Las telecomunicaciones en Colombia y el TLC con Estados Unidos

Autor: Francisco Javier Roldán Velásquez

NUEVA ECONOMÍA, INTERNET Y TECNOLOGÍA

02-2005

El documento trata sobre el alcance de las negociaciones de las Telecomunicaciones dentro del Tratado de Libre Comercio de Colombia, Perú y Ecuador con los Estados Unidos. Hace énfasis principalmente en el entorno que vive Colombia y las amenazas que se ciernen para nuestro país de no considerarsen, por parte de nuestras grandes empresas de telecomunicaciones, algunas estrategias claves en el proceso de la negociación. Igualmente hace referencia frente a lo sucedido en Centroamérica con una negociación similar en el tema de las telecomunicaciones.

LAS TELECOMUNICACIONES EN COLOMBIA Y EL TLC CON ESTADOS UNIDOS

1. Sobre la Sociedad Global de la Información y el papel de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, TIC
2. La liberalización global de las Telecomunicaciones
3. Las Telecomunicaciones, pilar fundamental en el TLC
4. Audacia e Inteligencia en la negociación de las Telecomunicaciones

Ante el panorama incierto que se avecina frente a la negociación del Tratado de Libre Comercio, TLC, con los Estados Unidos, es pertinente empezar el debate en relación con el rol de las telecomunicaciones en ese contexto, y es por ello que me atrevo a esbozar algunos planteamientos y reflexiones sobre el tema, teniendo presente que va a afectar también a Las Empresas Públicas de Medellín (EPM) y por lo tanto los intereses de los medellinenses.

Es necesario comprender inicialmente el papel que debe jugar Colombia en la sociedad global de la información y por qué es imperioso el fortalecimiento de las tecnologías de la información y las comunicaciones, TIC, en nuestro país.


SOBRE LA SOCIEDAD GLOBAL DE LA INFORMACIÓN Y EL PAPEL DE LAS TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN Y LAS COMUNICACIONES, TIC

El desarrollo de la capacidad para crear, consultar, utilizar y compartir la información, en cualquier momento y lugar -que es a lo que se llama Sociedad de la Información-, debe ser una de las prioridades del Gobierno Colombiano, abriendo una vía hacia el futuro desarrollo de una verdadera Sociedad del Conocimiento, teniendo en cuenta que la educación, el conocimiento, la información y la comunicación son esenciales para el progreso y sin ignorar que, a pesar de que el conocimiento se basa en la información, ésta por sí sola no genera conocimiento.

Las tecnologías de la información y las comunicaciones, TIC, son herramientas fundamentales para desarrollar dicha Sociedad de la Información, para lo cual hay que tener en cuenta la disponibilidad de infraestructuras, precios de acceso, nivel de educación, calidad de los servicios TIC y la utilización de Internet, para disminuir la creciente 'brecha digital' que separa a los países de América Latina, y del Tercer Mundo, con los desarrollados.

Por eso es ineludible que el Gobierno del Presidente Alvaro Uribe priorice el fortalecimiento de las TIC para el desarrollo del país, promoviendo la conectividad como uno de los importantes factores habilitadores, con el propósito de crear la Sociedad de la Información, basada en el intercambio de conocimientos y asentada en la solidaridad mundial.

Obviamente el Gobierno Municipal de Medellín no se puede quedar atrás y debe desarrollar programas tendientes al fortalecimiento y pleno desarrollo del Gobierno Electrónico como plataforma básica de la Ciudad Digital.

La comunicación es un proceso social fundamental, una necesidad humana básica y el fundamento de toda organización social y, por ello, la misma es indispensable para la Sociedad de la Información.

Las tecnologías de la información y las comunicaciones, TIC, pueden ser un instrumento muy eficaz para acrecentar la productividad, generar crecimiento económico, crear empleos y posibilidades de contratación, así como para mejorar la calidad de vida de todos.

