Puertas, ventanas y puentes de distintas épocas culturales de Europa son las imágenes grabadas en los nuevos euro billetes y son símbolos de la apertura y cooperación de la sociedad europea con el resto del mundo.
Para este economista holandés el euro representa más que una simple moneda: es el catalizador real de la integración europea, es la culminación de un sueño anhelado, es la máxima expresión de los valores de libertad y democracia, es el símbolo de la unión y la estabilidad europea y hasta el impulsor que va a devolver a Europa su dinámica de sólido crecimiento… en fin, se ve que Will Duisenberg está enamorado del euro y lo quiere como a un hijo, se la ha pasado en los últimos meses presumiendo el nacimiento del pequeño.
Es el ejemplo del hombre responsable que por amor y sin ser el padre
del chamaco, se avienta el paquetazo y se hace cargo de una Europa
embarazada que apenas dio a luz hace unos días.
Y cómo no iba a estar contento luego de que este difícil embarazo durará
cerca de 10 años, sin considerar los diversos intentos que se hicieron
para su creación desde la década de los sesentas.
Por supuesto que este largo periodo también contó con amenazas de aborto que a final de cuentas sólo fueron falsa alarma.
La historia reciente del euro se remonta a 1992 con la firma del
Tratado de Maastricht en donde el proyecto de integración europea se
llevó a un nivel más alto al sentar las bases para la creación de una
moneda única que sustituiría a las otras monedas de los estados
miembros.
Si nos vamos más atrás en el tiempo veremos cómo empiezan a salir
solitos los nombres de personajes que hoy son reconocidos, al menos por
Duisenberg, como los padres del euro.
En la lista del banquero figuran nombres como Robert Schuman
(político francés autor del plan de unificación de la industria europea
del carbón y el acero), los ex presidentes franceses Valery Giscard
d'Estaing y François Mitterrand, así como los ex cancilleres alemanes
Helmut Schmidt y Helmut Kohl.
También hay quienes otorgan créditos a Sir Winston Churchill y hasta a
Víctor Hugo, el novelista francés, quien profetizó en el siglo 19 a los
Estados Unidos de Europa.
El Nóbel de Economía 1999, el canadiense Robert Mundell, también ha sido reconocido con ese mérito por su contribución al euro con su teoría de las "convergencias monetarias".
En fin esta lista no pretende ser exhaustiva, sólo quiere mostrar que
si se trata de padres o padrinos, al euro le sobran.
Es de envidiar la planeación y la disposición que han tenido los 12
países de la zona euro en este proyecto de largo plazo.
El euro es fruto del trabajo, disciplina, enormes consensos, paciencia y sacrificios que han tenido que realizar los países miembros (incluyendo las batallas políticas al interior de éstos) en beneficio de una Europa más fortalecida.
Llama la atención cómo los alemanes, apostando por la unidad europea y como un voto de confianza en el proyecto, dejarán atrás una moneda tan sólida y tan importante con el marco alemán.
También son interesantes los mecanismos disciplinarios en materia
monetaria y fiscal que se han venido aplicando desde hace años para
lograr que los países indisciplinados o menos desarrollados como
Portugal, Irlanda, España, Italia y Grecia se emparejen y reduzcan
distancias con los demás miembros.
En verdad resalto la admiración por este proceso cuando en México vemos
cómo la falta de cooperación, la necedad, la falta de preparación y
compromiso, el cortoplacismo, la ausencia de planeación y la lucha de
intereses políticos se mezclan para concebir en menos de 5 minutos y
totalmente al vapor, un engendro feo, ambiguo, amorfo, mal nacido, lleno
de errores y poco útil para las necesidades del país que sin razón
explicable nuestros legisladores bautizan como Reforma Fiscal.
Lo peor del caso es que ahora todos niegan la paternidad del monstruito y se echan la bolita unos a otros. Vaya que las comparaciones resultan odiosas pero nos dan una idea de todo lo que nos falta por crecer para nivelarnos algún día con los países adultos.
