Inés, sino en casa mismo se vienen y se ponen, es que yo los tengo
debajo, y bailan un baile que son todo seguido: pím, pám, pím, pám, y se
oye, pero es que hasta las tantas, hasta que tienes que bajar…, eso sí,
lo mismo al que pone la música le dices: "Por favor, bájela" y lo hace,
no te digo…, y lo hace. Pero, a ver, tienes que bajar.
(Mataró)
- Porque…, a ver, ehhh, yo antes de trabajar como asesora comercial
trabajaba en la Notaría de Premiá de Mar y bueno hacíamos altas de… de
extranjeros, la gente pues necesitaba un permiso para traer a un
familiar de fuera, y claro tiene que ir el notario a su casa y
cerciorarse pues que la tiene en condiciones y tal, y bueno yo he ido
alguna vez a acompañar al notario y allí no vivía una persona, vivían
como 20 personas, y yo entiendo que una familia hace ruido, con lo cual
20 personas hacen el ruido de 4 familias, y eso yo entiendo que puede
molestar.
- Sí, yo tengo vecinos que son así… bueno, árabes, moros, entonces claro
es eso que decía ella, es que parece que viva uno pero, o sea sí,
normalmente supongo que a nombre, el contrato estará a nombre de uno
pero luego viven 50 mil, y como todos son iguales y todos se llaman
parecido, como que nunca (…), es verdad, donde se meten 23, entonces te
dan la tabarra que te pueden dar 23 personas en un piso.
El respeto a las normas de convivencia
El anciano que tiene que bajarse de la acera porque un grupo de jóvenes
inmigrantes está ocupándola entera y no se apartan para dejarle paso,
las personas que están esperando en el consultorio médico a ser
atendidos y contemplan al inmigrante que acaba de llegar, no tiene cita
e intenta pasar aduciendo que está enfermo, los vecinos que tienen que
acudir una y otra vez al piso del inmigrante para pedirle que baje la
música, etc., son todos ellos casos minoritarios pero no excepcionales,
y a partir de los cuales se construye un estereotipo sobre la dificultad
del inmigrante -especialmente de los magrebíes- para adaptarse a las
normas de convivencia locales. Este tema se solapa, hasta el punto de
resultar indistinguible, con el de la integración del inmigrante del que
se habla más adelante.
(Mataró)
- Por parte de la población española se ve con recelo estas diferencias,
o por ejemplo las costumbres, el hecho de que haya muchos magrebies
apostados en una esquina, que es la manera de encontrarse, esto choca, y
se ve con una cierta, sobre todo en personas mayores, con inseguridad,
no están acostumbrados, no sólo no están acostumbrados, sino que además
sucede que por parte de los jóvenes magrebies o las personas magrebies
tampoco hay esa relación para que cuando pase esa persona mayor ellos se
aparten y dejen pasar a la persona mayor, sino que la persona mayor ya
suele girar, rodear al grupo y tener una sensación de indeguridad, ¿no?
La excepción juvenil
La vivencia de la inmigración como problema constituye el sentimiento
mayoritario en los grupos, sólo negado por algunos de los más jóvenes,
estudiantes universitarios en su mayoría.
La diferencia generacional en las actitudes hacia la inmigración ha sido
constatada ya en otros estudios sobre el tema realizados en España y se
entremezcla con otro factor que reduce el rechazo a la inmigración, el
del nivel educativo, mayor entre la población joven. Sin embargo la
interpretación de esta mejor aceptación de la presencia de los
inmigrantes entre los jóvenes no es todavía clara. Habrá que esperar
algunos años para saber si estos jóvenes seguirán manteniendo las mismas
actitudes cuando dejen de serlo. Mientras tanto, hay que constatar su
disposición a rechazar las opiniones, temores y actitudes negativas
hacia los inmigrantes que sostienen sus vecinos de mayor edad (y en su
mayoría de menor nivel educativo), a reclamar ayuda para los inmigrantes
y a aceptar que mantengan aquí sus estilos de vida.
(Mujer joven, Cornellá) Aquí, por ejemplo, somos unos cuantos, pues
nadie está diciendo..., todos están diciendo: "Que a mí no me han hecho
nada, a mí no me han hecho nada" (...)Pues entonces…, es que yo, bueno
pues no lo entiendo yo eso. Es que la gente siempre dice: "Yo no soy
racista, yo no soy racista pero es que los negros…, yo no soy racista
pero es que los chinos…". Pues yo eso lo veo como ser racista.(...)
Nadie va a reconocer que es racista de por sí.
(Mujer joven, Cornellá) Bueno, pero yo el mismo respeto que tengo, a lo
mejor yo paso por una calle que está oscura y veo un moro y me da miedo
pero es que si veo un español y también me da miedo si es una calle
oscura. Ya está, es que no…, yo no veo otra cosa.
(Mujer joven, Cornellá) Pero si no tienen dinero y encuentran un piso, y
más allí que los pisos están caros, una persona que no tiene ningún
dinero, qué va a hacer ¿cogerse cada inmigrante un piso para él? Pues es
normal que se metan todos juntos, y cómo van vivir, pues en las
condiciones que viven.
(Mujer joven, Mataró) Pero es que siempre decimos: "Se tienen que
adaptar a nosotros" ¿y su cultura? Yo por se catalana no voy a ir a su
país y voy a dejar mi cultura catalana.
(Mujer joven, Mataró) Hay que dejarlos integrarse, ellos tienen su
cultura y nosotros la nuestra, y si las unimos nuestros nietos, o mis
nietos, serán moros y se casarán con moros (…) las generaciones serán
así, y la cultura se mezclará, se tiene que mezclar. Entonces, ¿por qué
no facilitamos las cosas?, es que estamos metidos como en un caparazón:
"Se tienen que integrar", integrar ellos pero es que si no los dejamos…
(Mujer joven, Mataró) Y luego otro día también pasó que iba por la
calle, a la una de la mañana, iba sola yo por la calle y… es que yo iba
pensando en mis cosas y no me fijé que pasaba un chico por mi lado, que
no me fijé que era marroquí ni nada, y me dice: "Oye, perdona ¿tienes un
cigarro?" y me pegué un susto: "¡Ay!" y dice: "No grites que yo no te
quiero hacer daño, ¿por qué tenéis esa idea de nosotros?, si no queremos
hacer daño a las mujeres, pero ¿qué os han metido en la cabeza?" digo:
"Lo siento de verdad" y me tuve que disculpar, digo: "No ha sido por ti,
que hubiera gritado por cualquiera", o sea que también tenemos muchos
prejuicios anteriores.
(Mujer joven, Mataró) No sé, a mí me da más miedo pasar por delante de
un grupo de pelaos, de rapados, que pasar por enfrente de un grupo de
marroquíes. Cambio de acera.
(Mujer joven, Mataró) Yo creo que hay que darles oportunidades porque
vienen en una situación muy precaria, vienen, vienen con una mano
delante y otra detrás, que no tienen dinero en sus países, ni comida, y
es normal que les demos unas oportunidades, que nosotros tenemos un
contrato, tenemos… tenemos comida, en general, esa gente necesita
nuestra ayuda y estamos para ayudarles. La tierra no es de nadie tío, si
nosotros fuéramos a (...) también nos gustaría que nos ayudasen.
La ausencia de conversación
La llegada de los inmigrantes a los barrios se produce en el marco de
una continua disminución de las relaciones sociales de vecindad, que
afecta tanto a los locales como a los inmigrantes, y que permite que los
vecinos de un bloque lo sean durante años sin conocerse ni intercambiar
nada más allá de un breve saludo. En este marco, que hace ya difícil o
improbable la comunicación entre nuevos vecinos, resulta aún más difícil
que ésta se establezca con personas con otro bagaje cultural y a menudo
con otro idioma. El resultado es, en cualquier caso, que los inmigrantes
y los residentes locales no se comunican, no mantienen conversaciones ni
en los bloques ni fuera de ellos, en los espacios públicos. La falta de
comunicación es más patente en los espacios públicos, como parques y
plazas, donde los inmigrantes y los residentes locales se sitúan
físicamente separados.
Los locales tienden a considerar además que en buena parte esta falta de
comunicación se debe al escaso interés de los inmigrantes por
relacionarse con ellos, y a su tendencia a formar grupo (o guetos) con
sus co-nacionales, aunque surgen al respecto voces discordantes entre
los más jóvenes que señalan la actitud poco proclive a facilitar la
comunicación por parte de los locales. En cualquier caso, la ausencia de
conversación con los inmigrantes convierte en muy poca cosa el posible
enriquecimiento cultural que, teóricamente, podría deducirse de la
convivencia entre grupos humanos de diferente procedencia.
Esta falta de comunicación que se señala aquí constituye una
regularidad, lo que no excluye que algunos de los participantes en los
grupos (pocos y generalmente mujeres) tengan relaciones de amistad con
algún inmigrante (también a menudo con otras mujeres).
(S. Hipòlit)
Entrevistadora: Aquí estáis hablando de que hay poca relación
- (varios) Es que no hay
(Raval)
Entrevistadora: ¿cómo es la convivencia con ellos, con los inmigrantes?.
- Estupenda porque yo no hablo con ella (con la vecina inmigrante).