Las TIC de por sí, se han convertido en 'tecnologías generadoras'; en otras palabras, fomentan la competitividad y el funcionamiento adecuado de todos los sectores de la economía.

 En consecuencia, una mayor utilización de las tecnologías de la información y las comunicaciones aumenta el crecimiento y la competitividad.
"La utilización y despliegue de las TIC debe orientarse a la creación de beneficios en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana.

Las aplicaciones TIC son potencialmente importantes para las actividades y servicios gubernamentales, la atención y la información sanitaria, la educación y la capacitación, el empleo, la creación de empleos, la actividad económica, la agricultura, el transporte, la protección del medio ambiente y la gestión de los recursos naturales, la prevención de catástrofes y la vida cultural, así como para fomentar la erradicación de la pobreza y otros objetivos de desarrollo acordados.

Las TIC también deben contribuir al establecimiento de pautas de producción y consumo sostenibles y a reducir las barreras tradicionales, ofreciendo a todos la oportunidad de acceder a los mercados nacionales y mundiales de manera más equitativa.

Las aplicaciones deben ser fáciles de utilizar, accesibles para todos, asequibles, adaptadas a las necesidades nacionales en materia de idioma y cultura, y favorables al desarrollo sostenible.

A dicho efecto, las autoridades nacionales deben desempeñar una importante función en el suministro de servicios TIC en beneficio de sus poblaciones".

Por todo ello, cuando se habla de una negociación del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, el sector de las Telecomunicaciones en Colombia, bajo el cual giran todas las políticas del las TIC en nuestro país, juega un papel muy trascendental para potencializar las ventajas competitivas frente al libre comercio entre los dos países.

LA LIBERALIZACIÓN GLOBAL DE LAS TELECOMUNICACIONES

El sector Telecomunicaciones y sus aplicaciones, es columna vertebral en el desarrollo de áreas estratégicas de la economía nacional y elemento sustantivo para la solución de algunos de los problemas sociales de Colombia.

Sin embargo, el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos cambiará las reglas el juego en las Telecomunicaciones y las empresas tendrán que ajustarse para competir en un mercado abierto.

Un mercado que está siendo liberalizado globalmente, con o sin TLC, y Colombia no ha sido ajeno a ello, lo cual se ha hecho evidente con la telefonía móvil celular e Internet.

No se puede desconocer que la liberalización o la desregulación de las telecomunicaciones a nivel mundial, debido a la competencia por el promisorio mercado que éstas representan, tiene sus pros y sus contras.

En los contras está el hecho de que se favorece la subordinación de la cultura a las reglas de juego impuestas por los negocios, lo cual lo tenemos que superar con creatividad para mostrar nuestras costumbres y tradiciones a escala internacional dentro de nuestra sociología, sin perder nuestra identidad cultural.

Hay que reconocer que la desregulación funciona como un estímulo para el sector, ya que ha contribuido a acelerar y a aumentar las inversiones.

Debido al enorme valor estratégico de la competencia que se desata en este sector, sería de esperarse que Colombia contara con un marco jurídico más preciso, el cual está en proceso de plasmarse en la nueva Ley de las Telecomunicaciones que debe estar a tono con la nueva realidad de la negociación del TLC con los Estados Unidos y de la 'inclusión' de nuestro país en la Sociedad de la Información.

No obstante, hay que ser cuidadosos, puesto que la legislación en materia de nuevos y viejos medios no ha hecho más que allanar el camino para una preocupante concentración de la propiedad.

 La liberalización se convierte así en el vehículo por medio del cual los contenidos culturales son tratados, cada vez más, como mercancía. De ahí la importancia de la protección de los derechos de autor.

