En esta ocasión continuamos el tema revisando los pros y contras de
la caja de conversión Argentina: un juguete monetario que echaron a
andar las autoridades argentinas a lo bruto, sin poner atención ni
cuidado al leer las instrucciones y las advertencias del manual de uso.
Vamos a enumerar las principales características de este esquema,
dejándole a su elección la separación de los beneficios y los costos, ya
que esta decisión es muy relativa y dependerá del enfoque con que usted
vea cada una de esas características.
Algunos elementos que usted considere beneficios podrán parecer
costos para otras personas.
· El consejo monetario permite alcanzar la estabilidad financiera por la
vía rápida. Esto es una realidad comprobada y por lo mismo resulta
absurdo echarle la culpa a este modelo de la debacle Argentina.
Este régimen cambiario devolvió al país la estabilidad monetaria que había perdido por décadas.
Argentina logró en cuestión de unos años abatir la hiperinflación (que pasó de niveles superiores al 2000% anual en 1990 a inflación de un dígito a partir de 1994 e incluso deflación en los últimos años) y las tasas de interés cayeron a la par de manera sensible (con tasas impresionantes del 17,000% en 1989 al 8% en 1994).
Tasas más bajas se traducían en ahorros considerables en el pago de intereses de la deuda externa e interna y en cualquier crédito que decidiera tomar un consumidor argentino.
La estabilidad de precios protegía el poder de compra de los ciudadanos y evitaba la distorsión en los precios a la que ya estaban acostumbrados los argentinos a causa de la hiperinflación (lo que hoy costaba un pastel era el precio al que quizá mañana estaría un gansito).
Además el riesgo cambiario se apagó instantáneamente al garantizar la
total convertibilidad de los pesos por dólares a un tipo de cambio fijo
(1 a 1), lo cual fomentó la llegada de inversión extranjera y el
crecimiento económico.
· La convertibilidad prohíbe la emisión de dinero del Banco Central para
financiar el desequilibrio fiscal del gobierno (práctica conocida como
señoreaje).
De este modo, las autoridades están obligadas a mantener finanzas publicas disciplinadas.
Se acaba así el concepto del Banco Central que funciona como banco oficial del gobierno.
Ante una caída de ingresos tiene que darse también una caída en los gastos o bien conseguir fuentes de ingresos en el exterior. Sin embargo en este punto radicó el talón de Aquiles del gobierno argentino.
Al verse imposibilitados a recurrir a la maquinita de billetes del
Banco Central para financiar más gasto, las autoridades se acabaron los
ingresos provenientes de las privatizaciones en más gasto, e incluso eso
no bastó, siguieron adelante acumulando déficits fiscales a través de
endeudamiento interno y externo hasta que la situación fue insostenible.
Sin duda este era un vicio muy arraigado en la clase política que no fue
posible erradicar. De verdad que cómo extrañó Argentina una verdadera
reforma fiscal generadora de los recursos que el país tanto necesitaba,
que hiciera sencilla la recaudación y que fomentara la inversión y la
disminución gradual de la evasión.
· El Banco Central ya no puede ser prestamista de última instancia en
momentos de crisis financiera.
Lo que quiere decir que abandona la función de ser el banco de bancos cuando la banca comercial entra en problemas de liquidez. Por un lado esta situación fomenta la modernización del sistema financiero y una supervisión más estrecha de los intermediarios financieros.
Sin embargo existe el riesgo de que el sistema financiero colapse ante un ataque de confianza, sobre todo cuando no está bien capitalizado o carece del respaldo de un marco legal que asegure ante todo el respeto a los derechos de propiedad.
A fin de cuentas, como ya vimos, la ley de convertibilidad le daba al
Banco Central de Argentina un pequeño margen para intervenir como
prestamista de última instancia, situación que no agradó mucho a los
mercados.
El corralito financiero es sin duda una medida desesperada del gobierno
para evitar que el sistema financiero se venga abajo ante un retiro
masivo de depósitos.
A los políticos argentinos no les importó invadir los derechos de
propiedad de los ahorristas ni el fallo de la Suprema Corte declarando
la inconstitucionalidad de tal medida. El desenlace del congelamiento de
los ahorros aún está por verse.
· Con el consejo monetario el Banco Central pierde el manejo autónomo de
la política monetaria. Es decir, le amarran las manitas al Banco Central
y así no puede alterar la oferta monetaria; lo limitan a la función
pasiva de cambiar pesos por dólares y supervisar el buen funcionamiento
del sistema financiero.
Se abandona la alternativa de controlar la cantidad de dinero echando a andar la maquinita; ahora es la confianza de los inversionistas y los ahorradores la que determina la cantidad de recursos monetarios. Las variaciones en la oferta monetaria dependen totalmente de la llegada o salida de flujos de capitales al país.
Por este motivo Argentina se vio tan afectada con la escasez de flujos de capitales a las economías emergentes desde la crisis asiática de 1997 y también por el continuo incremento de las tasas en EUA (desde verano del 99 hasta finales del 2000) que propició el retorno de capitales a casa (EUA).
· Con una paridad anclada al dólar, el tipo de cambio carece de flexibilidad para absorber el impacto de los choques externos a través de depreciación e inflación (como sucede en un esquema de flotación donde una fuerte depreciación ocasionaría el empobrecimiento implícito de la gente a través de salarios nominales que no bajan, pero que compran menos bienes que antes por culpa de la inflación).
