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Una de las consecuencias de las grandes concentraciones humanas es la
gran producción de residuos domésticos en un espacio de dimensiones
reducidas , cuya gestión en el futuro será fundamental para un
desarrollo sostenible de la Humanidad.
Durante los años 60 se inició en nuestro país un desbloqueo de un
sistema de economía autárquico penetrando de Europa sistemas de
producción más competitivos y tecnológicamente más desarrollados.
Se inició entonces una industrialización feroz sin correcciones medioambientales, y nuestro país se incorporó al gran mercado del consumismo como piedra angular del sistema económico europeo.
Estos factores han hecho que se modifiquen, en cuestión de 20
años nuestros hábitos de consumo, influyendo de manera decisiva en la
cantidad y calidad de la basura producida en los hogares españoles.
Concretamente en el área metropolitana de Barcelona, donde viven casi 3
millones de ciudadanos y ocupan una superficie de casi 600 Km2, se ha
producido un aumento de la producción de basuras espectacular,
especialmente a partir de la segunda mitad de la década de los años 80,
incrementándose, en un período de 7 años, el 50% las toneladas
producidas por año, hasta llegar a la actualidad en la que producimos,
en el año 1996, 1.290.000 de toneladas de residuos.
Si además tenemos en cuenta que se ha producido una disminución
de población en éste ámbito, deduciremos que la producción por cápita se
ha disparado todavía más, llegando a ser de 1,2 Kg por persona y día.
Este incremento se debe a un sinfín de factores que se complementan,
todos ellos derivados de un sistema de producción cuyo principal motor
es el libre mercado.
Sin ninguna duda uno de los principales elementos que han motivado tal generación de residuos se debe al incremento del poder adquisitivo de los ciudadanos que ha comportado mayores espectativas de consumo.
Los avances tecnológicos que han mejorado los sistemas de
higienización y envasado de los alimentos, así como las capacidades de
comercialización y marqueting de los productos y la internacionalización
de la economía productiva, han modificado progresivamente los hábitos de
consumo de los ciudadanos mayoritariamente de los paises desarrollados,
considerando este hábito como un valor intrínseco del sistema económico.
Uno de los principales causantes de este incremento de residuos es la
proliferación tan extraordinaria de envoltorios que recubren los
productos adquiridos.
Pero también al sistema de comercialización de los mismos, que bajo una normativa sanitaria más exigente ha obligado a usar el envase como elemento protector e higiénico, aunque posteriormente se ha abusado de él, formando parte del propio sistema de marqueting y de promoción del contenido, más que de su protección.
En ocasiones se vende más por el impacto que produce en el mercado un
buen envase que no por la propia calidad del producto que contiene.
De hecho el 60% aproximado del volumen de los residuos domésticos que
producimos son envases y envoltorios que muchos de ellos son no
retornables y que irremediablemente van a la basura.
¿Qué ha ocurrido en realidad dentro de las casas para que se dispare
tanto la producción de basura diaria? De hecho, las formas de vida se
han ido modificando de tal manera que hoy día no se consume de la misma
manera que algunos años atrás.
En primer lugar se ha modificado la estructura familiar y el papel de
cada uno de sus miembros.
Las unidades familiares se han visto reducidas en número, por reducirse el número de hijos así como por reducirse el número de generaciones conviviendo en una misma casa; se ha producido paulatinamente la incorporación de la mujer al trabajo; han comenzado a proliferar las segundas residencies y se ha disparado el fenómeno del turismo.
Hemos pasado en pocos años de hacer la compra diaria al detalle y a
granel a comprar de manera periódica, en mayor cantidad y envasada.
El mercado se ha adaptado a esta nueva situación de manera simultánea
irrumpiendo con fuerza las grandes superficies comerciales y los
supermercados donde, en un período de tiempo aparentemente menor y en un
solo establecimiento, realizamos toda la compra semanal o mensual.
Estas grandes superfícies acaban concentrándose en zonas donde el precio del suelo es menor, con una buena comunicación y además equidistantes de áreas territoriales densamente pobladas, aumentando y distribuyendo mejor su área de influencia.
El atractivo de estas grandes superficies es que el consumidor tiene a la vista toda una extensa gama de productos muy variados dando la posibilidad de escoger a placer, todo ello estimulado por las grandes campañas de promoción del producto en los grandes medios de comunicación.