Una regulación de derechos de autor, en principio, no debe flexibilizar los derechos que tienen los creadores, introduciendo la figura del copy right que implica de hecho la posibilidad de adquirir los derechos patrimoniales de una obra que antes eran inalienables, lo que significaría, en otros términos, que lo que antes era visto como una producción intelectual o artística, se pueda percibir como una mercancía con valor comercial que, al ser adquirida por las empresas, puede ser modificada o mutilada, principalmente en los contenidos web y en la producción televisiva y radial.

LAS TELECOMUNICACIONES, PILAR FUNDAMENTAL EN EL TLC

En la negociación del TLC, los Estados Unidos tienen un interés muy especial en las telecomunicaciones, ya que hay tres factores críticos que determinan la presencia de las multinacionales en un país: la energía, la seguridad y las telecomunicaciones, además de las expectativas y demandas de los inversionistas extranjeros de mejores garantías jurídicas, optimizando y haciendo más efectivo el marco legal de nuestro país para generarles más confianza y protección a sus capitales.

Hay una relación directa que genera un círculo virtuoso para que el libre comercio funcione y la economía crezca y es una buena infraestructura de telecomunicaciones y el porcentaje de inversión extranjera en un país.

Para los Estados Unidos, las telecomunicaciones son estratégicas en el mediano y largo plazos, no sólo por la materia prima, como los cables y las fibras ópticas, sino por lo que viaja a través de ellos: información y contenido.

Es muy claro que el sector privado transnacional quiere utilizar las negociaciones del TLC para lograr lo que ha venido buscando desde hace años: participación en el mercado de las telecomunicaciones en Colombia, que es lo mismo que dejó entrever en sus negociaciones del TLC con México, Chile y Centroamérica (CAFTA).

Es de mencionarse que, ante la resistencia a la apertura de las telecomunicaciones en Costa Rica, durante las negociaciones del Tratado de Libre Comercio para Centroamérica, este país estuvo a punto de ser excluido del CAFTA.

 Robert Zoellick, el representante comercial de los Estados Unidos durante dicha negociación, advirtió a las autoridades nacionales que Costa Rica podría ser excluida del TLC si persistía en su posición de mantener el sector de telecomunicaciones fuera de la negociación.

La experiencia de toda América Latina demuestra que, cuando se obliga a una institución del Estado a "competir" con las transnacionales, estas terminan quebrando o perdiendo el sentido social por el cual fueron creadas, ya que su razón de ser no es empresarial sino de servicio a la población.

Los Estados Unidos quieren que sus compañías tengan acceso a las redes públicas de telecomunicaciones y puedan brindar servicios a nivel local en alianza con los operadores de telecomunicaciones nuestros, y que los usuarios puedan escoger los operadores en los servicios de comunicación internacional.

Significa que las transnacionales norteamericanas vendrían a aprovecharse de la infraestructura que las empresas de telecomunicaciones colombianas han construido a lo largo de los años, incluyendo antenas, torres, fibra óptica, centrales telefónicas, estaciones satelitales y conexiones a los cables submarinos, mediante los que se generan las comunicaciones de datos, voz e Internet.

La infraestructura de telecomunicaciones se ha logrado construir, mantener y desarrollar mediante el aporte de todos los colombianos, y sería prácticamente entregada para el uso del capital extranjero, cuyo objetivo es el lucro y jamás el beneficio de nuestra sociedad que es la que ha caracterizado a nuestras instituciones de servicios públicos.

Liberar el mercado de larga distancia significa menores ingresos para las empresas de telecomunicaciones colombianas, incluso, una reducción de tarifas superior a la generada por la guerra de precios que sostienen hoy los operadores, en un escenario donde la larga distancia convive con la informalidad, que en el contexto del TLC podría legalizarse, opinaba recientemente un experto en la Revista Dinero.

De otra parte, de abrirse el mercado, las telefónicas locales tendrían que facilitar la infraestructura -conocido como desagregación del bucle de abonado- cobrándoles un arriendo a los nuevos operadores internacionales, perdiendo la relación comercial con el cliente, lo que va a facilitar las condiciones para que estos operadores descremen el mercado, pues ellos vendrán por los clientes de valor, como los corporativos y los estratos altos.

