¿Quién ha decidido el bombardeo de Serbia y Kosovo? ¿Tenían los
políticos responsables de esta decisión una idea clara de sus
consecuencias? Los militares a cargo de las operaciones, ¿han valorado
con exactitud, desde el primer momento, la capacidad del enemigo serbio?
Cuatro semanas después del inicio de una guerra que, según el estado
mayor americano, durará meses a partir de ahora y mientras la OTAN
reconoce oficiosamente que sus ataques sólo han alcanzado un 20% de sus
objetivos, estas tres preguntas cobran gran actualidad.
¿Quién ha decidido el bombardeo contra las fuerzas armadas de Milosevic?
En Estados Unidos, que es el principal contribuyente de la intervención
militar, es difícil delimitar las responsabilidades políticas.
Es bien conocida la determinación de Madeleine Albright, jefe de la diplomacia norteamericana y favorable a una intervención para no tener una nueva versión de las "torpezas de Munich".
Pero las motivaciones de Bill Clinton y la influencia de Sandy Berger, presidente del Consejo de Seguridad Nacional (NSC), son más complejas. Norteamérica siempre ha temido que la autonomía de Kosovo pudiese desencadenar, por efecto dominó, una cascada de secesiones que desorganizasen la geografía política de la región, reactivasen, en el seno de la Alianza Atlántica, el viejo antagonismo entre Grecia y Turquía y, por último, arruinasen sus intereses geopolíticos en los confines de Europa y del Oriente Próximo.
También existen motivaciones complejas en el lado europeo,
donde se mezclan la inquietud de que no se vuelva repetir la historia de
Bosnia (obsesión de Chirac y Blair), la angustia de ver cómo se
desarrolla un foco de inestabilidad en pleno corazón de Europa y en las
fronteras de la Unión (Schröder y D’Alema) y la voluntad de dar un
contenido a la idea de defensa europea (Chirac y Blair).
Para añadir algo más de confusión, recordemos que la intervención
militar ha tenido serios oponentes.
En Washington, en el Congreso, los senadores exigieron ratificar la intervención y Bill Clinton obtuvo sólo 58 votos a favor y 41 en contra. En el ejército norteamericano, algunos pesos pesados, como George Joulwan, antiguo jefe militar de la OTAN, han sugerido al presidente que reflexionase sobre las condiciones del posible envío de GI sobre el terreno.
En este enredo de oponentes y partidarios de recurrir a la fuerza, el factor determinante parece haber sido finalmente la masacre de 45 kosovares en Racak, al sur de Kosovo, el 15 de enero.
A partir de ese día, Bill Clinton utilizó el lema "Churchill
contra Hitler", para justificar una intervención que concibe como una
operación policial relámpago para poner a Milosevic "de rodillas" en
unos días.
Sin embargo, tal como explica una personalidad citada por el "Washington
Post", nadie ha mencionado qué pasaría si los bombardeos resultasen
ineficaces. "Los gobiernos han tomado las decisiones que consideraban
necesarias, dejando para más adelante las decisiones difíciles, con la
firme esperanza de que esa eventualidad no se presente nunca."
La extraña estrategia militar
Esta confusión es el punto de partida de los tres errores estratégicos
que actualmente provocan cierto escepticismo sobre el resultado final
del conflicto.
El mito de una "guerra Nintendo" "1", que se podía ganar
rápidamente y sin derramamiento de sangre, les ha conducido a defender
durante demasiado tiempo una solución pacífica según el modelo de las
propuestas aceptadas por los kosovares en la conferencia de Rambouillet
("autonomía sustancial" de Kosovo), cuando la deportación masiva de esta
población hacía absurda esa idea de cohabitación.
La obcecación de los militares ha hecho el resto. "Los militares
norteamericanos son prisioneros de la idea de invencibilidad que ellos
mismos han desarrollado", explica un alto cargo francés de Defensa.
Los hechos, sin embargo, nos devuelven rápidamente a la realidad.
¿Omnipotencia aérea? Sobre el papel, resulta impresionante la eficacia
de los misiles de crucero Tomahawk, "capaces de destruir su blanco desde
un barco de guerra o un submarino situado a 12.000 kilómetros y con un
margen de error de 10 metros".
Tan impresionante como la capacidad de los B-2 Spirit (350.000 millones de pesetas cada uno), esos bombarderos furtivos que se supone que escapan a la detección de los radares contrarios.
Pero, como nos recuerda el general Rose, antiguo comandante de
la Forpronu en Bosnia, "la intervención aérea sólo tiene sentido militar
como preparación al ataque terrestre". Sin embargo, de entrada, la OTAN
ha negado cualquier intervención terrestre.
