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Era ARPANET, el primer eslabón evolutivo de Internet. Posteriormente y durante la década de los 80 aparece la red NSFnet con la voluntad de interconectar las comunidades científicas americanas.
El uso civil de la red posibilitará la aparición de Internet, la red de ordenadores conectados más grande de ámbito mundial.
Actualmente parece ser que esas ficciones, salvando el estilo excesivamente profético de sus autores, están dejando de serlo y el uso de la red Internet ha configurado una tecnología social en boca de todo el mundo.
Todo el mundo habla de ella y nadie parece querer quedarse fuera de una red que con toda seguridad será la columna vertebral de las autopistas de la información.
Parece oportuno aprovechar la inercia que todo esto está propiciando y detenerse a estudiar los posibles efectos y consecuencias que este desarrollo tan fulgurante de Internet operará, en un futuro, sobre los conceptos clásicos de territorio y cultura.
¿Cómo se puede articular, dentro de este contexto, el análisis
entre las dinámicas territorio y cultura?, ¿Qué elementos deberán
tenerse en cuenta en el momento de implementar políticas culturales
dentro del ámbito telemático?.
Será posible una política cultural del tipo: cibercultura en el
ciberterritorio?. Este artículo pretende ser una pequeña reflexión sobre
estos temas con la voluntad última de poner elementos de debate sobre la
mesa.
Metodológicamente revisaremos los conceptos de territorio, cultura y
política cultural dentro del contexto telemático para establecer una
taxonomía de peculiaridades, diferencias y vínculos en relación a lo que
hasta ahora ha sido el territorio, la cultura y la política cultural.
Territorio
El concepto de territorio es frecuentemente ambiguo. Estable-cer una
definición del mismo con un mínimo de consenso disciplinar es un trabajo
casi imposible.
Para el tema que nos ocupa entenderemos el territorio como estado
cultural, es decir, que no tendremos en cuenta todas las perspectivas
ecológico-biologistas que estudian el territorio y las conductas que se
desarrollan en éste desde un punto de vista funcional (nutrición,
reproducción, adaptación, defensa, etcétera ... ).
El territorio cultural puede ser entendido, muy ampliamente, como el
lugar de la representación, del símbolo.
El lugar en donde la persona establece una red de relaciones simbólicas.
El territorio es, en definitiva, el contexto necesario para el
desarrollo humano. El lugar de la comunicación. ¿Qué sucede con este
territorio en el marco de las actuales coordenadas telemáticas?.
Una de las primeras consecuencias sería, como apunta Paul Virilio en su
Sociología del Espacio, la progresiva desaparición del territorio en
favor de la velocidad. Las herramientas telemáticas, y más concretamente
Internet, favorecen una desaparición de la categoría espacio, de la
categoría territorio.
Es evidente que el territorio físico no desaparece, pero lo que sí sufre modificaciones es la experiencia que la persona tiene de este territorio.
La pérdida de la experiencia de lo real, que parece acompañar a los últimos avances tecnológicos.
La virtualidad. El territorio se convierte en velocidad. Velocidad de transmisión de la información. El concepto clásico de territorio físico (desplazamiento y distancia) se substituye por la transmisión y la interacción.
Resulta curioso subrayar que este nuevo territorio, territorio que se ha bautizado con el nombre de ciberespacio, si bien puede llegar a ser un concepto diferente en relación a lo que se ha entendido tradicionalmente por territorio físico, no resulta tan nuevo cuando nos situamos en el estado cultural.
El mismo Gibson, patriarca visionario del ciberespacio, lo define
literalmente como un vasto territorio, como un espacio de
representación.
El espacio global
Este espacio global de interconexión de ordenadores capaz de generar
relaciones simbólicas entre los individuos tiene la misma estructura
cultural que el territorio real clásico.
Para centrar la problemática del territorio en relación a la telemática podemos poner dos ejemplos.
El primero, Connecting Nunavik Project, es un ejemplo de desarrollo
cultural-regional real a partir del uso de la red Internet. El segundo,
la comunidad Virtual Well, nos puede dar algunas pistas acerca del
cibersepacio como territorio virtual estricto.
Connecting Nunavik (http://www.infobahnos.com/~edwards /u_home.htm), es
un proyecto que consiste en la creación de telecentros (oficinas con
ordenador, módem y conexión a Internet), ubicado en el territorio indio
Inuit al norte de Quebec,
que quiere conectar todas las comunidades de este territorio ártico para incrementar el desarrollo territorial y cultural.
Cada telecentro da acceso libre a Internet. Hay, además, servicios de consulta on-line sobre negocios, teletrabajo, programas para jóvenes, etc.
Esta red permite detectar las evoluciones, actividades y necesidades de sus habitantes, muy a menudo aislados por las condiciones climáticas de la zona. Internet facilita en este caso una interacción entre individuos,
y una comunicación intra-red y con el exterior sumamente eficiente.
Internet posibilita también la conclusión de una de las voluntades
últimas del proyecto: dar a conocer al mundo esta cultura india y su
entorno, con el objeto de activar el territorio como zona turística.