Al ceder el mercado de las telecomunicaciones, las empresas transnacionales de Estados Unidos podrían hacer llamadas y la transmisión de voz, datos y video a sus casas matrices y de éstas al país, como si fueran llamadas locales, utilizando métodos como el call back y el by pass.

 La apertura afectará a toda la población, pero especialmente a la menos favorecida, al encarecerse las tarifas, como ha ocurrido en algunos países de América Latina.

El deterioro de los servicios, según la experiencia latinoamericana, ocurrirá en las zonas rurales y en las urbanas empobrecidas. Gran parte de la población podría quedar excluida de la sociedad global de la información.

Estableciendo el TLC con los Estados Unidos, las empresas de telecomunicaciones colombianas pondrán toda su infraestructura, que ha sido desarrollada por años y nos pertenece, al servicio de las empresas extranjeras obteniendo recursos que sólo permitan mantener la operación, mientras éstas podrán usarla para obtener altas ganancias.

Bien ha dicho el presidente de Brasil, Luis Inacio "Lula" da Silva, que Estados Unidos lo que busca con estos acuerdos comerciales es "la anexión económica" de la América Latina.

El TLC significa en realidad un modelo económico que profundiza la dependencia de los países subdesarrollados, como el nuestro, y supone la aceptación de un estilo neoliberal de desarrollo excluyente que afectará todos los órdenes de la vida nacional.

AUDACIA E INTELIGENCIA EN LA NEGOCIACIÓN DE LAS TELECOMUNICACIONES

Las anteriores son razones más que poderosas para que en la defensa de nuestros intereses y teniendo en cuenta las experiencias de México y Centroamérica, las telecomunicaciones que en Colombia son uno de los temas más sensibles, se deban negociar en las rondas de negociaciones del TLC con mucho tacto, audacia, astucia e inteligencia, considerando los objetivos colombianos y nuestro margen de acción, sin desconocer que las telecomunicaciones son también patrimonio nacional y fuente de progreso y bienestar para nuestras comunidades.

Frente a la negociación del TLC, Colombia debe buscar que, sin desfavorecer a nuestras empresas de telecomunicaciones, que tienen sus propios nichos de mercados locales, se aproveche el potencial tecnológico del País del Norte al dejar una muy importante transferencia tecnológica que nos permita ser competitivos en un mediano plazo de unos tres (3) años, en un marco de reciprocidad.

Reciprocidad significa que los compromisos deben ser de carácter bilateral, en el contexto de la filosofía del libre comercio.

Esto es, que EPM y otras empresas de telecomunicaciones colombianas,
adecuando su estrategia comercial y de mercadeo, puedan entrar en igualdad de condiciones a competir en el mercado de los Estados Unidos, por ejemplo en el Estado de la Florida y en Nueva York, entre otras urbes donde hay mayor concentración de colombianos y otros latinoamericanos, para comercializar paquetes de servicios de telecomunicaciones, tomando en arrendamiento la infraestructura de los grandes operadores de las telecomunicaciones estadounidenses, como AT&T, Verizon, Sprint y Global Sprint.

Es obvio que para ello, el sistema de telecomunicaciones colombiano requiere mejoras tecnológicas e institucionales para que el país sea competitivo mundialmente, sabiendo además que frente al TLC la apertura al capital privado representa la mejor forma de modernizar el sistema de telecomunicaciones.

Y en lo pertinente a los intereses de los antioqueños, es conveniente hacer los ajustes institucionales correspondientes en el negocio de las telecomunicaciones de EPM antes de que se firme el TLC, redefiniendo su Unidad Estratégica de Negocios (UEN) para organizarla, articularla e integrarla y así evitar las colisiones entre filiales que desarrollan actividades similares, buscando orientar la empresa hacia el cliente.