Quiero decir que no hablo, que no hablo porque no… no me la encuentro,
no… De por sí aquella vecindad antigua que yo he conocido, eso no
existe, vamos, ni con los españoles tampoco. Antiguamente cuando se
llegaba a una casa, lo primero que se hacía era presentarte, al vecino
de enfrente por lo menos, para que te conocieran y ofrecerte si me
necesitas, eso olvidado, eso olvidado. Pero, vaya, dentro de estar en la
escalera pues que si te lo encuentras recién llegado que te diga: "Somos
los nuevos vecinos", me parece a mí que no es nada malo. Pero no, no,
ahora llega la gente a vivir a las escaleras y…
Entrevistadora: Y la convivencia fuera, por ejemplo en las plazas, en
los parques, los que tengáis niños y salgáis al parque con ellos…
- No están nunca…No están nunca con nosotros.
- Ninguna.
- Nunca están juntos, no.
- Nunca.
- Los moritos, yo me refiero siempre al moro porque por allí es lo que
más hay, y yo no veo nunca a los niños jugando con los...
- …en el Parque de la Ciudadela, no verás nunca ningún español con los
moros, siempre están en reuniones ellos solos. Ellos con nosotros no. Y
yo voy al parque todos los días.
Entrevistadora: Vamos a ver, a nivel de relación con los inmigrantes y
esto, vosotros, esta parte de aquí ¿habéis dicho que hay poca relación?
- Sí, claro, si es que ellos no se relacionan con nosotros.
Entrevistadora: ¿Y por qué, por qué será eso?
- Pues no lo sé, porque yo por ejemplo con unos chicos jóvenes a lo
mejor, a mí no me hacen nada y yo no tengo ningún perjuicio, si me dicen
hola o me dicen… pues yo lo hago, pero…
- Yo creo que también nos cuesta un poco… No lo ponemos fácil.
- Sí, que no lo ponemos fácil.
(Cornellá)
- Allí hay un grupo de niños que son de los moros y (…) en el parque, la
verdad sea dicha, siempre se juntan entre ellos, no se juntan con los
otros críos del parque, y no es porque le diga yo a mi hijo: "No te
juntes con ellos", yo nunca se lo he dicho, sino porque es que es entre
ellos, se hacen entre ellos y ya está.
(Mataró)
- Pero lo que sí puedo observar (en los parques) es que entre las madres
no hay mucha relación, las marroquíes se ponen juntas, las otras se
ponen juntas, las abuelitas se ponen juntas, o sea no hay…
La integración o asimilación
Una de las quejas más repetidas entre los residentes locales respecto a
los inmigrantes es la de que éstos no "se integran" y no desean
"integrarse". Cuando se indaga sobre el significado que dan los
participantes a la palabra "integración" se descubren dos aspectos: en
primer lugar, "integrarse" es "ser como nosotros", es decir,
comportarse, vestirse, hablar y relacionarse de la misma forma que lo
hacen los residentes locales. En segundo lugar, "integrarse" es
conversar con los locales, establecer con ellos relaciones de buena
vecindad y hasta de amistad. Como ocurre en otros aspectos y ya se ha
señalado, las voces más jóvenes discrepantes y minoritarias opinan que
los inmigrantes procedentes de culturas muy distintas a la nuestra no
deberían estar obligados a mimetizarse con la sociedad catalana, y
defienden su derecho a mantener sus propias costumbres.
El reproche a los inmigrantes sobre su escasa voluntad de integración se
refiere esencialmente a la población magrebí, a la que se considera muy
renuente a la adaptación a las costumbres y las normas de convivencia
locales.
(S. Hipòlit)
- Encuentro muy normal que si no tienen trabajo que busquen trabajo.
Ahora bien, si no tienen trabajo en su país y van a otro, lo mínimo que
tienen que hacer es mirar de adaptarse.
- Aparte de esto, que también estoy de acuerdo, a nivel de escuela lo
que me sabe mal es que se han aislado entre ellos, por culpa de los
padres. Si son pequeños, no participan en la Asociación, porque se tiene
que pagar...
En época de Ramadán no asisten a clase.
- Ellos no tienen ganas de adaptarse a la escuela ni al país.
- Los que conozco de S. Hipòlit es que hay un grupo que te miran por
encima del hombro y "te repudian". Lo que tengo bastante claro es que te
repudian, no somos nosotros, son ellos los que nos repudian y, esto, lo
tengo bastante claro. Quizá porque no han entrado en la confianza, pero
jóvenes de 18-20 años que los ves, los ves un poco...
(Raval)
- Yo, personalmente opino que ellos se tienen que amoldar a nuestras
costumbres, donde fueres haz lo que vieres.
- Eso es lo que opino yo.
- Que ellos se tienen que amoldar a nuestras costumbres, no nosotros a
las de ellos.
- Yo creo que el emigrante que venga aquí se tiene que acostumbrar, en
mi casa, a lo que yo haga en mi casa, que no vengan a dar órdenes a mi
casa.
(Cornellá)
Adaptarse por ejemplo a nosotros, ya que vienen ellos, es igual que tú
vas a visitar a..., tú vas a visitar a un familiar y lo que haces es, lo
primero darle un par de besos a ese familiar, porque entras tú a su
casa, no te quedas en la puerta diciendo: "Bueno, ¿cuándo me das los
besos¿ " ¿entiendes? Pues en este caso sería que esta gente se, se
esforzara un poquito y que viera cómo somos nosotros.
- Claro, claro, aquí no se está hablando del moro, se está hablando en
general, pero el que tiene, el que se aparta un poco, el que no intenta,
tal vez sea por el idioma, por lo que quieras, es el moro el que se
aparta un poco de, de meterse en esa integración. Digo.
- Si fuera todo para un bien y no hubiese este problema que hay, así que
controlarlo todo para mí sería estupendo. Para mí sería estupendo bien
controlado, con sus viviendas, con sus costumbres si quieres,
respetándolas, tus costumbres, sus iglesias, todo lo que quisieras pero
integrados, que fueras por la calle y que pudieras llegar a ese y
decirle: "Vente a comer a mi casa que es Navidad" y lo sentaras en tu
mesa y tomara el vermouth contigo, y a tu forma de hablar y ellos a su
forma, pero todo esto es lo que buscamos o se intenta (…), porque
estamos nuevamente incontrolados. Que han creído que España es un
cortijo, España no es un cortijo.
(Mataró)
- Sí, pero la gente que llega de fuera, normalmente, ehhh, no se adapta
a…, exigen pero no, no se adaptan aquí, ni a las maneras, ni a las
costumbres, entonces llega un momento que… bueno es como ir a un
ambulatorio, lo típico ¿no? o cualquier cosa de ese tipo, ves haciendo
cola a 18 ahí sentadas: "Yo, yo pasar, es que yo…"
- Y se pasan ¿eh?
- Y se pasan y la misma recepcionista no sabe cómo, quizá por, no sé…
Bueno hombre no, vamos a ver, estamos aquí en España, en Catalunya, aquí
las cosas van así, pues que se acostumbren aquí porque si yo me voy de
inmigrante…
- Ellos vienen de unas localidades que no, que no tienen mucha cultura o
no tienen ninguna…
Entrevistadora: ¿Nosotros podemos aprender cosas de ellos?
- No, yo creo que de ellos aprendimos muchas cosas cuando ellos, durante
800 años estuvieron en Andalucía, aprendimos muchísimo, eran más sabios
ellos que nosotros, pero actualmente no creo que podamos aprender nada
de ellos.
- Conocer sus costumbre, sus tradiciones y…
Entrevistadora: Porque,¿ a qué le llamarían estar integrados?, ¿en qué
circunstancias podríamos decir que ya están integrados? ¿en qué
notaríamos que están integrados?
- Que no fueran diferentes al resto, simplemente. Que si tienen que
trabajar que trabajen como lo hago yo…
- Que acepten nuestras costumbres.
- Y que sean pues lo más parecidos a la cultura española.
- Como nosotros.
- Es que no nos interesa, a mí personalmente no me interesa
específicamente su cultura, como tampoco me interesa específicamente la
cultura americana o específicamente la cultura afgana, porque… vamos yo
vivo en el mundo y si me aportan algo de, de, bueno de… como culturilla,
a más a más, pero yo no me voy a ir a un curso a aprender qué es el
Ramadán porque no me interesa, no, a mí…, no es interesante para mí.
- (...) lo que podríamos aprender de ellos son recetas de cocina.
La peculiaridad de los musulmanes
En el lenguaje cotidiano, e incluso en el periodístico o sociológico,
tiende a hablarse de actitudes de los españoles hacia los inmigrantes
como un todo. Sin embargo, cuando se desciende al análisis en las zonas
en las que existe concentración de inmigrantes, se descubre que no
existe una actitud común hacia los inmgirantes sino diferentes
reacciones frente a los distintos grupos de inmigrantes según su
procedencia. En definitiva, los españoles en general, como ha mostrado
otro estudio, o los catalanes en particular, tienen actitudes diferentes
frente a los ecuatorianos, los colombianos, los chinos, los polacos, los
senegales o los marroquíes.
Estos últimos, sin embargo, por ser los más numerosos y por los rasgos
peculiares que se les atribuye, tienden a dominar la imagen de la
inmigración.