Además disponen de precios aparentemente más económicos debido a que usan sistemas de compra al por mayor, no tienen stocks y disminuyen los costos laborales mediante la reducción y no cualificación de la mano de obra.
Un atractivo más son los servicios complementarios con que se dotan estas áreas comerciales, suministrando zonas lúdicas y de ocio especialmente para jóvenes que son los principales consumidores.
Evidentemente que el tipo de compra que se realiza y la
ubicación alejada de las zonas urbanas obliga a los usuarios a
desplazarse en vehículo propio, perdiéndose el carácter de relación
social que constituía efectuar la compra diaria en el mercado del barrio
o en el comercio próximo.
Todo este entramado de comercialización y consumo de bienes es en parte
la causa de la proliferación de envases de un solo uso, de manera que en
algunos casos resulta difícil sustraerse a ellos, siendo con todo
conscientes de ello.
Los residuos y la insostenibilidad
Evidentemente que desde un punto de vista comercial, en el sentido más
monetarista y desarrollista del término, éste es un sistema mucho más
"rentable", pero en términos de sostenibilidad esto es totalmente
"insostenible".
Los costos medioambientales de tener que disponer y tratar
convenientemente unos residuos cada vez más cuantiosos y el consumo de
importantes fuentes energéticas tanto en su generación como en su
transporte, son elementos a tener en cuenta en el momento de hacer el
balance económico de los productos dispuestos en el mercado y de sus
envases.
El solo hecho de "usar y tirar" constituye un despilfarro de recursos
tanto energéticos como de materias primas que entra en contradicción con
la finitud de los mismos en un planeta que es también finito.
Querer hacer extensivo a toda la población mundial este sistema de consumo acuñado por el mundo occidental, basado en el constante "crecimiento",
en el menosprecio a las fuentes y sumideros energéticos y en el
consumo indiscriminado de materias primas, es conducir a la humanidad a
un deterioro medioambiental y a un agotamiento no renovable de recursos,
difícilmente compatible con la voluntad de permanecer durante
generaciones poblando este planeta con unas condiciones de habitabilidad
dignas.
Ahora bien, una sociedad que mira hacia su propio futuro ha de empezar a
saber discriminar entre diferentes tipos de crecimiento y priorizar
aquellos desarrollos esencialmente cualitativos.
En este marco de discusión es muy natural que la solidaridad
distributiva de los recursos se imponga obligando a desaparecer las
actuales fórmulas de desigualdad.
En términos de sostenibilidad, una sociedad humana no puede ser inculta, ni insolidaria, ni poco evolucionada tecnológicamente; no pueden coexistir bolsas de pobreza con colectivos nadando en la opulencia, no es posible ni moral ni prácticamente.
Todavía estamos a tiempo para realizar una transición hacia la
sostenibilidad, tenemos suficientes conocimientos y capacidades como
para hacerlo consolidando entornos y procesos sostenibles de una manera
prudente sin precipitación y dando tiempo para la adaptación a las
personas y a las empresas, pero hay que tener la voluntad de hacerlo.
Los residuos como un recurso
En el terreno de los residuos domésticos un primer paso que hay que dar
es modificar la concepción que tenemos de ellos, que hasta ahora han
estado considerados un material a desprenderse de él pero ahora hay que
considerarlo como un recurso.
Bajo este concepto, y considerando que el desarrollo hay que concebirlo
como un proceso en espiral, -los procesos están en un mismo contorno
pero se encuentran en un nivel superior con más complejidad y más
interrelación-, el principal mecanismo para considerar que los residuos
son un recurso es reduciendo su producción, básicamente mediante dos
procesos, disminuir su producción y disminuir su consumo.
Resulta evidente que para conseguir el primero hay que estimular e
involucrar a los industriales productores responsabilizándolos del coste
y de la gestión de sus residuos, aumentando a su vez la eficiencia
productiva, pero en cambio el segundo tiene una doble vertiente,
por una parte hay que estimular el compromiso del productor hacia la sostenibilidad a fin de disminuir la agresión de las campañas publicitarias que estimulan el consumo y sustituirlo por campañas de información y de buenas prácticas dirigidas a los consumidores,
y al mismo tiempo hay que difundir buenas campañas de
sensibilización y educación ambiental dirigidas a toda la población para
ir avanzando hacia el objetivo de generar menos basuras.
