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LA FRONTERA ENTRE EL SUBDESARROLLO Y LA PROSPERIDAD 

Autor: Lic. Renato Blanco 

MACROECONOMÍA

03 / 2005  

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Después de casi una década que llevaba sin cruzar en carro una frontera entre México y Estados Unidos, el domingo pasado llegué a una conclusión. Lo que en su mayoría buscan las familias mexicanas que esperan horas para llegar “al otro lado” es lo mismo que buscaban hace 10 años: mayor libertad económica. 

La espera de más de una hora que tuve que pasar el domingo para cruzar la frontera que separa a Tijuana de San Diego y el enorme contraste económico que vi entre las dos ciudades, me hizo recordar un estudio que leí hace poquito titulado “The Regulation of Entry” (La Regulación de Acceso) publicado por el NBER (National Bureau of Economic Research) en junio del 2001. 

En este trabajo se hace un comparativo entre 85 países sobre el número de procedimientos legales (permisos, licencias, verificaciones, inscripciones, notificaciones, etc.), el tiempo oficial mínimo y los costos oficiales (cuotas de trámites y formularios, fotocopias, sellos, gastos legales y de notarías, etc.) que un empresario debe de cubrir para abrir un negocio. 

De acuerdo con esto, si usted se propone abrir una empresa en México, primero debe completar 15 trámites que le llevarán al menos 67 días hábiles de su tiempo y el chiste le costará el 56% del PIB anual per cápita (esto es la parte proporcional que teóricamente nos correspondería por cabeza si repartiéramos la producción anual del país entre todos los habitantes de México).

México ocupa uno de los peores lugares del estudio: la posición 73 de 85 países. 

Abrir un negocio en México sigue siendo complicado a pesar de avances gubernamentales como el SARE (Sistema de Apertura Rápida de Empresas) donde los esfuerzos que se han hecho a nivel federal para facilitar el registro de una empresa en menos de 24 horas, no han servido de mucho ante la falta de coordinación con los gobiernos estatales y municipales. 

De acuerdo a datos del CCE (Consejo Coordinador Empresarial) el vía crucis de trámites, tiempo, dinero y esfuerzos necesarios para abrir un changarro en México ronda los 57 días hábiles. El estado más veloz es Durango con 27 días y el colero es el DF con 88. Así que como puede ver, prisa no hay... 

La realidad es que en esta prueba de velocidad andamos muy rezagados a nivel mundial. Canadá y Australia son los líderes mundiales con sólo 2 procedimientos y 2 días hábiles. Simplemente nuestro vecino Estados Unidos ocupa el cuarto lugar en el estudio del NBER: 4 trámites, 4 días hábiles y el 0.5% del PIB per cápita anual de ese país son necesarios para iniciarse en un negocio. 

Así es que resulta evidente que existe algún tipo de relación entre una economía pujante y un marco normativo sencillo, facilitador y eficiente que promueva el crecimiento.

 El estudio concluye que los países con regulaciones de acceso pesadas y complicadas tienen mayores niveles de corrupción y un sector informal más grande que los países donde el gobierno está limitado y la normatividad es más simple y eficiente. 

Todas las trabas y retrasos a la iniciativa personal y a la inversión que representan la sobre regulación y la tramitología me explican muchas de las diferencias que vi entre Tijuana y San Diego, en otras palabras, entre subdesarrollo y prosperidad.

 A final de cuentas toda esta complicada y desesperante normatividad termina por espantar los deseos de emprender ideas. La rentabilidad de cualquier proyecto se ve mermada por el enorme costo de oportunidad que implica perder el tiempo haciendo colas, pagando cuotas y mordidas con el fin de conseguir un permiso para trabajar, comerciar, producir o emprender.

Ante tantas complicaciones y costos, los empresarios optan por subir sus precios para recuperarse del golpe, o bien, deciden empacar maletas e irse a buscar un lugar donde sí los traten bien. 

Mientras los deseos por trabajar, invertir y vivir mejor sigan siendo castigados y ahuyentados a través de tantas regulaciones oficiales, la pobreza seguirá siendo el pan de cada día. Pisotear los derechos de propiedad de las carteras, el tiempo y el trabajo de tantos mexicanos es la fórmula ideal para seguir sin ver llegar "el cambio". 

Sin inversión, la riqueza permanece inalcanzable, no hay prosperidad, se estanca la generación de nuevas fuentes de trabajo, por lo mismo hay menos empresas, menos competencia, menos productos, precios más altos, calidad más baja y finalmente todo esto nos repercute en el bolsillo de los consumidores para seguir igual de tronados. Sin capital, el mercado pobre y mediocre se instala por completo. 

Si por alguna razón el ingreso anual per cápita de un estadounidense (36,200 dólares) equivale a 3.9 veces el de un mexicano (9,100 dólares), le aseguro que mucho tiene que ver con la libertad económica que aquí en México aún no nos han presentado.

Olvídese de la historia, los factores culturales o los recursos naturales, si estamos como estamos es precisamente porque en México estamos acostumbrados a estorbar a quienes quieren emprender nuevas ideas para prosperar. 

Las enormes colas de 200-300 carros que se acumulan los fines de semana en las fronteras de Tijuana y San Diego, me dicen mucho de la necesidad que tienen los mexicanos de "sentirse libres económicamente por un día". La gente busca "al otro lado" lo que no puede obtener aquí, trátese de productos, servicios, calidad, sueldos, trabajo, oportunidades, financiamiento o lo que sea. 

Es la demanda por probar que se siente gastar en un mercado libre donde el dinero sí rinde a pesar de llegar con pesos, donde las cosas valen lo mismo hoy que mañana o dentro de 6 meses, donde puede comprar 2 pares de zapatos en vez de sólo uno por el mismo dinero, donde existe una variedad de bienes y servicios más baratos e innovadores, donde la mayoría de la gente puede acceder a satisfactores nuevos debido a que su calidad de vida se los permite, donde puede hacer uso de infraestructura del primer mundo, donde puede cargar tranquilamente con su cartera en el bolsillo trasero del pantalón sin miedo a que lo asalten, etc. 

Así es que si viene a visitar Tijuana y se pregunta por qué de este lado de la frontera no ve las enormes tiendas o algo parecido a las que habitan en los malls de San Diego como Gap, Levi´s, Nike, Náutica, Tommy, Banana Republic o la que usted quiera, quizá en estas líneas encuentre alguna pista al respecto. 
 

 

Lic. Renato Blanco 

Licenciado en Administración Financiera por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey ITESM

 

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