Los marroquíes son el grupo nacional más numeroso entre los inmigrantes
en España (219.731 personas, según datos del Mº del Interior de finales
del 2001, muy por encima del siguiente grupo, el de ecuatorianos, con
82.765 personas) y cuando los participantes en los grupos hablan de
musulmanes se refieren a ellos, excepto en el caso de El Raval-Ciutat
Vella en el que la comunidad de paquistaníes tiene también una gran
visibilidad. Del mismo modo, cuando se habla de magrebíes, los
participantes se refieren a los marroquíes, ya que no hay ningún otro
grupo del Magreb con una presencia relevante en las zonas de estudio.
Muchas de las cosas que se dicen en los grupos sobre los inmigrantes en
general se refieren en realidad a los marroquíes, especialmente en
Rocafonda (Mataró) y en S. Hipòlit, donde son muy mayoritarios. Pero
ateniéndose a las que se dicen explícitamente sobre los marroquíes y
paquistaníes, aparece una imagen peculiar de éstos, diferente a la de
los demás grupos, en la que ambos comparten algunos rasgos pero no
todos. A ambos se les considera especialmente renuentes a la integración
en la sociedad catalana e incluso se habla de "racismo al revés" (ellos
nos rechazan a nosotros), a ambos se les reprocha un trato
discriminatorio a sus mujeres y a ambos se les acusa de no invertir ni
gastar su dinero en Cataluña. Varios de estos elementos se han tratado
ya en otros apartados y no van a repetirse aquí. Los sucesos del 11 de
septiembre del año pasado han contribuido a deteriorar aún más esta
imagen de los musulmanes en nuestro país, y no es extraño que en los
grupos se hable de los talibanes, para referirse a los musulmanes, o de
Bin Laden, venga o no a cuento. A los participantes, especialmente a las
mujeres, les molesta que las mujeres marroquíes o paquistaníes vayan
"tapadas". Esto les parece estéticamente desagradable y moralmente
reprobable. Sin embargo, la mujer marroquí despierta mayores simpatías
que los varones de su grupo.
En zonas donde los inmigrantes marroquíes llevan ya muchos años
presentes, como en S. Hipòlit, se aprecia un retroceso en los últimos
años en el proceso de integración, una vuelta de los musulmanes a los
signos exteriores de religiosidad, como el pañuelo en la cabeza. Esto es
coherente con lo que los analisistas del Magreb afirman respecto al
creciente peso del integrismo islámico.
El aspecto sustancial que paquistaníes y marroquíes no comparten, en la
imagen que aparece en los grupos, es el de la delincuencia y el
gamberrismo juvenil o adolescente. Esta es una característica asociada a
los marroquiés. A los adolescentes masculinos marroquíes se les dibuja a
menudo como impertinentes, destructivos, agresivos y ladrones y estas
señas están tan marcadas que puede decirse que esos adolescentes son los
principales responsables de la mala imagen de los marroquíes en
conjunto. Como es sabido, viven en España numerosos adolescentes
marroquíes que no han alcanzado aún la edad penal y que no son
expatriables a su país porque han ocultado los datos sobre sus familias
en Marruecos. Muchos de ellos practican la delincuencia de forma
habitual y no porque carezcan de medios de vida, ya que existen
suficientes centros de acogida para ellos. No existe una solución legal
a este problema ya que en el marco legislativo actual no pueden ser
obligados a vivir en las residencias que los acogen ni pueden ser
penalizados con la cárcel, de modo que en la práctica son impunes. Pero
esta delincuencia que afecta sobre todo a los centros históricos y
turísticos de Barcelona y Madrid no es la única causa del rechazo a los
jóvenes marroquíes. El gamberrismo es, en opinión de los participantes
en los grupos, un comportamiento frecuente entre adolescentes que viven
aquí con sus familias y que no pertenecen por tanto a ese grupo.
En el extremo contrario al de los marroquíes aparecen los
latinoamericanos, no sólo por su idioma, sino por sus costumbres, como
los más cercanos e "integrables" de los inmigrantes. Los polacos se
mencionan también como un colectivo "que no da problemas", al igual que
los chinos.
(Sant Hipòlit)
- Por mi parte, (me molesta) el aspecto de la mujer. El aspecto que
tiene una determinada gente, claro, no son todos los inmigrantes, es el
aspecto que tiene la mujer (musulmana) y, por aquí, no paso.
- Yo, el caso que he vivido, en el CAP de Sant Hipòlit, que llega el
magrebí con su mujer y piden "la doctora" y, se les contesta "hoy no hay
doctora". Ellos dicen "doctor, no", esto es absurdo.
- Para mí el problema (de los adolescentes marroquíes) está en su casa.
Quizá las madres no están tanto encima como nuestras madres.
- Es que no pintan nada.
- Por eso, el problema es de los padres.
- No tiene la libertad para decirle al hombre "necesito dinero para el
niño que tiene que ir a la escuela". A lo mejor, la mujer, tiene que
tener miedo al marido para pedirle lo que necesita.
- Yo me he encontrado con alguna magrebí que ha dicho "mi marido me ha
dado tanto". O sea, que no disponen de dinero.
- Es que incluso los que hace años que están aquí, les han "girado" un
poco. Había gente que parecía que sí se había integrado. Conozco a uno
que lleva 14 años aquí y esto le ha creado problemas. Ahora, los que han
llegado, les han "girado" otra vez, pues conozco a una chica que iba
vestida como nosotras, parecía que se había integrado y hace 5 ó 6 años
que vuelve a ir con pañuelo.
- El otro grupo de emigración, como son los colombianos, son gente
buena, que se adapten o no, no hay tanto problema como con los magrebies.
- Cuesta más de integrarse. En cambio, los africanos, yo conozco 2
familias y los sudamericanos, se integran más rápido que los magrebíes.
Hay un padre que viene con su hijo a mi casa, veo que tienen más ganas.
- Con estos hay mejor relación.
- Con los africanos hay mejor relación. Se integran más rápido.
- Aquí mismo hay un chico, que es polaco. Éste está integrado, casado
con una catalana y tiene niños que van a la escuela. Se integró desde el
principio.
(Raval)
- Pero porque es eso, porque a lo mejor tienen…, se vienen aquí con 20
años, hasta los 30 que no abran una tienda para él, que es el tercer
hermano, viene con el padre, son 5 hermanos, empiezan uno, dos, tres,
hasta que no le abran la tercera tienda para él no va a volver a
Paquistán a buscar mujer. Y no se mezclan con otros, o sea no… No he
visto matrimonio mixtos, los hijos de los que vienen ahora, los nietos
seguramente pero los…, la primera generación no hay matrimonios o
parejas mixtas. Son muy, muy diferentes. Y no, no van a estar a gusto
con una española porque ellos vienen a trabajar y una española no se va
a estar 14 en la tienda y en casa, que es lo que hacen ellos.
(Cornellá)
- Una masiva (inmigración), una masiva así tan grande, y con lo que está
pasando por Algeciras y lo que…, y luego otro respeto, la cuestión del
Bin Laden, tú te encuentras un moro y… y es que está viviendo al lado
tuyo y no sabes que, que son de esa gente, entonces te entra un poco de
respeto, no quiere decir que ese emigrante que sea moro, sea musulmán y
no todos los musulmanes son malos, como dicen en la radio, no todos los
musulmanes son malos ni todos los malos son musulmanes. …, bueno yo lo
de pasar sí, pero si voy con los críos como esta señora pues lo menos
que quiero es que se me lleven a una cría o a las dos o al pequeñín, que
te peguen el arrancón, como siempre van en grupo, que, bueno, que puede
pasar, ¿no? puede pasar, bueno, tú tienes tu respeto.
- Yo te digo una cosa, la convivencia entre dos culturas, con
musulmanes, es súper difícil, lo bueno es que se lleve bien, que se
lleve bien, sería lo suyo.
- Yo entiendo que es difícil.
- Imposible, casi imposible, porque ellos son muy suyos y son muy suyos,
ellos nunca se van a integrar, se van a, van a crear sociedad, se va a
crear sociedad pero a la hora de que haya cualquier cosa, ellos son
ellos, eso que lo tengamos claro, y nosotros somos nosotros.
Entrevistadora: Pero hay también muchos latinoamericanos en el barrio
¿no?
- Sí.
- Es que son diferentes.
- Son diferentes porque se parecen más a nosotros y pueden hablar
nuestro idioma.
- Noooo
- No es por eso, no es por eso, porque no…
- No es por eso.
- Es por las costumbres, o sea es que las costumbres…
- Pues por la cultura, porque su cultura y religión se parece más a la
nuestra.
- Pero porque son más parecidos a nosotros en religión, cultura, en lo
que tú quieras son…, en idioma, son más parecidos a nosotros
- Los chinos por ejemplo, yo… vas a tiendas que venden los chinos y
ellos se esfuerzan y los entiendes, se molestan, y los ves trabajando,
siempre una cosa u otra, y siempre deprisa, y no los ves tanto por la
calle, ni los críos ni nada, como estos.