Mientras tanto hay muchos recursos todavía aprovechables en la
composición de las basuras que obligan a desarrollar sistemas de
reutilización y reciclaje para cada una de sus fracciones.
En este marco como telón de fondo hay que reflexionar muy
profundamente sobre cual es el mejor sistema que puede contribuir a
obtener mejores resultados de reutilización.
A propósito de la elaboración del Programa Metropolitano de Gestión de
Residuos Municipales (PMGRM) de la Entitat del Medi Ambient, en el área
metropolitana de Barcelona se analizaron diferentes experiencias de
ciudades del mundo occidental y ámbitos metropolitanos significativos,
y la conclusión fue que para los residuos inorgánicos (básicamente envases ligeros, cartón y vidrio) aquellos sistemas que apelan a la conciencia económica son mucho más eficientes que aquellos que apelan a la conciencia ecológica.
Es decir, que aquellos sistemas que usan el modelo de usar un depósito o consigna para cada envase, a recuperar en el momento de su devolución, son mucho más efectivos ya que se basan en el valor económico de las cosas, cuestión mucho más "tangible" para todos nosotros.
Además se potencia los envases retornables, y se disminuye la
cantidad de contenedores en las calles que tanto impacto visual
producen.
Con la reciente aprobación de la ley sobre envases y residuos de envases
(LERE, abril de 1997) se ha perdido una buena oportunidad para favorecer
unos índices de reciclaje verdaderamente importantes.
La ley da la oportunidad a los productores de envases a constituir el "sistema integrado" de gestión, sistema que está basado en el reciclaje a partir de la recogida de los envases que los ciudadanos irán depositando en los contenedores dispuestos en la vía pública.
Con este sistema se apela a la voluntad de los ciudadanos a reciclar y tener que llevar los envases al contenedor específico, con este sistema se apela a la conciencia y voluntad ecológica de cada uno de los ciudadanos, actuando el convencimiento moral pero no el económico.
De todos los sistemas conocidos, este último, el económico, resulta
ser el más convincente y efectivo.
Otra conclusión de los estudios citados fue que los sistemas que
incorporan elementos que aproximan el contenedor al ciudadano y que
permiten que el hecho de usarlo constituya a medio plazo un
comportamiento habitual, son también más eficientes,
pero incluso utilizando grandes recursos para sensibilizar y
concienciar a la población de la necesidad de reciclar, los porcentajes
de reciclado son limitados en comparación a los conseguidos por el
sistema de depósito y consigna.
Otra de las fracciones y la más importante de los residuos domésticos es
la materia orgánica. Representa aproximadamente el 45% del total de las
basuras y constituye la fracción más evidentemente reciclable además de
constituir el paradigma de lo cíclico y sostenible.
La materia orgánica se descompone mediante un proceso de fermentación
constituyendo un material de una calidad excelente para usarlo como
abono y retornar al origen sus propiedades, o bien en el caso de la
metanización aprovechando el gas metano como combustible.
La única, pero no por ello menos importante dificultad es que tiene que ser de una calidad excelente para poder ser usado en agricultura y horticultura, lo cual significa que es recomendable que no lleve más del 5% de material no orgánico causante de una contaminación difusa.
Por otra parte lo que más fácilmente identifican los ciudadanos en la basura es precisamente esta fracción, lo cual es corroborado en diferentes experiencias donde se pide a los habitantes que la separen en sus casas y lo depositen en cubos específicos y luego en contenedores también específicos situados en la calle para su posterior compostage.
Estimulando mecanismos de información puerta a puerta se puede
conseguir muy buenas calidades y niveles de separación en origen de esta
fracción tan importante.
La sensibilización y la concienciación ciudadana
Ante lo dicho es evidente que la colaboración y sensibilización
ciudadana es el motor decisivo para llevar a cabo tales objetivos y la
modificación de los hábitos de consumo se perfila como el efecto
deseable de esta sensibilización.
De todos es conocida la limitación que muchos países avanzados de la UE
tienen, incluido España, para modificar inercias de comportamiento y
sobretodo de hábitos, y más teniendo en cuenta las formas de vida, las
condiciones laborales, los hábitos de ocio y, como no, la propia
estructura urbana que se da en muchas de las principales conurbaciones
europeas parecidas a las nuestras.