Hoy la inmadurez política de México es propia de su democracia adolescente y se están perdiendo magníficas oportunidades de llevar a cabo y como deben ser, los cambios estructurales que le urgen al país.
Pero bueno, la Reforma Fiscal es harina de otro costal que ya habrá
tiempo de revisar, así que retomemos nuestro eurotema.
Como verá el euro viene a fortalecer los cimientos de la construcción de
la identidad común europea. Una Europa sin divisiones que ya puede verse
cuando uno cruza las fronteras entre países comunitarios y se da cuenta
que dónde antes había aduanas, hoy sólo quedan casetas vacías,
gasolineras o han sido remplazadas por uno que otro Mc Donald´s para los
viajeros con hambre y pocas monedas.
Sin embargo el camino que le resta a la Unión Europea para llegar a la
integración plena aún es largo y va más allá de tirar fronteras.
Implica una futura expansión con la incorporación a este club de
países de Europa Central, se contempla también la creación de una
Constitución Europea que se someterá a la aprobación de los países
miembros en el 2004, quedan pendientes asuntos de suma importancia por
discutir como políticas comunes en el tema de los impuestos, seguridad
pública, política exterior, política militar, seguridad social,
terrorismo, etc.
A pesar de que todo suene tan bonito y la champaña ya haya sido
destapada, la llegada del euro ha tenido también sus contratiempos.
Incluso se ven por ahí ciertos nubarrones de euro escepticismo que vale
la pena comentar.
Si bien el BCE y los Bancos Centrales de las 12 naciones miembros
han hecho un papel sobresaliente para promover el uso de la nueva
moneda, desmentir temores infundados y resaltar cada que pueden las
ventajas que traerá la nueva moneda (entre ellas mantener la estabilidad
de precios, reforzar la transparencia de los mercados más allá de las
fronteras nacionales, facilitar el comercio y las transferencias de
fondos dentro y fuera de Europa, brindar mayor estabilidad económica,
tasas de interés más bajas que reducirán el costo de los préstamos,
generar estabilidad cambiaria, afinar la competencia entre países,
etc.), muchos europeos no están del todo convencidos de los beneficios
que el euro traerá a sus vidas diarias.
La desconfianza de la gente con la nueva moneda está en el temor de que
los comerciantes aprovechen la situación para redondear hacia arriba los
precios de los productos marcados en euros.
La confusión con los precios por la utilización ahora de nuevas fracciones (los céntimos de euro) en países como España donde llevaban años sin usarlos y la mayor tardanza que ocasionarán las colas para pagar las compras en el supermercado o bien a la hora de pagar con moneditas el pasaje del camión, son gajes inevitables que irán desapareciendo al pasar de las semanas.
Especialistas en el tema afirman que los consumidores tardarán un
poco en asimilar lo que un euro realmente puede comprar.
Claro que no faltaron las historias fantásticas de quienes al puro
estilo del "Y2K" (¿recuerda el efecto fin de milenio que supuestamente
iba a tronar los sistemas de todas las computadoras del mundo?)
quisieron infundir temor entre la gente pronosticando escenarios
desastrosos con comercios cerrados por la falta de billetes y monedas,
multitudes desesperadas reclamando ante los bancos (algo muy parecido a
la realidad argentina), manifestaciones en calzones o con machetes al
estilo D.F., el ejército en las calles custodiando al servicio de
transporte de valores, etc.
En fin algo demasiado peliculesco en comparación con lo que realmente sucedió. Podría decirse que el euro fue bien recibido el 1 de enero y que más allá de las filas inusuales que se dieron en los bancos por la demanda de la nueva divisa y las amenazas de huelga de trabajadores bancarios en Francia días antes al año nuevo, los hechos transcurrieron dentro de lo normal.
En Italia ya se presentaron en este año casos de huelgas bancarias
que más que ejemplos de oposición al euro son ejemplos de oportunismo.