- Pondrán a trabajar a los críos. Los chinos hacen trabajar hasta al más
pequeño, pero tanto en casa o en el comercio que tengan. Pero bueno no
los ves, es que parecen invisibles, se han integrado, sí, a lo mejor sí,
y mira que la cultura de ellos es difícil también, el lenguaje también
¿eh? pero claro se han adaptado a nosotros. Vas a un restaurante chino y
ellos lo hacen todo en plan hervido y no sé qué, y en cambio se han
adaptado a hacerte comidas fritas, que normalmente no suelen hacer; a
hacer cosas que: "¿Qué quiere, unos fileticos? No se preocupe, yo le
hago un filete", y te lo hacen, se integran, no sé, se adaptan, se
adaptan, no es que se integren, se adaptan a nosotros, aunque tengan su
cultura y por la noche jueguen al dominó o jueguen a lo que sea (...)
pero se han adaptado. Pero estos señores pues yo no los veo que se
adapten, estos señores musulmanes (...) yo no veo que se quieran adaptar
o se adapten.
La integración dentro de varias generaciones
La mayoría de los participantes en los grupos imaginan que en un futuro
lejano, quizá cuando los nietos de los inmigrantes actuales sean
adultos, se producirá la deseada "integración" de los inmigrantes. Para
llegar a ello, además de en el efecto del roce continuo con nuestra
cultura a lo largo de los años, los participantes confían en el sistema
educativo y en su capacidad formativa. Algunos incluso hablan de
matrimonios mixtos y de hijos y nietos fruto de esa mezcla. Es, en
definitiva, una visión optimista, aunque sea a muy largo plazo. No todos
la comparten, sin embargo: En el grupo de Sant Hipòlit, al contrario,
imaginan que el futuro será peor, cuando esos niños y adolescentes de
los que ahora ya tienen miedo sean adultos.
Y dentro de los otros grupos hay también algunas personas que suponen
que en el futuro los inmigrantes seguirán constituyendo comunidades
separadas, y argumentan con el ejemplo de los gitanos. En cualquier
caso, lo que no aparece es una perspectiva de pronta integración.
(Raval)
- Yo creo que con el tiempo nos iremos adaptando y se llegará a una
convivencia…
- Pues yo no sé qué te diga porque nosotros llevamos, ¿cuántos años
llevamos apartados de los gitanos, 500?
(Cornellá)
- Sí, sí. El otro día una amiga me dijo que se habían peleado una señora
que estaba, una mora que estaba embarazada y una blanca ¿no? se habían
peleado las dos, y le dijo: "Mira…" dice: "Yo, ahora no podemos hacer
nada, pero este que llevo aquí dentro os echará a todos vosotros"
- Este que llevo, yo no, nosotros no podemos ya , dice, pero el que
llevo dentro, la generación…
- Sí, es lo que yo me refería antes.
- Dice "os echarán a vosotros". O sea que ya van con esa idea de
echarnos fuera a todos.
(Mataró)
- Pues muy bien. Sí, no, muy bien, que es una invasión pacífica de… de
otras razas hacia España, y más a Catalunya, que la primera oleada es la
que cuesta más de integrar, que quizá los pequeños, los que suban, si
pueden ir a escuela, se integrarán un poco más.
- Sin duda.
- Pero, claro, a la primera oleada no les puedes decir: "No, no, no,
esto no lo hagas, el Ramadán no lo hagas, esto no lo hagas", no, hay que
ir poco a poco cambiando, supongo, y a lo largo de los años pues ellos
estarán integrados y todos los andaluces que vinieron y todos los
extremeños y españoles y catalanes y dentro de X años pues…
En cuanto al riesgo de que se produzcan en el futuro episodios de
violencia colectiva como los de El Ejido en el año 2000 o Ca N`Anglada
en 1999, la respuesta de los participantes en los grupos es dubitativa.
En El Raval, sin duda el barrio más afectado por la delincuencia
achacable a inmigrantes, la violencia se descarta por la reducción del
número de españoles que podrían protagonizarla. En los otros grupos, la
violencia no se contempla como una posibilidad cercana pero tampoco se
excluye. Significativamente, en algunos participantes el recuerdo de lo
sucedido en El Ejido le ha dado la vuelta a la realidad de los hechos y
se ha convertido en una "rebelión" de los inmigrantes, que se habrían
"levantado" contra los españoles por falta de trabajo y de vivienda. Y
algunos temen que aquí pueda ocurrir una "revuelta" semejante. Para
otros de los participantes en los grupos, el recuerdo de lo sucedido
justifica la actuación de los españoles, que "estaban hartos".
(Sant Hipòlit)
- Esto se ha estabilizado mucho. Yo no veo peligro (de conflictos
violentos).
- Yo sí. Esta cantidad de críos que suben, cuando sean mayores,
¡espabílate!
- No en cuestión de 4-5 años, pero sí en más tiempo.
- Yo tengo dudas, no lo sé. A veces pienso que si los niños van a la
escuela y quizá la cultura y la enseñanza los ayuda, o es todo al revés,
no lo sé, me da miedo.
Entrevistadora: ¿Qué es lo que te da miedo?
- Lo que dicen. Yo me he encontrado con los críos, encontrarme un grupo
de niños magrebíes de 8-10-12 años y tengo miedo, entonces, ¡imagínate
cuando sean mayores!
- El problema lo tendremos con los hijos de los inmigrantes.
- Sí.
(Mataró)
Entrevistadora: ¿Qué recordáis de El Ejido?
- Bueno pues que se sublevó toda una masa de negros, porque necesitaban
donde dormir, cobijo, claro, eran más que los habitantes del pueblo y
allí, pues se levantaron.
- Porque había más mano de obra ¿no? había más de los que necesitaban o
algo de eso.
- Sí, sí, es lo que puede ocurrir pasado mañana aquí si siguen entrando.
- En cualquier sitio, igual que hicieron allí lo pueden hacer aquí
mañana.
(Raval)
- Yo creo que no va a pasar ninguna historia así (El Ejido, Ca
N`Anglada), porque el español está, son minoritarios, que son los únicos
que pueden protestar a nivel estatal o salir a la calle (...) Me parece
que no va a haber (…) así como C´an Anglada o El Egido, no hay tanto
español.
(Cornellá)
- Pero fue la chispa que faltó para el pueblo, porque estaba hasta las
narices y explotó todo, y explotó todo, porque habían tenido no
solamente con el caso este, es que habían tenido varios casos de peleas
y, y cosas en los bares y esto, y entonces el pueblo pues no estaba muy
a gusto con ellos, pues por este motivo, porque no se habían integrado
tal vez a las costumbres o a lo que fuera, o a que tenían… que cuando
toman dos copas pues ya se vuelven locos o lo que sea. (hablando sobre
El Ejido)
Entrevistadora: ¿Os parece que pueden ocurrir cosas como lo de Ca
N`Anglada, por ejemplo, en vuestro barrio o que eso no…?
- Hombre, sí que podía pasar claro.
- Puede pasar.
- Puede pasar.
- Puede pasar, porque por la cantidad de gente que hay, se unen todos y…
- Sí, sí, el día que digan de unirse, huy, eso va a dar miedo ¿eh? Yo
pasé por San Ildefonso, por la parte de arriba, por un piso, ... voy por
la acera y me da por mirar para adentro y había más de 40, sin exagerar
nada ¿eh?, más de 40 moros en un piso, así por la ventana, aquello que
vas andando y miras para dentro y no te encuentras a una persona, te
encuentras…
- La impresión de ver tantos y todos tan unidos siempre, tan juntos, que
da… te da cosa.
- El día que digan de unirse todos, yo creo que pasará algo grande.
Porque hay muchos, hay muchos.
Se han recogido también en los grupos algunas propuestas para facilitar
la comunicación y resolver los problemas de convivencia con los
inmigrantes: Proporcionarles clases de catalán y castellano, promover
encuentros de los vecinos locales con los inmigrantes y facilitarles el
acceso a la vivienda para evitar el hacinamiento y las molestias a los
vecinos que conlleva. Esto último se propone de un modo incoherente ya
que, como se señala más adelante, los grupos están en contra de
cualquier política de discriminación positiva a favor de los
inmigrantes.
(Mataró)
- Yo creo que lo barrios tendrían que hacer como reuniones o charlas con
la gente emigrante, con los emigrantes y con la gente del barrio y que
se hicieran pues asambleas para saber las cosas que ellos necesitan en
el barrio, y que todos participen, quieras que no son cosas que se
tienen que hacer para el barrio, se unirán para hacer cuestiones…, no sé
para tratar cuestiones, y quieras que no también, yo qué se, cursillos
para que aprendan la lengua, eso es importante, porque si no saben
hablar nuestro idioma es imposible que se integren con nosotros, que
aprendan la lengua, que aprendan…, yo qué sé, igual que los niños
pequeñitos ya están aprendiendo el catalán y el castellano, también no
deben dejar de aprender su lengua, pues ellos también tienen que
aprender el catalán y castellano.
- Es una cosa gubernamental. Y luego las políticas locales, que puedan
hacer cosas pero… bueno también habría que, que hacer cosas en pro de
ellos, de los emigrantes, y también exigirles cosas mínimas, de básica
conducta, de básica norma…
- Pero cuando lo sepan, cuando sepan nuestro idioma nos entenderán. Es
que hay mucha gente que no nos entiende.
(Raval)
- Creo que el idioma es muy importante también, porque mucha gente no
sabe hablar español, o lo chapurrean, o catalán, quiero decir que creo
que debería haber, por parte del Ayuntamiento, programas de integración
sobre todo con el idioma.