En el consejo monetario el efecto de un shock externo termina siendo
el mismo (el empobrecimiento de la gente), pero la vía de transmisión es
distinta: el golpe recae sobre variables reales como el empleo y la
producción ante la imposibilidad de hacer un ajuste a la baja en los
salarios (debido a la misma rigidez del mercado laboral).
Aquí a la gente no le bajan su salario "a escondidas" como sucedería con
una abrupta depreciación en un esquema flexible (el salario nominal
sigue siendo el mismo pero el real se desploma); aquí a la gente la
corren de su chamba y se cierran empresas.
No por nada la elevada tasa de desempleo y la recesión económica han sido el pan de cada día en Argentina en los últimos 4 años.
Por eso era urgente avanzar en una reforma laboral que hubiera
permitido suavizar ese tipo de golpes vía mayor flexibilidad.
Un choque externo que fue muy duro de asimilar para la economía
argentina fue la devaluación del real brasileño en enero de 1999.
Incluso a lo largo del año pasado la historia del real se resume en una
depreciación del orden del 19%.
La misma caída del euro desde 1999 también ha golpeado a los exportadores argentinos.
Esto se debe a que al estar pegado el peso argentino al dólar de EUA, los movimientos de otras monedas frente a la divisa verde se resienten de igual manera en Argentina.
Los exportadores gauchos se ven en desventaja competitiva al ver que sus precios resultan más caros para sus clientes extranjeros, que los precios de los mismos productos en los mercados locales de esos clientes (los precios se abaratan por efecto de la devaluación de sus monedas locales).
De igual manera en el mercado doméstico argentino, los comerciantes empiezan a importar productos que ahora son más baratos y el golpe lo reciben los productores locales.
De esta forma se empiezan a detener los pedidos de exportación, la producción nacional también se atora y viene en castigo la recesión.
A esta situación es a la que se refieren los economistas como un
deterioro en los términos de intercambio.
Duhalde presume su decisión de haber abandonado la convertibilidad
argumentando que con la libre flotación del peso la economía argentina
ya contará con el margen de flexibilidad que necesitaba para volver sus
exportaciones más competitivas.
Sin embargo se le olvida que devaluar es sinónimo de empobrecer más a su gente.
La devaluación beneficiará en el corto plazo a los exportadores
argentinos pero hasta ahí, es solamente una salida rápida; en el largo
plazo la competitividad de la economía argentina dependerá de una
política económica sostenible que sea creíble y compatible con la
estabilidad y los cambios estructurales que le urgen al país.
· El éxito del consejo monetario en el largo plazo está depositado en la
credibilidad que inspiren las autoridades, en el sostenimiento de
medidas económicas, cambios estructurales y sistemas legales congruentes
con la estabilidad.
Si bien el consejo monetario garantiza por un momento la estabilidad financiera, el crecimiento económico no está asegurado con este esquema.
Esta meta va más allá de tal o cual régimen cambiario, es una meta que está casada con la transparencia y la inteligencia en el manejo de la política económica de un país.
Implica concretar las reformas necesarias que permitan al país
crecer sano y terminar con un pasado negro de desórdenes económicos y de
instituciones corruptas y débiles.
¿Por qué vimos en los últimos meses que el riesgo país en Argentina se
disparaba a niveles nunca antes vistos a pesar de tener inflación cero?
¿Por qué las tasas en Argentina eran de dos dígitos cuando la inflación
era mínima? ¿Por qué las tasas pagadas a depósitos en pesos eran más
altas a las que se ofrecían a los depósitos en dólares? ¿Por qué nadie
le prestaba a Argentina a pesar de ofrecer rendimientos tan altos? Pues
simplemente porque nadie creía ya en el manejo económico de Argentina.
Los mercados estaban esperando ya lo peor.
Argentina era puro riesgo y sigue siéndolo quién sabe hasta cuando
gracias a sus políticos incompetentes.
Fue lamentable ver como Rodríguez Saá, uno de los fugaces presidentes
argentinos que desfilaron hace unas cuantas semanas en aquel país,
prometía la creación de 1 millón de puestos de trabajo a los argentinos
a la vez que anunciaba al mundo el default de la deuda externa más
grande de todos los tiempos.
Peor tantito fue la indiscutible ola de aplausos que le brindó su
partido al anunciar la medida. Tal parece que mientras Argentina siga
siendo gobernada por esta clase de gente, el país seguirá condenado a la
quiebra.
En fin, queda claro que la culpa de la crisis Argentina no la tiene el
neoliberalismo, ni la caja de conversión, ni la globalización como
muchos quieren hacer creer. Los problemas de Argentina tienen nombres,
apellidos y altos cargos públicos.
Si aún no adivina le daré más pistas, pues le diré que además les encanta pisotear los derechos de propiedad de los habitantes, les gusta romper reglas y contratos, despilfarrar los impuestos, hacer justicia y negocitos sucios nomás con sus cuates, hacer a un lado los compromisos con sus acreedores y con el resto del mundo, hacer caso omiso a la ley y, sobre todas las cosas, son expertos en empobrecer a su gente, hundirla más de lo que ya está.
Les fascina fabricar nuevos pobres para tener una causa infinita que
defender y por la cual "chambear". ¿Ya adivinó?
Licenciado en Administración Financiera por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey ITESM
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