Sería muy deseable poder superar esta realidad europea, pero
todo parece indicar que los índices de sensibilización social y de
implicación para minimizar la producción de residuos serán en el futuro
parecidos a la de nuestros vecinos comunitarios.
Quizá el principal problema que nos encontramos para impulsar esta
sensibilización y concienciación ciudadana a gran escala, es que los
residuos no son un problema para la población en general, no se percibe
como un problema, y no existe la sensación ni la dimensión del problema,
salvo en determinados núcleos sociales y ambientes ecologistas.
Para la mayoría de la población que vive en las grandes conurbaciones y
visto en términos generales, los residuos no son un problema acuciante,
los diferentes estudios sociológicos y las macro-encuestas realizadas
recientemente sobre temas medioambientales así lo manifiestan.
Se desconoce el problema porque forma parte de un submundo anónimo, de hecho se deposita por la noche en un contenedor, se recoge por la noche mediante camiones, que lo llevan en un lugar incierto y desconocido para hacerlo "desaparecer",
y encima en los últimos tiempos también ha desaparecido el
correspondiente recibo de las basuras.
Mientras tanto los programas de gestión de residuos que diversas
ciudades españolas están impulsando, definen modelos de recogida
selectiva que están basados en su mayor parte en la colaboración
ciudadana.
Ante este reto las principales premisas a tener en cuenta para
desarrollar campañas de sensibilización y concienciación ciudadana
deberían impulsar tanto la información como la formación, todo al mismo
tiempo.
Lo que parece ser absolutamente necesario es disponer de un acuerdo
máximo, entre los diferentes sectores políticos, sociales, económicos,
intelectuales, etc.
para aunar esfuerzos de manera conjunta y dar un mensaje común bajo criterios de respeto hacia el desarrollo sostenible.
La incorporación de todos estos sectores en una misma comisión para
realizar el seguimiento de las actuaciones y de los programas de gestión
de residuos, que sirva además para visualizar y analizar periódicamente
la marcha de los mismos, puede ser un buen mecanismo que estimule la
participación.
Uno de los mejores medios para llevar a cabo este acuerdo consiste en
impulsar, en un marco de corresponsabilidad global, el uso de la mejores
tecnologías existentes hoy día en el mercado y que impliquen el menor
impacto medioambiental posible.
En concreto la aplicación del PMGRM en el área metropolitana de
Barcelona, representa un ahorro energético diez veces superior al
sistema actual de tratamiento de basuras, y puede disminuir en un 90% el
efecto invernadero con respecto al actual sistema.
Efectivamente esto implica hacer las cosas con mucho rigor técnico y con
una gestión eficiente como único mecanismo para cerrar el acuerdo con
credibilidad.
En segundo lugar hay que establecer una correlación de utilidad en las
propuestas de gestión.
El mensaje "reciclo, luego ahorro", tiene que ser visualizado con mucha nitidez. Por ejemplo, el bio-gas procedente de las plantas de metanización que el PMGRM tiene previsto poner en marcha en el área metropolitana de Barcelona,
así como del aprovechamiento de las emisiones del vertedero de Garraf, pueden abastecer de combustible de automoción la flota de autobuses de transporte público de la misma área metropolitana.
Esta correlación puede resultar un estímulo para llevar a cabo las
tareas de reciclaje de la materia orgánica.
Resulta evidente que el mensaje y la sensibilización medioambiental
tiene que ir relacionada con el entorno social y urbano.
Esta realidad que aparece muy diversa en conurbaciones como el área metropolitana de Barcelona, obliga a desarrollar un discurso con códigos diferenciados y adaptados al receptor con un mensaje más común, normal y accesible, evitando que sea sólo para expertos.
No se trata de que sólo unos pocos lleguen a comprender el mensaje y colaboren, sino que para lograr objetivos importantes de reciclaje y reutilización se tiene que superar el listón habitual de penetración comunicacional y llegar así a todos los rincones de la trama urbana.
Para ello hay que ejercitar la imaginación y movilizar recursos
multidisciplinarios a imagen del entorno.
De manera global la conciencia se activa cuando se problematiza un
hecho.
Por el mismo mecanismo, tomar conciencia medioambiental significa problematizar los actos más cotidianos.