"Nosotros no fuimos así a Alemania"
A menudo se escucha en boca de personas bienintencionadas una petición a
la sociedad española para que recuerde la época en la que "éramos
emigrantes" y para que, desde ese recuerdo, se contemple con más
simpatía a los inmigrantes que ahora llegan a nuestro suelo. Sin
embargo, las diferencias entre ambos tipos de migración son tantas que
difícilmente el recuerdo de aquella experiencia puede servir para lo que
estas buenas intenciones pretenden. En conjunto puede decirse que, tal y
como se recuerda en los grupos, la emigración española de los años
sesenta fue ordenada mientras que la inmigración actual a España es
caótica y está fuera de control. A Alemania (o a Francia o a Suiza) se
llegaba con un contrato de trabajo, sin intenciones de fijar de forma
indefinida la residencia allí, por lo que la familia se quedaba aquí.
Desde luego, según dicen los que hablan de ello en los grupos, no se
vivía en la calle ni se mendigaba o delinquía. A diferencia de aquello,
que era una migración controlada desde los Estados, la actual a España
es el resultado de la incapacidad del Estado para resistir a la presión
exterior.
(Raval)
- El problema radica en lo siguiente: España por ejemplo ahora está
deficitario de obreros ¿no? ¿pues cuántos obreros hacen falta, un
millón? Pues que venga un millón de obreros, pero no con el nieto, con
el sobrino, con el primo y con la tía, que venga el obrero a trabajar.
¿Que se tiene que llevar el dinero a su país? Que se lo lleve, pero…
Entonces no tendríamos problemas, el problema lo tenemos porque viene el
nieto, el hijo, el sobrino y la sobrina.
- Y entonces claro, ahí tenemos el problema. Porque ¿qué pasó en
Alemania?, mira, cuando los españoles iban a Alemania te miraban hasta
los dientes y si te faltaba un diente no te admitían. Esto es cierto.Te
faltaba un diente y te decían: "No, cuando se ponga el diente viene
usted, pero mientras no tenga usted el diente no venga". Y allí iban a
Alemania los obreros, pero nada más que obreros. Allí no podían llevar a
la nieta ni a la tita ni al tete. Allí iba a trabajar a una fábrica el
obrero y le pagaban y aún tienen el seguro que le están pagando de
Alemania, después de estar jubilados, aún los alemanes les (…), y no
hubo ningún problema. Aquí tenemos muchos problemas…
(Cornellá)
- Si es lo que decimos, no estamos en contra de ellos, lo que estamos en
contra, supongo yo, es en la masiva (entrada de inmigrantes). El
Gobierno, el Gobierno, tanto el Ayuntamiento como el Centro como lo que
sea, tendrían que haber regulado eso, lo tendrían que haber regulado.
Igual que lo que estabas comentando tú antes de haber ido a Alemania a
trabajar los españoles, eso fue regulado, eso cada uno que se iba de
aquí tenía un contrato en Alemania.
- No, no, no. No contemos a los españoles, cuando fueron a Alemania
fueron de una forma muy distinta y llegaron a aquel país con una forma
muy distinta a los que han venido aquí; (...) ni se pidió en el metro,
ni se robó, fueron todos a trabajar.
- De Marruecos, si se pusiera una regulación, podrían entrar todos los
que quisieran, tendrían su vivienda, porque incluso, no sé, si …,
recuerdo cuando, bueno recuerdo de comentarlo los padres y todo eso,
cuando iban a Francia, a Alemania, pues iban con un contrato, iban con
una vivienda adjudicada, con un alquiler; tenían sus viviendas, tenían,
a lo mejor eran cutres, que eran pequeñitas y… bueno pero iban…, y las
mujeres se quedaban aquí en España cuidando los críos y trabajando el
campo y todo esto. Más o menos que cojan la idea aquella, cuando los
españoles se fueron a Alemania y a Francia y que, y que la puedan poner
aquí. Emigrantes españoles están yendo cada año a Francia, a la
vendimia…
(Mataró)
- Yo creo que todo este tema no está bien controlado, no está bien
controlado y aquí pues llegan los emigrantes que quieren, se colocan
donde pueden y entonces pues claro yo creo que… a veces pues es un
tópico ¿no? que en todas las reuniones o… que ves por televisión que
hablan de estos temas y tal, pues comentan que en la época aquí en
España de hace 50 años, la gente cuando se iba fuera pues iba con sus
papeles, con su contrato de trabajo, con sus cosas, iban al país donde
fueran destinados y allí pues nada, se tenían que adaptar a las
costumbres, a los horarios, a las cosas y tal y no había ningún
problema.
Pero es que actualmente esto aquí no existe; yo creo que la gente de
aquí acepta a los emigrantes, yo creo que en general la gente no es
racista, en general ¿no? pero como la cosa está tan… descontrolada y de
tal manera, pues que llega un momento en que te sientes, puede ser
incómodo (...), que roban, que roban en las casas pero, pero bueno…
mucho, porque claro no tienen trabajo y tienen que comer, yo lo entiendo
pero, bueno, al que le roban, pues no lo entiende.
- Ni en Francia tampoco, es más, los emigrantes que ha habido en España,
hay mucho emigrante en España, que han ido a los países y han venido
ahora, han estado controlados desde el primer día. Y los países,
Alemania pues necesitaban en una fábrica 200 personas y decía: "España
¿puedes enviarme 200 contratos?" e iban los contratos y las personas
detrás. Esto quieren hacerlo aquí pero no lo hacen.
- (...) no sabemos ya los que han entrado, porque yo en una ocasión tuve
que regresar, no hace mucho, desde Andalucía y vine en tren, se me
ocurrió venir en tren, y venía el tren…, hubo una estación por allí
entre Córdoba y…, en fin que cogía un enlace de Gibraltar y lleno, el
tren, todos de ellos, de gente de color, gente de color, africanos, pues
todos se han quedado en España y si eso es cada día así, lo vi un día
esto, así está todo Barcelona y están todas las ciudades. Y es que no
están controlados para nada. Se les ha escapado de las manos.
En contra de la discriminación positiva
Los participantes en los grupos consideran injusta cualquier política
que otorgue beneficios especiales a los extranjeros, ya sea la deducción
temporal de impuestos para los nuevos negocios o las ventajas para
acceder a una vivienda de financiación pública. Pero no sólo están en
contra de esa discriminación positiva, lo que sin duda era previsible;
están también en contra de que los criterios que se utilizan para
asignar bienes públicos (por ejemplo, el acceso a una guardería pública,
o la obtención de un subsidio) acaben favoreciendo a los inmigrantes por
formar en la actualidad el grupo de menos ingresos en la población
total. La experiencia de los padres que no pueden llevar a su hijo al
colegio público que han elegido porque hay inmigrantes que puntúan más
que ellos y acceden a las plazas en su lugar, se interpreta como un
despojo de un derecho. No sería interpretado así si los beneficiados
hubieran sido españoles. Aquí laten dos cosas que no se dicen: por un
lado, la idea de que los inmigrantes no han contribuido con sus
impuestos a crear esos bienes públicos. Por otra, la de que no forman
parte de nuestra comunidad política y de nuestro Estado de bienestar,
son extranjeros, extraños, no pertenecen a esa red de solidaridad común
que forma un Estado. Los participantes en los grupos están a favor de
que los inmigrantes accedan a la educación y a la sanidad públicas, y
ello al margen de cual sea su estatus legal, pero nunca a cambio de que
algún español tenga que prescindir o vea dificultado su acceso a esos
bienes.
(S. Hipòlit)
- Oigo quejas en el bar de familias, que también lo necesitan, y quizá
no reciben tanta ayuda como los magrebíes y lo necesitan más. Son
familias del pueblo, que tienen 3 ó 4 hijos y van allí y a lo mejor no
tienen la misma ayuda que tienen los magrebíes. A lo mejor: el colegio,
el material escolar.
- Creo que en vez de tanta ayuda, por qué no les ayudan a buscar
trabajo. Yo soy hija de gente que vino a Catalunya y mi padre lo que
quería era trabajo. Claro, estamos hablando del año 58 y estas ayudas no
estaban. Mis padres se espabilaron y sacaron adelante a sus hijos. Creo
que está bien ayudar a estos magrebíes, pero quizá no los incentivan a
que busquen trabajo. Ellos lo han encontrado muy fácil "vamos a la
asistente (social) y ya lo tenemos todo solucionado".
- Por ejemplo, allí, los niños no van a las escuelas. Comer, lo justo.
Vienen aquí y ya tienen sanidad, colegios y comen sin trabajar.
(Raval)
- Y luego una persona normal y corriente, un charcutero, le inflan a
impuestos, le inflan a todo…
- Sí.
- Es diferente, me parece, con los impuestos.
- Tienen dos años exentos.
- Sí.
- …el autobús sin pagar. Y tú tienes que pagar. O si quieres un piso
tienes que pagarlo, y ellos no, ellos tienen derecho a todo.
- Sí.
- Porque lo tienen.
- Y hay 40.000 familias españolas hoy, y catalanas, que viven en la
miseria y han hecho los pisos nuevos y se los han dado a los moros. Hay
gente que está viviendo poco menos que en la miseria, en una casa de 40
metros.
- Exactamente.
- Y les han dado pisos a los árabes. No me lo explico tampoco.