No deja de preocupar que algunas ciudades capitales del país que recurren a sus excedentes financieros para la inversión social, se vean amenazadas ante el ingreso de las compañías del País del Norte que van a explotar mediante arrendamiento, su infraestructura de telecomunicaciones y venderle servicios a sus propios clientes.

La única opción que les queda a las pequeñas y medianas empresas de telecomunicaciones del país es desagregar el bucle de abonado hacia empresas nacionales que operan como carriers locales, que podrían mejorar la calidad de las redes de sus ciudades, como el caso de Pereira, que por más de 75 años ha creado y atendido su propio nicho de mercado en telecomunicaciones, pero que ya cuentan con un poderoso socio como las Empresas Públicas de Medellín.

Para contrarrestar la competencia extranjera, la atención al cliente va a ser esencial a la hora de la verdad.

Por ello es conveniente invertir de inmediato en el mejoramiento institucional y principalmente en el recurso humano, mejorando ostensiblemente la calidad del servicio de atención al cliente para tratar de mantenerlo cautivo con buenas tarifas y excelente calidad de los productos y servicios del portafolio de telecomunicaciones.

Hasta el momento de la firma y puesta en marcha del TLC queda un poco más de un año, tiempo suficiente para emprender estas estrategias, capitalizando la expansión de sus servicios en el mercado, para enfrentar la competencia que viene.

Colombia debe propender dentro de la negociación del TLC para que la participación de las transnacionales en las áreas más rentables del negocio de las telecomunicaciones como Internet, telefonía celular y redes corporativas, no afecte a las empresas de telecomunicaciones nacionales y sus finanzas como resultado de la pérdida de segmentos del mercado, perjudicando al Estado que dejaría de percibir recursos como resultado de la repatriación de capitales, siendo desfavorable para la población colombiana que, muy probablemente, además, tendría que pagar altas tarifas para acceder a algunos servicios.

Es imprescindible que el Gobierno Central, a través del Ministerio de Comunicaciones, se la juegue toda en el fortalecimiento de la Agenda de Conectividad con los programas de Gobierno en Línea (e-government) en todos los ordenes a nivel nacional, al igual que con el Proyecto de Red de Alta Velocidad del Estado Comunitario (RAVEC), el Portal del Estado Colombiano (PEC), el Portal Único de Contratación, el Portal Alcaldía Electrónica, Computadores para Educar, Municipio Digital, el Proyecto Cumbre (Becas del Icetex para posgrados en TICs) y la Red Universitaria de Alta Velocidad, entre otros que apunten a disminuir la brecha digital.

El Gobierno Municipal de Medellín, si quiere estar a la vanguardia, debe canalizar este esfuerzo nacional apoyándose en la Gerencia de Telecomunicaciones de EPM, liderando políticas hacia la consolidación de la Ciudad Digital mediante la conectividad de la alcaldía con entidades gubernamentales, gremios, empresas privadas, organismos no gubernamentales, instituciones universitarias y de investigación, colegios, hospitales, bibliotecas y museos, entre otros, propiciando la generación de ventajas competitivas con las TIC, principalmente en el desarrollo de software a la medida, creación de contenidos en idioma español y producción de televisión y radio, además de otros servicios de valor agregado.

Para recorrer este camino es necesario más apoyo del gobierno, que involucre mucho más al Ministerio de Educación, a Colciencias, al sector académico organizado y al sector privado.

Al compartir entre las organizaciones sistemas de información, trámites y pagos en línea se mejora ostensiblemente la eficiencia de las mismas y por ende permite acercar el uso y acceso a las TICs a una gran masa de la población que ingresará a través de los puntos de acceso comunitario (PAC) para que se garantice la participación ciudadana en decisiones del Gobierno, para lo cual se requiere adecuar los MASCERCASs y Casas de Gobierno dentro de la Red de Comunicación Pública esbozada en la Línea Medellín Gobernable y Participativa del Proyecto del Plan de Desarrollo de Medellín 2004 -2007.