Well (Whole Earth 'Lectronic Link), (http://www.sscnet.ucla. edu/soc/esoc/cinc.wellmbio.htm),
físicamente localizada en Sausalito (California), es una comunidad
virtual creada en el año 1986 y que cuenta con más de 6.000 usuarios.
Marc A. Smith, del Center for the Study of on-line Community del
Departamento de Sociología de la Universidad de California ha realizado
un estudio de las formas de organización social con el desarrollo de
esta red.
La relación entre el mundo real y sus extensiones en el ciberespacio.
Primeras conclusiones
De su estudio, basado principalmente en las utilidades más interactivas
de Internet (e-mail, listas de distribución, news groups o fórums de
discusión), podemos señalar las conclusiones siguientes:
- La interacción virtual es aespacial. Esto quiere decir que la
distancia física no afecta a la interacción.
- La interacción puede ser de dimensión planetaria; no existen las
coordenadas espaciales reales.
- La interacción virtual no necesita la copresencia ni la coordinación
en un tiempo real.
- La interacción virtual es acorpórea.
- La interacción virtual, en muchas comunidades, se produce desde el
anonimato.
En las conclusiones de este estudio sobre la comunidad Well, sorprende
la cantidad de prefijos a que parecen definir la interacción virtual.
Palabras como aespacialidad, acopresencia, asincronía,
acorporeidad, anonimato, etc., son características de estos usuarios
virtuales.
No sería demasiado osado pensar en la existencia de una relación directa
entre la pérdida de la experiencia del territorio real (territorio
virtual) y una especie de disolución del individuo.
La no existencia de un espacio real genera procesos
interactivos-comunicativos virtuales. Internet presenta actualmente este
doble modelo territorial.
Por una parte encontramos, como es el caso de Connecting Nunavik, un
territorio real que se desarrolla calcando el modelo de red Internet y
utilizando este instrumento telemático para optimizar los procesos
comunicativos.
Por otra parte, Well hace referencia a un territorio virtual
(ciberespacio) en el que el lugar físico se ha convertido en el
territorio de la simulación y la transmisión.
Uno es el territorio-espacio; el otro es el territorio-velocidad.
Es indudable que ambos territorios son lugares de representación e
intercambio simbólico, pero su coexistencia o divorcio dependerá en gran
medida de cómo se articule la red Intemet con las redes reales
territoriales en un futuro inmediato.
Cultura y tejido asociativo
Podemos establecer, sin ningún género de dudas, que Internet es un hecho
cultural. Y lo es por una doble razón: porque Internet es comunicación;
y porque Internet está introduciendo comportamientos sociales que hacen
referencia a una cultura y a una representación.
En cuanto a la comunicación, y dentro de un esquema ya clásico (cultura = comunicación de información extrabiológica), Internet es un fenómeno cultural.
No es mi deseo profundizar en el reduccionismo cultura = comunicación, dado que, tal y como nos hemos encontrado en el caso del territorio, la palabra cultura atesora muchas definiciones y se podrían hacer tantas críticas como aproximaciones.
Respecto a los comportamientos socio-culturales y las formas de
representación, Internet nos ofrece algunos aspectos que vale la pena
subrayar:
- Internet posee un lenguaje con símbolos, códigos y estilos
característicos.
- Internet, en tanto que hecho cultural, se caracteriza por unas grandes
dosis de anarquía. Anarquía respecto al crecimiento físico de la red; y
anarquía como idea de descentralización y ajerarquía.
Conviene señalar que Internet está propiciando una regeneración del tejido asociativo.
Una parte de la sociedad civil ha reencontrado una cierta capacidad para organizarse en una suerte de lugar público, al margen de los canales de producción y distribución oficiales de la información. Internet se presenta aquí como una tecnología social corporativa.
Un ejemplo de todo esto serían las Free-nets o redes gratuitas.
En Barcelona se está desarrollando el proyecto BCNnet, que pretende construir una red ciudadana de acceso público y gratuito. Un lugar de conexión global que sirva para el diálogo y la cooperación, y que integre la diversidad.
Internet se presenta aquí como posibilidad social.
- Internet está propiciando hechos culturales más extremos, como es el
caso de la cibercultura. Una cultura anticomercial y subversiva en el
ciberespacio.
La tecnoutopía con el eslogan Information want to be free y
registros representacionales, simbólicos y estéticos muy específicos.
Internet aparece aquí como tecnocultura.
- Internet puede dar lugar a una especie de cultura comercial impulsada
por las grandes multinacionales de la industria cultural, las cuales ven
más allá de la TV un campo abonado para ofrecer ocio integral,
representaciones simbólicas globales y contenidos culturales
estandarizados.
Es la red planetaria de consumo cultural. Internet se presenta aquí
como el gran lugar del mercado estratégico de la comunicación.
Para resumir este apartado, podríamos establecer, a grosso modo, dos
hemisferios culturales: cultura Internet como tecnología social y
cultura Internet como posible cultura mass-mediática, generada a partir
del consumo de los estándars generados por las multinacionales del
producto cultural.