- Además a mí me parece realmente un lujo, tal como están los alquileres
en este país y la política social que se lleva, que no hay pisos de
alquiler ni siquiera para los de aquí, entonces lo que no puedes
pretender es realojar a gente que está empezando a llegar cuando aquí
hay todavía un montón de gente en lista de espera. Y no es que tengan
más derechos, yo creo que derechos tienen los mismos, lo que ocurre es
que o bien se incrementan estos pisos o bien seguirán pagando ellos las
últimas consecuencias porque son los últimos en llegar. Y es injusto,
pero también es injusto que aquí haya gente con 30 años que lleve 8 años
esperando a que le den un piso. O sea también es injusto ¿no?
- Bueno, yo estuve el otro día en un sitio oficial, que fui a ver si me
concedían una paga, que no cobro nada, y cuando fui allí estaba así de
gente extranjera, y todos pueden cobrar, en cambio yo no. A ver, a ellos
les dan una hoja, como a mí, que pone si no tienes casa donde vivir, si
no cobras una paga, si no tienes nadie que te mantenga, cobrarás una
paga que se llama "la no contributiva", a ellos se la pagarán, y en
cambio yo no la puedo cobrar porque mi marido cobra 75 mil pesetas por
jubilación, y no me corresponde.
(Mataró)
- Pero es que en Premiá, a ver, a mí me indigna un poco porque yo tengo
una sobrina que quería ir a un colegio público, por ejemplo, y estaba el
cupo… a tope, porque bueno decían que no…, que no podía porque tenía
unos ingresos superiores a no sé qué, y era todo, toda la clase de niños
negritos, moritos y tal, y esto claro, no puedo acceder a un colegio
público…
Y esto indignó bastante a la familia. A ver, yo estoy pagando mis
impuestos también, o sea… y no tengo un sueldazo, pero quiero llevar a
mi niña a este colegio y no puedo. Fue bastante sonado en la familia.
- En cuanto a los colegios, tampoco encuentro mal que tengan plazas en
los colegios, porque la base, la base de que se integren es la
educación.
- No, pero en este caso el colegio ha demostrado ser racista con los
blancos, no con los negros, ¿entiende lo que le digo?
- Que ayuden a todo el mundo, comenzando también por los de aquí. Yo no
soy racista…Conozco casos de gente catalana, de aquí, que, que están
casi discriminados (…) que tenga los mismos derechos todo el mundo, los
de aquí también.
- Pero me refiero que es muy fuerte que te denieguen una ayuda por no
ser marroquí. Yo no tengo nada en contra de que le den un plato de
arroz, un kilo, lo que sea, yo estoy encantada, yo siempre doy en el
Domund, comida o lo que sea, pero yo lo que no me gusta es el racismo ni
con los blancos ni con los negros. O sea ni con los blancos ni con los
negros.
- Con el matiz de que les hemos de ayudar, bueno sí, ¿por qué no?, pero
lo mismo que a la gente de aquí también se la ha de ayudar y lo mismo
que la gente de aquí cumple normas, paga impuestos, que ellos lo hagan,
no que vayan, se ponen en cualquier sitio, 10 personas delante, y pasan
o vayan a una tienda y…
(Cornellá)
- Yo digo una cosa que sé de Cornellá, (…) comerciales que hay de Todo a
Cien, todos los comercios que hay a Todo a Cien, regentados por
emigrantes, el Ayuntamiento les regala durante 6 meses todos los
impuestos.(...). He escuchado ¿eh? tampoco te lo puedo decir, lo he
escuchado de que les regalan, ehhh, lo que es todo el tipo de impuestos,
abren el comercio y al cabo de los seis meses tienen que empezar a
cotizar. ¿Pero qué hacen ellos? cambio de familia. Cierran el comercio y
se mete, aunque sea de la misma familia, entra otro, con el mismo
comercio.
Eso lo podríamos hacer nosotros. Yo no recrimino, ¿se quieren integrar?
Yo se lo permito, ahora, mi caso, tenía que ir al Ayuntamiento y
decirles: "Oye, por qué a mí no me regalas el impuesto, o por lo menos
una parte del impuesto?" porque en mi comercio se paga la tira.
- Se paga la tira, sí. Pero bastante.
- En cambio a ellos se les regala; durante cierto tiempo, vale, se les
regala, y eso (…) Entrevistadora: ¿Cómo veis esto?
- Sí, yo veo que…
- Si se hacen pisos de alquiler o… o con muchas ayudas también se pueden
alzar voces de gente que tiene un hijo con veintitantos años en casa,
que está cobrando 60, 80 mil pelas en cualquier sitio y que no puede
salir de casa porque no, porque no le llega para pagar un alquiler.
- Porque un piso vale dieciocho millones y a ellos se lo van a dar por
cuánto, ¿por 4 millones, por 5? Es normal, es que es algo que se va a
quejar la gente.
El inmigrante como hecho económico
Como han mostrado las encuestas para la población española en general,
cada vez es más fuerte la conciencia de que los inmigrantes no "quitan"
trabajo a los españoles sino que desempeñan los trabajos que éstos no
quieren hacer. En este terreno, el del inmigrante como trabajador por
cuenta ajena, aparecen pocos reproches a los extranjeros. En general se
habla de ellos como buenos trabajadores, cumplidores y eficaces.
Pero también hay algunos participantes en los grupos que creen que los
inmigrantes son responsables de un descenso de los salarios en ciertos
trabajos y que los españoles que están en paro podrían realizar esos
trabajos si no fuera porque la presencia de los inmigrantes ha hecho
descender demasiado el salario que se paga por ellos, hasta un punto que
resulta inaceptable para los españoles. Esta es una percepción
minoritaria, como muestran también las encuestas a la población general.
En otro terreno, como autónomo o empresario del comercio (es el caso de
los paquistaníes o los chinos), el inmigrante se convierte en un
competidor del comercio local, dispuesto a trabajar muchas más horas que
el comerciante catalán o que sus empleados. Es además un competidor
desleal porque no respeta la regulación de horarios comerciales y
porque, según se cree en los grupos, elude la ley para no pagar
impuestos. El hecho de que estos inmigrantes "trabajen demasiado" se
considera fuente de posibles conflictos porque obligaría a los
comerciantes locales, para sobrevivir a esta competencia, a hacer lo
mismo.
Otro reproche de cierto peso a los inmigrantes, dirigido a los
marroquíes y paquistaníes, es el de que gastan lo mínimo en Cataluña y
no invierten nada. El dinero de los paquistaníes, tal y como se dice en
los grupos y confirma la entrevista con un paquistaní, no pasa por el
sistema bancario español. Se presta o se deposita en manos de
compatriotas.
(S. Hipòlit)
- Otra de las peculiaridades de esta gente es que el dinero que hacen,
lo guardan, no se lo gastan aquí. El dinero se va a Marruecos. No nos
dan ni un poco de vida a la región española y esto lo veo muy mal.
- Muchos de los magrebíes que hay aquí, están casados, tienen la mujer
allí y los niños allí. Éstos son los primeros que envían el dinero allí.
Los que tienen la familia aquí, no creo que envíen dinero, a no ser que
tengan algún hermano pequeño o algún familiar.
(Raval)
- También lo que pasa es que ellos tienen muchos menos gastos que los
españoles, porque ellos no gastan, son paquistaníes que viven, por
ejemplo, que vive con 30 mil pesetas al mes, el resto es ganancia, y yo
no vivo con menos de 100, 120 mil.
- Claro, es que esta gente tiene también los horarios muy amplios, están
todo el día trabajando, los precios son más altos, y cuando vas a
comprar a estas tiendas es pues eso, es a horas intempestivas porque
nunca vas, porque normalmente los precios son más altos, y entonces eso
un comercio normal no lo hace.
- Es que solo con el ejemplo que yo he puesto del dinero, o sea yo sé
porque conozco casos que si les hace falta X dinero, millones, en dos
días los consiguen, en un día, ellos no meten al banco o intentan no… no
se fían de los bancos.(paquistaníes)
- Es que es dinero que canta en el banco.
- O, simplemente porque… por cultura, por cultura no se fían de los
bancos, y se prestan entre ellos. Y tienen la confianza, entre ellos, de
decir: "Bueno, toma 500 millones, tanto" pero porque cumplen también.
Porque ya, porque a lo mejor se lo presta al familiar o se lo ha
presentado el otro…
- Porque el español ya no está preparado para pelear, o sea yo no estoy
preparado para abrir una tienda delante de un paquistaní y hacerle la
competencia, me va a fundir.
- En Europa se busca calidad de vida, o sea se busca eso, y choca con
esta gente porque esta gente, por ejemplo los paquis en los comercios
abren 70 horas a la semana, fácilmente.
(Cornellá)
Entrevistadora: ¿Y qué se debería de haber hecho, qué…?
- Un control más riguroso. Más fuerte de lo que hay. Nada más, es que no
hay, es que no hay otra cosa. Porque si es que hay trabajo, lógicamente,
piensa en una cosa, que mucho trabajo que está haciendo el emigrante no
hemos querido hacerlo ya nosotros, nos hemos vuelto un poquito, un
poquito finos ¿eh? porque esto del campo y todo eso, no hay español que
ya quiera estar de sol a sol ¿eh?
- Claro.
- Y lo hacen ellos ¿eh? y lo hacen ellos, porque nosotros no hemos
querido hacerlo, y nos estamos quejando que no tenemos, que hay algunas
familias que están parados los hijos, pero es porque no queremos hacer
ese trabajo.
