La espera de más de una hora que tuve que pasar el domingo para
cruzar la frontera que separa a Tijuana de San Diego y el enorme
contraste económico que vi entre las dos ciudades, me hizo recordar un
estudio que leí hace poquito titulado “The Regulation of Entry” (La
Regulación de Acceso) publicado por el NBER (National Bureau of Economic
Research) en junio del 2001.
En este trabajo se hace un comparativo entre 85 países sobre el número
de procedimientos legales (permisos, licencias, verificaciones,
inscripciones, notificaciones, etc.), el tiempo oficial mínimo y los
costos oficiales (cuotas de trámites y formularios, fotocopias, sellos,
gastos legales y de notarías, etc.) que un empresario debe de cubrir
para abrir un negocio.
De acuerdo con esto, si usted se propone abrir una empresa en México,
primero debe completar 15 trámites que le llevarán al menos 67 días
hábiles de su tiempo y el chiste le costará el 56% del PIB anual per
cápita (esto es la parte proporcional que teóricamente nos
correspondería por cabeza si repartiéramos la producción anual del país
entre todos los habitantes de México).
México ocupa uno de los peores lugares del estudio: la posición 73 de
85 países.
El estudio concluye que los países con regulaciones de acceso
pesadas y complicadas tienen mayores niveles de corrupción y un sector
informal más grande que los países donde el gobierno está limitado y la
normatividad es más simple y eficiente.
Todas las trabas y retrasos a la iniciativa personal y a la inversión
que representan la sobre regulación y la tramitología me explican muchas
de las diferencias que vi entre Tijuana y San Diego, en otras palabras,
entre subdesarrollo y prosperidad.
A final de cuentas toda esta complicada y desesperante normatividad termina por espantar los deseos de emprender ideas. La rentabilidad de cualquier proyecto se ve mermada por el enorme costo de oportunidad que implica perder el tiempo haciendo colas, pagando cuotas y mordidas con el fin de conseguir un permiso para trabajar, comerciar, producir o emprender.
Ante tantas complicaciones y costos, los empresarios optan por subir
sus precios para recuperarse del golpe, o bien, deciden empacar maletas
e irse a buscar un lugar donde sí los traten bien.
Mientras los deseos por trabajar, invertir y vivir mejor sigan siendo
castigados y ahuyentados a través de tantas regulaciones oficiales, la
pobreza seguirá siendo el pan de cada día. Pisotear los derechos de
propiedad de las carteras, el tiempo y el trabajo de tantos mexicanos es
la fórmula ideal para seguir sin ver llegar "el cambio".
Sin inversión, la riqueza permanece inalcanzable, no hay prosperidad, se
estanca la generación de nuevas fuentes de trabajo, por lo mismo hay
menos empresas, menos competencia, menos productos, precios más altos,
calidad más baja y finalmente todo esto nos repercute en el bolsillo de
los consumidores para seguir igual de tronados. Sin capital, el mercado
pobre y mediocre se instala por completo.
Si por alguna razón el ingreso anual per cápita de un estadounidense
(36,200 dólares) equivale a 3.9 veces el de un mexicano (9,100 dólares),
le aseguro que mucho tiene que ver con la libertad económica que aquí en
México aún no nos han presentado.
Olvídese de la historia, los factores culturales o los recursos
naturales, si estamos como estamos es precisamente porque en México
estamos acostumbrados a estorbar a quienes quieren emprender nuevas
ideas para prosperar.
Las enormes colas de 200-300 carros que se acumulan los fines de semana
en las fronteras de Tijuana y San Diego, me dicen mucho de la necesidad
que tienen los mexicanos de "sentirse libres económicamente por un día".
La gente busca "al otro lado" lo que no puede obtener aquí, trátese de
productos, servicios, calidad, sueldos, trabajo, oportunidades,
financiamiento o lo que sea.
Es la demanda por probar que se siente gastar en un mercado libre donde
el dinero sí rinde a pesar de llegar con pesos, donde las cosas valen lo
mismo hoy que mañana o dentro de 6 meses, donde puede comprar 2 pares de
zapatos en vez de sólo uno por el mismo dinero, donde existe una
variedad de bienes y servicios más baratos e innovadores, donde la
mayoría de la gente puede acceder a satisfactores nuevos debido a que su
calidad de vida se los permite, donde puede hacer uso de infraestructura
del primer mundo, donde puede cargar tranquilamente con su cartera en el
bolsillo trasero del pantalón sin miedo a que lo asalten, etc.
Así es que si viene a visitar Tijuana y se pregunta por qué de este lado
de la frontera no ve las enormes tiendas o algo parecido a las que
habitan en los malls de San Diego como Gap, Levi´s, Nike, Náutica,
Tommy, Banana Republic o la que usted quiera, quizá en estas líneas
encuentre alguna pista al respecto.
Licenciado en Administración Financiera por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey ITESM
Conéctate con GestioPolis
¿Qué hay de nuevo?
Lo que se está compartiendo
Otros artículos que te van a interesar
Explora todas las publicaciones por tema