Lo que sí empieza a llamar la atención es la tendencia euro escéptica
del gobierno centro derechista del primer mandatario italiano Silvio
Berlusconi.
Según publica el semanario The Economist, Renato Ruggiero, quien fuera ministro exterior italiano hasta hace unos días, renunció a su cargo en protesta por las declaraciones antieuropeístas de 3 ministros del gabinete italiano y por la oposición del mismo Berlusconi en decisiones importantes a favor del proyecto de integración europea.
Los comentarios desestabilizadores de gente importante de Berlusconi como el ministro de Defensa y el ministro del Tesoro dejan en claro su oposición por cualquier cosa que huela a euro.
Habrá que esperar para conocer la intensidad en la que estos hechos
pudieran tambalear a la nueva moneda.
Dos elementos son frecuentemente atacados cuando se cuestionan los
beneficios económicos del euro.
Uno tiene que ver con la eficacia del Eurosistema como tal, es decir,
la capacidad del BCE en coordinación con los 12 Bancos Centrales
nacionales para aplicar una política monetaria común que proteja a toda
el área de enfermedades recesivas; y la otra cuestión tiene que ver con
la promocionada estabilidad cambiaria que traerá el euro como divisa a
todos los países del área.
En franco desacuerdo con la teoría de que el euro ocasionará la
convergencia de las economías europeas, hay quienes se preocupan por lo
que podría pasar si se presenta una recesión en alguno de los países
miembros mientras que en los demás no.
Resaltan que la cuestión de tener una política monetaria común podría
ser algo así como tener una sola cobija para "tapar" del frío a 12
naciones de diferentes características y necesidades.
Mientras que unas tienen calor van a tener que aguantarse porque van a
estar bien "tapaditas" y otras tendrán frío y van a querer pelearse la
cobija. Total que al grito de "no jalen que descobijan" algunos países
terminarán por verse afectados.
Tendrán que enfrentar recesiones con sus propios presupuestos
nacionales, sin embargo, al mismo tiempo el pacto de estabilidad de la
Eurozona fija topes al gasto público de los países miembros y niega el
uso de fondos federales para medidas contracíclicas. Pequeño problema.
Respecto a su supuesta estabilidad cambiaria, el euro ha dejado mucho
que desear desde su introducción como moneda virtual en los mercados de
divisas el 4 de enero de 1999. Aquel día la paridad cerró en 1.18
dólares por euro; hasta la fecha su valor ha caído en más de 25% y la
paridad llega a los 88 centavos de dólar por euro.
Al menos en lo que fue el 2001 los analistas atribuyeron la caída del euro a la percepción de pasividad que mostró el BCE en medio de la desaceleración mundial, mientras que la Fed de EUA daba una imagen de rápida movilidad bajando las tasas agresivamente para estimular el crecimiento.
Hay quienes dicen que el BCE andaba jugando fuera de lugar tratando de controlar la inflación en momentos en los que el mercado estaba más preocupado por la recuperación del crecimiento económico.
Además ciertas declaraciones de los directivos del BCE confundieron a
los mercados e hicieron dudar de su capacidad en momentos críticos de
recesión global.
Hasta el momento Wim Duisenberg no abre la boca y se niega a especular
respecto al comportamiento del tipo de cambio del euro para este año.
Otros como Robert Mundell o el banco de inversión JP Morgan ya alzaron la voz y confían en que el euro alcanzará la paridad 1 a 1 frente al dólar en este año.
Mundell afirma que el desempeño de la divisa a lo largo del 2002
tendrá mucho que ver con el avance que tenga Europa en la corrección de
sus debilidades estructurales y con el mantenimiento de la disciplina en
el gasto público de los gobiernos europeos.
En fin los europeos tendrán que ganarse la confianza de un mundo
acostumbrado a vivir y trabajar con dólares, y lo que es aún más
importante, tendrán que comenzar por convencerse ellos mismos de las
bondades de su propia moneda. Así pues, larga vida para el euro.

Lic. Renato Blanco Licenciado en Administración Financiera por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey ITESM
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