- Sí, no, no
- Cuidado ¿eh? y están haciendo trabajos muy duros que tú no quieres
hacer.
(Mataró)
- Quizá rompo una lanza a favor también de la inmigración, yo tengo una
muchacha que me ayuda en los trabajos de la casa y es marroquí, y es una
chica tan buena, tan buena, y de tanta confianza, hace 8 años que la
tengo, 8 años, mi casa está abierta, los armarios, los cajones, el
joyero, todo está abierto en mi casa y no me ha faltado nunca nada. Es
cumplidora, no mira las horas, o sea que yo rompo una lanza a favor de
algunos, porque en todas partes hay gente buena, trabajadora y gente
pues que no, que no lo son.
- Pero es que hay cosas que son muy importante, tú ten en cuenta que
aquí hay gente de aquí que no tiene trabajo…
- Sí, sí, sí.
- Y en cambio gente extranjera que tiene trabajo, y eso no es normal.
- Hombre, si esa gente extranjera tiene aptitudes para, para…
- No, no tiene aptitudes, lo que pasa que tú por 4 duros no trabajarás y
entonces ellos sí que trabajan por 4 duros, y ya estamos liados otra
vez.
- Pero esa persona quiere comer.
- Bueno, y tú también quieres comer, lo que pasa que tú lo que no vas a
hacer es estarte 8 horas ganando 50 mil pesetas, y ellos sí que lo están
y por menos.
- De todas formas hablemos bien de ellos, la persona que conoce a un
negro, yo he tenido contratados, y mientras los tienes trabajando, me
han hecho incluso una piscina (…), y son fabulosos, cuando tienen
trabajo y se defienden la vida, yo no tengo nada en contra, si yo lo que
quiero decir es sobre las personas que no conoces, las personas que
están incontroladas, las personas que están por la calle y tienen que
comer; esto hay que controlarlo. Pero una persona, tú la pones a
trabajar, un negro, y entonces nunca se te irá de casa, para mí creo que
son bastante serios, bastante formales, trabajadores también, y hábiles.
Entrevistadora: ¿usted ha contratado emigrantes?
- Yo en temporada de verano, (…) con incendios, pues tengo chicos así,
controlados, trabajando y yo no tengo ninguna queja de nada. O sea
personalmente los que conoces son personas que, encantados, pero claro
el que no conoces, que está por la calle y que no tiene trabajo y que
tiene que comer, esto es lo que hay que controlar, esto es lo que hay
que controlar. Es una economía para el país bárbara el que vengan
extranjeros, porque todos los extranjeros que vienen son gente joven y
gente que puede trabajar, no vienen viejos, los que somos un problema
vamos a ser los viejos que vamos a estar cobrando todos, mientras
podamos, y eso sí es una ruina para el país, pero esta gente joven que
vienen, si tienen trabajo, si tienen trabajo...
La convivencia vista por los inmigrantes
Como se ha dicho en la Introducción, dentro de este pequeño estudio
piloto se han realizado cinco entrevistas en profundidad a inmigrantes:
dos marroquíes, un paquistaní, un colombiano y un senegalés, todos ellos
residentes en Barcelona capital o en Mataró. Se trata de "informadores
cualificados", es decir, personas que por su posición, su tiempo de
permanencia en España y su relación con sus conacionales, pueden
proporcionar información útil sobre la convivencia de éstos con los
españoles.
Dado el pequeño número de entrevistas, las conclusiones de esta parte
del estudio deben ser tomadas con la máxima cautela pero, en cualquier
caso, son interesantes y ofrecen orientación para un investigación, sin
duda necesaria, de mayor calado.
Los inmigrantes son conscientes de que la comunicación con los
autóctonos es escasa y algunos aceptan que son en parte responables de
esta carencia por su tendencia a refugiarse en el grupo de sus
compatriotas. Los marroquíes son más renuentes a aceptar esto y tienden
a afirmar que son los españoles los que se retraen porque "nos miran
mal" o "nos tienen miedo". Parecen conscientes de que existe un cierto
rechazo a su presencia, una conscienca que los sucesos de El Ejido
probablemente han afianzado.
Es posible que las comunidades más pequeñas, es decir aquellas que
tienen aquí menos inmigrantes, sean las más propensas a buscar la
relación social con los autóctonos, aunque sólo sea porque es menor el
grupo de compatriotas. Es el caso del senegalés entrevistado, el que
mejores relaciones afirmaba tener con los españoles. Como señalan la
mayoría, la relación con los españoles se produce principalmente en el
lugar de trabajo aunque no suele convertirse en amistad fuera de él.
Un aspecto común entre los entrevistados es la confianza en que la
integración de los inmigrantes en la sociedad catalana mejore en el
futuro y la opinión de que ya ahora es mejor que hace unos años. Buena
parte de las expectativas positivas están puestas en el sistema
educativo y en el mero paso del tiempo que, confían, hará que los hijos
de estos inmigrantes tengan una formación similar a la de los españoles,
convivan con ellos desde la infancia y establezcan relaciones de
amistad. Sin embargo, hay un matiz importante de diferencia entre los
entrevistados: mientras que el senegalés y el colombiano imaginan que en
ese futuro estarán viviendo aquí "como uno más", es decir,
indistinguibles a no ser por sus rasgos físicos, los dos marroquíes y el
paquistaní entrevistados imaginan que el Islam seguirá guiando sus vidas
y definiendo sus costumbres, del mismo modo que lo hace ahora. "Podemos
aceptar la cultura española, pero sólo hasta cierto punto", dice el
paquistaní. Ambos marroquíes opinan que sus mujeres llevarán en el
futuro el velo tanto o más que ahora, y los tres musulmanes descartan
que se puedan producir matrimonios mixtos en los que la mujer sea
musulmana y sólo imaginan matrimonios mixtos en los que el hombre sea
musulmán si previamente ella se convierte al Islam.
En cuanto a uno de los principales motivos de queja de los autóctonos
frente a los inmigrantes, el de la delincuencia y el gamberrismo, los
inmigrantes señalan que ellos son los primeros perjudicados por los
actos que cometen unos pocos y que son las autoridades policiales y
judiciales, y en definitiva el sistema jurídico español, los que
deberían evitar esto y los que no están siendo eficaces. Dos de los
entrevistados culpaban a su vez a los marroquíes como responsables de
esa delincuencia y gamberrismo que afecta a la imagen de todos los
demás. Se critica también a los medios de comunicación por resaltar los
casos en los que los delincuentes son inmigrantes.
Como dice uno de los marroquíes entrevistados "...creo que la solución
está en manos del poder judicial y del gobierno. A la persona que no se
comporta lo lógico es que se la castigue, que sea un ejemplo para los
demás y que no se tome con esta ligereza, y esto tanto para los
nacionales como los no nacionales, y esto nos afecta más a nosotros,
porque el peso de la información cae sobre el que es ajeno. A lo mejor a
un nacional la sociedad le perdonaría, amparándose en cualquier fenómeno
social. Marginación, drogas, le buscan miles de pretextos para que tenga
otras vías ¡De esto se tienen que beneficiar tanto los nacionales, como
los no nacionales! Y no se tiene que enfocar la cámara sobre la
inmigración..."
El ruido, que es otra de las quejas frecuentes de los vecinos frente a
los inmigrantes, es explicado por éstos por la procedencia rural de la
mayoría de los inmigrantes, no habituados a vivir en bloques de pisos y
a respetar las normas de convivencia que el bloque impone. Por otra
parte a los inmigrantes les causa extañeza la apreciación de los
autóctonos de que "forman grupos" en calles y plazas e imaginan que no
hacen nada diferente a lo que hacen los españoles.
El "escaneo" de las mujeres por los musulmanes, para utilizar un término
usado en una de las reuniones, es reconocido por el paquistaní
entrevistado pero no por los marroquíes, aunque uno de ellos,
propietario de un bar frecuentado por sus compatriotas, reconoce que no
quiere que en él entren mujeres "`porque producen problemas con los
marroquíes".
Los tres musulmanes (marroquíes y paquistaní) aseguran trabajar más que
los españoles y, sobre todo, ahorrar mucho más. Como dice el paquistaní
"Somos como prisioneros: faena, casa, faena, casa, mezquita, faena. No
queremos gastar dinero". En palabras de uno de los marroquíes: "...la
gente marroqui de aquí, la mayoría es trabajadora, se levanta a las 5 de
la mañana, y los españoles gastan dinero en otras cosas , en las
juergas, los bares, las máquinas, los juegos, los marroquíes no gastan
su dinero, no hacen estas tonterías, hacen otras cosas. Comprar casas,
comprar pisos, cualquier cosa ... cuando pasan 4 o 5 años los marroquíes
tienen dos pisos, un coche nuevo, al español no le gusta nada, porque el
marroquí trabaja y tiene cosas, el español no, trabaja, cobra el viernes
y el lunes ya no tiene nada"
Por otra parte, el paquistaní reconoce que el dinero de los negocios de
sus compatriotas no pasa por el sistema bancario español.
Todos los entrevistados opinan, cuando se les pregunta qué se puede
hacer para mejorar sus relaciones con los autóctonos, que es necesario
mejorar la comunicación y las ocasiones de contacto y relación social
entre ambos grupos y creen que esta tarea debería ser emprendida por las
instituciones locales.
