La bruta tristeza interna

Autor: Lic. Renato Blanco

MICROECONOMÍA

03 / 2005  

¿53, 67, 75 millones de pobres en México? Que más da. La cruda realidad es la de un país tronado, lleno de vidas insatisfechas, resentidas, frustradas. Vidas que tienen el futuro cancelado porque en este país la felicidad no es un derecho, es un privilegio reservado para miembros "VIP". 

Imagine usted llegar a viejo(a), unos 65 años de edad más o menos, y saber con angustia que si el día de hoy no trabaja tampoco le toca comer.

 Esa es la triste realidad que tienen que soportar miles de ancianos en México. Recorrer calles cargando escobas, tijeras y una podadora en busca de trabajar algún jardín a cambio de 20 pesos; o andar en una de esas pesadas tricicletas con cajón recorriendo los basureros de la ciudad en busca de chatarra o desperdicios que después puedan vender o comerse.

Otros quizá se dedican a vender sopes, planchar ropa ajena, hacerla de veladores, barrer calles, cuidar carros, etc. 

Que lamentable resulta pensar que toda esa gente ha pasado la mayor parte de sus vidas sumida en la pobreza. Nacieron pobres y más de 60 años después siguen igual.

 El país no les dio siquiera la posibilidad de satisfacer por completo sus necesidades más básicas.

Ya ni que decir de la posibilidad de ampliar sus opciones, de desarrollar su potencial, de adquirir conocimientos para defenderse en el mundo laboral, de llevar una vida saludable, de aspirar a un nivel de vida decoroso, etc. Eso sería mucho pedir. En fin, así nacieron y así se quedaron: marginados. 


Y vaya que el histórico fracaso de los gobiernos mexicanos en erradicar la pobreza se ve reflejado en las cifras.

Hace un par de semanas la Secretaría de Desarrollo Social reveló una nueva metodología para medir la pobreza en la que estima que 53.7 % de los mexicanos son pobres. De acuerdo a otras fuentes, el nivel de la pobreza podría sobrepasar en realidad las dos terceras partes dela población mexicana. 

Lo cruel del caso no termina ahí. Resulta que de acuerdo al Indice del Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, un indicador del desarrollo de los países que toma en cuenta la esperanza de vida de sus habitantes, su nivel de educación y el ingreso per cápita entre otras cosas, México ocupa la posición 54 de un total de 173 naciones evaluadas. Tenemos un desarrollo humano mediocre.

 Muy lejano de los países que encabezan la lista como Noruega, Suecia, Canadá, Bélgica, Australia o Estados Unidos.

Nuestra realidad es impactante: estamos solamente una posición arriba de Cuba, el país socialista que tanto reprobamos por la violación flagrante de los derechos humanos que sufren sus habitantes. 

Y esto no es todo, además de reconocer oficialmente que tenemos a más de 53 millones de habitantes en calidad de casi cubanos, un estudio reciente de Mercer Human Resource Consulting, confirma la misma visión de la ONU.

Resulta que de acuerdo a la encuesta "Costo de vida mundial 2002" la Ciudad de México se encuentra rankeada como una de las ciudades más caras del mundo mientras que ocupa uno de los peores sitios en cuanto a calidad de vida se refiere.

El DF aparece como la ciudad más cara de América Latina e incluso es 1.2 veces más cara que París. 

De 144 ciudades tomadas en cuenta, el DF se ubica en el lugar número 28 en costo de vida. Esa posición resulta de comparar el costo de más de 200 artículos en cada ciudad (carros, ropa, comida, transporte, entretenimiento, alojamiento, etc.).

Sin duda nos sale carísimo ser pobres en México. Por otro lado, en calidad de vida pintamos en el lugar 130. La calidad de nuestro gobierno, del medio ambiente, la economía, la salud, educación, servicios públicos, entre otros elementos, nos ubican en el sótano de la lista.

 La impunidad que vemos a diario, la inseguridad (1.3 secuestros diarios en el DF según datos de Coparmex), el crimen, el tráfico, la contaminación, las manifestaciones, la falta de calidad en las instituciones de salud y tantas cosas más, confirman por qué estamos donde estamos. 

En un país con una realidad tan impactante en la que más de la mitad de la población la libra con 40 pesos diarios o menos, la esperanza que nos queda es saber que después de tal hazaña cualquier otro problema tiene solución si así lo queremos.

Que decir de los 24 millones de mexicanos que viven con 20 pesos al día. Frente a ese acertijo de la vida real cualquier otro obstáculo parece juego de niños. 

En lo personal, creo que la riqueza de las naciones está en su gente. Y por lo mismo, la pobreza de las naciones también se origina ahí.

En la eficiencia, preparación, inteligencia y capacidad de organización de todos los que formamos nuestro país reside la respuesta a nuestra bruta tristeza interna. Hoy somos el resultado de los errores y fracasos del pasado pero no tenemos por qué seguir alargando esa situación. 

Ojalá nos quede claro que crecer depende de nosotros mismos, de nadie más; es cuestión de hacernos responsables de una vez por todas de nuestro futuro (del sacrificio que implica la estabilidad y el crecimiento, de no retrasar más los cambios en la estructura de nuestra casa que tanto nos urgen, de hacer de este país un país de leyes, etc.)

 y dejar de poner nuestras esperanzas en manos de factores externos como el desempeño de la economía estadounidense, el precio del petróleo, transferencias de recursos del extranjero, o bien, en soluciones engañosas como los subsidios a la industria nacional, las devaluaciones competitivas, un mayor endeudamiento, aflojar la política monetaria, etc. 

Se trata de aprender a valorarnos más, que gobierno y sociedad se den cuenta que el criterio final del desarrollo de un país está en la vida y en el bienestar de la gente; de aspirar a la misma prosperidad que goza un gringo, un sueco o un canadiense pero reconociendo que para llegar ahí no hay atajos ni varita mágica; de llegar al simple acuerdo de trabajar en equipo por el bien de todos (trátese de tricolores, blanquiazules, rojillos, verdes, chivas, águilas, fresas, cholos, chilangos, sureños, zapatistas, capitalistas, mochos, ateos, poperos, rockeros, etc.); de darnos cuenta que todos somos mexicanos y de lo bruto que resulta esa necedad por seguir jodidos y peleados internamente.

¿Por qué esa obsesión por seguir de la greña mientras bloqueamos nosotros mismos las oportunidades de crecimiento? 

Como decía un estimado profesor: "no es tan malo ser pobres, lo malo es que ya nos estamos acostumbrando". 

 

Lic. Renato Blanco

Licenciado en Administración Financiera por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey ITESM

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