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Entendemos que no es admisible que el texto constitucional por el que va a regularse la convivencia de los europeos haya sido elaborado por unas instituciones sin legitimidad de origen ni de ejercicio, y que escapan al control de la ciudadanía europea.
No ha existido proceso constituyente, sino que la Constitución
supondría, de aprobarse, el desarrollo de unas políticas prefijadas hace
años por unos “socios fundadores” que se atribuyeron el monopolio de la
“europeidad”, que establecieron unas condiciones para poder ser europeo
y que se atribuyeron igualmente la capacidad de decidir quién cumplía
dichas condiciones y quién no.
No nos parece serio tampoco que se consulte a los españoles sobre un
texto que desconocen mayoritariamente, tal y como las encuestas y el
propio Gobierno reconocen.
Lo extenso y farragoso del enunciado constitucional, así como
la complejidad de las materias abordadas en el mismo, dificultan su
comprensión general por los ciudadanos que han de pronunciarse sobre su
conveniencia o no, lo que los deja al albur de la propaganda y la
influencia de los partidos y los grupos de presión.
En este sentido, debemos señalar como poco honesta la actitud del
Gobierno convocante del referendo, que no se limita a informar sobre el
procedimiento y el objeto de la consulta, como marca la ley, sino que
toma partido por una de las opciones.
El Gobierno socialista ha puesto a disposición del “sí” todos
los mecanismos de los que dispone el Estado, sesgando la información y
manipulando la propaganda para que se apruebe el Tratado por el que se
instituye una Constitución europea.
En último término, la consulta popular del próximo 20 de febrero alcanza
la categoría de tomadura de pelo si recordamos su carácter meramente
consultivo y no vinculante.
El pueblo español podría rechazar la Constitución europea en referéndum y que esta fuese aprobada, contra su voluntad libremente expresada en las urnas, por la acción conjunta del Gobierno y los partidos mayoritarios.
Sería un escándalo en términos políticos, pero perfectamente efectivo
en términos legales.
No siendo baladíes estas cuestiones formales, es el fondo de la
Constitución europea, los objetivos expresados en su articulado, lo que
lleva a FE de las JONS a oponerse con vehemencia a la aprobación de la
misma.
Las fuerzas liberales y capitalistas europeas, encarnadas en los grupos
empresariales de presión que operan en Bruselas, con el apoyo de la
unanimidad de los partidos de derecha, la cúpula de los partidos
socialistas europeos y la burocracia sindical, pretenden
constitucionalizar su modelo económico, sacarlo del debate y de la
intervención política e impedir en el futuro cualquier política no
liberal. No solamente en la Unión, sino también en cada Estado.
Abiertamente liberal y capitalista
Las políticas económicas neoliberales están grabadas en esta
Constitución.
La palabra “mercado” aparece setenta y ocho veces frente a una única
invocación a la “economía social”, matizada además con la precisión de
ser una “economía social de mercado altamente competitiva” por si
hubiese la mas mínima duda.
El objetivo real del texto constitucional europeo, al margen de las
pomposas declaraciones retóricas que lo adornan, queda expresado en su
artículo 3.2:
“La Unión ofrecerá a sus ciudadanos un mercado único en el que la competencia sea libre y no esté falseada”.
Se trata de dar carta de naturaleza a las mas agresivas y radicales
políticas liberales contra los trabajadores y en favor de los grandes
grupos empresariales.
Así, la Constitución europea impide el gasto público para fomentar el
empleo o garantizar los servicios públicos, en consonancia con el Pacto
de estabilidad de Ámsterdam.
Imposibilita el tomar medidas contra la deslocalización de empresas y la especulación financiera.
Incrementa el poder y la autonomía del Banco Central Europeo,
sustrayendo la política monetaria a los Estados y entregándosela a un
órgano fuera del control de las instituciones políticamente
responsables, para mantener la estabilidad de los precios aún a costa
del crecimiento económico y el empleo.
La Constitución europea viene a recortar los derechos sociales
reconocidos en las legislaciones de los Estados miembros.
Así, en el caso español, el derecho al trabajo y a un empleo digno
recogidos en la Constitución española se reducen al derecho a trabajar y
a buscar empleo.
El derecho a una vivienda digna se sustituye por el de recibir una ayuda
para la vivienda.
Y los servicios públicos se transforman en “servicios de interés
económico general”, abriendo la puerta a la privatización de la
educación o la sanidad.
Al margen de rechazar esta Constitución europea por su carácter
abiertamente liberal y capitalista, FE de las JONS, como fuerza política
netamente española, no pasa por alto la pérdida de soberanía que supone
para España.
Con su aprobación, España carecerá constitucionalmente de política exterior propia, puesto que la más alta representación internacional estará en manos de Bruselas.
España habrá de atenerse en sus relaciones internacionales, no
a su conveniencia, sino a la conveniencia de la Unión Europea, que no
siempre habrán de coincidir.
Contra la tradición cristiana
Del mismo modo, como fuerza política que hunde sus raíces en los
principios del cristianismo, Falange Española de las JONS contempla con
desagrado el hecho de que la Constitución europea no recoja referencia
alguna a la tradición cristiana común de todo el continente.
Ausencia buscada por los grupos laicistas y masones europeos, con Valery Giscard d’Estaing a la cabeza, que coinciden con las fuerzas liberales y capitalistas en su visión materialista y deshumanizada del hombre.
Nos congratulamos no obstante de que una invocación formal y hueca a
los principios del cristianismo, tal y como habría sido incluida en la
Constitución europea, no de cobertura en esta ocasión a un texto
legislativo de corte capitalista.
En último término, más allá de las razones que sobre la forma y sobre el
fondo hemos encontrado para rechazar la Constitución europea, no dejamos
de hallar inconsistentes los argumentos que a derecha e izquierda se nos
ofrecen aduciendo vagas razones prácticas para mostrarse a favor.
De un lado, aquellos en la derecha que creen ver en la Unión europea el
remedio para frenar el proceso disgregador abierto en España, habrán de
explicarse y explicarnos cómo es que el PNV, por ejemplo, es partidario
de la Constitución europea.
Al otro lado, desde el sectarismo de cierta izquierda cuyo
antinorteamericanismo les lleva a buscar una Europa fuerte que oponer al
“Gran Satán”, habrán de justificar por qué quieren para el viejo
continente un modelo que en teoría rechazan en los Estados Unidos.
Entre una actitud y otra, en coherencia con la vocación sindicalista y
nacional de FE de las JONS, nuestro más rotundo rechazo a este modelo de
Europa.
FE de las JONS - http://www.lafactoriaweb.com
Publicado Originalmente en la revista cuatrimestral la factoría*
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