Conclusiones
La concentración física de inmigrantes en ciertos barrios causa
conflictos de relación y convivencia con los vecinos autóctonos. A
algunos esta conclusión les parecerá una obviedad y otros, o quizá los
mismos, verán en ella una afirmación sesgada que se pliega a las
reacciones "irracionales" o "racistas" de algunos vecinos. Pero el
objetivo de este estudio ha sido indagar en la naturaleza de esa
convivencia entre autóctonos e inmigrantes y, por tanto, esta
conclusión, que puede deducir cualquiera que escuche las grabaciones de
las reuniones de grupo realizadas, no puede dejar de mencionarse. Y de
esta conclusión se extrae otra: que desde los poderes públicos debería
hacerse lo posible para evitar esas concentraciones. Ello implica hablar
de política de vivienda (no para los inmigrantes, sino para todos), algo
hoy inexistente.
Hay que resaltar que esta conclusión no se refiere a la convivencia
entre autóctonos e inmigrantes en cualquier circunstancia, sino
únicamente a aquella que se produce en zonas donde los inmigrantes
superan un cierto porcentaje, imposible de definir con precisión.
Nadie en los grupos aceptaría que se le tildara de racista o xenófobo
por las expresiones que aquí se han recogido. Esto puede parecer a algún
lector una mera demostración de cinismo. Sin embargo, hay que contemplar
el asunto desde otro ángulo: Esas protestas de "yo no soy racista"
indican que ha calado muy profundamente en la sociedad española la idea
de que no se puede ser racista, de que el racismo es intrínsecamente
malo y repudiable, del mismo modo que muy pocas personas aceptarían ser
tildadas hoy en día de "nazis" o "fascistas". Sin duda ello no evita que
existan muchos individuos autoritarios, pero sí que sea imaginable un
movimiento político de éxito que se base en la filosofía nazi o
fascista. Del mismo modo, el rechazo a la etiqueta "racista" y
"xenófoba" disminuye enormente las posibilidades en España de un partido
del tipo del Frente Nacional de Le Pen en Francia. En definitiva, en vez
de ver en estas declaraciones de "no soy racista" únicamente la
expresión de una incongruencia (la del que dice que no es racista pero
tiene miedo de los negros por su color), hay que señalar su carácter
positivo. Basta con imaginar qué ocurriría si todas estas personas
pasaran a autoconsiderarse racistas y xenófobas y lo hicieran con la
misma naturalidad y ausencia de culpa con que ahora expresan su temor o
su reticencia frente a algunos inmigrantes.
La concentración de inmigrantes produce entre los vecinos una sensación
desagradable de invasión, de pérdida de dominio de un espacio que ha
pasado a ser ocupado por otros, y crea temor, en buena parte irracional
o primitivo y en otra pequeña parte alimentado por las noticias sobre
actos de delincuencia cometidos por inmigrantes. La convivencia física
con los inmigrantes, especialmente con los que habitan en pisos
hacinados, causa algunos problemas relacionados esencialmente con el
ruido: la mayoría de éstos proceden de zonas rurales y de viviendas
unifamiliares, no están acostumbrados a convivir en bloques de pisos y
usan con frecuencia un tono de voz más alto que los autóctonos o
escuchan música a un volumen superior al aceptable por sus vecinos. La
procedencia rural y de sociedades menos formalizadas que la nuestra
puede ser también la causa de las dificultades que experimentan algunos
grupos de inmigrantes para entender (o aceptar) las normas de
convivencia no escritas en la sociedad de acogida.
Inmigrantes y autóctonos viven juntos pero aislados. La comunicación
entre ambos es mínima, tanto por la tendencia de los inmigrantes a
relacionarse con sus co-nacionales, a lo que hay que añadir obviamente
los problemas del desconocimiento del castellano o catalán, como por el
temor o la desconfianza de los autóctonos. Una de las peores
consecuencias de esta falta de comunicación es la dificultad para
resolver los problemas de convivencia.
Es difícil hacer cualquier generalización sobre la convivencia entre
autóctonos e inmigrantes en los barrios y pueblos de Barcelona sin tener
en cuenta de inmediato las diferentes relaciones que se establecen con
los distintos tipos de inmigrantes. Es indudable que la convivencia es
peor y las relaciones son más difíciles con los inmigrantes de origen
marroquí, los cuales, por otra parte, constituyen el grueso de la
inmigración tanto en España en conjunto como en las zonas de estudio,
especialmente en Sant Hipòlit y Rocafonda. Y habría que precisar más: no
se trata de los marroquíes en general, sino de sus adolescentes, un
concepto lato que podría abarcar desde los 12 a los 20 años. Estos
adolescentes son los responsables, en una gran parte, de la mala imagen
y el temor que suscitan los marroquies, no sólo entre la población
autóctona, sino también entre los demás inmigrantes. Es claro también
que la preeminencia en su vida social de la religión musulmana -y los
signos exteriores de ésta, como el pañuelo de las mujeres- no contribuye
nada a facilitar su integración en la sociedad que los acoge, pero este
es un asunto secundario al lado del gamberrismo o delincuencia menor de
numerosos adolescentes marroquíes.
Los vecinos autóctonos desean la integración de los inmigrantes y se la
imaginan como fruto futuro, a largo plazo, del sistema educativo y del
crecimiento en la sociedad catalana de los hijos de estos inmigrantes de
hoy. En esta expectativa coinciden con los inmigrantes que imaginan que
sus hijos tendrán amigos españoles, nacidos de su relación en los
colegios, y "se integrarán". Pero el significado de esta expresión, "la
integración", es ligeramente diferente para los españoles y para los
inmigrantes musulmanes. Mientras que para los primeros la integración
equivale a la asimilación, es decir, a la adquisición por los
inmigrantes de las costumbres y formas exteriores de los españoles, los
musulmanes (marroquíes y paquistaníes) entienden la integración como
mejoría de la convivencia manteniendo a la vez sus rasgos culturales
diferentes, incluido uno de los más llamativos y rechazados por la
sociedad de acogida, el pañuelo de lasmujeres. El mejor indicador de
integración, la aparición de matrimonios mixtos, es contemplado por los
musulmanes como algo casi imposible si se trata de mujeres musulmanas
con hombres que no lo sean, y, en el caso contrario, suele conllevar la
conversión de la mujer española al Islam. Esta preeminencia del hecho
religioso entre marroquíes y paquistaníes dificulta de forma importante
sus perspectivas de integración. Entre los inmigrantes de otras
procedencias la aceptación de un horizonte futuro de porosidad cultural
es mucho mayor, incluidos los africanos subsaharianos, muchos de los
cuales son musulmanes, aunque en gran medida "no practicantes", y para
los que la religión parece tener menor influencia en su vida social.
Los inmigrantes no son aún vistos por los españoles como ciudadanos con
iguales derechos en su relación con el gasto público. A pesar de que,
aparentemente, los autóctonos están a favor de conceder a los
inmigrantes los derechos al uso de la sanidad, la educación, el sistema
de pensiones o subsidios, etc., en las mismas condiciones que los
españoles, en realidad hay detrás de esta actitud un condicional
implícito: que accedan a estos bienes, pero sólo si ello no significa
que algún español deba dejar de recibirlos. En el fondo aquí late una
concepción que sitúa al inmigrante fuera de la comunidad de solidaridad
básica que forma un Estado.
La aparición de la inmigración como fenómeno masivo ha creado un nuevo
sustrato de pobres, con el efecto estadístico de haber colocado a las
personas anteriormente en el escalón más bajo, en uno superior. Estas
personas que antes podían recibir ciertos bienes (por ejemplo, acceder
al colegio público que han elegido) se ven ahora con frecuencia
desplazadas porque los baremos utilizados "premian" la pobreza, en la
cual los inmigrantes puntúan más alto. No se trata de casos
excepcionales: es un fenómeno común en los barrios con muchos
inmigrantes. Esta aparición de los nuevos pobres crea un conflicto de
intereses con los que ocupaban antes ese escalón inferior.
Como puede deducirse de lo anterior, los vecinos de los grupos de
discusión están en contra de cualquier forma de discriminación positiva
que conceda al inmigrante algo que no se ofrezca igualmente al
autóctono.
Pero están también en contra de que los baremos utilizados para todos
terminen beneficiando a los inmigrantes por ser los de menores recursos.
Aparecen en las reuniones de grupo unas voces discordantes que destacan
por su separación del discurso mayoritario: son personas jóvenes, de
menos de 25 años, estudiantes universitarios. Su actitud hacia los
inmigrantes es mucho más favorable que la de los adultos, y los propios
inmigrantes reconocen que sus relaciones son mejores con los jóvenes
autóctonos que con los adultos. Sin embargo resulta imposible por ahora
establecer con certeza si sus actitudes están ligadas a su juventud, es
decir, si desaparecerán cuando se conviertan en adultos, del mismo modo
que suelen desaparecer o atemperarse con la edad muchos otros rasgos de
disconformidad con el ambiente, o si, por el contrario, se trata de un
cambio más profundo y las nuevas generaciones, por otra parte con un
mayor nivel educativo, van a afrontar su convivencia con los inmigrantes
de otro modo.
Carmen González Enriquez - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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