La invencibilidad de la guerra "high-tech" es otro de los mitos. Con
misiles SA-3 de concepción antigua, pero "actualizados" por Rusia hace
un año, la defensa antiaérea serbia, que data de los años 60, ha
conseguido abatir un bombardero F-117 furtivo, considerado como el "no
va más" de la guerra moderna.
Es la prueba de que, en este conflicto "asimétrico", un ejército "low-tech" compuesto por blindados y artillería anticuados, pero con tiempo suficiente para desplegarse y pegarse al terreno, puede competir de igual a igual con un ejército "high-tech", preocupado por ahorrar vidas civiles y las de sus pilotos y expuesto, como todos los ejércitos sofisticados, al "plantón" de sus sistemas de orientación o de guía.
El bombardeo por error de una columna de refugiados por un F-16
norteamericano, el miércoles 14 de abril, cerca del pueblo de Meha es un
ejemplo de esta paradoja: contra un adversario que despliega equipos
sofisticados, la panoplia tecnológica de la OTAN es devastadora, pero en
una campaña en la que se prohibe a sí misma las brutalidades de su
adversario, esta panoplia es infinitamente menos eficaz, casi
contraproducente.
El ejército serbio
La estrategia de los bombardeos masivos del general Wesley Clark,
comandante en jefe de la OTAN, parece haber olvidado totalmente el
principio fundamental de la "guerra asimétrica". Ahora bien, este
principio es el que inventó precisamente el padre de Yugoslavia, el
mariscal Tito.
Dispuesto a enfrentarse a los ejércitos del Pacto de Varsovia, tras
haber vencido al ejército alemán, había fundado, como teórico de la
guerra de partisanos, su propia estrategia de independencia sobre dos
principios muy sencillos: "nunca combatas a tu adversario en su terreno"
y "bájate y escóndete".
En concreto, el ejército popular serbio, acostumbrado a posicionarse en miles de búnquers, ha recibido una formación consistente en atacar objetivos escogidos y replegarse inmediatamente en escondites o túneles construidos previamente.
Por tanto, no será fácil eliminarlo con aviones que dudan a la hora
de aventurarse a menos de 15.000 pies (5.000 metros) y de bombardear
tanques colocados deliberadamente por los serbios en patios de granjas o
en medio de los pueblos, si no se utilizan masivamente los helicópteros
Apache, en paralelo con los aviones A-10, aparatos de guía no detectados
por la radiación infrarroja y, por tanto, imposibles de ser localizados
por los radares, que asombraron a todos en la guerra contra Irak, aunque
en condiciones climáticas completamente diferentes.
A pesar del reciente refuerzo de 300 aviones, ¿está condenada a la
ineficacia la operación de la Fuerza Aliada, como parece indicar la
manera en que los serbios están vaciando Kosovo de sus habitantes? En
privado, los estados mayores reconocen la rigidez de un dispositivo
según el cual los aliados tienen que hacer despegar casi cuatro aviones
para atacar un único blanco y en el que todavía hacen falta "al menos
cuatro horas" entre la identificación de un blanco por satélite o avión
de reconocimiento y su bombardeo por un caza o un sistema de armas.
En un conflicto en el que han integrado "la longitud y la complejidad",
los militares también proporcionan algunas buenas noticias.
Primero el objetivo de guerra. Después de unas primeras acciones afortunadas, al prepararse con antelación para una guerra total, Slobodan Milosevic, habría dado lugar, a causa de sus excesos –las deportaciones masivas–, a una operación policial que inicialmente pretendía contrarrestarle.
"Ahora, ya no se trata de intimidarle, sino de permitir que los refugiados kosovares vuelvan a sus casas", subrayan los expertos norteamericanos. Es ciertamente un objetivo más movilizador.
Además, la defensa antiaérea serbia parece finalmente desmantelada e incapaz de funcionar como un sistema integrado. ¿Será esto suficiente para que pueda desarrollarse con éxito la fase 3 de la campaña, consistente en destruir "objetivos de circunstancia" (tanques, convoyes militares) y no blancos programados, como antes? Mientras tanto, habrá que quedar a la espera de una hipotética campaña terrestre, que nadie quiere plantearse en este momento, por lo improbable que parece, incluso con 150.000 hombres (50.000 combatientes apoyados por una logística de 100.000 personas), ganar a un ejército de 40.000 serbios "enterrados en sus agujeros, pero luchando en su propia casa y convencidos de que Dios está con ellos".
Lo que ya es una certeza es que la "guerra Nintendo" ha muerto.
Paradojas de la guerra moderna: la de Kosovo puede terminar a puñaladas.
Jean-Gabriel Fredet -http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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