En el ámbito de los residuos se trata de poner en cuestión los propios hábitos de consumo conscientes de que estamos induciendo a repensar la vida doméstica y a cambiar la concepción del tiempo doméstico.
Reutilizar, reciclar y aprovechar requiere una dedicación específica
que modifica la distribución y el uso del tiempo.
El papel de las administraciones
En definitiva todos los sectores sociales somos corresponsables del
avance hacia sistemas de desarrollo sostenible, cada uno en su parcela
de responsabilidad.
Pero no hay que olvidar el papel de las administraciones tanto la local, como la autonómica, como la estatal.
En estos momentos están en una encrucijada privilegiada para poder visualizar un horizonte capaz de ir aproximando los sistemas que actúan en el ciclo de los residuos a los criterios de sostenibilidad.
Pero básicamente hay que disponer de una claridad y constancia capaz
de movilizar voluntades, para ir variando inercias de comportamiento y
de concepción en la gestión, en la legislación y en el compromiso con la
sociedad.
Los residuos y la sostenibilidad
Resulta evidente que el crecimiento infinitamente concebido tiene
limitaciones obvias.
La pregunta clave consiste en ver si es posible un desarrollo social,
cultural y económico de la humanidad sin un crecimiento continuo de la
producción de residuos.
La propia definición de sostenibilidad tiene una importante dimensión
social: "satisfacer las necesidades de las generaciones actuales sin
comprometer la satisfacción de las necesidades de las generaciones
futuras".
Ante este reto la reducción , la reutilización y el reciclaje han de ser
las premisas con las que elaborar programas de actuación, tanto a nivel
local como general.
En base a este criterio y con referencia a los principios que inspiran
la carta de Aalborg podríamos concluir los siguientes criterios para con
los residuos:
* El desarrollo urbano y la gestión de los residuos han de estar
supeditados en última instancia a consideraciones medioambientales.
Muchas veces se imponen criterios económicos sin tener en cuenta que a
largo plazo tendrán su repercusión.
Al aplicar modelos de gestión de los residuos hay que analizar los impactos que produce sobre la emisión de gases de efecto invernadero, sobre el consumo de energía no renovable especialmente debido al transporte,
sobre sistemas de difusión de posibles contaminantes por efectos de dispersión en el medio, Entonces estaremos en condiciones para evaluar la verdadera dimensión de los costos económicos, integrando los medioambientales.
La prosperidad hay que empezar a medirla incorporando parámetros
medioambientales.
* La aplicación del principio de sostenibilidad obliga a aplicar de una
manera muy estricta, en el caso de los residuos, el principio de
prevención. Es mejor prevenir ahora que reparar después.
Todas las instalaciones, modelos de gestión y sistemas de operación, incluso las aparentemente más inocuas, han de estar sometidas al criterio de prevención. Los efectos contraproducentes muchas veces no se dejan ver hasta pasadas algunas generaciones.
Un depósito controlado de residuos sin una potente impermeabilización
puede producir daños irreversibles.
* Los recursos materiales y energéticos han de conservarse mediante la
utilización de materiales renovables y más perdurables. Se impone el
reciclaje y la reutilización de los residuos a la vez que el ahorro
energético.
* Los costos medioambientales han de pagarlos los que degradan el medio
ambiente y la calidad de vida. El principio de quien contamina paga ha
de ser un criterio para aplicar legislación más eficiente y rigurosa.
* Hay que hacer un enorme esfuerzo para hacer entender tanto a los
ciudadanos como a los gobernantes, que son necesarias políticas de
mejora de la gestión de los residuos basadas en la reducción , l
a reutilización y el reciclaje, para que acepten y/o apliquen políticas medioambientales tanto en sus actos cotidianos como en la definición y aplicación de programas concretos.
Se impone el principi de corresponsabilitat cada uno a su propio
nivel.
* La ejecución y las responsabilidades de la dirección de los programas
y normativas tendrían que estar en manos de los niveles más bajos de la
administración aplicando el principio de autonomía del poder local y
aplicándose el principio de subsidiariedad.
Este es un mecanismo que dinamiza las decisiones, sobre todo si
se crean organismos de seguimiento de los programas concretos, con la
participación activa de la sociedad , movimiento ecologista,
universitario, con el fin de compartir las decisiones y hacerlas más
transparentes.
Josep Giralt i Dols Salvador Rueda i Palenzuela - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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