Aún pareciendo los extremos de una misma cuerda, hay que evidenciar que difícilmente se implantará una producción y un consumo cultural (estandarizado, singular, multinacional o a la carta) si no se produce primero una culturización sobre Internet.
Es decir, que la población tenga acceso a la conexión en la red y se
exploren sus posibilidades sociales y culturales. Y es dentro de esta
disyuntiva donde una política cultural, evidentemente relacionada con
otros tipos de políticas, puede ser efectiva para un desarrollo cultural
de la red y de sus usuarios.
El informe Bangemann sobre Europa y la sociedad global de la información
(http://www.earn.net/EC/bangemann.html) expone, dentro de uno de sus
apartados, que la creación de la sociedad de la información ha de
dejarse en manos del sector privado y las fuerzas del mercado.
Por el contrario, Herbert I. Shiller(1), nos alerta sobre la
peligrosidad de que la sociedad de la información sea construida y
dirigida por la iniciativa privada.
La lógica del mercado no podrá satisfacer nunca a los sectores
menos favorecidos de la sociedad.
Estos dos enfoques (el primero referido al contexto europeo y el segundo
al americano) se presentan como la punta de lanza para cualquier
política cultural implantable en la red Internet, dentro del marco de la
sociedad global de la información.
Política cultural
En este apartado, y a modo de corolario, intentaremos establecer muy
sintéticamente una serie de puntos guía, puntos para un posible debate,
que se podrían tener en cuenta a la hora de diseñar una política
cultural en la red Internet.
- Monopolio, transmisión, selección y control de la información.
- Impacto cultural, interconexión, interacción y simulación de los
hipermedios.
- Relaciones emisor-receptor. La interacción. La disolución de la
frontera entre creadores y receptores.
- Transfronterización y fragmentación lingüística dentro de la red.
- Bienestar, multiplicación de los media y disfunciones masivas.
- Localismo vs. circuito mundial del producto cultural.
- Desregulación vs. sector privado con cuota de mercado.
- Administración pública vs. liberalismo tecnológico.
- La legislación Internet.
- Colonización e impacto cultural de los contenidos simbólicos
predominantes en la red. La globalización.
- Vandalismo electrónico y privacidad dentro de la red.
- Propiedad intelectual.
- Desarrollo telemático vs. desarrollo territorial cultural real.
- Ganancias y pérdidas de tejido social a partir de la red.
- Desigualdad, explotación comercial y abuso de la información dentro de
la red.
- Estandarización de los contenidos simbólicos en la red.
- Free-nets vs. sistema comercial de pago.
- Liberalismo tecnológico vs. política cultural.
El espacio social
Las actuales expectativas que está generando el crecimiento de Internet
van más allá de su evidencia como herramienta de comunicación
descentralizada.
Si algo está constatando ampliamente la red es la sensación de que pueden existir cambios en la forma de relacionarnos con nuestro entorno.
Dicho de otro modo, Internet, nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre un nuevo espacio social, una nueva geografía electrónica desde la cual abordar y cuestionar la política y la cultura.
Podemos citar dos ejemplos en los cuales se proponen otras miradas
sociales.
+D.EL.MOCR@CIA (http://bcnet.upc.es/democ.html)es un proyecto de
democracia electrónica en BCNet que pretende establecer mejoras en los
procesos de participación democrática acercando los centros de decisión
ciudadanos a la vida política.
Uk Citizens Online Democracy (http://freedom.democracy. org.uk/) basa
sus objetivos en proporcionar elementos de diálogo para que el uso de la
red Internet por parte de los ciudadanos influya en los procesos
políticos del Reino Unido y consolide nuevas relaciones entre la
sociedad civil y las autoridades territoriales.
Internet, al mismo tiempo que se nos presenta como un poderoso medio de
difusión (Internet pasó con nota la prueba de las últimas elecciones en
EEUU como sistema de campaña y cobertura), es también una de las llaves
que puede abrir las puertas a nuevos comportamientos de la sociedad
civil.
Una sociedad civil que debe construir su propia identidad e interpretar la realidad desde perspectivas menos mediáticas. Podemos empezar a pensar, quizá con cierto optimismo, que está surgiendo la base de la cyberdemocracia.
Una cyberdemocracia en la cual Internet fragmenta el monopolio de la información y la comunicación y dentro de la cual se pueden dar formas más efectivas de cooperación y desarrollo.
Una cyberdemocracia en cuyo seno se transformará la cultura en sus usos, formas y contenidos.
En el contexto actual, y por lo que respecta a las posibles políticas culturales en la red Internet, nos encontramos ante un ámbito por descubrir y en el cual se deberá tener muy en cuenta el propio desarrollo de la red y su carácter no regulado. Hoy por hoy, es la propia red la que se autoabastece de cultura. La propia red diseña la política cultural y sus aplicaciones.
La suma de usuarios conectados (los agentes reales de esa cultura)
son de una u otra forma los que trazan los objetivos, generan las
acciones y proporcionan los contenidos simbólicos.
Marcel Gés - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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