Por otra parte, nuestro país debe procurar que no nos pase lo que a los costarricenses, donde Estados Unidos logró sus objetivos, sobre todo en materia de propiedad intelectual, consiguiendo acuerdos más allá de la Organización Mundial del Comercio, OMC, pero dejó por fuera el tema migratorio.

Por ello, dentro de la agenda de negociación del TLC se debe propender para que ésta no se limite a la liberación de los flujos de capitales y del comercio de bienes y servicios, sino que también incluya la liberación del área laboral para que haya libre movilidad de trabajadores entre Colombia y los Estados Unidos sin ninguna restricción.

Esta exigencia de la libre movilidad del trabajo no es cuestionable porque hay que ser consecuentes con el pensamiento y la filosofía del libre comercio y sus ventajas comparativas.

De acuerdo con lo anterior, los beneficios del libre comercio para el desarrollo y el crecimiento económico de una sociedad, en relación con la productividad, la rentabilidad y la eficiencia se dan por el intercambio de bienes y servicios sin restricciones, pero también por la libre movilidad de los factores de capital, producción y trabajo.

En la pasada negociación del TLC con Costa Rica se logró que bienes y servicios circulen libres de aranceles de acuerdo con unos plazos establecidos.

 No obstante, los trabajadores y hombres de negocios, que son sujetos económicos, no entraron en las negociaciones; quedaron fuera sin acceso libre de tránsito.

 Este era un aspecto de gran interés para los centroamericanos, pues favorecería más las inversiones. Sin embargo, el tema migratorio sigue ausente de los TLC firmados por los estadounidenses con nuestros países latinoamericanos. ¿Qué tanto lograremos nosotros los colombianos?

Colombia debe obtener beneficios tangibles en la negociación del TLC con los Estados Unidos y que su incidencia directa se vea en competitividad y más oportunidades de negocios en el corto plazo, incorporando temas como desarrollo de infraestructura, políticas de inversión y empresarismo, entre otros.

Por último hay que pensar que, si no hay una agenda nacional de competitividad, donde las telecomunicaciones son determinantes, con la que se encargue de preparar mejor al país en todos los frentes que tengan que ver con su capacidad de conquistar los mercados externos y defender los internos, el TLC puede ser perjudicial para Colombia.

Todas estas reflexiones están encaminadas hacia la búsqueda de un esquema que nos permita enfrentar los cambios tecnológicos constantes y satisfacer la mayor demanda de servicios en telecomunicaciones de manera más rápida, eficiente y al menor costo, para modernizar al país y hacerlo competitivo, tratando que el TLC sea un buen negocio para Colombia, que optimice y haga eficiente el aparato productivo teniendo en cuenta para ello las telecomunicaciones, entre otros sectores.

Antioquia es fuente de desarrollo científico en nuestro país, pero se requiere más inversión, compromiso y liderazgo de gestión del gobierno, de la academia y del sector privado para producir más resultados tangibles en ciencia y tecnología, lo cual nos permita tomar la delantera en el ámbito nacional y posicionarnos mejor a nivel latinoamericano en los temas de competitividad.

Por ello la importancia del liderazgo de la alta gerencia de la Alcaldía de Medellín y de sus Empresas Públicas, EPM en estos procesos de negociación del TLC frente a las telecomunicaciones.

Palabras claves: Tratado de Libre Comercio, TLC, Telecomunicaciones, Sociedad de la Información, Sociedad del Conocimiento, Empresas Públicas de Medellín, EPM
 

Francisco Javier Roldán Velásquez - frajaroarrobaingenieriatelematica.com    frajaroarrobagmail.com  

FRANCISCO JAVIER ROLDÁN VELÁSQUEZ  Experto y Consultor en TICs y Consultor Senior de Carana. Copropietario y Director Comercial de

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